Mamma Mía

25 enero 2021

La maternidad me hace pensar en un cielo nocturno, infinito y rebosante de estrellas

La maternidad me hace pensar en un cielo nocturno, infinito y rebosante de estrellas. Cada una de ellas representa un momento definitivo y relevante, a veces positivo, otras veces más sufrido. Pues la maternidad no es idílica, como no lo es ninguna relación, ni el amor. Aun así es bella tal y como es ese mantel salpicado de purpurina que nos envuelve por la noche.

Las madres vivimos en un constante vaivén de emociones que contrastan, ganas y rechazo, alegría y rabia, plenitud y frustración…. Somos una tribu con un propio lenguaje y que comparte ese extraño mundo fuera del tiempo, demasiado rápido y tremendamente lento a la vez.

Un tren que se precipita en el carril mientras en su interior impera el sosiego.

En este limbo agridulce estoy criando a mis criaturas, de puntillas y con todo el amor posible, consciente de mis limites y con expectativas terrenales.
La crianza es pura improvisación, un ejercicio sobre la marcha sin patrón absoluto ni margen de planificación. Es necesario salir de una imagen especifica, si la tenemos, y vivir según el instinto y lo que se nos presenta delante.

Es un acto altruista y generoso.

Sin embargo puede que algunas veces confundamos nuestras propias necesidades con las de nuestros hijos o pretendamos saber lo que es mejor para ellos.
Sin preguntárselo.
Sin escucharles cuando a su manera intentan demostrarlo.

Los hijos constituyen un puente entre el pasado y el futuro, se parecen a los sueños que silenciosamente juegan con el mundo invisible de adentro. Son pescadores de los que llamo “demonios interiores”, capaces de atraparlos uno a uno en un cubo de plástico amarillo. Y lo hacen presionándote.
Sin querer.
Sin saber.
Sin intenciones.
Con la misma delicadeza, que acompaña sus dóciles rasgos y la ingenuidad vivida del inconsciencia.

La maternidad es una gran oportunidad para renacer. Trazar una línea de comienzo, más consciente y menos pretenciosa y emprender un camino junto a nuestros hijos.

A ratos corriendo, a ratos agarrados de las manos, de vez en cuando parándose para descansar, cogiendo flores, resbalando, corriendo otra vez, caminando distanciados, sujetándose….

Observar

Escuchar

Sentir

Respetar

Perdonar

Y dejar que cada uno sea únicamente lo que quiera ser.


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18 enero 2021

Nueva semana.

Viernes.
La luz del móvil se enciende y apaga con una frecuencia que no supera los cinco segundos. Los he contado, ya que el móvil yace a mi lado y lo veo de reojo mientras intento concentrarme en escribir este post.
Son notificaciones de los chats del colegio, tengo una por cada hijo, o sea dos y ambos están a tope con el tema del cierre a causa de Filomena. Nos acabamos de enterar que se ha vuelto a posponer el regreso al colegio y en lugar que el lunes, se habla del miércoles.

El más rápido ha enviado el articulo del periódico diseminando el pánico y produciendo una ráfaga de mensajes incrédulos. Los primeros son comentarios varios sobre el tema, principalmente discrepancias y decepciones, la mayoría exponemos una opinión que no servirá de nada considerando que los hechos … hechos son. Algunos se proponen para ir personalmente a quitar la nieve. El tono del chat empieza a cambiar y poco a poco sale la verdad verdadera, que todos compartimos pero que nadie quiere ser el primero en admitirlo.

Llevamos un mes con los niños en casa y estamos a punto de colapsar, la paciencia se está agotando, las baterías se gastan más rápido que la de un I phone 7, probablemente hemos alcanzado la redención de nuestros pecados.

Yo ya no me dirijo a mis hijos sin gritar…
Yo me invento los castigos para que se queden unos minutos en sus habitaciones …
Y los memes, los gif, las emoticons empiezan a traficar entre los mensajes.

La noticia está confirmada y todos los propósitos se rompen en pedazos: empezar la rutina de deporte, las pequeñas obras en casa (desde que pasamos mucho tiempo en casa, nos ha dado para los cambios), el café con una amiga, que se ha convertido en el máximo evento, la compra histórica de la semana y sobre todo, más que cualquier cosa: el silencio.

Lunes
Llevo menos de dos horas despierta y necesito urgentemente el segundo café. Los niños se han peleado mientras sacaba la ropa del tendedero y me preparaba el primero. El salón se ha convertido en una gymkana que con destreza y el desayuno en las manos sobrepaso para llegar a la mesa, la cual está llena de piezas multicolores de lego que se convertirán en un algo-transformer dentro de poco, posiblemente al terminar el desayuno.
De vez en cuando me asusto por un grito de Orlando, grita mucho, demasiado para todos (me disculpo con los vecinos).
Mis hijos son independientes y tranquilos si están separados, sin embargo cuando están juntos, el mayor no para de molestar al pequeño y el pequeño no para de llorar. Esta es la principal razón por la que estoy deseando que vuelvan al colegio, para que puedan tener experiencias independientes y para que pueda yo descansar de esta “tortura”.
Me gustaría dedicar uno de los próximos post a este tema, el celo entre hermanos, pues en mi casa es ahora mismo lo más complicado de gestionar que tenemos.

Aprovecho para enseñaros un look en rojo y desearos una feliz semana.

Abrigo y pantalón de Longchamp. Zapatos de Prada (pero de hace unos años). Boslo de Longchamp.


Fotos de @romerodeluque


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15 enero 2021

Un nuevo día

Una señora rubia me persiguió anoche. Recuerdo perfectamente como la raya del cabello se repartía sobre su cabeza, pero no recuerdo en absoluto la razón de la persecución.
Estaba tremendamente asustada, escapar de alguien es muy agotador, también en sueños. Me desperté sudada, con la mandíbula cansada de apretar y perturbada. Aproveché para dar un vistazo a los niños.

De vuelta a la cama, intenté focalizar imágenes de otro tipo para olvidar a la mujer que todavía estaba muy presente en mi torpeza nocturna.

Llevo meses de pesadillas continuas y no es agradable, a pesar de que estoy acostumbrada ya que mis sueños suelen ser aterradores o sexuales desde que tengo memoria. Esta costumbre conlleva cierta pereza a la hora de levantarme, así que duermo hasta que mis hijos me despiertan, entre las ocho y cuarto y las ocho y media. Aparecen delante de mi cama con una impaciente urgencia de bajar al salón. A veces intento convencerles de que es pronto, pero la luz que entra desde la ventana, con las persianas rigurosamente levantadas, no les engaña:

“¡Mamá hay luz!”
¡¿Te has levantado sabiondo eh?

Orlando pide que le coja en brazos, bajamos al salón y yo vuelvo a subir para abrir las ventanas.
Ventilar es como el desayuno, no puede esperar, si no ventilo a los diez minutos de levantarme podría estar pensando en ello toda la mañana sin poder concentrarme. Necesito que entre aire nuevo y que salga el viejo; “un ritual de reencarnación de aire”.
A continuación hago las camas y estoy lista para mi mayor placer de la mañana: el café…. Que tomo rigurosamente de pie, la mayoría de las veces entre la cocina y el salón, mientras guardo la ropa del tendedero o saco los platos del lavavajillas. Estoy acostumbrada y no me molesta.
El desayuno es un acto dinámico para mi, sirvo a los demás mientras devoro al mío.

En mi casa yo sirvo, a parte servir para muchas cosas, también sirvo desayunos, almuerzos y cenas, meriendas y aperitivos…. Todo lo que va en platos o vasos digamos. Somos de estas familias anticuadas que me estoy empeñando en cambiar. Este hecho me ha convertido en una pesada, algo mandona y un poco desquiciada. Lo normal cuando quieres imponerte o cambiar las cosas.

Vivir con tres chicos es como volver a la universidad, me recuerda a cuando iba a casa de algunos compañeros para trabajar en los proyectos y no sabía donde sentarme para no coger enfermedades. Nunca pedía algo, ni siquiera un vaso de agua, por miedo.

Mi voluntad junto a mis manías obsesivas me producen cierto nivel de desgaste emotivo durante el día. Me acusan de ser demasiado maniática y no lo niego, me gusta que los productos en la estantería del baño tengan un criterio, lo mismo para los cajones y las estanterías. Pongo bolsita de lavanda donde está la ropa interior. Puedo justificarlo… También me gustan los nombres largos y algunos sabores de helado más que otros…. Son gustos y personalidad.

Y además soy el producto de mi madre:
Ese cambio se produce de manera inconsciente hasta que un día, ella habla a través de ti. La maternidad nos une y finalmente comprendes la frustración de una madre cuyas nalgas acaban mojadas cada vez que se sentaba en el wáter de su casa.

(Y a mi siempre me ha dado grima sentarme en un asiento calentado por el culo precedente al mío, bendita inocencia).

Miramos por la ventana la nieve derretirse sin prisa, las calles secundarias están todavía en estado salvaje y la mayoría de los servicios…. fuera de servicio, Filomena ha sido “apocalíptica”, para estar en línea con la moda 2020-21 y no decepcionar a los medios.
Empieza un día nuevo, sin colegio, sin silencio, sin derecho a hacer cosas que no sea dedicarse a ellos, ausente de ti misma.

Y aun así mañana se que lo veré con nostalgia.


Fotos de @romerodeluquefoto
Vestido de Longchamp.


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11 enero 2021

Filomena

Una bola de nieve cuanto más la alisas con las manos, más dura y helada se pone.

Hace muchos años, cada uno en su posición de ataque, convertíamos los copos relucientes de nieve en armas y las disparábamos, con toda la precisión concebida para cierta edad, contra la ventana de una vecina elegida sin intención previa.

¡Boomm!

Ella salía al balcón maldiciendo, mientras nosotros, camuflados como podíamos en la terraza de casa que parecía una jungla urbana, nos partíamos de la risa. Escondidos detrás de las plantas cubiertas con los plásticos para el frío, nos mirábamos con las lagrimas y el cuerpo convulso por la risa.

Mi hermano, que es el mayor, era el que tenía las ideas traviesas y nosotras fieles discípulas, le seguíamos sin titubear.

“Cuéntame otra mamá”. Me pide Leonardo antes de dormir.
“Mañana te cuento más, ahora duerme”.

Tengo muchas anécdotas con mis hermanos. Mi relación con ellos es de tal compañerismo y afecto que a parte ser hermanos, somos mejores amigos.

La nieve en mi casa nativa no es un hecho extraordinario, porque en el norte de Italia suele nevar en invierno aunque cada vez con menos frecuencia. Sin embargo despierta en todos nosotros el espíritu del “niño asombrado”, el que quiere reír, jugar y quedarse mirando el mundo alrededor como algo nuevo.
La nieve nos hechiza desde siempre. Somos sujetos fuertemente impresionables con la naturaleza y especialmente con lo que proviene del cielo.

“Acostúmbrales a mirar hacia arriba”. Mi padre me lo repite cada vez que hablamos, refiriéndose a sus nietos. Un doble sentido que pega con los míos. Mi familia y yo encajamos también en la elección de las palabras.

En la nieve hemos compartido momentos familiares realmente especiales. Recuerdo las cuatro justificaciones que mi madre rellenaba y firmaba para el colegio cuando mis padres nos llevaban a la montaña. Eras los únicos días que ellos tenían de vacaciones y no coincidían con las del colegio. Así que mis hermanos y yo regresábamos a clase una semana más tarde, satisfechos y morenos.
Y una vez yo volví casi con un ojo de menos por un accidente en trineo con mi hermana.
Ese día mi instinto generoso me avisó y por ello acordé con mi hermana una estrategia de emergencia antes de tirarnos. Estrategia a la que obviamente ella no hizo caso, así que tal como había visualizado en mi premonición, acabé contra un palo de madera, probablemente el único.
Fue la primera vez que vi a la nieve teñirse de rojo y la primera en que vi la cara de susto de mi padre mientras corría a toda prisa hacia mi. Una escena que si la pienso ahora me hace pensar en una película Western, no sé por qué… La sangre, mi padre que parecía un cowboy (aunque sin caballo) bajando con desenvoltura, pero de lado, la cuesta debajo de la montaña….
En cuanto a mí, era una niña pacifica en aquel periodo y no me enfadé con mi hermana. Además porque mis padres me compraron unas gafas de sol que quería .
Eran necesarias para cubrir el bulto morado que había ocupado el lugar de mi ojo derecho.

A parte de ser pacifica, era tímida y con buen gusto. Elegí el modelo Wayfarer de Rayban, pero con las lentes espejadas y de una atrevida mezcla de colores fluorescentes. Claramente fueron un exitazo entre mis compañeros, los profesores me permitían excepcionalmente tenerlas durante las clases y yo me sentía un ídolo.

Cuando empezó a nevar en el norte de Italia, durante las vacaciones, sentí aun más la nostalgia por no poder estar ahí con mi familia. Miraba las fotos de mis calles embancadas pensando cuanto lo hubiésemos disfrutado…

Quiero creer que cierta Filomena se conmovió con mis pensamientos y quiso hacerme un regalo especial.
En dos días vi al paisaje cambiar completamente. Subí a la terraza de mi casa y entré en un cuento. El espíritu del “niño asombrado” me visitó con una gloria tan ingenua que durante dos días olvidé el resto.

Hoy cuando he salido a la calle, parte de la nieve se habían convertido en hielo, las calles estaban casi desiertas, algunos caminaban con torpeza, mis hijos corrían, yo miraba las ramas caídas y pensaba: “¿Que nos espera ahora?”.


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5 enero 2021

Tenerife otra vez

Hace unos días una chica me preguntó por qué iba tanto a Tenerife, le expliqué que José es de Santa Cruz y por ello vamos mucho.
Esta vez, las restricciones y el clima no nos han permitido hacer mucho, pero nos hemos podido escapar dos días al Teide. Era mi espinita, pues todavía no había estado, a pesar que frecuento la isla desde hace años.
Ha merecido la pena, es un paisaje impresionante.
Mi consejo para los que deciden viajar a Tenerife es visitar el norte, la mayoría de los turistas se van al sur porque hace mejor tiempo. Cierto. En mi opinión, pero, el sur es menos especial ,los hoteles son los típicos hoteles turísticos y la playa no es ninguna belleza comparada con las del norte, salvajes y de arena negra. Lo que si quiero hacer en el sur es ir con un barco a ver cetáceos.

Os dejo algunas fotos del viaje a Tenerife y os deseo felices reyes.


Playa de las Gaviotas. Está a 15 min aproximadamente de Santa Cruz. No es grande y de arena negra.


Teide.


Hay diferentes senderos que se pueden hacer caminando, según gustos y tiempo. Se puede subir y bajar hasta la cima a través del teleférico o caminando. Nosotros no hemos subido, José notaba la altitud y preferimos hacer otros caminos.
Dormimos en el parador, en mi opinión no merece la pena en relación calidad/precio, mejor es hacer una excursión y quedarse solo para comer.


Leonardo no ha dejado de pintar durante las vacaciones 🙂


Pasta al forno con bechamel.


Parmigiana. PROMETO QUE OS PASO RECETA.


Playa de Almáciga.
Hay tres playas a pocos km de distancia, Taganana, Almáciga y Benijo, de momento mis preferidas de la isla. De arena negra y con olas… entre grandes y enormes.

 


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31 diciembre 2020

31-12-2020

Al toque de la medianoche, disfrazados como si fuera un carnaval de lo más atípico, brindamos por el año que empezaba. Acogíamos al 2020 felices e inconscientes de lo que nos iba tocar vivir.

31-12-2020
Es el último día de un año que la mayoría de nosotros quiere superar, un año que ha golpeado la colectividad pero no nos ha unido. Un año que ha herido, asombrado y que nos ha demostrado la impotencia humana ante misterios más grandes. Un año que se ha llevado vidas y que ha traído otras.

Básicamente un año que ha ofrecido verdaderamente a todos, la oportunidad de darnos cuenta de qué va la vida.

Las restricciones y en parte las ganas más apagadas, no nos dejarán celebrar con la misma euforia. Llegamos a final de año estremecidos y hartos de las nuevas condiciones sociales. Inevitables y oportunas.
Sin embargo algunos ven en el año por venir una nueva oportunidad de rescate y la legitimidad de recuperar lo que se ha perdido. Empezar por donde se había interrumpido la calma, el pasado marzo.

Personalmente no sé qué esperarme, me encantaría acoger un año diferente y mejor, pero si soy sincera no tengo la mínima expectativa sobre el 2021. Solo deseo ser fuerte lo necesario para superar los obstáculos que vendrán por delante y muchas ocasiones para celebrar momentos felices.

Este año para mi ha sido difícil pero no el más duro que he vivido, sin embargo por primera vez he sido participe de un drama colectivo en lugar de personal, que por un lado me ha enseñado la fragilidad, por el otro la equidad y la empatía , dos valores que reputo fundamentales para el crecimiento.

Así que brindo por lo aprendido durante un año complicado y por un nuevo año más ignoto de lo que nunca imaginaría y que espero que sea feliz, próspero de oportunidades y lleno de salud.

Feliz año nuevo a todos.


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26 diciembre 2020

Siempre

La noche de Navidad para algunos nos recuerda a nuestras raíces, la niñez despreocupada y la audacia en creer que todo es posible.
Será por ello que seguimos anhelándola y celebrándola, pues es como volver a creer en la magia. También por ello será que nos ha entristecido más que a otros no poder pasar la navidad “como siempre”.

Puede que “siempre” sea un adverbio muy utilizado (en mi caso en exceso) para expresar una condición que confunde, porque cuanto más se avanza en la vida, más nos damos cuenta de que casi nada es para siempre.

No lo son los hábitos, ni las tradiciones, no lo son las sabanas que la mayoría de las madres siguen guardando en cajones cuando nos vamos de casa, aunque se acerquen tremendamente a la inmortalidad, ni si quiera es para siempre la sopa que cada viernes se presentaba hostil en mi plato, a pesar de todo.

No lo son los “te quiero” librados en el aire a centenares, los novios presentados en familia, la regla, los gustos, las mascotas que siempre estarán en nuestro corazón. No lo son los veranos ni los inviernos, hasta el cabello no es para siempre.

Pretender que algo sea “como o para siempre” es inútil además que un desgasto de energía.

Así que he puesto todas mis buenas intenciones para no ser dramática y aceptar de buen grado la lejanía de mi familia durante estas fiestas, porque este año nefasto nos pide a todos un esfuerzo, a algunos más grande que a otros.
Soy parte de los privilegiados, con salud y huésped de una isla donde nunca hay invierno (aunque mucha calima estos días), tengo a mis hijos conmigo y puedo ver a través de sus ojos la descarada libertad con la que se sorprenden y ríen y creen y viven….
Es maravilloso poder contar con todo esto, es para agradecer profundamente y rezar fuertemente para que sea para siempre. Solamente esto. Que sea para siempre.

Mientras la pantalla marcaba Facetime, me he esforzado de verdad,
pero cuando ha aparecido mi mamá se me ha deformado la cara con la expresión “para abajo” que precede a las lágrimas y he llorado. Me han contado que había pasado lo mismo con el resto de la familia. Me he sentido bien, cerca de ellos, unidos una vez más a pesar de los kilómetros de distancia.

Si eres capaz de construir, con paciencia, empatía y con amor, puede que el adverbio “siempre” se escriba en tu vida con un “para” por delante.

Felices fiestas de corazón.


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21 diciembre 2020

Voy

El contacto de los pies con las sábanas es de las cosas más placenteras que me ofrece el despertar. Un sábado, por ejemplo, cuando la alarma tace y dejas que sea la luz quien te despierte, filtrándose suavemente por las cortinas.
La cama es una cueva caliente de vida y tú piensas: “Un poco más”. Consciente de que demasiado pronto, un grito romperá el silencio del día que empieza:

MAMÁAAAAAA!!!

Algunas veces son manitas ocupadas en trepar tu cama, en mi caso ya son saltos olímpicos entre José y yo.

Es la hora de apartar las sábanas crujientes y calentitas y recibir el frescor de una nueva aventura. El reloj señala que son las ocho, cuando yo creía que fuesen las nueve y media.

Es así como “Los placeres” siguen siéndolo por definición, pero tras ser madre, se apuran. Mucho.

La rutina del baño por ejemplo, viene desmembrada de los gestos menos necesarios y relajantes; las duchas vienen puntualmente interrumpidas por algún ruido alarmante que te obliga a salir chorreando, para darte cuenta en seguida de que no era nada.
Los cuidados personales son intenciones precedidas por un “mamaaaaaa ya he terminado de hacer caca!”, que van aumentando de intensidad como tarde unos segundos, hasta convertirse en una alarma: mama mamá mama mamá mamá mamá…..

Sucede también mientras estoy concentrada, escribiendo o haciendo algo en el ordenador, mientras cocino, hablo al teléfono, me visto…. Por no mencionar los gritos feroces, que tienen un sensor en cuanto subo la escalera hacia la planta de arriba.

¡¡¡¡¡¡VOY!!!!!

Si se pudiesen medir las palabras como el tiempo de utilización del móvil, ésta sería la más usada, desgastada si fuera posible. Consumida. Repetida tantas veces y con tales frecuencias hasta poder convertirse en un mantra.

Voy
Voy
Voy

Y siempre vamos. Siempre.

Cumplimos con sus expectativas, sacrificando las nuestras si hace falta. Nos sometemos sin hesitación. Somos capaces de cagar a medias para dejarle el baño, de quitarnos la comida de la boca para dársela, de levantarnos innumerables veces en una sola noche, durante días y meses seguidos.

Por amor.

Nos preocupamos de que no les falte nada, de que estén contentos, de que tengan lo que necesitan, de que sientan cuanto les queremos.
Y muchas veces lo hacemos mientras aguantamos la frustración de conciliar cuando parece imposible.

Por amor.

Son las ocho y treinta. Me preparo un café. He aprendido a tomarlo mientras pongo el desayuno o tiendo la ropa de una lavadora puesta a horas indecentes. Sabe igual. El café nunca cambiará su sabor.


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14 diciembre 2020

La aceleración del tiempo tras la maternidad

En los últimos siete años, cada uno se ha multiplicado por dos y tengo la sensación de haber cumplido catorce años en lugar que siete. Lo veo nítidamente en las fotos que me retratan con Leonardo recién nacido en brazos, pero también en las fotos de hace dos años.

Me di cuenta por primera vez de esa “aceleración del tiempo tras la maternidad” cuando, sin escrúpulos, fue a marcar el rostro de mi hermana todavía veinteañera. Me sorprendió.
Seguí viendo su aspecto cambiar más rápido que el nuestro. Sentí lastima, “le están robando la juventud” pensé.

Confié en que el tiempo me trataría mejor. Pero descubrí que él no tenía la culpa, los días siguen de veinticuatro horas y los años de trecientos sesenta y cinco días, mientras que las preocupaciones y los sacrificios se duplican, el sueño se reduce y también  los momentos para cuidar de uno mismo. Nuevos e inevitables hábitos subyugan al cuerpo a un estrés que le afecta.

Algunas veces me siento atrapada en un “aspecto” que no corresponde a mis exigencias. He sido madre dos veces y sigo necesitando ser la hija de mis padres.
Soy una persona independiente, aun así busco obsesivamente una referencia. Soy una mujer con la picardía de una jovencita…
Tengo miles de contraposiciones y el castigo de tener que inhibirlas por expectativas ajenas.

He confiado en el tiempo para arreglar las cosas, para esto sirve envejecer: para coser parches de la medida justa, para llenar los vacíos, para arreglar lo que se ha estropeado, para perdonar…
Sin embargo es más difícil de lo que me esperaba. No imaginaba que seguiría rompiendo a la vez de coser, que crearía nuevos vacíos, que estropearía con la confianza de que se me perdonaría.

A ratos me siento invadir por la nostalgia. Aunque siga conservando en mi interior todas las épocas de mi personalidad, me añoro. Al igual que se añora un lugar de vacaciones donde hemos estado feliz.

No se si me entendéis, si compartís la misma sensación…. Me pregunto si los años y el aspecto volverán a alinearse un día y la decadencia del cuerpo ganará a la necesidad.

Jesrsey de Numero21, falda de Paule Ka, botas de Longchamp.
Foto de @romerodeluquefoto


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7 diciembre 2020

Tres looks de mi color preferido: Negro.

No es uno de mis posts habituales, pero hace unos días hice una sesión de fotos con algunas prendas y accesorios especiales y dije por qué no… La moda siempre ha sido parte de mi vida, aunque hace años que no trabajo dentro del sector y desde que soy mamá me siento más identificada con la faceta del día a día, que con los tacones y los vestidos de firma que llevaba cuando vivía en Milán.
Este año me he propuesto hacer un mix entre las dos 🙂

Entre los looks de la foto he elegido los tres en negro, que desde siempre ha sido mi color preferido además del  que mejor me sienta.
El primero necesita un “complemento” para salir a la calle jajajaj pero la capucha de plumas, es realmente cómoda para usar con abrigos o jerseys cuando llueve o hace frío. Lo compré hace unos años en Cos, pero sé que siguen teniendo piezas de este tipo. La falda también es de Cos, mientras que las botas y el bolso son de Longchamp de la colección SS21


Este vestido maravilloso es de la colección invernal de Longchamp, es de lana con una parte de trasparencia en tul. Ideal.


Este último look se ve menos porque me hice la foto por la tarde cuando ya había oscurecido, es una pena porque la blazer es muy especial, con dos pliegues. Se trata de una pieza de archivo de mi armario, es de Jil Sander. El bolso es el mismo de arriba, se llama Roseau. El abrigo de plumas es de &other stories de hace dos años.

Las fotos son de mi amigo Jesús @romerodeluquefoto

Voy a intentar poner en el próximo post la receta de las bolitas rellenas de risotto que os enseñé en Instagram.
Espero que hayáis disfrutado del puente.

Un beso.

 


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