Mamma Mía

25 marzo 2019

Escapada a Denia

El éxito de un viaje es como una receta donde todos los ingredientes están equilibrados, medidos y mezclados con maestría.
El fin de semana pasado ha sido especialmente bonito para mi, justo porque todo ha encajado perfectamente: la compañía, el lugar, el tiempo….
Nos fuimos a Denia, un lugar que desconocía, cerca de Alicante. Fuimos con el Ave y luego con un transfer. El viaje en coche es lo que los niños aguantan peor, mientras que el tren les gusta bastante y es muy cómodo, yo personalmente lo prefiero al avión (siempre que sea posible).

Tardamos aproximadamente cuatros horas en llegar a nuestro destino: El Oliva Nova Beach & Golf Hotel, ubicado dentro de un complejo residencial con todos los conforts. Desde nuestro alojamiento teníamos acceso directo a la playa.

Desde que viajo con los niños, valoro muchísimo la comodidad y en este caso teníamos espacios amplios, cocinita y jardín.

Llegamos el viernes por la noche y nos fuimos el domingo, pasó muy rápido pero mereció la pena, además porque vinieron nuestros amigos Ana y Juan Carlos, con la “novia” de Orlando, Zoe, (lo habréis visto en mis stories ☺).

Siempre que tengo un plan de viaje, admito que me lo pienso dos veces antes de decidirme ir, es la misma razón por la que no voy a Italia tanto como me gustaría, entre la pereza de hacer las maletas y sobre todo la inquietud de cómo se portaran los niños durante el viaje, tengo dudas hasta el final. A veces ganan ellas y me quedo, otras veces me animo y acepto el reto. Realmente Leonardo se porta muy bien, es mayor ya y a pesar de que hay que estar pendiente de él, no es lo mismo que Orlando, que todavía demanda todo el rato y agota bastante.
He comprobado que los viajes con amigos que tienen hijos de edades parecida es la mejor solución, pero no siempre posible.

El mar estaba muy frio, de picar, sin embargo nos hemos bañado todos los mayores, bajo la presión de un desafío entre chicos y chicas jeje y con el solazo que hizo, nos calentamos en seguida. Descubrimos que Orlando ama la playa, se convirtió en una especie de “croqueta”, completamente recubierto de arena. Leonardo se hizo varios amigos y me dijo “mamma esto es un sueño!”.

Cada vez más, pienso que deberíamos viajar más durante el año y menos en Agosto, la playa estuvo a nuestra completa disposición en su totalidad y tranquilidad.

Ojalá pueda disfrutar de más escapadas e ir contándooslas por aquí.


Traje de baño de @Honeydressingbeachwear


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21 marzo 2019

Fue ayer

Sin embargo fue ayer cuando corrías arriba y abajo por la rampa de la placita de la heladería, llevabas la camiseta blanca con las letras de “play hard” y tenias la cara roja como un tomate. Reías feliz y yo te amaba.

Sin embargo fue ayer cuando reíamos a carcajadas y nos intercambiamos mimos bajo las sábanas, en la vieja y húmeda habitación de la casa alquilada en la montaña. Tu ternura sanó mis heridas causadas por la enfermedad de la abuela.

Sin embargo fue ayer cuando te cambié el pañal encima de la caja de cartón donde hoy guardamos los juguetes, la caca se te había salido del body y te habías manchado hasta la espalda. Me sonreías y yo me sentía plena.

Sin embargo fue ayer cuando me mirabas fijo desde el sofá negro del salón, donde te había sentado, rodeado de cojines y peluches para que no te cayeras. Eras tan pequeño y yo te protegía como podía.

Sin embargo fue ayer cuando te llevaba a pasear al parque, tú en el carro y yo, vestida de jogging, caminaba lo más rápido posible, me ponía la música en los auriculares y soñábamos juntos. Fuiste mi compañero de paseos y más, contigo nunca me sentí sola.

La mayoría de las cosas se olvidan o se quedan descoloridas, pero hay algunos momentos, solo algunos, que se quedan marcados en nuestra memoria con todos los detalles, como si hubieran pasado solo ayer.

Me gusta mi presente, con un hijo más y un hermano para ti, pero siento una nostalgia que me hace llorar cada vez que pienso en nuestro pasado juntos.
Lloro justo a tu lado, mientras te miro y te veo más largo y listo, más independiente y menos cariñoso, aunque te reconozco, eres siempre tú, sin embargo ayer ya pasó y no volverá.

Me seco las lagrimas pensando en que todavía tenemos muchos recuerdos para contruir y para extrañar.

Te quiero Leonardo. Buenas noches.


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14 marzo 2019

El mejor plan de mi vida

Creía en el amor platónico, luego tuve mi primer novio y me di cuenta de que la “realidad” no correspondía con mis expectativas, porque la imaginación suele volar más alto que la verdad. No me decepcioné más de lo debido, aprendí la lección y seguí enamorándome.

Creía en el alma gemela, hasta que vi mis relaciones acabar, con los años entendí que hay personas más afines a nosotros, que encajan más con nuestra vida, pero ninguna es igual que tú. No fue triste, me di cuenta de que cada experiencia es enriquecedora y que la diversidad nos sirve para aprender y mejorarnos.

Creía en la media naranja, hasta que acercándonos más, me di cuenta de que los bordes nunca coincidían a la perfección, siempre eran un poco más grandes o pequeños, o curvados…. A veces la media naranja se parece más a medio limón o medio pomelo. Aprendí a valorar lo que me correspondía a pesar de que no encajaba por completo conmigo y a “degustar otros sabores”.

Creía en las planificaciones, hasta que el destino me las puso patas arriba sin avisar. Esto si fue más duro de digerir, pero entendí que hay cosas que podemos programar y muchas otras que no. En cierto modo, ello me dio más tranquilidad.

La única cosa en la que “no creí” antes de probarlo fue en el ser madre. Porque no tenia expectativas, porque no tenia ni idea, no tenía “patrón”. La maternidad era algo desconocido e inesperado para mi.
Solo después de ser madre he creído en mi nuevo mundo y todas sus sombras.
Estoy solo en el inicio de este camino, llevo cinco años en esta vida como madre y empiezo a hacerme una idea de lo que es. Lo que es para mi.

La maternidad me ha permitido ver muchos amaneceres, más de cuantos vi en mi mejor época de salir.

Me ha hecho reevaluar las manchas en la ropa, despreocupándome de estar siempre impecable. Imposible.

Me ha hecho descubrir la auto ironía, muchas veces por no llorar, me rio de mi misma.

Gracias a la maternidad he descubierto nuevas funciones tecnológicas, “los infrarrojos, las tercera dimensión, …..

Me ha alargado los horizontes musicales, ahora en mi playlist tengo de todo, desde Anthony and The Johnson a la canción de los Cantajuegos.

La maternidad me ha quitado las tonterías, me las ha quitadas todas, no me ha dejado ni una.

Me ha hecho descubrir la comodidad de las zapatillas en cualquier situación.

La maternidad me ha dado algunas arrugas precoces, unas ojeras espectaculares y poco tiempo para maquillármelas, pues he aprendido a quererme más tal y como soy.

Pero a parte todo el spam que me llega continuamente por mail o en el móvil, de productos para bebes, de videojuegos o dibujos nuevos, la maternidad para mi, ante todo lo que he escrito es EL DESCUBRIMIENTO MÁS INCREIBLE QUE HE HECHO EN MI TREINTASEIS AÑOS.

Y me sentiría rara maquillada a diario e impecablemente vestida, hasta creo que echaría de menos las manchas de baba en la camiseta. Ya no me importa un pimiento si siempre tengo prisa y a veces estoy un poco desquiciada, si veo más parque que cafeterías con las amigas, si a veces se me confunde el día con la noche y si tengo más arrugas de las que me corresponden con mi edad, porque a cambio he ganado un premio inestimable:

Una voz aguda que me llama porque me necesita, porque soy la persona más importante de su vida. Que lo hagan para siempre.

La sonrisa ingenua que cada día recibo nada más despertarme, que aunque si pierde baba, esta sonrisa, es la mejor de todas. Que pueda vivir en mis recuerdos y pueda usarla cada vez que me sienta triste.

Las manos pequeñitas siempre listas para abrazarme. Que no se avergüencen cuando sean más grandes.

Los ruidos que llenan el espacio y hacen de mi casa un hogar. Que dejarán sitio al silencio un día.

Las palabras mal pronunciadas que me hacen reír o emocionar cuando se trata de un te quiero. Que siga escuchándolas toda mi vida.

Un amor devoto que me llena entera. Que devuelvo y devolveré con intereses hasta el infinito y más allá.

La compañía constante. Que un día se convertirá en vacío.

La búsqueda de mi pelo para acariciar, de mi piel para jugar, de mis brazos para reconfortar. Que nunca olviden de cuando hemos sido uno solo.

Esto ha sido el único caso en el que la realidad ha superado a la imaginación. El único caso en el que en lugar de iguales he sido uno solo con alguien, el caso que no necesita su mitad porque nace entero y nunca se divide, el mejor plan de mi vida.

Leonardo y Orlando. Sois el mejor plan no planificado de mi vida.


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11 marzo 2019

Menos es más

Tengo un “problema” que creo la mayoría de las mujeres comparte conmigo. Me afecciono a las cosas, a pesar de su valor comercial y de su función. Las cosas materiales para mi tienen un valor afectivo y me puedo poner muy triste al tirar algo o si lo pierdo. Tengo una colección de objetos inutilizados que no he tirado porque me recuerdan un momento o una persona, deshacerme de ellos es como tirar un recuerdo, cerrar una ventana de mi pasado. A la misma vez, me enfado conmigo misma por no ser coherente: soy consciente de que las cosas materiales no son importantes y que los recuerdos son pare de mi, sin embargo no soy capaz de tirar las pulseras del hospital de cuando han nacido mis hijos o el peluche preferido de Leonardo, que él con la sabiduría de niño, lo ha olvidado, mientras que yo, con la nostalgia de una madre, lo tengo guardado en un armario.
Necesito hacer un constante “trabajo emocional” para no crear un mausoleo innecesario en mi casa.
Deshacerse de estas cosas me cuesta un esfuerzo bastante grande que solo logro hacerlo donando o regalando, puesto que así siento que así seguirán viviendo.

Hay una segunda colección, la que voy a llamar “¿Y si lo necesitara de nuevo?”, de cosas inutilizadas que no tiro porque pienso que un día podrían servirme y que llevan meses ocupando un sitio, a la espera de un uso que nunca llegará.
De esta segunda colección es en parte culpable mi madre, una manía que a su vez heredó de la suya, mi abuela.
El culmine de esta manía se manifiesta en un cajón de la cocina exclusivamentee dedicado a las bolsas: de basura, de la compra, de plástico y de tela, decenas de bolsas de todo tipo, cuidadosamente dobladas para ocupar menos espacio. Mi madre no tira nada y es capaz de darle infinitas vidas a cada cosa, hasta que el mismo objeto se autodestruya por demasiada explotación.

Principalmente esta mentalidad viene del hecho, que la generación de mi madre todavía no era victima del “consumismo rápido” como lo somos nosotros. La publicidad estaba regularizada, mientras ahora hay publicidad en todas partes.
Antes la gente compraba principalmente por necesidad y pocas veces por vicio, además las cosas duraban muchísimo, años, por su calidad y por la mentalidad de “conservar”. La sociedad estaba basada en un consumo controlado y consciente.

Con el tiempo el consumismo ha ido evolucionando y potenciando, hasta actualmente explotar y crear un verdadero fenómeno de compradores compulsivos. Debido principalmente a la fácil accesibilidad de los productos, por costes y por comodidad y rapidez de compra.
Se está creando una sociedad basada en un modelo efímero que tiene sus raíces en el “estatus simbol” y que se realiza a través del poseer.
La gente compra a precios rebajados, consume rápidamente y se deshace (en la mayoría de los casos) o acumula, antes de comprar otra vez.
Desde un punto de vista ambiental es aun más grave que desde un punto de vista moral. La frenesí del consumismo impacta negativamente en nuestro planeta y afecta a nuestra vidas más de lo nos que imaginamos. (el precio de algunas cosas es tan bajo, que cuesta más reciclarlo que comprarlo nuevo).

Hace unos días vi un documental The Minimalism en Netflix que habla sobre este tema, nada que ya no sepamos, pero igualmente hace reflexionar sobre las cosas que son verdaderamente importantes, o mejor, sobre la manipulación de la sociedad en la que vivimos, que nos anima a comprar, haciéndonos creer que necesitamos siempre más, algo nuevo cada vez, para estar a la moda, para ser mejores, para sentirnos parte de algo, para ser felices. Mientras que ninguna cosa material llena los vacíos dentro de nosotros, ni nos hace verdaderamente felices.
Es cierto que no sería capaz de cambiar drásticamente mi forma de vivir, a pesar de que comparto plenamente esta filosofía de vida, pero quiero empeñarme en hacer compras más consientes y útiles, a aprender a utilizarlas y aprovecharlas y de consecuencia a acumular menos en casa. Por supuesto seguir donando.
Creo que todos nos beneficiaríamos de ello, nuestros hijos, nuestro planeta, nuestro interior.


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4 marzo 2019

A todas vosotras.

No es que con los años me haya hecho más feminista o que antes fuera más machista, ni pienso escribir un post sobre el tema de la igualdad, porque hay gente más preparada que yo y que ya lo está haciendo.
Prefiero reflexionar sobre la micro vida dentro de cada día. Lo que pasa en mi casa y en la casa de mis queridos, lo que veo a mi alrededor, con los ojos atentos de una persona sencilla como soy yo.
Durante mis treinta y seis años he tenido relaciones amorosas con personas muy diferentes. Es cierto que los años no influyen poco en nuestras elecciones y cuando pienso en mis primeros amores se me escapa una sonrisa, más parecida a la de una madre que a la sonrisa cómplice de una amiga.
Algunas de mis relaciones fueron la manifestación de una época critica cual es la pubertad, otras de la superación de mi misma, casi siempre nacían de una necesidad más profunda. Probablemente, en menor parte, también las últimas, las que merecen más de unas paginas de diario y que llevan su nombre indelebles en mi corazón. Pero en cualquier caso, todas mis relaciones han tenido algo en común, a pesar de su distinta naturaleza y del periodo histórico, algo por lo que me he dado cuenta de que la diferencia entre un hombre y una mujer es infinita.

Como el blanco y el negro: uno es la suma de todos los colores y el otro la ausencia de ellos. (El yin y el yang que echan raíces el uno dentro del otro, son interdependientes, tienen origen reciproco, origen mutuo, el uno no puede existir sin el otro).
Como el sol y la luna: uno brilla de día y el otro de noche y aunque coexistan, cada uno tiene su función y cuando uno es visible el otro se esconde.

He llegado a esta conclusión porque después de años de palabras, lloros, sonrisas y manifestaciones pasionales en todos sus aspectos, me di cuenta de que mi pareja no me entendía. A pesar de los intentos de explicarles “cómo funciono”, ninguno de ellos nunca llegó a comprenderme verdaderamente. Al principio creí que se tratara de un problema de carácter, llegué a poner en duda todo de mí y a perder la confianza, sin embargo, a pesar de mis esfuerzos para “cambiar algo”, no llegué a ningún lado, así pues, cambié la táctica: el dialogo pensé. Hablar ayuda, decirse las cosas ayuda, es un gesto espontaneo, natural, necesario. Tampoco solucionó esa falta de comprensión interior que sentía, que siento. Llegué a frustrarme más de lo debido y cada vez vertí mi frustración en largas conversaciones con mis hermanas, con mi madre, con mis amigas. Finalmente con ellas sentía volver la paz dentro de mi, siempre. Ellas me comprendían donde mi pareja no lo hacía, sentían conmigo.

He puesto en practica una “táctica personal de defensa” (después de leer el libro “los hombres son de marte, las mujeres de venus” que confirmó mi teoría de la inmutable diferencia entre hombres y mujeres) que es la de buscar consuelo fuera de las relaciones de amor. Si tengo un mal día y necesito desahogarme es mejor hacerlo con mi hermana que con mi pareja, si tengo un nudo en la garganta, es preferible compartirlo con mi madre, si tengo mi drama del día, mejor contarlo a mis amigas. Si necesito un te comprendo, un abrazo sin explicaciones, un silencio cómplice, un apoyo moral, se que lo puedo encontrar en otra mujer, a veces ni hace falta que sea intima, porque el vinculo que nos une, la complicidad, lo que compartimos en nuestros cuerpos “iguales” nos hace compañeras por naturaleza.

Existe un horizonte que delinea el limite entre dos universos, para mi es el encuentro y la separación, es la unión y el desacorde. Es donde cada día me enamoro de mi pareja y cada día me siento “sola”, donde nacen y se acaban los besos, donde las palabras se convierten en música o en silencios mojados de lagrimas, donde los sollozos de resignación se alternan con lujuriosos suspiros, donde las manos se enredan y se sueltan. Cada día veo ese horizonte parte de la naturaleza, como los paisajes. Me intriga, pero conozco su límite.

Por mucho que nos amemos, por muy afines que seamos, por cuanto expertos, sabios, buenos nos demostraremos, la diferencia entre una mujer y un hombre jamás será superada, el horizonte jamás desaparecerá y ningún hombre, incluso el más enamorado, será capaz de penetrar a una mujer dentro de su alma y comprender su verdadera esencia.

Dedicado a todas las mujeres que forman parte de mi vida y a las que no.

Feliz casi día de las mujeres.


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28 febrero 2019

Elegir colegio

Me he levantado en plena noche, sin que ninguna voz proveniente de la habitación contigua me llamara, simplemente me he despertado de repente. Me he levantado para ir al baño, he ido a chequear a los niños y me he metido otra vez en la cama. El cansancio tiene a mi cuerpo de rehén, lo noto en cada parte, deseo dormir, mi cuerpo lo necesita. Sin embargo mi mente vuela de un pensamiento a otro y casi siempre, últimamente, se posa encima del mismo dilema, culpable de quitarme el sueño.

EL COLEGIO.

Hace tres años huí a sabiendas de la “tortura mental” que nos toca a la hora de elegir un colegio. Elegí uno que me habían recomendado y que tenia (y todavía tiene) muy buena “fama”. Parece ser de los mejores de Madrid y es cierto que Leonardo lleva tres años felices allí. A pesar de que va en ruta y con horarios bárbaros, le gusta mucho ir.
Para mi, el hecho de que él esté contento significa que hemos acertado, hemos encontrado una escuela que tiene una buena sinergia con su forma de ser.
Desafortunadamente por razones personales, hemos decidido finalmente cambiarle el año que viene.
La búsqueda corta y sin dolor de hace tres años, vuelve ahora más amarga que nunca.

Hay tres factores me determinan la elección de un colegio para mi:

VALORES.
Por valores me refiero al método educativo practicado, no tanto al nivel escolar, cuanto humano.
Es fundamental que la educación en el colegio tenga los mismos principios de la educación familiar, para que el aprendizaje resulte coherente y claro.
Necesito poder confiar en la enseñanza fuera de casa.
Entre estos valores incluyo el RESPETO acerca la diversidad en cada una de sus manifestaciones, no solamente físicas sino religiosas y “filosóficas”, de consecuencia la FLEXIBILIDAD en diferentes hábitos. Por ejemplo en campo alimenticio, me gustaría que se valorase la variedad en lugar de un modelo único estándar que es el mismo desde hace decenas.

ENSEÑANZA
De toda mi carrera escolar, los profesores que recuerdo con cariño los puedo contar con una mano.
Es cierto que el modelo de educación antes era diferente, también dentro de las familias y mis padres se han “desinteresado relativamente” de mi relación con los profesores. Ellos confiaban en lo que les contaban y tenían mucha paciencia y comprensión conmigo.
Yo soy algo más exigente como madre, será que tengo más tiempo para dedicar a mis hijos o porque creo en mi experiencia antes de los estándares y lo que me comentan. No soy una persona fácilmente maniobrable, “necesito ver para comprar”.
Pero sobre todo pienso que la responsabilidad de un profesor es enorme y que esta profesión determina un rol muy importante en el desarrollo de los niños. Por ello creo que no solo hace falta una preparación académica y cultural adecuada, es importante que los profesores se impliquen en la búsqueda de una PERSONALIZACIÓN de aprendizaje donde cada niño pueda sentirse cómodo y sobre todo ESTIMULADO.
El colegio no debería nunca resultar aburrido, más bien debería ser un lugar de experiencias, colectivas y personales, donde fomentar la CURIOSIDAD  y el ENTUSIASMO y desarrollar la CONFIANZA en uno mismo, fundamental para el futuro éxito.

CERCANIA
Me he dado cuenta con la experiencia, de que los horarios marcan parte de la calidad de vida de un niño. Desafortunadamente los horarios laborales de los padres marcan también los hábitos de los pequeños y por ello cualquier facilidad en el desplazamiento es de gran ayuda.
Además tener el colegio cerca de casa favorece la socialización de los niños fuera del horario escolar, al vivir todos más o menos cerca.
Tener un grupo de amigos fuera del colegio es importante y muchas veces, sobre todo creciendo, es más complicado crear nuevas amistades.

Para la elección del nuevo colegio tengo en cuenta que en unos años irá también Orlando y así se me hace más cuesta arriba la busqueda. Me estoy dando cuenta de lo complicado que es encontrar una solución con todos los requisitos.


Image Found Untouched Vintage Classroom in Abandoned School – Urbex Lost Places Italy

¿Como llevaís este asunto?

Yo sigo despertándome de noche y buscando de día, pero sigo sin aclararme las ideas….


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25 febrero 2019

Tú ya eres tu misma

Llevaba un par de días raros, probablemente a causa de los síntomas premenstruales que siempre me alteran el humor. (Es la única cosa que no he extrañado en el post parto!)
Me levantaba por la mañana activa, iba al gimnasio después de haber entregado mis hijos a sus “deberes” y luego volvía a casa, me duchaba y desayunaba dos o tres veces. Encendía el ordenador, ponía el móvil encima de la mesa y me perdía. Me perdía en todos los sentidos, porque al cabo de una hora no había concluido nada y seguía en la misma posición…. Durante mi tiempo desperdiciado, me había topado con la noticia de una niña sin piernas, había visto una foto que la retrataba, aproximadamente con la edad de Orlando, en la cama del hospital con el chupete y sin las piernas, probablemente se la acababan de quitar. Había llorado durante media hora, mientras negaba con la cabeza , por no ser capaz de comprender la vida. Por cierto había leído la noticia de la muerte de que Karl Lagerfeld y había sentido pena. Nadie es invencible. Pensé dentro de mi. Todos morimos. Mejores o peores, guapos o feos, valientes o cobardes, ricos o pobres, nadie tiene el elixir de la inmortalidad. Aunque es cierto que a Karl lo recordaríamos como un hombre especial. Pero lo de la niña había seguido haciéndome más daño.
Me había pegado toda la mañana malgastando el tiempo, empezando catorce cosas, sin ser capaz de acabar una. A la hora de recoger a los niños me sentía culpable por no haber hecho nada. Cualquier persona lista, en mi lugar hubiera salido a pasear aprovechando el buen tiempo, hubiera leído un libro o simplemente hubiera descansado sin remordimientos, sabiendo que cualquier madre necesita descanso.
Entre mareadas navegaciones por internet, me había puesto al día en instagram. Hubiera sido mejor no hacerlo, porque me puse de peor humor. Mientras pasaba las fotos con el dedo, me daba cuenta de que los estereotipos, viejos enemigos de la honestidad y de los principios, estaba afectando a las personas como el virus de una gripe y convirtiéndolas en “individuos en serie”. Me había recordado de cómo lo mismo había pasado con el arte, cuando el marcado había empezado a producir objetos en serie y para contrastar la mísera repetición que robaba personalidad a la decoración, se había formado un movimiento basado en la unicidad y belleza, llamado Art Nouveau Y lo había hecho con tal libertad, (tanto que en Italia el movimiento se llamaba Liberty) que los edificios pertenecientes a este estilo, siguen siendo de una belleza única.
Este pensamiento me había animado por un momento, me había dicho que era cuestión de elegir de qué lado estar, que posición ocupar y sin dudarlo sabía que yo quería ser única.

Todos lo somos, únicos, no hay persona igual a otra, ni siquiera los gemelos son idénticos, aunque se parecen muchísimo. La naturaleza nos regala la oportunidad de distinguirnos, sin tener que hacer nada de especial, simplemente aceptar nuestra naturaleza y hacer de ella la mejor versión, explotar lo bueno y trabajar en el resto. Desafortunadamente en contra de la naturaleza, se ha ido creado una sociedad que sobrevive de la debilidad humana. Un grupo de personas sin nada mejor que las otras, pero más soberbias y que instrumentaliza parte de la humanidad a través la creación de estereotipos, para que “la masa” pueda reconocerse en algo, o peor, en alguien.
La expresión “se tú mismo” es tan proclamada, tan continuamente “disparada en el aire” que tengo la sensación de que no signifique nada. Es como el estribillo de una canción que conozco de memoria, me resulta monótona, incluso patética. ¿Además como puede uno NO ser si mismo? Tal vez pueda en otra vida, pero en esta ya no hay elección, lo que veo más lógico es no desear ser otro, porque esto si que es peligroso. Mejor sería seguir el propio camino, ponerse metas a la propia altura, así de poderla alcanzar sin sentirse frustrado y sobre todo creer que lo que nos ha dado la vida es lo mejor para nosotros. Eso me diría mi padre, así me han educado mis padres. Sé tu mejor versión, más que tu misma, porque tú ya eres tu misma. Pero sobre todo, lo que me han enseñado y que siento mío, es reconocer la igualdad del alma, que es lo único que supera “cualquier adjetivo” y se queda integro para siempre.
A mi también me gustaría tener más y ser más, y me gustaría lograrlo con mis fuerzas. De repente me he acordado de un episodio del colegio, encerrada en el baño suplicando a Dios que no me tocara el examen oral. Con el tiempo he aprendido que era más inteligente estudiar jajajaj.
Llevo un par de párrafos pensando en cómo cerrar este post y la verdad es que no me acuerdo lo que quería contar, es como aquellas conversaciones que se libran entre comensales o amigos sin querer llegar a un punto preciso, solo por el gusto de conversar.
Mi madre siempre me dice que cuando era pequeña hablaba continuamente, sin parar, que agotaba de tanto hablar y que muchas veces no sabia ni lo que iba contando. “No se entendía lo que querías decir o tal vez estabas hablando sola”. A mi me hace gracia, me hace pensar que estoy recorriendo mi camino, porque las palabras me gustan, me gustan cuando se unen y crean una melodía además de un mensaje. Las palabras son poderosas.
Creo que así termina mi post.
Tomarlo como una de estas conversaciones que hacía de pequeña, para nadie en concreto y para todo los que querían escuchar.
Ciao.

Foto de Jesus Romero.


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19 febrero 2019

“Random” sobre la semana pasada

Este se llama “post random”.

Le he llamado así porque une una serie de cosas que no tienen un hilo directo, excepto que sucedieron durante la semana pasada. Y empieza así.

Llevaba años sin comprar un nuevo bolso, desde que vivía en Milán, cuando todavía no tenía hijos y me permitía muchos caprichos. Antes de empezar un largo periodo de “carestía” que empezó con el nacimiento de mi primer hijo.
El caso es que mi bolso había acabado su función y necesitaba urgentemente un sustituto. Ese tema llegó a preocuparle hasta a Leonardo, cuando le enseñé el bolso roto y le conté que necesitaba uno y con gran sorpresa se dio cuenta de que papá Noel no me lo regaló.
Hace unos días me lo compré, no es que no tenga bolsos, pero quería mi bolso diario, el que llevo siempre conmigo y que lleno a tope, donde puntualmente se refugian muñecos de lego, pelotas locas, caramelos chupados…. Lo típico, ya sabéis.
Os lo voy a enseñar, después de tantos cuentos….

El sábado noche José y yo salimos con amigos (algunos de ellos los conocéis por redes sociales), vale la pena que os lo cuente porque el plan ha sido muy divertido y os lo quiero aconsejar para una noche con amigos.
Siempre me han gustado los juegos de mesa, los juegos en general y el entretenimiento. Si quedamos en casa con amigos, soy la típica pesada que propone miles de juegos o que si va a un cumpleaños siempre lleva alguna sorpresa para improvisar algo divertido.
El Sábado antes de ir a cenar, hemos ido a una bolera, pero lo interesante es que es un bar clandestino que se llama Fetén y está en el nuevo y precioso hotel Bless, en el centro de Madrid. La bolera está en la planta de abajo y no hace falta ser huésped del hotel para acceder. Hay dos pistas, la atmosfera es intima y hay una barra donde poder pedir cualquier cosa de beber.
Os lo recomiendo.

Os doy una premisa: No me gusta todo lo que a primera vista aparenta artificial. Me cuido mucho, soy una verdadera maniática, sin embargo casi no me maquillo, casi no me peino, me gustan las uñas cortas, no amo los tatuajes ni cualquier tipo de intervención externa en el cuerpo (lo único que permito son los garabatos de mis hijos, aunque tardo poco rato en limpiarlos). Uso pocas joyas, y más que decorativas son significativas. Cuanto más “agua y jabón” más se acerca a mi estilo.
Eso no quiere decir que no me guste probar cosas, si sé que no son dañosas, no son adictivas y el resultado es gratificante. Os cuento esto porque hace una semana he probado un tratamiento que se llama lifting de pestañas. El tratamiento, que dura alrededor de una hora, consiste en poner un producto sobre tus mismas pestañas, para que se queden encorvadas, el efecto final es parecido al del rizador de pestañas, pero además te ponen tinte así que parece que tengas rímel.
El primer día se me ha hecho raro despertarme y verme más arreglada de lo normal. Lo que me gusta es que el efecto no es artificial, yo además no me pongo rímel, pero se puede poner, para que resulte aun más espectacular el ojo. Dura cinco semanas aprox.
El sitio donde he ido a hacerlo es el mismo salón donde me hago la manicura y pedicura, se llama Kanvas y os lo recomiendo, por la calidad de los tratamientos y productos.


En estas fotos no llevo rímel.

Por temporadas me obsesiono por algo, puede ser un zapato, una joya, una prenda… Este momento estoy especialmente atraída por los “anillo de sello”. He recibido un regalo muy bonito de Jápines y he fichado otro muy al estilo italiano en mi joyería preferida de Milán, que se llama Atelier VM.

Buena semana. 🙂

 


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14 febrero 2019

Siento una dulce nostalgia invadirme

Me he subido a la terraza, a mirar los techos de Madrid, bañados del sol caliente, aunque sea invierno. Siento una dulce nostalgia invadirme. Me he acordado de los veranos pasados aquí arriba con Leonardo, cuando era pequeño, sigue siéndolo pero antes lo era más. Su cara todavía conservaba la redondez de bebé y su comportamiento apuntaba maneras de niño, reía con cualquier cosa y yo era la persona con la que quería compartir cada segundo de su día.
Entonces los días me parecían largos, igual que ahora, sin embargo ahora mirando atrás me parece que han pasado de prisa.

Me he olvidado la mayoría de las cosas, pocas quedan apuntadas en los vídeos y en las fotos que me recuerdan momentos lejanos. Cada vez más.
Quizás porque nuestro cerebro es capaz de hacer cosas complicadas y tiene una memoria ilimitada, sin embargo no guarda todos los recuerdos, hace una selección según su lógica y olvida el resto. Más que olvidarlo lo deja entre la niebla, si, porque a veces con un indicio, un objeto o una palabra, el recuerdo aflora en la mente de repente y te hace extrañarlo, ese momento que ha pasado para siempre.

Son recuerdos capaces de levantar sentimientos opacos, de liberar el alma de los pesos momentáneos. Nos sirven para recordar a los que ya no están, no porque se hayan muerto, si no porque han cambiado, se han transformado. Como hacen los bebes y luego los niños…. que cambian continuamente y rápido.

Me he acordado de una piscina de goma de mala calidad que había comprado en un chino, para que Leonardo disfrutase del agua en los días calurosos de verano y que una noche el viento se la llevó a algún sitio. Al día siguiente ya no estaba en mi terraza.
Una piscina azul, pequeña pero bastante grande para los dos años de Leonardo, donde se sentaba rodeado de juguetes y donde guardaba un hueco para mi, porque me quería siempre a su lado, también dentro una piscina que me hacía parecer a Alicia cuando se come la galleta de hacerse grande.

Así pasábamos muchas tardes él y yo y a veces me pesaban, me aburría un poco aunque sabía lo afortunada que era. Evidentemente también en las mejores situaciones nos gustaría cambiar algo. A mi me habría apetecido tal vez más compañía. Sin embargo recordando esas tardes hoy, se me llenan los ojos de lagrimas y en la boca se me marca una sonrisa. No pediría nada más. Era perfecto tal y como era. No lo entendía a fondo porque no me daba cuenta de cuanto las cosas cambiarían, de que mi relación con Leonardo por naturaleza cambiaría.

Miro los techos de Madrid, bañados por el sol caliente, aunque sea invierno y echo de menos a ese niño, lo extraño a rabiar. En algunas horas volveré a estar con él, pero jamás volveré a ver al pequeñito que chapoteaba dentro de la piscina azul.


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7 febrero 2019

Delegar a mis proprios hijos

Intento estar lo más pendiente posible con vuestros mensajes y peticiones, os prometo que vendrán los posts con recetas. ☺
Hace unos días una mamá me preguntó como llevaba el tema de “delegar a los niños”, dejarlos a los abuelos, a la niñera, a un tío o una amiga, para poder hacer algo. Porque tienes una necesidad o urgencia o aunque solo sea para descansar, para despejar la mente y relajarte, para dedicarte un momento a ti misma.

Me parece un tema interesante para comentar con vosotr@s y ojalá sirva de apoyo a las madres que necesitan consejo.

Mi segunda maternidad me ha hecho corregir, en algunos casos, o cambiar, en otros, mi manera de vivir el papel de madre. Como en todas las cosas, la experiencia ayuda, de los errores se aprende, de las faltas se aprende y de las cosas bien hechas también se aprende.

No he dejado a Leonardo con alguien, excepto pocas horas, hasta los tres años.

Mi vida hace cinco años hizo que fuera una tipología de madre excesivamente pegada a su hijo.
Me mudé en un país extranjero donde no tenia trabajo, no tenía amigos, tampoco tenía el idioma y José volvía a casa cada día a las ocho de la tarde. Leonardo era para mi un aliado y mi fiel compañero, a parte de mi hijo y la persona más importante en mi vida. Era el columpio en el cual me balanceaba, era el espejo que reflejaba mi valentía, en Leonardo encontraba la confianza en mi misma y la salida de mis momentos oscuros. Jamás dejaría que alguien pudiera cuidarle de una forma menos especial que la mía, la que según yo, se merecía.
Tenía tiempo suficiente para estar con él.
Lo apunté a una escuela infantil para que pudiese trabajar en la autonomía y desarrollo psicofísico junto con otros niños y para garantizarme unas horas libres.
En poco tiempo aprendí el castellano y me hice nuevos amigos. Leonardo creció rodeado de gente, José y yo hacíamos todos los planes con él. Fue un niño acostumbrado a pasar de brazo en brazo, a montarse en aviones, a ir a eventos…. Sin embargo nunca le he dejado veinticuatro horas con otra persona. El limite para mi estaba en la noche, dormir separados es algo que todavía me cuesta aceptar en mi vida.

Me declaro culpable por no tomar bien la separación de mis hijos, entregarles en manos de otra persona que no sea yo, a pesar de que confié ciegamente en ella, (si no jamás lo haría obviamente) me sigue costando un esfuerzo.
“Pero no pasa nada si los dejas dos días”. Cuando me lo dicen yo contesto que lo sé. Pero si no hay necesidad no los voy a dejar.

Hay situaciones que no te permiten elegir, el trabajo por ejemplo es un factor de fuerza mayor, al que desafortunadamente hay que adaptarse también cuando no nos encaja bien. Las otras situaciones las voy considerando según sucedan. Cuando mis hijos eran bebes, entre el vinculo de la lactancia y el materno, no me veía capaz de separarme de ellos y no lo hice. Además veo fundamental para construir su confianza, estar a su lado cada vez que lo necesiten y lo pidan, sin excepción. Este tema habría que desarrollarlo más a fondo, tal vez en otro post, pienso que es una parte fundamental y sensible de la educación, que sin embargo está subestimada.

Los niños crecen y aprenden a expresarse a través de las palabras además que de los lloros y los gestos, la comunicación con ellos se hace más fluida y fácil. Empiezan a entender lo que les dices y perciben los sentimientos con los que transmites los mensajes. A mis hijos les hablo como si fueran personas mayores desde siempre, también cuando no hablaban ni caminaban. Estoy segura de que si no entendían mis palabras, igualmente recibían un mensaje claro.
Cuando he notado en Leonardo cierto nivel de autonomía, me he sentido más segura en dejarle durante más tiempo.

Hay madres que desde el principio dejan a sus hijos con los abuelos o con la nanny y no tienen ningún remordimiento, porque saben que no les va a pasar nada, que están en buenas manos. Aunque no lo comparta, creo que una madre siempre actúa por el bien de sus hijos y me parece justo que cada una se sienta libre de educar y vivir la maternidad a su manera.
También creo que no hay un patrón en la educación y como siempre digo, cada niño, aunque se parezcan mucho, es diferente, de manera que cada medida tiene que ser adaptada a su carácter. Lo importante es ser coherentes y seguir la propia voluntad. Yo siento que lo estoy haciendo bien, he conseguido que mis hijos se sientan queridos y seguros de si mismos, Oralando todavía es pequeño, todavía necesita mi constante presencia, así que intento no separarme de él. También sé que es temporal, que pronto volveré a tener más libertad, pronto ellos mismos necesitarán autonomia y libertad. Me esperan muchas noches sin piecesitos que me empujan la cara y con mucho espacio entre las sabanas. No tengo prisa, sé que un día echaré de menos lo que tengo hoy.

Ya sabéis que cada intervención os la agradezco, pienso que el intercambio de opiniones y experiencias es muy útil para tod@s.

Un abrazo.


Fotos de Deborah Torres.

Decoracíon @romulo_floralart

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8 ComentariosEnviado por: lcaldarola

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