Mamma Mía

21 mayo 2020

Madres

Cuando se apaga hasta la última luz y el mantel airoso de la noche cubre uno a uno los edificios, los arboles y las calles, convirtiendo el paisaje en una línea negra.

Cuando cae la noche en la ciudad.

Cuando los cuerpos exhaustos de los amantes se rinden al sueño.

Cuando los fieles han rezado el último rezo del día.

Cuando las manos entrelazadas de los sabios se libran de la presa.

Cuando los libros descansan en la mesita de noche juntos a un vaso de agua.

Cuando él duerme plácidamente.

Cuando los abuelos han intercambiado el beso de la buenas noches.

Cuando las lagrimas se secan en las mejillas.

Cuando los ojos de los niños se cierran y el sueño se los lleva hacia mundos fantásticos.

Ellas se quedan. El enjambre nocturno de madres vigilantes se mueve entre las habitaciones de la casa, no danza como las bailarinas, no vuela como los fantasmas pero posee la misma delicadeza cauta en los movimientos. El enjambre respeta el sueño de los otros habitantes y se prodiga al servicio nocturno de los necesitados.

Las madres juntas tejen una tela de hilos invisibles. Son como luciérnagas que dibujan una imagen luminosa en la oscuridad.

Ellas son el consuelo de los lloros.
Ellas son las que atrapan las palabras gritadas por la noche y devuelven el silencio.
Ellas son las que construyen cuevas de brazos en las que el miedo no puede llegar.
Ellas son la voz que calma.
Ellas son las que lo sacrifican todo.

A veces me pregunto si existe una especie más valiosa que la nuestra. Si hay luchadoras más combativas, si hay corazones más grandes, si hay caricias más dulces, si hay manos más sanadoras, si hay voces más melódicas, si hay algo más imprescindible que una madre.

A todas vosotras os dedico este post, ánimo, seguiremos luchando, seguiremos logrando victorias, seguiremos generando vida y amando con locura.


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18 mayo 2020

Libros

Leer es una ventaja atemporal, el consenso a perderte, la única posibilidad de vivir otra realidad y hacerlo cuando te da la gana. O casi. Desafortunadamente el tiempo libre es cada vez menos y los móviles se están apoderando de ello.
Mi escasa memoria no me permite recordar todos los libros que he leído, ni la mitad, pero siempre me ha gustado la lectura, tanto como escribir. Me gusta la estética de las palabras y la enorme potencia de cada letra, para mi la escritura es la madre del arte.

He pensado que en este periodo tal vez tengamos más tiempo y ganas de leer, sobre todo ganas, porque el tiempo siempre es demasiado poco. Así que os quiero recomendar algunos de mis libros preferidos de autores italianos.

CAOS CALMO – SANDRO VERONESI

“La gente pensa a noi infinitamente meno di quanto crediamo. Non ci pensa quasi mai, questa è la verità.”
La gente piensa en nosotros infinitamente menos de cuanto creemos. No nos piensa casi nunca, esta es la realidad.

“…e comunque quella canzone dice bene, siamo solo incidenti in attesa di capitare…”
De todos modo aquella canción lo dice bien, somos solo accidentes a la espera de que sucedan

“Il caos. Però un caos gioioso, privo di drammaticità, perché i bambini, anche se non sono ancora usciti, hanno già cominciato a spargere qua fuori la sostanza che permette loro di sopravvivere agli adulti, quella specie di antistaminico naturale che rilassa un po’ i genitori e li fa regredire, e li rende non solo compatibili ma talvolta addirittura complici del caos del quale loro, i bambini, si sentono parte: il caos delle loro camerette prima dell’ordine di rimettere a posto, il caos degli zaini al ritorno da scuola, degli astucci, dei cassetti, dei quaderni; il caos semplice e fondamentalmente calmo nel quale crescebbero tutto il tempo, se gli fosse permesso, senza comprendere fino in fondo la maggior parte delle cose che accadono ma, proprio per questo, con la capacità di viverle molto intensamente.”

El caos. Pero un caos alegre, libre de drama, pues los niños, aunque si no han salido todavía, ya han empezado a esparcir aquí fuera la sustancia que les permite sobrevivir a los adultos, aquella especie de antiestamínico natural que relaja un poco a los padres y les hace retroceder, y los hace no solo compatibles sino cómplices del caos del cual ellos, los niños, se sienten parte: el caos de sus habitaciones, antes del orden cuando se guarda todo, el caos de las mochilas a la vuelta del colegio, de los estuches, de los cajones, de los cuadernos; el caos sencillo y básicamente calmo en el crecerían todo el tiempo, si les fuera permitido, sin comprender completamente la mayor parte de las cosas que suceden pero, justo por ello, con la capacidad de vivirlas intensamente.

TÚ MÍO – ERRI DE LUCA

Era una noche tranquila. El mar en la orilla no conseguía dar un paso. Cuando es así no es ni siquiera mar, parece cielo.

Quiero intentar estar contigo. Quiero creer que es posible, aunque no sea por ahora, aunque sea desde lejos. Necesito esperar a alguien que no se parezca a nadie y ese eres tú

(…) Cayeron las dos primeras lágrimas, que vienen por parejas, y es de esto de donde los poetas han aprendido las rimas.

ALDA MERINI
Cualquier libro con sus poemas traducido al Español valdrá la pena.

Giovanni “Gianni” Rodari
(Omegna, Piemonte, 23 de octubre de 1920 – Roma, 14 de abril de 1980) fue un escritor italiano , pedagogo y periodista italiano especializado en talleres sobre la comedia infantil y juvenil. Como pedagogo realizó una gran labor siempre al servicio de la renovación educativa.

Sus Libros infantiles son obras de arte.

SEDA – ALESSANDRO BARICCO
Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Créeme: lo hemos hecho para siempre.

(…) Hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tu serás mío para siempre…

LA SOLEDAD DE LOS NUMEROS PRIMOS – PAOLO GIORDANO
(…) Sabía cómo contar una historia. Conocía lo expresivo que puede ser un detalle.

Me estoy volviendo loca, pensaba a veces. Pero no le importaba. Al contrario, sonreía satisfecha, porque por fin elegía ella.

NO TE MUEVAS – MARGARET MAZZANTINI

Se muere como se vive.

Entonces lo entendí. Porque mi vida siempre ha sido así, ha estado llena de pequeñas señales que me vienen a buscar.

Era feliz. Uno nunca se da cuenta de cuándo es feliz, Ángela, y me pregunté por qué la asimilación de un sentimiento tan benévolo nos encuentra siempre poco preparados, despistados, tanto que sólo conocemos la nostalgia de la felicidad o su espera perpetua.

CARTA A UN NIÑO QUE NUNCA NACÍ – ORIANA FALLACI

“Sólo quien se destroza en las preguntas para obtener respuestas logra avanzar”


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11 mayo 2020

¿Que haré de mi vida?

¿Qué haré de mi vida?
En mi habitación encontré todas las respuestas. El techo me dijo: puedes llegar a la cima. La ventana me dijo: observa y disfruta de las maravillas del universo. El reloj me dijo: aprecia cada segundo de tu vida, cada uno de ellos cuenta. El espejo me dijo: analizate a ti mismo antes de actuar. El calendario me dijo: actualizate, vive el presente. La puerta me dijo: abre tu mente y tu corazón para luchar por tus objetivos. El suelo me dijo: agáchate y agradece.

Las turbulencias suelen dejarme herida, marcada con constelaciones de moratones en formas y colores diferentes, que con el paso del tiempo desaparecen al igual que cómo han aparecido.

Hay personas a las que los eventos no les repercuten, otras a las que les sacuden como pañuelos al viento, yo estoy en el medio.
Soy la chica que se tira al mar y se deja llevar por el vaivén de las olas. El cuerpo que flota ligero en el agua , la cara entregada a los rayos del sol y los ojos cerrados.
No quiero molestarme en nadar, no sé donde me lleva la corriente y no miro en qué dirección se dirige mi cuerpo, recibo su petición de no forzar y la acepto. A la vez miles de preguntas como las chispas que relucen en las cumbres de las olas, cogen forma dentro de mi cerebro en busca de respuestas.

Las preguntas siguen sumándose, pero siempre tengo carencia de respuestas. He llegado a la conclusión de que las respuestas tardan más en fabricarse que las preguntas. Y mientras las preguntas siguen creciendo, como los hierbajos que bordean las autopistas o las que se hacen hueco en las macetas de las plantas muertas, sin necesidad de agua, de cuidado y de ganas de tenerlas, las respuestas necesitan tiempo y dedicación, necesitan ser cultivadas con paciencia y crecen despacio, como una flor preciosa.

La vida te pertenece menos de lo que imaginas, las cosas y tu mismo cuerpo. La inmortalidad que lleva cada nombre, cada sonrisa y lagrima, cada pis, es la garantía de que hagas lo que hagas, tu camino está marcado. Ocultado detrás de un tiempo efímero.
El bien más valioso, soberbio y engañoso, sabio y reconfortante, el mayor archi-enemigo del hombre.

En estos tiempos de incertidumbres, hay una categoría que defino como nadadores. Están nadando con más fuerza aún, de mi posición admiro la habilidad con la que mantienen a distancia las distracciones de sus objetivos, independientemente de su naturaleza o gravedad. Los nadadores tienen el corazón acorazado y las finalidades claras y no sacan la cabeza del agua hasta que alcanzan la meta, entonces emergen para celebrar el éxito conseguido.
No sé si los nadadores son felices, es posible que se sientan complacidos, sin embargo a mi me parece un desperdicio abominable todo ese tiempo con la cabeza bajo el agua, sin mirar a los peces y perdiéndose el panorama de ahí fuera.

Lo opuesto a los nadadores son los gusanos chiquitos que viven debajo de la arena mojada. Los niños con paciencia y manos minutas son los únicos interesados en sacarlos para entretenerse durante un rato, antes de abandonarlos en la orilla. Pues los gusanos no sirven para nada, eso parece. (Creo que se usan para pescar, u otra cosa seguramente, diversamente no estarían en este mundo).
No sé si los gusanos de arena son felices, juraría que no, pero estoy segura de que ahí debajo hay una ciudad entera conectadas por galerías infinitas, donde los gusanos pasan los días como el resto del mundo. De pequeña solía escavar en la arena hasta encontrarlos, me los quedaba en la palma de la mano y miraba los colores. Eran tan pequeños que hubiera podido aplastarles con solo dos deditos, sin embrago me gustaba jugar con ellos. Cuando voy a la playa con mis hijos suelo sentarme en la orilla y escavar hasta encontrar uno para enseñárselo. Hay una vida allí debajo que desconocemos.

¿En estos tiempos de incertidumbres tú que haces? Nadas como los nadadores, simplemente existes como los gusanos de arena, lloras una perdida, descubres un talento, sufres la impotencia, vives el día…
Personalmente no tengo un plan, no sé qué voy a hacer ni qué voy a ser, vivo con lo que tengo hoy, a veces lo venero, otras veces lo maldigo y me arrepiento en seguida.
El día que sale el sol estoy más contenta, otros días estoy nostálgica.
Siempre dejo abiertas mis puertas interiores para que pueda entrar la vida tal como se me presenta.


@somewhereiwouldliketolive

 


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4 mayo 2020

Como me estoy cuidando durante la cuarentena

Me he animado a escribir un post sobre mi rutina de cuidados  durante la cuarentena,  después de recibir muchos mensajes por Instagram con preguntas sobre mis entrenamientos, dietas y productos que utilizo.

Claramente mi rutina, como la de todos, ha cambiado radicalmente en estos últimos dos meses y a pesar de las buenas intenciones, he tenido que tener en cuenta el “factor posibilidad”.

Empezando por las costumbres alimenticias. En mi caso el cambio no ha sido tanto en la tipología de “dieta”, si no en las cantidades, que se han duplicado. La permanencia dentro casa ha convertido la cocina en un lugar de culto y la comida de los mejores entretenimientos.
El consumo de vino también ha tenido una subida importante, mis copitas han pasado de una a tres.
Disfruto mucho del vino, también de los dulces y aunque no pertenecen al grupo de cosas más saludables, no quiero renunciar al placer que me proporcionan.

Aun así aconsejo tener una buena base de comida, yo la tengo, como alimentos frescos, que cocino yo y productos de calidad. Y sobre todo BEBER MUCHO AGUA.

Entrenamiento.

Intento entrenar todos los días entre 45 y 60 minutos (es lo máximo a lo que puedo aspirar). Suelo hacer un entrenamiento funcional y mezclo cardio con tonificación. Algunas veces sigo las clases de un entrenador de mi gimnasio, otras veces la parte cardiovascular la entreno con circuitos Tabata (os pongo foto) y la parte de tonificación con ejercicios de Pilates o con ejercicios con pesas pequeñas y gomas parecidos a los que hacía en clase de Body Pump, pero más suaves. Se puede entrenar bien también sin pesas. (En Internet y ahora también en IG se pueden encontrar entrenamientos de todos los tipos)

Rutina de belleza.

No soy una persona muy obsesionada con este tema, de hecho hago lo mínimo indispensable: Limpieza diaria e hidratación.
Durante la cuarentena he empezado una asesoría a distancia con el centro estético Beldon Beauty, conozco al equipo y me gusta mucho como trabajan, me fio de sus consejos y por ello me he dejado guiar. Una vez que vuelvan a abrir los centros, iré para seguir la terapia y reforzar donde haga falta con las maquinas. Sobre todo en el caso del cuerpo.

Para el rostro estoy utilizando una espuma limpiadora, que aplico una o dos veces al día, para limpiar la piel. A continuación pongo vitamina C en suero, pocas gotas que distribuyo en toda la cara. Después aplico una crema hidratante adecuada para mi tipo de piel. Por experiencia puedo decir que no todas las cremas valen, es muy importante conocer el tipo de piel que tenemos y los ingredientes de los productos que elegimos, para saber si son compatibles con nuestra piel.

Para el cuerpo suelo usar solamente crema hidratate, mi preferida es el balsamo hidratante Skin Food de Weleda. Pero, durante el confinamiento me he animado también para probar un tratamiento tonificador, asesorado también por Beldon Beauty. Se trata de dos productos (eberlin Línea Slim&firming) uno se aplica primero y el otro a continuación. Yo los utilizo en la zona de los glúteos y en los pechos. Son cremas que trabajan estimulando la circulación sanguínea.
Al ser productos profesionales tienen concentraciones más altas y son más efectivos. Aun así, cualquier tratamiento obtiene mayores beneficios unido a una rutina de deporte y a una alimentación sana.
Hay que cuidar “el conjunto” para obtener resultados visibles, las cremas solas no hacen milagros.

No hay más secretos. La genética es la base, siempre lo digo y según la constitución física de cada uno, se pueden escoger tratamientos, dietas y entrenamientos más adecuados.

Un abrazo muy grande.

 

 

 

 

 

 


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27 abril 2020

Domingo 26 de Abril

Es domingo. No hace bueno como ayer, el cielo está nublado y entra un aire fresco desde las ventanas que he abierto para airear los dormitorios.
Un domingo más de cuarentena, pero también un día especial, porque los niños podrán salir a la calle hoy, acompañados por uno de los padres o un adulto autorizado.
Durante el desayuno he tomado la decisión de bajar para hacer la compra, la primera vez desde que empezó el confinamiento. Creo que me ha animado la simbiosis con mis hijos, por lo tanto si ellos van a salir, yo también. Será nuestra primera vez juntos. Me he puesto una chaqueta con capucha, de un material impermeable, mascarilla y guantes. Solo habían dos personas más en el supermercado. Horario estratégico. He llenado cuatro grandes bolsas de tela y sudada como si hubiera salido del gym, he vuelto a casa.
Higienizar la compra es una pesadilla sin monstruos y peligros, no lo hago con extrema atención pero le pongo intención. Aprovecho la salida de los peques para dedicarme a la infausta tarea.

José se los ha llevado a dar un paseo con las bicis, estaban excitados.
En tiempo real, José me enviaba fotos con ellos retratados en el medio de la carretera vacía, me he emocionado. En casa vivo una especie de micro vida, aislada y segura. A veces puedo incluso olvidar lo que pasa ahí fuera. Esta es otra razón por la que no he bajado nunca a la calle para hacer la compra.
El paseo ha sido corto pero necesario.
Después he empezado a recibir fotos y videos con aglomeraciones de familias en las calles de diferentes ciudades de España y me he quedado boca abierta. He estado dándole vueltas, intentando comprender por que después de tanto esfuerzo y sufrimiento, somos capaces de poner en peligro el premio recibido.

Los que no tienen hijos no pueden entender plenamente lo que vivimos dentro de nuestras casas, cuan duro puede llegar a ser un confinamiento para un niño y le resultará más fácil juzgar nuestro comportamiento (primerizos de la fase dos). Pero yo soy madre, vivo en casa con dos niños de edades diferentes, conozco la pesadez, la lentitud, los sacrificios que conciernen la convivencia de la familia. Sé lo necesario que es una salida al aire para mis hijos, un bien demasiado preciado para perderlo. Somos un experimento, si sale bien irá a mejor, pero si fallamos, podemos volver atrás como las fichas del juego de la oca.

Me iría a ver a mi familia corriendo, hasta gastar las zapatillas y quedarme a pies desnudos, me tiraría al mar más frio solo por volver a sentir aquella sensación de libertad, sueño con los encuentros casi cada noche, abrazos cósmicos y besos a carcajadas. Aun así, me esfuerzo para seguir las pautas que nos han impuesto. No es solo el sentido de responsabilidad, para mi es un tema de respeto. ¿A qué libertad se puede anhelar si no hay respeto? ¿A qué libertad se puede aspirar si no hay confianza?

Esta experiencia cambiará muchas cosas y cambiará a algunos de nosotros, pero la humanidad seguirá siendo estéril. El egoísmo tiene raíces fuertes y profundas, no aprendemos. Vivimos y luego olvidamos.
Los vecinos que aplauden con nosotros volverán a ser los vecinos desconocidos de siempre, los coches volverán a correr por la carretera, la gente a reunirse en los bares y cada uno focalizado en sus problemas.
El crecimiento es un camino individual y no colectivo.

Vuelvo a retomar el relato, es lunes, hoy no he salido con los niños. Hace sol, estoy más positiva y os voy a poner la receta del risotto con espinacas que me habéis pedido hace días.

Un abrazo a todos, mucho animo y salid a la calle con los niños, respetando las medidas adecuadas no habrá riesgo, solo ventajas para nuestros pequeños.

Un abrazo

Risotto con espinacas.

INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS:

Arroz para risotto (ideal sería Carnaroli) 350gr aprox

Chalota 1

Espinacas 300 gr aprox

Patata grande 1

Mantequilla 50gr

Vino blanco (medio/cuarto vaso)

Parmigiano Reggiano 30 gr

Sal (lo suficiente)

Caldo vegetal

Emmental

Cocinar las espinacas juntos a la patata y un gajo de ajo. Quitar el ajo y salar un poco.
Poner la chalota a dorar con el aceite extra virgen en otra sartén.
Preparar el caldo de verduras ( tiene que mantenerse siempre caliente).
Añadir el arroz en la sartén con el aceite y la chalota, girar para tostarlo. Esfumar con vino blanco.
Añadir las espinacas con la patata y el caldo vegetal.
Seguir añadiendo el caldo hasta conseguir la cocción ideal. Luego añadir la mantequilla y seguir girando.
A fuego apagado añadir añadir el parmigiano rallado y emmental.


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23 abril 2020

Mientras tanto sueño

Sé que todos los padres, un día y otro han fantaseado sobre cómo sería esta cuarentena sin hijos. Para mi sería sobre todo silenciosa, echo de menos el silencio o incluso escuchar una canción de fondo. En casa con los niños, si quiero escuchar una canción estoy obligada a subir el volumen al máximo, para que el audio sobresalga de sus chillidos, hasta que la vecina golpea tres veces en la pared.
Nunca me lo explicaron, pero lo supe desde que me pasó por primera vez en mi casa de Milán. Escuché tres golpes venir desde el suelo, entendí que era el vecino de la planta de abajo, probablemente con el mango de la escoba. Me pareció tan ridícula la imagen de un señor dando golpes al techo con la escoba, que me sentí fatal, culpable de la desaliñada postura de un hombre enojado por mis tacones. Desde aquel momento lo tuve en cuenta y los golpes jamás volvieron a pedir silencio.

La vecina nos toca los mismos tres golpes, como si dos o cuatros significasen otra cosa. Cuando sucede, intento callar a los niños como puedo, incluso tapándoles la boca con la mano. Me pone muy nerviosa la idea de molestar la tranquilidad de otros, encima con lo cuidadosa que ha sido mi madre en educarme con los modales de una persona respetuosa. Sin embargo los niños no entienden. No entienden porque les pido continuamente portarse bien, ¿Cómo es portarse bien entonces? ¡Ni que hubiese nacido adulta! Ni que no fuese yo la dueña de aquel guiño desafiante a mi madre cuando me reprochaba de no saltar en el sofá.
Yo era peor que mis hijos y ahora peor que mi madre.

La cuarentena saca las debilidades, el animal interior que al ser domesticado se queda quieto, pero en situaciones de “fuerza mayor” es imposible contener. Las bestias de mis hijos llevan unos días correteando por la casa y amenazando la paz de la mía. ¡Con todos los esfuerzos que he hecho por domesticarla, que poco le fue suficiente para que volviese en cautividad!

Así que tengo a varias bestias que nos acompañan durante el día y la mía a veces también durante la noche. A ratos encontramos un acuerdo y compartimos minutos de tranquilidad y armonía. Nunca coinciden con las tareas del colegio. Otro tema caliente….
Soy consciente de mi conducta poco admirable en el colegio, de no haber tenido suficiente hambre de conocimiento durante aquellos años y de haber salido con las amigas en lugar que estudiar para los examen, pero aun así, no justifico el peso que se me viene encima cuando pienso en las tareas que TENEMOS que hacer.
Mi parte consiste en manejar tabletas y ordenador, imprimir hojas, descargar aplicaciones y archivos, acordarme de password y códigos, compartir documentos etc…. cosas que se me dan fatal.
Acabamos ambos exhaustos pero a él le quedan las ganas de quien está libre después de un castigo, listo para derramar la energía reprimida durante las dos horas precedentes.

Mientras que para mi, lo que queda del día es una sucesión de tareas domesticas y familiares a un ritmo tirano y de exasperantes golpes esponjosos de piececitos impacientes que parecen amasar al sofá como si fuera la masa de un pan. Miro de reojo como los pies se levantan en el aire para volver a ahogarse en los cojines, produciendo un pequeño y casi imperceptible crack, la marca del destino de un sofá que pronto dejará su funcionalidad y se convertirá en un voluminoso objeto del cual deshacerse.

Si la casa es un templo, nosotros somos blasfemos. No queda un solo objeto librado de la barbarie de mis hijos.
Jamás cubriré un sofá con una tela o la mesa con un mantel de protección, madre, pero ahora te entiendo.
Mis hermanos y yo rompimos un precioso candelero del salón jugando a futbol pues no te hicimos caso cuando nos avisate que el salón no era un campo de futbol. Una noche pintamos las paredes, incluso con dibujos de hojas de cannabis (me avergüenzo por ello aunque sigue haciéndome gracia).
Me considero un pésimo ejemplo de conducta entre los 10 y 20 años pero mis hijos no lo saben, su experiencia se basa en mi conducta actual, que dentro de sus posibilidades es ejemplar (a parte de alguna palabrota que se me escapa en este periodo). Espero que los genes tengan en cuenta de mis esfuerzos.

Parece que en unos días tendremos la posibilidad de pasear a nuestros hijos, después de los perros se han acordado que también los niños necesitan estirar las piernas, ver la luz sin una ventana de por medio y respirar aire fresco. Llevo en casa desde el primer día de confinamiento, no he salido ni a por la compra, no he pisado una acera desde hace tanto que me va a parecer rarísimo, le tengo respeto a esta situación, casi miedo. No me va salir tan natural bajar a la calle, aunque lo haré, saldré con mis hijos, por turnos, para dar la vuelta de la manzana y comentar sobre las calles vacías, el silencio, los arboles florecidos, el aire que sabe un poco más a limpio, las sorpresas de la vida. De su belleza, a veces obvia, otras oculta detrás de las incertidumbres.


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20 abril 2020

El aire que me sopla en la cara mojada cuando emerjo del mar.

Te acuerdas de aquella playa donde íbamos de pequeñas, la que tenía un camino de tierra para llegar. Teníamos que parar a comprar los croissants rellenos de mermelada de albaricoque porque una vez llegados al mar teníamos un hambre voraz. Volvimos de mayores, con amigos y amores veraniegos, habían montado un chiringuito y durante el atardecer un grupo de chicos tocaba la guitarra. Una noche nos pusimos todos a bailar, improvisamos una coreografía entre risas y pareos que volaban al viento.
El viento es de las cosas que más extraño. No el de ciudad, que ruidoso golpea en las ventanas. Al que suspira sobre la piel y acaricia el pelo enredándolo como mimbre. El aire fresco que roza con la sal del mar y produce en el cuerpo un escalofrió durante el atardecer. El viento gentil que te acompaña hasta la orilla y te obliga a ordenarte el pelo detrás de las orejas, para no molestar la mirada del paisaje azul.
No he nacido en una ciudad marítima, no me he bañado en el mar todas las tardes después del colegio, sin embargo cuando pienso en la libertad, pienso en el mar. En el vaivén de las olas, al agua que alcanza la orilla para volver a retirarse, una, dos, cien, miles, infinitas veces. Pienso en las carreras cuando la arena quema los pies, al sol que pica sin tregua. Al cielo que se funde con el mar, al horizonte que se colorea como una pintura, en la vastedad del paisaje, en las salpicaduras del agua. El coco fresco, las cervezas, la crema hidratante sobre las marcas del bronceado que se han puesto de moda.
Si pienso en figurativo en la libertad, pienso en el aire que me sopla en la cara mojada cuando emerjo del mar.


Fotos de Deborah Torres


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13 abril 2020

Los días grises en realidad son días claros fuera de contexto

Mi consumo diario de café ha se ha duplicado y también las copas de vino. Cuando se lo suelto en broma a mis padres durante una video llamada, con la traidora copa de tinto en la mano, se quedan en un silencio escéptico por unos instantes.
Les tranquilizo, solo necesito llenar cada burbuja de mi día, impedir el descanso en todas sus formas, de cada partícula de mi persona.

He nacido con la piel blanca, los ojos castaños y tremendamente voraz. Me imagino saliendo disparada de la vagina de mi madre, llorar furiosamente un rato y desear impaciente la “siguiente actividad”.

(Leonardo, sentado en la mesa justo en frente de mi, tras una larga mirada me acaba de decir: Mamma sei bellissima. Afirmación que quiero trascribir negro sobre blanco por su dulzura, pero con la conciencia de que es mentira.)

Mi único momento de intrépida holgazanería es al amanecer, y no me refiero al amanecer paisajístico, si no al mío personal. El confinamiento nos ha intercambiado los roles al despertar y son los niños los que nos reclaman de buena mañana, aproximadamente a las ocho y cuarto. “Horario de señora” diría mi madre, que nunca ha podido permitírselo por su trabajo. Yo dependiendo del periodo y claro, antes de ser madre, pero coincido con ella en que es un lujo despertarse pasadas las ocho.
Sin embargo levantarme me está costando un esfuerzo impropio a mi persona. Una pereza parecida a la que he conocido durante el embarazo y que en este caso supongo que será debido a esa nueva rutina dilatada.
El menos moribundo de los adultos se levanta primero, suele ser José porque yo duermo peor. Le sigo a corta distancia, porque Orlando no está satisfecho hasta que no me ponga de pies “Mamá que ya hay luz! Que el cielo no está oscuro!” ¿Hasta cuantas veces un niño puede repetir la misma frase?

Hay días que pasan más rápido que otros, son mis preferidos porque se parecen a los normales, la línea es recta y las curvas son leves y casi no me pesa pasar el día en casa. Los demás días son largos, los minutos parecen horas y las horas parecen meses, me veo embrutecer por dentro y por fuera, como le sucede a las cosas cuando el tiempo las malgastas antes de olvidarlas. No es la sabiduría del tiempo que surca la piel o la benevolencia de los años que mapean al cuerpo, es la compresión de un envase al vacío, que quita el aire y aprieta por todos los lados. Estoy más fea y soy más mala. No me malinterpretéis, me refiero a un estado de decadencia física y mental únicamente relacionado a la carga emocional que conlleva este periodo. Me recuperaré, incluso si lo hago bien seré como los vinos que mejoran tras un periodo en barrica.
La barrica es ese contenedor mágico que contribuye de modo decisivo a fijar las características de un buen vino. Dentro de él el mosto se convierte en vino y éste toma carácter y personalidad.
El útero de una madre también es otro espacio con características que parecen imposibles, incluso hostiles para poder vivir dentro, sin embargo, en este minúsculo espacio, en la oscuridad, se crea un verdadero milagro. La vida.

He escuchado una charla de Albert Espinosa que se llama “Vivir es aprender a perder lo que ganaste”. Me ha gustado mucho, habla de esperanza, de cómo aprender a vivir este periodo en el que el mundo se ha parado, como una oportunidad para aprovechar. Os dejo algunas frases y os invito a ver el video.

Animo a todos.

“Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas”. Yo creo que estamos en uno de esos momentos donde se nos han cambiado todas las preguntas y nadie tiene nuevas respuestas.
Mi padre llamaba “parar el mundo” a salir del mundo para mejorarte y para mejorarlo. Él decía que era estar durante un tiempo fuera del mundo, con la conversación de una única persona, escuchando buena música, buenas películas, sintiendo que estás fuera de él y te estás mejorando.
Y decía que cuando volvieses, el universo te premiaba, porque él decía que los que movían el mundo eran los que lo paraban.

Él llamaba a esos momentos de parar el mundo “Intermezzos”; él decía que existían esos “intermezzos”, que era como que tu vida se agotaba, se paraba, y que esos “intermezzos” habías de aprovecharlos.

“Vivir es aprender a perder lo que ganaste”. Y últimamente creo que mucha gente está teniendo que tachar muchas cosas importantes, pero eso es vivir.

Los miedos son dudas no resueltas, si tienes un miedo es porque alguien no te ha resuelto una duda.

“La felicidad es dormir sin miedo y despertar sin angustia”.

Los días grises en realidad son días claros fuera de contexto

‘Lo mejor es volver’, porque no tengo dudas de que volveremos. Volveremos con mucha energía, volveremos radiantes y volveremos nuevos, con lo cual podremos crear nuevas realidades. Y yo pienso que eso es parte de la magia que estamos viviendo en este “intermezzo”, en este parar el mundo, que volveremos diferentes y lo cambiaremos todo.

“Si puedes vivir con una sonrisa, ¿por qué vivir sin ella?”.


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7 abril 2020

Lunes, 6 Abril 2020

Lunes, 6 Abril 2020

Hoy es uno de esos días de “estanque” que me tienen atrapada en un limbo de pereza y desolación. Si miro al que muere siento pena y si miro al que vive siento envidia. Me resulta insoportable cualquier manifestación de vida y de muerte, de humanidad y de información, independientemente de su forma, estilo, fin y causa.

El río entre las costas es un espacio temporal adormilado, donde no hay drama ni motivación, la única salvación es que no dura, de todos modo, como el resto.
Es el primer día de confinamiento en el que me pregunto si todo esto es realmente necesario, si no fuésemos capaces de aprender sin un castigo.
Si el valor se aprende a través de la negación, si el amor se aprende a través del dolor, si la generosidad se aprende a través de la carencia, si la humildad se aprende con la muerte.

Me ha salido espontaneo hacer una comparación con la educación de nuestros hijos, con la teoría de que “el castigo no enseña”. Sin embargo a mi esta pandemia hoy precisamente me huele a castigo, por haber hecho algo muy peligroso o feo. No sé exactamente el qué, sé que hacemos muchas cosas mal, la mayoría probablemente, pero es un poco inevitable, ¿tenemos mucho que aprender no?

Echo de menos muchas cosas, muchas personas y lugares, pero peor vivo la incertidumbre en la que me siento detenida. En el silencio no hay respuestas, en el ruido innecesario no hay respuestas. Es como si mi madre me hubiera castigado sin decirme la razón, imaginando que la descubriría sola.

Estaba leyendo las noticias, a las que dedico cada día menos tiempo, porque, al igual que para los fármacos, si sobrepasas la dosis recomendada se pueden volver en tu contra. He decidido leerlas en una posición de total neutralidad, estoy harta de echar culpas o juzgar cosas que desconozco o personas que al fin y al cabo tienen los mismos limites que cualquier otra, un rol no te confiere mejores prestaciones, simplemente más o menos poder. Son dos cosas muy diferentes.

No sé si estáis de acuerdo conmigo, pero lo único que sabemos de momento es que nuestras vidas han cambiado, sobre todo el estilo de vida. Sin embargo seguimos viviendo en una constante espera. Esperamos que esta pesadilla acabe. Bien, la esperanza es una luz en el túnel y todo acaba antes o después. ¿Pero cuando, como? Siento la necesidad de encontrar una normalidad dentro de este cambio, para poder encontrarle sentido y aprender, si esta es su razón de ser.
Para ello veo necesaria la colaboración y el apoyo. Seguir posponiendo la fecha de salida cada veinte días, por un lado nos permite mantener la calma, por el otro lado no nos deja “normalizar” una realidad que ha entrado en nuestras casas y de momento no tiene pinta de querer dejarnos.


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2 abril 2020

Algunas recetas durante el confinamiento.

Como prometido, os dejo algunas recetas de platos que nos han acompañado en estas dos primeras semanas de confinamiento.
Espero que os sean útiles.
Un abrazo grande.

Rollitos de calabacín y berenjena rellenos con salsa de tomate y queso mozzarella.

Cortar las verduras en lonchas y pasarlas en el horno (200gr – 10 min aprox) luego untar con salsa de tomate y mozzarella precedentemente cortada en trozos. Enrollar y esparcir con pan rallado y parmesano rallado. Hornear hasta que se haya creado una costra crujiente. Una alternativa a la mozzarella es queso ahumado o scamorza.

Quiches de queso.
Para n.7 quiches aprox : Masa brisé (yo la compré hecha, pero podeis hacerla en casa). 100 gr de queso blando (yo he usado uno italiano que se llama stracchino). 50gr aprox de emmental. 1 huevo. 7 cucharadas aprox de leche.

Recortar la masa y poner en los moldes. Rellenar con el queso que habremos precedentemente trabajado para darle una consistencia cremosa. Batir el huevo junto a la leche y añadir una pizca de sal. Echarlo por encima de los moldes rellenos de queso y hornear en la parte baja del horno precalentado a (180º), sacarlos cuando la superficie esté dorada y brillante.

Risotto con azafrán.
Arroz carnaroli o para risotto. 1 sobre Azafrán. 1 chalota o cebolla. caldo de verdura. mantequilla. parmigiano rallado.
Poner la chalota a dorar con el aceite extravirgen en una sarten. A parte preparar el caldo de verduras que tiene que estar caliente.
Poner el arroz en la sarten y con el aceite y la cebolla, girar para tostarlo, esfumar con vino blanco.
Añadir caldo hasta conseguir la cocción ideal. Añadir la mantequilla y el azafrán, seguir girando, añadir también el parmigiano rallado.

Patatas al horno con romero.

Tortitas de patatas, guisantes y emmental.
Preparar el pure de patatas y mezclar con los guisantes y el queso hemmental. Hacer bolitas y pasarlas en el pan rallado. Hornear a 180º.

Ensalada de tomate raf, hinojo, aguacate y vinagre de Modena.

Menestra de legumbres (es de la marca Ecor) Yo la preparo con especias y pimienta roja picante.

Banana bread cake.

2 platanos maduros. 2 huevos. 20gr mantequilla blanda. 100gr yogur blanco natural.150gr azúcar. 50ml leche. 250gr harina 00. 1/2 sobre levadura. 60gr chocolate en trocitos.

Bizcocho con chocolate.

250gr harina. 100gr chocolate negro en trozos. 150gr azúcar. 200ml leche. 2 huevos. 100ml aceite de semilla o oliva. 1 sobre levadura. vainilla si tienes.

Masa para galletas (PASTRA FROLLA) y para base de crostratas.
250gr harina. 110gr azúcar. 160gr mantequilla. 2 yemas.
Mezclar las yemas con el azúcar hasta crear una crema. Añadir la mantequilla blanda. Por último añadir la harina y amasar hasta tener un composto homogéneo. Crear un “ladrillo” con la masa, envolver en papel transparente y dejar reposar en la nevera por lo menos 4 horas.
Tender la masa y crear las formas para el uso necesario.

Helado ecológico de yogur de fresa y chocolate. Marca Casa grande de Xenceda.

 


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