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13 abril 2020

Los días grises en realidad son días claros fuera de contexto

Mi consumo diario de café ha se ha duplicado y también las copas de vino. Cuando se lo suelto en broma a mis padres durante una video llamada, con la traidora copa de tinto en la mano, se quedan en un silencio escéptico por unos instantes.
Les tranquilizo, solo necesito llenar cada burbuja de mi día, impedir el descanso en todas sus formas, de cada partícula de mi persona.

He nacido con la piel blanca, los ojos castaños y tremendamente voraz. Me imagino saliendo disparada de la vagina de mi madre, llorar furiosamente un rato y desear impaciente la “siguiente actividad”.

(Leonardo, sentado en la mesa justo en frente de mi, tras una larga mirada me acaba de decir: Mamma sei bellissima. Afirmación que quiero trascribir negro sobre blanco por su dulzura, pero con la conciencia de que es mentira.)

Mi único momento de intrépida holgazanería es al amanecer, y no me refiero al amanecer paisajístico, si no al mío personal. El confinamiento nos ha intercambiado los roles al despertar y son los niños los que nos reclaman de buena mañana, aproximadamente a las ocho y cuarto. “Horario de señora” diría mi madre, que nunca ha podido permitírselo por su trabajo. Yo dependiendo del periodo y claro, antes de ser madre, pero coincido con ella en que es un lujo despertarse pasadas las ocho.
Sin embargo levantarme me está costando un esfuerzo impropio a mi persona. Una pereza parecida a la que he conocido durante el embarazo y que en este caso supongo que será debido a esa nueva rutina dilatada.
El menos moribundo de los adultos se levanta primero, suele ser José porque yo duermo peor. Le sigo a corta distancia, porque Orlando no está satisfecho hasta que no me ponga de pies “Mamá que ya hay luz! Que el cielo no está oscuro!” ¿Hasta cuantas veces un niño puede repetir la misma frase?

Hay días que pasan más rápido que otros, son mis preferidos porque se parecen a los normales, la línea es recta y las curvas son leves y casi no me pesa pasar el día en casa. Los demás días son largos, los minutos parecen horas y las horas parecen meses, me veo embrutecer por dentro y por fuera, como le sucede a las cosas cuando el tiempo las malgastas antes de olvidarlas. No es la sabiduría del tiempo que surca la piel o la benevolencia de los años que mapean al cuerpo, es la compresión de un envase al vacío, que quita el aire y aprieta por todos los lados. Estoy más fea y soy más mala. No me malinterpretéis, me refiero a un estado de decadencia física y mental únicamente relacionado a la carga emocional que conlleva este periodo. Me recuperaré, incluso si lo hago bien seré como los vinos que mejoran tras un periodo en barrica.
La barrica es ese contenedor mágico que contribuye de modo decisivo a fijar las características de un buen vino. Dentro de él el mosto se convierte en vino y éste toma carácter y personalidad.
El útero de una madre también es otro espacio con características que parecen imposibles, incluso hostiles para poder vivir dentro, sin embargo, en este minúsculo espacio, en la oscuridad, se crea un verdadero milagro. La vida.

He escuchado una charla de Albert Espinosa que se llama “Vivir es aprender a perder lo que ganaste”. Me ha gustado mucho, habla de esperanza, de cómo aprender a vivir este periodo en el que el mundo se ha parado, como una oportunidad para aprovechar. Os dejo algunas frases y os invito a ver el video.

Animo a todos.

“Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas”. Yo creo que estamos en uno de esos momentos donde se nos han cambiado todas las preguntas y nadie tiene nuevas respuestas.
Mi padre llamaba “parar el mundo” a salir del mundo para mejorarte y para mejorarlo. Él decía que era estar durante un tiempo fuera del mundo, con la conversación de una única persona, escuchando buena música, buenas películas, sintiendo que estás fuera de él y te estás mejorando.
Y decía que cuando volvieses, el universo te premiaba, porque él decía que los que movían el mundo eran los que lo paraban.

Él llamaba a esos momentos de parar el mundo “Intermezzos”; él decía que existían esos “intermezzos”, que era como que tu vida se agotaba, se paraba, y que esos “intermezzos” habías de aprovecharlos.

“Vivir es aprender a perder lo que ganaste”. Y últimamente creo que mucha gente está teniendo que tachar muchas cosas importantes, pero eso es vivir.

Los miedos son dudas no resueltas, si tienes un miedo es porque alguien no te ha resuelto una duda.

“La felicidad es dormir sin miedo y despertar sin angustia”.

Los días grises en realidad son días claros fuera de contexto

‘Lo mejor es volver’, porque no tengo dudas de que volveremos. Volveremos con mucha energía, volveremos radiantes y volveremos nuevos, con lo cual podremos crear nuevas realidades. Y yo pienso que eso es parte de la magia que estamos viviendo en este “intermezzo”, en este parar el mundo, que volveremos diferentes y lo cambiaremos todo.

“Si puedes vivir con una sonrisa, ¿por qué vivir sin ella?”.


3 Comentarios

  • 1. BRILLIBRILLI  |  13 abril 2020 - 14:26

    Qué mona eres. Tu reflexión es bien cierta, yo echo de menos tantísimo un abrazo de mi madre, cuando me ve entrar por la puerta y me achucha fuerte mientras me menea un poco…jo. Todo volverá, seguro.
    Un abrazo de brillibrilli desde lejos :*

  • 2. María José  |  19 abril 2020 - 18:51

    El momento que estamos viviendo, Laura, es tremendo, es comprensible que nos asalten pensamientos tristes, angustia…….pero tenemos que ser fuertes, tenemos que pensar que es una etapa pasajera de nuestras vidas, que saldremos fortalecidos valorando más lo esencial y dando menos importancia a lo superfluo. Nuestros seres queridos están con nosotros, sale el sol, podemos oír nuestra música favorita, no tenemos obligaciones que nos obligan a madrugar (parece una tontería pero tiene su gracia). Ya queda menos. Ánimo!

  • 3. Mauna  |  28 abril 2020 - 00:33

    Estoy totalmente de acuerdo con estas reflexiones. Esta cuarenta nos ha permitido detenernos por un instante y reflexionar. Estamos tan acostumbrados a vivir por pura inercia, que solemos perder de vista los pequeños detalles que nos hacen vivir.

    A pesar de ser unos momentos duros, es cierto que se pueden sacar muchas conclusiones importantes y que tras esto, habrá siempre un antes y un después.

    Solo deseo que no lo olvidemos y por lo menos este proceso nos sirva para algo. Por lo menos, para aprender a valorar.

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