Mamma Mía » Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo…

9 noviembre 2020

Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo…

He hecho pan, por primera vez. Tenía un paquete de levadura para pan sin estrenar y necesitaba una distracción para mi dolor de muela. En la indicaciones, detrás del paquete parecía extremadamente sencillo, me ha sonado a trampa, pues meses atrás ya me había peleado con una masa para brioche, pero he decidido probarlo igualmente.
He mezclado los ingredientes, puede que le haya puesto un poco más de agua – tengo la extraña costumbre de no seguir las recetas al pie de la letra, las leo y las interiorizo confiando en mi instinto, cosa que no siempre funciona – . De todas forma, la pelota entre mis mano tenía un aspecto prometedor.
La levitación también me había parecido estar dentro del los parámetros de un éxito sin pretensiones.
He decidido que podía presumir de estar preparando pan para el desayuno y he enseñado la masa en levitación a la familia.

La noche no ha sido de las mejores, a las 3.00 en punto me he despertado con un dolor insoportable en la boca, me he tragado un Nolotil retorciéndome por su tremenda amargura y he esperado sentada en la cama a que su efecto se empoderara de mi cerebro, comandando al resto del cuerpo de olvidar el dolor. He vuelto a dormir y he sudado mucho.

Por la mañana me encanta airear las habitaciones, a pesar del frio, a pesar de la lluvia. Mi madre lo hacia, abría las cortinas y las ventanas por completo. En invierno se nota el fresco entrar y me da una sensación de limpieza que amo. Una vez completado el ritual, me he hecho una ducha ardiente y he bajado a hornear mi criatura.

El café frio no sabe igual, a menos que sea el café con hielo que me pido en verano. El café enfriado es la negación del café, es un placer al que se le quita el componente “placer”, aun así no soy capaz de sustituirlo por otra cosa y me lo tomo mientras el pan se va dorando.
Cuando lo saco del horno nos reunimos a su alrededor, mirándolo enfriar, como el café desaparecido dentro de mi garganta. Orlando lo toca continuamente, está muy interesado en probarlo.
El hecho de que pueda cortarlo con el cuchillo pequeño me da esperanzas, no está para tirar. El pan se deja seccionar sin muchas protestas. Encarna a la perfección mi expectativas: la costra incluso las supera, el interior es compacto, extremadamente compacto, como me lo imaginaba, mañana probablemente será para tirar. La levitación es un como una relación de amor, si no la pillas con ganas no va a funcionar. Necesita entrega, atención, cuidado…. Amor, interés… Me seguiré enfocando en mi relación y dejaré de hacer pan, después de mi primer intento.

Me preparo otro café para enfriar, fuera chispea, los niños llevan una hora jugando a mi alrededor. Enciendo una vela – he entrado en una etapa “VELAS PERFUMADAS” que me está produciendo mucho placer y que va a durar bastante considerando la cantidad de velas acumuladas durante mi periodo “sin velas”.
El conjunto de música jazz de fondo y de la vela con olor de canela, crea inmediatamente una atmósfera navideña que me transmite paz.
Los niños irrumpen de vez en cuando en la átmosfera, como la mano que frota en un cristal empañado. No me molesta, son parte de la magia navideña de un lunes de puente.
Por favor que siga el día tan sencillamente bonito. Por favor.


He imaginado que dentro de mi pan hubieran tres frases escritas en un papelito, como el de las galletas chinas.
Os dedico las tres frases.

“Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo…
mira para atrás, para todo el día recorrido,
para las cumbres y las montañas,
para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos,
y ve hacia adelante un océano tan extenso,
que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre.
Pero no existe otra manera.
El río no puede volver.
Nadie puede volver.
Volver es imposible en la existencia.
El río precisa arriesgarse y entrar al océano.
Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá,
porque apenas en ese momento,
sabrá que no se trata de desaparecer en él,
sino volverse océano”
Khalil Gilbran.

El árbol está delante de la ventana del salón. Lo interrogo cada mañana: “¿Que hay de nuevo hoy’?” La contestación llega sin vacilar, llevada por centenas de hojas: “Todo”.
Christian_bobin

Cuando la tempestad se acabe, probablemente no sepas ni tú, como la has atravesado y has salido vivo.
Haruki Murakami



1 comentario

  • 1. María José  |  16 noviembre 2020 - 17:33

    Desearte Laura, en primer lugar, que tú problema bucal haya desaparecido. Lo cierto es que nunca he hecho pan, debe tener su gracia, quizá algún día me anime, el que tú has hecho tiene muy buena pinta. Las frases que has elegido son preciosas, me quedo con los tres.

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