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14 junio 2018

Mi modelo de educación

Cada vez que me pregunto algo espero a que mi instinto me sugiera la respuesta. No sabría decir si es pecar de arrogancia, si es vagancia por no buscar respuesta o simplemente porque siempre me funciona. Este mecanismo lo aplico en todo, con sentido común, pero ello también es mío y personal.

No tengo un verdadero modelo a seguir, existe lo que queremos ser y lo que podemos, es cierto que la vida nos ofrece muchas inspiraciones y sería imposible no utilizarlas para crear nuestro modelo a medida.

En la educación de los niños tengo las ideas bien claras para ser sincera. Sé dónde quiero llegar y cómo hacerlo, aunque la vida no es una línea recta y es imposible pensar en planificar cada cosa, aún más imposible es crear “productos perfectos” de nuestros hijos. Además yo los prefiero felices y reales, cada uno con su carácter, con su forma de ser, con sus méritos y defectos. Para ello, es necesario educarlos y estar pendientes de sus necesidades en la justa medida.

¿Cuál es la justa medida?

No soy nadie para decirlo y también pienso que nadie podría asegurarlo con certeza, cada uno crea su medida según el modelo de educación que está construyendo.
En el núcleo familiar, la forma de educar ha cambiado bastante con el paso del tiempo, en la generación de nuestros abuelos era más “dura”, mientras que se ha ido “aflojando”, hasta llegar hoy en día, a una tendencia a la “hiperpaternidad”: la atención excesiva hacia los más pequeños.
Personalmente no comparto ninguna de las dos escuelas, por un lado a la severidad prefiero la autoridad y por el otro, la “sobreprotección” me provoca ganas de evadir, de hacerlo todo lo contrario. Mi medida se coloca en el medio, intento apoyar y guiar a mis hijos hasta que sean lo bastante grandes como para poder elegir BIEN solos y también equivocarse solos, sin crear demasiados daños (tampoco se puede predecir el futuro).

Estoy construyendo mi modelo de educación, que se basa principalmente en unos fundamentos (a seguir) y a las excepciones que hacen de mí una humana y madre imperfecta.

Libertad
Estar “encima” no es mi rollo, mientras que estar pendiente sí. La libertad representa para mí el valor más grande que tenemos, en todas sus facetas. La libertad nos hace personas felices, pero es un arma muy potente, hay que conducirla en la mejor dirección y creo que como madre lo puedo hacer a través de la generosidad.

Educación / respeto
Somos parte de una comunidad, aprender a estar con la gente y a vivir respetando el prójimo tanto como al ambiente (y a los animales) a nuestro alrededor. Esto le ayudará en las relaciones y en el trabajo. Si hay algo que no puedo tolerar es la mala educación y la arrogancia (su compañero de desgracia). Escuchar, ayudar, comprender y sentirse parte de un lugar que es el mundo. Actuar hacia los demás con el mismo tacto con el que tratarías a un amigo o familiar, respetar el ambiente como si fuera tu propia casa.

Inteligencia emocional
La vida nos regala cada día experiencias de las que podemos aprender, los niños no aprenden solo en el colegio, o mejor dicho, aprenden más en el patio del colegio que de los libros. Aprenden en casa y fuera, jugando, descubriendo, relacionándose, viviendo. Crear un entorno confortable y rico de amor, que le ayude a reconocer los sentimientos y donde se sientan libres para experimentar y expresarse. Para mí los colegios siguen todavía un modelo demasiado masificado y obsoleto, considerando las trazas que el futuro nos depara. La inteligencia emocional es algo que la tecnología no puede sustituir, lo demás si.

Colaboración
Empezando por las pequeñas cosas en casa, a pesar de los roles, es importante ayudarse. Colaborar es la mejor oportunidad que tenemos para ser grandes emprendedores de nuestra vida. Así que no me voy a cansar de pedir a Leonardo que guarde sus juguetes o que me ayude a poner la mesa, a cocinar, a arreglar algo que se ha roto….

¿A qué ha venido este post?
A que hace unos días, volvía a casa con Orlando en la sillita y tres bolsas con la compra, estaba intentando abrir el portal con la evidente dificultad que podéis imaginar y un chico joven, diría veinte años más o menos, se ofreció ayudarme. Me sorprendió. Normalmente nadie lo hace, ni el conserje, pocas veces algunas madres en la misma condición, pero estoy acostumbrada a que si no soy yo la que pide ayuda, nadie se ofrece a hacerlo, por muy cargada que estés.
Pensé: entonces todavía hay jóvenes así, gente educada y disponible, es algo raro hoy en día, sobre todo a una edad como la suya. He deseado que mis hijos de mayores hagan lo mismo y sé que esto dependerá de mí y los valores que les proporcione ahora.

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3 Comentarios

  • 1. María José  |  14 junio 2018 - 18:30

    Que interesante post, Laura, no es nada fácil educar a los hijos y no hay un manual de instrucciones para hacerlo. El hogar es el mejor centro de enseñanza al que completa el colegio. Sin duda que los tiempos han cambiado, hoy se dispone, en general, de menos tiempo y es frecuente que muchos padres intenten compensar ese “poco tiempo” que pasan con sus hijos con exceso de mimo y caprichos, creo que es un gran error. Es comprensible que se les enseñe a cooperar en las tareas de la casa porque la sociedad ha cambiado y la mujer no puede abarcarlo todo. La sensibilidad, inteligencia y la propia intuición de los padres harán el resto. Las fotos preciosas.

  • 2. Patrizi  |  16 junio 2018 - 21:26

    Que difícil es acertar con la educación (mamá primeriza). Lo que quiero es que mi pequeño sea buena persona, de momento también sigo mi instinto y quiero educarle en el amor, la generosidad… Y otros valores que como indicas en el post, se ha perdido.

  • 3. Patricia  |  18 junio 2018 - 13:10

    ¡Qué MAGIA creas cuando escribes!

    Suscribo todas y cada una de tus palabras, aunque te diré que en mi caso, mi instinto me guía, pero también me apoyo en obras que en la mayoría de los casos me confirman que dentro de lo posible lo estamos haciendo bien y me dan herramientas para encauzar lo que mi instinto me marca.

    Mi mayor deseo es que mi hijo pueda ser LIBRE, pero también uno de mis mayores objetivos es que aprenda a respetar la libertad de los demás, para que, dentro de unos años sea el joven sujete la puerta a una “mamá en apuros”.

    Es algo que parece tan simple… y qué difícil es a veces que se respete ese “modelo” de crianza…

    ¡Qué gusto leerte siempre Laura!

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