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26 marzo 2020

El confinamiento desde los ojos de un niño

Llevo muchos días en casa, no puedo ir al parque ni jugar a la pelota, no puedo correr por la calle con mi bici, ni aprender a usar el skateboard nuevo. No voy al cole, de vez en cuando veo a mis amigos a través del teléfono y también a los profesores. Sigo teniendo tareas que hago en mi casa.
Todo lo hacemos en casa, sin salir nunca.
He intentado convencer a mis padres para ir a dar un paseo, pero me han dicho que no se puede, que durante mucho tiempo tendremos que estar todos juntos en casa, hasta que no nos digan que se puede volver a la calle. Cuando el Coronavirus se haya ido.

No se exactamente que está pasando, aunque he intuido que es algo feo y que preocupa a todo el mundo. En la tele hay todo el rato noticias complicadas y veo en los teléfonos de mis papás imagines con gente vestida como los astronautas. Les escucho hablar entre ellos de muerte, de peligro, con una expresión a ratos preocupada, a ratos triste. Yo pregunto poco o nada, porque no quiero que se me pegue la misma tristeza y preocupación. A veces intento hacerme el gracioso para que se rían, otras veces simplemente hago cualquier cosa para que paren de hablar sobre esta cosa fea o discutir entre ellos. Pero la mayoría de las veces me callan o se enfadan conmigo.

Mis padres me piden cosas continuamente, que me porte bien, que coma toda la comida y da igual si me gusta o no, que juegue solo, que duerma la siesta y luego que me duerma pronto por la noche, que no llore, que haga las tareas, que ayude en casa y que no esté asustado.
Y dan por descontado que las cumpla, si no, se enfadan.
Yo no me enfado con ellos por enfadarse conmigo, pero me gustaría que fueran más comprensivos conmigo.

***

Después de agobiarme por las tareas a las que no les veo fin.
Después de enfadarme demasiadas veces en un día.
Después de llorar.
Después de desahogarme con mis padres por el estrés (que haría yo sin ellos).
Después de cambiar el humor incalculables veces.
Después de cocinar bizcochos y beber vino.

Decidí parar un momento para observar. Lo que pasa en mi casa.
Mis hijos estaban destrozando el sofá, una vez más, gritando, riendo y llorando a la vez, tirando cosas… Y entonces en lugar que echarles la típica bronca, sentí una gran pena para ellos.

Entre las preocupaciones, los deberes, los enfados, me había olvidado de que tengo a dos criaturas que si, me agotan la paciencia, pero están recluidas al igual que nosotros y probablemente ni entienden el por qué. Ellos simplemente padecen y tienen que hacer todo lo que les pedimos.

Como si no tuvieran el mismo derecho de aburrirse que nosotros.
El mismo derecho de enfadarse.
De sentir.
De gritar para desahogarse.
De llorar si están tristes.
De bailar y cantar si están felices.
De saltar y sacar la energía reprimida, el lenguaje reprimido, precisamente ellos que lo necesitan más que cualquier otro.

Un día serán mayores y tendrán esta carga en sus hombros, nosotros padres podemos hacer que sea más o menos pesada.

Estamos pasando por algo para lo que no estábamos mentalizados, nuestra vida ha sido literalmente derramada y aunque tenemos una innata capacidad de adaptación, hace falta un tiempo para organizarse. Todos tenemos días buenos y días malos, como es justo que sea. Las emociones no existen para que las reprimamos, no sería sano. Pero es nuestro deber intentar mantener la armonía dentro de nuestras casas, cada uno aportando su parte. Colaborando.
El día que finalmente hayamos encontrado el equilibrio dentro de este confinamiento, creo que será la hora de salir.

Creo que el parto es la experiencia más asombrosa de la vida de una mujer, y esto que estamos viviendo me recuerda a las dolorosas contracciones que preceden al nacimiento. Ojalá sea así.


4 Comentarios

  • 1. Misislastra  |  26 marzo 2020 - 17:48

    Que verdad tan grande. En nuestra mano esta que ellos no padezcan de más.❤❤

  • 2. Paula  |  27 marzo 2020 - 14:37

    Qué cierto!
    Ahora mismo acabo de gritarles a ms hijos… que horrible todo… mis emociones se desbordan … y ellos también claro …
    un abrazo en la distancia…
    Gracias

  • 3. BRILLIBRILLI  |  30 marzo 2020 - 00:52

    Qué ganas de salir al parque, correr detrás de los peques, pisar hierba, montarnos en los columpios juntos…
    Todo pasará, todo llegará.
    Muchísimo ánimo, que no decaiga y pensemos en la suerte que tenemos de poder pasar este tiempo con las personas que más nos importan en el mundo.
    Un abrazo de brillibrilli :*

  • 4. María José  |  30 marzo 2020 - 19:23

    Comprendo, Laura, que con niños en casa es mucho más duro, ellos no entienden la magnitud de lo que nos está pasando, aún a nosotros nos parece increíble. Por eso hay que armarse de paciencia, ser más permisivo. Que no haríamos por nuestros hijos? Esta es una gran ocasión para demostrarlo con nuestra comprensión y paciencia.

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