Mamma Mía » Un día cualquiera

15 enero 2018

Un día cualquiera

He pasado la mañana sin hacer nada en concreto, nada que no sea entretener a mi bebé de seis meses. Con los ojos todavía entreabiertos, empezamos nuestro ritual matutino, que conlleva lo siguiente:

Los buenos días, en la cama, son prevalentemente efusiones de amor y sonrisas.
El cambio del pañal en el baño.
La limpieza del rostro + lavado de nariz, que provoca lloros y gritos.
Las tonterías en el cambiador, cosquillas y efusiones.
El vestir, cada día más complicado debido a la vivacidad del bebe.

Después del ritual, bajamos a por mi café descafeinado y si Dios quiere un desayuno, literalmente tragado, de pie en la cocina y sin respirar! (Para luego quejarme de que se me hincha la tripa). El café me lo tomo como un shot de tequila, puntualmente me quemo, una quemadura larga, porque el café es americano. Ya me he acostumbrado y mi paladar también. Me preocupa más el lío ante de mis ojos. ¿Cuando mi casa ha parado de parecer una vivienda y se ha convertido en una comuna? Me pregunto. Me pongo a caminar nerviosa de un lado a otro arreglando y organizando cosas, con el reto de que el piso vuelva a ser mi hogar y no un deposito de cosas, por lo menos durante la mañana. Posiciono a Orlando en la Tripp Trapp, que es su silla/trona (de Stokke). Me gusta llamarla por su nombre, porque así parece un coche y Orlando sentado al mando. Le gusta a él también, menea piernas y brazos como los títeres, perfectamente sincronizados, un día seguro que le veré alzar el vuelo. Me lo llevo así (en su sillita) por toda la casa, incluso al baño. Arrastro la silla de una habitación a otra y a Orlando le pongo varías cosas en la mano para que se entretenga, cada habitación tiene las suyas.
¿Quizás me estoy convirtiendo en una ama de casa al borde de una crisis nerviosa?
Cuando por fin el sofá está completamente vacío, me siento y jugamos, grabamos videos, hacemos ejercicios, cambiamos pañales y más pañales, le amamanto, le preparo el potito, que come con el video de un concierto de música clásica de fondo y por fin son las 13.00. Llega la nani.
Fuera los dos. Que silencio.

Como cambia una casa sin niños. Silenciosa, ordenada, limpia, silenciosa, ordenada, limpia, silenciosa… demasiado silenciosa… triste. Es matemático, no falla ni una vez, deseo el momento en el que pueda finalmente tomar mi segundo café del día sola y cuando lo he terminado, me doy cuenta de que echo de menos a mis niños. Argh!!! ¿Que clase de bipolarismo me está afectando? ¿¿O A vosotras también os pasa??

Me recompongo, abro el ordenador, finalmente tengo que ponerme a trabajar y además este mes toca la declaración de hacienda trimestral, que rollo!
Después de contestar a todos los mails y terminar lo que había dejado pendiente (y la declaración) me pongo a escribir. Es mi momento, lo que más me gusta. Con los dedos encima de la tecla, a punto de empezar, me tocan el timbre. Es un paquete. Abro, lo cojo, firmo, no lo abro, vuelvo al salón, me siento a la mesa, abro el Word. Me quedo pensando sobre lo que voy a escribir. No siempre es fácil, mi mente no está todos los días ágil de ideas, así que busco inspiración en recuerdos, en hechos de los días pasados, en internet, en mi corazón. Busco y busco. Mientras estoy “en mi corazón” incluso me parece oír la voz de Orlando, qué especial es la conexión entre madre e hijo! Me parece hasta oír la voz de Maritza, la nani. Fijate tú, ella también está en mi corazón.
¿O no?
Tocan a la puerta. Adivinad quien es!


6 Comentarios

  • 1. sara  |  15 enero 2018 - 15:05

    Hola Laura. Me encantan todos tus post. Me siento muy identificada con todo lo que escribes siempre. Yo también echo de menos a mi bebe esas horas que duerme seguidas (pocas veces) y siento necesidad hasta de despertarla, cuando minutos antes he estado meciendola en su carrito con el único objetivo de que se durmiera profundamente y poder ducharme o desayunar (también tengo la stokke pero trasladarla por la casa altera a nuestro perrito y es peor el remedio que la enfermedad). En fin, que me consuela mucho saber que estamos todas igual o parecidas jajajaja. Por ello agradezco enormemente tu sinceridad con respeto a los temas de maternidad. Ayuda y alivia a otras madres y a normalizar situaciones y sentimientos que nos invaden.

    Un abrazo y enhorabuena por tu blog…El mejor sin duda.

  • 2. Maria  |  15 enero 2018 - 23:45

    Me encanta tu blog

  • 3. Cintia  |  16 enero 2018 - 00:32

    Me siento tan identificada, aunque solo tenga un nene, tengo al padre a quien el orden tampoco se le da, a veces se ponen a jugar juntos y yo me vuelvo loca porque se todo lo que tendré que limpiar después!
    Aunque obvio que les tomo vídeos y todo lindo , pero tan cansado.
    Y me pasa que cuando algo se sale de la rutina se me corren todas las tareas, ya el nene no duerme siesta, no quiere comer, uffa aprovecho a la noche a mirar mi serie de Netflix y me siento mejor jaja

  • 4. Simply Sory  |  16 enero 2018 - 12:11

    Me encantan tus textos, casi me podía ver en tu casa recogiendo contigo jajaja. Bonito post y Orlando está precioso.

    Te dejo mi nuevo vídeo con un peinado muy cañero
    https://www.youtube.com/watch?v=a4KjBnFysGQ&feature=youtu.be

  • 5. maria lopez  |  16 enero 2018 - 17:08

    Buenas tardes, anoche hice un comentario en este blog al que sigo hace tiempo, hasta ahora, si no lo quieren publicar no lo hagan, pero no manipulen lo escrito, en ningún momento he puesto que “me encanta tu blog”, sigan viviendo en su falso mundo de fantasía.

  • 6. María José  |  16 enero 2018 - 20:51

    Laura, cuando nuestros hijos son pequeños casi todo nuestro tiempo tenemos que dedícalo a ellos, a veces eso nos crea una cierta frustración ya que tenemos nuestras propias necesidades, sin entrar en un trabajo fuera de casa que debe ser terrible. Es una pena que solo con el paso del tiempo nos damos cuenta de que esos momentos que pasamos con ellos, y que a veces se nos hacen pesados, son irrepetibles. Desde mi experiencia te digo que disfrutes esa infancia de tus preciosos hijos, todo pasa muy rápido y esas vivencias son insustituibles. Guapísimos Leonardo y Orlando.

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