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2 diciembre 2019

¿Qué hicieron papá y mamá para envejecer de un momento a otro?

El día de mi cumpleaños me levanté, como todos los días entre semana, a las siete y cuarto. La oscuridad de la noche aún envolvía la habitación y desde la ventana se filtraba una luz débil proveniente de alguna farola del patio. Un par de coches salieron del garaje, reconocí el ruido de la puerta de metal levantarse seguido de la pisada firme sobre el acelerador para subir la rampa. “Si ellos lo han hecho, puedo hacerlo yo también”, me decidí finalmente a salir del edredón, suave y cálido, que me tenía todavía de rehén. Fue entonces cuando pasó una cosa curiosa, tuve una espontanea erupción de llanto, un impulso natural de mi cuerpo, como si quisiera escupir. Es lo que hizo, escupió lagrimas calientes durante varios minutos, mientras yo no entendía la razón. Era el día de mi cumpleaños, mi subconsciente lo tenía apuntado y por cuanto mi actitud se creyese más lista, al final lo que está en el substrato de la conciencia, llegó a la orilla. No me he opuse. Encuentro cierto placer en el llorar y es maravillosamente liberador.
La sensación se fue difuminando con el paso de las horas, hasta desaparecer. Pero descubrí su proveniencia. El cumpleaños es una marca en la mapa de la vida.

Al día siguiente recibí este mensaje:

¿Qué hicieron papá y mamá para envejecer de un momento a otro?

Envejecieron…Nuestros padres envejecieron. Nadie nos había preparado para eso. Un bello día ellos pierden la compostura, se vuelven más vulnerables y adquieren unas manías “bobas”. Tienen muchos kilómetros andados y saben todo, y lo que no saben lo inventan.

Están cansados de cuidar de los otros y de servir de ejemplo: ahora llegó el momento de ser cuidados y mimados por nosotros. No hacen más planes a largo plazo, ahora se dedican a pequeñas aventuras como comer a escondidas todo lo que el médico les prohibió.

Tienen manchas en la piel. De repente están tristes. Pero no están caducos: están caducos los hijos, que rechazan aceptar el ciclo de la vida.

Es complicado aceptar que nuestros héroes y heroínas ya no están con el control de la situación. Están frágiles y un poco olvidadizos, tienen ese derecho, pero seguimos exigiendo de ellos la energía de una locomotora. No admitimos sus flaquezas, su tristeza.

Nos sentimos irritados y algunos llegamos a gritarles si se equivocan con el teléfono u otro equipo electrónico, y encima no tenemos paciencia para oír por milésima vez la misma historia que cuentan como si terminaran de haberla vivido.

En vez de aceptar con serenidad el hecho de que adoptan un ritmo más lento con el pasar de los años, simplemente nos irritamos por haber traicionado nuestra confianza, la confianza de que serían indestructibles, como los súper héroes.

Provocamos discusiones inútiles y nos irritamos con nuestra insistencia para que todo siga como siempre fue. Nuestra intolerancia solo puede ser miedo. Miedo de perderles, y miedo de perdernos, miedo de también dejar de ser lúcidos y joviales.

Con nuestros enojos, solo provocamos más tristeza a aquellos que un día solo procuraron darnos alegría. ¿Por qué no conseguimos ser un poco de lo que ellos fueron para nosotros?

¡Cuántas veces estos héroes y heroínas estuvieron noches enteras junto a nosotros, medicando, cuidando y midiendo fiebres! Y nos enfadamos cuando ellos se olvidan de tomar sus medicinas, y al pelear con ellos los dejamos llorando, tal cual criaturas que fuimos un día.

El tiempo nos enseña a sacar provecho de cada etapa de la vida, pero es difícil aceptar las etapas de los otros… más cuando los otros fueron nuestros pilares, aquellos para los cuales siempre podíamos volver y sabíamos que estarían con sus brazos abiertos y que ahora están dando señales de que un día irán a partir sin nosotros.

Hagamos por ellos hoy lo mejor, lo máximo que podemos para que mañana cuando ellos ya no estén más, podamos recordarlos con cariño, recordar sus sonrisas de alegría y no las lágrimas de tristeza que ellos hayan derramado por causa nuestra.

Al final, nuestros héroes de ayer, serán nuestros héroes eternamente.


7 Comentarios

  • 1. Carmen  |  2 diciembre 2019 - 16:11

    Qué bien has expresado lo que siento con mis padres. Y me alegro de haber identificado por fin lo que me pasaba. Gracias Laura.

  • 2. María José  |  3 diciembre 2019 - 09:08

    Laura, me parece tan bonito lo que has escrito. Quien no se ha sentido alguna vez como describes?. Con esa poca paciencia que a veces demostramos con los que más nos han querido….. Aprovechad los que todavía tenéis la suerte de tenerlos con vosotros y quererlos todo y más que cuando se marchan, ya so se puede llenar ese vacío.
    Gracias por expresarte como lo haces.

  • 3. Melisa  |  3 diciembre 2019 - 15:39

    Que hermoso lo que has escrito!! Y que cierto. Me encantan tus textos, tienen una gran magia, son una maravilla leerlos. Besos

  • 4. Pati  |  4 diciembre 2019 - 10:54

    Precioso Laura, qué bien expresas sentimientos con palabras, le das forma a lo que sentimos. Yo también me siento identificada en este momento de mi vida con tus palabras.

  • 5. Rona  |  4 diciembre 2019 - 18:45

    No dejes nunca de escribir Laura. Parece como si entraras en mis sentimientos, en mis pensamientos….y de repente les pusieras palabras. Tienes un don especial para describir las cosas. Hoy como siempre lo has vuelto a hacer con este escrito. Mil gracias.

  • 6. Patricia Ramaciotti  |  4 diciembre 2019 - 21:15

    Quiero felicitarte por lo bello que escribes, de una sensibilidad enorme.
    Soy fan tuya desde hace mucho tiempo.
    Desde Santiago de Chile, un abrazo

  • 7. Sol_lazo  |  5 diciembre 2019 - 14:03

    Uaaaaa, que bonito Laura.

    Lágrimas como puños

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