Mamma Mía

18 noviembre 2019

Ese momento eterno y fugaz

Esta mañana a las siete Leonardo me llamó desde su habitación, se había despertado y quería que me quedara con él hasta recuperar el sueño. Me hice un hueco debajo del edredón y le abracé, estuvimos unos minutos acurrucados, era casi hora de levantarse así que ninguno de los dos volvió a dormir. Durante el siguiente puñado de minutos, mientras le tenía apretado contra mi, pensé en lo afortunados que ambos somos, él para tener a unos padres que le hacen sentir protegido y seguro, yo por tener el privilegio de ser una madre que puede ejercer su rol sin limitaciones. Parece banal pero no lo es.
Fui al baño para prepararme y mirándome en el espejo me pareció que mi diastema se estaba acercando a causa del retenedor (no pienso dejar que esto pase). Me vestí rápidamente y me dejé absorber por la prisa mañanera.
La premura no deja espacio a los pensamientos ni menos a las reflexiones, que se quedan quietas hasta que vuelva a la calma, a excepción de alguna que se pierde por el camino y que probablemente volverá otro día.
Un par de chispitas de lluvia nos cogieron de camino al colegio, pero cómodamente sentados en el coche no molestaron ni al parabrisas, que siguió reposado. Aun así solté unas cuantas palabrotas y un par de vigorosas tocadas de claxon durante el trayecto.
¡¿Como puedo estar tan nerviosa gozando del máximo confort?! Hay que ser tontos, y parece que somos muchos a las 8. 30 de la mañana.
Lo hice todo bien, dejé a los niños puntuales en las correspondientes escuelas y llegué a casa sin esfuerzo, para disfrutar de mi desayuno y acudir a mi indispensable hora de gimnasio antes de ponerme a hacer mis “tareas”.
Con mis casi treinta y siete años, he alcanzado un nivel de privilegio que me permite cumplir todas mis necesidades y deseos. Pero aun así no os creáis que me abstengo de quejarme por miles de cosas, soy un murmullo con piernas (buenas piernas ;).
La tarde se envolvió de gris, las nubes trajeron un frío escandalosamente lógico para esta temporada, así como insoportable y decidí quedarme en casa con los niños, lo que significa merendar fruta primero, algo dulce después (que yo acompaño con mi tercer o cuarto café del día) y jugar. En la mejor de las hipótesis jugamos con algo tranquilo como peonzas, coches, puzles y construcciones, en los peores casos a saltar en el sofá o al escondite.
Creedme si os digo que las tardes dedicadas a los niños no las cambiaria por otra cosa, sin embargo se me hacen eternas, los minutos parecen horas.
Lo definiría sagrado aburrimiento, sagrado porque sin él sufriría y aburrido por mi condición de adulto que se esfuerza en jugar como el niño que fui. Este sano tedio me acompañó, como cada día, hasta el anochecer, cuando me serví una copa de vino tinto y finalmente disfruté de la tranquilidad a mi alrededor. Mientras preparaba la cena noté como mis nervios se distendieron, difundiendo paz en mis sentidos y brindé por los días normales, para que siguieran sin gastarse ni acabarse y con ellos las inofensivas quejas de quien lo tiene todo.
Cuando desaparecí detrás de la pared que separa al salón de la cocina, como por arte de magia los niños se elevaron a un estado de independencia que hasta ese momento pareció debidamente lejano y empezaron a jugar autónomamente. Me quedé un rato espiándoles, llevaban el pijama puesto, cada uno ocupaba una zona de la habitación, Orlando especialmente me suscitó ternura, con su estirado conjunto de cuadros de una talla más grande, movía meticulosamente de un sitio a otro del sofá su caravana de coches, a ratos se paraba a pensar o murmurar algo y luego seguía concentrado en su tarea.
Me fijé en el contraste de sus movimientos todavía torpes, con las facciones perfectas de su cuerpo, de las manos y de los dedos y como cada pliegue, uñas o pelo encajase perfectamente en el diseño humano. Un día será al revés, pero ese día está todavía lejano. Una vez más, sentí el agridulce paso del tiempo y la importancia de saborear junto a mi vino, ese momento eterno y fugaz.


3 ComentariosEnviado por: lcaldarola

12 noviembre 2019

Me importa

A veces la más mínima tontería me pone de malhumor, me quita la tranquilidad y cuando lo pienso a posteriori me enfado conmigo misma por haber dedicado preciosos instantes a algo que no se lo merecía.
Entonces me he hecho una lista, a la que iré añadiendo más cosas y las que no aparecen, que no me amarguen el día.

A mi me importan los piececitos de tamaño “mini” de mi hijo que se me acercan rápidos.

Me importa sentir mi nombre pronunciado con amor.

Me importa un abrazo espontaneo.

Me importa un enhorabuena Laura.

Me importa que haya chocolate cuando tengo la regla.

Me importa ver la expresión de mis hijos el día de navidad.

Me importa cenar con mi caótica familia, sin tener la mesa bien organizada y a lo mejor también sin una silla donde sentarme.

Me importa que me digan que puedo con todo. Sobre todo me importa creérmelo.

Me importa bailar en el coche cuando hay una canción que me gusta.

Me importa que mis amigos celebren conmigo las cosas importantes y también las cosas que no lo son.

Me importa tener a una heladería cerca de casa.

Me importa que mi pareja me vea todavía la más guapa.

Me importa que a la gente le guste lo que hago.

Me importa la humildad, me importa muchísimo.

Me importa también el respeto, la educación y la justicia.

Me importa hablar con mis hermanos y compartir con ellos mis monstruos más profundos.

Me importa que estén felices.

Me importa que siempre haya vino en casa para tomarme mi sacrosanta copa “de la conciliación conmigo misma”.

Me importa que haya un amanecer y un atardecer cada día.

Me importan los besos pringosos de mis hijos.

Me importan los colores que hacen el mundo más bello.

Me importa lo que hago.

Me importa que mi madre vuelva a recordar las cosas.

Me importa sentirme orgullosa de mi misma.

Me importa no llegar tarde a las citas. (Aunque no siempre lo consigo).

Me importa que los profesores de mis hijos sean buenas personas.

Me importa hacer deporte porque me sienta bien.

Me importa creer.

Me importa leer.

Me importa escribir, escribir, escribir.

Es terapéutico.


8 ComentariosEnviado por: lcaldarola

7 noviembre 2019

Miedo de

Cuando por la noche un lamento o un lloro me despierta, me levanto de prisa y voy al cuarto de los niños, con mucho sueño pero sobre todo angustiada. Pregunto miles de veces que pasa y si se encuentra bien, al que llora, y pierdo definitivamente el sueño. La mayoría de las veces se trata de pesadillas o pequeñas molestias sin embargo yo vivo con el constante miedo de que le pase algo.

La noche siempre ha sido para mi el momento en el que las cosas, los sentimientos y los pensamientos se cubren de una capa espesa que les confiere un aspecto tétrico y me siento invadir por una paranoia que distorsiona la plácida lucidez del día.

Esta preocupación me obliga a una vigilancia nocturna más que a un sueño profundo y varias veces me despierto para chequear a los niños, les miro como respiran, en que postura duermen, si están tapados, si sudan….

Supongo que es un sentimiento común de todas las madres, recuerdo que la mía se levantaba miles de veces para acudir a nuestras peticiones y a veces la sentía salir cauta de nuestra habitación.

Al fin y al cabo nuestros hijos son lo más precioso que tenemos e insustituible, pero ¿como se puede parar el flujo de pensamientos negativos que son dictados por los miedos más profundos?

Tengo la sensación de que con el tiempo se me han ido radicando los miedos, cuanto más crece mi conciencia, más noto un peso que me empuja hacia abajo.

La maternidad me ha dado fuerza pero a la vez me ha hecho frágil, más preocupada y asustada.

Espero vuestros comentarios!!

 

 


3 ComentariosEnviado por: lcaldarola

5 noviembre 2019

Ser tú

Después de hablar con mi padre por teléfono.

Sabemos cuándo y dónde nacimos, sabemos cuántos años estudiamos, cuándo tuvimos la primera regla, el nombre de nuestro primer amor, las personas que besamos, lo que desayunamos y cuánto tardamos para ir al trabajo. Sabemos que nos gusta un sabor más que otro, un color más que otro, un perfume más que otro. Conocemos nombres y apellidos de nuestros amigos, de nuestros parientes de nuestros ex, nuestro número de identidad, el código para acceder al móvil, a la cuenta y para llamar a ciertas personas.
Nuestra vida está llena de datos que se van sumando y crean el historial de cada uno de nosotros.

Somos el nombre que nos han dado, el sexo que nos han elegido, el titulo que nos han entregado, los premios que hemos ganado, el resultado por lo que hemos entrenado, lo que nos han enseñado.
Nuestra personalidad se crea alrededor de una pirámide de información que nos ha sido proporcionada desde que hemos nacido y va englobando los datos que vamos sumando con el tiempo.

Me llamo Laura.
Soy la madre de…
Soy la mujer, la hermana, la prima, la amiga de…
Soy médico, empleado, actor, panadero, abogado….

Navegamos entre referencias sin las cuales perderíamos la brújula, que nos sirven para reconocernos dentro del aglomerado de personas que se parecen unas con otras. Nuestra identidad se declara cuando nacemos y se va enriqueciendo de detalles con los años, mientras que nuestra individualidad nos pertenece solo a nosotros y es lo más valioso que tenemos. Es el hueso mientras el resto es la piel. Es el yo sin narcisismo, es la ausencia del artificio es la bandera de la paz, la obra maestra de cada uno.
El lugar donde se refugia ese abrazo que nunca diste a tu madre, donde se esconde ese beso esquivo dado en secreto, donde silenciosas se quedan las palabras que no se han pronunciado, donde se detiene la caricia de tu abuela mientras te dormía, donde se mecen los mimos de tus padres y donde se celan los enfados más grandes, donde están las respuestas no escuchadas, donde la grandeza espera paciente… Es el baricentro que se detiene detrás de los datos y es lo que saldría si los datos perdieran su importancia.
Lo que más ocultamos, desafortunadamente es lo que dice quienes somos.

Me parece que nos estamos conformando con lo que los datos dicen de nosotros, creemos en ellos con tal devoción como para sacrificar nuestra individualidad.
El problema es que hay siempre más gente deprimida, insegura y superficial, aunque lo más grave, en mi opinión, es que cada día más, acabamos pareciéndonos. Y es una pena. Preferir una pizza congelada a una pizza artesanal porque tiene una burbuja en la masa, la forma menos perfecta o la costra chamuscada por un lado.
Tengo la sensación de que nos estamos volviendo adictos a los filtros y que nos estamos homologando.
Por ser como tu vecino te perderás el privilegio de es ser tú.


2 ComentariosEnviado por: lcaldarola

30 octubre 2019

Lo que aprendo de mis hijos

Estas son solo algunas de las cosas que aprendo de mis hijos cada día.

Sorprenderme por las cosas, porque la vida es un milagro y por descontada que nos parezca. Cada día es una posibilidad.

Pedir perdón y olvidar, los errores sirven para aprender, centrarse en lo malo no sirve para nada.

Disfrutar el momento en lugar que malgastar el tiempo recogiendo y arreglando continuamente, porque el caos no es peligroso y un día, cuando mis hijos serán mayores, lo echaré de menos. (diez minutos al final del día son suficientes).

Mañana puede ser ayer, lo importante es hoy.

Ser espontanea, porque es un bien en extinción.

Sentirme libre de elegir a mis amigos y mi compañía sin sentirme mal, maleducado o un poco “borde”.

No dudar sobre lo que me voy a poner. A nadie debería importarle lo que me pongo y yo quiero sentirme cómoda, incluso llevando un disfraz.

Salir de la rutina sin sentirme mal o culpable.

Entusiasmarme más, mucho más y más a menudo.

Despreocuparme de las consecuencias. Hacer las cosas pensando en el después contamina la espontaneidad.

Correr y enredarme en los brazos de alguien, darle un beso a mi madre, decirle te quiero a mi padre, a mis hermanos, a mis amigos, manifestar cariño desvergonzadamente.

Mirar a las cosas sin prejuicios ni dobles sentidos.

Hablar con cualquier persona que me apetezca.

Darle a las cosas materiales la importancia que tienen. Si se pierde algo no pasa nada, si se rompe algo no pasa nada. Los objetos son nuestro “pegamento terrestre”, son sustituibles y los necesitamos menos de lo que creemos.

Saber decir adiós sin sufrir más de lo que debería porque la vida está llena de “holas y adioses” y hay que acostumbrarse.

Creer que todo es posible, porque a veces lo es.

Y esto es lo que quiero que mis hijos aprendan de mi:

Nada de lo que tienes te pertenece, a excepción de lo que eres. No vivas para tener, vive para ser.


1 comentarioEnviado por: lcaldarola

24 octubre 2019

Envejecer

Hace unos días comenté por stories que empezaba a verme mayor y algunas de vosotras me habéis sugerido escribir sobre ello.
Así que aquí estoy, para desentrañar este tema que no preocupa pero afecta.

Envejecer.

“Abuela no quiero ponerme vieja”. Se quejaba mi hermana mirándose en el espejo.
“Entonces quieres morir joven”. Le contestaba mi abuela.

La vejez es inevitable y por mucho que se intente disimularla o contrastarla llega puntual. Es un dato existencial, la manecilla del péndulo antes de que toque la hora.
Tengo casi treinta y siete años (26 Noviembre), estoy en la faja media del recorrido de una vida humana: he sido una bebé, luego una niña, una adolescente, una joven y finalmente una mujer. La gente desconocida se dirige a mi con “usted” o “señora”, sobre todo si voy acompañada de mis hijos. Me estoy haciendo mayor.

Los años nunca han sido un problema para mí, tampoco lo son ahora pensándolo bien, de hecho no volvería atrás aunque pudiera. ¿Para que?
Tengo claro que quiero experimentar la vida en el sentido más amplio posible y la vejez es una parte importante de la existencia; es el sendero que se lleva toda la experiencia de los años anteriores y se ilumina en su estado final. La vejez es el culmen del conocimiento, cuando nos hacemos más sabios y estamos preparados para despedirnos de la vida. Es fundamental hacerse viejos, deberíamos desearlo.

Esto no significa que no me permita el lujo de sentir la inquietud, provocada por el paso de la juventud a la edad mayor. La despedida de los años del “brilli brilli” es tan difícil como dejar al propio hijo el primer día de colegio.
Que lo aceptes o no, los años te perseguirán con su peso y no podrás ignorarlos. Yo esto lo sabía, lo que desconocía es que hay un día en el que te los entregan de golpe, una caja que no podrás rechazar, es para ti y el mensajero no tiene intención de irse sin que la hayas recogido.
Así que te llevas el paquete al salón, te sientas cómoda y respiras hondo, vacilas unos instantes porque sabes que es para siempre, y finalmente abres la caja.
Lo primero que coges es la mapa de los años que despacio distribuyes por el rostro y el cuerpo. Una vez terminado, buscas atentamente lo que todavía te gusta de tu aspecto, hasta encontrarlo y notar que es menos atractivo que antes. Te observas con más atención y te das cuenta de cuanto has crecido, de que tus ojos han visto muchas cosas y tus manos descubierto muchas otras. El cambio de tu piel, que durante la juventud se ha estirado, para luego volver lentamente a arrugarse otra vez.
Entiendes que la belleza deslumbrante que nos acompaña al comienzo de la vida nos abandona con el paso de los años.
Pero en la caja hay más cosas por sacar: la confianza, la autoestima, la resiliencia, el conocimiento, la comprensión, la destreza, la habilidad, la aptitud, la fuerza son solo algunas de las infinitas y pequeñas joyas que encuentras. Todas encajan con el mapa de los años y hacen que no tengas miedo de tu aspecto diferente.
Con una nueva expresión que te marca el rostro, más dura y cansada pero más intensa y profunda, sigues descubriendo el contenido de la caja.
Encuentras el circulo de la vida y es lo que más duele, el circulo se apoya en el corazón y a través de ello puedes sentirlo todo: el cansancio de vivir en los ojos de tus abuelos antes de morir, el desmoronarse de la inmortalidad de tus padres que habías construido cuando eras pequeña y con ella el dolor de la orfandad, el momento en el que a tu vez dejarás a tus hijos, la soledad, la despedida de la vida.
El mensaje de la caja es: Nada es eterno.

Y a mi todo esto me hace llorar a carcajadas, en el espejo veo las primeras arrugas, pero sobre todo veo lo que me ha dejado, lo que me dejará, lo que dejaré.

(No hay moraleja en esta historia que os he contado, pero necesitaba explicarlo bien).


Foto de Javier Biosca por Cortefield.


6 ComentariosEnviado por: lcaldarola

21 octubre 2019

La relación de pareja

Ese día te levantarás y mirando a la persona que está a tu lado sentirás un sentimiento diferente. La sensación de no haber perdido el amor de tu vida y la conciencia de que el amor es complejo y no se parece al amor abrumador de las películas, salvo por un tiempo”.

Todas las hogueras se apagan, también las que arden con llamas impávidas.

Verás tus años reflejados en las arrugas del otro y te harás otra vez la pregunta: “¿Ha valido la pena?”
Su cara no te gustará más que otras y en sus gestos seguirás notando ciertos detalles que con el tiempo y voluntad has aprendido a tolerar.
Los años os habrán quitado el apetito sexual el uno del otro empujándoos más de una vez en los brazos de otras persona, incitados por el deseo de volver a sentir la pasión arder en las venas y la excitación de la primera vez aún sabiendo que sería una ilusión.

La constancia poco a poco habrá construido un fortín seguro, donde poder acceder en los momentos más oscuros, cuando las dudas sean más fuertes que las certezas y te cuestiones cualquier cosa, desde el desayuno hasta el sentido de vivir.

Necesitarás escuchar vuestra canción para evocar sensaciones, y mirar las fotos de cuando estabais enamorados para recordar lo que habéis sido juntos. Como una terapia de amor, que te dará unos días de paz o a veces solo pocas horas.
“¿Cómo ha podido cambiar todo?” Te preguntarás con tono apático.
¿Por qué, a caso nuestro cuerpo no cambia. Y las cosas no se deterioran con el tiempo, no se gastan? ¿Por que el amor no debería cambiar también? Está en su derecho hacerlo.
Todo tiene un recorrido, la misma vida de cada uno tiene su proprio comienzo y fin y entre estos dos puntos hay infinitos cambios, buenos y malos, que es necesario aceptar para seguir el camino.

Las compañías, que durante años se habrán instaurado en vuestra vida de una forma constante y necesaria pues eran el barco con el que escapar de la rutina, no serán iguales que antes. Con el paso del tiempo las amistades se habrán disipado, también las que son para siempre. Sin embargo vosotros habréis elegido seguir juntos a pesar de todo, de los problemas, del tedio diario, de la falta de entusiasmo, de complicidad e intimidad. En vuestra pareja habréis encontrado el apoyo y la comprensión, y a lo largo del tiempo esto será suficiente. La madurez habrá poco a poco limado las incongruencias y las frivolidades dejando paso una relación profunda y marcada por las heridas, una relación sin ficción ni ilusiones, más bien humana y real. Habréis descubierto la fuerza que se cela detrás de una relación tan larga, la superación de los ideales que conlleva y finalmente os sentiréis banalmente completos.

El día que me cansé de buscar al amor de mi vida, encontré la paz. Entendí que “el amor de mi vida” no es una persona, si no mi capacidad de amar y entregarme. No fui feliz después de mi descubrimiento, tal vez más sabia y un poco desilusionada, pero esa fue la clave que me hizo acceder a la serenidad más interior, cuando comprendí que mis expectativas hacia la vida y al amor estaban equivocadas y que en la aceptación está la grandeza de una persona.


Photos courtesy of Pinterest.

Cover photo courtesy of Cosmopolitan.


7 ComentariosEnviado por: lcaldarola

14 octubre 2019

Esa mochila demasiado grande

A veces hacemos cosas “políticamente incorrectas” que no deberíamos, pero no seríamos nosotros sin hacerlas…. Ir en la bici eléctrica juntos, por ejemplo. Sentados en equilibrio sobre el sillín, tus manos agarradas al manillar, que de vez en cuando sueltas para apartarte el flequillo de los ojos “¡Agárrate Leonardo!” te llamo la atención. Para que no sea realmente peligroso pedaleamos por la acera y de consecuencia nos pillamos unos cuantos insultos. “Perdooooonnnn” me disculpo sin pararme y en seguida te explico que por la acera teóricamente no podríamos ir.
Un par de veces también te he llevado en el asiento posterior del coche sin la sillita aunque tus medidas no “cumplen la ley”. Y lo siento, sé que no debería, aunque se trate de un tramo corto. Me pides subir el volumen de la radio y cuando me pongo a cantar o a bailar te enfadas, te da vergüenza ver a tu madre bailar o cantar, lo sé porque lo he vivido antes que tú. ¡Mamma para! Me ordenas y cuando estás seguro de que estoy concentrada en conducir, te pones a bailar. Te miro desde el espejo retrovisor con los ojos enamorados y hago una captura de ese momento para guardarlo en mis recuerdos. Los viajes para llevarte y recogerte del colegio son una fuente inagotable de momentos memorables concentrados en cortos y apresurados minutos. Se que serán un patrimonio de valor para los años futuros.
El ápice de incontenible ternura llega cuando te dejo delante del colegio, después de despedirte con un beso en la mejilla (que casi siempre te quitas con cuidado convencido de que no te veo), te adentras vacilante por el portal escudriñando tu alrededor con la esperanza de avistar a un compañero, te miro cruzar el patio, cargando una mochila que te hace parecer más pequeño de lo que eres. Caminas y a ratos coges carrerilla, para volver a caminar, y de repente te giras hacia mi para averiguar si todavía estoy ahí. Me saludas con la mano y a mi me entran unas patéticas ganas de emocionarme.
En este momento siento el invisible cordón umbilical que todavía nos une, la profunda conexión que tenemos, más allá de esta vida, la necesidad del uno del otro, aunque sabiendo que nuestro destino es individual. En este ordinario momento del día florece mi instinto maternal/animal y me siento poderosa, participe de algo inmensamente grande y arduo, místico y real.
Y solo son las ocho y media de la mañana…. y solo son pocos años de una larga vida.
Desapareces dentro del edificio que te tendrá rehén durante las próximas horas, espero que tengas un buen día.
Hasta pronto…. vida.


1 comentarioEnviado por: lcaldarola

7 octubre 2019

Tened hijos

Los domingos bajo a la calle temprano, los niños no tienen todavía desarrollado el concepto de “weekend” y madrugan igual que durante la semana. Un día entenderán el porqué de las caras consternadas y resignadas de mamá y papá cuando gritando se vienen a saltar encima de la cama.
No hay nadie en la calle, excepto algún padre con la mirada perdida en un lugar lejano que no volverá a ver. Al cruzarnos nos intercambiamos una cabezada rápida, es el código entre los padres, que dice “te comprendo y lo siento”.
Doy las gracias por no haberme pasado de vino durante la cena y pienso en mis amigos que dormirán todavía algunas horas calentitos bajo las sabanas, más o menos el tiempo que tardaré en tomar dos desayunos, jugar un rato en el parque, dar dos vueltas con la bici, hacer la compra y preparar la comida.
Ayy como me gustaría levantarme sin sueño, cuando el sol entra por la ventana y tener la mañana toda para mi… me pierdo fantaseando el tiempo que tarda en cocerse la pasta, hasta que se libra en el aire mi apodo preferido: ¡Mamma!
Si el genio de Aladin viniera a comer a casa y me ofreciera vivir otra vida, yo le serviría la pasta, le preguntaría que tal se vive dentro de la lámpara y como se siente siendo tan poderoso, pero no pudiendo usar sus poderes para sí mismo y solo para los demás y luego le diría, “no gracias”.
Creo que el genio me agradecería por la comida y luego descubriríamos que tenemos muchas cosas en común, que en medidas diferentes tenemos poderes y que ambos utilizamos para “servir” a los demás, que en mi caso, los poderes son muchos más terrestres y que el circulo de personas es mucho más estrictos, que principalmente mis poderes los usos con mis hijos y que esto me gratifica profundamente. Finalmente nos despediríamos y le diría que sería bienvenido siempre.
Mi vida no era perfecta antes de tener hijos, como no lo es ahora, son dos vidas diferentes y que no puedo comparar porque no sería inteligente. Antes disfrutaba y me quejaba de algunas cosas, ahora de otras. Hay días en los que pienso con nostalgia en mi pasado, pero no porque no fuera madre, si no porque amo recordar cómo era, lo que he hecho, mi familia, mis amigos, mis amores, todo lo que ha pasado y no volverá. Sin embargo ni por un momento me he arrepentido de mis elecciones, tampoco en los momentos más oscuros.
La maternidad es tal vez lo más cercano a vivir que he hecho.

La gente va buscando respuestas, emociones, fe y creencias, paz….
Tened hijos, encontraréis todo. De todas las recomendaciones que os puedo dar (hay semanas que por IG son demasiadas jajaj) esta es la en que más creo.

Traduzco un texto de Bruna Estrela. (Algunas los habréis leído ya).

“Si pudiera dar un único consejo a mis amigos sería éste: tened hijos. Por lo menos uno, pero si es posible tened 2, 3, 4 … los hermanos son nuestro puente con el pasado y el puerto seguro para el futuro. Tened hijos.
Los hijos nos hacen mejores seres humanos.
Lo que un hijo hace por vosotros no puede hacerlo ninguna otra experiencia. Viajar por el mundo os transforma, una carrera de éxito es gratificante, la independencia es fantástica, pero nada os modificará de una forma tan permanente como un hijo.
Olvidad la historia de que los hijos son un gasto. Los hijos nos hacen personas con un consumo consciente y económico: dejáis de comprar los vestidos en Calvin Klein, porque al final, es solo ropa. Y los zapatos del año pasado, todavía nuevos y cómodos, duran cinco años más. Tenéis otras prioridades y un único par de pies.
Empezáis a trabajar con más ganas y dedicación. Existe un pequeño ser que depende totalmente de vosotros, y esto os hace profesionales con una enorme fuerza que ninguna otra situación os daría. Los hijos nos hacen superar todos los límites.
Empezáis a preocuparos por hacer algo para el mundo. Reciclar, trabajo comunitario, productos que no utilizan plásticos… Sois el ejemplo del ser humano para vuestro hijo, y nada puede ser más grandioso que esto.
Vuestra alimentación se convierte en un asunto importante. No ofrecéis chocolate y Coca Cola a vuestro hijo, si no plátanos y agua. Empezáis a cuidar más vuestra salud: coméis la fruta que sobra en su plato, plantáis un huertecito para tener especias más frescas, limpiáis el congelador durante el fin de semana. Un hijo os devolverá 25 años de vida.
Empezáis a creer en Dios y aprendéis a rezar. A la primera enfermedad de vuestro hijo, casi por instinto, os arrodilláis y pedís a Dios de vigilarle. Y así vuestro hijo os enseña la fe y la gratitud como ningún sacerdote/cura/leader religioso nunca ha podido hacer.
Os enfrentáis a vuestra sombra. Un hijo trae a la luz vuestro peor lado cuando se tira en el suelo en el mercado porque quiere un paquete de galletas. Tenéis ganas de gritar, pegar, de huir volando. Os veis agresivos, impacientes, autoritarios. Y así descubrís que es solo por amor y con amor que se educa. Aprendéis a respirar hondo, a agacharos, a tender la mano hacía vuestro hijo y a ver las situaciones a través de sus ojitos.
Un hijo os hace personas más prudentes. No conduciréis nunca sin cinturón de seguridad, no haréis nunca un adelantamiento arriesgado y no tomareis alcohol antes de poneros al volante, por el sencillo hecho de que no podéis morir (no tan pronto) ¿Quién criaría y amaría a vuestros hijos de la misma manera en vuestra ausencia? Un hijo os hace estar más vivos que nunca.
Pero si todavía pensáis que estas razones no valen la pena.
Tened hijos para oler el olor de su pelo siempre perfumados, por el placer de tener los bracitos agarrados a vuestro cuello, para sentir llamaros con esa voz inocente.
Tened hijos para recibir aquella sonrisa y aquel abrazo apretado cuando volvéis a casa y sentir que sois la persona más importante del mundo para aquel pequeño ser. Tened hijos para ganar besos húmedos, para verlos sonreír y caminar como vosotros, y entended cuanto es precioso tener una parte de vosotros por el mundo. Tened hijos para aprender otra vez cuanto apetecible es un baño lleno de espuma o comer algo sin tener que limpiar todo.
Tened hijos.
Conscientes de que enseñareis muy poco. Tened hijos porque tenéis mucho que aprender. Tened hijos porque el mundo necesita que seamos personas mejores en esta vida.”


Foto de Rus Anson.


9 ComentariosEnviado por: lcaldarola

3 octubre 2019

Mis looks de Corea

El lunes pasado os he contado el viaje a Corea y prometí a las que me lo pidieron, poner los looks que me llevé. No fueron muchos, al final viajar con los niños significa comodidad y practicidad, pero me he permitido unos caprichos.

Aquí van las fotos y las menciones.
Buen fin de semana.

Mi traje es de Duarte y la camisa de &otherstories. El bolso (que se repite) es de Longchamp.
Leonardo está vestido con ropita de Les Écoliers, Orlando de Cos.

Mi chaqueta de piel es de Longchamp. Las gafas de sol de Oliver People.

Mi top y mis pantalones son de &otherstories.
Leonardo lleva chándal de Les Écoliers y zapatillas de Reebok y The Animals Observatory.

Mi chaleco es de Longchamp. La sudadera azul es de Les ecoliers. Mis Sandalias de Birkenstock.


La silla de paseo es de Chicco, se llama Miinimo2.

Mi camiseta es de Longchamp.


2 ComentariosEnviado por: lcaldarola

Post Anterior