Mamma Mía » En un mundo ideal, habría también colegios ideales.

26 febrero 2018

En un mundo ideal, habría también colegios ideales.

No recuerdo con quien iba a la guardería, solo me acuerdo que en cuanto pisaba la entrada, me iba corriendo al patío exterior donde estaba el parque. Mi columpio preferido era una pelota gigante de metal, para trepar, pero había columpios, toboganes y otros juegos. Media hora. Yo no tenía la concepción del tiempo todavía, mis amiguitos tampoco, pero conocíamos bien el sonido de la campanilla, que nos llamaba para entrar en las clases. Jamás me olvidaré de la campanilla. Es un sonido que ha marcado mi infancia “el tiempo para jugar se acabó”. La odiaba.

El primer día de colegio llevaba una falda vaquera con dos dibujos bordados, la recuerdo porque como primera tarea nos mandaron a dibujarnos y también de presentarnos a nuestros compañeros de clase. Yo era una niña muy tímida, de las que se le pone la cara enrojecida fácilmente. La timidez duró años, antes de que desapareciera definitivamente después de la adolescencia y cada vez que me tocaba presentarme delante de los demás, lo pasaba fatal.
El edificio rosa, se alzaba por encima de unos montículos. Alrededor había un gran jardín con arboles, donde me encantaba jugar al escondite y al pilla pilla, o cuando era un poco mayor a las bodas (a turnos dos se casaban y el tercero era el cura jajaj). Me lo pasaba muy bien, hasta que sonaba la campanilla y todos teníamos que volver a clase.
En el jardín conocía a todos los niños del colegio, jugábamos siempre juntos, mientras que en las clases, cada uno pertenecía a una letra, algunos a la A, otros a la B etc… El jardín es el recuerdo más bonito de aquel periodo (kindergarten) y también el helado de chocolate y vainilla.

En Italia el sistema escolar se estructura de manera distinta al español, después de la guardería, hay una escuela que se llama ELEMENTARE, que va desde los 3 años hasta los 10, mientras desde los 10 hasta loe 13 hay una escuela que se llama MEDIE y después nuestro colegio, que tiene diferentes especializaciones, según lo que nos interesa: las matemáticas, los idiomas, la literatura, el arte, etc… éste dura hasta la universidad.
En la escuela media cambié bastante, coincidía con mi adolescencia, las menstruaciones y los primeros amores. Me convertí en una niña más hostil, estudiaba poco y la liaba mucho. Las lecciones me aburrían, excepto las de historia porque la profesora nos la contaba como si fueran cuentos, las demás eran fechas, nombres y poemas para aprenderse de memoria, problemas (de matemática) que tienen el nombre que se merecen: “problemas”! Porque a la hora de desarrollarlos si que lo eran y formulas químicas….
Mientras que a mi, me gustaba salir con mis amigos, hablar con ellos de muchas cosas, incluso de los problemas! Y descubrir nuevas emociones, relacionarme de una forma más madura con la gente. Ya no jugaba con los juegos, jugaba a la vida real. El mundo florecía ante mis ojos y por primera vez me sentía capaz de entenderlo. Sin embargo las tareas después del colegio, me disuadían de mi interés.

En el colegio mayor, las cosas cambiaron otra vez, pude elegir lo que más me gustaba; las bellas artes, así que me pasaba la mayoría del tiempo dibujando, se me daba bien, mejor que las materias plásticas y que el diseño gráfico, pero todas me gustaban más que las horas de matemática y de biología, mis notas lo demostraban sin lugar a dudas. Seguía siendo una chica peculiar, poco habladora durante los exámenes orales, sin embargo era la “líder” en mi grupo de amigos, a los profesores les costaba imponerse, yo era muy fiel a mi voluntad y mi forma de ver las cosas y muchas veces fui penalizada con notas insuficientes. La mayoría de los profesores que tuve, me veían como una amenaza, mis padres tuvieron varias llamadas durante los años de colegio y siempre escuchaban lo mismo: “Es una chica que tiene mucha capacidad pero no se aplica”. Mis padres nunca le dieron demasiada importancia, aunque me animaron a implicarme más en las materias que no me gustaban, nunca me castigaron. Ellos me conocían mejor que nadie.
Hubieron profesores con los que tejí una buena relación, los que definiría “menos académicos” y especialmente con el de letras. Ahora es un señor mayor, es cliente de la pastelería de mi familia y le tengo en mi memoria, tanto que cuando mi madre, hace dos años, tuvo el aneurisma cerebral, le escribí para contárselo, para contarle como me sentía. Fue muy cariñoso conmigo, siempre lo fue, desde que fui su alumna. “Escribes muy bien Laura, no debes dejar nunca de hacerlo, lo hace mejor que los demás. Escribe.” Me hizo amar la literatura, me fomentó la escritura, hasta el punto en el que, después de años, me di cuenta de que escribir es lo que más me gusta en el mundo. Ahora que me conozco con madurez, finalmente he entendido que mi camino estaba claro, aunque yo no lo veía sola porque era joven y los profesores no me ayudaron, fieles al sistema escolar, nadie, excepto el profesor de literatura, quiso mirar más allá de la cátedra. Él lo hizo, vio el camino en el que mi instinto me estaba guiando y me ayudó. (Mis padres inteligentemente me dejaron elegir libremente).

La semana pasada vi a un video interesante sobre la felicidad. ¿Se puede aprender a ser feliz? Un tal Ben Shahar, doctor en psicología y escritor, comentaba un estudio que hicieron con algunos padres. Consistía en hacerles dos preguntas y después hacer una lista con las respuestas.

La primera pregunta:

¿Qué querréis para vuestros hijos?

La respuesta:

Que sean felices

Que tengan buenas relaciones

Que sean resilientes

Que sean capaces de superar las adversidades

Que encuentren alegría y sentido en su vida…. etc

La segunda pregunta:

¿Que aprenden vuestros hijos en el colegio?

Las respuesta:

Matemáticas

Escritura

Geografía

Historia….

El resultado mostraba que no había ninguna coincidencia entre las dos listas. Ben Sharar añadía que aunque es muy importante aprender matemáticas y la ciencia y la escritura, los colegios ignoran completamente la primera lista.

Me gustó mucho la charla, aunque no me pareció nada de nuevo, nada que no haya pensado miles de veces desde que tengo hijos.

Valoro muchísimo la educación escolar, tanto como para estar bastante decepcionada al ver que no ha cambiado prácticamente nada desde que iba al colegio yo, lo único que ha cambiado son las pantallas en lugar de las pizarras y sinceramente preferiría volver a las pizarras, que tanto atraen a los niños.

En un mundo ideal, habría también colegios ideales.
En mi mundo ideal los colegios serían lugares de intercambio y relaciones. En lugar de las clases, habría diferentes habitaciones, donde en cada una, se desarrollarían diferentes habilidades, basadas en tres conceptos claves: relación, concentración y creatividad. Los niños estarían juntos y compartirían todo, los grupos cambiarían continuamente, nunca el mismo grupo se quedaría más de una semana juntos. El juego tendría la misma importancia que el aprendizaje. Los alumnos debatirían en lugar de tener exámen orales. La historia, la geografía, la ciencia, todas las asignaturas se aprenderían a través de experiencias y se implicaría siempre un razonamiento. Hablando de un hecho se preguntaría ¿tu que haría en su lugar?
Los exámenes serían en grupo
y cada grupo tendría que elegir un leader y los roles de cada uno y en lugar de notas, habrían ganadores y perdedores.
Los alumnos aprenderían a ser seguros de si mismos y a ser capaces de convertir los pensamientos y las ideas en palabras y en proyectos y a saber hablar en publico. En mi colegio ideal habría cada tipo de dieta, vegetariana y vegana y el comedor sería un lugar luminoso y alegre.
Todo el edificio sería alegre, con un jardín muy amplio y decorado de flores y arboles, con un huerto, varios patios abiertos, habrían bancos donde descansar, charlar o pensar. Una escuela tendría que ser cómoda y familiar.
Las actividades al aire libre estarían muy valorizadas y los deportes también
. Los niños tendrían clases de yoga y cada día, antes de empezar, quince minutos de relajamiento y respiración.
Los profesores serían tutores con el deber de detectar las habilidades de cada uno y trabajarlas individualmente.
Se escucharía mucha música y habrían conciertos y grupos musicales, un teatro grande donde asistir a espectáculos o participar en ellos, más que tecnología. La tecnología vendría desarrollada a partir de una determinada edad, en lugar de ella se valorarían dibujo y pintura.

En mi colegio ideal se trabajaran los valores como el amor, el creer, el pensamiento independiente, el trabajar en equipo, la compasión, la generosidad, la valentía, el respeto…. todas las cosas que ninguna maquina, ningún robot, por muy perfecto que fuera, jamás podrá hacerlo mejor que nuestros hijos.

 

 

 

 


18 Comentarios

  • 1. mirela  |  26 febrero 2018 - 11:29

    Briilante reflexión! que razón tenia tu profesor de literatura…escribes desde el corazón increíblemente bien! da gusto leerte! … eligiendo colegio …ardua búsqueda de valores ! ojala acertemos 🙂

  • 2. lcaldarola  |  26 febrero 2018 - 13:13

    Muchas gracias Mirela! Ojalá.
    Un abrazo.

  • 3. manuela alejo fernandez  |  26 febrero 2018 - 11:37

    me apunto a esa escuela, a la tuya!!!!

  • 4. lcaldarola  |  26 febrero 2018 - 13:13

    Vamos todos juntos al mundo ideal!!

  • 5. ruth  |  26 febrero 2018 - 12:27

    Yo quiero ir a ese cole y leer un libro tuyo, es una gozada leer lo que escribes. Enhorabuena!

  • 6. lcaldarola  |  26 febrero 2018 - 13:12

    Me haces llorar de felicidad <3

  • 7. ANAANA  |  26 febrero 2018 - 15:39

    Que bonito es opinar! El mundo ideal no existe y los maestros hacemos lo que podemos, muchas veces sin la colaboracion de los padres

  • 8. Cristina  |  26 febrero 2018 - 16:36

    Hola Laura!!!
    Sigo en el silencio todos los blogs elle, y nunca me he aventurado a escribir y menos a proponer… pero, tú escrito, ahora, me ha llegado por la situación que estoy viviendo con mi “gran” pequeña.. tienes muchísima razón con el tema escolar… invito a que eches un ojo al “método MOPI”, te va a encantar.. búscalo, creo que en YouTube encontrarás algo..
    Saludos.

  • 9. Con  |  26 febrero 2018 - 18:51

    Hola Laura. Me hace pensar y meditar tu post, pero por desgracia el sistema educativo es totalmente al contrario. Así que o nos involucramos más todavía los padres o nuestros hijos tienen posibilidades de fracaso. Muchos profesores que atienden a 26 niños en una clase no intentan ni apenas conocerlos, solamante por sus notas, ni siquiera ayudan a estimular la búsqueda de aptitudes en niños que todavía no saben lo que quieren hacer! Una pena!
    Saludos y sigue así. Complimenti per il post!!
    Con6

  • 10. Cintia  |  27 febrero 2018 - 05:18

    Yo tenía ese temor cuando volví a vivir a mi país, había sufrido mucho en el colegio, ya fuese por la competencia constante, porque era yo muy distraída, por el ahora llamado bulling , no quería que mi hijo que yo siempre pienso que es todo felicidad, tuviera los mismos recuerdos que yo de la vida en la escuela, así que me propuse buscar métodos de enseñanza alternativos, oficiales obvio. Y ahora va a un cole donde está feliz, es el mismo, y ama entrar todos los días. Estoy más tranqui, existen esos colegios.

  • 11. CECI  |  27 febrero 2018 - 12:41

    guauuuuuu!!! Esta vez te has superado!!!por favor puedes abrir un colegio así? yo apunto a mi hija yaaa!! qué bonito!! como me ha gustado imaginarmelo…qué pena que no sea real!!

  • 12. maria  |  27 febrero 2018 - 22:22

    Ya lo creo.que escribes muy bien como dijo tu profesor. Que maravilla leerte

  • 13. María José  |  28 febrero 2018 - 12:11

    Laura, que interesante tu post sobre el colegio. Sin duda que cada uno tiene cualidades innatas para determinadas asignaturas, pero, creo que en edades tempranas (y siempre) es fundamental el profesor que imparte las clases, incluso las matemáticas y la física pueden resultarte actractivas si tienes un profesor que sabe cómo llegar hasta el alumno, al menos esa fue mi experiencia. Sin duda que tu profesor de literatura tuvo buen ojo porque escribes muy bien, te expresas de maeavilla en una lengua que no es la tuya materna. Enhorabuena.

  • 14. Aurora  |  28 febrero 2018 - 14:22

    Hola Laura
    Que sepas que te leo todos los días. A veces sufro, otras me río, otras lloro, pero es lo que tiene alguien que transmite tanto, que llega a todos los públicos.
    Mucho ánimo cuando tengas momentos bajos, que sepas que estamos detrás.

    Un saludo

  • 15. Atenea  |  1 marzo 2018 - 00:23

    Yo no soy mamá ni quiero serlo…y sin embargo te sigo precisamente por tu capacidad de escribir!!!es asombroso como puedes causar tanta empatía a través de ella…a pesar de no ser mamá! enhorabuena artista!

  • 16. Amparo  |  3 marzo 2018 - 18:40

    Yo tampoco soy mamá, pero me encantan tus escritos y todo lo que publicas en tu blog. Y comparto lo que te dijo tu profesor de literatura. A mi también me encanta escribir y un profesor de literatura de la Universidad me hizo creer en mi, pero se me ha bloqueado el blog y no sé cómo arreglarlo. La educación es difícil para los profesores, que muchas veces no se sienten motivados por la falta de interés de los alumnoa y para los alumnos, que en ocasiones no se implican demasiado por la falta de empatía con el sistema educativo actual. Muchas veces recuerdo El club de los poetas muertos y lo ideal que sería tener un profesor como aquel, que de verdad estimulase la creatividad y el amor por los libros de los alumnos de una forma que rompía los moldes de la época. Realmente pocos profesores recuerdo que hayan dejado un poso en mi, quizá alguno de la Universidad, pero casi todos nos obligaban a aprender todo de memoria y eso no sirve para nada. Luego se te olvida y adiós. Creo que la educación actual requiere una gran labor de revisión, menos mal que los padres estáis al pie del cañón estimulando a vuestros hijos y haciéndoles sentir especiales, en un mundo donde cada vez se fomenta más que todos seamos iguales y que no te salgas de la delgada línea que separa el deber y la obligación. Enhorabuena por tu post Laura. Me gusta cómo escribes. No dejes de hacerlo. Un abrazo y aquí seguiremos siempre tus fieles lectoras que tanto te apreciamos

  • 17. Silvia  |  4 marzo 2018 - 10:56

    Gracias Laura, me ha encantado, se aprendería mucho más desde luego, me encanta como escribes, gracias por compartir , un saludo

  • 18. Clara  |  6 marzo 2018 - 00:54

    Hola Laura! solo quería comentarte que hay colegios públicos y oficiales en españa que estan desarrollando otros proyectos educativos mucho más parecidos a lo que tú comentas. Por un lado tienes las Escuelas por proyectos, que cada vez son más. Unas son más estructuradas otras tienen más libertad.
    Por otro lado, de estas hay menos, pero hay otro modelo de escuelas (oficiales y públicas, al menos en Cataluña!) q son las escuelas vivas y activas, donde no se fuerza a los niños si no que tienen libertad para elegir los talleres que quieren realizar cada día y las decisiones se toman en asamblea y los padres tienen un contacto y acceso mucho más directo con la educación. Los niños crean con materiales reciclados, tienen aulas de pintura con las paredes llenas de lienzos. Te dejo su página web para que veas el proyecto educativo que tienen (está en catalán pero puedes aplicarle la traducción de google!!!).

    Un beso 🙂

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