Mamma Mía

16 abril 2019

Mi habitación

A veces sueño con recuerdos lejanos, el jardín de la casa de vacaciones, el ruido del mar, los grillos y las flores bañadas de sol. Me encantaría volver a vivir estos momentos a ratos y la sensación de paz que me transmiten. Entonces lo que hago es crearme mis espacios de tranquilidad, a mi gusto, donde me siento bien.
De cara al verano me apetecía cambiar algo de mi habitación, hacerla más íntima, darle un toque más veraniego, así que he hecho algunos pequeños cambios. He puesto las cortinas, he cambiado la silla y las lámparas, por unas de materiales más naturales, que me han ayudado a darle un sabor Mediterráneo.
Los nuevos complementos son de Ikea, la nueva colección sencillamente me encanta.
Os deseo felices vacaciones de Semana Santa.
Un abrazo grande.

 


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11 abril 2019

No merece la pena

Estoy tumbada en la cama de los niños, Leonardo ya está dormido, siempre cae primero, mientras que Orlando no para quieto. Se levanta cada cinco minutos para beber agua, parlotea y me mira con la sonrisa de travieso justo antes de meterme los dedos dentro de la nariz y en los ojos, como maxímo signo de afecto hacia su madre. Me pregunto si sus gestos amorosos siempre serán tan rudes, pero él es así, poderoso y todo lo que hace lo hace con decisión.
Las bombillas de colores que hemos colgado encima de la cama hace unos días, están encendidas, son bonitas y a los niños les encanta, aunque tienen un punto “Chicago by night” según mi opinión.
Este momento del día es cuando rezo, doy las gracias y se me llena el corazón de amor. Es cuando me concedo un descanso de las preocupaciones del día, un descanso muy corto pero necesario. También es cuando se me ocurren ideas, historias o posts.
Orlando finalmente se ha dormido, así que estoy en paz más que nunca, al lado de mis hijos que respiran rítmicamente y me pongo a escribir.

Empieza así:
No merece la pena luchar por un amor perdido.
No merece la pena sufrir por algo que no está en tus manos.
No merece la pena agobiarse por el mañana.
No merece la pena enfadarse.
No merece la pena pasar la mitad del día (o más) con el teléfono en la mano.
No merece la pena sacrificarse para cosas en las que no creemos.
No merece la pena seguir huellas en lugar de sueños.
No merece la pena frustrarse por no ser otra persona.
No merece la pena torturarse por no sentirse a la altura de las expectativas de otros.
No merece la pena “trabajar” más de lo necesario.
No merece la pena luchar contra la vejez.
No merece la pena esperar lo que no llegará.
No merece la pena preocuparse de lo que no depende de ti.
No merece la pena desear lo que no es tuyo, que por naturaleza no te pertenece.
….

La lista seguría, aunque yo me paro (porque no merece la pena alargarla), es suficiente para reflexionar. Demasiadas veces le doy importancia a cosas que realmente no la tienen, las típicas cosas que delante de algo verdaderamente importante, perderían su fuerza. Todo cambia, todo evoluciona, todo sigue adelante, quiero intentarlo, cambiar mi lista y concentrarme en todo lo que merece la pena cada día de mi vida. Porque lo importante siempre está ahí, a veces más escondido o disfrazado, pero si se lo permitimos, se hace sentir. Como ahora, cuando las luces de colores iluminan lo que cuenta de verdad, lo que merece la pena.


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8 abril 2019

ESCÚCHAME MAMÁ

Me había propuesto escribir un post divertido sobre la maternidad. Casi todos mis relatos tienen un punto “sacalágrimas” y me apetecía compartir el lado más irónico del trabajo de madre, sin embargo me topé con un poema escrito por Angelica Manzi, una mamá italiana y autora del libro “Sono incinta ma non assisto al parto” (Estoy embarazada pero no asisto al parto) y finalmente he cambiado de opinión (otra vez).
Traduzco y comparto con vosotras porque sé que os encantará.

ESCÚCHAME MAMÁ
No puedo estar todo el tiempo con el pecho por fuera.
¿Tiene, de verdad, que engancharse cada 10 minutos?
Y quien se ocupa de la casa! ¿Y quien cocina?
¿Y quien acoge a los parientes y amigos?
Yo quiero salir. ¿¡Como hago si tiene que comer continuamente?!
Ésto no es vida.
Me siento descuidada y sola.
Se engancha y llora.
Tengo los pechos blandos y me parece no tener leche.
¿Por qué llora? ¿Qué le pasará? ¿Tendrá hambre?
Ehh me parece que ya no tienes leche, si le das la leche artificial verás como duerme.
Ves, tenía hambre… pobre.
Para mi, tendrías que hacerle esperar tres horas entre una toma y otra, si no, no vives. Y si llora déjale llorar que se le abren los pulmones.
Por la noche dale el biberón así duerme más.
Mira que listo: tan pequeño y ya caprichoso.
Para de llorar en cuanto lo enganchas
Ah pobre, lo que te espera…!

Hola Mamá,
Soy tu pequeñín.
Estaba recogido y calentito en tu barriga.
No conocía el hambre, el frio, la luz y las sensaciones de llevar vestidos y pañal.
Sentía tu voz, el silbido continuo de tu sangre y algunos ruidos de todos los días.
Estaba siempre contigo, mimado y apretado.
Luego he estado puesto en una nueva condición; los pulmones se han llenado de aire, he oído por primera vez mi voz.
La luz.
El frío.
El calor.
El miedo.
Luego he escuchado tu voz.
Y tu piel y tus brazos.
Y tu pecho.
Hay algo caliente para meter en mi tripita, pero tu continua en tenerme abrazado y envuelto, no me dejes porque tengo miedo.
Me engancho cada diez minutos porque te necesito.
A veces es hambre, a veces es sed, pero muchas veces es solo mi forma de saber que tú sigues ahí.
Dile a los parientes y a los amigos que son tan bonito también en las fotografías porque ahora quiero estar solo contigo.
Mantenme cerca.
Dile a papá que cocine o descongele algo de lo que habías preparado antes de mi llegada.
No es la hora de hacer master chef mamá.
Es la hora de descubrir juntos cómo podemos vivir separados aunque estando siempre juntos.
No escuches a los demás.
No soy caprichoso y no quiero el biberón.
Tu leche es suficiente, soy pequeño y necesito tiempo para comer, a veces me duermo, así que haz una cosa: cuando yo duerma, duerme tu también.
Lo sé que estas cansada.
Pero no durará eternamente este paréntesis.
Salimos mamá.
Tenme en la faja, acostado a tu pecho y vamos donde tu quieras.
Yo no necesito más, solo de ti.
Ayúdame a hacerme mayor, no me hagas llorar, mi lloro es más que un capricho, es miedo de morir.
Puedo sobrevivir solo contigo.
Tenme encima mamá, soy pequeño.
Pronto descubriré el mundo a mi alrededor y tendré más confianza.
Hazme crecer sereno.
Hace falta un instante para hacerse mayores.
Relajate mamá, apaga la luz.
Túmbate a mi lado.
Ponme dentro tu jersey y tenme enganchado.
Acariciame y bésame, repite a los dos, que todo irá bien.
Cierra por fuera de la puerta los consejos no pedidos.
Quedémonos cerca mamá, cerca como lo hemos estado hasta ayer, cuando estaba dentro de ti.

El texto, no obstante haga referencia a la lactancia materna, lo interpreto como universal y donde cada madre se puede reconocer, a pesar de sus elecciones o necesidades. El tema del pecho, en mi opinión, no quiere excluir otra forma de vivir la maternidad, si no que representa la personal experiencia de la autora, la cual habrá encontrado más fácil escribir sobre sus directas emociones.

La maternidad es durísima, tal vez el mayor sacrificio de nuestra vida, sin embargo cuando leo cosas como éstas, vuelvo a recordar la inmensidad detrás de ello. La vida nos lo enseña sin giros de palabras: donde hay esfuerzos, sacrificios, dedicación y amor, nacen y crecen grandes cosas.


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4 abril 2019

Family Party con Primark

Una madre está feliz cuando sus hijos están felices, es un reflejo natural que me encantaría que se adaptase también a otras cosas, así yo tendría los mismos ojos azules de Orlando…. (ayyy como me habrían guastado a mi dos ojos azules!!).
Lo comentaba con mis amigas, algunas que son madres y otra que no lo son, como cambian las más mínimas “necesidades”, todas las exigencias anteriores se minimizan después de tener hijos, aplastadas por el instinto de supervivencia. Es decir: antes quería estar siempre con mis amigas, ahora me “encaja” mejor frecuentar parejas con hijos, para que puedan jugar junto a los míos.

De este modo ganas en múltiples aspectos:
Tú hijo está feliz
Tú eres feliz porque tu hijo está feliz
Tú descansas

Hay personas que después de ser padres, erradican por completo todas los hábitos precedentes y se crean un nuevo estilo de vida en función de los hijos.

Hay otras personas, que se niegan a cambiar sus hábitos y adaptan los hijos a sus vidas.

Luego estoy yo y otros millones de personas, que encuentran un punto medio y deciden modificar su estilo de vida, sin cambiar su personalidad.
Personalmente involucro mis hijos en mi vida casi al 100%, pero soy una madre muy responsable y absolutamente pro-rutinas, en mi casa hay pautas claras, que todos respetamos.
Por otro lado necesito de vez en cuanto desahogarme del peso que se me viene encima y aprovecho para salir a cenar o participar en eventos. Es como resucitar, nunca dejaría mi vida social para encerrarme “dentro las paredes de casa”, porque no hace falta.

De vez en cuando todas las estrellas se alinean y crean una situación perfecta, el pasado sábado, nos fuimos a una fiesta para familias organizada por Primark, por experiencia sabia que sería un fiestón…. Y lo fue. Me gustan las iniciativas que tienen, la marcada sensibilidad a la diversión y la conciliación familiar.
Pasamos toda la tarde en una finca, entre juegos, actividades y talleres, sol y un rico catering….. Nos quedamos hasta el final, los niños no querían ir volver a casa….

Estas son las fotos que nos hicimos, algunas nos las hizo nuestra amiga y súper fotógrafa Leticia.

Leonardo se ha cambiado dos veces, como si fuera una star, en realidad tuvo un accidente con un señor y su copa de vino….

Todas las prendas de los niños son de la colección Primavera -Verano de Primark.


Para Orlando he elegido un look militar.


Las zapatillas son muy chulas, así que para los dos 😉
La camisa de Leonardo es de lino.


El segundo llok de Leonardo es más hawaiano, el pantalón está manchado por el accidente que os conté.


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29 marzo 2019

Fobias

Un día le dije a mi madre: “mamá cuando veo una paloma me tiembla hasta el culete”.
Me lo contó cuando le pregunté sobre mi fobia. Me dijo que había notado que las palomas no me hacían ninguna gracia, pero nunca le había dado importancia, hasta que, un día, le solté esta frase.
Ni mis padres, ni yo, recordamos un episodio detonador del problema, pero algo tuvo que pasar y probablemente era demasiado pequeña para recordarlo.

Afortunadamente los que sufren este tipo de patología somos una minoría, desafortunadamente la mayoría no nos entiende. Durante todos estos años, aproximadamente treinta tres, se me ha hecho más duro intentar buscar comprensión en los demás, que convivir con mi maldita fobia.

Cuando era pequeña, por compasión y ternura, siempre había alguien que me defendía, espantándome una paloma en mi camino o abrazarme cuando me ponía a temblar como una bandolera al viento, sin embargo cuánto más mayor me hacía, menos eran los brazos disponibles para abrazarme y los “guardaespaldas” para protegerme.
De mayor tus problemas te los resuelves solo y más, si tus problemas afectan negativamente a los que te rodean y la “comprensión de circunstancia”, poco a poco se transforma en incomodidad y finalmente en intolerancia. Yo siempre lo digo, una persona enferma da pena, sin embargo cuando tienes que ocuparte de ella, la pena se trasforma en pesantez y cuesta aguantar, incluso con el máximo esfuerzo.

En la época del colegio me despertaba por la mañana pensando en el camino de casa a la escuela, tomaba medidas de precaución para no correr el riesgo de enfrentarme a una paloma y en estos casos tenía que cambiar de acera o a veces de calle. No miento si digo que muchas veces he alargado mis caminos para evitar ciertos tipos de encuentros. Planificaba cada día de mi vida en función de ello, cada plan.
No fue nada fácil, todavía no lo es. Porque sigo teniendo la fobia.
Me he avergonzado en más de en un episodio, he llorado muchas lágrimas, he sufrido más de lo que cualquier persona que no comparta una patología similar, imaginaría.

Sin embargo, por alguna extraña razón, mi mente, a pesar del dolor, o tal vez para defenderse de él, rechazaba la opción de curarse. También me daba miedo creo, el asco hacia este animal es tan grande que rechazaba la idea de poder acercarme una vez superada la fobia. Tardé años en decidirme. Empecé la terapia cuando ya era una chica independiente. Todos los jueves, durante un año, cogí mi coche y recorrí unos cuantos kilómetros hasta llegar a la consulta de mi psicóloga, que estaba a una hora de Milán. La terapia se basaba principalmente en la hipnosis. No descubrimos la causa, ya que trabajamos en la “insensibilidad” y funcionaba.

Dejé la terapia con buenos resultados pero sin ganar la lucha, tal vez, aguantando un año más lo habría logrado, pero en aquel periodo di un cambio a mi vida y no pude seguir.
Dos años después había vuelto al punto de inicio y así sigo, con los mismo temblores aunque intento esconderlos, con la misma ansiedad de encontrarme una paloma en la calle y sin poder participar a muchos planes.
Me estoy planteando volver a terapia, cuando las piezas de mi puzle encajen y haya encontrado al terapeuta adecuado! (Es lo más complicado).

Me he animado a escribir sobre este tema porque me ayudaría saber si alguno de vosotros tenéis una fobia o incluso la misma que yo. Me encantaría conocer vuestras experiencias y leer vuestros consejos.

Un abrazo y feliz fin de semana.


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25 marzo 2019

Escapada a Denia

El éxito de un viaje es como una receta donde todos los ingredientes están equilibrados, medidos y mezclados con maestría.
El fin de semana pasado ha sido especialmente bonito para mi, justo porque todo ha encajado perfectamente: la compañía, el lugar, el tiempo….
Nos fuimos a Denia, un lugar que desconocía, cerca de Alicante. Fuimos con el Ave y luego con un transfer. El viaje en coche es lo que los niños aguantan peor, mientras que el tren les gusta bastante y es muy cómodo, yo personalmente lo prefiero al avión (siempre que sea posible).

Tardamos aproximadamente cuatros horas en llegar a nuestro destino: El Oliva Nova Beach & Golf Hotel, ubicado dentro de un complejo residencial con todos los conforts. Desde nuestro alojamiento teníamos acceso directo a la playa.

Desde que viajo con los niños, valoro muchísimo la comodidad y en este caso teníamos espacios amplios, cocinita y jardín.

Llegamos el viernes por la noche y nos fuimos el domingo, pasó muy rápido pero mereció la pena, además porque vinieron nuestros amigos Ana y Juan Carlos, con la “novia” de Orlando, Zoe, (lo habréis visto en mis stories ☺).

Siempre que tengo un plan de viaje, admito que me lo pienso dos veces antes de decidirme ir, es la misma razón por la que no voy a Italia tanto como me gustaría, entre la pereza de hacer las maletas y sobre todo la inquietud de cómo se portaran los niños durante el viaje, tengo dudas hasta el final. A veces ganan ellas y me quedo, otras veces me animo y acepto el reto. Realmente Leonardo se porta muy bien, es mayor ya y a pesar de que hay que estar pendiente de él, no es lo mismo que Orlando, que todavía demanda todo el rato y agota bastante.
He comprobado que los viajes con amigos que tienen hijos de edades parecida es la mejor solución, pero no siempre posible.

El mar estaba muy frio, de picar, sin embargo nos hemos bañado todos los mayores, bajo la presión de un desafío entre chicos y chicas jeje y con el solazo que hizo, nos calentamos en seguida. Descubrimos que Orlando ama la playa, se convirtió en una especie de “croqueta”, completamente recubierto de arena. Leonardo se hizo varios amigos y me dijo “mamma esto es un sueño!”.

Cada vez más, pienso que deberíamos viajar más durante el año y menos en Agosto, la playa estuvo a nuestra completa disposición en su totalidad y tranquilidad.

Ojalá pueda disfrutar de más escapadas e ir contándooslas por aquí.


Traje de baño de @Honeydressingbeachwear


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21 marzo 2019

Fue ayer

Sin embargo fue ayer cuando corrías arriba y abajo por la rampa de la placita de la heladería, llevabas la camiseta blanca con las letras de “play hard” y tenias la cara roja como un tomate. Reías feliz y yo te amaba.

Sin embargo fue ayer cuando reíamos a carcajadas y nos intercambiamos mimos bajo las sábanas, en la vieja y húmeda habitación de la casa alquilada en la montaña. Tu ternura sanó mis heridas causadas por la enfermedad de la abuela.

Sin embargo fue ayer cuando te cambié el pañal encima de la caja de cartón donde hoy guardamos los juguetes, la caca se te había salido del body y te habías manchado hasta la espalda. Me sonreías y yo me sentía plena.

Sin embargo fue ayer cuando me mirabas fijo desde el sofá negro del salón, donde te había sentado, rodeado de cojines y peluches para que no te cayeras. Eras tan pequeño y yo te protegía como podía.

Sin embargo fue ayer cuando te llevaba a pasear al parque, tú en el carro y yo, vestida de jogging, caminaba lo más rápido posible, me ponía la música en los auriculares y soñábamos juntos. Fuiste mi compañero de paseos y más, contigo nunca me sentí sola.

La mayoría de las cosas se olvidan o se quedan descoloridas, pero hay algunos momentos, solo algunos, que se quedan marcados en nuestra memoria con todos los detalles, como si hubieran pasado solo ayer.

Me gusta mi presente, con un hijo más y un hermano para ti, pero siento una nostalgia que me hace llorar cada vez que pienso en nuestro pasado juntos.
Lloro justo a tu lado, mientras te miro y te veo más largo y listo, más independiente y menos cariñoso, aunque te reconozco, eres siempre tú, sin embargo ayer ya pasó y no volverá.

Me seco las lagrimas pensando en que todavía tenemos muchos recuerdos para contruir y para extrañar.

Te quiero Leonardo. Buenas noches.


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14 marzo 2019

El mejor plan de mi vida

Creía en el amor platónico, luego tuve mi primer novio y me di cuenta de que la “realidad” no correspondía con mis expectativas, porque la imaginación suele volar más alto que la verdad. No me decepcioné más de lo debido, aprendí la lección y seguí enamorándome.

Creía en el alma gemela, hasta que vi mis relaciones acabar, con los años entendí que hay personas más afines a nosotros, que encajan más con nuestra vida, pero ninguna es igual que tú. No fue triste, me di cuenta de que cada experiencia es enriquecedora y que la diversidad nos sirve para aprender y mejorarnos.

Creía en la media naranja, hasta que acercándonos más, me di cuenta de que los bordes nunca coincidían a la perfección, siempre eran un poco más grandes o pequeños, o curvados…. A veces la media naranja se parece más a medio limón o medio pomelo. Aprendí a valorar lo que me correspondía a pesar de que no encajaba por completo conmigo y a “degustar otros sabores”.

Creía en las planificaciones, hasta que el destino me las puso patas arriba sin avisar. Esto si fue más duro de digerir, pero entendí que hay cosas que podemos programar y muchas otras que no. En cierto modo, ello me dio más tranquilidad.

La única cosa en la que “no creí” antes de probarlo fue en el ser madre. Porque no tenia expectativas, porque no tenia ni idea, no tenía “patrón”. La maternidad era algo desconocido e inesperado para mi.
Solo después de ser madre he creído en mi nuevo mundo y todas sus sombras.
Estoy solo en el inicio de este camino, llevo cinco años en esta vida como madre y empiezo a hacerme una idea de lo que es. Lo que es para mi.

La maternidad me ha permitido ver muchos amaneceres, más de cuantos vi en mi mejor época de salir.

Me ha hecho reevaluar las manchas en la ropa, despreocupándome de estar siempre impecable. Imposible.

Me ha hecho descubrir la auto ironía, muchas veces por no llorar, me rio de mi misma.

Gracias a la maternidad he descubierto nuevas funciones tecnológicas, “los infrarrojos, las tercera dimensión, …..

Me ha alargado los horizontes musicales, ahora en mi playlist tengo de todo, desde Anthony and The Johnson a la canción de los Cantajuegos.

La maternidad me ha quitado las tonterías, me las ha quitadas todas, no me ha dejado ni una.

Me ha hecho descubrir la comodidad de las zapatillas en cualquier situación.

La maternidad me ha dado algunas arrugas precoces, unas ojeras espectaculares y poco tiempo para maquillármelas, pues he aprendido a quererme más tal y como soy.

Pero a parte todo el spam que me llega continuamente por mail o en el móvil, de productos para bebes, de videojuegos o dibujos nuevos, la maternidad para mi, ante todo lo que he escrito es EL DESCUBRIMIENTO MÁS INCREIBLE QUE HE HECHO EN MI TREINTASEIS AÑOS.

Y me sentiría rara maquillada a diario e impecablemente vestida, hasta creo que echaría de menos las manchas de baba en la camiseta. Ya no me importa un pimiento si siempre tengo prisa y a veces estoy un poco desquiciada, si veo más parque que cafeterías con las amigas, si a veces se me confunde el día con la noche y si tengo más arrugas de las que me corresponden con mi edad, porque a cambio he ganado un premio inestimable:

Una voz aguda que me llama porque me necesita, porque soy la persona más importante de su vida. Que lo hagan para siempre.

La sonrisa ingenua que cada día recibo nada más despertarme, que aunque si pierde baba, esta sonrisa, es la mejor de todas. Que pueda vivir en mis recuerdos y pueda usarla cada vez que me sienta triste.

Las manos pequeñitas siempre listas para abrazarme. Que no se avergüencen cuando sean más grandes.

Los ruidos que llenan el espacio y hacen de mi casa un hogar. Que dejarán sitio al silencio un día.

Las palabras mal pronunciadas que me hacen reír o emocionar cuando se trata de un te quiero. Que siga escuchándolas toda mi vida.

Un amor devoto que me llena entera. Que devuelvo y devolveré con intereses hasta el infinito y más allá.

La compañía constante. Que un día se convertirá en vacío.

La búsqueda de mi pelo para acariciar, de mi piel para jugar, de mis brazos para reconfortar. Que nunca olviden de cuando hemos sido uno solo.

Esto ha sido el único caso en el que la realidad ha superado a la imaginación. El único caso en el que en lugar de iguales he sido uno solo con alguien, el caso que no necesita su mitad porque nace entero y nunca se divide, el mejor plan de mi vida.

Leonardo y Orlando. Sois el mejor plan no planificado de mi vida.


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11 marzo 2019

Menos es más

Tengo un “problema” que creo la mayoría de las mujeres comparte conmigo. Me afecciono a las cosas, a pesar de su valor comercial y de su función. Las cosas materiales para mi tienen un valor afectivo y me puedo poner muy triste al tirar algo o si lo pierdo. Tengo una colección de objetos inutilizados que no he tirado porque me recuerdan un momento o una persona, deshacerme de ellos es como tirar un recuerdo, cerrar una ventana de mi pasado. A la misma vez, me enfado conmigo misma por no ser coherente: soy consciente de que las cosas materiales no son importantes y que los recuerdos son pare de mi, sin embargo no soy capaz de tirar las pulseras del hospital de cuando han nacido mis hijos o el peluche preferido de Leonardo, que él con la sabiduría de niño, lo ha olvidado, mientras que yo, con la nostalgia de una madre, lo tengo guardado en un armario.
Necesito hacer un constante “trabajo emocional” para no crear un mausoleo innecesario en mi casa.
Deshacerse de estas cosas me cuesta un esfuerzo bastante grande que solo logro hacerlo donando o regalando, puesto que así siento que así seguirán viviendo.

Hay una segunda colección, la que voy a llamar “¿Y si lo necesitara de nuevo?”, de cosas inutilizadas que no tiro porque pienso que un día podrían servirme y que llevan meses ocupando un sitio, a la espera de un uso que nunca llegará.
De esta segunda colección es en parte culpable mi madre, una manía que a su vez heredó de la suya, mi abuela.
El culmine de esta manía se manifiesta en un cajón de la cocina exclusivamentee dedicado a las bolsas: de basura, de la compra, de plástico y de tela, decenas de bolsas de todo tipo, cuidadosamente dobladas para ocupar menos espacio. Mi madre no tira nada y es capaz de darle infinitas vidas a cada cosa, hasta que el mismo objeto se autodestruya por demasiada explotación.

Principalmente esta mentalidad viene del hecho, que la generación de mi madre todavía no era victima del “consumismo rápido” como lo somos nosotros. La publicidad estaba regularizada, mientras ahora hay publicidad en todas partes.
Antes la gente compraba principalmente por necesidad y pocas veces por vicio, además las cosas duraban muchísimo, años, por su calidad y por la mentalidad de “conservar”. La sociedad estaba basada en un consumo controlado y consciente.

Con el tiempo el consumismo ha ido evolucionando y potenciando, hasta actualmente explotar y crear un verdadero fenómeno de compradores compulsivos. Debido principalmente a la fácil accesibilidad de los productos, por costes y por comodidad y rapidez de compra.
Se está creando una sociedad basada en un modelo efímero que tiene sus raíces en el “estatus simbol” y que se realiza a través del poseer.
La gente compra a precios rebajados, consume rápidamente y se deshace (en la mayoría de los casos) o acumula, antes de comprar otra vez.
Desde un punto de vista ambiental es aun más grave que desde un punto de vista moral. La frenesí del consumismo impacta negativamente en nuestro planeta y afecta a nuestra vidas más de lo nos que imaginamos. (el precio de algunas cosas es tan bajo, que cuesta más reciclarlo que comprarlo nuevo).

Hace unos días vi un documental The Minimalism en Netflix que habla sobre este tema, nada que ya no sepamos, pero igualmente hace reflexionar sobre las cosas que son verdaderamente importantes, o mejor, sobre la manipulación de la sociedad en la que vivimos, que nos anima a comprar, haciéndonos creer que necesitamos siempre más, algo nuevo cada vez, para estar a la moda, para ser mejores, para sentirnos parte de algo, para ser felices. Mientras que ninguna cosa material llena los vacíos dentro de nosotros, ni nos hace verdaderamente felices.
Es cierto que no sería capaz de cambiar drásticamente mi forma de vivir, a pesar de que comparto plenamente esta filosofía de vida, pero quiero empeñarme en hacer compras más consientes y útiles, a aprender a utilizarlas y aprovecharlas y de consecuencia a acumular menos en casa. Por supuesto seguir donando.
Creo que todos nos beneficiaríamos de ello, nuestros hijos, nuestro planeta, nuestro interior.


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4 marzo 2019

A todas vosotras.

No es que con los años me haya hecho más feminista o que antes fuera más machista, ni pienso escribir un post sobre el tema de la igualdad, porque hay gente más preparada que yo y que ya lo está haciendo.
Prefiero reflexionar sobre la micro vida dentro de cada día. Lo que pasa en mi casa y en la casa de mis queridos, lo que veo a mi alrededor, con los ojos atentos de una persona sencilla como soy yo.
Durante mis treinta y seis años he tenido relaciones amorosas con personas muy diferentes. Es cierto que los años no influyen poco en nuestras elecciones y cuando pienso en mis primeros amores se me escapa una sonrisa, más parecida a la de una madre que a la sonrisa cómplice de una amiga.
Algunas de mis relaciones fueron la manifestación de una época critica cual es la pubertad, otras de la superación de mi misma, casi siempre nacían de una necesidad más profunda. Probablemente, en menor parte, también las últimas, las que merecen más de unas paginas de diario y que llevan su nombre indelebles en mi corazón. Pero en cualquier caso, todas mis relaciones han tenido algo en común, a pesar de su distinta naturaleza y del periodo histórico, algo por lo que me he dado cuenta de que la diferencia entre un hombre y una mujer es infinita.

Como el blanco y el negro: uno es la suma de todos los colores y el otro la ausencia de ellos. (El yin y el yang que echan raíces el uno dentro del otro, son interdependientes, tienen origen reciproco, origen mutuo, el uno no puede existir sin el otro).
Como el sol y la luna: uno brilla de día y el otro de noche y aunque coexistan, cada uno tiene su función y cuando uno es visible el otro se esconde.

He llegado a esta conclusión porque después de años de palabras, lloros, sonrisas y manifestaciones pasionales en todos sus aspectos, me di cuenta de que mi pareja no me entendía. A pesar de los intentos de explicarles “cómo funciono”, ninguno de ellos nunca llegó a comprenderme verdaderamente. Al principio creí que se tratara de un problema de carácter, llegué a poner en duda todo de mí y a perder la confianza, sin embargo, a pesar de mis esfuerzos para “cambiar algo”, no llegué a ningún lado, así pues, cambié la táctica: el dialogo pensé. Hablar ayuda, decirse las cosas ayuda, es un gesto espontaneo, natural, necesario. Tampoco solucionó esa falta de comprensión interior que sentía, que siento. Llegué a frustrarme más de lo debido y cada vez vertí mi frustración en largas conversaciones con mis hermanas, con mi madre, con mis amigas. Finalmente con ellas sentía volver la paz dentro de mi, siempre. Ellas me comprendían donde mi pareja no lo hacía, sentían conmigo.

He puesto en practica una “táctica personal de defensa” (después de leer el libro “los hombres son de marte, las mujeres de venus” que confirmó mi teoría de la inmutable diferencia entre hombres y mujeres) que es la de buscar consuelo fuera de las relaciones de amor. Si tengo un mal día y necesito desahogarme es mejor hacerlo con mi hermana que con mi pareja, si tengo un nudo en la garganta, es preferible compartirlo con mi madre, si tengo mi drama del día, mejor contarlo a mis amigas. Si necesito un te comprendo, un abrazo sin explicaciones, un silencio cómplice, un apoyo moral, se que lo puedo encontrar en otra mujer, a veces ni hace falta que sea intima, porque el vinculo que nos une, la complicidad, lo que compartimos en nuestros cuerpos “iguales” nos hace compañeras por naturaleza.

Existe un horizonte que delinea el limite entre dos universos, para mi es el encuentro y la separación, es la unión y el desacorde. Es donde cada día me enamoro de mi pareja y cada día me siento “sola”, donde nacen y se acaban los besos, donde las palabras se convierten en música o en silencios mojados de lagrimas, donde los sollozos de resignación se alternan con lujuriosos suspiros, donde las manos se enredan y se sueltan. Cada día veo ese horizonte parte de la naturaleza, como los paisajes. Me intriga, pero conozco su límite.

Por mucho que nos amemos, por muy afines que seamos, por cuanto expertos, sabios, buenos nos demostraremos, la diferencia entre una mujer y un hombre jamás será superada, el horizonte jamás desaparecerá y ningún hombre, incluso el más enamorado, será capaz de penetrar a una mujer dentro de su alma y comprender su verdadera esencia.

Dedicado a todas las mujeres que forman parte de mi vida y a las que no.

Feliz casi día de las mujeres.


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