Mamma Mía

18 septiembre 2020

La ingratitud de los hijos.

En Italia el colegio empezaba a las 8.00 en punto, así que mamá nos despertaba una hora abundante antes, cada mañana. Recuerdo que levantaba las persianas para dejar entrar la luz del día y luego apoyaba una mano sobre mis nalgas y me oscilaba lentamente de un lado al otro, como un masaje, hasta que abriese los ojos. Ese dulce balanceo me hacía el despertar menos traumático.
Repetía el mismo gesto con mis hermanas y luego iba a despertar a mi hermano. Cada mañana durante los años del colegio, mi madre nos despertó. Sin excepción.
También preparó cuatro desayunos, nos ayudó a vestir, nos calentó el baño con una estufa cuando el radiador no nos parecía suficiente en invierno, nos deseó buen día y nos besó en la puerta de casa.
Recuerdo su perfume a musgo blanco y jabón, al acercarse.
Cuando salíamos y la casa se volvía silenciosa, abría todas las ventanas para ventilar, ordenaba los restos del desayuno y se arreglaba para ir a trabajar.
Me la imagino con su peculiar prisa y cuidado a la vez, se subía las medias y se ponía la falda de tubo. La que conjuntada con una camisa fluida, es el “uniforme” con el que pintaría a mi madre.

Su forma de ser, incansablemente disponible nos ha permitido “aprovecharla” de día y de noche sin demasiados escrúpulos, a cualquier hora había una razón por la que chillar “mamma”.

También cuando nos hicimos mayores. Cuando durante mi oscuro periodo de ataques de pánico, la despertaba de improvisto por la noche, pues estaba convencida de que “me iba a morir” y ella me llevaba al salón, me tumbaba en un sillón y me abrazaba hasta que paraba de temblar. Cada noche durante un año se despertó y se quedó conmigo lo necesario. Mi necesario, pues sé que ella moría de sueño y de cansancio, porque no paraba, nunca.

El día en que perdí el tapón mucoso estábamos juntas en casa. Corrí a la cocina a decírselo, exactamente como hice la primera vez en la que se me mancharon las braguitas de sangre y me hice “signorina” (señorita) como me dijo ella.
Por la noche cuando las contracciones me doblaban y el resto del mundo dormía, ella se quedó sentada en una silla, animándome porque dijo: “sé por lo que estás pasando”. Compartimos un momento que nunca olvidaré, antes de saludarla con una sonrisa mojada de lagrimas, para de dirigirme al hospital con José y mis hermanas.

Desde aquel día, las despedidas en la puerta de casa fueron muchas, todas acompañadas de ininterrumpidas lágrimas. La más dolorosa la recuerdo con un niño demasiado pequeño en mis brazos y una maleta demasiado grande.

Sin embargo hay una despedida que nunca llegamos a celebrar con lagrimas y abrazos. Fue la transición de mi mamá a una nueva mamá.
Nunca imaginaría que pudiese pasarme algo así. Sé que las personas no cambian, lo he comprobado. Seguimos cometiendo los mismo errores, seguimos teniendo los defectos con los que hemos nacido, por mucho que intentemos mejorar. Pero mi mamá sí cambió. Un día se enfermó, de repente, típico de la vida cuando quiere ser cabrona.
Estuvo luchando durante un año, con uñas y dientes y nosotros a su lado. Lo logró, porque ella es una fuerza abominable. Pero su sonrisa cambió, sus abrazos se redujeron, sus mimos desaparecieron, a veces sin darse cuenta, simplemente por olvido. Su uniforme cambió, su cuerpo cambió, sus maneras…. Entonces nosotros, yo, sin querer hice unos pasos hacia atrás y luego siguieron otros pasos, y paré de pedirle cosas, paré de contarle cosas…. Paré de ser la misma hija, como ella paró de ser la misma madre. Me enfadé, no se con quién, pero me enfadé, todavía me sucede.

El otro día mientras me masajeaban los pies en la cabina de un centro de belleza, durante otro momento privilegiado de mi vida, lloré. Pensé en ella y me entró nostalgia en las entrañas. Pensé que aquel mansaje se lo merecía ella más que yo, que desde hace mucho no le doy los besos que ella me dio a mi durante muchos años, que no me quedo a escucharla cuando está triste o deprimida, como ella hizo conmigo cada vez que rompía con un novio.

Porque los hijos cogen, piden y esperan. Los hijos necesitan. Siguen necesitando también de mayores, y los padres siguen dando, preocupándose y ocupándose de ellos, también cuando son mayores. Es una relación escrita en las estrellas.
Por mi egoísmo “de hija” no soy capaz de corresponder el amor de mi mamá en la misma proporción, no soy capaz de devolver algo de todo lo que ella me ha dado.
Me consuela saber que lo viviré un día en mi propia piel y ese día, otra vez, me sentiré tan cerca de ella. Mamá.

Se dice que los niños son un milagro, pero poco se dice sobre el valor de las madres. Únicas.


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14 septiembre 2020

La familia es un pilar que en el tiempo se ha adueñado de detalles

El agua caliente, a pesar de que fuese verano, abierta en la modalidad “fuente” de la ducha, se derramaba sobre todo mi cuerpo en un denso mapa de gotas, que en caída libre creaba decenas de caminos entrelazados y sin salida.
Como de costumbre me perdí un rato estudiando las formas que tomaban vida entre las vetas del mármol, animales, cuerpos, caras obscenas, cuernos, orejas de conejos con rasgos de anciano…. En el techo una reciente mancha de humedad, ha revelado el cuerpo de una mujer embarazada.
Me di la vuelta dejando la cabeza libre, colgar hacia abajo. Di un rápido vistazo a mis pies, de un tono más oscuro por el sol y con las uñas pintadas de verde bosque. El único verde que tolero, sin la esperanza del verde claro, sin la vulgaridad del verde ácido, ni la tristeza del verde militar.
El agua esta vez me aplastaba el pelo de la nuca, dividiéndolo en dos grandes mechones que pesaban a los lados de mi rostro. En esta posición alcanzo un nivel de relajación casi perfecta y a veces es cuando pienso en cosas.

La revelación ha venido cuando todavía mojada y desnuda, me miraba al espejo mientras frotaba el pelo con una toalla. Por cierto es preferible no hacerlo, la forma correcta para secar el pelo es taponándolo con la toalla.
Me imaginé a las familias, a las mías, a las de mis amigos, a las que veo fuera del colegio, a las del parque, de la calle…. y se me ocurrió una comparación muy sencilla: los vaqueros Levi’s. Míticos para cualquier generación. Un concepto, aún siendo comercial, tan interiorizado como es la familia.
Una tal vastedad de modelos que para recordarlos, se llaman como matriculas, 501, 511, 527, 545….
Cada modelo, aunque sean de material parecido, casi idéntico, tienen pequeños detalles que les hacen diferentes. Como las familias, a pesar de la similitudes por definición, son diferentes las una de las otras.
Como cada cuerpo se adapta mejor a un modelo de levi’s, así cada familia tiene su propio código interno que desde fuera puede ser difícil descifrar.

La familia es un pilar que en el tiempo se ha adueñado de detalles, una costura diferente, una silueta más corta, larga, ancha….., un corte, un bolsillo….
Con el paso del tiempo las modas han modificado los vaqueros, así como la sociedad se ha modificado, originando nuevas tipologías familiares.
Ninguna menos valiosa que las otras, ninguna mejor que otra, solo diferentes.

Me acerco al espejo, miro el diastema que con los años se ha acercado ligeramente, recuerdo cuando de jovencita, una agencia de moda me había propuesto cerrármelo y yo no entendí el porqué; nunca había visto en un defecto, algo negativo. Para mi el diastema era como un nombre, una característica sin la que no hubiera sido yo, como la cicatriz que tengo en la mano, como los “párpados caídos”…. Recordé cuando el arte clásico me parecía el único arte, hasta que un día me di cuenta de que habían códigos trasversales que hacían las cosas interesantes. Cuando empecé a ver de verdad, descubrí que la apariencia da igual, que el resto también. Porque lo que cuenta, al final, es lo que te llevas contigo.

Vestido y bolso de Longchamp. Sandalias de Avec Moderation.


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8 septiembre 2020

Mi hermano

A mi hermano nunca le he dedicado un post, ni escrito una carta, sin embargo es una persona imprescindible en mi vida.

Le extraño de una manera plácida y constante. La despedida tras nuestras vacaciones me ha costado más que otras veces. Con un nudo en la garganta, cuyo sabor entre ácido y metálico, precede al llanto, mientras los largos brazos de un hombre de un metro y noventa abundante, me abrazaba.

Mi hermano es extrovertido e alegre, nunca se queja de nada y siempre le queda una sonrisa de repuesto, a parte de la que tiene constantemente estampada en su cara.
Está siempre de buen humor, pero tiene una característica. Sabéis los “culanes de chocolate”, que te sorprenden por su corazón de chocolate caliente una vez que rompe la coraza de pastel? Mi hermano también preserva una sorpresa en su interior, una conciencia silenciosa y que nunca reclama. La cosa peculiar de las personas como él, es que a veces no las recuerdas con exactitud. Me explico mejor, en muchos recuerdos del pasado, no recuerdo donde estaba mi hermano, a pesar de que se que siempre estábamos juntos, tengo unos huecos temporales de su presencia en mi vida.

Esas personas, sencillas y solemnes son como presencias intangibles.

A posteriori me lastima no tener mas vividos todos los momentos pasado juntos, aún así siempre he percibido su presencia en mi vida, su apoyo cada vez que lo necesito y su amor de hermano mayor, más cómplice que responsable, como a mi me gusta y como está en nuestras cuerdas.

Para mi es un hermano especial, como le decía a él: Mi hermano preferido. Y le añoro, mucho.

 

 


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3 septiembre 2020

La maternidad es un himno de la vida

Ya he tratado este tema en el pasado, pero quisiera volver a comentarlo, aprovechando que los niños se han dormido a una hora decente. El primer intento de vuelta a la rutina ha funcionado. Pero creo que dejaré la pagina abierta y volveré mañana, ahora voy a bajar para pasar un rato “de adultos” con José y arreglar los restos de un día caótico.

Hace unos días estaba comentando con unas amigas sobre un blog de maternidad, donde un grupo de madres, evidentemente agotadas, se desahogaban a través de comentarios algo sarcásticos sobre sus hijos.
Hace unos años me hubiera tomado mal esos comentario, incluso es posible que me hubiera enfadado. Para mi ser madre era lo mejor que me había pasado (sigue siéndolo), estaba enamorada de mi hijo y emocionada por sentir la explosión de un amor por encima de todo. Quien me lee desde el primer año de Mamma Mia, recordará que mis posts hablaban de lo maravilloso que es la maternidad.
Efectivamente Leonardo era un niño mediamente bueno y fue la razón por la que superé el primer año en Madrid sin depresión.

Con el paso de los años empezó a gustarme mi vida en Madrid y me sentí preparada para volver a ser madre.
Cuando tuve a mi segundo hijo, cambió mi perspectiva de la maternidad, todo lo que había sentido seguía existiendo dentro de mi, sin embargo nuevas emociones iban haciéndose hueco: la irritación por la falta de sueño, el estrés por no llegar a todo, la insatisfacción por no ser lo que quería, la frustración por las incomprensiones con la pareja….
Ser madre una segunda vez me puso a prueba duramente. Afortunadamente los niños se hacen mayores y la vida vuelve a recolocarse en el sitio en el que la había dejado. Aunque siendo madre, para el resto de tu vida.

Nunca planeé mi vida de mayor como madre, no me imaginaba una familia, me veía libre viajando por el mundo. Evidentemente la vida tenia otros planes para mi ☺
Tuve hijos relativamente joven por nuestra época, el primero con treinta años. Así que no llegué a sentir el ridículo peso de la edad que “marca el estado fértil de una mujer”, nadie llegó a decirme que se me “pasaba el arroz” o que iba a “vestir Santos”
No he llegado a sentirme fuera de lugar cuando a mi alrededor ya se habla solo de hijos….
Afortunadamente tampoco he vivido la discriminación en el trabajo, o la frustración de la imposibilidad de conciliar vida familiar y trabajo.

Aún así he pasado momentos duros en los que no he sido una madre ejemplar, (lo demuestra el hecho de que mis hijos se han aprendido solo palabrotas italianas ajaaaj).
La maternidad te lleva a los limites, pero aun más la sociedad con sus “valores” e idealizaciones, difíciles de alcanzar o incluso inaccesibles. La presión que ejerce ha llegado a manipular los comportamientos humanos y las relaciones. Cada vez más conflictivas y aumentado distanciamiento e intolerancia.
Las opiniones se han convertido en criticas, verdaderos ataques morales que están causando una “auto censura” magistral, de la que la mayoría ni se da cuenta.

Su reflejo en la maternidad ha sido drástico, desde la procreación a casi un obstáculo en la vida de muchas mujeres.

Finalmente os diré que defiendo la maternidad, pero concienciada;
Los hijos no arreglan las relaciones de pareja que no funcionan, no mejoran las condiciones sociales, no son aptos para aliviar el tedio.
La maternidad es una cosa seria. Tal vez lo más serio en una vida. La responsabilidad más grande que pueda tener un ser humano.

Los hijos son lo más valioso que tenemos y por ello es necesario cuidarles con devoción. Tener hijos no es mejor o peor, no es una obligación ni una falta. La maternidad es un himno de la vida, si quieres únete.


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31 agosto 2020

Regreso a Madrid

Hemos regresado a Madrid tras unas vacaciones inesperadas y muy agradecidas. La famosa vuelta al cole está a la vuelta de la esquina, esta vez más titubeante que nunca.
Hace un par de meses decidimos no renunciar a las vacaciones y empezamos a viajar por España y luego a Italia. Entonces me sentía más o menos consciente de la situación y algo menos preocupada, sin embargo la vuelta parece una nueva etapa a la merced de las olas.

Anteriormente las incertidumbres incumbían con otro peso, marginadas tal vez por el entusiasmo natural de la vida. En esta “nueva época” estamos sometidos a una mayor inestabilidad y obligados a creer en una existencia con muchos enigmas y menos lógica. Un proceso que para muchos requerirá tiempo para asimilarlo, para otros será más asequible.
En cualquier caso nos da mucho en lo que pensar.

Recuerdo septiembre como el mes de los cumpleaños y de los reencuentros con los amigos tras las vacaciones en familia.
De la vuelta al colegio con la piel morena y las asignaturas olvidadas.
De los diarios nuevos, con las páginas blancas para rellenar.
De la vuelta al trabajo, con ganas.
El trampolín para lanzarse en nuevos proyectos.
El mes para extrañar los amores del verano.
El comienzo de un año nuevo.

Septiembre era para mi un mes de amor y odio, positivo y negativo, pero algo real y concreto. Sin embargo esta vez lo acojo como un salto al vacío, un momento de transición sin una meta clara, un oráculo del que espero respuestas.

He disfrutado del verano y estoy profundamente agradecida por ello. Por otro lado estoy preocupada y no puedo parar de imaginar como será Septiembre, y Octubre, y los meses siguientes.
¿Los niños volverán al colegio? ¿Las oficinas volverán a llenarse, los transportes públicos serán seguros, los viajes seguirán estando al alcance de todos?
¿Como evolucionarán nuestras vidas? ¿Celebraremos la navidad con nuestras familias y amigos?

Siento acercarse la hipótesis de un nuevo confinamiento, o algo parecido y tengo la (espero que sea equivocada) sensación de que los daños económicos, morales y psicológicos, causados por la pandemia de esta Primavera, todavía no nos han afectado al 100% más bien nos queda un buen trozo de tarta por comer.
Son suposiciones sin fundamento, una reflexión personal que quiero compartir porque me interesa saber vuestro puntos de vista.

Voy a publicar las memorias de nuestras ultimas vacaciones, en Tenerife.

Espero que hayáis podido disfrutar del verano y que tengais un rico “patrimonio de recuerdos” para que el invierno sea más llevadero.


Playa de Taganana.


El Bollullo.


Santa Cruz de Tenerife.


Playa

 


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20 agosto 2020

Este verano

El verano 2020 lo recordaremos siempre como el del Covid y el de los rebrotes, de las mascarillas obligatorias y de la distancia social. Será el primer verano de la nueva normalidad.
Un verano que nos ha enseñado el misterio y la vulnerabilidad de los planes a largo plazo.
Un verano que puso negro sobre blanco a las leyes de la naturaleza y que nos reveló la capacidad humana de adaptarse a cualquier situación y pasar página.

No quiero olvidar nada de este verano, recordar las cosas malas para aprender de ellas y celebrar las buenas, porque de esto va la vida.

Este verano he conocido Ibiza, me he enamorado de una isla que nos ha regalado momentos felices en familia y con los amigos.

Este verano he vivido los reencuentros con las mismas ganas de la primera vez.

Este verano he disfrutado de las comidas con vistas al mar y de las copas de vino blanco, Viña Esmeralda entre mis preferidos, junto a mis amigos.

Este verano he jugado a las cartas como nunca y además he ganado cada partida ajajaj

Este verano he viajado con mi familia a la montaña, hemos paseado entre paisajes increíbles y dormido debajo del edredón en pleno agosto.

Este verano he pasado más tiempo con José y los niños y no obstante ha habido días interminables y agotadores; me he dado cuenta de que hemos creado un momento único y memorable, que recordaremos para siempre con nostalgia. Será el verano que nos unió más que nunca.

Este verano es un verano diferente pero si lo pensáis bien, las cosas están en constante evolución y nada sigue igual, nosotros cambiamos, nuestro alrededor cambia, si las cosas se quedarán iguales, si los momentos bonitos se repitiesen una y otra vez, acabarían siendo menos especiales.

Os propongo un brindis para este verano, con el deseo de que pase lo que pase, seamos personas felices.
Levantemos las copas, la mía es el blanco de Viña Esmeralda, aromático, fresco y además vegano y brindemos por nosotros.

Aprovecho también para animaros a compartir una historia especial de verano con amigos. La mejor de cada semana ganará una ilustración de la historia contada, que llegará además de en digital, en print junto con un pack con 2 botellas de Viña Esmeralda (blanco y rosé) para seguir creando historias inolvidables. Podéis participar al concurso también a través de la cuenta @vinaesmeralda en Instagram.


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18 agosto 2020

Nuestras vacaciones en Trentino

El viaje a la montaña ha sido especial. Me ha recordado a los que hacía con mi familia natal cuando era niña y que recuerdo como una aventura.

Hacía mucho que no visitaba esos paisajes durante el verano. Solía ir a la montaña en invierno, cuando la nieve lo tiñe todo de blanco y las pistas de esquí se animan de gente. Mientras que en verano el mar ganaba por encima de todo. Alquilábamos una casa al lado de la playa, en Cerdeña, y pasábamos allí tres semanas paradisiacas.

Este año, debido a la situación actual, mis hermanos han decidido desplazarse únicamente en coche y mis padres han preferido no viajar.

Hemos ido a Italia, un par de días a casa de mis padres, otro en Milán con mi hermana mayor y luego hemos ido a la montaña junto a mis otros hermanos y sus respectivas familias.

Para llegar a Canazei, donde hemos pasado la semana, se tarda aproximadamente cuatro horas en coche desde Novara. Lo que conlleva continuas quejas y “¿cuando llegamos?” durante todo el trayecto. Además del mareo con final infeliz en el lateral de la carretera.

*Lo mejor, si es posible, es viajar en horarios estratégicos.

Canazei está en Trentino, al el norte de Italia. Las montañas son las Dolomitas, famosas por ser espectaculares. Lo son.
Nos hemos hospedado en un hotel con pequeños apartamentos, más cómodo para familias. Desde allí se pueden hacer muchas rutas diferentes, con o sin coche. En cualquier caso hay mucha variedad de planes para cualquier necesidad.
Para subir a las cimas de las montañas, sobre todo con los niños, hay que coger teleféricos o “soggiovie” como decimos los italianos (telesilla) y es divertidísimo, luego se elije un sendero para hacer caminando.
Cada día hemos estado sumergidos en la naturaleza; rodeados de bosques, que hemos cruzados a pie o con las bicis, de panoramas infinitos, de riachuelos de agua helada, donde hemos mojado los pies.

Ha sido como entrar dentro de un cuento y disfrutar de la naturaleza en su majestuosidad.

Recomendaría estas vacaciones a cualquier familia con niños. Por el constante contacto con la naturaleza, por los paisajes que merece la pena ver, por las numerosas actividades al aire libre que hay para ellos: parques de aventuras, animales en su hábitat natural, parques sostenibles y preciosos, recorridos con las bicis, restaurantes y refugios con toboganes, columpios y otros juegos.

La temperatura también es agradable, hace calor cuando hay sol y fresco cuando hay nubes, pero nunca se pasa calor ni frio, a menos que haya de repente una tormenta.
Lo mejor es vestirse con capas para ir quitando según la necesidad.

Os dejo con algunas de las fotos de nuestro mágico viaje. También he creado una carpeta en mi Instagram donde podéis ver los videos.


Cermis.


Laghi di Bombasel.


Canazei.


Val Duron.


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14 agosto 2020

Cuando vuelvo a casa de mis padres

Habrá una razón desconocida por la que cada vez que vuelvo a casa de mis padres, pongo en la maleta solo un par de cosas y me visto con ropa de cuando tenia veinte años o con las prendas que mi hermano (mide un metro y noventa cuatro) se ha dejado hace años.
Volver a casa de mis padres es un flash back tras otro, a veces resulta un poco incomodo, por los cambios de hábitos que he ido haciéndome a medida, a veces más nostálgico por los recuerdos tremendamente lejanos, que vuelven a emerger.
Cada cajón que abro es un collage de mi pasado y me pierdo rebuscando las piezas que componen el puzzle. Especialmente me hacen gracia las cartas y los diarios secretos de la adolescencia. Noto un cambio asombroso en el espabile de la nueva generación, comparado con mi ingenuidad de aquella época.
La mayoría de las cartas que escribía eran de amor y las escribía a cantantes, actores, y futbolistas que me gustaban. Lo ridiculo es que me dirigía a ellos como si fuesen íntimos.
Mis hijos no encontrarán tantas reliquias guardadas de su pasado, yo no tengo la misma manía de mi madre de conservarlo todo. Al revés, suelo tirar las cosas rotas, sin valor y que ocupan espacio. Me sienta muy bien hacer limpieza de trastos.
Por otro lado tendrán mucho material digital, fotos y vídeos que les retratan en cada instante.
Hace unos días, me puse a buscar algunos rotuladores y acuarelas de las que usaba en el colegio, para dárselo a Leonardo. En lugar de ese material, encontré tras veinticincos años, la parte izquierda recortada de unos vaqueros. Pertenecían a un niño del que estuve enamorada unos días. Mi mejor amiga tenía la otra mitad.
En otro lado del cajón, había una bolsa con unos juguetitos de tamaño mini, que tenía completamente olvidados y una cajita roja, que conocía perfectamente el contenido. Llamé a mis hijos y abrí la cajita. Quise enseñarle el mechón de pelo de mi antiguo conejo (nuestra mascota), del cual les he hablado innumerables veces. Lo había guardado durante una “muda” pues quería sentir la sensación de acariciarle también cuando estuviera muerto. Así fue, veinte años después, tener ese mechón entre los dedos, me recordó perfectamente las caricias que le daba a Camillo.
Puede que fuera una niña un poco original, por lo que recuerdo y por lo que me cuentan. Mis padres me dicen que se me notaba el carácter de “artista”…. quizás ha saltado una generación y ha sido directamente heredado a Leonardo 😉

Estoy preparando un post sobre nuestro viaje al Trentino. Espero que estéis disfrutando de vuestras vacaciones como yo. Un abrazo


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3 agosto 2020

Ibiza 2

Como os conté, hemos vuelto a Ibiza unos días y en compañía de una pareja de amigos y hemos podido visitar otras zonas de la isla.

Encontramos casa con un jardín y piscina muy bonitos, en la zona de San Josep.
Las playas más cercanas que hemos visitado y que en mi opinión merece la pena ver, han sido: Cala Comté y Cala Tarida.
En Cala de Comte hemos comido en el Restaurante Cas Milá y nos ha gustado.

Hemos vuelto a Cala d’ Hort, para cenar en el restaurante, la otra vez estuvimos en el chiringuito de la playa y nos quedamos con la ganas del otro. Nos han gustado ambos.

Hemos estado en la Playa de Aigües Blanques, donde la arena es más oscura y te quema los pies, pero la playa por la tarde se queda en sombra y se está muy a gusto. Os recomiendo de corazón NO ir al chiringuito de esta playa, es caro y la calidad no es buena, mejor llevarse algo para picar desde casa.

Hemos vuelto al Hostal La Torre, para cenar disfrutando del maravilloso atardecer (de los mejores que he visto). No os olvidéis de reservar mesa con anticipación, si queréis ir.

Me hubiera gustado contaros todo con más poesía y menos prisa, pero estoy con el cambio de las maletas, nos vamos a Italia, esta vez a la montaña. Así que pronto volveré a contaros una historia más. Mientras tanto os deseo felices y seguras vacaciones.

Hasta pronto.


Playa de Aigües Blanques.

Este vestido ideal es de Longchamp.


Mi traje de baño es de @honeydressingbeachwear


Cala d’Hort


Playa de Aigües Blanques.

Santa Gertrudis. Mi vestido y el bolso son de Longchamp. Las sandalias de Avec Moderation.


Nuestra casa en San Josep.


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30 julio 2020

Reflexión (post Covid) sobre mis padres

Me hubiera encantado conocer a mis padres cuando eran jóvenes, poder disfrutar de verles despreocupados y soberbios, percibir en sus rostros ingenuos aquel guiño de omnipotencia que nos caracteriza durante “los años del pavo”.

Me hubiera gustado compartir con ellos, de manera consciente, su etapa “madura”, cuando todavía eran jóvenes, pero la paternidad les había desviado hacía un camino más duro y responsable.
Charlar con ellos cuando nosotros estábamos dormidos, a lo mejor compartir una cerveza sin alcohol de las que en aquella época le gustaban a mi papá. Poder escuchar sus reflexiones cuando tenían mi edad actual.

Tengo miles de recuerdos de mis padres. Recuerdos que me hacen desear volver atrás para sentir otra vez la levedad de la inocencia y la tranquilidad de tener todavía mucho tiempo por delante. Sin embargo el tiempo corre y ahora que finalmente les comprendo sin juzgar y les admiro, pero sobre todo les acepto tal y como son, con los defectos que me han hecho ser hija enfadada varias veces y con las virtudes que me hacen sentir afortunada. Ahora es cuando se desata el ancla y se apaga el faro. La viejez que les enmarca me llenará el alma de añoranza y los ojos de lagrimas. Ahora se desmorona la imagen de inmortalidad que cosí años atrás y como nunca, quisiera atrapar un trozo más de tiempo para añadir y asegurarme de alejar esa imagen de abandono que empieza a entristecerme.

Hay cosas que los años no cambian, los padres siempre serán padres.
Y mis padres siempre serán la corriente que me devuelve sana y salva a la orilla. Nunca será suficiente el tiempo pasado juntos, nunca habré tenido bastante de ellos para no extrañarles durante toda mi vida.

La lejanía que este año se ha alargado de manera forzada y rara, me ha hecho extrañar a mi familia más de lo normal. La impotencia de no poder verles cuando me apetezca, si no cuando me lo permitan es una sensación muy extraña, a pesar de que la comprenda y la comparta completamente.
Si todo va bien iré finalmente a Italia unos días, con un poco de miedo y muchas ganas de reunirme con todos ellos.

Seguiré contándoos anécdotas.


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