Mamma Mía » Cosas que no he vuelto a hacer con mi segundo hijo.

17 febrero 2020

Cosas que no he vuelto a hacer con mi segundo hijo.

Cada mujer lleva la maternidad a su manera: intensa, dramática, pasota, preocupada, agobiada, enfadada, feliz, tranquila…. Mi “primera vez” fue un mix de todas ellas. Me sentí haber englobado a cien mujeres diferentes en mi frágil cuerpo.

Fue una experiencia abrumadora, con picos de agotamiento alternados con una sensación de amor cósmico. Volvería a hacerlo desde el principio, de hecho lo hice. Tuve a mi segundo hijo y fue otra historia.

Empezando por el embarazo, diferente del primero, siguiendo con el parto, diferente del primero y lo que sentí al ver su cara por primera vez, fue diferente también.

La primera vez ciertamente es la más original, pues es la primera, todo es una incógnita acompañada por nervios y curiosidad. Por otro lado la experiencia que te llevas con la segunda- tercera- cuarta….. maternidad, es de gran ayuda y muchas cosas que he hecho como madre primeriza, no he vuelto a hacerlas cuando he tenido el segundo.

Poe ejemplo:

El exceso de cuidado.
El momento del baño no tenía nada a que envidiar a una spa, quizás a veces he pasado de las velas, pero la temperatura de la habitación, los productos, las toallas bordadas con su nombre (alguien te las va a regalar seguro) y el masaje post baño nunca han faltado.
Es más, yo siempre le he calentado la ropa antes de ponérsela.

El segundo hijo me ha concienciado con el tema del desgasto de agua. En lugar que largos baños, hay duchas rápidas con la promesa de que luego le dejaré ver unos dibujos.

A propósito de los dibujos, va otro punto.

Los dibujos enemigos/amigos.
La televisión no es buena, pero tampoco es taaan mala.
Antes tenía mochilas llenas de juguetes de uso exclusivo de las comidas fuera de casa, para entretener a Leonardo en los restaurantes. Salía agotada y hambrienta casi siempre.
Con el segundo hice la paz con you tuve. Además dos mochilas sería cargar demasiado.
La televisión se ha convertido en un aliado. ¡Ver la tele responsablemente!

Las comidas eternas.
Es posible (aunque no estoy segura), de que no tenía nada más importante que hacer, porque cada día dedicaba “el tiempo necesario” para que Leonardo acabara toda la comida: primer plato, segundo plato y postre.
Con la llegada de Orlando, descubrí el plato único, una maravillosa y practica invención de alguna madre sabia, que consiste en una receta que tuviera primero y segundo juntos.

La ropa.
Tengo la suerte de que me regalan muchas prendas para los niños, aun así con mi primer hijo me pasaba un buen rato en las tiendas mirando todas las prendas que le quedarían genial (incluso miraba las de niña). Tenía la sensación de que necesitaba algo que no tenia (no es cierto) y se la compraba.
¡Los hermanos heredan un patrimonio!

Exceso de vigilancia.
Hablo de no quitarle los ojos de encima, ni dándole la espalda. Incluso en tu propia casa. Me lo llevaba al baño, a la cocina, al vestuario, aunque fuera por pocos segundos. El “por si acaso” me quitó un poco de sentido común.
La cautela sin agobio la he aprendido con el tiempo.

Miedo a que se haga daño.
Recuerdo perfectamente las carreras que me pegaba cada vez que Leonardo se iba a caer o tropezar, había desarrollado un nivel de vigilancia que me permitía averiguar la caída antes de que pasara y salvarle de lastimarse las rodillas.
Orlando es un teremoto y si no hubiera cambiado mi aprensión, estaría desquiciada o lista para una competición de triatlón.

Hipocondría.
Sigo trabajando en ello, me harían falta otros tres hijos para superarla jajaj.

Organización.
Las primeras discusiones de pareja se basaron en este tema. Teníamos un plan y nunca lográbamos salir puntuales de casa, siempre había algo que olvidaba o un imprevisto de último minuto.
Primero aprendí a ser una persona impuntual y luego a prever los imprevistos antes de que sucedieran, a hacer las cosas bien y con desenvoltura.

La lista podría seguir…. Nunca se termina de aprender.

Si os apetece, añadir algunas anécdota más ☺

Buena semana.


5 Comentarios

  • 1. Ana  |  17 febrero 2020 - 18:20

    Se te olvida que “el chpete del segundo hijo nunca cae del lado de la tetina” jajajajajajajajaja

  • 2. Beatriz  |  18 febrero 2020 - 12:06

    Laura! ¿¿Estás contando tu experiencia o describiéndome a mi como madre??¡SOY IGUAL!
    Cómo me he reído.

    Lo de hipocondríaca… me está llevando tiempo la verdad… jajajajaj

    Estupendo Post.

    Besos!

  • 3. María José  |  18 febrero 2020 - 12:42

    Siempre es diferente la llegada del segundo hijo a la del primero, del primero te acuerdas de casi todo…..cuando empezó a caminar, cuando se le cayó el primer diente, cuando empezó en la guardería…….con el segundo los recuerdos son más imprecisos. También estás menos agobiada antes sus enfermedades infantiles, aunque también depende de las características del niño. La experiencia, como dice el refrán, siempre es un grado. Bonitas fotos con tus preciosos hijos.

  • 4. Carolina  |  19 febrero 2020 - 13:09

    Tuve a mi primer hijo prematuro, y nació con un “problema de salud” lo que hizo que viviera a full cada avance suyo, cada logro pero olvidé detalles… Luego de 13 años y yo con casi 47 años, tuve el segundo y eso es indescriptible, es una mezcla de miedos con alegrías,es un agotamiento mental por estar casi 24 hrs detrás de él, es una maravilla pero a la vez toda una Proeza y un desafío… Recomendable 100 por 100 pero… Totalmente identificada

  • 5. María José  |  29 febrero 2020 - 20:47

    “La experiencia es un grado” sin duda. Con el primer hijo todo son agobios, si se pone malo, si lo dejas al cuidado de alguien, si lo llevas a la guardería. Con el segundo todo es más relajado. Otra curiosidad es que del primero recuerdas todos los momentos especiales como cuando empezó a caminar, cuando le salió el primer diente, el álbum de fotos es interminable…..con el segundo esos momentos son más imprecisos. Que fotos tan bonitas y que guapos son tus hijos Laura.

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