Mamma Mía » He conocido a alguien ( 3 y última parte)

1 agosto 2019

He conocido a alguien ( 3 y última parte)

La mañana está nublada, abro las ventanas y me dejo acariciar por la brisa matutina que sopla suavemente sobre mi piel. He soñado con Ricardo… me lo podía esperar.
Paso de mirar el móvil porque la mañana es el momento más caótico del día, tengo menos de una hora para vestir a los niños (normalmente Leonardo se viste solo, pero por la mañana está algo vago), vestirme yo, preparar el desayuno, las mochilas y salir de casa disparados. Parece que hay tiempo de sobra y lo sería si no fuera porque cada día tenemos un imprevisto o una rabieta con la que lidiar.
Desde que he abierto un ojo, he hecho todas las tareas mecánicamente, sin concentrarme en lo que hacía, no puedo parar de pensar en el mensaje de anoche, la mujer disfrazada de bruja…. ¿A que se refiere?
Los niños van chisporroteando cosas pero no les hago mucho caso, corto cualquier tipo de conversación con un “vale cariño”.
Orlando es el primero que dejo, me despido con un abrazo fuerte, Leonardo hace lo mismo.
“Adiós mamá, adiós Leolalo” nos saluda.
Dejo a Leonardo en la puerta de metal abierta y le sigo con la mirada mientras cruza el patío rodeado de vegetación y llega a la puerta del polideportivo. Parece tan pequeño, se me abre una brecha en el corazón. Ha crecido rápido y al lado de su hermano parece más mayor, sin embargo cuando está solo, con su mochila de mayor, siento que todavía es mi pequeño.
Recojo un paquete en el portal y subo a casa, es mi momento para desayunar, me preparo el segundo café y una tostada integral de mantequilla y mermelada de fresas. Necesito ponerme al día con mis cosas: mails, mensajes, redes sociales, ayer etuve distraída y se me pasó. Me esfuerzo por hacerlo antes de mirar el móvil de Julia. Tardo un par de horas, en las cuales he recurrido a un tercer café. Me decepciona un montón ver que no hay nuevos mensajes y que la carga ya está por la mitad….
“Se va a apagar el móvil sin que haya resuelto el misterio y sin que haya encontrado a Julia”. José me diría que como siempre soy pesimista, creo que tiene razón, pero la cosa no pinta bien, en un día nadie ha llamado, ni siquiera Ricardo, que es el único que escribe por aquí. 
Justo ahora llega un mensaje.

Ricardo: Te vi disparada con la moto debajo de mi casa, estabas con Camilla, agarrada fuerte a tu cintura ¿Sabes que no puede llevarla en esa categoría de moto verdad? (emoticono con mono que se cubre los ojos)

Ricardo: Veo que lees los mensajes pero no contestas a ninguno, no sé qué pensar, a ratos creo que Carlos ha descubierto el móvil y está leyendo todos los mensajes, pero si así fuera me hubieras avisado para no escribirte más. ¿No?

Ricardo: Hola Carlos ¿eres tu?

¡¡ Entonces Julia tiene una Cami y un Carlos…. Y un Ricardo… !!

Ricardo: Julia contestame, dime que eres tú, solo eso.

¿¿¿Por que no llama??? Es lo que no entiendo…
Necesitaría otro café, pero opto por una elección más sana y me exprimo dos naranjas.

Durante el resto de la mañana no llegan más mensajes. Sigo trabajando en mis cosas, aunque me cuesta concentrarme, mi mente está organizando varías opciones de la relación entre Julia y Ricardo. Me gustaría ver como es Julia.
Empiezo a buscar por internet si hay alguna forma de desbloquear un móvil con pin…. Me parece todo complicado, no está a mi “alcance informático”… Se me ocurre escribir a un amigo que probablemente me puede iluminar. Tengo como máximo un día más antes de que se apague el teléfono y diga adiós.

Mi amigo me contesta y me dice que debería verlo, porque si hay ”cierta” cosa se puede si no, no…. Para mi es como escuchar a un chino… Me dice de acercarme por la tarde a su casa.
Por la tarde estoy con los niños y mi amigo vive lejos del centro, no se si vale la pena, para que… ¡por mera curiosidad!
Le contesto que lo voy viendo sobre la marcha.

Por la tarde recibo otro mensaje de Ricardo: Creo que deberíamos vernos, esta relación con tu móvil no me está gustando y la otra noche ha sido todo muy raro.

Estoy de acuerdo con él, creo que Julia le debe una explicación. Julia misteriosa que pierde el teléfono y no lo busca, deja a su amante que se desespere sin ella y cree en las brujas….
Las brujas no existen, pero tiene pinta de que Julia cree bastante en el destino o así me huele a mi porque yo también soy de este “rango” y creo que si no busca el móvil después de un día de haberlo perdido, es porque no quiere encontrarlo.
Qué será lo que le ha dicho esa bruja….

Ricardo: ¿Mañana podemos vernos en el parque del oeste, en la entrada de Moncloa a las 19.30? Te estaré esperando hasta las 20.00 si no has llegado me iré y ya no te buscaré más. Me puedes avisar si prefieres otro plan, mi numero lo tienes.

De repente me doy cuenta de que es cierto, Julia tiene otro teléfono y conoce el numero de Ricardo, si no se ha puesto en contacto con él es porque no quiere. Y Ricardo solo tiene este numero. Todo se me aclara: Julia quiere romper con Ricardo, o ha roto, sin embargo él no lo acepta.
No sé qué hacer. Tengo dos posibles opciones: la primera es ir mañana en lugar de Julia y contarle a Ricardo que Julia ha perdido el móvil, la segunda opción es olvidarme del asunto y dejar que el destino elija. Es cierto que el destino me ha hecho encontrar el móvil, así que me considero un medio con el que está actuando. La elección está en mis manos. Tengo un día por pensarlo.
La tarde se hace muy densa y no me da tiempo de ir hasta la casa de mi amigo. Da igual, no tengo derecho a ser tan cotilla. Durante la noche el móvil se apaga en su soledad.
Me siento como cuando terminas un libro que te gusta mucho…. Necesito olvidar a Julia y Ricardo, a menos que opte por ir a la cita de la tarde.
Durante el día me cuesta concentrarme en mis cosas, escribo y tiro cuatro hojas con pros y contras de aparecer en la cita, pero no me sirve. Me quedo dudando y cambiando de idea miles de veces hasta las 19.00h cuando tomo una decisión.
Cambio mi look de deporte por unos shorts vaqueros y una camiseta blanca y salgo de casa. Cuando llego al destino aparco y me quedo esperando dentro del coche, he llegado cinco minutos antes de la hora indicada. Me gustaría tener a alguien con quien hablar para engañar la espera, estoy inesperadamente nerviosa. Ricardo llega puntual como un reloj suizo, lo reconozco por la foto. Cumple con mis expectativas, es muy atractivo, lleva unas bermudas con camiseta y sandalias. Siempre me han gustado los chicos con sandalias. Se sienta en un banco con los brazos largos apoyados en las rodillas y la espalda ligeramente encorvada, típica postura de “ los altos”, mira el móvil y luego vuelve a levantar la mirada en busca de Julia. Sin embargo me ve a mi. Estoy de pie al lado de mi coche, no me he acercado a él todavía y no me esperaba que su mirada me captara de lejos. En lugar de aprovechar la señal para ir a hablarle, disimulo cogiendo mi móvil y haciendo como si recibo una llamada.
Ricardo vuelve a su postura anterior, su belleza vigorosa se hace más dulce con el paso de los minutos, percibo la tristeza de un amor perdido en su cara cada vez que la levanta en busca de Julia. Pero ella no llega, Julia ha decidido dejar su historia de amor al borde de una acera, junto a su móvil. Tal vez ha decidido creer en una bruja como escribió Ricardo en un mensaje, esto nunca lo descubrirá Ricardo, porque a partir de las 20.00 h él también pondrá la palabra fin en su historia. Todo se quedará en un recuerdo romántico y único, y eso nadie se lo quitará.
Se me ponen los ojos llorosos, no hubiera imaginado sentirme tan cerca de un desconocido y percibir su dolor ahora mismo, con solo mirarle. Pongo en marcha el coche y vuelvo a casa. Desde el espejo retrovisor veo la silueta de Ricardo hacerse pequeña hasta desaparecer de mi perspectiva. Tal vez un día te encontraré en otra circunstancia y me contarás de una chica llamada Julia que desapareció de tu vida sin decirte nada.
Doy una vuelta más larga, hay gente que está corriendo en el centro polideportivo. Salgo del coche que he dejado tirado al lado de la carretera y pongo el móvil de Julia donde lo encontré. Es un móvil apagado, no he podido devolvérselo a su dueña, a lo mejor vendrá ella a buscarlo. Sonrió mientras aparco en el garaje.
Los niños me están esperando para cenar. Hoy pasta!


3 Comentarios

  • 1. MARY  |  2 agosto 2019 - 13:42

    Fantastico!! Ha sido muy emocionante. Gracias por compartirlo.

  • 2. María José  |  8 agosto 2019 - 13:37

    Hay……me he quedado con mal sabor de boca. Por qué siempre queremos que las historias acaben con reencuentros felices? Lo lógico es lo que ha sucedido pero la lógica siempre te deja un sabor amargo. Que bien escribes, Laura.

  • 3. veronica  |  13 agosto 2019 - 10:49

    Lauraaaaaaa. De que vas? Pobre Ricardo!!!!!!!!!!! es broma, me ha encantado.

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