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26 diciembre 2019

Un lugar donde

Pensaba que la maternidad era una meta, que una vez logrado tener una familia, no necesitarías nada más. ¿Pero no es así verdad?

No se si meta o necesidades, sean más o menos, las palabras más apropiadas, estoy bastante confundida y terriblemente abstracta en mis pensamientos, aun así voy a intentar responder a esta pregunta que alguien me hizo hace unos días.
En mi caso la maternidad no fue una meta, incluso diría que nunca me he puesto realmente a pensar o planificar una meta, mi naturaleza favorece que las cosas se presenten y que yo esté preparadas para ellas. Estoy si, con esfuerzos y sacrificios, siempre.

Como hija he sido partícipe de una familia formada por miembros distintos el uno del otro, que en menor parte se han elegido, el resto se han encontrado. Es decir mis padres han elegido estar juntos y con su unión han generado cuatro hijos, entre los cuales estoy yo.
Como hija, me he despreocupado de crear o mantener armonía entre seis personas con características y gustos diferentes. He dejado esa difícil tarea a mis padres, yo solo me he dedicado a mi misma.
En mi segunda familia yo no soy hija, mi rol es de responsable, soy la madre. En este caso todo cambia, yo soy la que ha elegido y que ha generado, soy la que tiene que crear y mantener la armonía. Tarea complicadísima y que desconocía ya que nunca me preocupé por ello.

Aunque la maternidad no representa una meta, me he encontrado con ella en mi camino y me siento saciada. Sin embargo con el tiempo me he dado cuenta de que solo llena una parte de mí. A través de esta experiencia tremendamente real y viva, que me pone a prueba cada día y me hace vacilar, dudar, sentirme vulnerable o incapaz, estoy descubriendo que la fuerza, la respuesta, el pozo donde recurrir para seguir adelante, para ser feliz, eres tú misma. Y qué cualquier meta, por completa y próspera, no es suficiente sin la paz interior.

Si buscas la exhaustividad en la familia, en una relación, en la maternidad…. en cualquier cosa que dependa también de los demás en lugar que de ti, no la vas a encontrar.
Construye tu propia fortaleza en el interior, un lugar donde te sientas seguro, libre y feliz. Donde las personas entran y salgan, bastante sólido y flexible para que pueda vacilar sin romperse. Un lugar donde se queden tus creencias y valores sin prejuicios, donde no se le ocurra al miedo venir a buscarte, porque allí dentro está tu valentía y coraje.

Si hay un propósito por el año que viene, es leerme en lugar que solamente escribir 😉
Os deseo una feliz navidad.


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