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19 junio 2018

La complicidad entre hermanos

Desde que nació Orlando, mis atenciones se han volcado preferentemente hacia él, todas las madres que han pasado por lo mismo saben lo que se sufre en “abandonar al primer hijo” para cuidar del nuevo miembro de la familia. Hay que apretar los dientes y hacerse fuertes porque no hay más remedio, la ley de la natura dice que el más débil es el que más necesita. Menos mal que está el recurso papá. Durante este año, Leonardo se ha separado de mi y ha creado un vinculo más cercano con su padre, esto me produce dos sentimientos opuestos, la alegría al verlos juntos (reconozco que con su padre tiene más intereses en común) y por otro lado sufro nuestra separación. Algunos días, afectada de una nostalgia impertinente, me pongo a mirar los videos de hace un año o dos, cuando yo era su referencia, su refugio, su compañera, cuando la palabra MAMÁ retumbaba por toda la casa, cuando si llegaba tarde o demasiado tarde por un tema de trabajo, él se quedaba delante de la puerta porque quería esperarme, cuando no podía dormir si no conmigo, cuando se relajaba tocándome el pelo y cualquier plan era mejor con mamá. Mi Leonardo ha crecido y además ha coincidido con la llegada de un hermano, que hasta ahora solo le ha quitado el cetro, pero desde hace unos días la fraternidad se ha revelado en su real connotación: la complicidad.

Un día, un poco por la gana de dormir a Leonardo como hacía antes, un poco por las circunstancias, intenté dormir a los dos a la vez, en su habitación y fui participe del florecer de la complicidad entre ellos. Leonardo con ninguna gana de dormir, se puso a saltar en la cama, yo tenía a Orlando en brazo. Había sido un día largo, como la mayoría y tenía ganas de relajarme por fin. Pero Leonardo parecía sordo y a pesar de las amenazas de desgracias apocalípticas que le solté, siguió saltando. De pronto Orlando empezó a agitarse en mis brazos y a emitir un grito agudo al que seguía una risa. Fue exactamente ese momento cuando se encendió la chispa. La conexión entre ellos se había instalado en un segundo, el tiempo de reacción salto/risa. Nada fue igual después, mis protestas fueron vanas, hasta convertirse en placer, cuanto más Leonardo saltaba, más Orlando se agitaba como un loco, si Leonardo paraba, Orlando movía una pierna hacía él como para pedir más y así volvía a empezar la juerga.
Desde ese día se repite la misma situación, si vamos a la cama juntos uno de los dos empieza a instigar el otro, una patada, un toque, una mirada…. muchas veces es Orlando el que empieza, es el único momento del día donde su complicidad se cumple en la máxima potencia, hasta aniquilar mi autoridad de madre. Pero no me importa, deseo verlo, es un nuevo amor que está naciendo.


Leonardo y Orlando llevan total look de Tiny Cottons.

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1 comentario

  • 1. María José  |  20 junio 2018 - 16:52

    Sin duda, Laura, que la relación que describes con tu hijo Leonardo ha sido muy especial, mi opinión es que tampoco hay que excederse porque crea una excesiva dependencia. Lo que cuentas de tus hijos es fantástico, me sorprende esa complicidad entre ellos, sobre todo en Orlando (con ni tan siquiera un año) es genial. De todos modos ya verás que irán sucediendose las distintas etapas, está la de que el mayor no querrá que el pequeño se le pegue y tendrán amigos distintos. Con el paso de los años cada vez serán más amigos además de hermanos. Tus hijos sin precioso, disfrutadlos!

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