Mamma Mía » La ingratitud de los hijos.

18 septiembre 2020

La ingratitud de los hijos.

En Italia el colegio empezaba a las 8.00 en punto, así que mamá nos despertaba una hora abundante antes, cada mañana. Recuerdo que levantaba las persianas para dejar entrar la luz del día y luego apoyaba una mano sobre mis nalgas y me oscilaba lentamente de un lado al otro, como un masaje, hasta que abriese los ojos. Ese dulce balanceo me hacía el despertar menos traumático.
Repetía el mismo gesto con mis hermanas y luego iba a despertar a mi hermano. Cada mañana durante los años del colegio, mi madre nos despertó. Sin excepción.
También preparó cuatro desayunos, nos ayudó a vestir, nos calentó el baño con una estufa cuando el radiador no nos parecía suficiente en invierno, nos deseó buen día y nos besó en la puerta de casa.
Recuerdo su perfume a musgo blanco y jabón, al acercarse.
Cuando salíamos y la casa se volvía silenciosa, abría todas las ventanas para ventilar, ordenaba los restos del desayuno y se arreglaba para ir a trabajar.
Me la imagino con su peculiar prisa y cuidado a la vez, se subía las medias y se ponía la falda de tubo. La que conjuntada con una camisa fluida, es el “uniforme” con el que pintaría a mi madre.

Su forma de ser, incansablemente disponible nos ha permitido “aprovecharla” de día y de noche sin demasiados escrúpulos, a cualquier hora había una razón por la que chillar “mamma”.

También cuando nos hicimos mayores. Cuando durante mi oscuro periodo de ataques de pánico, la despertaba de improvisto por la noche, pues estaba convencida de que “me iba a morir” y ella me llevaba al salón, me tumbaba en un sillón y me abrazaba hasta que paraba de temblar. Cada noche durante un año se despertó y se quedó conmigo lo necesario. Mi necesario, pues sé que ella moría de sueño y de cansancio, porque no paraba, nunca.

El día en que perdí el tapón mucoso estábamos juntas en casa. Corrí a la cocina a decírselo, exactamente como hice la primera vez en la que se me mancharon las braguitas de sangre y me hice “signorina” (señorita) como me dijo ella.
Por la noche cuando las contracciones me doblaban y el resto del mundo dormía, ella se quedó sentada en una silla, animándome porque dijo: “sé por lo que estás pasando”. Compartimos un momento que nunca olvidaré, antes de saludarla con una sonrisa mojada de lagrimas, para de dirigirme al hospital con José y mis hermanas.

Desde aquel día, las despedidas en la puerta de casa fueron muchas, todas acompañadas de ininterrumpidas lágrimas. La más dolorosa la recuerdo con un niño demasiado pequeño en mis brazos y una maleta demasiado grande.

Sin embargo hay una despedida que nunca llegamos a celebrar con lagrimas y abrazos. Fue la transición de mi mamá a una nueva mamá.
Nunca imaginaría que pudiese pasarme algo así. Sé que las personas no cambian, lo he comprobado. Seguimos cometiendo los mismo errores, seguimos teniendo los defectos con los que hemos nacido, por mucho que intentemos mejorar. Pero mi mamá sí cambió. Un día se enfermó, de repente, típico de la vida cuando quiere ser cabrona.
Estuvo luchando durante un año, con uñas y dientes y nosotros a su lado. Lo logró, porque ella es una fuerza abominable. Pero su sonrisa cambió, sus abrazos se redujeron, sus mimos desaparecieron, a veces sin darse cuenta, simplemente por olvido. Su uniforme cambió, su cuerpo cambió, sus maneras…. Entonces nosotros, yo, sin querer hice unos pasos hacia atrás y luego siguieron otros pasos, y paré de pedirle cosas, paré de contarle cosas…. Paré de ser la misma hija, como ella paró de ser la misma madre. Me enfadé, no se con quién, pero me enfadé, todavía me sucede.

El otro día mientras me masajeaban los pies en la cabina de un centro de belleza, durante otro momento privilegiado de mi vida, lloré. Pensé en ella y me entró nostalgia en las entrañas. Pensé que aquel mansaje se lo merecía ella más que yo, que desde hace mucho no le doy los besos que ella me dio a mi durante muchos años, que no me quedo a escucharla cuando está triste o deprimida, como ella hizo conmigo cada vez que rompía con un novio.

Porque los hijos cogen, piden y esperan. Los hijos necesitan. Siguen necesitando también de mayores, y los padres siguen dando, preocupándose y ocupándose de ellos, también cuando son mayores. Es una relación escrita en las estrellas.
Por mi egoísmo “de hija” no soy capaz de corresponder el amor de mi mamá en la misma proporción, no soy capaz de devolver algo de todo lo que ella me ha dado.
Me consuela saber que lo viviré un día en mi propia piel y ese día, otra vez, me sentiré tan cerca de ella. Mamá.

Se dice que los niños son un milagro, pero poco se dice sobre el valor de las madres. Únicas.


13 Comentarios

  • 1. Angie  |  18 septiembre 2020 - 18:47

    Me hiciste llorar Laura… deseo tanto abrazar a mi mami

  • 2. LAURA  |  18 septiembre 2020 - 20:22

    Precioso post.

  • 3. Cristina  |  19 septiembre 2020 - 15:09

    Tus palabras me han arrancado un mar de lágrimas, qué bonito lo que escribes y qué desgarrador, porque es una verdad tan cierta…

  • 4. María José  |  20 septiembre 2020 - 15:11

    Que bonita loa a tu madre, Laura, lástima que tras su enfermedad no se la misma, pero está ahí que ya es mucho. Así es el amor de madre, desinteresado, sin esperar nunca una recompensa, siempre he dicho que hago por mis hijos lo que no haría ni por mi misma. Preciosas y entrañables fotos.

  • 5. rocio  |  21 septiembre 2020 - 10:37

    Alguna vez te lo he dicho..pero lo quiero volver a decir.
    Escribes tan bien. Es como si leyeras en el alma de la gente. Porque yo siento lo mismo que tu cuentas, solo que lo pones mucho mejor de lo que yo lo siento. Solo exigo y exigo a mi madre, y nunca doy y doy como ella a mí. Yo también he llorado hoy leyéndote y correría a abrazar a mi madre si pudiera. No puedo por el maldito COVID, pero si la he llamado solo para decirla que la quiero. Porque la quiero. Porque sin las madres no habría nada.

  • 6. Verónica  |  21 septiembre 2020 - 11:05

    La vida es injusta Laura, por eso tienes q vivirla con intensidad peque nunca sabes que pasará mañana y el mañana es hoy. Un abrazo y a mi también me has hecho llorar

  • 7. sara  |  21 septiembre 2020 - 14:01

    me has hecho llorar laura

  • 8. Anna  |  21 septiembre 2020 - 15:00

    Mi madre murio hace 4 años y la extraño cada dia. Por una cosa u otra voy a llamarla para contarle algo. Y recuerdo que ya no puedo. Ella siempre estaba ahi. Levantada antes que nosotros. Con el zumo a punto. Y pendiente de que por la noche llegaras bien.

  • 9. lcaldarola  |  21 septiembre 2020 - 15:44

    Me has roto el corazón.
    Todos los que han pasado por algo tan doloroso, espero que encuentren otra vez la felicidad y que gocen de ella el resto de su vida.

  • 10. Cristina  |  21 septiembre 2020 - 15:07

    Sobrao!! lágrimas y nostalgia a raudales…un abrazo mamá..grande..allí donde estés!!

  • 11. Susana  |  21 septiembre 2020 - 22:35

    Qué llorera me ha dado. Tantas y tantas cosas q no las decimos ni hacemos. Ojalá nunca sea tarde.
    Voy a llamar a la mía para desearla buenas noches.

  • 12. Ana  |  21 septiembre 2020 - 23:26

    Laura, me has hecho estremecer, y no he podido evitar llorar. Qué bonito escribes y cuánta razón tienes con aquello que dices. Un abrazo gigante de otra mami

  • 13. Alejandra  |  25 septiembre 2020 - 19:55

    Que bonito y emotivo ….gracias por compartirlo.

Deja un comentario

Requerido

Requerido, (permanecerá oculto)


7 − = uno

Hearst España S.L. (en adelante, Hearst España) como responsable del tratamiento utilizará los datos personales que nos facilites a través de este formulario para que puedas comentar en el blog y para cumplir con los requisitos legales aplicables, según se detalla en nuestro Aviso de privacidad.
Tus datos serán almacenados por el plazo legalmente previsto para este tipo de servicios. Si tienes cualquier consulta o duda, puedes hacerlo en cualquier momento enviando un mensaje de correo electrónico a privacy@hearst.es


Subscríbete a los comentarios vía RSS