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5 octubre 2020

Confinamiento domiciliar

Hace unas semanas, no recuerdo exactamente qué día, nos confinamos. Es más, José se quedó aislado en una habitación. (La nuestra! Por lo que me convertí en la dueña del sofá).

Tuvo que acudir de manera presencial a una reunión de trabajo, en la zona de Castellana. Una reunión larga varias horas, con un grupo reducido de personas.
A la mañana siguiente recibió una llamada. Justo una de las que en este periodo esperas que no llegue. Una compañera se encontraba mal, le había subido un poco de fiebre y se sentía débil, síntomas que (junto a muchos otros) entran en el cuadro del Covid-19. Avisó que iba a hacerse una PCR y que una vez tuviera los resultado avisaría.

En nuestra casa, como supongo que en las de los otros compañeros de José, se encendió el estado de alarma y a pesar de que durante meses hemos leído y escuchado continuamente sobre el tema, hemos dudado sobre cómo actuar. Afortunadamente el servicio medico de la empresa de José nos guió sobre como actuar.
José no tenia ningún síntoma, pero empezamos a tomar precauciones. El estado de alarma oficial tardó un día más, cuando la compañera confirmó haber contraído el virus. No tuve miedo, pero prometo que mi nivel de estrés subió de golpe al máximo. Desafortunadamente no soy capaz de mantener “la sangre fría” cuando las circunstancias se tuercen y el pánico, en diferente medidas según el caso, me invade quitándome la capacidad de pensar.

Decidimos someternos ambos a la PCR. José fue por la mañana, yo por la tarde.
Llegué al centro, donde me quedé un par de horas en total, entre pasar por una sala y otra. Os diré sinceramente que estuve bastante angustiada, había mucha gente. Sin embargo los médicos parecían calmos y había pocos “astronautas”, eso me tranquilizó un poco.

El corazón me latía a tal velocidad que tuvieron que tomarme la saturación dos veces. Bien.
“Estoy muy asustada” Le dije a los dos chicos que preparaban los “palitos” para la prueba. “Me han dicho que duele mucho”.
No lo negaron.
Me senté en la silla, miré al techo y pum, un palito hasta arriba, donde las aperturas del cuerpo no son visibles. Se metió rápido entre mis mucosas y me exploró “cerca del cerebro”, así es como lo percibí. Fueron pocos segundos, luego otro palito hizo lo mismo en mi garganta, me provocó una leve arcada.
Se acabó. Había hecho mi primer test para el Coronavirus.

No se dar una explicación a lo que pasó, pero José nunca recibió los resultados del test que hicimos ese día. Mientras que a mi me llamaron al día siguiente para comunicarme que había dado negativo. Disfruté del alivio que las buenas noticias te regalan.
Durante todo el aislamiento domiciliar, José no tuvo síntomas, ni los más mínimos, ninguno de nosotros tuvo algo sospechoso. Por esta razón no hice el test a los niños, pero nos quedamos en cuarentena, sin cole, sin calle…. “sin vivir yo”. Sin los resultados de José, no pudimos estar juntos, él estaba confinado en la habitación de arriba, mientras tanto yo gestionaba el resto. Sé que no puedo compararlo con situaciones realmente graves, lo nuestro fue más una experiencia, pero salí de ello algo histérica. José decidió hacerse la serológica y resultó ser negativa. Probablemente nos confinamos sin necesidad, pero es lo que toca hacer, ser responsables y confiar.

Desde entonces es un vaivén de confinamientos, en el cole, en las oficinas….. y a pesar de que es probable que este virus lo pasaremos, la mayoría indemnes, sigue siendo un coloso que mata, asusta y que se ha empeñado en una batalla misteriosa. ¿Donde nos llevará?

¿Donde nos llevará?

Si os apetece podéis compartir conmigo vuestras experiencias. Estoy segura que serán de ayuda.


2 Comentarios

  • 1. María José  |  5 octubre 2020 - 13:42

    Que desagradable experiencia la vuestra, Laura. Lo cierto es que todos vivimos con el alma en vilo en esta terrible situación que nos ha tocado vivir. Comprendo que es mucho más llevadero cuando dispones de una casa en la que te puedes aislar, desgraciadamente, no toda la gente puede hacerlo. Tenemos que sobrellevar esta situación con dignidad pensando que somos unos afortunados al disponer de unos medios que muchos no tienen. Bonitas fotos.

  • 2. Ana  |  7 octubre 2020 - 20:32

    Por desgracia, esta situación nos tocara vivirla a todos. Y espero que ninguno tengamos que acudir a un hospital. Es lo que hay y no queda otra que aprender a vivir con ello. Mientras tanto, vamos a disfrutar del presente

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