Mamma Mía » ¿Os acordáis cómo eran las vacaciones de Navidad sin hijos?

2 enero 2020

¿Os acordáis cómo eran las vacaciones de Navidad sin hijos?

¿Os acordáis cómo eran las vacaciones de Navidad sin hijos?

Para empezar hay un factor clave que era la autonomía: las parejas no tenían compromisos familiares y cada uno hacia lo que le apetecía, si querían estar juntos lo estaban y si no cada uno hacía sus planes. Sin embargo cuando hay hijos, las vacaciones se reparten de manera equitativa entre las familias. Tus ganas pasan a segundo lugar junto a tus tradiciones. La adaptación es la primera cosa que cambia tras tener hijos, incluso cuando se trata de las vacaciones.

Con el paso de los años, las expectativas de un gigantesco árbol decorado y luminoso que domina el salón, a cuyos pies yacen infinitos paquetes de miles de colores y dimensiones, también se va suavizando. Los regalos en muchos casos los eliges tú mismo y te los compras. El árbol no importa que sea tan grande, incluso se puede sustituir por otra decoración más sencilla. Claramente hay personas con más espíritu navideño que yo, en mi caso he vuelto a hacer el árbol por mis hijos y aunque pasamos la navidad fuera, el 8 de diciembre montamos el árbol juntos.

Los regalos han vuelto a ser muchos debajo del árbol…. pero son todos suyos.

Noche vieja era una noche loca (sigue siéndolo para la mayoría de los jóvenes), luego pasó a ser una noche de fiesta con los amigos, luego una noche de cenas larguísimas, luego una noche de cenas cortas, hasta que llegar a la medianoche se convirtió en un reto, y si no fuera por los niños que parece que se hubieran tomado sustancias estupefacientes y están más animados que nadie, probablemente no lo conseguirías.

Las vacaciones han parado de ser vacaciones, se han convertido más bien en momentos familiares, para disfrutar juntos sin el estrés de los horarios o de las prisas. También son el momento donde más se discute, donde más nos enfadamos, donde más nos cansamos. Un periodo donde la belleza de estar juntos se mezcla con las ganas de que empiece el colegio.

Las vacaciones son un poco como la vida misma, como diría mi amiga Miri, agridulces.

He estado poco presente por aquí, supongo que vosotros también, hemos estado viajando y en unos días regresaremos en Madrid.
Orlando se ha roto un dedo jugando, es su forma de celebrar la llegada del año nuevo, con ímpetu.

Os mando un abrazo muy grande.


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