Mamma Mía

19 febrero 2019

“Random” sobre la semana pasada

Este se llama “post random”.

Le he llamado así porque une una serie de cosas que no tienen un hilo directo, excepto que sucedieron durante la semana pasada. Y empieza así.

Llevaba años sin comprar un nuevo bolso, desde que vivía en Milán, cuando todavía no tenía hijos y me permitía muchos caprichos. Antes de empezar un largo periodo de “carestía” que empezó con el nacimiento de mi primer hijo.
El caso es que mi bolso había acabado su función y necesitaba urgentemente un sustituto. Ese tema llegó a preocuparle hasta a Leonardo, cuando le enseñé el bolso roto y le conté que necesitaba uno y con gran sorpresa se dio cuenta de que papá Noel no me lo regaló.
Hace unos días me lo compré, no es que no tenga bolsos, pero quería mi bolso diario, el que llevo siempre conmigo y que lleno a tope, donde puntualmente se refugian muñecos de lego, pelotas locas, caramelos chupados…. Lo típico, ya sabéis.
Os lo voy a enseñar, después de tantos cuentos….

El sábado noche José y yo salimos con amigos (algunos de ellos los conocéis por redes sociales), vale la pena que os lo cuente porque el plan ha sido muy divertido y os lo quiero aconsejar para una noche con amigos.
Siempre me han gustado los juegos de mesa, los juegos en general y el entretenimiento. Si quedamos en casa con amigos, soy la típica pesada que propone miles de juegos o que si va a un cumpleaños siempre lleva alguna sorpresa para improvisar algo divertido.
El Sábado antes de ir a cenar, hemos ido a una bolera, pero lo interesante es que es un bar clandestino que se llama Fetén y está en el nuevo y precioso hotel Bless, en el centro de Madrid. La bolera está en la planta de abajo y no hace falta ser huésped del hotel para acceder. Hay dos pistas, la atmosfera es intima y hay una barra donde poder pedir cualquier cosa de beber.
Os lo recomiendo.

Os doy una premisa: No me gusta todo lo que a primera vista aparenta artificial. Me cuido mucho, soy una verdadera maniática, sin embargo casi no me maquillo, casi no me peino, me gustan las uñas cortas, no amo los tatuajes ni cualquier tipo de intervención externa en el cuerpo (lo único que permito son los garabatos de mis hijos, aunque tardo poco rato en limpiarlos). Uso pocas joyas, y más que decorativas son significativas. Cuanto más “agua y jabón” más se acerca a mi estilo.
Eso no quiere decir que no me guste probar cosas, si sé que no son dañosas, no son adictivas y el resultado es gratificante. Os cuento esto porque hace una semana he probado un tratamiento que se llama lifting de pestañas. El tratamiento, que dura alrededor de una hora, consiste en poner un producto sobre tus mismas pestañas, para que se queden encorvadas, el efecto final es parecido al del rizador de pestañas, pero además te ponen tinte así que parece que tengas rímel.
El primer día se me ha hecho raro despertarme y verme más arreglada de lo normal. Lo que me gusta es que el efecto no es artificial, yo además no me pongo rímel, pero se puede poner, para que resulte aun más espectacular el ojo. Dura cinco semanas aprox.
El sitio donde he ido a hacerlo es el mismo salón donde me hago la manicura y pedicura, se llama Kanvas y os lo recomiendo, por la calidad de los tratamientos y productos.


En estas fotos no llevo rímel.

Por temporadas me obsesiono por algo, puede ser un zapato, una joya, una prenda… Este momento estoy especialmente atraída por los “anillo de sello”. He recibido un regalo muy bonito de Jápines y he fichado otro muy al estilo italiano en mi joyería preferida de Milán, que se llama Atelier VM.

Buena semana. 🙂

 


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14 febrero 2019

Siento una dulce nostalgia invadirme

Me he subido a la terraza, a mirar los techos de Madrid, bañados del sol caliente, aunque sea invierno. Siento una dulce nostalgia invadirme. Me he acordado de los veranos pasados aquí arriba con Leonardo, cuando era pequeño, sigue siéndolo pero antes lo era más. Su cara todavía conservaba la redondez de bebé y su comportamiento apuntaba maneras de niño, reía con cualquier cosa y yo era la persona con la que quería compartir cada segundo de su día.
Entonces los días me parecían largos, igual que ahora, sin embargo ahora mirando atrás me parece que han pasado de prisa.

Me he olvidado la mayoría de las cosas, pocas quedan apuntadas en los vídeos y en las fotos que me recuerdan momentos lejanos. Cada vez más.
Quizás porque nuestro cerebro es capaz de hacer cosas complicadas y tiene una memoria ilimitada, sin embargo no guarda todos los recuerdos, hace una selección según su lógica y olvida el resto. Más que olvidarlo lo deja entre la niebla, si, porque a veces con un indicio, un objeto o una palabra, el recuerdo aflora en la mente de repente y te hace extrañarlo, ese momento que ha pasado para siempre.

Son recuerdos capaces de levantar sentimientos opacos, de liberar el alma de los pesos momentáneos. Nos sirven para recordar a los que ya no están, no porque se hayan muerto, si no porque han cambiado, se han transformado. Como hacen los bebes y luego los niños…. que cambian continuamente y rápido.

Me he acordado de una piscina de goma de mala calidad que había comprado en un chino, para que Leonardo disfrutase del agua en los días calurosos de verano y que una noche el viento se la llevó a algún sitio. Al día siguiente ya no estaba en mi terraza.
Una piscina azul, pequeña pero bastante grande para los dos años de Leonardo, donde se sentaba rodeado de juguetes y donde guardaba un hueco para mi, porque me quería siempre a su lado, también dentro una piscina que me hacía parecer a Alicia cuando se come la galleta de hacerse grande.

Así pasábamos muchas tardes él y yo y a veces me pesaban, me aburría un poco aunque sabía lo afortunada que era. Evidentemente también en las mejores situaciones nos gustaría cambiar algo. A mi me habría apetecido tal vez más compañía. Sin embargo recordando esas tardes hoy, se me llenan los ojos de lagrimas y en la boca se me marca una sonrisa. No pediría nada más. Era perfecto tal y como era. No lo entendía a fondo porque no me daba cuenta de cuanto las cosas cambiarían, de que mi relación con Leonardo por naturaleza cambiaría.

Miro los techos de Madrid, bañados por el sol caliente, aunque sea invierno y echo de menos a ese niño, lo extraño a rabiar. En algunas horas volveré a estar con él, pero jamás volveré a ver al pequeñito que chapoteaba dentro de la piscina azul.


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7 febrero 2019

Delegar a mis proprios hijos

Intento estar lo más pendiente posible con vuestros mensajes y peticiones, os prometo que vendrán los posts con recetas. ☺
Hace unos días una mamá me preguntó como llevaba el tema de “delegar a los niños”, dejarlos a los abuelos, a la niñera, a un tío o una amiga, para poder hacer algo. Porque tienes una necesidad o urgencia o aunque solo sea para descansar, para despejar la mente y relajarte, para dedicarte un momento a ti misma.

Me parece un tema interesante para comentar con vosotr@s y ojalá sirva de apoyo a las madres que necesitan consejo.

Mi segunda maternidad me ha hecho corregir, en algunos casos, o cambiar, en otros, mi manera de vivir el papel de madre. Como en todas las cosas, la experiencia ayuda, de los errores se aprende, de las faltas se aprende y de las cosas bien hechas también se aprende.

No he dejado a Leonardo con alguien, excepto pocas horas, hasta los tres años.

Mi vida hace cinco años hizo que fuera una tipología de madre excesivamente pegada a su hijo.
Me mudé en un país extranjero donde no tenia trabajo, no tenía amigos, tampoco tenía el idioma y José volvía a casa cada día a las ocho de la tarde. Leonardo era para mi un aliado y mi fiel compañero, a parte de mi hijo y la persona más importante en mi vida. Era el columpio en el cual me balanceaba, era el espejo que reflejaba mi valentía, en Leonardo encontraba la confianza en mi misma y la salida de mis momentos oscuros. Jamás dejaría que alguien pudiera cuidarle de una forma menos especial que la mía, la que según yo, se merecía.
Tenía tiempo suficiente para estar con él.
Lo apunté a una escuela infantil para que pudiese trabajar en la autonomía y desarrollo psicofísico junto con otros niños y para garantizarme unas horas libres.
En poco tiempo aprendí el castellano y me hice nuevos amigos. Leonardo creció rodeado de gente, José y yo hacíamos todos los planes con él. Fue un niño acostumbrado a pasar de brazo en brazo, a montarse en aviones, a ir a eventos…. Sin embargo nunca le he dejado veinticuatro horas con otra persona. El limite para mi estaba en la noche, dormir separados es algo que todavía me cuesta aceptar en mi vida.

Me declaro culpable por no tomar bien la separación de mis hijos, entregarles en manos de otra persona que no sea yo, a pesar de que confié ciegamente en ella, (si no jamás lo haría obviamente) me sigue costando un esfuerzo.
“Pero no pasa nada si los dejas dos días”. Cuando me lo dicen yo contesto que lo sé. Pero si no hay necesidad no los voy a dejar.

Hay situaciones que no te permiten elegir, el trabajo por ejemplo es un factor de fuerza mayor, al que desafortunadamente hay que adaptarse también cuando no nos encaja bien. Las otras situaciones las voy considerando según sucedan. Cuando mis hijos eran bebes, entre el vinculo de la lactancia y el materno, no me veía capaz de separarme de ellos y no lo hice. Además veo fundamental para construir su confianza, estar a su lado cada vez que lo necesiten y lo pidan, sin excepción. Este tema habría que desarrollarlo más a fondo, tal vez en otro post, pienso que es una parte fundamental y sensible de la educación, que sin embargo está subestimada.

Los niños crecen y aprenden a expresarse a través de las palabras además que de los lloros y los gestos, la comunicación con ellos se hace más fluida y fácil. Empiezan a entender lo que les dices y perciben los sentimientos con los que transmites los mensajes. A mis hijos les hablo como si fueran personas mayores desde siempre, también cuando no hablaban ni caminaban. Estoy segura de que si no entendían mis palabras, igualmente recibían un mensaje claro.
Cuando he notado en Leonardo cierto nivel de autonomía, me he sentido más segura en dejarle durante más tiempo.

Hay madres que desde el principio dejan a sus hijos con los abuelos o con la nanny y no tienen ningún remordimiento, porque saben que no les va a pasar nada, que están en buenas manos. Aunque no lo comparta, creo que una madre siempre actúa por el bien de sus hijos y me parece justo que cada una se sienta libre de educar y vivir la maternidad a su manera.
También creo que no hay un patrón en la educación y como siempre digo, cada niño, aunque se parezcan mucho, es diferente, de manera que cada medida tiene que ser adaptada a su carácter. Lo importante es ser coherentes y seguir la propia voluntad. Yo siento que lo estoy haciendo bien, he conseguido que mis hijos se sientan queridos y seguros de si mismos, Oralando todavía es pequeño, todavía necesita mi constante presencia, así que intento no separarme de él. También sé que es temporal, que pronto volveré a tener más libertad, pronto ellos mismos necesitarán autonomia y libertad. Me esperan muchas noches sin piecesitos que me empujan la cara y con mucho espacio entre las sabanas. No tengo prisa, sé que un día echaré de menos lo que tengo hoy.

Ya sabéis que cada intervención os la agradezco, pienso que el intercambio de opiniones y experiencias es muy útil para tod@s.

Un abrazo.


Fotos de Deborah Torres.

Decoracíon @romulo_floralart

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5 febrero 2019

Mis hábitos de bienestar

Vivimos en un periodo donde las tendencias influyen en nuestros hábitos y cambian frecuentemente. Un día nos dicen que el aceite de palma es malo y todos lo eliminamos de nuestra dieta (por lo menos hasta que alguien no diga lo contrario), otro día parece que los omegas 3 son indispensables para garantizar una buena salud y que el café descafeinado está demasiado procesado así que es preferible tomar la cafeína. Me acuerdo un periodo donde ya no sabía si usar el aceite o la mantequilla, porque parecía que la mantequilla era más sana que el aceite….
El caso es que hay un poco de verdad y un poco de mentira en todo lo que escuchamos y además es difícil codificar lo que es mejor para nosotros y lo que no.
Por ello yo sigo mi intuición y probando encuentro lo que mejor me encaja.

Siempre me he cuidado tanto por fuera como por dentro, sin excesos ni obsesiones. Sigo una rutina de deporte y cuido mi alimentación aplicando mi sentido común y sin dietas. Tengo pocas “reglas” que aplico a mi día a día y no porque me lo haya prescrito el medico, si no porque me sienta bien, son pocas y os las pongo aquí.

1 Bebo un vaso de agua cada mañana antes del desayuno.
Suelo tomar agua lejos de las comidas. Para mi no es necesario tener el vaso sobre la mesa, casi nunca bebo mientras como, Suelo tomar un vaso de agua natural cinco minutos antes de cada comida y a lo largo del día. Intento beber dos litros entre agua y otros líquidos.

2 Por épocas, me apetece introducir en mi rutina algún producto natural que sea de suplemento a mi bienestar cotidiano.
Durante este periodo estoy haciendo una dieta detox con la ayuda de un producto biológico a base de alcachofas hinojo y uva, que tiene propiedades depurativas y además ayuda a reducir la sensación de hinchazón. Lo tomo por la mañana con el estómago vacío, diluido en agua. Es de la marca Arkopharma.

3 Como fruta lejos de la comida.
Aunque la mayoría de la gente está acostumbrada a comer fruta como postre, yo prefiero comerla en otros momentos, antes de la comida o para merendar. Si la como posteriormente y cerca de la comida, noto una molesta sensación de hinchazón.

4 Tomo vitamina D y he añadido los omega3 desde hace unas semanas.

5 No como yogur por la noche.
Los lácteos me sientan bastante mal, la leche la he abandonado hace tiempo, los quesos me encantan y no puedo eliminarlos de mi dieta, pero al igual que el yogur, los tomo durante el día y nunca por la noche porque si no me levanto con dolor de tripa.

6 Prefiero los productos de temporada, tanto la fruta como la verdura. Excepto alguna excepción, respeto este hábito desde que era pequeña.

7 Todos los productos que utilizo en la cocina son ecológicos o de calidad. Para mi es más importante el producto que la receta.

8 En verano tomo limonada con menta y sin azúcar.

9 No tomo azúcar en ninguna bebida, pero como dulces, los amo.

10 Cuando preparo el puré de verdura, nunca mezclo más de cuatro verduras, no recuerdo el porqué, pero ya es una manía jajajjaaj.

¿Cuales son vuestros “hábitos de bienestar”? Tengo curiosidad de saber si coinciden con algunos de los míos.


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1 febrero 2019

Reflexiones desde la habitación 419

Cuando pienso en los sacrificios que ha hecho mi madre durante toda su vida se me encoge el corazón. Quisiera darme un chapuzón en el pasado, manteniendo mi conciencia actual y cogerla de la mano, aunque sin hablar sentiría mi apoyo y la complicidad de quien comprende a fondo su sentimientos.
Cuando te conviertes en madre, vuelves a trazar tu pasado mirándolo con otro punto de vista. Así es como me di cuenta de que mi madre, una mujer sensible y aparentemente frágil, es en realidad una valiente guerrera.

Mi madre y yo somos diferentes, en la vida práctica, en las elecciones, en el día a día, en los gustos, sin embargo, superada la primera capa, dentro es donde somos especialmente parecidas, en nuestra naturaleza de mujeres y en los articulados sentimientos que nos unen en nuestra esencia de madres.
La maternidad tiene un código secreto accesible solo a quien entra a formar parte de su universo y es contiguo con el emisferio de la feminidad. Son dos mundos sensibles que se hablan entre ellos, se relacionan con empatía, aunque uno se queda a un nivel sensible mientras el otro se emancipa al sentimiento de compasión.
Quiero decir que la maternidad puede ser idealizada, pero es un juego a adivinar. En realidad se trata de un descubrimiento, que además sucede con tal fuerza y rapidez que revoluciona cuerpo y alma y solo con el paso del tiempo se perciben todos aquellos detalles y aquellas contradicciones, cegados detrás de la fuerte emoción inicial y que bordean el largo camino de la maternidad.

Como madre he pasado por diferentes etapas; la emoción hacia algo desconocido fue la primera, sucesivamente fue la excitación por formar parte de algo maravilloso y que a pesar de que se repita infinitas veces, es único, luego la toma de conciencia de que el camino es largo y tortuoso y finalmente que ser madre tiene un amplio significado. Una madre no se limita a ser madre de sus hijos si no que se convierte en madre del mundo. La esencia de la maternidad, aunque esté relacionada con un hecho terrenal, encuentra su mayor expresión en el nivel más profundo y arcaico de las personas, en su alma. Por ello una vez que te haces madre, siente más fuerte, llegas a un profundidad, donde es más difícil llegar. El alma supera al cuerpo en cierto sentido, tanto que yo misma puedo afirmar, mi hijos son lo primero, todo lo demás viene después. En la maternidad encuentras la superación del ser más terrenal y te elevas al ser sensible (así le llamo yo). Pienso que esta es la principal causa de la bipolaridad de la maternidad, una extenuante lucha del cuerpo contra el alma, del ser terrenal contra del ser más sensible, una lucha que encuentra el descanso en las dificultades, cuando el instinto de supervivencia pone en relieve la verdad.
Durante estos días he estado pensando, leyendo, rezando, escuchando los ruidos que venían de las habitaciones contiguas a la mía, apoyando a Orlando durante su pequeña lucha, que a pesar de que sea irrelevante comparado con otras, para su tierna edad es una gran prueba. Me he sentido una vez más partícipe de algo inmenso, una minúscula parte de un puzzle gigantesco, minúscula y fundamental para que sea completo.

El jueves nos han dado de alta, por fin estamos en casa.

Gracias de corazón por el apoyo y el cariño que nos habéis enviado.


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24 enero 2019

“Rozados”

No sé decir hasta que punto ser madre es un gesto heroico o imprudente.
No pasa un solo día sin escuchar algo terrible, catastrófico o triste y cada vez mi pensamiento se va hacia ellos. ¿He hecho bien en traer al mundo, especialmente a este mundo, dos criaturas sin pecado?
Esta reflexión es también una de las razones por las que tengo dudas de tener una familia numerosa. Son reflexiones extremas que en las mayoría de los casos se presentan por la noche, antes de acostarme, cuando por alguna razón perdemos parte de objetividad y todo aparenta más oscuro, oprimente y complicado.
El sol trae un nuevo día y si no abres el periódico tal vez sea un buen día, pero como te equivoques, vuelves a entrar en la misteriosa crueldad de nuestro alrededor, retransmitida con perverso énfasis por los medios.

Me resulta pesada mi misma supervivencia, para tener que cargarme de la responsabilidad de más personas. Sin embargo he tenido dos hijos y todas las consecuencias que conlleva.
El mismo instinto humano de supervivencia, nos empuja a traer hijos al mundo. Pienso yo.Ya que vivimos, aprovechémoslos. Aunque sabiendo que todo lo que tenemos no es nuestro, tampoco nuestros hijos, porque la vida podría llevárselos sin pedirnos permiso, o podría meterle en peligro ante nuestra impotencia, mientras que si fueran verdaderamente nuestros seríamos capaces de defenderles.

¿Mis hijos están felices de estar aquí? ¿Si hubiera tenido la posibilidad de elegir si venir al mundo o no, que habría elegido? A pesar de todo, la vida es emocionante y también divertida, puede incluso que sea sencilla y feliz hasta el final.
Vivir es un poco como caminar por el borde de un muro muy estrecho, poniendo un pie delante del otro e intentando no caer. Una madre además tiene a sus hijos atados con una cuerda en fila detrás de ella y como alguien caiga es probable que se caigan todos.

Se me ocurre otro ejemplo absurdo: Cuando en el avión, las azafatas me explican como actuar en caso de emergencia, antes de tener miedo me preocupa mi deber como responsable de mis hijos. Me angustia la rapidez con la que tendría que ponerles las mascarillas, sabiendo que cada temblor o ataque de pánico atrasaría la practica y podría ser fatal para sus vidas. Pienso que tendría que ponérmela yo antes que a ellos, como si mi vida fuera prioritaria (aunque sabemos que la razón es otra). Pienso que a pesar de que esté muriendo de miedo, debería tranquilizarles, para no asustarles más.
Vivir se hace más pesado, morir también.

Mi hermana o mi padre me dirían que no puedo vivir con miedo y que no debería pensar en ciertas cosas, tienen razón, para ser sincera es lo que hago, intento no pensar en ello, intento alejar los malos pensamientos y concentrarme en los buenos, sino no estaría deprimida. Desafortunadamente tenemos que olvidar y hacerlo rápidamente, debemos ser capaces de seguir adelante siempre y en cualquier caso para intentar construir una existencia más feliz a nuestros hijos.


Pasan cosas inmensas, en el mundo, terribles, maravillosas, tan cerca que marcan para siempre nuestra vida, sin embargo, una vez que han pasado, nos damos cuenta de que solo nos han rozado, y tenemos que conformarnos en imaginarlas como si nunca hubieran pasado.

“Gli Sfiorati”, Sandro Veronesi .

 


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22 enero 2019

París

El viernes pasado hemos ido rumbo a París, ha sido un viaje relámpago, después de dudar varías veces si ir o no…. Por el tema de los niños. Antes de ellos nunca me planteaba si ir de viaje o no, es una de las cosas que más me gusta, cuando no he viajado ha sido porque no tenía dinero. Sin embargo con los niños y sobre todo con uno de un año y medio, un viaje puede convertirse en un “tour de force” y ya tenemos suficiente con la rutina diaria.

El caso es que en la Fondation Louis Vuitton había una exposición que nos interesaba y que la quitaban en unos días, por ello nos animamos a pesar del frío parisino de enero y las incertidumbres de si los niños se portarían bien. Compramos los vuelos y reservamos un hotel muy bonito que se llama Eiffell Blomet, a veinte minutos caminando de la Tour Eiffel. El hotel es bonito, como todo en esta cuidad, la habitación pequeñita y acogedora, con una terraza con una vista ideal. Paris me recuerda a los antiguos dibujos animados, me pareció estar dentro de un cuento. Sólo había estado una vez hace muchos años y el único recuerdo que tenía era de sentirme rodeada de belleza, cada calle, cada esquina, cada edificio de París son bellos.
He reencontrado la misma belleza, a pesar del gris y del frío inaguantable. Demasiado, a pesar de ponerme un abrigo de plumas bajo mi otro abrigo.

Con los niños no pudimos hacer todo lo que teníamos planeado, la organización con ellos tiene un déficit bastante gordo, pero el viaje con ellos ha sido divertido, hasta pudimos hacer un spa juntos el domingo por la mañana. Me gusta la idea de que vean cosas, de que se sientan parte de la familia en cualquier momento.
El viernes nos dio tiempo solo para ir a cenar y volver al hotel a dormir a una hora todavía legal para los niños. Al día siguiente caminamos hasta la Tour Eiffel, Leonardo estaba muy ilusionado con la idea de verla, el año pasado la había estudiado en el cole y la dibujó en uno de sus cuadros. Le gustó tanto que nos dijo que le daba mucha pena que no estuviera en Madrid y que por la Tour Eiffel se mudaría a vivir a Paris.

Encontrar taxis en Paris es desesperante, nunca había esperado tanto y el tráfico es aterrador. Llegamos a la Fundación Louis Vuitton, donde había una cola inmensa bajo la lluvia y que gracias a los niños evitamos ;), para ver la exposición de Basquiat. Digna de nuestras expectativas.
Comimos luego en un restaurante italiano que nos gustó muchísimo, se llama Daroco, perfecto para ir con los niños.
Por la tarde dimos un paseo por le Marais y fuimos a ver el Centre Pompidou. Luego volvimos al hotel a por una ducha caliente. Los niños se durmieron antes de cenar, destrozados de un día infinito y nosotros comimos libanes en la habitación.

Aprovecho para aclarar también por aquí que no voy a dejar el blog. Ni se me ocurre! Cuando en stories hablé de poner fin, me refería a la novela que he escrito y que por fin he terminado. A pesar de que lo dije, mucha gente no lo ha escuchado y me ha escrito preocupada. Voy a seguir con este blog hasta que me echen jajaj.

Buena semana.


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15 enero 2019

Mi rutina de deporte

Nunca me he dedicado a un deporte en concreto, mi relación con la actividad física desde que era pequeña, no ha estado marcada por ninguna pasión, si no porque “es bueno hacer deporte”, además se me da bien ;). En el colegio era de las mejores en escuela deportiva y muchas veces me apuntaba a las competiciones de carreras y de salto de longitud (aunque no he ganado nunca jajajaj).

Siempre he ido a natación, lo recuerdo con mucha pereza, jamás lo elegiría como deporte ahora, pero mis hijos están apuntados, porque sigo pensando que es uno de los mejores deportes para el cuerpo y además hay que aprender a nadar.

De mayor he empezado a ir al gimnasio, al principio me costó, pero poco a poco le he cogido el gusto, hasta llegar a hacerme dependiente. Antes de quedarme embarazada de Leonardo, iba al gimnasio de lunes a domingo y cuando estaba de vacaciones, hacía ejercicio con gomas.

Durante ambos embarazos he seguido haciendo ejercicio con poco o nada de peso y además Pilates.

He probado también Cross Fit, me ha gustado la forma de entrenar, a través de circuitos, la veo súper efectiva.

Pero lo que más me preguntáis es por la recuperación post parto.

Para empezar tengo que decir que mi genética me ha ayudado mucho, nunca he seguido ningún tipo de dieta, incluso me permito bastantes caprichos. Sin embargo una correcta alimentación, en la mayoría de los casos, es fundamental!

Ya sabéis que tuve un prolapso de vejiga (de 1/2 grado) después del segundo parto y por ello tuve que dejar la actividad física durante un largo periodo (un año y medio). En ese periodo solo hice ejercicios hipopresivos en una clase dirigida por una matrona especializada en suelo pélvico (cerca de la glorieta de Quevedo) y en casa todos los días.
Gracias a ello y a mi constancia en hacerlos, mi suelo pélvico se recuperó y quise volver a la actividad física que echaba mucho de menos.

Me apunté a clase de ashtanga yoga, fue durante tres meses, pero a pesar de que me gustaba, me di cuenta de que teniéndolo como único deporte habría tardado mucho en recuperar la tonicidad que esperaba y decidí dejarlo para volver al gimnasio. Pienso retomarlo en el futuro como único deporte, me gusta el yoga porque es una disciplina dulce, que respeta el cuerpo.

Creo que a todas nos pasa que después del brutal cambio de nuestro cuerpo tras el embarazo, queremos vernos como antes. Yo no tuve problemas de peso, pero igualmente mi silueta no era la anterior y quería volver a verme tónica.
Os aviso de que la recuperación verdadera llega después de la lactancia, así que paciencia, la lactancia materna en mi opinión es un periodo maravilloso y que merece la pena ser disfrutado. No tengáis prisa, todo llega a su tiempo y la primera recuperación que necesitamos después de un parto, es el descanso!

Mi verdadera vuelta al gimnasio ha sido en septiembre. Desafortunadamente no puedo ir con la misma frecuencia que antes, porque los compromisos entre trabajo y familia no me lo permiten. De todos modos me considero una privilegiada, porque la mayoría de las mujeres trabajan el día entero y no les queda ni una hora libre al día para poder dedicarse a sí mismas. Yo trabajando de autónoma puedo recortarme una hora al día para el deporte.
En las semanas más relajadas, consigo ir al gimnasio cuatro veces a la semana, otras veces voy menos, dependiendo de los compromisos.
Pienso que tres veces a la semana son lo mínimo para notar resultados.

Suelo ir a las clases de grupo, son las que más me gustan y menos me aburren, además al tener solo una hora, me encajan perfectamente.

Alterno trabajo aeróbico (cardio) con trabajo de fuerza.

Las clases que normalmente hago son:

Body combat (2 veces por semana) me gusta porque es básicamente cardio y por ello sudo mucho y además trabajo bien la parte de arriba: hombros, brazos, tórax, abdomen.

Body pump (1 o 2 veces por semana) es la única clase que hago para trabajar fuerza, es toda con pesas y barra. Suelo coger pesos ligeros para trabajar mejor en los movimientos, que según mi punto de vista dan mejores resultados y menos riesgo de lesiones. Además nunca he aspirado a tener un cuerpo musculoso, prefiero que sea tonico e fit.

Body attack. (1 vez a la semana) Es la más cañera de todas las que hago, si no estoy entrenada, por ejemplo, a la vuelta de las vacaciones, me cuesta aguantar toda la clase (aunque lo hago) Es una clase que trabaja la potencia: cardio y fuerza a la vez. Te deja muerto, pero es muy divertida.

Estas tres son mis clases de rutina, a veces por cuestión de horario, me encajan más otras, pero principalmente mi entrenamiento se basa en esto.

Al llevar mucho tiempo haciendo este tipo de ejercicio, sé adaptarlo a mis exigencias y conozco lo que me hace bien y lo que no. A pesar de que son clases de grupo, sé cómo adaptarlas a mí.

He aprendido que los ejercicios con fuerte impacto son malísimos para el suelo pélvico y también algunos ejercicios para el abdome, que tanta prisa tenemos de que vuelva a su tonicidad. Es preferible hacerlos con mucho cuidado y realizar ejercicios como “la plancha” en lugar de los “Crunch” por ejemplo. (Un buen entrenador sabrá aconsejaros).
Las clases te permiten elegir opciones, pero pienso que para alguien que empieza, sería útil un periodo de entrenamiento personal.

Esta es mi rutina de deporte, mi experiencia personal y lo que me funciona a mí, pero pienso que cada uno debería buscar la más adecuada a su cuerpo y exigencias. Espero de todos modo haber colmado vuestra curiosidad y haber respondido a vuestra preguntas.

Acabo de volver del gimnasio 😉

Buen Martes

Foto de Deborah Torres. En la Playa de Las Gaviotas en Tenerife.

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10 enero 2019

La ruta natural

Nací inconsciente y dependiente de mis pilares familiares, la única cosa que conocía: mis padres.
Viví la infancia con inocencia, conquistando poco a poco paréntesis de autonomía, buscando mi espacio, afirmando mi existencia a través de los gestos cotidianos como comer sola, elegir qué ponerme y algunas veces también enfadándome. Cuando me di cuenta de mi unicidad, cree mi universo personal que comprendía mi familia y mis amigos.
Quise ser mayor para poder hacer cosas que no tenia aún permitidas.
Me convertí en una chica curiosa por descubrir el mundo, las emociones, los besos y las relaciones.
Después fui una mujer independiente y por último madre.

Nunca he contado los años hasta ahora, ni me he preocupado por mi edad, los números no son lo mío, prefiero las palabras.
He cumplido treinta y seis años, soy joven todavía, pero noto que por primera vez me miro con otros ojos, más atentos, que escucho con otros oídos y estoy más preocupada.
La juventud descarada se ha convertido en una madurez cautelosa y junto a ellas he notado las señales del tiempo en mi cuerpo.
Este año me he dado verdaderamente cuenta de que soy una persona adulta y que a partir de aquí la ruta irá al revés, hasta el final…. O “nuevo comienzo”.

Sobre mi espalda cargo con las responsabilidades como pilar que soy para mis hijos, las mismas que pesaron sobre las espaldas de mis padres cuando era yo la hija pequeña.
Soy la que tiene que construir un nido confortable y robusto para que mis hijos estén protegidos y luego favorecer sus independencia, sin dejarles a la deriva. Gestionar sus enfados con paciencia.
Soy la que tiene que mostrarles el camino en el que podrán construir su existencia y luego ponerme de lado, aceptar que me ignoren hasta cuando se den cuenta de que todavía necesitan mi apoyo y en ese momento, estar allí, en lugar de ocupada en cualquier otro asunto.
Soy la que tendrá que cerrar los ojos para no verles cometer errores y caer en las trampas de “las cortinas de humo” Y abrirlos rápidamente en caso de se queden atrapados o decepcionados.

Cuando ya sean mayores, yo lo seré aun más y ofreceré mi ayuda dentro mis posibilidades, pero ya todo estará hecho, recogeré los frutos de mi labor, buenos o malos.
Después volveré a ser una niña, con la cara y el cuerpo arrugados, pero con más sabiduría en la cabeza, con la inocencia perdida a cambio de la experiencia y con la necesidad de que me cuiden como se hace con los bebes, porque físicamente un poco bebé seré. Lo único que no cambiará será el inmenso corazón de mamá.

Esto es lo que pienso cuando veo una nueva cana aparecer entre mi pelo o cuando sonriendo noto crearse en mi cara un mapa de líneas antes desconocida.
El tiempo pasa inevitablemente, para todos, para los ricos y para los pobres, para los buenos y para los malos, para los guapos y para los feos, para los poderosos y para los humildes. Con los años nos hacemos mayores y perdemos la belleza de la juventud.
Es imposible parar el tiempo, es inútil luchar contra ello, la única cosa que conviene hacer es intentar aprender el máximo posible, ser esponjas, ser alumnos de la vida y un día descubrir que poseemos más riqueza de lo que hubiéramos anhelado. Cerrar el ciclo en plenitud.


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7 enero 2019

Cosas por las que quiero agradecer al 2018

Este año más que concentrarme en los buenos propósitos para el 2019, he reflexionado sobre “el cierre” del año pasado. Como se hace con los negocios, cuando se recopila el trabajo hecho, se verifican las entradas y los gastos y al final se hace un resumen financiero que dice si la actividad cierra el año en pérdida o en beneficios.

Mi año se ha cerrado con más beneficios que pérdidas y me siento en el deber de agradecer por todo lo que he recibido.

Por recordarme lo importante que es creer en los sueños.
Algo que me había olvidado, concentrada en mi papel de madre. “Lorin ya no existe” Solía decir hablando de la que era antes de ser madre, Lorin es como me llaman en Italia, mis amigos, mis compañeros, mis familiares.
Lorin era una chica con la cabeza constantemente en las nubes, que creía en todo, perseguía sus sueños, también los fugaces, hasta alcanzarlos. La dejé ir, pero me he dado cuenta de que nunca se fue de verdad, se quedó escondida a la espera de que la extrañase. Ha llegado el momento, estoy realizando el sueño más grande de todos, el que tenía guardado solo para mi. Escribir. Las palabras me gustan tanto como la melodía de una canción y la armonía en una fotografía. Es mi forma de sentir. En el 2019 si todo va bien saldrá mi primera novela, ojalá sea la primera de muchas. Ojalá pueda un día lejano volver a leerla, reírme por mi forma de expresarme casera y decir “era solo la primera Lorin, has mejorado mucho”.

Por la vuelta de mi madre en whatsapp.
Los que me leen desde el principio saben que mi madre estuvo a punto de morir por un aneurisma cerebral y que sobrevivió milagrosamente, escribí varios posts sobre ello. El caso es que mi mamá ahora es algo diferente, aunque no tiene señales evidentes en el cuerpo, ni en la forma de expresarse, hay algo que la enfermedad se ha llevado, su verdadera esencia, sus sentimientos y emociones, los sabores y los olores…. Nos ha dejado una mamá menos sabrosa. Es como si a tu plato preferido le quitasen las sal y los aromas, seguirías reconociéndole en el aspecto, pero sería diferente. Desde que sucedió, cada pequeño acercamiento a su esencia verdadera, es una meta. El año pasado ha sido la vuelta a los mensajes en whatsapp. Parece banal, pero leer “mamá está escribiendo” para mi ha sido un regalo que no tiene precio.

Por los miedos que se han quedado como tales sin convertirse en algo peor.
Todos los miedos se amplifican cuando eres madre, en mi caso he llegado a ser hipocondriaca, cosa que antes estaba muy lejos de mi forma de ser. El año pasado me he llevado un par de sustos con Orlando y doy las gracias por ello, porque se han quedado como tales sin convertirse en nada más. La salud es el regalo más grande que podemos tener en la vida.

Por los días aburridos, que parecen interminables. Cuando miras al reloj cada diez minutos pensando que hayan pasados horas, esos días lentos sin nada de emocionante, sin nuevos amores, sin celebraciones especiales, sin novedades. Estos días son una bendición, porque la calma significa que todo va bien. Habría que celebrar por cada día de estos, porque el valor de la calma es inestimable.

Por los encuentros. Porque detrás de ellos se esconden bellísimas amistades, oportunidades, amores, fantasías….
Poder compartir las risas, los secretos, una mirada, los bailes, las cervezas, un viaje, las dudas, las quejas, los sufrimientos, una palabra, un beso…..
Compartir es vivir. Esto explicamos a nuestros hijos y cuanto más, más felicidad.

Por las oportunidades que me ha dado esta ciudad y este país. Por poder permitirme el lujo de hacer un trabajo que amo y que me permite compaginar mi vida de madre con la gratificación profesional. Este es mi mayor secreto de belleza 🙂 .

A José por las fotos.
Porque detrás de una influencer hay un novio pringado. Este comentario es verdad y os aseguro que es más complicado de lo que aparenta en los videos irónicos.

Por lo bueno que se queda.
Por la suerte que me ha acompañado hasta ahora, por hacerme sentir una privilegiada en este mundo complicado, a veces cruel, a veces insensible. Y darme la posibilidad de apreciar lo que tengo y de no sentir la falta de nada.

A vosotros.
Por cada mensaje, cada foto, cada comentario que me enviáis. Me llegan dentro. Saber que hay alguien que a pesar de no conocerte, te comprende, te anima, te aconseja y se interesa de lo que haces, es grandioso.
Gracias de corazón por cuidarme.

Fotos de Deborah Torres, que es una amiga de Tenerife y fotografa de bodas increíble.
Muchas gracias a  @romulo_floralart por la decoración tan detallata y bonita y a @lafurgona por prestarnos la furgoneta y hacernos creer de haber vuelto a los años ’70.

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6 ComentariosEnviado por: lcaldarola

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