Mamma Mía

13 mayo 2019

Domingo

Orlando se ha dormido hace media hora, lo dejo en la silla que posiciono bajo la sombrilla. Coloco una tumbona con orientación hacia el sol, que brilla vigoroso en el cielo azul. Pagaría para estar en una playa blanca con el ruido de las olas que se rompen en la orilla, de fondo. Siempre me quejo del frío: “invierno y otoño no deberían existir”, pero cuando llega el calor, agradezco que la espera me lo haya hecho desear aún más. Creo que no aguantaría 360 días de verano.
Me queda un mes abundante antes de que mis pies sientan la familiar sensación de frío y suavidad de la arena mojada del mar, hasta entonces engañamos la espera con días de piscina que a veces salen bien, otras veces cansan más de lo que deberían. Hoy es un día de piscina. Un domingo en toda regla, de tennis para los chicos y de sol para la chica, yo, la única mujer de la familia.
La correcta posición para tomar el sol me obliga a arrastrar la tumbona hasta la mitad de la plataforma que rodea la piscina, hay muchos niños bañándose y espero que ninguno tenga la necesidad de tirarse de bomba justo a mi lado, aunque si así fuera, yo soy la verdadera invasora.
El sol me baña completamente y me hace sentir su fuerza, me levanto de la tumbona en seguida para sumergirme en la piscina. Nunca me han gustado las piscinas para ser sincera, la mezcla de cloro y pis me resulta bastante poco atractiva, de hecho mi baño se parece más a un chapuzón, luego me ducho y vuelvo a tumbarme. Ahora el calor es más agradable, me seca la piel mojada, mientras un viento leve sopla provocándome un escalofrío. Por alguna razón siempre que salgo del agua, independientemente de que se trate del mar o de la piscina, se levanta el viento, como un niño travieso listo para molestar.
Chequeo a Orlando sin levantarme, he elegido una posición que me permita vigilarle tumbada, Sigue durmiendo pacifico. Leonardo está en la clase de tennis, que también cabe dentro de mi prospectiva visual desde aquí. Tengo todo controlado, me relajo y abro el libro que estoy leyendo, me pierdo en su emocionante historía.
De repente una voz me distrae, es un niño que llama insistentemente a su madre, ha salido de la piscina y tiene frío. Finalmente la madre llega con la toalla y él se tranquiliza. No tarda ni un segundo en llegar un nuevo “Mamá” disparado en el aire, esta vez es la voz de una niña que viene del otro lado de la piscina, no sé qué necesita porque no tengo ganas de darme la vuelta y sé que su madre aperecerá en menos de diez segundos.
Una sucesión de “Mamás”, explota en el aire como fuegos artificiales al quince de agosto: Mamá, mamá, mamá…. No me molestan, me hacen gracia y pienso: “¿Qué mundo sería sin madres. A quien llamarían?” Una voz interrumpe mis pensamientos. “Mamá”. Es Leonardo, de pies a mi lado, la clase ha terminado. Cierro el libro y vuelvo a ponerle en el bolso.


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10 mayo 2019

Mentiria si dijera

Mentiría si dijera que no siento nostalgia mirando las fotos de hace diez años, que me retratan sonriente y despreocupada, con la piel estirada, sin ninguna marca de cansancio o prueba evidente de estrés. Concentrada en vivir el presente, una mirada fugaz a la cámara antes de desaparecer otra vez en mi mundo.

Mentiría si dijera que no estoy agotada y nerviosa la mayoría de los días, por no dormir lo suficiente o porque me cuesta compaginar familia y compromisos, familia y trabajo, familia y pasiones. Los deberes superan decenas de veces a los “quereres” y a veces me cuesta aceptarlo.

Mentiría si dijera que no he envejecido más rápido desde que soy madre. Lo noto en las fotos, cuando me miro en el espejo del ascensor o bajo la luz del sol despiadado. “Me voy pareciendo cada día más a mi madre” pienso.

Mentiría si dijera que no necesito salir, beberme una copa y perderme un par de horas, olvidarme de mi rol de madre y sentirme ligera. Esa sensación tan común y familiar hace años y que ahora parece difícil de alcanzar, porque el peso de la responsabilidad no te permite despegar ni siquiera.

Mentiría si dijera que no echo de menos cierta libertad y poder elegir como, cuando y porque, sin preocuparme de las consecuencias.

Mentiría si dijera que soy más feliz ahora que antes.
La felicidad es un fluido interior que te pertenece o no, que se acepta o no, pero que si lo tienes, te acompaña siempre. La felicidad es duradera y por mucho que venga amenazada por los hechos de la vida, sigue estando ahí, a veces más a la vista, otras veces más escondida. Siempre he sido feliz dentro, antes de los niños y ahora con ellos.

La lista es larga, os sonará algo familiar supongo y estoy segura de que, como yo, podríais añadir más puntos… Porque así es la realidad, por lo menos la mía, a mí no me gusta mentir, me gusta decir lo que siento de verdad, probablemente lo compartiréis o puede que no estéis completamente de acuerdo.
Pero para mí:

Ser madre es un hecho que ha sucedido en mi vida y que me ha permitido descubrir una nueva yo, menos “perfecta” pero más llena.
Ser madre me está enseñando a ser una persona mejor y a superarme, porque me pone constantemente a prueba, físicamente y mentalmente.
La maternidad para mi es la evolución natural de mi camino, tan natural que no la he buscado, si no que “ella” me ha encontrado a mí. Y encajamos bien.
La maternidad es un camino que me enriquece como persona y que me da más de lo que me quita.
No voy a definir qué tipo de madre soy, la veo una estupidez, no me interesa. (La maternidad no tiene categorías, tampoco las personas, según mi punto de vista). Mi atención está en la oportunidad de enriquecimiento y de crecimiento que me está dando la vida a través de la maternidad.

El domingo será el día de la madre en Italia, así que me he dedicado un post 😉


Fotos de Rus Anson


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6 mayo 2019

El día de “TODO SI”

La semana pasada José me propuso una especie de “experimento” que me pareció interesante:
Un día donde le digamos SI a cualquier petición de Leonardo, a excepción de comprar cosas y decidir planes.

¿Por qué lo hicimos?
Nos consideramos padres mediamente permisivos, con tendencia a las reglas, es decir, optamos por una educación con pautas pero con márgenes amoldables a las situaciones.
El caso es que generalmente los NO caen como nieve del cielo y no mola tanto, lo ideal sería llegar a que los niños comprendieran los límites sin tener que ponérselos nosotros constantemente, pero son niños, así que esto es imposible, hasta en las mejores familias, hasta en las películas.

La idea de experimentar un día sin negaciones fue para medir los límites de Leonardo y por otro lado premiarle por ser un hijo responsable. Además nos pareció un buen entrenamiento para nosotros y una forma de descubrir el peso real de los NO, o sea que pasa si nos pasamos de los limites. Cuán determinantes son nuestros NO en el resultado final de la educación de un hijo.

Leonardo aceptó nuestra propuesta con entusiasmo y establecimos que el sábado sería el día de “ TodoSI ”.
Las únicas dos reglas a respetar eran: prohibido pedir regalos, no se compraría nada y que los planes del día los elegiríamos nosotros.

Sabado:
Pasamos casi todo el día en un club de Tennis en Aravaca, el mejor sitio para contrastar los “deseos legítimos” de Leonardo, además hacía un día estupendo y a parte de jugar al tenis, nos bañamos en la piscina (lo digo para todos los que me habeís preguntado por stories).

Resumen de las peticiones de Leonardo, a las que obviamente hemos dicho SI:

-1 hora de Nintendo + media hora de tele antes de desayunar.
-Desayuno: palmera de chocolate + 3 chuches.
-Coger el ascensor solo.
-Durante la mañana se ha acabado el paquete de chuches.
-Cruzar la calle solo.
-Almuerzo: dos bolsas de patatas fritas + 1 helado
-1 hora de Nintendo + 1h y media de tele a la vuelta a casa.
-Cena normal.

Leonardo es un niño muy obediente y responsable, este mismo “experimento” probablemente no sé si podré aplicarlo con Orlando jajaj. De hecho, dadas las circunstancias, se ha portado bastante bien, aunque se ha pasado los limites que nosotros hubiésemos presupuesto.
La conclusión para nosotros es que Leonardo ha estado contento todo el día y se ha sentido importante, porque ha podido elegir por sí mismo en todo momento.

Lo que hemos aprendido en términos “biológicos/físicos” es que efectivamente una sobredosis de azúcar y una prolongada presencia de medios como tele o videojuegos, crean un efecto de excitación que llamaría bomba de relojería. En el caso de Leonardo se manifestó justo antes de ir a dormir, una vez apagada la tele (que lo tenía bajo efecto de hipnosis), se puso extremadamente excitado, saltando en el sofá y gritando y tardó mucho más tiempo en dormirse de lo normal.

Por otro lado nos hemos dado cuenta de que los SI, no siempre tienen un resultado catastrófico y a veces vale la pena “dejarlo correr”, si esto nos facilita una situación de paz y tranquilidad.

Un consejo por si alguien quiere experimentar un día de “todosi”, es tener al niño lo más entretenido posible y si es posible fuera de casa.

Ya me contareis…

Un abrazo y buen comienzo de semana.

(Por cierto he cambiado la foto perfil del Instagram).


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29 abril 2019

Para el día de la madre

La madre de mi mejor amiga del colegio era joven y muy guapa, venía a buscarla con un coche deportivo descapotable, las gafas de sol y el pelo al viento, yo siempre pensaba “que guapa es, me gustaría ser como ella cuando sea madre” pero nunca he deseado que fuera la mía.
La madre de uno de mis mejores amigos, cuando nos reuníamos en su casa, se quedaba un rato a fumar un cigarro con nosotros o a tomar una cerveza y bromear, siempre pensaba “que divertida es, ojalá sea tan “moderna” como ella cuando sea madre” pero nunca he deseado que fuera la mía.
La madre de otra amiga era su mejor confidente, se iban de compras juntas y a tomar café mientras se contaban todo. Siempre me ha parecido bonita su relación y la he tenido como ejemplo para cuando fuese madre, pero nunca he deseado ser mi amiga y que mi madre fuera igual a la suya.

He conocido y admirado muchas mujeres, por características físicas, actitudes o por otras cualidades, pero nunca he deseado que mi madre fuera diferente de lo que ha sido, a pesar de ser una madre y mujer imperfecta, a pesar de los roces que han pellizcado puntualmente nuestra relación y de nuestros caracteres muy diferentes.
Cada vez que veía a otra madre, sobre todo  pensaba que afortunada era en tener a la mía, porque me gusta, me encaja perfectamente.

Mi madre es la persona más humilde que conozco, trabajadora incansable y con un aguante impresionante. Es una mujer que ha sacrificado todo por su marido e hijos, porque es lo que más le gratifica. Es la única persona que no he escuchado quejarse de algo ni una sola vez, es silenciosa y disponible. A veces la he extrañado, muchas probablemente, porque pasaba mucho tiempo trabajando y poco con nosotros, ya lo he dicho, no era perfecta, como ninguna de las madres de mis amigos, como no lo soy yo, madre de dos niños.

La cercanía a la perfección no hace una madre mejor que la otra, la emancipación, la belleza, el dinero, la simpatía y todo lo que entraría en esta lista, no hacen a una madre mejor que otra. Lo que hace a mi madre mejor que otra es que es la mía, yo la elegí para venir al mundo y no me equivoqué, es la única para mi y cada vez que estoy con ella pienso: “jamás te cambiaría por otra madre, gracias por aceptar ser mi madre y hacerlo lo mejor que has podido. Eso me basta, no necesito más.

A todas las madres del mundo. Todas igualmente mejores.

Fotos de Rus Anson

Los niños llevan looks de Tinycottons.


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25 abril 2019

Ser mujer es un arte sutil

Ser mujer es un arte sutil que aprendemos desde que nacemos y que llevamos durante toda la vida.
En su complejidad se rompen miles de trozos de sentimientos, delicados como una flor y potentes como el mar. Sentimientos que hay que manejar con cautela y respeto, sentimientos que necesitan ser cultivados para disfrutar de su fuerza.
El cuerpo de una mujer es una armonía de curvas, con menos ángulos y líneas rectas, porque es el templo de un alma especial, caritativa y responsable. Ese templo es capaz de generar a otro templo dentro de sí, como una matrioska de perfectas facciones. Y después de generarlo cuida de él, con amor, con paciencia y sacrificio.
En el arte de una mujer está la maestría con la que maneja y compagina como un collage, cada pieza de su vida. Recortando, pegando y componiendo desafíos, victorias, limites, derrotas, decepciones, glorias, resurrecciones, con dedicación y amor, poniendo en juego todo su potencial y sus recursos.
Las mujeres son parte de una especie polifacética y única y como tal hay que preservarla, no sirve entenderla, mejor amarla.


Fotos de Javier Biosca para Cortefield.


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16 abril 2019

Mi habitación

A veces sueño con recuerdos lejanos, el jardín de la casa de vacaciones, el ruido del mar, los grillos y las flores bañadas de sol. Me encantaría volver a vivir estos momentos a ratos y la sensación de paz que me transmiten. Entonces lo que hago es crearme mis espacios de tranquilidad, a mi gusto, donde me siento bien.
De cara al verano me apetecía cambiar algo de mi habitación, hacerla más íntima, darle un toque más veraniego, así que he hecho algunos pequeños cambios. He puesto las cortinas, he cambiado la silla y las lámparas, por unas de materiales más naturales, que me han ayudado a darle un sabor Mediterráneo.
Los nuevos complementos son de Ikea, la nueva colección sencillamente me encanta.
Os deseo felices vacaciones de Semana Santa.
Un abrazo grande.

 


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11 abril 2019

No merece la pena

Estoy tumbada en la cama de los niños, Leonardo ya está dormido, siempre cae primero, mientras que Orlando no para quieto. Se levanta cada cinco minutos para beber agua, parlotea y me mira con la sonrisa de travieso justo antes de meterme los dedos dentro de la nariz y en los ojos, como maxímo signo de afecto hacia su madre. Me pregunto si sus gestos amorosos siempre serán tan rudes, pero él es así, poderoso y todo lo que hace lo hace con decisión.
Las bombillas de colores que hemos colgado encima de la cama hace unos días, están encendidas, son bonitas y a los niños les encanta, aunque tienen un punto “Chicago by night” según mi opinión.
Este momento del día es cuando rezo, doy las gracias y se me llena el corazón de amor. Es cuando me concedo un descanso de las preocupaciones del día, un descanso muy corto pero necesario. También es cuando se me ocurren ideas, historias o posts.
Orlando finalmente se ha dormido, así que estoy en paz más que nunca, al lado de mis hijos que respiran rítmicamente y me pongo a escribir.

Empieza así:
No merece la pena luchar por un amor perdido.
No merece la pena sufrir por algo que no está en tus manos.
No merece la pena agobiarse por el mañana.
No merece la pena enfadarse.
No merece la pena pasar la mitad del día (o más) con el teléfono en la mano.
No merece la pena sacrificarse para cosas en las que no creemos.
No merece la pena seguir huellas en lugar de sueños.
No merece la pena frustrarse por no ser otra persona.
No merece la pena torturarse por no sentirse a la altura de las expectativas de otros.
No merece la pena “trabajar” más de lo necesario.
No merece la pena luchar contra la vejez.
No merece la pena esperar lo que no llegará.
No merece la pena preocuparse de lo que no depende de ti.
No merece la pena desear lo que no es tuyo, que por naturaleza no te pertenece.
….

La lista seguría, aunque yo me paro (porque no merece la pena alargarla), es suficiente para reflexionar. Demasiadas veces le doy importancia a cosas que realmente no la tienen, las típicas cosas que delante de algo verdaderamente importante, perderían su fuerza. Todo cambia, todo evoluciona, todo sigue adelante, quiero intentarlo, cambiar mi lista y concentrarme en todo lo que merece la pena cada día de mi vida. Porque lo importante siempre está ahí, a veces más escondido o disfrazado, pero si se lo permitimos, se hace sentir. Como ahora, cuando las luces de colores iluminan lo que cuenta de verdad, lo que merece la pena.


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8 abril 2019

ESCÚCHAME MAMÁ

Me había propuesto escribir un post divertido sobre la maternidad. Casi todos mis relatos tienen un punto “sacalágrimas” y me apetecía compartir el lado más irónico del trabajo de madre, sin embargo me topé con un poema escrito por Angelica Manzi, una mamá italiana y autora del libro “Sono incinta ma non assisto al parto” (Estoy embarazada pero no asisto al parto) y finalmente he cambiado de opinión (otra vez).
Traduzco y comparto con vosotras porque sé que os encantará.

ESCÚCHAME MAMÁ
No puedo estar todo el tiempo con el pecho por fuera.
¿Tiene, de verdad, que engancharse cada 10 minutos?
Y quien se ocupa de la casa! ¿Y quien cocina?
¿Y quien acoge a los parientes y amigos?
Yo quiero salir. ¿¡Como hago si tiene que comer continuamente?!
Ésto no es vida.
Me siento descuidada y sola.
Se engancha y llora.
Tengo los pechos blandos y me parece no tener leche.
¿Por qué llora? ¿Qué le pasará? ¿Tendrá hambre?
Ehh me parece que ya no tienes leche, si le das la leche artificial verás como duerme.
Ves, tenía hambre… pobre.
Para mi, tendrías que hacerle esperar tres horas entre una toma y otra, si no, no vives. Y si llora déjale llorar que se le abren los pulmones.
Por la noche dale el biberón así duerme más.
Mira que listo: tan pequeño y ya caprichoso.
Para de llorar en cuanto lo enganchas
Ah pobre, lo que te espera…!

Hola Mamá,
Soy tu pequeñín.
Estaba recogido y calentito en tu barriga.
No conocía el hambre, el frio, la luz y las sensaciones de llevar vestidos y pañal.
Sentía tu voz, el silbido continuo de tu sangre y algunos ruidos de todos los días.
Estaba siempre contigo, mimado y apretado.
Luego he estado puesto en una nueva condición; los pulmones se han llenado de aire, he oído por primera vez mi voz.
La luz.
El frío.
El calor.
El miedo.
Luego he escuchado tu voz.
Y tu piel y tus brazos.
Y tu pecho.
Hay algo caliente para meter en mi tripita, pero tu continua en tenerme abrazado y envuelto, no me dejes porque tengo miedo.
Me engancho cada diez minutos porque te necesito.
A veces es hambre, a veces es sed, pero muchas veces es solo mi forma de saber que tú sigues ahí.
Dile a los parientes y a los amigos que son tan bonito también en las fotografías porque ahora quiero estar solo contigo.
Mantenme cerca.
Dile a papá que cocine o descongele algo de lo que habías preparado antes de mi llegada.
No es la hora de hacer master chef mamá.
Es la hora de descubrir juntos cómo podemos vivir separados aunque estando siempre juntos.
No escuches a los demás.
No soy caprichoso y no quiero el biberón.
Tu leche es suficiente, soy pequeño y necesito tiempo para comer, a veces me duermo, así que haz una cosa: cuando yo duerma, duerme tu también.
Lo sé que estas cansada.
Pero no durará eternamente este paréntesis.
Salimos mamá.
Tenme en la faja, acostado a tu pecho y vamos donde tu quieras.
Yo no necesito más, solo de ti.
Ayúdame a hacerme mayor, no me hagas llorar, mi lloro es más que un capricho, es miedo de morir.
Puedo sobrevivir solo contigo.
Tenme encima mamá, soy pequeño.
Pronto descubriré el mundo a mi alrededor y tendré más confianza.
Hazme crecer sereno.
Hace falta un instante para hacerse mayores.
Relajate mamá, apaga la luz.
Túmbate a mi lado.
Ponme dentro tu jersey y tenme enganchado.
Acariciame y bésame, repite a los dos, que todo irá bien.
Cierra por fuera de la puerta los consejos no pedidos.
Quedémonos cerca mamá, cerca como lo hemos estado hasta ayer, cuando estaba dentro de ti.

El texto, no obstante haga referencia a la lactancia materna, lo interpreto como universal y donde cada madre se puede reconocer, a pesar de sus elecciones o necesidades. El tema del pecho, en mi opinión, no quiere excluir otra forma de vivir la maternidad, si no que representa la personal experiencia de la autora, la cual habrá encontrado más fácil escribir sobre sus directas emociones.

La maternidad es durísima, tal vez el mayor sacrificio de nuestra vida, sin embargo cuando leo cosas como éstas, vuelvo a recordar la inmensidad detrás de ello. La vida nos lo enseña sin giros de palabras: donde hay esfuerzos, sacrificios, dedicación y amor, nacen y crecen grandes cosas.


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4 abril 2019

Family Party con Primark

Una madre está feliz cuando sus hijos están felices, es un reflejo natural que me encantaría que se adaptase también a otras cosas, así yo tendría los mismos ojos azules de Orlando…. (ayyy como me habrían guastado a mi dos ojos azules!!).
Lo comentaba con mis amigas, algunas que son madres y otra que no lo son, como cambian las más mínimas “necesidades”, todas las exigencias anteriores se minimizan después de tener hijos, aplastadas por el instinto de supervivencia. Es decir: antes quería estar siempre con mis amigas, ahora me “encaja” mejor frecuentar parejas con hijos, para que puedan jugar junto a los míos.

De este modo ganas en múltiples aspectos:
Tú hijo está feliz
Tú eres feliz porque tu hijo está feliz
Tú descansas

Hay personas que después de ser padres, erradican por completo todas los hábitos precedentes y se crean un nuevo estilo de vida en función de los hijos.

Hay otras personas, que se niegan a cambiar sus hábitos y adaptan los hijos a sus vidas.

Luego estoy yo y otros millones de personas, que encuentran un punto medio y deciden modificar su estilo de vida, sin cambiar su personalidad.
Personalmente involucro mis hijos en mi vida casi al 100%, pero soy una madre muy responsable y absolutamente pro-rutinas, en mi casa hay pautas claras, que todos respetamos.
Por otro lado necesito de vez en cuanto desahogarme del peso que se me viene encima y aprovecho para salir a cenar o participar en eventos. Es como resucitar, nunca dejaría mi vida social para encerrarme “dentro las paredes de casa”, porque no hace falta.

De vez en cuando todas las estrellas se alinean y crean una situación perfecta, el pasado sábado, nos fuimos a una fiesta para familias organizada por Primark, por experiencia sabia que sería un fiestón…. Y lo fue. Me gustan las iniciativas que tienen, la marcada sensibilidad a la diversión y la conciliación familiar.
Pasamos toda la tarde en una finca, entre juegos, actividades y talleres, sol y un rico catering….. Nos quedamos hasta el final, los niños no querían ir volver a casa….

Estas son las fotos que nos hicimos, algunas nos las hizo nuestra amiga y súper fotógrafa Leticia.

Leonardo se ha cambiado dos veces, como si fuera una star, en realidad tuvo un accidente con un señor y su copa de vino….

Todas las prendas de los niños son de la colección Primavera -Verano de Primark.


Para Orlando he elegido un look militar.


Las zapatillas son muy chulas, así que para los dos 😉
La camisa de Leonardo es de lino.


El segundo llok de Leonardo es más hawaiano, el pantalón está manchado por el accidente que os conté.


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29 marzo 2019

Fobias

Un día le dije a mi madre: “mamá cuando veo una paloma me tiembla hasta el culete”.
Me lo contó cuando le pregunté sobre mi fobia. Me dijo que había notado que las palomas no me hacían ninguna gracia, pero nunca le había dado importancia, hasta que, un día, le solté esta frase.
Ni mis padres, ni yo, recordamos un episodio detonador del problema, pero algo tuvo que pasar y probablemente era demasiado pequeña para recordarlo.

Afortunadamente los que sufren este tipo de patología somos una minoría, desafortunadamente la mayoría no nos entiende. Durante todos estos años, aproximadamente treinta tres, se me ha hecho más duro intentar buscar comprensión en los demás, que convivir con mi maldita fobia.

Cuando era pequeña, por compasión y ternura, siempre había alguien que me defendía, espantándome una paloma en mi camino o abrazarme cuando me ponía a temblar como una bandolera al viento, sin embargo cuánto más mayor me hacía, menos eran los brazos disponibles para abrazarme y los “guardaespaldas” para protegerme.
De mayor tus problemas te los resuelves solo y más, si tus problemas afectan negativamente a los que te rodean y la “comprensión de circunstancia”, poco a poco se transforma en incomodidad y finalmente en intolerancia. Yo siempre lo digo, una persona enferma da pena, sin embargo cuando tienes que ocuparte de ella, la pena se trasforma en pesantez y cuesta aguantar, incluso con el máximo esfuerzo.

En la época del colegio me despertaba por la mañana pensando en el camino de casa a la escuela, tomaba medidas de precaución para no correr el riesgo de enfrentarme a una paloma y en estos casos tenía que cambiar de acera o a veces de calle. No miento si digo que muchas veces he alargado mis caminos para evitar ciertos tipos de encuentros. Planificaba cada día de mi vida en función de ello, cada plan.
No fue nada fácil, todavía no lo es. Porque sigo teniendo la fobia.
Me he avergonzado en más de en un episodio, he llorado muchas lágrimas, he sufrido más de lo que cualquier persona que no comparta una patología similar, imaginaría.

Sin embargo, por alguna extraña razón, mi mente, a pesar del dolor, o tal vez para defenderse de él, rechazaba la opción de curarse. También me daba miedo creo, el asco hacia este animal es tan grande que rechazaba la idea de poder acercarme una vez superada la fobia. Tardé años en decidirme. Empecé la terapia cuando ya era una chica independiente. Todos los jueves, durante un año, cogí mi coche y recorrí unos cuantos kilómetros hasta llegar a la consulta de mi psicóloga, que estaba a una hora de Milán. La terapia se basaba principalmente en la hipnosis. No descubrimos la causa, ya que trabajamos en la “insensibilidad” y funcionaba.

Dejé la terapia con buenos resultados pero sin ganar la lucha, tal vez, aguantando un año más lo habría logrado, pero en aquel periodo di un cambio a mi vida y no pude seguir.
Dos años después había vuelto al punto de inicio y así sigo, con los mismo temblores aunque intento esconderlos, con la misma ansiedad de encontrarme una paloma en la calle y sin poder participar a muchos planes.
Me estoy planteando volver a terapia, cuando las piezas de mi puzle encajen y haya encontrado al terapeuta adecuado! (Es lo más complicado).

Me he animado a escribir sobre este tema porque me ayudaría saber si alguno de vosotros tenéis una fobia o incluso la misma que yo. Me encantaría conocer vuestras experiencias y leer vuestros consejos.

Un abrazo y feliz fin de semana.


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