Mamma Mía

15 enero 2019

Mi rutina de deporte

Nunca me he dedicado a un deporte en concreto, mi relación con la actividad física desde que era pequeña, no ha estado marcada por ninguna pasión, si no porque “es bueno hacer deporte”, además se me da bien ;). En el colegio era de las mejores en escuela deportiva y muchas veces me apuntaba a las competiciones de carreras y de salto de longitud (aunque no he ganado nunca jajajaj).

Siempre he ido a natación, lo recuerdo con mucha pereza, jamás lo elegiría como deporte ahora, pero mis hijos están apuntados, porque sigo pensando que es uno de los mejores deportes para el cuerpo y además hay que aprender a nadar.

De mayor he empezado a ir al gimnasio, al principio me costó, pero poco a poco le he cogido el gusto, hasta llegar a hacerme dependiente. Antes de quedarme embarazada de Leonardo, iba al gimnasio de lunes a domingo y cuando estaba de vacaciones, hacía ejercicio con gomas.

Durante ambos embarazos he seguido haciendo ejercicio con poco o nada de peso y además Pilates.

He probado también Cross Fit, me ha gustado la forma de entrenar, a través de circuitos, la veo súper efectiva.

Pero lo que más me preguntáis es por la recuperación post parto.

Para empezar tengo que decir que mi genética me ha ayudado mucho, nunca he seguido ningún tipo de dieta, incluso me permito bastantes caprichos. Sin embargo una correcta alimentación, en la mayoría de los casos, es fundamental!

Ya sabéis que tuve un prolapso de vejiga (de 1/2 grado) después del segundo parto y por ello tuve que dejar la actividad física durante un largo periodo (un año y medio). En ese periodo solo hice ejercicios hipopresivos en una clase dirigida por una matrona especializada en suelo pélvico (cerca de la glorieta de Quevedo) y en casa todos los días.
Gracias a ello y a mi constancia en hacerlos, mi suelo pélvico se recuperó y quise volver a la actividad física que echaba mucho de menos.

Me apunté a clase de ashtanga yoga, fue durante tres meses, pero a pesar de que me gustaba, me di cuenta de que teniéndolo como único deporte habría tardado mucho en recuperar la tonicidad que esperaba y decidí dejarlo para volver al gimnasio. Pienso retomarlo en el futuro como único deporte, me gusta el yoga porque es una disciplina dulce, que respeta el cuerpo.

Creo que a todas nos pasa que después del brutal cambio de nuestro cuerpo tras el embarazo, queremos vernos como antes. Yo no tuve problemas de peso, pero igualmente mi silueta no era la anterior y quería volver a verme tónica.
Os aviso de que la recuperación verdadera llega después de la lactancia, así que paciencia, la lactancia materna en mi opinión es un periodo maravilloso y que merece la pena ser disfrutado. No tengáis prisa, todo llega a su tiempo y la primera recuperación que necesitamos después de un parto, es el descanso!

Mi verdadera vuelta al gimnasio ha sido en septiembre. Desafortunadamente no puedo ir con la misma frecuencia que antes, porque los compromisos entre trabajo y familia no me lo permiten. De todos modos me considero una privilegiada, porque la mayoría de las mujeres trabajan el día entero y no les queda ni una hora libre al día para poder dedicarse a sí mismas. Yo trabajando de autónoma puedo recortarme una hora al día para el deporte.
En las semanas más relajadas, consigo ir al gimnasio cuatro veces a la semana, otras veces voy menos, dependiendo de los compromisos.
Pienso que tres veces a la semana son lo mínimo para notar resultados.

Suelo ir a las clases de grupo, son las que más me gustan y menos me aburren, además al tener solo una hora, me encajan perfectamente.

Alterno trabajo aeróbico (cardio) con trabajo de fuerza.

Las clases que normalmente hago son:

Body combat (2 veces por semana) me gusta porque es básicamente cardio y por ello sudo mucho y además trabajo bien la parte de arriba: hombros, brazos, tórax, abdomen.

Body pump (1 o 2 veces por semana) es la única clase que hago para trabajar fuerza, es toda con pesas y barra. Suelo coger pesos ligeros para trabajar mejor en los movimientos, que según mi punto de vista dan mejores resultados y menos riesgo de lesiones. Además nunca he aspirado a tener un cuerpo musculoso, prefiero que sea tonico e fit.

Body attack. (1 vez a la semana) Es la más cañera de todas las que hago, si no estoy entrenada, por ejemplo, a la vuelta de las vacaciones, me cuesta aguantar toda la clase (aunque lo hago) Es una clase que trabaja la potencia: cardio y fuerza a la vez. Te deja muerto, pero es muy divertida.

Estas tres son mis clases de rutina, a veces por cuestión de horario, me encajan más otras, pero principalmente mi entrenamiento se basa en esto.

Al llevar mucho tiempo haciendo este tipo de ejercicio, sé adaptarlo a mis exigencias y conozco lo que me hace bien y lo que no. A pesar de que son clases de grupo, sé cómo adaptarlas a mí.

He aprendido que los ejercicios con fuerte impacto son malísimos para el suelo pélvico y también algunos ejercicios para el abdome, que tanta prisa tenemos de que vuelva a su tonicidad. Es preferible hacerlos con mucho cuidado y realizar ejercicios como “la plancha” en lugar de los “Crunch” por ejemplo. (Un buen entrenador sabrá aconsejaros).
Las clases te permiten elegir opciones, pero pienso que para alguien que empieza, sería útil un periodo de entrenamiento personal.

Esta es mi rutina de deporte, mi experiencia personal y lo que me funciona a mí, pero pienso que cada uno debería buscar la más adecuada a su cuerpo y exigencias. Espero de todos modo haber colmado vuestra curiosidad y haber respondido a vuestra preguntas.

Acabo de volver del gimnasio 😉

Buen Martes

Foto de Deborah Torres. En la Playa de Las Gaviotas en Tenerife.

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10 enero 2019

La ruta natural

Nací inconsciente y dependiente de mis pilares familiares, la única cosa que conocía: mis padres.
Viví la infancia con inocencia, conquistando poco a poco paréntesis de autonomía, buscando mi espacio, afirmando mi existencia a través de los gestos cotidianos como comer sola, elegir qué ponerme y algunas veces también enfadándome. Cuando me di cuenta de mi unicidad, cree mi universo personal que comprendía mi familia y mis amigos.
Quise ser mayor para poder hacer cosas que no tenia aún permitidas.
Me convertí en una chica curiosa por descubrir el mundo, las emociones, los besos y las relaciones.
Después fui una mujer independiente y por último madre.

Nunca he contado los años hasta ahora, ni me he preocupado por mi edad, los números no son lo mío, prefiero las palabras.
He cumplido treinta y seis años, soy joven todavía, pero noto que por primera vez me miro con otros ojos, más atentos, que escucho con otros oídos y estoy más preocupada.
La juventud descarada se ha convertido en una madurez cautelosa y junto a ellas he notado las señales del tiempo en mi cuerpo.
Este año me he dado verdaderamente cuenta de que soy una persona adulta y que a partir de aquí la ruta irá al revés, hasta el final…. O “nuevo comienzo”.

Sobre mi espalda cargo con las responsabilidades como pilar que soy para mis hijos, las mismas que pesaron sobre las espaldas de mis padres cuando era yo la hija pequeña.
Soy la que tiene que construir un nido confortable y robusto para que mis hijos estén protegidos y luego favorecer sus independencia, sin dejarles a la deriva. Gestionar sus enfados con paciencia.
Soy la que tiene que mostrarles el camino en el que podrán construir su existencia y luego ponerme de lado, aceptar que me ignoren hasta cuando se den cuenta de que todavía necesitan mi apoyo y en ese momento, estar allí, en lugar de ocupada en cualquier otro asunto.
Soy la que tendrá que cerrar los ojos para no verles cometer errores y caer en las trampas de “las cortinas de humo” Y abrirlos rápidamente en caso de se queden atrapados o decepcionados.

Cuando ya sean mayores, yo lo seré aun más y ofreceré mi ayuda dentro mis posibilidades, pero ya todo estará hecho, recogeré los frutos de mi labor, buenos o malos.
Después volveré a ser una niña, con la cara y el cuerpo arrugados, pero con más sabiduría en la cabeza, con la inocencia perdida a cambio de la experiencia y con la necesidad de que me cuiden como se hace con los bebes, porque físicamente un poco bebé seré. Lo único que no cambiará será el inmenso corazón de mamá.

Esto es lo que pienso cuando veo una nueva cana aparecer entre mi pelo o cuando sonriendo noto crearse en mi cara un mapa de líneas antes desconocida.
El tiempo pasa inevitablemente, para todos, para los ricos y para los pobres, para los buenos y para los malos, para los guapos y para los feos, para los poderosos y para los humildes. Con los años nos hacemos mayores y perdemos la belleza de la juventud.
Es imposible parar el tiempo, es inútil luchar contra ello, la única cosa que conviene hacer es intentar aprender el máximo posible, ser esponjas, ser alumnos de la vida y un día descubrir que poseemos más riqueza de lo que hubiéramos anhelado. Cerrar el ciclo en plenitud.


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7 enero 2019

Cosas por las que quiero agradecer al 2018

Este año más que concentrarme en los buenos propósitos para el 2019, he reflexionado sobre “el cierre” del año pasado. Como se hace con los negocios, cuando se recopila el trabajo hecho, se verifican las entradas y los gastos y al final se hace un resumen financiero que dice si la actividad cierra el año en pérdida o en beneficios.

Mi año se ha cerrado con más beneficios que pérdidas y me siento en el deber de agradecer por todo lo que he recibido.

Por recordarme lo importante que es creer en los sueños.
Algo que me había olvidado, concentrada en mi papel de madre. “Lorin ya no existe” Solía decir hablando de la que era antes de ser madre, Lorin es como me llaman en Italia, mis amigos, mis compañeros, mis familiares.
Lorin era una chica con la cabeza constantemente en las nubes, que creía en todo, perseguía sus sueños, también los fugaces, hasta alcanzarlos. La dejé ir, pero me he dado cuenta de que nunca se fue de verdad, se quedó escondida a la espera de que la extrañase. Ha llegado el momento, estoy realizando el sueño más grande de todos, el que tenía guardado solo para mi. Escribir. Las palabras me gustan tanto como la melodía de una canción y la armonía en una fotografía. Es mi forma de sentir. En el 2019 si todo va bien saldrá mi primera novela, ojalá sea la primera de muchas. Ojalá pueda un día lejano volver a leerla, reírme por mi forma de expresarme casera y decir “era solo la primera Lorin, has mejorado mucho”.

Por la vuelta de mi madre en whatsapp.
Los que me leen desde el principio saben que mi madre estuvo a punto de morir por un aneurisma cerebral y que sobrevivió milagrosamente, escribí varios posts sobre ello. El caso es que mi mamá ahora es algo diferente, aunque no tiene señales evidentes en el cuerpo, ni en la forma de expresarse, hay algo que la enfermedad se ha llevado, su verdadera esencia, sus sentimientos y emociones, los sabores y los olores…. Nos ha dejado una mamá menos sabrosa. Es como si a tu plato preferido le quitasen las sal y los aromas, seguirías reconociéndole en el aspecto, pero sería diferente. Desde que sucedió, cada pequeño acercamiento a su esencia verdadera, es una meta. El año pasado ha sido la vuelta a los mensajes en whatsapp. Parece banal, pero leer “mamá está escribiendo” para mi ha sido un regalo que no tiene precio.

Por los miedos que se han quedado como tales sin convertirse en algo peor.
Todos los miedos se amplifican cuando eres madre, en mi caso he llegado a ser hipocondriaca, cosa que antes estaba muy lejos de mi forma de ser. El año pasado me he llevado un par de sustos con Orlando y doy las gracias por ello, porque se han quedado como tales sin convertirse en nada más. La salud es el regalo más grande que podemos tener en la vida.

Por los días aburridos, que parecen interminables. Cuando miras al reloj cada diez minutos pensando que hayan pasados horas, esos días lentos sin nada de emocionante, sin nuevos amores, sin celebraciones especiales, sin novedades. Estos días son una bendición, porque la calma significa que todo va bien. Habría que celebrar por cada día de estos, porque el valor de la calma es inestimable.

Por los encuentros. Porque detrás de ellos se esconden bellísimas amistades, oportunidades, amores, fantasías….
Poder compartir las risas, los secretos, una mirada, los bailes, las cervezas, un viaje, las dudas, las quejas, los sufrimientos, una palabra, un beso…..
Compartir es vivir. Esto explicamos a nuestros hijos y cuanto más, más felicidad.

Por las oportunidades que me ha dado esta ciudad y este país. Por poder permitirme el lujo de hacer un trabajo que amo y que me permite compaginar mi vida de madre con la gratificación profesional. Este es mi mayor secreto de belleza 🙂 .

A José por las fotos.
Porque detrás de una influencer hay un novio pringado. Este comentario es verdad y os aseguro que es más complicado de lo que aparenta en los videos irónicos.

Por lo bueno que se queda.
Por la suerte que me ha acompañado hasta ahora, por hacerme sentir una privilegiada en este mundo complicado, a veces cruel, a veces insensible. Y darme la posibilidad de apreciar lo que tengo y de no sentir la falta de nada.

A vosotros.
Por cada mensaje, cada foto, cada comentario que me enviáis. Me llegan dentro. Saber que hay alguien que a pesar de no conocerte, te comprende, te anima, te aconseja y se interesa de lo que haces, es grandioso.
Gracias de corazón por cuidarme.

Fotos de Deborah Torres, que es una amiga de Tenerife y fotografa de bodas increíble.
Muchas gracias a  @romulo_floralart por la decoración tan detallata y bonita y a @lafurgona por prestarnos la furgoneta y hacernos creer de haber vuelto a los años ’70.

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27 diciembre 2018

Mi primera familia

Hoy hace un día nublado, así que hemos llevado a los niños a un parque de atracciones.
Me he quedado al lado de la pista de los cochitos locos, con Orlando, mientras Leonardo se chocaba entre coche y coche.
Luces y música alta, la típica que eligen para este tipo de atracciones…. que le gusta a los jovencitos, pero que a mi ya me molesta. A pesar de todo, inesperadamente me he emocionado. Las sonrisas cómplices entre un padre y una madre, cada uno subido en un coche con un hijo, y más padres con hijos e hijas, todos ellos con un brazo rodeando los hombros de los pequeños, como para protegerles. Me ha parecido todo muy tierno y he pensado en mi familia, la nueva, que amo más que cualquier cosa y luego en la otra, mi primera familia, que os soy sincera, he extrañado esta navidad.

Mi primera familia es caótica, divertida y única, por ello me gusta. Porque es imperfecta y extraordinariamente fuera de cualquier esquema.
Me gusta que mis padres conozcan cada parte de mí, cada sombras y luces, mi verdadera esencia. Porque no le importan mis defectos y menos si no soy el prototipo de un estereotipo. Me ven como soy, sin ninguna falsa proyección y no soy mejor que los demás para ellos. Para ellos soy única.
Me gusta que hablamos mucho y que ante todo me escuchan, también cuando era pequeña y a mis padres les decía que no se enteraban de nada, aún así ellos me escuchaban. Antes de decirme qué hacer, antes de preguntar, me escuchan. Y a mi me encanta no tener secretos con mi familia y que sea lo mismo para ellos, porque ninguno juzga al otro. Hablamos de todo. Me gusta no tener tabúes con ellos, aunque sin olvidar los roles, porque en mi familia mamá es mamá y papá es papá.
Me gusta la Libertad que nos hace extrañarnos y decirnos te quiero. Me gusta perdernos y volver a encontrarnos un día inesperado. Me gusta que nuestra rutina no es rutina, sino que cada uno va a su ritmo y tiene su vida independiente. Me gusta el respeto del uno hacia el otro, la igualdad y la ganas que tenemos de ayudarnos y apoyarnos. La llamo ganas, porque en mi familia no existen compromisos. Esto es lo mejor. Es lo que más amo de ellos, que cada uno ha buscado su camino, con total independencia, porque sabemos que nunca nos perderemos, ni la distancia nos separará.
Me gusta mi familia porque cada gesto viene del corazón y nunca por el sentido del deber, obligación o compromiso y gracias a ello he aprendido mucho, me he convertido en una persona sensible, altruista y con valores como el respeto y la igualdad.
Me gusta que somos seis en lugar de tres o cuatro porque cuantos más, mejor.

Hoy es el último día en Tenerife. Hemos estado muy bien, el clima de esta isla es un tesoro. Los niños han estado muy bien, minados hasta las uñas con los abuelos, tal y como tiene que ser.
Mañana vamos a Italia, es mi momento. Tengo inmensas ganas de ir. Hace mucho, demasiado sin ELLOS.

Espero que hayáis pasado una feliz navidad. Un fuerte abrazo.


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20 diciembre 2018

Un post para reflexionar

Anoche tuve un sueño horrible, como siempre todo era muy distinto de la realidad, cosas y tiempos sin orden ni sentido, pero yo era la madre de Leonardo y Orlando como en la vida real. No recuerdo nítidamente los detalles, solo que estaba completamente desquiciada y agotada por los niños. Estaba tan desesperada que llegúe a castigar a Orlando sin necesidad, un castigo malo, del que me arrepentí en seguida porque me di cuenta que le había hecho daño. Me desperté angustiada y fue directa a la habitación para verles. Estaban dormidos y me parecieron a dos angeles. Mirándole pensé en cuán fundamentales son para mí, a pesar de los momentos críticos, ellos son lo más importante de mi vida, son mi vida.

Me acordé entonces de un post que había leído hace tiempo y fui a buscarlo, es la reflexión de una madre (Una mamma green) sobre el inevitable paso del tiempo y la irreversibilidad de los cambios, bajo nuestros ojos, sin que realmente seamos conscientes.

Fue cuando su hijo le pidió cogerle en brazos para mirar una cosa, levantándole se dio cuenta de que le costó un esfuerzo mayor que todas las veces precedentes, entonces fue consciente de que un día, no tan lejano, lo cogería en brazos por última vez y sin saber que habría sido la ultima.

Ser padres es una experiencia tan intensa y completa, como para hacerte perder la perspectiva de las cosas. Escribe. Lo que vivimos es tan grande y laborioso, tan absoluto que parece destinado a durar para siempre. Sin embargo nuestros hijos son bebes por un puñado de semanas, solo “aparentemente” interminables, y crecerán hasta que un día, sin avisar, no podremos cogerlos ya en brazos.

Sigue con una reflexión con la que me veo completamente identificada. Dice:

Me pregunto como se ha extinguido ese tiempo que parece no pasar nunca. De esas tardes lentas y de esas noches sin amanecer, de las continuas miradas al reloj, con intervalos que parecen eternos mientras que solo han pasado diez minutos.

Cuando todo ha pasado solo te quedas con las preguntas: si lo has hecho bien, si hubiera sido mejor gastar menos energía para cosas pocos importantes, si hubieras tenido que ser más libre o más consciente…. De todos modo ya será tarde, ese día ya no serás capaz de coger a tu hijo en brazos, pero a pesar de que te hayas dado cuenta solo a posteriori, podrás mirar atrás y pensar en todas las veces en las que lo has cogido, que te has hecho cargo de su peso a parte del tuyo, podrás mirar atrás con el corazón ligero, sin lamentos.

 

 

 


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17 diciembre 2018

Clásicos Navideños

En mi casa, Papá Noel se pasaba la noche detrás de la luna sacando brillo a los regalos, que sucesivamente entregaba personalmente de casa en casa con su trineo ayudado por los renos.
Pasábamos un buen rato mirando la luna todos juntos, pero sabíamos que teníamos que acostarnos pronto, para que a Papá Noel le diera tiempo de entregar todos los regalos. Nos habían contado que nadie podía verlo, porque si no, la magia se acabaría y por ello se esperaba a que todos los niños estuvieran durmiendo profundamente para empezar las entregas.

Con los años descubrí que la magia se acabaría igualmente, a pesar de no haber visto nunca a Papá Noel, pero que la Navidad seguiría gustándome.
Seguí recibiendo regalos y empecé a hacerlos, dándome cuenta de que es tan satisfactorio dar como recibir. Dejé que la magia algunas veces viviera dentro de la sorpresa, mientras que otra veces pedía mi deseo, sabiendo que mis “Papas Noel” personales me lo regalarían.
Lo que más me gustaba y sigue gustándome de la navidad es que nos reunimos toda la familia, organizamos la comida más caótica del año en casa de mis padres, donde todo está permitido. Es increíble como de una familia de seis miembros llegamos a ser veintiún seres apretados alrededor de dos mesas. La mitad son niños, los cuales todavía creen en Papá Noel y se van cargando en cualquier sitio todos los regalos.
En Navidad he visto la casa de mis padres hacerse pequeña y más pequeña y también he visto explosiones de papeles, guerras de comida, olimpiadas de saltos de sofá y de carreras por el pasillo….
Cualquier familia “normal” escaparía de este circo navideño, pero yo le recomendaría quedarse, para compartir comida rica y chistes, postres idílicos de todos los tipos y risas, vino bueno, sidra y panettone.

En Italiano se dice: Paese che vai, usanza che trovi. Es un proverbio italiano para decir que cada país tiene sus tradiciones. Mi navidad es muy italiana y os voy a comentar mis clásicos navideños.
¿Cuales son los vuestros?

Panettone italiano y Pandoro, que es menos conocido fuera de Italia, pero nos gusta mucho (a mi aun más que el panettone). Mi única ley es que sea de nuestra pastelería, quien lo ha probado sabe el por qué!
No creáis que solo existe un tipo de panettone, hay muchas variantes, entres las cuales está el de chocolate y el de frutos rojos, pero para los más exquisitos, hay panettones recubiertos de chocolate negro o rellenos de crema. Ya os enseñaré por stories….

Decorar la mesa con algo rojo.
Para mi es el color de la navidad por antonomasia, me gusta decorar la mesa con este color mezclado con el verde y elementos naturales.

Sidra El gaitero
La he descubierto cuando estaba embarazada y no podía tomar alcohol, desde entonces nunca falta en mi casa durante el periodo navideño, nos encanta tomarla después de la comida, acompañada con los chocolatines “praliné” de mi pastelería.

Los regalos sorpresa.
Siguen siendo mis preferidos, me gusta que los niños no sepan lo que van a encontrar dentro de los paquetes debajo del árbol de navidad.

El risotto de Bruno.
Bruno es el padre de mi cuñada y pasa el 25 diciembre con nosotros, siempre prepara un risotto espectacular, que se ha convertido en un must de la comida de Navidad.

Un look practico y elegante.
Para comer en casa no me arreglo mucho, pero cuando salimos la noche anterior me gusta ponerme algo especial. Un año fueron unos pendientes con árbol de navidad, este año un traje de terciopelo.

El 24 noche en la calle.
Solíamos salir a tomar algo la noche de la vigilia, por el centro, con los amigos de toda la vida.

La playlist con canciones navideñas.
Nuestra música de fondo durante todo el día.


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10 diciembre 2018

Estos días

Hay días en los que me cuesta poner una secuencia de palabras y seguir escribiendo lo que me falta de la novela, que me cuesta pensar en un contenido para el blog y elegir o, peor aún, hacer una foto, para publicar en Instagram. A pesar de que me encanta hacerlo y que siempre lo hago, hay días en los que no me apetece en absoluto.
En estos días me apetecería disfrutar del sabor de una tostada y un café caliente, los que normalmente trago de pie, mientras tiendo la ropa o preparo el desayuno a los niños.
En estos mismos días me apetecería descansar, leer o ver una peli, aprovechando la siesta de los niños, en lugar de abrir el ordenador con prisas, porque su hora de descanso es para mi el tiempo más preciado para trabajar.
A veces me aguanto el sueño y el dolor de cabeza por agobio, porque tengo pocas horas y mucho que hacer, mientras que me encantaría parar y descubrir que no hacer nada puede curar el dolor y devolver el sueño perdido.
En estos días me apetecería sacar el móvil del bolso solo cuando recibo una llamada de mi hermana o para hacer una foto a los niños mientras se duchan, una que no podré publicar nunca, sin embargo mi empeño profesional me obliga a utilizarlo mucho más.

Amo lo que hago pero hay días en los que me gustaría olvidarme de ello y disfrutar del tiempo que desafortunadamente no me dará otra oportunidad.

Vengo de una familia con la mentalidad excesivamente predispuesta al sacrificio y al trabajo, me atrevería a decir que somos hasta obsesivos, he crecido con valores sanos, pero valorando más el trabajo que la calidad de vida. Cuando he conocido a José y luego viviendo a Madrid, he conocido una visión diferente del vivir. He aprendido a disfrutar de cosas a las que antes no le daba importancia y he podido compaginar con equilibrio trabajo y familia. Esto no quiere decir tiempo libre, ya lo sabéis, pero si, poderme permitir el lujo de estar con mis hijos por la tarde o poder trabajar desde cualquier ciudad y país. He descubierto una calidad de vida que me hace sentir feliz a pesar de “estos días” de los que he hablado y por los cuales he estado poco activa socialmente y virtualmente durante el puente. Estoy en un periodo especialmente intenso entre compromisos y Orlando, que parece empezar una ronda de rabietas, y como guinda del pastel, hemos estados todos malos por turnos.

Espero recuperar la energía necesaria esta nueva semana, para dar el último empujón antes de las vacaciones de navidad.

Voy a intentar preparar algun post sobre recetas que me habéis pedido y puedes que me aníme a unos looks para las fiestas 😉

Os abrazo grande.


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3 diciembre 2018

Ser feliz

Hace unos días mi hermana envió en el chat de grupo de mi familia un discurso pronunciado durante una homilía. Es una reflexión tan profunda e inspiradora que me apetece compartirla con vosotros, especialmente ahora que nos acercamos a la Navidad y parece que estemos más abiertos a meditar sobre nuestras elecciones y forma de vivir, ahora que se están haciendo virales los anuncios que promueven las relaciones y la familia, conscientes de que vivimos en una época virtual más que real y donde estamos más que nunca atrapados en las redes sociales.
Algunos de vosotros probablemente ya la conoceréis, para los otros, buena lectura.

«Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo. Solo tú puedes evitar que ella vaya en decadencia. Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajo sin cansancio, relaciones sin decepciones. Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza. No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos.
No es aprender a tener alegría con los aplausos, sino a tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser víctimas de los problemas y volverse actor de la propia historia. Es atravesar desiertos fuera de sí, más ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos, es saber hablar de sí mismo. Es tener coraje para oír un «no». Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir ‘me equivoqué’. Es tener la osadía para decir ‘perdóname’. Es tener sensibilidad para expresar ‘te necesito’.
Es tener capacidad para decir ‘te amo’. Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz… Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo, pues así serás más apasionado por la vida perfecta. Usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible».

Jorge Mario Bergoglio


Llevo traje de terciopelo y sandalia Zara.


Foto de Jesús Romero Deluque.

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26 noviembre 2018

Hace casi cinco años

La vida hay que aceptarla tal y como se presenta, dejándose llevar por los eventos importantes que determinan nuestro camino.

El día que dejé mi país fue hace casi cinco años, era finales de diciembre, hacía mucho frío y la Navidad iba dejando espacio al año nuevo. Nos habíamos reunido todos en casa de mis padres, donde estaba vivendo desde que me quedé embarazada, mientras José vivía en Berlín. El trato era dar a luz en mi ciudad y luego irnos a Madrid los tres, para crear nuestra nueva familia.
Me levanté más tarde de lo normal, porque había sido otra noche infame, sin sueño y acompañada de lloros continuos.
Leonardo por la noche lloraba sin parar. No había forma de calmarle ni con la teta, por turnos José y yo lo cogíamos en brazos y paseábamos adelante y atrás oscilándole suavemente y mirándonos mutuamente con la expresión perdida de dos padres primerizos. Mi mamá de vez en cuando se acercaba a la habitación y humildemente me ofrecía su ayuda “si me necesitas aquí estoy”.
Solo después de algunos días descubrí que la causa de tanto llorar era debida a que Leonardo no se enganchaba bien al pecho y por ello no comía lo suficiente. Pobrecito, había pensado cuando la matrona me lo comentó, sintiéndome una pésima madre para no haberlo entendido.

Cuando me levanté estaban ya todos despiertos, me sentía desanimada y agobiada porque me daba cuenta de mi inexperiencia como madre y porque ese día me habría ido para siempre. Era la primera vez en todo, hasta entonces no me había separado de mi familia más que un puñado de kilómetros. Mi familia que adoraba, que adoro y que extraño desde entonces.
De camino a la cocina me crucé con mi hermana mayor, me preguntó que tal la noche y luego se puso a llorar “No me lo puedo creer que te vayas”. Me puse a llorar yo también. Nos abrazamos fuerte. Me acuerdo ese momento como si fuera ayer. Nos hicimos una foto con mi hermana pequeña y Leonardo que tenía poco más de un mes. La foto de nuestro grupo de WhatsApp.

No recuerdo como fue el resto de la mañana, pero si la hora de despedirme.

A veces las elecciones se llevan un sendero de tristeza, a pesar de que son fruto de tu voluntad. Yo deseaba crear mi nueva familia pero me dolía dejar a la otra.

Madrid está a solo dos horas de vuelo de Milán, pero lo suficientemente lejos para no poder pasar los domingos todos juntos, para no jugar con mis sobrinos y para no poderme pasar por la pastelería y hacer incursión de dulces, suficientemente lejos para no poder charlar con mi hermana delante de un té caliente o tomar un vino con mi hermano, suficientemente lejos para no aparecer de repente en casa de mis padres y sentarme en el sofá de la cocina para contarle mi día mientras cenan o para ir al mercado del brazo con mi madre. Suficientemente lejos para que no pudieran ver a mi hijo crecer.

A día de hoy no consigo todavía pensar en la despedida sin echarme a llorar. Lloro como he llorado ese día, cuando intenté aguantar y aguantar, hasta que el abrazo de mi sobrino me sacó las lagrimas y me puse a llorar sin dignidad. Lloramos todos, incluso mis tíos y mi abuelo, el único que quedaba y que no pude ir a despedir cuando pasó a mejor vida.

La personas se unen y se separan, así es la vida, también dentro de las familias. Nuestros padres nos traen al mundo y forman un núcleo familiar en el que nos sentimos amados y que amamos, nos educan y luego nos dejan libres, esa libertad nos hace únicos pero asusta. Yo lo estaba. Sentada en el aeropuerto, con mi primer hijo de solo un mes y una maleta más grande que yo, esperando un vuelo que me hubiera llevado a una nueva y desconocida vida, sin recursos a parte de mi pareja que todavía estaba conociendo.
Mi hermana pequeña me había acompañado con su novio, fue a la que le costó más aceptar mi decisión.
“Os saco una foto nos dijo José”, antes de pasar a los controles. Tan difícil ha sido esbozar una sonrisa a las dos, la única forma fue jurarnos que vendría a verme al mes siguiente. Me he quedado mirandola hasta verla pequeña y más pequeña, luego me giré para enseñar mis documentos al policía.

Leonardo sabe cuantas lágrimas han seguido saliendo por mis ojos durante meses, cada vez que le llevaba ante la ventana y le contaba que el cielo sobre nosotros era el mismo que estaba mirando su familia italiana.
Él ha sido mi compañero de aventura, la compañía en mis momentos de soledad y la fuerza necesaria para conquistar paso a paso mi lugar en otro país.
Han pasado casi cinco años desde esas lagrimas, que he sustituido con sonrisas. Tenía treinta y un años. Hoy cumplo treinta y seis.

No cambiaría nada de mi elecciones, el tiempo cura las pequeñas heridas y tengo mucha ganas de ver que hay por delante.


Mi jersey y pantalón son de Indi&Cold. Mis zapatos de Avec Modération. Mis gafas de sol son de CHIMI.


Leonardo lleva jersey y gorro de tinycottons, pantalón de Cos y zapatos Clarks de la edición limitada con Mickey Mouse.


Orlando lleva jersey de Zara y botas de tinycottons.


Nuestras bufandas son de la colección  Made in Catteland cuyo concepto nace de la idea de hacer bufandas de los fans de los muséos de arte.

Fotos de Jesús Romero Deluque

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19 noviembre 2018

La comida italiana de Orlando

Me preguntáis mucho sobre que come Orlando, algunas me decís que os faltan ideas, que estáis un poco perdidas con ese tema. No creáis que yo no, el periodo “tras los purés” es un rollo para la mayoría de las madres, hasta que los niños sean más autónomos y puedan comer de todo.

Orlando afortunadamente es un niño al que le gusta mucho comer, así que me he ahorrado algunas fatigas, aunque para las que vivís eternas luchas con los peques para que coman, mi opinión es que no hay que desesperarse. La tendencia al terrorismo psicológico que todavía existe acerca el tema comida, por mi aviso es exagerado. Siempre han existido personas que aman la comida y otras a las que le da igual…..

Orlando ha pasado de los purés a los trozos sin problemas, es más, lo buscaba. Su curiosidad le ha estimulado a la hora de probar nuevas cosas. Al contrario que con Leonardo, no he pasado por el miedo de que se atragantara y he vivido este pasaje con más naturalidad y tranquilidad, me ha ayudado mucho ver a bebes que ya desde los primeros meses de vida comían en trozos y además noté la predisposición de Orlando a manejar la comida.

En mi casa se come al estilo italiano. Algunos de las recetas que preparo, aquí suenan bastante extrañas, mientras que en Italia son típicas. Un ejemplo es la pasta (o en alternativa) los arroces, con legumbres. Una receta que para mi es súper nutrientes y además completa (no hace falta segundo plato;).
La pasta para esta receta es mejor que sea pequeña, por ejemplo tiburones, porque se suele comer con cuchara.
Mis hijos adoran la pasta con judías (las pequeñas blancas, que en italiano se llaman cannellini) y la pasta con garbanzos.
Para ambas la preparación es súper sencilla, se preparan las dos cosas por separado y luego se mezclan. La pasta dejarla como ultima cosa, porque si lleva tiempo preparada se seca. Los legumbres suelo saltearlos con poco aceite extra virgen, ajo y un poco tomate fresco y le añado algunas especias como romero o perejil. Dejar que mantengan la textura cremosa.
Otra pasta muy rica y que a mis peques le gusta es con guisantes y ricotta (receta siciliana).

La forma más sencilla para que coman la verdura a parte en las cremas, son los arroces.
Mis hijos están acostumbrados a comer risotto con cualquier verdura y os aseguro que lo comen hasta con espárragos! (los verdes) y con espinacas.
Las recetas más típicas son con: espárragos, calabaza, setas, calabacines, guisantes, azafrán. Pero voy cambiando sobre todo según la temporada.
Con el risotto consigo que coman cualquier verdura y también la fruta en ciertos casos. Buenísimos con peras y gorgonzola, manzana y romero y en verano al limón y de naranja.

El huevo no le gusta mucho a Orlando, consigo dárselo bajo forma de tortilla bien disfrazada. Con muchas patatas, con espinacas o con calabacín.

El punto débil para mis hijos y creo la mayoría de los niños es la familia coliflor, que Leonardo acepta sin quejarse, sin embargo Orlando siempre que se la propongo algo de eso, me la tira jajajja.
Normalmente le preparo las coliflores y los coles de Bruselas gratinadas al horno, con bechamel biológica de arroz y queso parmigiano rallado, mientras que los brócolis los hago con la pasta o en crema. A veces Leonardo lo comes salteados también.

A mi personalmente toda la verdura me encanta lo más sencilla posible, al horno, en parilla o cruda, sin embargo para los niños y José, tengo que elaborarla un poco.
Por ejemplo le preparo el timbal de patatas y espinacas o la parmigiana de berenjena no freídas o en alternativa de calabacín.
No suelen comer verdura cruda todavía, a parte el tomate que les encanta, así que si consigo una buena mozzarella, le preparo la caprese.

Todo lo que preparo es muy sencillo y no requiere mucho tiempo por la preparación, cuando nos apetece algo especial salimos a comer, a Leonardo le gusta bastante comer al japonés y también le gustan los tacos.

Si necesitáis las recetas más detalladas, escribidme y os la iré preparando.


Fotos de Lea Farren (archivo).

Un beso!!


11 ComentariosEnviado por: lcaldarola

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