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7 diciembre 2017

Fin de semana rural con amigos

Los coches estaban a reventar. Maletas, cochecitos de bebes, bolsas de comida entre las piernas…
Así empezó nuestro fin de semana rural, con un viaje que parecía la retirada de Los Diez Mil.
Tardamos menos de una hora en llegar al destino y menos mal, porque estaba literalmente atrapada en el asiento trasero, entre el capazo de Orlando, mi maxi bolso, el del cochecito y los abrigos. Me sentía como si me hubieron puesto al vacío y Javi tuvo que sacarme como se hace con un bote de garbanzos nuevo.

Wow!! Nos quedamos con la boca abierta al ver la casa desde fuera, una mansión en medio de una tierra con arboles, rodeada de una vista preciosa. Había oscurecido ya, eran más o menos las siete de la tarde cuando llegamos. La casa estaba encendida y parecía estar en un cuento, pero sin brujas, ni ogros, solo nosotros y mucha ganas de estar juntos.

La casa es aun más ideal desde dentro. Toda de madera y piedra, con una escalera que consistía en un gran troco de árbol con peldaños y una chimenea que encendimos durante toda la estancia (bueno por la noche la apagábamos).
Elegimos las habitaciones según la lógica, José y yo con Leonardo y Orlando ocupamos la habitación más grande, o mejor dicho, enorme! Con cuatros camas que juntamos, un baño curioso, todo de piedra, en medio del espacio y unas ventanas enormes que miran hacía el jardín por un lado y al infinito por el otro. En el dormitorio en frente durmieron Miri y Javi, más pequeño y muy acogedor (pero con el baño más lejos). La habitación de la primera planta la cogieron Ana y Juan Carlos, más grande que la de Miri y Javi, para poder poner la cuna de Zoe y más cerca del cuarto de baño, porque con los niños ya sabéis…

El sábado nos despertamos con la nieve. Un homenaje de la Madre Naturaleza sin lugar a duda, porque el domingo un sol brillante se la llevó. Nos quedamos delante de la ventana a mirar el espectáculo con los niños, los pajaritos volaban alegres de una rama a otra y los copos de nieve caían gruesos al suelo, creando un suave mantel blanco. La casa era muy calentita, pero para crear más atmosfera encendimos la chimenea. Desayunar con este entorno y estos amigos no tiene precio. Me habría quedado más días. “Me encantaría que nos quedásemos atrapados por la nieve” comentó Miri. No podría estar más de acuerdo 😉

Después del desayuno , hicimos fotos, muchas fotos, y jugamos en el jardín como niños. Los chicos de la casa improvisaron una barbacoa, ayudados por Leonardo (que los perseguías como su sobra). Justo fuera de la casa, había una casita organizada con una brasa. Esto es vida y para celebrar me he tomado un vaso de vino. Olé.
La tarde fue vaga, de sofá y juegos de mesa, de chocolate y café caliente.
Nos acostamos relativamente pronto y nos levantamos con el sol. La luz que se filtraba por las ventanas que recorrían la casa entera creaba una atmosfera mágica. Este lugar lo era. Decidimos salir para dar un paseo y disfrutar de la poca nieve que todavía quedaba. Nos encontramos con un burrito, Leonardo y yo lo llamamos Antonio.

Esta vez hicimos una competición sin ganador para el almuerzo. Juan Carlos preparó una pasta carbonara y yo un risotto con setas.
El domingo pasó rápido, demasiado. Llegó la hora de volver, nos despedimos de Palomar II prometiéndole y prometiéndonos de volver pronto.

La vuelta en coche fue más cómoda y con una cola de nostalgia que se desprendía detrás de nosotros.

Nuestra casa nos esperaba con el mismo desorden con el que la dejamos. Siempre soñé con que los objetos tomaran vida por la noche o cuando no estamos y me encantaría que la casa pudiera arreglarse sola mientras estamos fuera. Pero de magia ya hemos tenido bastante, así que ya teníamos que volver a la vida real.

El abrigo de nieve de Orlando es de tinycottons. Mis botas son de Fosco y el abrigo de Mango. Las botas de Leonardo son de Conguitos.

Disfrutad de cada momento, de los amigos que nunca mejor dicho son verdaderos tesoros, de la compañía y de la familia. Nunca me cansaré de decir que las relaciones construyen nuestra felicidad.

Gracias Javi por haber encontrado la casa y por haberme llevado en el coche con Orlando.
Gracias Juan Carlos por haber llevado a José y Leonardo y por haberte encargado de cocinar, además se te da muy bien.
Gracias Miri por cuidar de mis pequeños y por dejar que Leonardo te persiguiera molestándote (como buen hijo de su padre) y por sacarme las fotos.
Gracias Ana por compartir el temprano despertar, el café en el jardín 😉 y por ocuparte del desayuno. Sin ti los plátanos no hubieran sido suficientes.

Gracias a mi familia por acompañarme todos los días de mi vida, sin ellos nada sería tan especial. Vosotros sois los que me permitís creer, soñar y disfrutar de este viaje que es la vida.

Mochila portabebé MyCarrier de Stokke.

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3 Comentarios

  • 1. Berta  |  7 diciembre 2017 - 12:58

    Que chulada Laura!! No puedo estar mas de acuerdo contigo. Los amigos son la familia que escogemos, y no tiene precio tener un puñado de buenos amigos. Bonito fin de semana

  • 2. Mirian  |  7 diciembre 2017 - 14:39

    Me encanta lauri ❤❤❤❤

  • 3. Maria José  |  9 diciembre 2017 - 17:54

    Laura, se ve que pasásteis un bonito fin de semana, desde luego la casa es una maravilla, de película. Sin duda que tener buenos amigos con los que compartir esos ratos tan agradables es una gran suerte. Que fotos tan preciosas, sobretodo en las que apareces con tus hijos mirando por la ventana. Se nota que tu marido es canario y no está acostumbrado a la nieve porque lleva tenis y no botas. Gracias por compartir tus vivencias.

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