Mamma Mía » Domingo

13 mayo 2019

Domingo

Orlando se ha dormido hace media hora, lo dejo en la silla que posiciono bajo la sombrilla. Coloco una tumbona con orientación hacia el sol, que brilla vigoroso en el cielo azul. Pagaría para estar en una playa blanca con el ruido de las olas que se rompen en la orilla, de fondo. Siempre me quejo del frío: “invierno y otoño no deberían existir”, pero cuando llega el calor, agradezco que la espera me lo haya hecho desear aún más. Creo que no aguantaría 360 días de verano.
Me queda un mes abundante antes de que mis pies sientan la familiar sensación de frío y suavidad de la arena mojada del mar, hasta entonces engañamos la espera con días de piscina que a veces salen bien, otras veces cansan más de lo que deberían. Hoy es un día de piscina. Un domingo en toda regla, de tennis para los chicos y de sol para la chica, yo, la única mujer de la familia.
La correcta posición para tomar el sol me obliga a arrastrar la tumbona hasta la mitad de la plataforma que rodea la piscina, hay muchos niños bañándose y espero que ninguno tenga la necesidad de tirarse de bomba justo a mi lado, aunque si así fuera, yo soy la verdadera invasora.
El sol me baña completamente y me hace sentir su fuerza, me levanto de la tumbona en seguida para sumergirme en la piscina. Nunca me han gustado las piscinas para ser sincera, la mezcla de cloro y pis me resulta bastante poco atractiva, de hecho mi baño se parece más a un chapuzón, luego me ducho y vuelvo a tumbarme. Ahora el calor es más agradable, me seca la piel mojada, mientras un viento leve sopla provocándome un escalofrío. Por alguna razón siempre que salgo del agua, independientemente de que se trate del mar o de la piscina, se levanta el viento, como un niño travieso listo para molestar.
Chequeo a Orlando sin levantarme, he elegido una posición que me permita vigilarle tumbada, Sigue durmiendo pacifico. Leonardo está en la clase de tennis, que también cabe dentro de mi prospectiva visual desde aquí. Tengo todo controlado, me relajo y abro el libro que estoy leyendo, me pierdo en su emocionante historía.
De repente una voz me distrae, es un niño que llama insistentemente a su madre, ha salido de la piscina y tiene frío. Finalmente la madre llega con la toalla y él se tranquiliza. No tarda ni un segundo en llegar un nuevo “Mamá” disparado en el aire, esta vez es la voz de una niña que viene del otro lado de la piscina, no sé qué necesita porque no tengo ganas de darme la vuelta y sé que su madre aperecerá en menos de diez segundos.
Una sucesión de “Mamás”, explota en el aire como fuegos artificiales al quince de agosto: Mamá, mamá, mamá…. No me molestan, me hacen gracia y pienso: “¿Qué mundo sería sin madres. A quien llamarían?” Una voz interrumpe mis pensamientos. “Mamá”. Es Leonardo, de pies a mi lado, la clase ha terminado. Cierro el libro y vuelvo a ponerle en el bolso.


3 Comentarios

  • 1. Sara  |  13 mayo 2019 - 14:20

    Bravo!

  • 2. Celia  |  13 mayo 2019 - 18:52

    Sublime

  • 3. María José  |  18 mayo 2019 - 19:40

    Es comprensible, Laura, que te guste más el mar que la piscina, a todos nos pasa. Sin embargo la piscina es mucho más cómoda que el mar para nadar rutinariamente. Comprendo que con dos niños pequeños no tengas tiempo para nada, ni para leer, ni para tomar el sol pero te aseguro que llegará un momento en el que serán ellos los que pasarán de ti, es la vida. Disfruta de esa preciosa familia que tienes.

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