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30 marzo 2020

Resetear

Llevamos más o menos dos semanas de confinamiento. No recuerdo que día es, ni la fecha, solo sé que estamos a finales de Marzo y que se me ha hecho eterno.
Marzo (pazzerello), desde hace unos cuantos años, ha decidido ser el mes de las sorpresas, desafortunadamente la mayorías no son agradables.

En casa no estamos mal, de momento conseguimos tener el mínimo nivel de armonía para que no estalle la revolución. Desde que me levanto no “paro quieta”. Encima duermo mal. Las tareas de casa, las comidas, la demanda perpetua de los niños, sus tareas, el entretenimiento…. No me dejan más que un par de horas para mi, extirpadas al día con las uñas y con los dientes.
El contraste temporal que se ha creado durante esta grave crisis social, me está creando no pocos desafíos y algunos momentos de desesperación doméstica.

La reclusión es una situación antinatural para los seres vivos, aunque la nuestra ha de considerarse privilegiada, comparada con las prisiones, con las jaulas de los animales, con los bunquers…..
Aun así, no poder salir al aire libre, disfrutar de una libertad que dábamos por descontada, nos está costando un alto precio.
A la vez, la reclusión obligada con otras personas, a pesar de que sean miembros de nuestro núcleo familiar, resulta a ratos frustrante y agobiante. Para todos.
Cada uno está llamado a vivir su propia experiencia de confinamiento, algunos con la familia, otros con la pareja, con los amigos o solos. Unos positivo, otros no tanto. En cualquier caso y de cualquier manera, todos saldremos afectados.

El Confinamiento, como lo han bautizado en España.
Me hace pensar en una condición física y mental que obliga al ser humano a revisar sus herramientas y de refilón a los animales, la naturaleza, a la Tierra.
Una especie de mutación forzada, que solo veremos en su totalidad una vez que acabe.

Se ha roto el equilibrio riguroso que sostenía los hábitos y las prioridades se han desmoronado perdiendo el orden prioritario.
Estamos experimentando una nueva existencia en el mismo lugar. Por lo tanto no tiene sentido intentar mantener los antiguos patrones, hay que reiniciar.
Ser nuevos manteniendo nuestros bienes. Es lo que nos piden y es jodido.

En mi pasada existencia me ocupaba de mi familia y cuidaba de mi casi en la misma medida. Desde que ha empezado el Confinamiento, mi familia ocupa el 100% de mi tiempo, que ya no es mío, es un tiempo común, que compartimos.
Me siento una “mujer moderna” atrapada en un estilo de vida que no pertenece a mi tiempo y se me hace bastante extraño.
La verdad es que si pudiera elegir, jamás lo elegiría. No querría ser la mujer en la que me he convertido durante estos días. Sin embargo no tengo otra solución que aceptar el traje que me han pedido ponerme, esperando a que sirva para algo, para mi o para ellos.

En las dificultades descubrimos las cualidades más grandes que tenemos. Es cuando nos descubrimos profundamente y nos asombramos de nosotros mismos, de las habilidades que nos pertenecen y de los talentos que estaban escondidos detrás de las inseguridades.
Sin desafíos no hay victorias y los victoriosos llegan a la meta destrozados.
“No pain No glory” Sin sufrimiento no hay gloria.

Deseo dedicar este post a todas las mujeres que al igual que yo viven un balancín de emociones. Y algunos días…

Ven a su castillo convertirse en una prisión.
Desean que su príncipe azul vuelva a convertirse en sapo.
Tiran a todas las espadas para no usarlas en contra de sus hijos predilectos.
Buscan consuelo en la comida (o en el vino)
Se identifican cada vez más con las hermanastras de Cenicienta en lugar que ella misma. E incluso, acaban pareciéndose por la falta de cuidado personal.

Tengo la convicción de que somos las mujeres las que sujetan el mundo, como dice un proverbio africano “ Si las mujeres bajan los brazos, el cielo es cae”.


2 Comentarios

  • 1. María José  |  6 abril 2020 - 16:17

    Empezaré, Laura, por el final de tu post “que sería del mundo sin las mujeres” cuanta razón tienes. En las actuales circunstancias se nota mucho más quien hace que la casa funcione, la limpieza, la comida, la plancha y, encima, el cuidado en mayor medida que los hijos. Somos auténticas heroínas y las que tienen niños pequeños más aún. Aún así, tenemos que dar gracias de poder hacer todas estas cosas en un ambiente privilegiado, cuántas personas no tienen casas tan cómodas donde pasar estas cuarentenas.

  • 2. YAIZA VICENTE CABAÑAS  |  7 abril 2020 - 12:57

    Acabo de leer tu reflexión, y no puede parecerme más acertada.
    Hace días que me siento igual, una mujer de los años 50 se ha apropiado de mí… Yo siempre he sido muy negada para las cosas de la casa, y ya hasta hago croquetas, pan y lo que sea, a veces hasta disfruto con ello… Encajo en el perfil de mujer cualificada pero me he visto relegada a otra posición, en estos momentos mucho más necesaria. Me aferro a esa idea, y a que después de mucho tiempo he vuelto a sentir el mar, vivo cerca de la playa, pero nunca antes había notado tan fuerte su presencia, ahora lo escucho, noto su olor… Y eso que todavía no he podido bañarme, ni siquiera acercarme a su paseo!!
    He pasado de una reflexión a otra… Pero espero haber trasmitido el mensaje, bsss

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