Mamma Mía

24 mayo 2021

14-12-2015/ 24-05-2021

La vida es un ciclo y se alimenta de novedades, de cambios, de rupturas, de comienzos y de finales.
Hoy os hablo de una etapa que termina. Me han comunicado que cierran los Blogs de la revista Elle, entre los cuales se incluye el mío.

Mamma mia ha sido un hij@, un compañer@ y una madre durante algunos años importantes de mi vida. Un contenedor de palabras y fotos significativas que han marcado mis primeros años en este país.
Cuando llegué a Madrid sabía muy poco sobre esta ciudad, era una extranjera con un bebé recién nacido, una novata en el mundo de las madres, una aprendiz de español y sobre todo estaba confundida, asustada y un poco perdida.
La familia Elle (así es como yo la veo), me ha acogido en su vientre creativo y me ha dado la oportunidad de expresarme, de sentirme como en casa y también de brillar. Desde diciembre del 2015, he compartido mi vida, mis turbulencias, mis aventuras, he florecido junto a vosotros y mientras lo hacía me he sentido aceptada, a veces incluso poderosa.

Este blog soy yo, tiene un nombre italiano que he elegido y que me queda mejor que cualquier apodo. Recuerdo con melancolía la primera portada: una camiseta de tirantes rojas, una falda de rayas y una guitarra de juguete, a mi lado estaba mi hijo Leonardo, reíamos felices.
Era el principio de una nueva aventura, la primera que emprendía como mamà y por ello le quería a mi lado, él me daba fuerza.

Siento un profundo agradecimiento y a la vez una gran nostalgia de dejar ir esta parte de mí. Recibí la noticia mientras estaba haciendo la compra y se me saltaron las lágrimas, tuve que detenerlas para no montar un escándalo ajajaj.
Tenéis que creerme si os digo que este blog para mi es como una madre que me ha agarrado fuerte de la mano hasta hoy cuando nos separamos.
Nunca “la” olvidaré, pues todo lo que se hace con el corazón es eterno.

Hoy pongo la palabra “Fin” a Mamma Mía, como lo pondría al final de una historia, una de las muchas que he contado por aquí. Y sé que desde este punto comenzará la próxima aventura, una nueva historia para contar y recordar.
Me despido de vosotros con un sabor agridulce de lágrimas y sonrisas y con el corazón lleno.

Gracias infinitamente por vuestro apoyo, ha sido para mi un regalo inesperado y enormemente valorado.

Gracias a vosotr@s he creído en mí, gracias a vosotros he podido escalar una cuesta que me parecía muy inclinada, gracias a vosotros me he sentido comprendida y valorada y me he sentido partícipe de algo realmente grande.
Gracias de corazón.


Esta fue la foto de la primera portada del Blog.


Seguiré contando anécdotas, como siempre , en mi cuenta de Instagram @lauracaldarola 


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17 mayo 2021

Familia

Quien dice que la familia es una oasis de felicidad y un lugar seguro, es una persona que miente. Y miente dos veces si no admite que está mintiendo.

No pretendo erradicar un mito que funda sus raíces sobre un concepto positivo, al revés, yo soy absolutamente propensa a la familia y muy unida a las mías. Solamente intento ser legítima y normalizar algo (sin fines cínicos) que lleva demasiado tiempo idealizado.

Cada núcleo familiar es distinto, aun así, más o menos aplica las mismas “normativas” de convivencia: La mayoría de las familias se fundad sobre el concepto del amor y de la comunión. Sin embargo no hay que olvidar la componente humana y sobre todo las diferentes personalidades de cada miembro.

He llegado a un punto importante de mi vida, donde la maternidad ha desarrollado un puente con mi pasado. Es un recorrido conocido pero visto desde una nueva perspectiva.

Algunos días la mirada es solar y tranquila, otros días es turbulenta y sombría.

Ser madre me ha abierto una puerta desde la que puedo mirar a mis padres a la misma altura, sin las exigencias de una niña y con la experiencia de una adulta. Lo primero que he podido descubrir es que los hijos nos ven de una manera completamente desproporcionada: mucho más fuertes, grandes, poderosos e indestructible (cosa absolutamente falsa). Y esta forma de vernos no solo les concede el permiso de exigirnos más, también les convierte automáticamente en personas más vulnerables y f dianas fáciles.

Sé que mis padres han actuado con amor y que jamás me harían daño conscientemente. Sé que mis padres son personas comunes, con necesidades comunes, con problemas comunes, con deseos comunes…. Que no son seres extraordinarios y, por ello, les he perdonado.
He perdonado las heridas que sin querer me han provocado, les he perdonado las faltas que a día de hoy, se han convertido en vacíos, les he perdonado por ser dos personas iguales a otras, en lugar de los héroes que había creído.
Hay días en los que le pido perdón por exigirle demasiado y por no entender su naturaleza, luego hay otros días en los que me quemo de rabia por haberles dejado equivocarse tanto y tener que pagar su cuenta.

Ser padre es un trabajo difícil, pero ser hij@ también lo es, ninguno está absuelto de los errores, hay que contar con mutuas y continuas equivocaciones y ser conscientes de que, lamentablemente, los errores pesan…
Los de mis padres pesan sobre mis hombros, los míos pesarán sobre los de mis hijos, siempre sin querer, sin embargo siempre alguien los pagará por nosotros.

Aún sabiendo esto, es imposible hacerlo todo bien. He tardado años en entenderlo, todavía estoy en proceso.
Me he criado en una familia que no cambiaría por ninguna, me ha encajado y tengo recuerdos felices con ellos. No he visto a mis padres discutir, no les he visto engañarse, ni hablarse mal. No se han dirigido a mí con modales bruscos, no recuerdo gritarme ni pegarme. Recuerdo a mi familia rodeada de harmonía. Ciertamente mi ingenuidad estaba predispuesta a creerlo, pero todavía me lo creo y si no fuera por este viaje sobre mis mismos pasos con una talla de pies mucho más grande, es posible que siguiese pensando que las familias siempre son lugares felices y seguros. Mientras que he descubierto la complejidad de la realidad, pretender simplificaría no sería maduro y no tendría sentido.
El éxito de una familia no es algo visible, o medible.

Crear una familia es entusiasmaste y tedioso a la vez. Nada te erradica de tu yo y te empuja al cambio constante como lo hace tu familia. Si lo tomas tienes que saber que es un camino tortuoso y en ambos caso, dura toda la vida, tanto si la familia sigue junta como si se rompe en pedazos.
No hay garantía de nada, hay inicios y fines imprevisibles y entre ellos hay: renuncias, perdones, silencios, incomprensiones, heridas y momentos oscuros.
Te lo garantizo como compañera, te lo aviso como madre, te lo lamento como mujer.

La familia es luz y sombra y cada uno se lleva su parte, juntos brillamos y juntos oscurecemos en el claroscuro de una magnifica obra de arte.


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13 mayo 2021

Mi nueva cocina

La nueva cocina me está gustando cada día más.

Cuando llegué a este piso, recuerdo que me sorprendió muchísimo que la cocina no tuviera ventanas, a parte del tamaño minuto.Tardé en acostumbrarme y en cuanto se presentó la oportunidad, decidimos tirarla para crear un nuevo espacio abierto.
Integrarla en el salón nos ha permitido ganar mucha luz, utilizar las ventanas y además, por fin, mantener el contacto con los huéspedes y comensales.

El diseño lo hizo José (que es arquitecto), encargamos la obra a unos albañiles de confianza, que nos la hicieron a medida.
Quisimos hacer destacar el espacio del resto, crear una especie de Oasis, así que el suelo y la pared los hicimos con DEKTON UMBER un porcelánico nuevo de color Terracotta, que le da un toque muy cálido y es un material maravilloso tanto de aspecto como en funcionalidad.

Optamos por una gran isla con muebles a ambos lados, necesitaba almacenaje como el aire!
Las encimeras son de SILESTONE, la nueva colección es espectacular y nos costó elegir el diseño entre las múltiples opciones. Finalmente nos encajó el efecto mármol con beta dorada del Ethereal Glow, en mi opinión queda muy elegante.
Decidimos integrar el fregadero con el mismo material para dar continuidad a la encimera.

Tanto el Dekton como el Silestone son superficies no porosas y altamente resistentes a manchas.
Ambas pertenecen al grupo Cosentino.
Mientras que los muebles son de melamina en acabado roble natural. Algunos son extraibles y otros abatibles, siempre con uñero negro.

Decidimos poner también dos baldas de madera, funcionales y decorativas.
Las lamparas son de Foscarini.

La nevera es de vidrio negro. No la integramos, porque las panelables tienen menos espacio en su interior y en casa son 4 bocas que alimentar ;))

El cambio ha sido realmente impresionante, en mi opinión el concepto de cocina abierta al salón es perfecto para pisos que no son muy grandes y no pueden optar por una cocina de buen tamaño.

Ha cambiado la forma de vivir la casa, ahora el cocinar se ha convertido en una labor mucho mas colaborativa e informal.

Os dejo las fotos, hablan por sí solas.


La bici de Orlando es de la marca Banwood y se encuentra en la tienda online Smallable. com


Los cuadros son de @Leo_nar_do_paints


La escultura de Mickey es de @Leo_nar_do_paints


El gran cambio.


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9 mayo 2021

Ocho de mayo 2021 – Madrid.

A raíz del último suceso en Madrid, he decidido gastar dos palabras en el blog.

El sábado noche se ha terminado el estado de alarma.
Estaba muy cansada y me fui a dormir pronto, tras acostar a los niños. Mis ritmos han cambiado drásticamente desde hace unos años, son más saludables pues me levanto y me acuesto pronto, sin embargo mi desgaste diario ha empeorado…
Como en todas las monedas, hay dos caras y justo de ello quiero hablar.

A medianoche, en punto, como en la mejor celebración de nochevieja, gritos, aplausos, cantos, ruidos, provenientes de la calle, me despertaron. Dormía con la ventana abierta y a pesar de estar en un ático que da a un patio interior, el ruido llegó a despertar el sueño de una madre arrastrada por los suelos. Me fui a la ventana y grabé un video que publiqué en mi IG stories, donde no se veía la calle, pero se escuchaba el ruido. En ese momento, escuchar la felicidad de otros, os confieso que casi me emocionó. Durante un momento los aplausos me recordaron a los de las ocho, lo que se convirtió en el gesto emblemático del confinamiento, un momento de unión y esperanza de la humanidad.

Cuando desperté por la mañana, probablemente horas antes que el resto de Madrid, había recibido varios mensajes en relación a mis stories de la noche, algunos eran de aprobación, otros eran de disgusto por lo sucedido.
Mientras, empezaban a viralizarse  imágenes de Madrid “encendida”; aglomeraciones de personas sin mascarillas (obligatorias), actuando como los animales de un circo.

Lo que desde un ático se percibía como el canto de la alegría, en realidad confirmaba la ignorancia de la calle.

Pues desafortunadamente siempre hay quien malinterpreta el significado de “libertad” y que inmunda el valor de una palabra importantísima en la historia, des-aprovechándola de manera equivocada.

Siempre hay quien confunde un cambio de reglas, con el derecho de convertirse en un bárbaro.

Siempre hay quien peca de egoísmo, pasando del respeto por el prójimo, que es el fundamento de una sociedad sana.

Pero, aún peor es quien no aprende.
Quien no entiende que la vida es una enseñanza y persigue en su ignorancia emocional. Sin florecer, prefiriendo la esterilidad empática. Desperdiciando la ocasión más grande que tenemos y quizás la única.

Siempre hay otra cara de la moneda, también las cosas buenas, también los cambios, las novedades la tienen.

No soy la persona más informada, os soy sincera, dosifico las noticias como si fuera vitamina d.
De hecho he preferido evitar videos e imágenes del sábado noche, pues hay una parte de mí que no quiere decepcionarse, la parte que cree en el potencial del ser humano.

Esperaba estas nuevas regulaciones con la misma ganas que todos. Deseo celebrar un paso hacia delante, una pequeña victoria que asocio principalmente al plan de vacunación y que veo premiar a un sector que se ha sentido muy golpeado. Deseo poder reunirme con mis amigos, disfrutar de una cena sin prisa, deseo saborear la esperanza de que todo esto tenga un tiempo limitado.

Pero más que esto, deseo renacer sin olvidar. Empezar justo desde ahí: desde el dolor, desde el miedo, desde el aislamiento, desde esa condición instable que nos ha sometido a una gran prueba y a un gran esfuerzo. Porque en el corazón de esta pandemia, que todavía existe y cosecha víctimas, está la evolución y no una revolución.

Apelo a todos los padres del mundo, porque en nosotros veo el potencial para un cambio.
Los que hoy estamos educando a la generación futura, acompañando a nuestros hijos en este loco y maravilloso mundo.
Es nuestro deber iluminarles.
Y enseñarles la moneda en sus dos caras, para que conozcan y asimilen la inteligencia emocional que le servirá para respetar, amar y ser conscientes de qué significa realmente ser personas LIBRES.


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6 mayo 2021

Desde que soy madre me he hecho fanática de la organización

Me he refugiado en el cuarto de los niños para escribir el nuevo post. Hay un sol fuerte y cálido que entra poderoso por la grande ventana llenando de luz todo mi alrededor.
Estoy sudando por la capa de calor que se ha creado, convirtiendo el dormitorio en una sierra sin plantas.

Parece que por fin haya llegado la primavera.

Abro la ventana y disfruto de la cortesía de pocas y débiles ráfagas de aire. Es una sensación extremadamente agradable recibir un soplo de aire fresco cuando hace calor, la misma que se me produce al beber agua cuando tengo mucha sed. Lo que definiría como un simple y verdadero placer.

Estoy medio enojada porque no he alcanzado “los objetivos” propuestos del día, además no he podido entrenar, así que las toxinas del malhumor están todas ahí afectando a mi tranquilidad.

Quiero creer que haya otras personas como yo, capaces de perder el hilo conductor y no poder volver a encontrarlo en todo el día. Es decir desperdiciar el tiempo cuando no sobra.

Son días donde parece imposible concentrarse o inspirarse, donde las cosas se quedan a medias, suspendidas en un tiempo entre el ayer y el mañana.

Hoy es ese día.
Lo veo agarrarme con toda su picardía, tirarme, levantarme, pellizcarme, distraerme con cualquier cosa.

¿Hay alguna solución? ¿Una poción mágica para ser inmunes al desperdicio de tiempo? O es porque esos días sirven para parar y disfrutar de otras. ¿Para gozar del nada y del todo?

El móvil me recuerda que debería llamar al centro de salud para las vacunas de los niños. Pospongo.

A los dos minutos llega otro recordatorio: imprimir el poema sobre la primavera x Leonardo. Pospongo.

Tengo la agenda del móvil pidiéndome vacaciones. No la culpo, tengo recordatorios para todo: citas, publicaciones, cumpleaños, compras, llamadas, actividades extraescolares, citas medicas, manicuras, incluso recordatorios para otros recordatorios… Todos imprescindibles y sin los cuales estaría más perdida que Wally, como diría mi amiga Mirian.

Desde que soy madre, me he hecho fanática de la organización, mientras antes prefería lo excitante y espontáneo de lo imprevisible, ahora, con niños de por medio, ya no es compatible e incluso podría revelarse catastrófico.

No me resulta fácil y debido a mi innata tendencia a la desorganización, tengo que recorrer a miles de recordatorios: un ejercito de fieles ayudantes que me proporciona un anhelado orden en el día a día. Diversamente sería un atasco de intenciones que acabarían erradicándome la calma y la dignidad.

En menos de una hora regresaran los niños del parque, sucios y hambrientos, el mero pensamiento me estorba de mi tarea, suena como un reloj que amenaza con su tic tac.
Necesito acabar por lo menos lo que he empezado, porque de otro modo, habré tirado el día entero.

Pasta con espinacas…. ensalada con huevo duro… ¿pizza?

Dejadme en paz, todavía me quedan cuarenta y cinco minutos…Una llamada, es José… Escucho el bip de la lavadora que ha terminado el ciclo.

Maldita sea, cierro el ordenador y bajo a tender la lavadora, probablemente la única cosa que he llevado a cabo hoy. Es impresionante, la maternidad es tan densa, como para ocupar todas las horas de un día, las que le pertenecen y las otras también.

Pasta con espinacas y pecorino romano, a los niños le ha encantado.


Conjunto de Longchamp.


Paccheri con espinacas y pecorino romano.

 

 

 


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2 mayo 2021

Queridos hijos

Queridos hijos.

Sabed que, aunque oficialmente el día de la madre se celebra una vez al año, dentro de mi vive una celebración perpetua desde que os tuve y que no va a parar.
Ser vuestra madre supera cualquier posible expectativa y aunque no haya fantaseado mucho durante los meses de vuestra espera, sois exactamente lo que quería.

El destino me eligió para esta misión y es lo que hago desde hace unos años, ser vuestra madre.

La persona cuya victorias se coserán como parches en vuestras alma y cuyos errores pesarán en vuestra espalda dos veces más fuerte.
Aquella que os ama incondicionalmente. En el bien y en el mal, a pesar de vuestras decisiones y sabiendo que el cambio nunca será proporcional. Una madre no espera.
Una madre da y lo hace sin rémoras, cada vez que se le pida.

Principalmente me dedico a proporcionaros todo lo que necesitáis para crecer y ser personas plenas. Veréis, ser hijos es bastante fácil, aunque algunas veces no os lo parecerá y es posible que os sintáis incomprendidos o decepcionados, aun así, la tarea más difícil esta vez me toca a mí.

Para empezar a las madres les toca superar muchas pruebas. La primera es el mismo deseo de maternidad, pues no siempre es espontáneo. Algunas veces la maternidad empieza ganando una lucha.

La segunda es una larga y lenta metamorfosis del cuerpo, la que yo llamo “guardián de los deseos” se transforma para un fin más grande y lo hace sin respeto, dejando aquellas marcas, que testimonian la magnificencia de tu acto y que amarás y odiarás a la vez.
He tardado meses en acostumbrarme al cambio. Aprendiendo a querer mi nuevo cuerpo, al que consideraría raro o enfermo si no supiese que de esta manera se genera otra vida. Y finalmente, cuando me he encariñado con la silueta que os acoge, después de haber mecido dulcemente el envoltorio que nos separa, he tenido que despedirme de él.

Es la tercera prueba: nuestra primera separación.
Después de haber compartido las entrañas….
Es un duelo de adentro, que se manifiesta a través del sufrimiento físico. Y es enorme.
El nacimiento es un acto desconocido, todos los vivimos y todos los olvidamos. Pero radica como huella en el alma. Es un trauma al que solo una madre puede acceder, estando ahí juntos, protegiéndoos del miedo y haciéndoos sentir profundamente amados.

Esto es lo que hacen las madres, lo que hago yo. Amaros cada día, como solo se puede amar a una criatura que se ha generado dentro de ti, aceptar que vendrán más separaciones y por encima de todo, respetar la libertad que afirma: sois mis hijos pero no sois míos.
Acordaros que el hecho de ser vuestra madre no me atribuye el automático derecho a ser petulante, ni a vosotros la obligación de complacerme.
Recibid el amor y sed libres.


Mi traje es de Longchamp. Los niños llevan ropa de Bobo Choses de la colección recycled, upcycled, hecha con materiales naturales.


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26 abril 2021

Siempre me pareció complicado describir al amor

Siempre me pareció complicado describir al amor, mis experiencias no fueron lo suficientemente exhaustivas para definir claramente un concepto tan complejo.
Fue el amor el que se reveló espontáneamente un día, cuando mi cuerpo, por impulso de la naturaleza, se contrajo repetidamente liberando a una criatura perfecta, capaz de hacer vibrar de amor autentico, con el solo acto de nacer.

En aquel momento, cogiendo entre los brazos su frágil y pequeño cuerpo, todavía conectado al mío con el cordón umbilical, supe que era participe de algo trascendental y definitivo. Con empeño había traído una nueva vida en un mundo que yo dejaba temporalmente detrás.

El peso que creció dentro de mí, anclado a mi tripa como la extension fiel de mi cuerpo, era ahora el testigo de mi nueva misión. La bendición y la “condena” del regalo que me había sido donado. Ser madre, me convirtió, para siempre, en el guardián de una nueva vida.
Hasta que viviese, alguien sería más importante que yo, sanaría sus heridas, sería la única que podría hacerle sentir completamente seguro, como cuando estaba protegido por la fortaleza de mi cuerpo y calmado por el latido sincronizado de nuestros corazones.

Así de repente este niño tiró por los aires mi vida pasada y la remplazó por una nueva, donde la “vieja” yo ahora era una madre, que no conocía el egoísmo.

Aprendí un nuevo concepto del tiempo, valioso e indomable, que hiere y cura, que nos alía y nos separa.

Exploré el crecimiento observando la semilla florecer.

Descubrí una nueva forma de hablar: a través del tacto, de las miradas, de las sonrisas o de los llantos.

Fui “única” dispensadora de comida, cada vez y de cualquier forma en que me la pidió: llorando o arrancándome la camiseta.

Fui rescatadora de los terrores nocturnos, renunciando a mi descanso (por amor). Para que mi hijo supiera que yo estaba a su lado desde el principio y que lo seguiría estando hasta el final.

Juntos conquistamos metas de la mano, seguimos ambos creciendo, pero en ningún momento NO sentí pena por ello; cada etapa se llevó su entusiasmo y su nostalgia, en igual medida.

Es curioso como se revela el amor: una llamarada de emociones que te zarandean hacia todos lados.
Y aunque estando profundamente feliz, pude encontrarme llorando en seguida. Una madre lleva este peso en silencio.

Los hijos siguen adelante y un día te das cuenta de que son el espejo de tu pasado, que a través de ellos estás recorriendo tu infancia, pero en tamaño de adulto. Es cuando empiezan las dudas: te preocupas por si eres buena madre, si les das suficiente para cubrir las que fueron tus faltas. Poco a poco te acostumbras a las reflexiones y a los cambios constantes. Familiarizas con la dualidad de la maternidad, por un lado te sientes importante, por el otro extremadamente vulnerable.

Ser madre significa gozar de ellos pero también sufrir por cada una de sus decepciones y derrotas. Significa enfadarse y chillar como una loca, para luego arrepentirse y castigarse. Significa ser valiente y amar incondicionalmente, tanto hasta sentir el corazón dolerte.
Significa luchar constantemente para ser tu mejor versión, no obstante la presión a la que estamos sometidas a diario.

Los hijos nos fuerzan a serlo, la mejor versión de nosotras mismas.

Un día leí esta frase: Hace falta un verdadero guerrero para amar a alguien tanto y por no perder completamente la cabeza mientras todo ello está pasando.

Cuando hablo de mí, lo primero que digo es que soy madre, no significa que no sea otras cosas también, soy hija, mujer, hermana…. trabajo, tengo hobbies… sin embargo hacer lo que hago como madre, me hace sentir fuerte. La maternidad es mi mayor logro personal, me hace sentir completa.

Y con el tiempo serán mis hijos quienes cuidarán de mí, quienes sanarán mis heridas. En ellos encontraré mi fortaleza.

Los verdaderos triunfos de la vida vienen de las personas por las cuales hemos dado el máximo. Por eso, antes de todo, siempre seré una madre. Porque eso dice al mundo que soy una guerrera.


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22 abril 2021

La gente Bella no surge de la nada

No recuerdo a mis padres pedirme ser feliz. Como si no serlo fuese una condición a la que tener miedo o por la que avergonzarse.

La felicidad, a pesar de ser un sentimientos más entrañable que otro, no era obligatoria. Por lo menos cuando otros sentimientos eran más urgentes.

He crecido siendo cómplice de mis emociones, dejando que se manifestasen en completa libertad a través de mi. 
Todas, sin discriminación, porque ser fiel a mi interior siempre me pareció la opción más valiente y sincera.
Desconfío de los que celan sus sentimientos y emociones, de los que se censuran porque creen que solo lo bueno merece ser enseñado o incluso de los que se auto-convencen, hasta creerlo, que siempre todo va bien.
Prefiero la gente transparente, también cuando está de bajón. Prefiero una tristeza sincera a una sonrisa falsa.
Os dejo un texto que me ha gustado.

La gente Bella no surge de la nada (E.K-R)

«Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada.»


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19 abril 2021

Ser el hermano mayor es una responsabilidad cuyo peso a veces se me olvida.

Me fui a dormir derribada, después de echarle una bronca a Leonardo, con causa pero sin razón.
Mientras las palabras fluían como riachuelos perpetuos y enojados, ya me había dado cuenta de cuanto fuese innecesaria, sin embargo no fui capaz de pararme. Las palabras que arrastran el agotamiento de un día algo más complicado de lo normal, son indomables y traicioneras. Fue así como percibí la necesidad de liberarme, unido al remordimiento.

Entonces, hice una reflexión.

Cuando la oscuridad envolvía la habitación donde mis hijos dormían. Acurrucados en un edredón perteneciente a otra temporada, pero aún imprescindible a causa de unos inesperados días de “primaverno”.
Dos siluetas vibraban de impida niñez, desprendían tanta inocencia, como para convertirme en la única culpable de mi enfado.

Rebobinando una hora atrás, se podría ver a dos niños jugando a los “juegos de fuerza”: juegos con una componente de gritos agudos y pilla-pilla en tres metros cuadrados (donde puntualmente vienes involucrada tipo árbol dentro de un huracán)… En fin, un aglomerado de todas las cosas molestas, por las que los nervios salpican.

Los míos, que ya estaban a flor de piel, saltaron por los aires sin avisar y me convertí en la mamá que no me gusta.

La que no tiene paciencia y que está todo el rato regañando.
La que tiene cara de enfadada y cuerpo cansado.
La mamá “fea”: sumisa hasta llegar a una metamorfosis física que me afea.

En tan pocos segundos, todos los esfuerzos, empleados por ser la mamá que me gusta y me gratifica, se desvanecieron con una facilidad asombrosa. Los esfuerzos cotidianos, los sacrificios, se volatilizaron y como siempre, me sentí definitivamente una c…..

Pero es como funciona y las madres lo sabemos, hay días buenos y días malos. A veces cumplimos con nuestras expectativas y con las de nuestros hijos, otras veces resulta imposible y lo único que nos apetecería es estar solas.
(Sola y con una copa de vino en mi caso).

En cualquier caso mi reflexión iba sobre otra cosa:
La tendencia, sin quererlo, a ser menos permisivas con los hijos mayores y optar por medidas más estrictas, mientras que con los más pequeños, las intenciones se ablandan y el tono es menos tajante.
Pues resulta más fácil enfadarse con las personas adultas y entre dos niños, el mayor da menos pena.

Son las medidas que traicionan, que se llevan la ternura, haciendo del tamaño el principal pecador y la diana más fácil de golpear.
No debería ser así, sin embargo pasa repetidas veces y cada una de ellas deja mal sabor de boca.

Así que la última imagen que mi hijo mayor tuvo de su madre, antes de acostarse, fue diferente de la de su hermano. Ambos vieron una mamá enfadada, la mamá fea, pero mientras uno esquivó, el otro tomó doble ración, cuando no se lo merecía.
No se merecía ser el pararrayos de mis frustraciones, solo por ser la persona más grande de la familia en aquel momento. Cierto que no se había portado de manera ejemplar y que sí, podía colaborar más, pero sigue siendo un niño pequeño! Y no se le puede exigir a un niño entender a los adultos y actuar en consecuencia… No se puede y sobre todo no se debe!

Ser el hermano mayor es una responsabilidad cuyo peso a veces se me olvida.
Por un lado las expectativas de nosotros padres, que suben: a parte de entender las cosas, ser un ejemplo a seguir para los pequeños de casa. Cada enfrentamiento con ellos, vuelve de rebote más fuerte.
Por otro lado darse cuenta que el “efecto ternura” se mitiga y mamá dedica esos gestos – “tuyos” hasta hace poco- a otra persona.
Hay alguien que se está apropiando de tus cosas; no solo los objetos, también de la mamá bella, la que sonríe, la que habla con dulzura, la que cuida con extrema cautela. Es pasar de primera a segunda división, ser el juguete viejo.

Es lo que perciben.
A pesar de que no es verdad, porque las madres no acabamos nunca de amar a nuestros hijos. Serán nuestra absoluta prioridad, todos en igual medida, mientras vivamos. En ningún momento uno de ellos pasará a ser menos importante. NUNCA.


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8 abril 2021

Amo mis hijos y ser su madre. Pero…

Amo mis hijos y ser su madre.
Pero no pasa día sin que no sienta la desesperación tomar posesión de mi, aunque solo sea por un instante.

A veces me pierdo mirando al cielo fuera de la ventana y sueño con volver a volar, despreocupada, libre y porque no, un poco egoísta. Son meras fantasías, pues la realidad me recuerda que mis alas se han convertido en un par de espectaculares y eficientes pies y así será para el resto de mi vida.
Aún disfrutaré de algún vuelo, pero con una mochila llena de responsabilidades cargada sobre mis hombros. No la reniego, decidí yo misma ponérmela.

A menudo extraño al silencio, armonioso y conciliador.
Cuando se hace insoportable, me encierro en un cuarto y me concentro en el calor de las lágrimas, por no oír los gritos y los golpes que hacen pedazos la tranquilidad. Si toco fondo sé que puedo volver a soportar. Al final, son los ruidos provocados por las personas que más amo en el mundo y cuando todo calla, el silencio se convierte en un huésped extraño en mi casa.

La mayoría de los días son una competición entre adultos para escaquearse un momento, porque ambos lo necesitamos tanto que si hay que pelearse, es lícito. Aunque luego la condena es más pesada y no sirven las penas ni las excusas.

Todo tiene un peso: los objetos, las palabras, los gestos, las elecciones… No somos conscientes de ello hasta que no los sentimos sobre nuestra conciencia. Sin embargo lo tienen, siempre lo han tenido.
La maternidad también tiene su peso y también es imperceptible hasta que la vivamos personalmente.
Para mí pesa como una pluma y cien toneladas. A veces noto las toneladas y me siento asfixiar, otras veces todo vuelve a ser soportable y es cuando percibo la pluma.

Amo mis hijos y ser su madre. Ellos me enseñan cada día algo nuevo, ellos son la extensión de mi carne y huesos, de mi mente y de mi alma.


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