Mamma Mía » La primera tarea de un padre es amar a sus hijos

4 julio 2019

La primera tarea de un padre es amar a sus hijos

La primera tarea de un padre es amar a sus hijos, la segunda es prepararles para su debut en la vida de adulto.

Este proceso tiene un largo recorrido y pasa a través de diferentes fases, según la edad de los niños. En los primeros años de vida, los niños solo necesitan recibir amor y estar atendidos en sus necesidades, ser cuidados con cariño, besados y abrazados sin parsimonia, para que se sientan protegidos y seguros y aprendan a confiar. Para mi los primeros años de vida es donde se radican los sentimientos más básicos y profundos y esta fase dura aproximadamente los primero dos años.

Con dos años los niños tienen una capacidad de comprensión bastante desarrollada, aunque el razonamiento es todavía muy básico. No estoy de acuerdo con quien etiqueta ciertas manifestaciones, típicas de esta edad, con la palabra “astucia”. Pienso que en esa época, los niños todavía manifiestan de forma práctica sus necesidades y los caprichos son el fruto de un avance a nivel cognitivo. Se empiezan a dar cuenta que ya no son parte de una dualidad con la madre, si no que son seres individuales, con gustos y necesidades propias. (“Los terribles dos años”).
Durante este periodo es importante marcar pautas y reglas y delinear una rutina.

Con la edad de Leonardo (cinco años) todos los niños han alcanzado una capacidad de comprensión y de razonamiento elevada y es cuando diría que se fundamentan los valores.
La relación entre padres y niño se hace más adulta. Y nos convertimos en un ejemplo a seguir para ellos.

Obviamente hablo sobre mi experiencia, todo lo que comento son mis reflexiones personales, que me apetece compartir con vosotras.

Me considero una madre bastante exigente y muy comprensiva, con limitada paciencia y el deseo que mis hijos crezcan respetuosos y educados, ante todo.
Leonardo y Orlando tienen el mismo modelo educativo en casa, aunque siendo muy diferentes, no podemos aplicar las mismas reglas y en la misma proporción. Leonardo siempre ha sido un niño maduro, es un aspecto determinante en su carácter y tiene un sentido profundo de la justicia (como yo), mientras que Orlando parece menos reflexivo y más impulsivo.
En ambos casos estoy trabajando para transmitirle cotidianamente ciertos valores, que considero importantes para cuando serán mayores.

La primera es la sinceridad, veo más útil buscar una forma apropiada para explicarles la verdad, que intentar protegerles mintiéndoles. Empezando dentro de casa, donde no quiero engañarles con un modelo de perfección que no existe y que no encontrarán tampoco fuera. Las carencias son parte de nosotros, al igual que las virtudes, no pienso esconderles mis limites, no somos padres perfectos y no hace falta serlo para ser felices. Lo mejor que puedo hacer por mis hijos es animarles a ir más allá de nosotros, de nuestros logros en lugar que protegerles bajo un falso modelo de perfección.
Me gustaría crecer a hijos resilientes, capaces de integrarse en este mundo y preparados para las adversidad.
Que sean personas educadas, respetuosas, que aprendan a cuidar del planeta en el que viven, sintiéndose parte de él, en lugar que su dueño.
Desde pequeños tenemos el deber de transmitirles estos valores, de enseñarles cómo pueden aportar algo. En las escuelas se empiezan a ver iniciativas muy buenas sobre este tema y es importante concienciarles en casa también. A Leonardo le estoy enseñando a reciclar…..

… Entre otras tareas domesticas en las que me ayuda 😉
La familia es una tribu, donde cada uno hace algo útil para los demás, no hay una sola persona que se ocupa de todo, todos colaboran según sus posibilidades. El modelo familiar “monárquico” está superado y los pequeños de casa pueden ayudar en muchas cosas: poner el lavavajillas, tender la ropa, guardar calcetines y calzoncillos, cocinar pizza, a preparar y limpiar la mesa. Además les gustas sentirse responsables. Os animo a las que no lo hacéis, el trabajo de grupo es también una manera de ocupar el tiempo en casa (ahora con el calor que hace!!).

Por último favorecemos que desarrollen la libertad creativa, que no solamente conozcan las fechas de las guerras mundiales o los nombres de todos los poemas que estudiaran en el colegio (y que probablemente olvidarán unos años después), si no que vean el mundo con sus propios ojos, que no se cansen de ser curiosos y que experimenten…. Sin miedo.


1 comentario

  • 1. María José  |  10 julio 2019 - 21:25

    Que interesante e instructivo tu post de hoy, Laura, aunque tengo que reconocer que yo eduqué a mis hijos diferente, eran otras circunstancias. Creo que a los pequeños, sin duda, hay que mimarlos. Que a medida que crecen se les debe educar para que sean respetuosos y amables con otros niños y con los mayores. Hasta ahí así lo hice. Reconozco que nunca me gustó cocinar con ellos porque todo se quedaba empantanado y había que recogerlo. Tampoco se le daba tanta importancia al medio ambiente. Las generaciones actuales de padres no lo tienen fácil. Bonita foto.

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