Mamma Mía » Hace seis años

23 noviembre 2019

Hace seis años

Mi cumpleaños era, junto al día de Navidad, el mejor día del año y lo esperaba con una ilusión tremenda.
Mi madre era siempre la primera en felicitarme, me despertaba con besos y tirones de orejas y un regalo me esperaba en la mesa de la cocina, junto al desayuno que no comía.
Con el paso de los años, la ilusión de este día fue perdiendo fuerza, hasta convertirse en un día más. A día de hoy, mi cumpleaños no me produce ninguna emoción diferente de cualquier otro día, no estoy esperando a que todo el mundo me felicite, no necesito regalos y encima me hago más mayor arghhhh, pero tampoco lo rechazo, es sencillamente un día más.
Pero ha pasado algo, el tiempo me devuelto a aquella habitación y a los besos de cumpleaños, solo que, en la cama ahora hay un niño y sentada a su lado cantando cumpleaños feliz, estoy yo, su madre.
A través de él, veo a mi pasado, tal vez sea esto que me hace sentir una ternura aún más potente, un amor cósmico que une todo, pasado y presente.
Los cumpleaños de mi hijos a parte de ser un día de caos y celebración, de parque de bolas y gritos, de niños sudados y sucios y que acaba con un nivel de agotamiento altísimo, es el recuerdo de un día en el que he hecho algo increíblemente difícil y enorme. Durante aquel breve abrazo consumido en una esquina de la cama, la mente de una madre vuela atrás, a aquel día único y una sonrisa se dibuja en su cara.
Leonardo, todavía no sabes como has venido al mundo hace seis años y puntual como un reloj suizo, pero te lo contaré un día, o te leeré esta carta.

Me habían dicho que parir es doloroso. Había escuchado diferentes historias, pero la única que realmente contaba en mi cabeza la había vivido personalmente, era la de mi hermana mayor. Asistí a su primer parto desde la sala de espera, horas que parecían infinitas, durante las cuales el silencio vino regularmente interrumpido por lo gritos animados de mi hermana y después por un lamento de resignación cuando el tiempo le quitó el aguante. Tras este traumático evento, me pregunté como sería para mi, no tenía miedo, más bien curiosidad.

Hasta hoy, tu nacimiento, Leonardo, es el momento más maravilloso que tengo en mi memoria. No fue como el de mi hermana, no fue complicado, pero largo y doloroso.
Empezó el día anterior por la mañana, no te voy a contar los detalles, porque no son importantes para ti, pero que sepas que tuve la oportunidad de vivir cada instante de la preparación a tu nacimiento.
Tu padre había llegado con el avión poco antes de cenar. Nos reunimos para celebrar el cumpleaños de Pietro, estaba toda la familia al completo. No recuerdo el mantel que utilizó la abuela para la cena, pero recuerdo nítidamente aquel típico caos que caracteriza a mi familia. Cuando sacaron la tarta con las velas ya no era capaz de quedarme de pies o sentada, el dolor me obligaba a ponerme de cuclillas, sufría intentando no crear ningún escandalo. Pasaron las horas y mi capacidad de control fue disminuyendo drásticamente.
A la medianoche todos dormían menos la abuela y yo. “Sé lo que sientes” me dijo y se quedó esperando conmigo hasta que tuve que irme al hospital. No te lo tomes a mal, pero por este preciso momento, deseé tener una hija y poder hacer lo que hizo mi madre para mi, acompañarme silenciosamente, consciente de lo que me esperaba.
Las tías nos llevaron al hospital, parecía una película: yo ladrando como un perro en el asiento de atrás, mi hermana conduciendo a toda prisa, la otra intentando hacerse la graciosa y tu padre sin entender todavía donde se había metido. Tardamos muchas horas y duchas calientes, antes de poderte ver.
Cuando el sol se filtraba por la ventana, la tormenta dentro de mí, se había calmado, dejado una paz frágil, que hacía prever una nueva tormenta. Llegó pocas horas después y fue mejor que un cielo lleno de estrellas fugaces, fue la manifestación de la naturaleza en su máxima expresión.
Naciste en plena mañana, de un color entre azul y morado y con el aspecto de un extraterrestre, de hecho recuerdo que pensé en E.T cuando te miré por primera vez.
Lloraste un momento, nada más sacarte de tu hogar pero volviste a encontrar la paz encima de mi pecho, donde nos encontramos, ambos agotados y tú también asustado. Olías bastante mal y por supuesto estabas sucio, recuerdo esta sensación como si fuera ayer. Te besé como si besara a la vida cuando la ves por primera vez, agradecida y asombrada, te envolví en mis brazos y te dije: soy tu mamá.


2 Comentarios

  • 1. Tam  |  24 noviembre 2019 - 10:26

    Precioso Laura, te sigue desde hace mucho años y ahora que tengo un hijo coincido con tus niños en el parque , y lo has clavado, has descrito ese momento perfectamente. Un abrazo muy grande

  • 2. María José  |  26 noviembre 2019 - 12:10

    Que bonita forma , Laura, de recordar el nacimiento de tu primer hijo. Sin duda tienes alma de poeta y te expresas magnifícame. Disfruta de esos maravillosos hijos que tienes y se consciente de lo afortunada que eres. Besos

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