Mamma Mía » En los días de lluvia

1 marzo 2018

En los días de lluvia

Los días de lluvia me hacen sentir más que nunca la necesidad del sol. Lo sé, es necesario que llueva, Madrid lo necesita, el planeta lo necesita y se trata solo de agua que cae del cielo, no duele, solo moja. Pero igualmente no me convenzo, la sensación de mojado y sobre todo el gris que conlleva la lluvia, no me gusta. En verano lo llevo mejor y también cuando llueve con el sol, muy raramente, tanto que en Italia decimos que “si pettinano le streghe” o sea que se peinan las brujas.

Los días de lluvias, si tienes hijos son peores aun, porque te ponen patas arriba todos los planes. Me gustaría ser de esas madres que le ponen las botas de goma a sus hijos y les sacan al parque a saltar en los charcos. Pero yo no, no soy una madre “charco friendly”, más bien formo parte de la categoría “cuidado con los charcos hijos” o en el caso de que Leonardo lleve botas de agua, le permito saltar en los charcos pequeños y con cautela: “¡¿No saltes muy fuerte eh?!”

Oye la lluvia tan limpia no es…. mancha, no como el chocolate o el zumo de fruta, pero tampoco es Font Vella, tiene incluso su olor. El inconfundible olor a lluvia.

Cuando llueve yo me encierro en casa y miro los cristales de las ventanas llenarse de gotas (un rollo limpiarlas después), recuerdo a mi madre bajar todas las persianas para que no se manchasen los cristales, creaba de repente a un bunker oscuro, que incluso en pleno verano, parecía de noche (menos mal que por lo menos esta manía no la he heredado, solo me faltaba…!). Sin embargo ella se la pasaba bien fuera de casa con el paraguas.

El paraguas, un objeto que en España casi no existe (la mayoría de la gente prefiere salir sin el) y que yo, italiana del norte, tengo como accesorio imprescindible en el armario de la entrada; uno grande, uno pequeño, uno de niño… una familia de paraguas que miro con desconfianza (di Traverso) cada vez que abro el armario.

Afortunadamente los niños viven la lluvia con otro espíritu, Leonardo por ejemplo es capaz de proponerme planes como ir al parque:

¿Mamá vamos al parque?

Yo desde la cocina casi me atraganto con el bocata y corro al salón como si hubiera un peligro inminente.

¡¡¿¿Al parque??!! ¡Leonardo está lloviendo! No se va al parque con la lluvia (y quien lo dice) ¿Estas aburrido? Venga hacemos algo, jugamos a lo que tú quieras.

Vale, ¡Entonces jugamos el lego! (que no significa construir con los legos, si no que jugar a luchar con los personajes y con los que ya hemos construido… Socorrooooo).

Pues venga, vale vamos al parque.

Nos vestimos para dar envidia a los astronautas: el chubasquero y en cima el abrigo impermeable, muy largo y con capucha también, los leggings dentro las botas de lluvia y dos paraguas, uno cada uno. Cierro la capucha como si fuera una anteojera de los caballos, imposible mirar a nuestro alrededor. Así disfrazados, salimos para ir al parque más cercano de casa, el de cemento, porque los de arena están prohibidos! Estamos solos. Me alegro de que las otras madres sean como yo, me siento más tranquila ahora.

Leonardo mira todo el parque para tí.

Él se lanza por el tobogán pero le toca empujarse con las manos, porque el metal mojado hace fricción con los leggings y entonces no resbala, finalmente acaba bajando de pie.

¿Mamá que hacemos? Me pregunta como si yo fuera yo un adivino.

Volvemos a casa a merendar! Te preparo una chocolate caliente y compramos doscientos churros, ¿Te apetece?

¡Claro que le apetece! Y así volvemos a casa, merendamos con algo que me gusta a mi también y entre tanto han pasado ya casi dos horas. Trucos de madre 😉

Cuando más o menos tenía controlada la relación LLUVIA/NIÑO, vino un nuevo obstáculo, fue como pasar al nivel 2 de un videojuego. Llegó Orlando, el hermanito de Leonardo. La lluvia volvió a cambiar mis planes, pero mis planes no cambiaron la lluvia, que sigue siendo la misma, mojada y gris.

Cuando compras un cochecito de bebé, juntos viene también el famoso plástico para la lluvia. Descubrí su existencia antes de ser madre y veía esos niños “envueltos en cinta adhesiva” juntos a sus carritos. Nunca me gustaron estos plásticos, de echo nunca he utilizado el mío. Os confesaré que no sé ni como se pone, a veces me lo llevo y como caiga, lo tiro encima a lo “porco bestia” (bruto) y estoy avergonzada por los que me ven.

En fin, si llueve prefiero no salir. De hecho llevo dos días en casa, además con Orlando malito, que lo hace todo aún más intenso. El gris lo llevo por dentro también y se acumula con las noches sin dormir…. Salgo solo para ir a buscar a Leonardo y tardo más en abrigarme que en llegar y volver a casa. Le concedo venir en brazos hasta casa. Pesa muchísimo, ya no es mi pequeño. ¿¿Cuando ha crecido tanto??

Leonardo ponte la mochila, sujeta el paraguas y agarrame fuerte.

Él sigue mis ordenes a la perfección y así nos encaminamos hasta casa, perfectamente acoplados el uno al otro por el borde de la acera, donde los balcones reparan un poco de la lluvia.

Una vez en casa estamos todos secos y a salvo de la lluvia. Llego a casa y el otro bebote me espera ansioso.

#vidademadre

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4 Comentarios

  • 1. CECI  |  1 marzo 2018 - 13:14

    ayyyy dios miooo!!cómo te entiendo!!! pero tienes que pensar algo que igual te hace sentir mejor….”los hay que están peor” por ejemplo….en Asturias!! Semanas y semanas, día y noche sin parar de llover… SIN PARAR!! yo soy canaria, como tu marido… así que imaginate cómo me invade el gris a mí por dentro….(lloro mucho). Hay que aprender a relativizar… y así cuando llega el sol aún lo amas más que antes!!
    Besitos guapa

  • 2. Sara  |  3 marzo 2018 - 01:55

    Que graciosa eres Laura!!!! Me muero con tus post. Tienes unas ocurrencias buenísimas…y tú forma de contarlo ya es el cum laude de tus posts.

  • 3. Maria José  |  3 marzo 2018 - 18:36

    Sin duda, Laura, que la lluvia con niños pequeños es bastante engorrosa, es complicado salir a la calle y siempre acabas mojándote. Cuando los niños crecen y ya no son tan dependientes de ti puede resultar muy agradable verla caer desde la ventana, incluso es agradable el olor a tierra mojada. Eso sí, que no dure varios días . Comprendo que en los paises menos soleados la gente sea más triste, el sol levanta el ánimo. Quizá en esos días de lluvia hay que ser menos rígido con el tiempo dedicado a ver dibujos animados, solo esos días.

  • 4. tania  |  5 marzo 2018 - 09:53

    Hola LAURA, me encanta tu blog , y tú forma de contar las cosas como si fuera cuentos. Aveces echo de menos en algunos post más fotos en las que nos cuentes tus looks, fotos sobre todo casual que al principio del blog ponías muchas y no posadas de sesiones de fotógrafo, porque la verdad tienes estilazo y s mi me inspira muchisimo. Felicidades por tu manera de escribir, cada entrada es diferente y nos cue tas cosas muy chulas y muy reales.

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