Mamma Mía

10 diciembre 2018

Estos días

Hay días en los que me cuesta poner una secuencia de palabras y seguir escribiendo lo que me falta de la novela, que me cuesta pensar en un contenido para el blog y elegir o, peor aún, hacer una foto, para publicar en Instagram. A pesar de que me encanta hacerlo y que siempre lo hago, hay días en los que no me apetece en absoluto.
En estos días me apetecería disfrutar del sabor de una tostada y un café caliente, los que normalmente trago de pie, mientras tiendo la ropa o preparo el desayuno a los niños.
En estos mismos días me apetecería descansar, leer o ver una peli, aprovechando la siesta de los niños, en lugar de abrir el ordenador con prisas, porque su hora de descanso es para mi el tiempo más preciado para trabajar.
A veces me aguanto el sueño y el dolor de cabeza por agobio, porque tengo pocas horas y mucho que hacer, mientras que me encantaría parar y descubrir que no hacer nada puede curar el dolor y devolver el sueño perdido.
En estos días me apetecería sacar el móvil del bolso solo cuando recibo una llamada de mi hermana o para hacer una foto a los niños mientras se duchan, una que no podré publicar nunca, sin embargo mi empeño profesional me obliga a utilizarlo mucho más.

Amo lo que hago pero hay días en los que me gustaría olvidarme de ello y disfrutar del tiempo que desafortunadamente no me dará otra oportunidad.

Vengo de una familia con la mentalidad excesivamente predispuesta al sacrificio y al trabajo, me atrevería a decir que somos hasta obsesivos, he crecido con valores sanos, pero valorando más el trabajo que la calidad de vida. Cuando he conocido a José y luego viviendo a Madrid, he conocido una visión diferente del vivir. He aprendido a disfrutar de cosas a las que antes no le daba importancia y he podido compaginar con equilibrio trabajo y familia. Esto no quiere decir tiempo libre, ya lo sabéis, pero si, poderme permitir el lujo de estar con mis hijos por la tarde o poder trabajar desde cualquier ciudad y país. He descubierto una calidad de vida que me hace sentir feliz a pesar de “estos días” de los que he hablado y por los cuales he estado poco activa socialmente y virtualmente durante el puente. Estoy en un periodo especialmente intenso entre compromisos y Orlando, que parece empezar una ronda de rabietas, y como guinda del pastel, hemos estados todos malos por turnos.

Espero recuperar la energía necesaria esta nueva semana, para dar el último empujón antes de las vacaciones de navidad.

Voy a intentar preparar algun post sobre recetas que me habéis pedido y puedes que me aníme a unos looks para las fiestas 😉

Os abrazo grande.


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3 diciembre 2018

Ser feliz

Hace unos días mi hermana envió en el chat de grupo de mi familia un discurso pronunciado durante una homilía. Es una reflexión tan profunda e inspiradora que me apetece compartirla con vosotros, especialmente ahora que nos acercamos a la Navidad y parece que estemos más abiertos a meditar sobre nuestras elecciones y forma de vivir, ahora que se están haciendo virales los anuncios que promueven las relaciones y la familia, conscientes de que vivimos en una época virtual más que real y donde estamos más que nunca atrapados en las redes sociales.
Algunos de vosotros probablemente ya la conoceréis, para los otros, buena lectura.

«Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo. Solo tú puedes evitar que ella vaya en decadencia. Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajo sin cansancio, relaciones sin decepciones. Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza. No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos.
No es aprender a tener alegría con los aplausos, sino a tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser víctimas de los problemas y volverse actor de la propia historia. Es atravesar desiertos fuera de sí, más ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos, es saber hablar de sí mismo. Es tener coraje para oír un «no». Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir ‘me equivoqué’. Es tener la osadía para decir ‘perdóname’. Es tener sensibilidad para expresar ‘te necesito’.
Es tener capacidad para decir ‘te amo’. Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz… Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo, pues así serás más apasionado por la vida perfecta. Usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible».

Jorge Mario Bergoglio


Llevo traje de terciopelo y sandalia Zara.


Foto de Jesús Romero Deluque.

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26 noviembre 2018

Hace casi cinco años

La vida hay que aceptarla tal y como se presenta, dejándose llevar por los eventos importantes que determinan nuestro camino.

El día que dejé mi país fue hace casi cinco años, era finales de diciembre, hacía mucho frío y la Navidad iba dejando espacio al año nuevo. Nos habíamos reunido todos en casa de mis padres, donde estaba vivendo desde que me quedé embarazada, mientras José vivía en Berlín. El trato era dar a luz en mi ciudad y luego irnos a Madrid los tres, para crear nuestra nueva familia.
Me levanté más tarde de lo normal, porque había sido otra noche infame, sin sueño y acompañada de lloros continuos.
Leonardo por la noche lloraba sin parar. No había forma de calmarle ni con la teta, por turnos José y yo lo cogíamos en brazos y paseábamos adelante y atrás oscilándole suavemente y mirándonos mutuamente con la expresión perdida de dos padres primerizos. Mi mamá de vez en cuando se acercaba a la habitación y humildemente me ofrecía su ayuda “si me necesitas aquí estoy”.
Solo después de algunos días descubrí que la causa de tanto llorar era debida a que Leonardo no se enganchaba bien al pecho y por ello no comía lo suficiente. Pobrecito, había pensado cuando la matrona me lo comentó, sintiéndome una pésima madre para no haberlo entendido.

Cuando me levanté estaban ya todos despiertos, me sentía desanimada y agobiada porque me daba cuenta de mi inexperiencia como madre y porque ese día me habría ido para siempre. Era la primera vez en todo, hasta entonces no me había separado de mi familia más que un puñado de kilómetros. Mi familia que adoraba, que adoro y que extraño desde entonces.
De camino a la cocina me crucé con mi hermana mayor, me preguntó que tal la noche y luego se puso a llorar “No me lo puedo creer que te vayas”. Me puse a llorar yo también. Nos abrazamos fuerte. Me acuerdo ese momento como si fuera ayer. Nos hicimos una foto con mi hermana pequeña y Leonardo que tenía poco más de un mes. La foto de nuestro grupo de WhatsApp.

No recuerdo como fue el resto de la mañana, pero si la hora de despedirme.

A veces las elecciones se llevan un sendero de tristeza, a pesar de que son fruto de tu voluntad. Yo deseaba crear mi nueva familia pero me dolía dejar a la otra.

Madrid está a solo dos horas de vuelo de Milán, pero lo suficientemente lejos para no poder pasar los domingos todos juntos, para no jugar con mis sobrinos y para no poderme pasar por la pastelería y hacer incursión de dulces, suficientemente lejos para no poder charlar con mi hermana delante de un té caliente o tomar un vino con mi hermano, suficientemente lejos para no aparecer de repente en casa de mis padres y sentarme en el sofá de la cocina para contarle mi día mientras cenan o para ir al mercado del brazo con mi madre. Suficientemente lejos para que no pudieran ver a mi hijo crecer.

A día de hoy no consigo todavía pensar en la despedida sin echarme a llorar. Lloro como he llorado ese día, cuando intenté aguantar y aguantar, hasta que el abrazo de mi sobrino me sacó las lagrimas y me puse a llorar sin dignidad. Lloramos todos, incluso mis tíos y mi abuelo, el único que quedaba y que no pude ir a despedir cuando pasó a mejor vida.

La personas se unen y se separan, así es la vida, también dentro de las familias. Nuestros padres nos traen al mundo y forman un núcleo familiar en el que nos sentimos amados y que amamos, nos educan y luego nos dejan libres, esa libertad nos hace únicos pero asusta. Yo lo estaba. Sentada en el aeropuerto, con mi primer hijo de solo un mes y una maleta más grande que yo, esperando un vuelo que me hubiera llevado a una nueva y desconocida vida, sin recursos a parte de mi pareja que todavía estaba conociendo.
Mi hermana pequeña me había acompañado con su novio, fue a la que le costó más aceptar mi decisión.
“Os saco una foto nos dijo José”, antes de pasar a los controles. Tan difícil ha sido esbozar una sonrisa a las dos, la única forma fue jurarnos que vendría a verme al mes siguiente. Me he quedado mirandola hasta verla pequeña y más pequeña, luego me giré para enseñar mis documentos al policía.

Leonardo sabe cuantas lágrimas han seguido saliendo por mis ojos durante meses, cada vez que le llevaba ante la ventana y le contaba que el cielo sobre nosotros era el mismo que estaba mirando su familia italiana.
Él ha sido mi compañero de aventura, la compañía en mis momentos de soledad y la fuerza necesaria para conquistar paso a paso mi lugar en otro país.
Han pasado casi cinco años desde esas lagrimas, que he sustituido con sonrisas. Tenía treinta y un años. Hoy cumplo treinta y seis.

No cambiaría nada de mi elecciones, el tiempo cura las pequeñas heridas y tengo mucha ganas de ver que hay por delante.


Mi jersey y pantalón son de Indi&Cold. Mis zapatos de Avec Modération. Mis gafas de sol son de CHIMI.


Leonardo lleva jersey y gorro de tinycottons, pantalón de Cos y zapatos Clarks de la edición limitada con Mickey Mouse.


Orlando lleva jersey de Zara y botas de tinycottons.


Nuestras bufandas son de la colección  Made in Catteland cuyo concepto nace de la idea de hacer bufandas de los fans de los muséos de arte.

Fotos de Jesús Romero Deluque

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19 noviembre 2018

La comida italiana de Orlando

Me preguntáis mucho sobre que come Orlando, algunas me decís que os faltan ideas, que estáis un poco perdidas con ese tema. No creáis que yo no, el periodo “tras los purés” es un rollo para la mayoría de las madres, hasta que los niños sean más autónomos y puedan comer de todo.

Orlando afortunadamente es un niño al que le gusta mucho comer, así que me he ahorrado algunas fatigas, aunque para las que vivís eternas luchas con los peques para que coman, mi opinión es que no hay que desesperarse. La tendencia al terrorismo psicológico que todavía existe acerca el tema comida, por mi aviso es exagerado. Siempre han existido personas que aman la comida y otras a las que le da igual…..

Orlando ha pasado de los purés a los trozos sin problemas, es más, lo buscaba. Su curiosidad le ha estimulado a la hora de probar nuevas cosas. Al contrario que con Leonardo, no he pasado por el miedo de que se atragantara y he vivido este pasaje con más naturalidad y tranquilidad, me ha ayudado mucho ver a bebes que ya desde los primeros meses de vida comían en trozos y además noté la predisposición de Orlando a manejar la comida.

En mi casa se come al estilo italiano. Algunos de las recetas que preparo, aquí suenan bastante extrañas, mientras que en Italia son típicas. Un ejemplo es la pasta (o en alternativa) los arroces, con legumbres. Una receta que para mi es súper nutrientes y además completa (no hace falta segundo plato;).
La pasta para esta receta es mejor que sea pequeña, por ejemplo tiburones, porque se suele comer con cuchara.
Mis hijos adoran la pasta con judías (las pequeñas blancas, que en italiano se llaman cannellini) y la pasta con garbanzos.
Para ambas la preparación es súper sencilla, se preparan las dos cosas por separado y luego se mezclan. La pasta dejarla como ultima cosa, porque si lleva tiempo preparada se seca. Los legumbres suelo saltearlos con poco aceite extra virgen, ajo y un poco tomate fresco y le añado algunas especias como romero o perejil. Dejar que mantengan la textura cremosa.
Otra pasta muy rica y que a mis peques le gusta es con guisantes y ricotta (receta siciliana).

La forma más sencilla para que coman la verdura a parte en las cremas, son los arroces.
Mis hijos están acostumbrados a comer risotto con cualquier verdura y os aseguro que lo comen hasta con espárragos! (los verdes) y con espinacas.
Las recetas más típicas son con: espárragos, calabaza, setas, calabacines, guisantes, azafrán. Pero voy cambiando sobre todo según la temporada.
Con el risotto consigo que coman cualquier verdura y también la fruta en ciertos casos. Buenísimos con peras y gorgonzola, manzana y romero y en verano al limón y de naranja.

El huevo no le gusta mucho a Orlando, consigo dárselo bajo forma de tortilla bien disfrazada. Con muchas patatas, con espinacas o con calabacín.

El punto débil para mis hijos y creo la mayoría de los niños es la familia coliflor, que Leonardo acepta sin quejarse, sin embargo Orlando siempre que se la propongo algo de eso, me la tira jajajja.
Normalmente le preparo las coliflores y los coles de Bruselas gratinadas al horno, con bechamel biológica de arroz y queso parmigiano rallado, mientras que los brócolis los hago con la pasta o en crema. A veces Leonardo lo comes salteados también.

A mi personalmente toda la verdura me encanta lo más sencilla posible, al horno, en parilla o cruda, sin embargo para los niños y José, tengo que elaborarla un poco.
Por ejemplo le preparo el timbal de patatas y espinacas o la parmigiana de berenjena no freídas o en alternativa de calabacín.
No suelen comer verdura cruda todavía, a parte el tomate que les encanta, así que si consigo una buena mozzarella, le preparo la caprese.

Todo lo que preparo es muy sencillo y no requiere mucho tiempo por la preparación, cuando nos apetece algo especial salimos a comer, a Leonardo le gusta bastante comer al japonés y también le gustan los tacos.

Si necesitáis las recetas más detalladas, escribidme y os la iré preparando.


Fotos de Lea Farren (archivo).

Un beso!!


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12 noviembre 2018

Feliz de invitaros a la Exposición de @Leo_nar_do_paints

Sentado en la mini Panton chair, con un rotulador fluorescente para marcar libros de texto del colegio, Leonardo dibuja las que para él son “happy faces” en la casita de cartón de su habitación. Es hora de ir a dormir y a pesar de mi insistencia, sigue dibujando. Una más me pide, pero siempre hay otra después. Hasta que el techo no está bien poblado de (a mis ojos) bellísimas caras de “monstruos humanos”, no se queda satisfecho. Una vez terminado guarda el marcador y me pregunta si me gustan sus caritas felices.
Como no me van a gustar, ¡son preciosas! Le contesto, además he visto con qué cariño y dedicación las ha dibujado. Leonardo tenía tres años. Este día aprendí dos cosas: la primera es que el niño de mi vida dibujaba especialmente bien y la otra es que la visión de un niño no se parece a la de un mayor. Me pareció mágico. Desde entonces José y yo no paramos de fijarnos en cada detalle y gesto, descubrimos mucho sobre Leonardo, lo que le gustaba y lo que le llamaba el atención. Cada día su curiosidad por su alrededor crecía y de pronto empezó a representarlo en sus dibujos, manteniendo su visión del mundo, donde las cosas cambian de uso y de forma, donde las letras de repente se convierten en animales o en castillos y los edificios de una ciudad son los “pinchos” de un monstruo ni malo ni bueno.

La expresión artística le ayuda a aprender cosas, a veces dibuja para explicar un objeto del que desconoce el nombre (me acuerdo que lo hizo con la peonza) y luego, una vez que lo ha aprendido, lo escribe al lado. Es un buen ejercicio para memorizar a parte de desarrollar la “motricidad pequeña” y estimular la creatividad.

Leonardo ha crecido en un entorno fructífero, nosotros como padres hemos preferido marcar una educación más creativa y activa, favoreciendo la música, el deporte, el juego, fomentando de este modo la imaginación de Leonardo.
Como padres tenemos la gran responsabilidad de educar a nuestros hijos, pero también podemos aprender mucho de ellos, escuchándoles, mirándoles , dejándoles libre y siendo humildes.
La “disciplina” fertiliza la creatividad y fortalece el carácter mientras que la filosofía de vida, como la educación, dentro del núcleo familiar son fundamentales para el desarrollo emocional de los niños. Todos necesitamos una luz que nos guíe y que ilumine el camino que queremos coger.

No se si hay niños que dibujan por una necesidad interior, desde luego no es así para Leonardo. El juego es su único interés y todo lo que le divierta, bienvenido sea. Pintar fue un juego que empezó junto a los días de mal tiempo, como alternativa a su otra gran pasión: las construcciones. Empezamos a comprar material nuevo, diferente y siempre de más calidad, para mantener viva su ilusión despierta. Su forma de ser madura y obediente y su notable sensibilidad le han ayudado en este “camino artístico” donde poco a poco se va descubriendo a sí mismo.

La pintura es parte del día a día de Leonardo, hoy y probablemente mañana, le gusta dibujar y a nosotros seguir sus pasos, sobre todo su padre que consideramos su mentor y guia, que le estimula cada semana con nuevas ideas y retos (graffitis, recortables, plastilinas…). Nos encantaría que siguiera fomentando este don y ojalá pueda inspirar a más niños, para que el arte tenga la importancia que se merece y para que la creatividad genuina de los niños nos permita soñar a nosotros, que hemos olvidado la magia de ser niños.

El viernes 16 por la tarde y el sábado 17 durante todo el día, tendrá lugar la primera exposición de @Leo_nar_do_paints en El Invernadero – The Sibarist de la calle San Lorenzo 11 de Madrid.
Por primera vez algunos de los cuadros estarán a la venta y se donarán parte de los beneficios recaudados a la asociación KABUKA, concretamente para Lisha Children’s Home, una casa de acogida que la organización tiene en Kenia para niños en situación de orfandad.
Hemos organizado la exposición con la maravillosa ayuda de Plom Gallery que es la primera galería de arte contemporáneo dirigida al público infantil. Está en Barcelona y va a cumplir sus primeros 5 años de vida
( Igual que Leonardo).
Además de la exposición, realizaremos un taller de pintura con el artista Jesús de Miguel, de la plataforma ART U READY.
ESTAIS TODOS INVITADOS.


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8 noviembre 2018

Ser madre

Ser madre se parece a una tortura pero sin sangre ni dolor, te destroza de cansancio y te golpea los nervios para que pierdas la paciencia, continuamente, pero a la vez te deja en herencia una plenitud interior que desconocía, hasta ahora.
Antes de ser madre, inconscientemente ya buscaba este “relleno”, cada vez que tumbada en la cama escribía en un diario páginas y páginas atormentadas, mientras intentaba explicar a mi novio que pasaba por una “crisis existencial” o cuando me salpicaban los nervios en el trabajo…. Sentía una insatisfacción interior a pesar de que todo me iba muy bien pero no reconocía su proveniencia.
Fue la maternidad lo que me reveló la identidad de mi búsqueda, desde que fui mamá por primera vez, sentí una gratificación que me hizo sentir felicidad en mi interior y es gracias a ella que aguanto el día a día como madre. Si no fuera por esta compensación que viene del amor incondicional hacía mis hijos, probablemente me habría vuelto loca por la falta de sueño y los continuos sacrificios.
Soy sincera, lo que hago por mis hijos no lo hago por nadie, pareja, madre, o hermanos que sea y les quiero muchísimo.
El amor de madre para mi está a otro nivel y viene desde dentro como un eructo imprevisto, de hecho, por mucho que te esfuerces en imaginar como será tu vida de madre, la realidad es diferente, porque está enriquecida de los sentimientos que la imaginación no conoce.

Ser madre también me da seguridad, es una virtud más en mi “curriculum vitae” – Entre varías cosas soy madre – no es poca cosa. Para empezar mis prestaciones han mejorado con la maternidad, por ejemplo tengo más resistencia mental que antes (no por un factor genético, sino que como madre la entreno cada día) y se usar cada parte de mi cuerpo: llevar a mi hijo en brazos (que no quiere andar) y con la cadera empujar el cochecito (donde no quiere estar), con la mano escribir correos (porque no me queda otra)….
Mi nivel de concentración ha mejorado aún más desde que ha nacido mi segundo hijo, porque estoy constantemente estimulada por dos o tres personas a la vez (incluyendo mi marido). Aprovecho cada instante del día y de la noche, a partir del amanecer, mientras la gente todavía duerme, yo tiendo la ropa, plancho o arreglo la casa. Además porque mi ritmo biológico ha cambiado, así que si los niños milagrosamente no me llaman por la noche, yo me despierto igualmente y puntualmente para controlar si se han despertado.
Bueno el caso es que sé hacer más cosas que antes y soy más tolerante. (También desde que soy madre no he vuelto a despertarme con resaca, y todos sabemos lo horrible que se pasa).
Hay más, poco a poco he ido organizándome con hábitos, tareas, gestiones familia-trabajo, porque todo funciona como si fuera una cadena de montaje que si por alguna razón falla, se va todo al garete.
A ello debo mi obsesión con los horarios, con la rutina, incluso con el menú, porque cada cambio, aunque sea aparentemente insignificante, representa una amenaza a mi paz interior.

Ser madre es un pass en muchos aspectos si lo sabes aprovechar, en mi caso ha sido una oportunidad en el trabajo y me ha permitido conocer un abanico de personas que de otra forma estarían excluidas de mi agenda de contactos.
Ser madre es también una fatiga sin descanso, es respirar a hondo cuando a tu hijo le cogen las rabietas de repente, es no parar, es jugar cuando no te apetece, es ir al parque cuando te apetece dormir una siesta, es cuidar a otro ser en lugar que cuidarte a ti misma, es una conquista y una aventura.
A veces me gusta recordar lo que estoy haciendo.

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5 noviembre 2018

Lunes

Recuerdo los primeros días como papás, estábamos en casa de mis padres en Italia. Todo mi embarazo transcurrió lejos de José, que vivía en Madrid y vino durante el parto (justo a tiempo). Los recuerdo porque fueron raros, sobre todo llenos de dudas y porque tardé mi tiempo en aprender la organización de una casa con un bebé. Prepararnos para salir era el equivalente a preparar las maletas para un viaje a día de hoy.
Llegamos a discutir, José me decía que no era posible que tardara tanto, yo le intentaba explicar que todo era nuevo y que estaba aprendiendo, que seguramente mejoraría y que si me hubiera ayudado, probablemente hubiéramos tardado menos. Lo entendió rápidamente y a pesar de ser dos contra uno, seguimos tardando horas antes de salir. Con los meses los tiempos de preparación se hicieron cada vez más cortos, me convertí en una experta, no fallaba una y empezamos a reír pensando en las primeras semanas de la maternidad.
Han pasado casi cinco años y a pesar de ser una familia ya con rodaje, tardamos una eternidad para salir a la calle. Para ir al supermercado o a una fiesta de cumpleaños, da igual, siempre hay un pañal por cambiar en último momento y una lucha para elegir la ropa de Leonardo.
No me acuerdo de ser tan presumida a su edad, sin embargo Leonardo quiere elegir la ropa, que en la mayoría de los casos no coincide con mis gustos y es capaz de enfadarse mucho si no le hago caso. Puntualmente acabamos negociando y todo el proceso tarda un rato.
Los tiempos se extienden aun más si quiero arreglarme y me toca hacerlo bajo la presión de José que se desespera en la puerta de casa.
Le he explicado que no tiene ni idea de lo que puede llegar a tardar una mujer en arreglarse, yo para empezar no me maquillo ni me peino…. ¡¿Que más querrá?! Hay que tener paciencia con los hombres y aguantar las pequeñas incomprensiones, gracias a Dios no son importantes en nuestro caso.
Cuando estamos todos listos, Orlando ya ha perdido la paciencia y no quiere subirse al cochecito….
En fin, tengo la sensación de que a pesar de que tardamos mucho para prepararnos, cuando salimos es como si estuviéramos escapando de un incendio; con un zapato desatado, uno que corre detrás de Orlando para ponerle la chaqueta y Leonardo aprovechando nuestra distracción, mientras tanto se ha abierto las cremalleras de todas las prendas que lleva, desafiando al frio polar con su camiseta de Batman (que pensaba haber tirado, pero no, él la encontró), el cochecito lleno de bolsas y los restos de prendas que faltan por ponerse…. Mi pelo enredado y el corrector de ojeras puesto a medias en el ascensor.
Ahora os dejo con las fotos, para que tengáis el cuento completo.
Feliz comienzo de semana.


Mi parka y americana son de H&M, el mono y la capucha de pluma son de Cos, el cinturón de Marni, la cadena de Uterque, las botas de House of Holland y la riñonera de Merkal.


Leonardo lleva total look de tinycottons y zapatillas de tinycottons en colaboración con Puma.
Orlando lleva un abrigo antiguo de Leonardo, mono de tinycottons y zapatillas de tinycottons en colaboración con Puma.

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29 octubre 2018

Ponerse en forma tras el parto

Este fin de semana otro virus ha venido a vernos, como siempre atacó al pequeño Orlando, que ha estado con diarrea y vomito dos días y luego pasó a su siguiente victima, Leonardo, aunque de forma más débil. De momento José y yo resistimos con los dedos cruzados. Me costó sacar un momento para escribir el post y entonces pensé en contestar a todas las que me preguntáis como me mantengo en forma tras dos embarazos.
Aquí va un breve reasumen.

Volver a estar en forma tras un embarazo es posible pero requiere su tiempo y cuantos más embarazos, más tiempo hace falta para recuperarse. Durante nueve meses el cuerpo se transforma y el parto es un “trauma” que puede tener repercusiones.
Voy a llevar este tema de la forma frívola, porque no soy una profesional del sector y porque cada mujer tiene una experiencia diferente, eso sí, os aconsejo con el corazón, a pesar de lo bien que os podáis sentir, hablar con una matrona antes y después del parto y hacer una exploración para detectar y valorar eventuales problemas del suelo pélvico, o de diastasis  abdominal. El parto casi siempre arrastra un sendero de problemitas.

Ya os comenté que después de mi segundo embarazo tuve un prolapso de vejiga, afortunadamente de primer grado y no noté ninguna molestia. Con los ejercicios de hipopresivo lo solucioné en pocos meses. Más o menos seis, pero !hay que ser constante!
Por esta razón tuve que evitar cualquier actividad física durante más de un año.
Finalmente en septiembre he vuelto al deporte, me he apuntado al gimnasio, donde intento ir por lo menos cuatro veces a la semana, me resulta imposible ir más por falta de tiempo. Hago clases de cardio y trabajo fuerza SIN PESAS.
He aprendido mucho sobre el cuidado del suelo pélvico y ahora hago ejercicio con una conciencia diferente, evitando todos los ejercicios deletéreos para el suelo pélvico y los esfuerzo innecesarios.
Además si se hacen bien los ejercicios, se puede conseguir igualmente un buen tono muscular sin pesas y no me importa tardar más, porque lo importante es cuidar mi cuerpo en su totalidad. De hecho me gustaría en un futuro dedicarme al yoga porque me parece el mejor compromiso con mi cuerpo.

Para seguir con vuestras preguntas, con mi primer embarazo engordé 10 kilos, con el segundo trece. La recuperación del primero fue muy rápida, después de acabar con la lactancia materna volví a mi silueta, pero nunca dejé el deporte. Hacía mis tablas de ejercicios todos los días en casa en cuanto Leonardo se dormía una siesta, además no trabajaba y tuve mucha constancia, cosa que ahora, por razones de tiempo no puedo permitirme.
Nunca hice ningún tipo de dieta, porque no creo en las dietas, pienso que es mejor controlar las cantidades y no privarse de nada.
Hay mujeres que con la lactancia adelgazan mucho, a veces pierden más peso de lo que han cogido, no es mi caso. Yo durante este periodo estoy más hinchada y no pierdo un gramo, sin embargo después noto un grande cambio.

Todavía no estoy haciendo muchos ejercicios abdominales, solo un poco de plancha, los demás ejercicios son muy agresivos para el suelo pélvico e intento no meterme en clases de mucho impacto (saltos, carreras….) aunque nunca fallo al body combat del lunes y al body attak del viernes 😉

Utilizo también cremas hidratantes para las estrías, pero como bien sabéis, las cremas no hacen milagros, aunque ayudan.

Pienso que hacen falta un par de años después de dar a luz, para que el cuerpo vuelva a su “ser”. Mientras tanto disfrutad de una nueva etapa unica y especial, que agota y hace feliz a la vez.


Las joyas son de Ouybyou.

 

Buena semana.


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25 octubre 2018

Las tareas

Las tareas escolares son el testigo oficial de la obsolescencia del sistema didáctico escolar y lo digo con todo el respeto hacia los profesores, los iluminados y los educadores, que hacen su trabajo estupendamente.

Hay cosas demasiado pesadas para moverlas y demasiado duras para romperlas,así es como veo la instrucción en los colegios, igual que la de mis padres, pero sin “golpes en las manos” y a la mía.
Los cambios más visibles son las pantallas que sustituyen a la pizarra (así les hemos quitado también la diversión de lanzar el borrador lleno de polvo ;), los libros más modernos y el uso de I pad y ordenadores, o sea la introducción de la tecnología básica. Me parece bien y ojalá que gracias a ello no tenga que ver mis hijos cargar, como burros, una mochila llena de libros, más grande que ellos.
Tengo nítida en mi memoria la imagen de mi prima, tan delgadita, caminando delante de mi con la espalda encorvada por el peso de la mochila, que como la mía, costaba cerrarla de lo llena que estaba. Un hecho por el que el sistema sanitario habría tenido que intervenir, pero no, hemos seguidos cargando y teniendo escoliosis crónicas.

Hablo como madre, sin conocimiento y sobre la base de lo que veo teniendo dos hijos. Sin duda el aprendizaje es fundamental en la vida de los niños y el hecho de estar en una clase donde hay niños de “niveles diferentes” es instructivo para todos ellos, porque hay una sinergia de grupo que viene bien tanto a los que van un paso por detrás, como a los más avanzados.
Valoro muchísimo también la disciplina y los colegios tienen el mayor merito en eso, sería muy complicado para nosotros padres conseguir un buen nivel de disciplina sin la ayuda de los profesores.

En fin mi hijo mayor va encantado al colegio y yo me alegro un montón de verle disfrutar, es un peso menos que me quito de la conciencia, considerando que es donde pasa el 80% de su tiempo. Sin embargo hay cosas que no me convencen, me parece que el mundo corre muy rápido y el sistema didáctico no le sigue el ritmo y que todavía se da demasiada importancia a aprender los nombres de todos los ríos del mundo y las fechas de todas las guerras, y poca a cosas básicas e importantes como el sentido cívico, el respeto, la sensibilidad…. La vida misma. Porque cuando sean mayores en este nuevo mundo, a nadie le importará que sepan los poemas de memoria, sin embargo el razonamiento, el autoestima, el carisma…. Serán valores que les permitirán lograr sus objetivos.
Estoy convencida de que este pensamiento está interiorizado en la conciencia común y no solo en la mía, lo demuestra el hecho de que la mayoría de los niños están apuntados al gran abanico de actividades extraescolares: deporte, teatro, baile, idiomas…. que los colegios ofrecen. Y que cuestan dinero, cuando para mi deberían estar incluidas en el sistema.

Voy a confesaros una cosa de la que no estoy orgullosa, pero tampoco me perjudica y es mi experiencia. Yo no fui una niña prodigio y menos una niña a la que le gustaba el colegio, además era una rebelde y utilizaba la escuela como arma para manifestar mi existencia, mi carácter, mis ideas. La mayoría de los profesores no podían conmigo, me castigaban y me daban malas notas, tanto que repetí dos años. Había otros profesores, como el de literatura, el de arte y los de diseño, con los que conectaba bien y funcionaba maravillosamente en las materias que les correspondían. Terminé la carrera con éxito, más madura y con ganas de vivir el mundo.
Os cuento esta anécdota porque a día de hoy me siento una mujer realizada y que ha cumplido sus objetivos personales y profesionales. Lo que he aprendido viene de las experiencias que he vivido, de las personas que he encontrado y por mi educación. He sabido jugar mis cartas en el momento oportuno, he sido rápida, lista y humilde, eso sí, no me preguntéis los nombres de los ríos porque me los he olvidado al día siguiente del examen, los nombres de los reyes, fechas y todas las cosas que he tenido que aprender por inercia en lugar que por interés.

En fin, sin ánimo de ofender, me pregunto como podemos “enseñar a vivir” a nuestros hijos, si después de la matemática y la ciencia que aprenden en el colegio, vuelven a casa con las tareas de matemática y ciencia y cuando les permitiremos desarrollar la creatividad a través del juego. Cuando le enseñaremos el respeto y la convivencia, a arreglar el cuarto y ayudar en casa. ¿Cuando disfrutaremos de la relación con ellos si siempre hay un libro en medio?

¿Cuando podrán descansar?
Os hago una pregunta: ¿A quien le gustaría volver del trabajo y tener que contestar a los mails en lugar que abrirse una botella de vino y tomarse una copa? Aunque se tratara de un solo mail. A nadie.
Si no nos gusta a nosotros que ya somos mayores, ¡¿por qué les debería gustar a ellos que son niños y les queda todavía un mundo por descubrir?!

 

 

 


18 ComentariosEnviado por: lcaldarola

22 octubre 2018

A todas

Llevo un par de días cruzándome por la calle con una anciana completamente encorvada, tanto, que parecía doblada sobre si misma, camina con la mirada hacía el suelo y con la ayuda de un bastón.
Es la imagen más tierna y triste que se me ha presentado esta semana y que no se me va de la cabeza, tanto que he empezado a imaginar su vida y como, día tras día, su cuerpo se ha ido encorvando siempre más, hasta robarle la mirada hacia el cielo.
Me la he imaginado madre, atascada de preocupaciones y cargada por las penas de sus hijos, además de las suyas. He visto en un aparente cuerpo frágil, la fuerza de una mujer que ha llevado con dignidad una vida intensa y difícil. Ensueños los míos, que probablemente no reflejan la realidad, pero que me han hecho empatizar con todas las madres del mundo.

El mismo día del encuentro, me llamó una amiga de Italia que acababa de tener su segunda hija y reconocí en su voz él “típico estado de animo post parto”, cuando te sientes un poco deprimida y sola, a ratos dominada y frustrada y sobre todo incapaz de celebrar la inmensidad de lo que acabas de hacer y tu portento. Mientras me hablaba, reviví paso a paso el coctel de emociones tras tener un hijo, esos sentimientos que solo entre madres podemos comprender.

Luego mi corazón empezó a sentir y mi mente a viajar, hacia las madres que luchan dentro de los hospitales por la vida de sus hijos o por las suyas, a las que viven situaciones al borde de la humanidad, a las que están sometidas a abusos y violencia física y mental y también a las madres que no están pasando por situaciones dramáticas, pero luchan cada día físicamente y moralmente para conciliar los compromisos, el trabajo, la maternidad y garantizar el bienestar de toda la familia. A todas las madres, mejores y peores que han dedicado parte fundamental de sus vidas a sus hijos y lo han hecho con amor y sin remordimientos, a pesar del cansancio, de los estados de ánimo continuamente alterados, de los impedimentos personales y de los sacrificios.

La mayoría de vosotras conocéis el áspero y complicado camino de la maternidad, con subidas asfixiantes y bajadas resbaladizas, con escalones y obstáculos, con noches largas y días eternos. Y también conocéis las cualidades como la paciencia y la tenacidad con la que las madres nos enfrentamos a ese camino hasta llegar a la meta.
En cada paso está la superación de un limite, en cada metro que alcanzamos está la victoria de un reto, mientras tanto crecemos y nos hacemos más fuertes y sabias. No encaminamos sin sentido, sino conscientes de que nos estamos enriqueciendo nuestra capa más profunda, que estamos conociendo la esencia de la vida.

Hace unos días ha sido el día mundial del cáncer de mama, un día para celebrar la valentía con la que muchas mujeres se enfrentan cada día a una enfermedad horrible. A ellas, madres o no, dedico este post. Ojalá que vuestra fuerza os acompañe hasta la victoria. Y a todas las madres del mundo porque la maternidad no es solo un acto de amor, es también un acto de coraje.

Con amor.


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