Mamma Mía

16 septiembre 2019

Mood: Lunes

Septiembre se me está haciendo súper corto, la despedida de las vacaciones han sido caóticas, entre la vuelta al cole y la rutina que ha cogido rápidamente ritmo.
En una semana nos iremos a Korea, donde terminaremos el mes, a la vuelta ya estaremos en Octubre.
Siento como si se hubiera acabado la bella temporada y las castañas asadas estuvieran detrás de la esquina, cómplice seguro ha sido la lluvia de estos días.
Empecé a escribir sobre dos temas, aunque ninguno de los dos tenía ganas de despegar, y pensé que lo mejor hubiera sido inspiraros.
Feliz lunes <3


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Feliz lunes.


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9 septiembre 2019

Diálogo entre tu amiga soltera y tú a la vuelta de las vacaciones.

Salía disparada del supermercado, con los pantalones del pijama y una camiseta que había manchado poco antes, mientras le hacía un pecaminoso bocadillo de Nutella a mi hijo… ¡ Con pan de molde! Algo por lo que podría acabar en la lista negra de las madres imprudentes.
Agradecí al cielo por haberme acordado de la bolsa de tela y así salvarme por lo menos en las apariencias, dos culpables bolsas de plástico colgando de mis brazos me hubieran hecho sentir aun más inadecuada.
Con aire sigilosa y marchando a pasos agigantados cruzaba la calle, cuando ella me reconoció.
– ¡Hola guapa!
Obviamente no me giré, jamás pensaría que alguien se atrevería a llamarme guapa con esta pinta miserable.
En seguida scuché mi nombre soltado en el aire y la vi. Mi amiga Serena, rubia, morena de piel, arreglada y con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¡Hola Serena! (En su caso el nombre le correspondía por naturaleza real)
– Cuanto tiempo….
– Si, he estado viajando todo el verano, acabo de bajarme del avión de hecho y estoy volviendo a casa, tengo mucha ganas de meterme en la cama!
Intento recordar si antes de ser madre solía viajar en avión vestida como si estuviera saliendo a cenar…. Pero por mucho que me esfuerce, no me acuerdo, estos últimos años han cancelado cada traza y recuerdo de mi “Belle Époque”.
Que maravilla poderte meter en la cama y no hacer nada durante el resto del día…. Mi cerebro se convirtió sin querer en una cadena de pensamientos insalubres que se detuvieron al instante cuando Serena me preguntó:
– ¿Qué tal tus vacaciones?
Entonces rebobiné mentalmente mi verano, intentando placar los pequeños músculos de mi cara que se contraían debajo de la piel, obligándome a una mueca poco natural, y escupí un “Bien. Gracias”.
El sendero silencioso de mis palabras sonó a: es una mentira y tuve que corregir mi postura añadiendo más detalles a mi respuesta.
– He estado con los niños…. veinticuatros horas de veinticuatro y me he dado cuenta de que no son suficientes para hacer una sola cosa para mi…. Se me escapa una risa aguda y un poco histérica.
– También hemos estado en la playa. Ha sido divertido hacer miles de castillos de arena. Me he hecho una experta!
Jajajaja Serena ríe.
– No estás tan morena ¿has vuelto hace mucho?
– No, llevamos pocos días en la ciudad, pero con los niños bajo a la playa cuando el sol no está fuerte….
– Entiendo. Además el moreno antes o después se va, en unos meses estaré igual que tú. ¿Los niños que tal?
– Bien. Con ganas de que empiece el cole…. Bueno, yo. Ellos no, les encanta pasar el día poniendo patas arriba la casa, es asombroso como en SOLO dos meses de vacaciones pierden por completo todas las buenas costumbres y se convierten en verdaderos salvajes. Aunque supongo que necesitan salirse un poco de la rutina, por lo menos durante las vacaciones.
– ¿¡Claro, quien no se sale de la rutina durante las vacaciones?! De hecho mi cuerpo necesita retomar los hábitos de todo el año, no puedo aguantar más así. (Se le escapa un risa cómplice).
– Ya, yo tampoco puedo aguantar más así…. (y sé que se me nota, mi aspecto grita socorro a los cuatros vientos).
– Por lo menos tú tienes a tu marido, dile que te haga un masaje esta noche para relajarte….
(Mmmm… si, seguro que le apetece un montón darme un masaje una vez que los niños se hayan dormido….. sobre la medianoche).  -Tienes razón Serena, me has dado una idea brillante.
– ¿Y tu que planes tienes?
– ¿Esta noche o en general?
– Bueno, ambas cosas….
– Esta noche he quedado con un chico, empezamos a vernos antes de las vacaciones pero ya sabes, durante los viajes se encuentran muchas personas interesantes…..
( Recuerdo algunos de los niños que contribuyeron en la construcción de los castillos de arena….)
… Pero ahora tengo curiosidad de ver si todavía me gusta. Me apetece quedar con él.
– Suena casi mejor plan que mi masaje. Finjo una sonrisa. Bueno ahora te dejo porque tengo que irme a cambiar rápida para ir al fisioterapeuta, tengo un lumbago tremendo por cargar a mi hijo pequeño todo el rato. No sabe nadar todavía y no quiere ponerse los manguitos, así que me toca sujetarlo…. ¡Por lo menos entreno bíceps!
Le regalo mi mejor sonrisa y me sumerjo en su perfume mientras me despido con dos besos en la mejilla.
– Ha sido una alegría verte, estas muy guapa, añado.
– Gracias guapa. Nos vemos.
Serena cruza la calle con elegancia, su vestido flota en el viento como una medusa que avanza cauta.
Giro la llave en la cerradura del portal, que empujo con mi trasero mientras arrastro la compra hacía dentro.
Me doy un vistazo fugaz en el espejo de la entrada y se me escapa una risa. Tengo la pinta de una fugitiva. Y así es como me siento muchos días, sin embargo, al contrario que yo, los fugitivos no sienten la necesidad de volver de donde han huido.
En el ascensor oigo los chillidos de los niños. Espero que en casa esté todo bajo control, había dicho que tardaba solo cinco minutos y llevo diez…. Podría ser el fin del mundo ahí arriba.

 


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2 septiembre 2019

Los hijos no te avisan.

Os comparto este texto que me ha rozado el corazón. De una madre que leo de vez en cuando, porque es inspiradora, genuina, real, sentimental como me siento yo. (Una mamma Green)

 

Los hijos no te avisan.

No te dan señales de los incipientes cambios, no mandan preavisos ni alertas que permitan prepararte, de algún modo. Los hijos, simplemente, crecen. Y lo hacen a veces con epifanías imprevistas, con rasgaduras bruscas y saltos extemporáneos.
Un día vienen a enfilarse en tu cama en plena noche, al día siguiente paran de hacerlo para siempre (o por lo menos por algún decenio). Y tu tal vez ni te das cuenta, en ese momento. Tomas nota con satisfacción de la noche de sueño ininterrumpido, ignorando que la que habías presenciado el día anterior, sin tener la mínima conciencia, era la celebración de una de vuestras ultimas veces.
Los hijos no te avisan antes, cuando dejan de necesitarte por algo que hasta entonces te había hecho indispensable para ellos. No te comunican que será justo aquello, la última tarde en la que te pedirán jugar con ellos. No te conceden el lujo de aprovechar esa última vez, de disfrutarla con conciencia, de abstenerte, quizás, del pensar en cuan irrelevante son tus ganas de estar ahí a distribuir cartas y tirar dados.
Tal vez es justo esto, lo bonito, a pensarlo bien.

Los hijos son como la vida, que no te avisa antes de las flagelaciones ni de las satisfacciones en camino. Son la personificación de lo imprevisible, de la sorpresa, del equilibrio inestable (que no necesariamente debe significar lábil o precario). Son la advertencia cotidiana de vivir cada día como si fuera el último, porque de alguna manera es siempre así, con ellos: mañana serán diferentes de lo que han sido hoy, aunque nadie te avisa del cambio en el acto.

 


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26 agosto 2019

Hubo un tiempo.

Coincidieron varios hechos que me hicieron reflexionar, uno fue los incendios empeñados en devastar parte de nuestro patrimonio terrestre, otro es la consecuente difusión en redes sociales de imágenes y fotos con texto animando a rescatar solidaridad, aunque en muchos casos sin interés real y repostando material que no pertenecía correctamente a la noticia aunque lo pareciera. Otro fue el documental “El gran hackeo” en Netflix ,que os animo a ver para ser más conscientes del mundo en el que nos estamos encarcelando.
Las reflexiones no me llevaran a una revelación, no busco respuestas ni me hago preguntas, solo intento sobrevivir al soborno tecnológico del cual soy victima junto a vosotros.

Escribí algunas notas en mi móvil:

Ayer fue Gran Canaria, hoy es Amazonia, mañana será otro incendio, otro terremoto, otra catástrofe que nos dejará una vez más atónitos, pero sobre todo víctimas de nuestra propia indecencia.
El mundo se está enfermando a medida de que la humanidad se hace más inhumana.
En mi humilde opinión parte de la culpa la tiene el exceso de información mediática hipócrita y engañosa.
Hubo un tiempo en el que las personas vivían en una “gloriosa ignorancia” y la falta de comunicación global hacía que cada uno procurase “cuidar de su propia huerta”, se centraba en lo que estaba a su alcance y de esta manera su obra era proporcional a sus posibilidades y de consecuencia más efectiva. Al menos eso creo yo.
Hoy en día estamos constantemente bombardeados de información, sin darnos cuenta del poder que conlleva este medio y que si utilizado con fines inapropiados, como suele ser, puede, o mejor dicho es una verdadera arma destructora y nefasta, que alimenta los sentimientos negativos generando miedo, depravación, hasta odio. Y a cambio ofrece refugio en falsos mitos, propagandas engañosas, promesas sin fundamentos, ilusiones de algo mejor, muy lejano de la naturaleza humana y su verdad (felicidad y amor). Más bien se centra en una única filosofía autodestructiva que mira a dividir. Y se infiltra como veneno en las grietas de las debilidades humanas, haciéndonos más vulnerables e implacables, hasta devastar a la Tierra, nuestro bien más preciado y que desafortunadamente nos hemos permitido maltratar durante mucho tiempo, con la arrogancia de quien posee algo, mientras que la tierra es un don.

Quieren apropiarse de nuestra identidad y manipularnos a través de ella, sin embargo nadie puede llegar a nuestro interior, allí donde custodiamos nuestro mayor recurso, lo que no se puede remplazar con las maquinas y que nos mantiene vivos, el amor. Y hay una sola forma de poseerlo, amando.
Seamos conscientes de los hechos pero no seamos portadores de sus malvadas intenciones.


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22 agosto 2019

Volver

El sábado pasado volvimos de nuestras vacaciones. Madrid nos esperó más sola que nunca y con un inesperado aire fresco. Al contrario de muchos otros, a mi las ciudades vacías me provocan mucha nostalgia y una pizca de tristeza, las veo iguales pero sin vida, también sin trafico es cierto, pero eso me afecta menos a los sentimientos.
Me mudé de mi ciudad nativa, de poco más de 100k habitantes y con las facciones casi perfectas de la mini ciudad o grandes pueblos según los gustos, principalmente por esta misma razón; me gusta el caos de las grandes ciudades, las tiendas siempre abiertas, la gente vagabundeando a todas horas, los bares y restaurantes animados y la sensación de no estar nunca sola.
De eso se trata en mi caso, de soledad. Estoy atraída por la naturaleza, me encanta poder escaparme durante un periodo y degustar su grandeza y calma, sentirme participe de un universo mágico, sentir la vida más que nunca, verla con mis ojos en las olas del mar, en los arboles que me cubren del sol caliente, en los animales libres, en las rocas, en cada estrella que brilla, en los colores del atardecer …. La naturaleza es la vida por antonomasia, pero llega un momento en el que me siento perdida en su inmensidad, me siento acuñada por la Madre Tierra y añoro a la mía, en carne y hueso. Con el paso de los días me siento rara, un poco ansiosa y finalmente sola. Entonces necesito sumergirme otra vez dentro de la caótica vida de ciudad.
Tardé poco más de media hora en deshacer las maletas, con el tiempo me estoy volviendo más minimalista y siguen sobrándome cosas, los hijos me han ayudado a desarrollar mi parte práctica, de la cual carecía.
Después me fui al supermercado, porque las tiendas estaban todas cerradas, a por una abundante compra.
Al día siguiente mi vida parecía haber tomado semejanzas con la anterior a las vacaciones, a excepción de que Leonardo no volvió con nosotros, prolongó sus vacaciones en casa de los abuelos y llegará en unos días. Me siento afortunada por la soltura que tiene al desapegarse de nosotros y su resiliencia en general, se que en el futuro este aspecto le ayudará. Me pregunto si es fruto de la educación recibida en casa, o si es simplemente carácter, o una mezcla de las dos cosas. Se despidió con un beso en la mejilla a cada uno y un abrazo tímido y espontáneo a su hermano. Se me encogió el corazón y guardando a un lado la practicidad de la cosa, me sentí haber dejado la mitad de mi misma.
No es fácil explicar los sentimientos que pruebo al separarme de uno de mis hijos, porque es una emoción ancestral y que no tiene lógica en el presente, pero está conectado a la esfera de los miedos, a la parte irracional del ser, la separación es total también cuando hay una reunión.
Sin embargo hay una persona de pequeño tamaño que está disfrutando de este sitio vacante, Orlando está aprovechando las ventajas de hijo único, que como segundo no le han tocado.
Hasta el final de Agosto permanecerá un aire de vacaciones disperso en la ciudad, como el pasaje desde el fin al comienzo, como el pasillo tapizados de recuerdos, que te conduce a una nueva etapa. Ya lo he dicho varias veces, para mi septiembre es el verdadero comienzo, es el ilegitimo año nuevo, cuando todo vuelve a la casilla de inicio y donde nuevos retos y nuevas apuestas están encima de la mesa.

Tengo la sensación de que mi vida tiene un alma nómada y me gusta porque pone sus raíces en la esfera emocional en lugar que en la tierra. En lugar que atarme me proporciona la capacidad de sentir, en el bien y en el mal y gracias a su forma de ser descubro la mía.
Así que una vez más estoy abierta a la extravagancia de la vida y a sus sorpresas. Cada septiembre puede ser el comienzo de una nueva historia.

Gandhi


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16 agosto 2019

El primer hijo

El primer hijo es como el primer amor, nunca se olvida. Aunque los que vienen después no son menos importantes, menos excitantes o menos dignos de mención.

El primer amor es la primera vez por antonomasia, cuando caminas de puntillas en la incertidumbre, equiparada de un coraje inconsciente y la curiosidad por descubrir “qué es”. Una “búsqueda del tesoro” con el premio anhelado más que cualquier otro.

La primera vez es la conquista de una nueva meta, la bandera clavada en una tierra desconocida, el salto al vacío, la risa interior que te hace sonreír cada vez que piensas en ella, la primera vez.

La primera vez en la que te transformas físicamente para acoger a tu gran amor. Día tras día y durante meses, construyes las piezas de un nido seguro y cálido, sacrificando tu “belleza”, sobreponiéndote a un esfuerzo que dejará su huella en el mapa de tu cuerpo y que, como los tatuajes de los enamorados, cada vez que las mires te recordarán a tu amor.

El primer hijo es la versión mejorada de las mariposas en el estomago cuando esperas a tu cita. Son burbujas que se mueven dentro de tu tripa y te dan ganas de acariciarte el vientre, segura que la caricia llegará a tu amor. Por la noche te hace cosquillas, a medida que pasan los meses te despiertan y te quedas fantaseando sobre su aspecto.
Cada día que pasa es diferente del otro a pesar de la semejanza, porque sabes que no durará eternamente y tus sentidos están más vulnerables que nunca.

La espera antes del encuentro es como la orilla, donde el mar besa la arena, a ratos la devora, a ratos a penas la roza.

El primer hijo reúne todos los sentimientos. Es una sopa de contradicciones que te deja exhausta físicamente y mentalmente, es el descubrimiento de un amor creciente cuando crees que se va a estallar, es la superación de ti misma.

Es cuando aprendes a ser madre.
Y lloras las lagrimas de otro.
Y no te cansa de contemplarle.
Y antes de ojos y orejas, sientes y ves con el corazón.
Y te sientes desbordar de emociones, más viva que nunca.

Con cada hijo que tengas sentirás lo mismo, sin embargo la primera vez habrá escavado y luego aplanado el camino, será la línea que te guía, el almacén de sabiduría donde acceder las sucesivas veces. El capitulo de tu vida que se llamará mamá.

 

 


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12 agosto 2019

Cerdeña 2019

Son casi las ocho de la mañana, debería ponerme a hacer mis ejercicios, como he hecho durante dos semanas cada día a las siete en punto, en el pórtico de nuestra casa en la costa sureste de Cerdeña, pero llevo unos días parada y creo que me voy a tomar un descanso largo hasta la vuelta a Madrid y su rutina, a finales de mes. La fuerza de voluntad ya no es la misma que antes y sobre todo el tiempo libre de los niños es un puñado de minutos que tengo que aprovechar. Esta mañana cuando el despertador me ha dado los buenos días, he cogido el móvil y he empezado a escribir el próximo post.

Es nuestra tercera y última semana en Cerdeña, el viernes es nuestro último día y como me enseñaron a hacer de pequeña, le daremos las gracias al mar por habernos bañado, a la arena por habernos permitido hacer castillos, a la naturaleza por habernos acogido. Después nos iremos en un avión directos a Madrid. Una parada de un par de días antes de proseguir nuestras vacaciones en Tenerife.
Más que nunca, durante las vacaciones noto el tiempo dejado a mi espalda, será por el recuerdo de las vacaciones con mis amigos que me baña la mente mientras miro a un grupo de chicos montar la red de Beach volley. Hace años era yo la chica que iba con el traje de baño blanco y el pelo brillante y despeinado al viento. Sonrío. Quién hubiera imaginado como mi vida evolucionaría tanto, como los días en la playa se convertirían en un momento tan diferente del de entonces.

Cerdeña es un lugar ideal también para ir con la familia, las playas son fácilmente accesibles, el mar es cristalino y poco frío. Leonardo y Orlando no salen del agua y en los días con olas les he visto reírse como nunca.
Desde que soy madre, mis vacaciones son un reencuentro con mi familia nativa y con la vida de playa, y nos asalvajamos lo necesario para desintoxicarnos de la cuidad y volver a extrañarla.
Ahora las mismas ganas que tengo de irme son las que tengo de volver.
Antes no era así, sufría la vuelta a la “realidad” y recuerdo que mi mamá me decía: “si no terminan las vacaciones no llegarán las próximas”.
En mis recuerdos las vacaciones tienen un lugar especial, ojalá suceda lo mismo para mis hijos.


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1 agosto 2019

He conocido a alguien ( 3 y última parte)

La mañana está nublada, abro las ventanas y me dejo acariciar por la brisa matutina que sopla suavemente sobre mi piel. He soñado con Ricardo… me lo podía esperar.
Paso de mirar el móvil porque la mañana es el momento más caótico del día, tengo menos de una hora para vestir a los niños (normalmente Leonardo se viste solo, pero por la mañana está algo vago), vestirme yo, preparar el desayuno, las mochilas y salir de casa disparados. Parece que hay tiempo de sobra y lo sería si no fuera porque cada día tenemos un imprevisto o una rabieta con la que lidiar.
Desde que he abierto un ojo, he hecho todas las tareas mecánicamente, sin concentrarme en lo que hacía, no puedo parar de pensar en el mensaje de anoche, la mujer disfrazada de bruja…. ¿A que se refiere?
Los niños van chisporroteando cosas pero no les hago mucho caso, corto cualquier tipo de conversación con un “vale cariño”.
Orlando es el primero que dejo, me despido con un abrazo fuerte, Leonardo hace lo mismo.
“Adiós mamá, adiós Leolalo” nos saluda.
Dejo a Leonardo en la puerta de metal abierta y le sigo con la mirada mientras cruza el patío rodeado de vegetación y llega a la puerta del polideportivo. Parece tan pequeño, se me abre una brecha en el corazón. Ha crecido rápido y al lado de su hermano parece más mayor, sin embargo cuando está solo, con su mochila de mayor, siento que todavía es mi pequeño.
Recojo un paquete en el portal y subo a casa, es mi momento para desayunar, me preparo el segundo café y una tostada integral de mantequilla y mermelada de fresas. Necesito ponerme al día con mis cosas: mails, mensajes, redes sociales, ayer etuve distraída y se me pasó. Me esfuerzo por hacerlo antes de mirar el móvil de Julia. Tardo un par de horas, en las cuales he recurrido a un tercer café. Me decepciona un montón ver que no hay nuevos mensajes y que la carga ya está por la mitad….
“Se va a apagar el móvil sin que haya resuelto el misterio y sin que haya encontrado a Julia”. José me diría que como siempre soy pesimista, creo que tiene razón, pero la cosa no pinta bien, en un día nadie ha llamado, ni siquiera Ricardo, que es el único que escribe por aquí. 
Justo ahora llega un mensaje.

Ricardo: Te vi disparada con la moto debajo de mi casa, estabas con Camilla, agarrada fuerte a tu cintura ¿Sabes que no puede llevarla en esa categoría de moto verdad? (emoticono con mono que se cubre los ojos)

Ricardo: Veo que lees los mensajes pero no contestas a ninguno, no sé qué pensar, a ratos creo que Carlos ha descubierto el móvil y está leyendo todos los mensajes, pero si así fuera me hubieras avisado para no escribirte más. ¿No?

Ricardo: Hola Carlos ¿eres tu?

¡¡ Entonces Julia tiene una Cami y un Carlos…. Y un Ricardo… !!

Ricardo: Julia contestame, dime que eres tú, solo eso.

¿¿¿Por que no llama??? Es lo que no entiendo…
Necesitaría otro café, pero opto por una elección más sana y me exprimo dos naranjas.

Durante el resto de la mañana no llegan más mensajes. Sigo trabajando en mis cosas, aunque me cuesta concentrarme, mi mente está organizando varías opciones de la relación entre Julia y Ricardo. Me gustaría ver como es Julia.
Empiezo a buscar por internet si hay alguna forma de desbloquear un móvil con pin…. Me parece todo complicado, no está a mi “alcance informático”… Se me ocurre escribir a un amigo que probablemente me puede iluminar. Tengo como máximo un día más antes de que se apague el teléfono y diga adiós.

Mi amigo me contesta y me dice que debería verlo, porque si hay ”cierta” cosa se puede si no, no…. Para mi es como escuchar a un chino… Me dice de acercarme por la tarde a su casa.
Por la tarde estoy con los niños y mi amigo vive lejos del centro, no se si vale la pena, para que… ¡por mera curiosidad!
Le contesto que lo voy viendo sobre la marcha.

Por la tarde recibo otro mensaje de Ricardo: Creo que deberíamos vernos, esta relación con tu móvil no me está gustando y la otra noche ha sido todo muy raro.

Estoy de acuerdo con él, creo que Julia le debe una explicación. Julia misteriosa que pierde el teléfono y no lo busca, deja a su amante que se desespere sin ella y cree en las brujas….
Las brujas no existen, pero tiene pinta de que Julia cree bastante en el destino o así me huele a mi porque yo también soy de este “rango” y creo que si no busca el móvil después de un día de haberlo perdido, es porque no quiere encontrarlo.
Qué será lo que le ha dicho esa bruja….

Ricardo: ¿Mañana podemos vernos en el parque del oeste, en la entrada de Moncloa a las 19.30? Te estaré esperando hasta las 20.00 si no has llegado me iré y ya no te buscaré más. Me puedes avisar si prefieres otro plan, mi numero lo tienes.

De repente me doy cuenta de que es cierto, Julia tiene otro teléfono y conoce el numero de Ricardo, si no se ha puesto en contacto con él es porque no quiere. Y Ricardo solo tiene este numero. Todo se me aclara: Julia quiere romper con Ricardo, o ha roto, sin embargo él no lo acepta.
No sé qué hacer. Tengo dos posibles opciones: la primera es ir mañana en lugar de Julia y contarle a Ricardo que Julia ha perdido el móvil, la segunda opción es olvidarme del asunto y dejar que el destino elija. Es cierto que el destino me ha hecho encontrar el móvil, así que me considero un medio con el que está actuando. La elección está en mis manos. Tengo un día por pensarlo.
La tarde se hace muy densa y no me da tiempo de ir hasta la casa de mi amigo. Da igual, no tengo derecho a ser tan cotilla. Durante la noche el móvil se apaga en su soledad.
Me siento como cuando terminas un libro que te gusta mucho…. Necesito olvidar a Julia y Ricardo, a menos que opte por ir a la cita de la tarde.
Durante el día me cuesta concentrarme en mis cosas, escribo y tiro cuatro hojas con pros y contras de aparecer en la cita, pero no me sirve. Me quedo dudando y cambiando de idea miles de veces hasta las 19.00h cuando tomo una decisión.
Cambio mi look de deporte por unos shorts vaqueros y una camiseta blanca y salgo de casa. Cuando llego al destino aparco y me quedo esperando dentro del coche, he llegado cinco minutos antes de la hora indicada. Me gustaría tener a alguien con quien hablar para engañar la espera, estoy inesperadamente nerviosa. Ricardo llega puntual como un reloj suizo, lo reconozco por la foto. Cumple con mis expectativas, es muy atractivo, lleva unas bermudas con camiseta y sandalias. Siempre me han gustado los chicos con sandalias. Se sienta en un banco con los brazos largos apoyados en las rodillas y la espalda ligeramente encorvada, típica postura de “ los altos”, mira el móvil y luego vuelve a levantar la mirada en busca de Julia. Sin embargo me ve a mi. Estoy de pie al lado de mi coche, no me he acercado a él todavía y no me esperaba que su mirada me captara de lejos. En lugar de aprovechar la señal para ir a hablarle, disimulo cogiendo mi móvil y haciendo como si recibo una llamada.
Ricardo vuelve a su postura anterior, su belleza vigorosa se hace más dulce con el paso de los minutos, percibo la tristeza de un amor perdido en su cara cada vez que la levanta en busca de Julia. Pero ella no llega, Julia ha decidido dejar su historia de amor al borde de una acera, junto a su móvil. Tal vez ha decidido creer en una bruja como escribió Ricardo en un mensaje, esto nunca lo descubrirá Ricardo, porque a partir de las 20.00 h él también pondrá la palabra fin en su historia. Todo se quedará en un recuerdo romántico y único, y eso nadie se lo quitará.
Se me ponen los ojos llorosos, no hubiera imaginado sentirme tan cerca de un desconocido y percibir su dolor ahora mismo, con solo mirarle. Pongo en marcha el coche y vuelvo a casa. Desde el espejo retrovisor veo la silueta de Ricardo hacerse pequeña hasta desaparecer de mi perspectiva. Tal vez un día te encontraré en otra circunstancia y me contarás de una chica llamada Julia que desapareció de tu vida sin decirte nada.
Doy una vuelta más larga, hay gente que está corriendo en el centro polideportivo. Salgo del coche que he dejado tirado al lado de la carretera y pongo el móvil de Julia donde lo encontré. Es un móvil apagado, no he podido devolvérselo a su dueña, a lo mejor vendrá ella a buscarlo. Sonrió mientras aparco en el garaje.
Los niños me están esperando para cenar. Hoy pasta!


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25 julio 2019

He conocido a alguien (segunda parte)

Salimos de casa con un poco de retraso, el móvil que hemos encontrado sigue en mi bolso, sin llamadas perdida.
Con las prisas, el calor pierde cada aspecto poético y se queda en la insoportable falta de aire, de la cual nuestro cuerpo se defiende sudando a lo loco. Si hubiera un solo hilo de aire, se llevaría mi sudor, dejándome más presentable, mientras que parece estar en una sauna al aire libre y aunque me pase la mano sobre la frente, siguen formándose gotas de agua salada por toda mi piel. Leonardo, que brinca a mi lado como una ágil gacela, parece llevarlo mejor. Cuando Orlando nos ve, se pone a chillar de felicidad, luego me dice “brazos” y empieza a treparme hasta colocarse cómodamente entre mis brazos.
Nuestro plan es volver a casa lo más rápido posible y refugiarnos del calor irresponsable. Percibo una vibración en el bolso, acompañada por un sonido desconocido, no es una llamada entrante porque dura un segundo, pero estoy segura de que es ese móvil. Con Orlando en brazos no puedo cogerlo, decido esperar a llegar a casa y mirar.

Ricardo: Han pasado pocas horas desde que te has ido y me parece una eternidad.

Sonrió leyendo el mensaje, supongo que será su novio. No debería leer los mensaje, es violación de la privacidad me reprocho.
El teléfono vuelve a sonar.

Ricardo: No voy a soportar no volver a verte Julia.

Entiendo que el dueño del móvil es una chica de nombre Julia y que ha roto con su novio o se ha ido de vacaciones.
¿Y si ha perdido el móvil justo antes de montarse en un taxi con dirección al aeropuerto? Nunca va a leer los mensajes de Ricardo….
¡Que mala suerte! Ojalá que llame….. llamará.

El aire acondicionado nos da un poco de respiro, no me gusta tenerlo encendido, pero desde la ventana entran bofetadas de calor que queman a distancia, es todavía pronto para salir a la calle.
“¿Os apetece un helado?”
Pregunto a los niños, sabiendo ya cual será la respuesta. Pero el hecho de preguntárselo lo hace parecer como un regalo.
¡Lo quieren! Al rato parezco la dueña de dos perritos con una “galleta de portarse bien” en la mano, Leonardo y Orlando se me agarran a las piernas, solo les falta menear la cola. Me doy cuenta de que los polos que hicimos el otro día han volado y solo quedan los helados de sirope de fruta del supermercado. Que más da… distribuyo uno cada uno.
Nos sentamos en la mesa con los helados y un puzzle que probablemente no acabaremos. Con Orlando no acabamos nada que no sea comida.

Escucho sonar el móvil otra vez. Me extraña mucho que todavía nadie haya llamado, ni si quieras la dueña con el teléfono de otra persona, o un amigo…. Me levanto para mirar.

Cami: Mamá te he llamado al móvil pero lo tienes apagado, me quedo en casa de Lara, ¿me vienes a buscar a las siete?

Estoy algo confundida, entonces la dueña del teléfono tiene una hija: Cami, será ¿Camilla? Me pongo nerviosa pensando que Julia no leerá este mensaje… Pero tiene otro teléfono, por lo que entiendo, aunque está apagado…..
¿Que hace una madre con dos teléfonos, uno apagado y el otro perdido? Descarto mi hipótesis sobre el viaje, no se ha ido, solo ha perdido el móvil y no se ha dado cuenta, al tener dos puede pasar.

Durante el resto de la tarde no llegan más mensajes, ni llamadas. Hemos salido a pasear y vuelto a casa, he duchado a los niños y mientras juegan con la casita me pongo con la cena. El reloj marca las ocho en punto, me pregunto si alguien ha ido a buscar a Cami, lo más probable es que Julia haya encendido el otro teléfono, haya devuelto la llamada a su hija y haya ido a buscarla. Sin embargo sigo sin entender porque nadie llama a este numero. Miro preocupada el nivel de carga del teléfono, porque una vez que se apague no habrá posibilidad de devolverlo. Está casi al cien por cien, tengo por lo menos un día más.
Leonardo cuenta a su padre que hemos encontrado un móvil en la calle, pero no es un asunto que a José parezca interesarle mucho y yo no tengo pensado contarle nada.
Antes de acostarme recibo un nuevo mensaje de Ricardo.

Ricardo: Daría cualquier cosa para tenerte aquí conmigo. Porque hemos dejado que una mujer disfrazada de bruja se pusiera en nuestras vidas. ¿Porque la dejaste?
Te quiero.
Justos con el mensaje llega una foto.
Me recompongo y miro la foto con atención, Ricardo supera por mucho mis expectativas. Desde el formato tres cuartos, percibo un cuerpo atlético y fuerte. Tiene el pelo moreno y medio largo, está tumbado con un brazo apoyado en la frente, la expresión triste y la mirada audaz, tan intensa como para hacerme sentir deseada.
“Julia desde luego tonta no me pareces”. Susurro.
“¿Que?” Murmura José moribundo de sueño, levanta la cabeza y me hecha un vistazo, antes de girarse para el otro lado y colapsar otra vez en un sueño profundo.

Que pena no poderte dar la buenas noches querido Ricardo…. ¡¿Por qué no llamas y te cuanto todo?!…. Mis pensamientos mezclan pena y curiosidad, tanto que me cuesta coger el sueño.

(continua)


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21 julio 2019

He conocido a alguien (1 parte)

Estoy a punto de volar al sur de Cerdeña, donde parece que no tendré mucha conexión a internet…. así que aprovecharé para tomar un descanso  parcial de las redes sociales, seguiré publicando pero con menos frecuencia.
Como os dije por stories he empezado a escribir una historia que voy a publicar aquí en dos o tres post, una lectura para el verano.
Aquí empieza pero no termina… (Espero que os guste este formato veraniego del blog 🙂
Os mando un beso muy grande y os deseo felices vacaciones.

HE CONOCIDO A ALGUIEN.

Hace un calor sofocante, doy las gracias por el clima seco de Madrid porque si no mi tensión estaría por debajo de mis pies, a pesar de todos los cafés que me tomo. Cada vez que cojo a Orlando en brazos nuestro estrato superficial de la piel se queda pegado, el sudor crea atrito, somos la tirita y su papelito. El sol cociente me seca el sudor que me moja cara y cuerpo mientras camino hacia el campamento de verano de Leonardo. Los pasos parecen ralentizados también por el calor, o por mi sangre que hirviendo, parece estallar por mis venas. Leonardo está más sudado que yo, además el sudor se ha mezclado con la suciedad y si no fuera mi hijo, estaría atenta a no tocarlo. Además de sudado y sucio, está agotado, prefiere no contestar al rio de preguntas que le hago sobre su mañana en el campamento y pone la modalidad “apagado”. Seguimos caminando en silencio. Con el calor el asfalto parece vibrar, me recuerda el camino desde el colegio hasta mi casa, en los días sofocantes de finales de junio. Tenía más o menos trece años, solía volver a casa sola o con mis hermanas, pero cuando estaba con ellas bromeaba y jugaba durante todo el trayecto, mientras que si estaba sola, me fijaba en los detalles del cemento, en como reflejaban los rayos del sol en las rejas de los edificios, la mayoría bajitos y de tonalidades pasteles, escuchaba el sonido del silencio, interrumpido esporádicamente por un ruido que definiría como “veraniego” la charla de una cigala, el canto de un pajarito, el ruido del roce de los cubiertos con el plato… La gente se encerraba en casa, hacía demasiado calor y además era la hora del almuerzo. Disfrutaba de mi momento de soledad, ser la única persona en aquel camino me relajaba, me sentía participe del universo, podía hablar con él y escucharlo sin que nadie nos molestara. Durante el resto del día me veía absorbida por el frenesí humano. A pocos metros de casa ya percibía el alejarse de aquella sensación “metafísica”, miraba mis pasos hundirse en el hormigón, que en los tramos donde el sol no descansaba, perdía su dureza y se moldeaba como plastilina sobre la que pisaba: una huella de zapatos, el agujero de un tacón, la tira de una rueda. Con el dedo encima del timbre saludaba el universo y entraba otra vez en mi caótica vida.
Me pregunto si Leonardo percibirá la misma sensación, miro su pelo más rubio que nunca, brillar como oro. Camina mirando hacía abajo, le acaricio la cabeza con dulzura.
“¡Mamá mira!”
“¿Cosa?”
“Hay un teléfono ahí” Me contesta indicando un punto con el dedo.
Me acerco y veo un móvil bocabajo en el borde de la acera. Lo cojo y le doy un rápido vistazo, es nuevo y está encendido, compruebo si tiene un código de seguridad, lo tiene, como imaginaba.
“¿Que hacemos mamá, De quién será?
Miro a nuestro alrededor, no hay nadie. “Pues lo cogemos, antes o después alguien llamará y le contaremos que hemos encontrado el móvil”.
Meto el móvil en mi bolso de manera cautelosa, como si lo estuviera robando. Estoy haciendo lo correcto, sin embargo me pongo nerviosa, es una sensación inexplicable, pero no se va, está conectada con la presencia del móvil y sé que seguirá albergándome hasta que no encuentre a su dueño y se lo devuelva.
Desde que encontramos el teléfono, Leonardo se ha espabilado como por arte de magia y no para de hablar. Cuando llegamos a casa, todavía no he recibido ninguna llamada, evidentemente no se han dado cuenta todavía de la pérdida. Preparo algo rápido para comer, porque en media hora tenemos que recoger a Orlando. En verano mi plato preferido era la ensalada de arroz, mi madre la preparaba muy rica, con muchos ingredientes, había aceitunas verdes también, porque las negras no me gustaban, la cogía del plato y me ponía una por cada dedos, como si fueran uñas postizas o las extremidades de los dedos de E.T.
“Venga Laura, para de jugar y empieza a comer”, me animaba mi madre, sentada delante de mi. A mis hijos también les encanta la ensalada de arroz, pero Leonardo quita todas las aceitunas verdes “¡¿Las dejamos para Orlando, que le gustan mucho, vale mamá?!” Me dice con cara de pillo.

Sigue….


2 ComentariosEnviado por: lcaldarola

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