Mamma Mía » Ese momento eterno y fugaz

18 noviembre 2019

Ese momento eterno y fugaz

Esta mañana a las siete Leonardo me llamó desde su habitación, se había despertado y quería que me quedara con él hasta recuperar el sueño. Me hice un hueco debajo del edredón y le abracé, estuvimos unos minutos acurrucados, era casi hora de levantarse así que ninguno de los dos volvió a dormir. Durante el siguiente puñado de minutos, mientras le tenía apretado contra mi, pensé en lo afortunados que ambos somos, él para tener a unos padres que le hacen sentir protegido y seguro, yo por tener el privilegio de ser una madre que puede ejercer su rol sin limitaciones. Parece banal pero no lo es.
Fui al baño para prepararme y mirándome en el espejo me pareció que mi diastema se estaba acercando a causa del retenedor (no pienso dejar que esto pase). Me vestí rápidamente y me dejé absorber por la prisa mañanera.
La premura no deja espacio a los pensamientos ni menos a las reflexiones, que se quedan quietas hasta que vuelva a la calma, a excepción de alguna que se pierde por el camino y que probablemente volverá otro día.
Un par de chispitas de lluvia nos cogieron de camino al colegio, pero cómodamente sentados en el coche no molestaron ni al parabrisas, que siguió reposado. Aun así solté unas cuantas palabrotas y un par de vigorosas tocadas de claxon durante el trayecto.
¡¿Como puedo estar tan nerviosa gozando del máximo confort?! Hay que ser tontos, y parece que somos muchos a las 8. 30 de la mañana.
Lo hice todo bien, dejé a los niños puntuales en las correspondientes escuelas y llegué a casa sin esfuerzo, para disfrutar de mi desayuno y acudir a mi indispensable hora de gimnasio antes de ponerme a hacer mis “tareas”.
Con mis casi treinta y siete años, he alcanzado un nivel de privilegio que me permite cumplir todas mis necesidades y deseos. Pero aun así no os creáis que me abstengo de quejarme por miles de cosas, soy un murmullo con piernas (buenas piernas ;).
La tarde se envolvió de gris, las nubes trajeron un frío escandalosamente lógico para esta temporada, así como insoportable y decidí quedarme en casa con los niños, lo que significa merendar fruta primero, algo dulce después (que yo acompaño con mi tercer o cuarto café del día) y jugar. En la mejor de las hipótesis jugamos con algo tranquilo como peonzas, coches, puzles y construcciones, en los peores casos a saltar en el sofá o al escondite.
Creedme si os digo que las tardes dedicadas a los niños no las cambiaria por otra cosa, sin embargo se me hacen eternas, los minutos parecen horas.
Lo definiría sagrado aburrimiento, sagrado porque sin él sufriría y aburrido por mi condición de adulto que se esfuerza en jugar como el niño que fui. Este sano tedio me acompañó, como cada día, hasta el anochecer, cuando me serví una copa de vino tinto y finalmente disfruté de la tranquilidad a mi alrededor. Mientras preparaba la cena noté como mis nervios se distendieron, difundiendo paz en mis sentidos y brindé por los días normales, para que siguieran sin gastarse ni acabarse y con ellos las inofensivas quejas de quien lo tiene todo.
Cuando desaparecí detrás de la pared que separa al salón de la cocina, como por arte de magia los niños se elevaron a un estado de independencia que hasta ese momento pareció debidamente lejano y empezaron a jugar autónomamente. Me quedé un rato espiándoles, llevaban el pijama puesto, cada uno ocupaba una zona de la habitación, Orlando especialmente me suscitó ternura, con su estirado conjunto de cuadros de una talla más grande, movía meticulosamente de un sitio a otro del sofá su caravana de coches, a ratos se paraba a pensar o murmurar algo y luego seguía concentrado en su tarea.
Me fijé en el contraste de sus movimientos todavía torpes, con las facciones perfectas de su cuerpo, de las manos y de los dedos y como cada pliegue, uñas o pelo encajase perfectamente en el diseño humano. Un día será al revés, pero ese día está todavía lejano. Una vez más, sentí el agridulce paso del tiempo y la importancia de saborear junto a mi vino, ese momento eterno y fugaz.


6 Comentarios

  • 1. Amparo  |  18 noviembre 2019 - 18:48

    Una vez más quedo admirada por tu forma prodigiosa de escribir y de describir cada momento vital y el sentir de una madre. Sólo me queda duda de una frase, que no entiendo el significado “…y mirándome en el espejo me pareció que mi diastema se estaba acercando a causa del retenedor”, no sé qué significa, si es una expresión italiana. Lo miraré en el diccionario. Lo comento en público por si alguien más no lo entiende y nos lo puedes comentar. Muchos besos y gracias por transmitir tanto siempre. Te queremos

  • 2. Maria  |  19 noviembre 2019 - 13:35

    Hola
    En primer lugar Laura, felicitarte por la manera en la que escribes, se nota que lo sientes de corazón y eso se agradece.
    Amparo,creo que la frase no es que tenga expresión italiana, sin más, creo que Laura ha dicho que le pareció que la separación entre sus dientes se están juntando a causa de algún tratamiento de retención que usa bastante gente. Y cuando luego añade “(no pienso que esto pase)”, imagino que será porque es una parte de ella que la caracteriza y no lo querrá perder.
    Espero no haber ofendido a nadie, no es mi intención.
    Laura sigue así como hasta ahora, lo estás haciendo fenomenal!.
    Un saludo!

  • 3. MARIA  |  20 noviembre 2019 - 11:06

    Este post es redondo, Laura. Enhorabuena.

  • 4. Sara  |  21 noviembre 2019 - 12:25

    Os deseo mucha felicidad

  • 5. Noemi  |  22 noviembre 2019 - 11:55

    La vida con los niños nunca es igual que antes, pero, mucho mejor y nunca querría cambiarla.

  • 6. María José  |  26 noviembre 2019 - 12:00

    Comprendo tus sentimientos contradictorios Laura, sensación de pérdida de tiempo y conciencia de que lo tienes todo. En lo más natural del mundo y cuando pasen los años verás que ese tiempo no fue perdido, que todos los ratos que jugaste con tus hijos fueron maravillosos. Todo va a gran velocidad, disfruta cada momento y siéntete afortunada por todo lo que tienes. Bonita foto.

Deja un comentario

Requerido

Requerido, (permanecerá oculto)


8 − seis =

Hearst España S.L. (en adelante, Hearst España) como responsable del tratamiento utilizará los datos personales que nos facilites a través de este formulario para que puedas comentar en el blog y para cumplir con los requisitos legales aplicables, según se detalla en nuestro Aviso de privacidad.
Tus datos serán almacenados por el plazo legalmente previsto para este tipo de servicios. Si tienes cualquier consulta o duda, puedes hacerlo en cualquier momento enviando un mensaje de correo electrónico a privacy@hearst.es


Subscríbete a los comentarios vía RSS