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27 enero 2020

Mientras en Málaga

Hay noches mejores que otras, la del viernes pasado ha sido sin duda de las peores.
José y yo ingenuamente pensamos tener un momento para nosotros solos, hace tiempo que no compartimos aquella espontánea intimidad de pareja que los hijos te arrancan sin mucho decoro. Sin embargo las circunstancias nos privaron una vez más de nuestra oportunidad.
Orlando, que aguantó, bajo nuestro asombro, más o menos tres semanas sin enfermarse, tuvo una recaída tremenda que culminó el viernes pasado. Caímos rendidos los tres en nuestra cama, ya que Leonardo se quedó a casa de su tío. Eran poco más de las diez pero venía de una noche mala. El sueño se adueñó de mi cuerpo con una arrogancia que bien conozco y que hace que me duerma enfadada cada vez que estoy muy cansada. Durante las tres horas que se me concedió dormir, soñé con algo que olvidé en seguida. A partir de la 1.00, la noche se convirtió en un vaivén de lamentos, lloros, pañuelos, agua, pis, dibujos (la supervivencia va más allá de cualquier filosofía), Dalsy, reflexiones. Llegué a percibir ruidos desde la planta de abajo del piso, comprobamos que eran fruto de mi imaginación.
Deseé que llegara pronto la mañana y cuando finalmente llegó, quise posponerla.
La noche convierte todo en más sombrío, grave, enorme, si bien por la mañana seguía pensando que teníamos que ir a urgencia para que un pediatra visitara a Orlando.
Así que mientras mis amigos de camino a Málaga para los premios Goya, grababan stories en Instagram, yo me ponía un chándal para ir con mi hijo al Hospital.

La sala de espera estaba peor que la de hacienda un martes por la mañana. Las sillas no eran suficientes y mucha gente esperaba de pies, mientras los niños jugaban en el suelo.
El tren de influencers, actores y gente impecable dejaba la lluviosa Madrid, mientras el aglomerado de padres en “condiciones deseables” y que crecía cada minuto, fluía sin armonía por toda la habitación, manteniendo la mirada desconsolada y fija hacia la pantalla que marcaba los turnos de cada uno. Orlando y yo esperamos más de dos aburridas horas, durante las cuales pude hacer una comparación mental y bastante retórica entre “los que tienen hijos y los que no”.
Todos los que estábamos allí dentro teníamos sin duda peor cara, menos horas de sueño y una destreza excelente con los niños. No miento, deseé estar también en el tren de la alegría, pero a la vez me sentí en paz mirando a mi alrededor. Reconocí en cada padre y madre la conciencia de adulto que fue también niño, la que siento viva dentro de mi. El conocimiento construido con los sacrificios y la comprensión detrás de cada gesto dedicado a los propios hijos.
La realidad, cruda y densa, que con insolencia se manifestaba en la sala de espera de un hospital pediátrico, me pareció dramáticamente romántica.

El fin de semana se consumió con especial lentitud, casi asfixiante. No seguí los premios activamente, sinceramente no tuve la fuerza ni la voluntad. Aun así, la maternidad sigue siendo lo mejor que me ha pasado.


6 Comentarios

  • 1. Abril i marti  |  27 enero 2020 - 11:47

    Mucho animo, nosotros hemos tenido una semana de gastroenteritis ,fiebres, mocos, tos, medicos..
    La maternidad es muy dura a veces.. pero luego compensa.
    Mama de 2.

  • 2. Berta  |  27 enero 2020 - 12:07

    Jajajajaja, las fotos lo dicen todo, agotadica estás!!

  • 3. Beatriz  |  27 enero 2020 - 13:20

    ¡Qué risa! Parecía que estabas describiendo mi fin de semana 🙂

    Me siento tan identificada, no sólo en la descripción de la “típica noche mala” y el rato en urgencias sino con el estilo de maternidad que tienes, y la mentalidad.
    Porque, los Goya, las galas, la moda, etc son estupendos, pero el “te quiero de un hijo” no hay premio que lo pueda sustituir.

    Me quedo con el privilegio de ser MADRE (porque no olvidemos que muchas mujeres desearían tener hijos, y no pueden).
    Cuando oigo a demasiadas mamás diciendo. “es que necesito tiempo para mi, pero qué estrés”…
    me pregunto…”y a ti quién te ha obligado a tener hijos..?”

    La maternidad es dura, y sin ayuda más (y ya te aseguro que doy Fe de ello), pero no cambio las riñas, los llantos, las rabietas, noches sin dormir, las ojeras, los pelos de loca, el sentimiento de culpa porque “y si…”, ” le he reñido pero no tenía que haber.. o sí tenía que haber…”, todas la preocupaciones y ponerte los zapatos mientras cierras la puerta de casa porque “llegamos tarde al cole” (tengo dos nenes de 3 y 7 años),no cambiaría esa locura por toooodo el tiempo del mundo para mi.

    Un placer seguir leyéndote.

    Besos desde Valencia.

  • 4. viver  |  27 enero 2020 - 14:57

    q identificada me siento leyéndote, hace 7 meses que fui madre por primera vez pasados los 40, cuando te crees que ya lo sabes todo, no sabes el baño de humildad que está siendo la maternidad para mi….,yo que me creía invencible, eficiente, organizada….estoy sintiendo cosas que jamás creía pero que compensa el amor tan intenso que se siente y q no se puede describir.
    Dicho esto, a raíz de ser madre e investigando “no sé que de la maternidad ” por internet descubrí tu blog y me tiene enganchada, estoy leyendo post antiguos que la verdad me están sirviendo mucho, y me flipa tu forma de escribir, realmente tienes talento, felicidades! y que hijos más bonitos!
    encantada de seguir leyéndote y de esta semana no pasa q vaya a por tu novela

  • 5. Ana  |  27 enero 2020 - 16:52

    hIOLA lAURA1
    aSI HE ESTADO EL FIN DE SEMANA CON EL PEQUEÑO: SANGRADOS NASALES, VOMITOS, TOS, LLOROS, MOCOS…. NI DOS HORAS SEGUIDAS HE CONSEGUIDO DORMIR. eN FIN, ES LO QUE TOCA….

  • 6. María José  |  30 enero 2020 - 12:16

    Que forma tan bonita, Laura, de describir un hecho tan penoso como tener a un niño enfermo y pasar malas noches, escribes muy bien. Todas las que somos madres hemos pasado por ahí, hay niños que se enferman con más frecuencia que otros y no queda más remedio que esperar a que crezcan. Todo pasa. Hay que armarse de paciencia y esperar.

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