Mamma Mía » Cuando vuelves a casa pero ya no es tu casa.

24 mayo 2018

Cuando vuelves a casa pero ya no es tu casa.

Mi familiares están tan ocupados que aunque no nos veamos desde hace meses, al aeropuerto viene a recogernos Stefano, nuestro escrupulosísimo conductor. Amable, con la música a medida y que no me deja darle agua a los niños “por si acaso manchan los asientos”, así que tengo que recurrir a mis dotes de agente secreto para pasarle una patata o una galleta, cuando se ponen muy pesados porque tienen hambre! Y fingir echarles una bronca para disimular.
Cuando llegamos a casa no hay nadie, solo el orden que se convertirá en el caos y el silencio que pronto echaremos de menos.
Sin embargo el solo ruido de las ruedas de la maleta, despierta los sentidos (siempre en alerta) de mi tía, una señora soltera que ha vivido con mis abuelos toda la vida y que desde que ellos han muerto está teniendo su segunda juventud, no me refiero a novios, más bien a una libertad nueva, que le permite levantarse a la hora que le apetece y hacer lo que le da la gana, como por ejemplo bajar a saludarnos y quedarse sin invitación durante horas y horas.
En casa de mis padres no hace falta la invitación, la gente va y viene como si fuera una aduana.

Vamos a la pastelería. Es el plan, siempre! Si Mahoma no va al monte entonces el monte viene a Mahoma.

La pastelería está a pocos metros de casa de mis padres, estoy hablando de Novara, mi ciudad natal, aunque yo elegí irme a vivir a Milán y para mí, es mi ciudad. Leonardo conoce perfectamente el camino y nos adelanta porque tiene prisa. Recuerdo que les pasaba lo mismo a mis sobrinos mayores cuando eran más pequeños, les encantaba ir a la pastelería y ponerse con las manos en la masa.
Echo de menos entrar en la tienda y ver a mi madre salir detrás del mostrador y venir hacia Leonardo con una sonrisa luminosa, los brazos abiertos y decirle “Ciao tesoro, sei qui!”. Después del aneurisma cerebral no ha vuelto a trabajar en la tienda y se queda en el taller, hace un poco de todo y un poco de nada, pero sobre todo no se parece a mi madre anterior. Es una nueva mamá,más gordita y encorvada, más enfadada y menos dulce, aunque se emociona cuando nos vamos y está lista para ayudar cuando le pedimos algo. Es una mamá que se olvida lo que está haciendo o lo que tiene que hacer, a veces incluso no se acuerda si ha comido, así que la veo prepararse el café a las dos de la tarde, convencida de haber almorzado (y no).
El “post enfermedad” le ha sacado los lados débiles, que antes tenía bajo control y les ha liberado, cambiándole el carácter y mis hijos no tendrán la posibilidad de disfrutar del abuela maravillosa que han conocido mis sobrinos mayores, la que ya no está para dejar espacio a una abuela que tiene menos paciencia y caricias ☹.

Leonardo lleva su delantal e insiste al abuelo sin parar que le dé algo que hacer, mientras va pidiendo a todos los muñecos de azúcar de súper héroes o de coches que se utilizan para decorar las tartas y que están en el mueble al lado de la máquina del chocolate. Se lo ha aprendido todo.
¿Mamá, me lo puedo comer? A pesar de que ni una sola vez le dijese que sí, él sigue pidiéndomelo (comerse esos muñequitos de azúcar). Así que se conforma con darle dos chupadas.
Leonardo habla mucho y le hace gracia a todos, aunque Orlando tiene enamoradas a todas las mujeres que trabajan en el taller. Se lo van pasando de brazo en brazo pero él solo quiere ir con el abuelo o con el tío y hemos descubierto que tiene una marcada preferencia por los hombres en general. Dentro de una pareja de desconocidos, sin dudar él se va a los brazos del chico…. Un misterio….
Le veo con ganas de comer todo lo que se come su hermano ante él. “Queda poco” le digo yo, con la boca llena también.

No pasa un día sin pasar por la pastelería, Leonardo quiere ayudar al nonno!
Durante estos días ha preparado pasteles, tartas, galletas…. que trajimos a Madrid para que pudiera llevarlas al colegio y contar durante la asamblea su trabajo como pastelero. También me traje unos dulces parecidos al panettone (que algunos de vosotros me habéis comentado) con trozos bien gordos de chocolate negro…. Así que mis desayunos durante estos días están siendo especialmente alegres.

Mi padre es de la vieja escuela, la que te enseña a trabajar duro, a sacrificar cada minuto de tu vida por ello y con sus setenta años cumplidos, sigue siendo el trabajo su primera preocupación, además de pasión. Siempre creo que voy a pasar más tiempo con él, pero cada vez la ilusión se rompe en trocitos que se difuminan en el aire, nuestras conversaciones son prevalentemente por la noche, en el sofá de la cocina, cuando los niños duermen y nosotros podemos tomar una copa de vino con los pies en alto.

Mi hermana mayor vive a Milán y la vimos un solo día, cuando vino con sus hijos salvajes a destrozar, junto al resto de mis sobrinos (son ocho en total y una sola niña) la sala juegos del restaurante donde fuimos a cenar. Novara es pequeña, pero es perfecta para los niños, hay actividades, juegos y restaurantes kids friendly (donde pronto no nos permitirán ir más jajjaj). Leonardo con sus primos es como un león en la selva pero con una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando estamos todos juntos, a parte del caos infernal, se respira familia, la de verdad, la cruda y genuina que no está afectada de secretos ni postureo, la que en el chat se llama happy family y que mezcla fotos de niños con chistes de todo tipo.

“¿Mamá puedo ir a casa de Bianca?”
Bianca es mi única sobrina, a la que todavía hago regalos, altísima y tímida con un hermano más travieso que nadie. “Vale” le contesto y mi hermano se lo carga en el coche y se lo lleva a su casa, a mi hermano y mi cuñada siempre les toca un sobrino demás en casa…
Mientras mi hermana Luisa, la pequeña, que de pequeña ya no tiene nada, porque ya tiene sus 32 años, ha tenido su segundo hijo, Martino, el número ocho de los sobrinos. Esta fue la mayor razón para la que nos fuimos a Italia y ha merecido la pena, Martino es muy pequeño, tanto que Orlando a su lado me pareció un bebé gigante. El pequeñín ha nacido en el ruido y en los gritos de su hermano y primos, seguro que crecerá como un chico fuerte y probablemente sordo jajajjaja.

La casa de mis padres ha parecido a una experiencia mística porque me quitaron internet, mis padres son los únicos, que todavía no utilizan internet. Mi madre tenía una Tablet pero ya no la usa, solo utiliza el teléfono y mi padre también. Cuando me dieron la noticia me entró hasta un mareo y también una rabia bastante importante. Pero tuve que aguantarme y pensar vivir en la jungla, porque la verdad es que mi casa se parece bastante a la jungla, una jungla civilizada pero que como tal se queda. Libre.

Me gusta ir a ver a mi familia, pero me gusta aún más volver al lugar que he convertido en mi hogar, junto a mi nueva familia, la que estoy construyendo paso a paso, con fátiga y amor, sobre el modelo que he tenido desde que nací, con los valores que me han enseñado mis padres y que no obstante las diferencias que a veces nos alejan, sigue siendo el más valido para mí.
Os quiero familia. Os quiero a las dos.

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


8 Comentarios

  • 1. Julia  |  24 mayo 2018 - 12:01

    Qué texto más bonito hacia tu familia, Laura.
    Hay una cosa que me ha llamado especialmente la atención: la enfermedad de tu madre.

    Tiene que ser muy duro para ti hablar de ella, pero, si algún día te apetece compartirlo con nosotras, me encantaría leerlo en detalle y saber qué ha pasado y cómo te ha afectado a ti ese cambio. Existen tantas enfermedades que desconocemos…

    Es solo una idea por si algún día te apetece y crees que va a ser liberador para ti.

    Un abrazo enorme.

  • 2. Sònia  |  24 mayo 2018 - 12:25

    Simplemente precioso. Un abrazo.

  • 3. abendua  |  24 mayo 2018 - 13:18

    Laura, lo que más me gusta de tí es tu sinceridad, como escribes sin filtros y temas que pueden ser complicados tú los tratas sin reparos y a corazón abierto, sin complejos. Me encantas!

  • 4. Estefania  |  24 mayo 2018 - 15:45

    Es increíble como puedes enganchar a la lectura a alguien como yo, que ni es madre, ni va a serlo nunca , estos temas si los tratara cualquier otra persona que no seas tú , los pasaría de largo , sin embargo tú, lo haces tan bien , escribes tan bonito que te leería siempre .
    Son post hechos con el corazón , y eso se nota , no cambies nunca Laura

  • 5. Marta  |  24 mayo 2018 - 16:16

    El titulo ha sido una revelacion, efectivamente es asi, cuanod vuelves a tu casa, donde puedes volver a ser hija, abandonar el peso de ser adultos…pero descubres que ya no es tu casa. Esto me sucede desde que tuve a mis niñas, que extraño !
    E sempre bello leggerti, Laura!

  • 6. ruth  |  25 mayo 2018 - 11:37

    Qué bonito Laura! escribes taaaan bien, no quería que terminase, es como un cuento, expresas tus sentimientos como nadie.
    Tines una nueva mamá, pero la tienes y eso es lo importante.
    Besos!!

  • 7. Cris  |  25 mayo 2018 - 14:29

    Sí, totalmente de acuerdo con todas. Disfrútala, sigue siendo ella aunque no la reconozcas.
    Es un placer leerte!

  • 8. Pilar  |  28 mayo 2018 - 09:42

    ¡Qué texto tan bonito y sincero! viviendo fuera de mi país entiendo perfectamente las sensaciones que describes. Me emocioné con lo de tu mami ¡eres adorable!

Deja un comentario

Requerido

Requerido, (permanecerá oculto)


ocho + = 17

Hearst España S.L. (en adelante, Hearst España) como responsable del tratamiento utilizará los datos personales que nos facilites a través de este formulario para que puedas comentar en el blog y para cumplir con los requisitos legales aplicables, según se detalla en nuestro Aviso de privacidad.
Tus datos serán almacenados por el plazo legalmente previsto para este tipo de servicios. Si tienes cualquier consulta o duda, puedes hacerlo en cualquier momento enviando un mensaje de correo electrónico a privacy@hearst.es


Subscríbete a los comentarios vía RSS