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26 noviembre 2020

Cumpleaños Feliz

El día de mi cumpleaños, al despertar siempre había un regalo que me esperaba en algún punto de la casa. En la mesilla de noche, encima del zapatero, en el sillón de la cocina…. Mamá lo compraba y por la noche lo envolvía cuidadosamente con papel de regalo. Con el paso de los años, habilidades como la “investigación”/lógica…. Me dieron las suficientes pistas como para notar que el papel a menudo coincidía con el de la pastelería. El color marrón inapropiado para un regalo y mi apellido repetido simétricamente en color crema, no me dejaron duda. El descubrimiento me dejó indiferente, solo me importaba el contenido. Encima me he dado cuenta de que he heredado la fanfarronería de mi madre al hacer los paquetes, podría envolver un regalo con papel higiénico si fuese lo único que tengo en casa, pero siempre con creatividad y buenas intenciones.

Una vez preparado el regalo, lo dejaba donde al día siguiente lo encontraría. O tal vez estremecida de cansancio se lo olvidaba en algún sitio y por ello cada año lo encontraba en un sitio diferente. Nunca se lo he preguntado.

Luego me iba al colegio y mamá a trabajar.

Mi padre era el ultimo en felicitarme y siempre porque alguien se lo había soplado, pues él no se acordaba ni del suyo. No por escasa memoria, ni por falta de ilusión, más bien por un tema de desinterés. No me lo tomaba mal, lo aceptaba porque era parte de su forma de ser. Cuando llegaba desde el trabajo, me cogía en brazos y me tiraba de las orejas tantas veces como años que cumplía.
Una tradición italiana que jamás llegué a comprender y si se lo permitía a mi padre, era solo por el hecho de serlo. No podía imaginar nada más vergonzoso que a un adulto casi desconocido, tirarte de las orejas. En otras circunstancias sería considerado una especie de maltrato, mientras el día del cumpleaños se convertía en un gesto lícito.
Y podía suceder en cualquier sitio, en la misma calle mientras paseaba tranquilamente, por ejemplo. Una voz te chillaba desde la otra acera: “¡Ven aquí cumpleañera!” Y se esperaba a que te acercases, como si fuera lógico, en lugar que una explicita humillación delante de tus amigos.

¿A quien se le ocurrió esta chorrada? Lo buscaré en internet y os lo contaré.

Después de felicitarme papá sacaba la tarta hecha con todo y el mismo amor que aplicaba en cada creación de repostería, pero con muchas decoraciones, mi nombre en chocolate y las velas.
Los abuelos, los tíos y primos más cercanos – en todos los sentidos, pues vivían en el mismo edificio- se juntaban para el ritual de la tarta.
Se cantaba Cumpleaños Feliz, se apagaban las velas, se comía la tarta, los mayores bebían moscato, hasta la hora de acostarse.

Mis padres me educaron en la sencillez, tal vez pecando de demasiada humildad pero era feliz, no me hacia falta nada más. Mi cumpleaños era un día diferente y me gustaba ser la protagonista.

Solo más tarde descubrí las celebraciones a lo grande, los cumpleaños que parecen bodas, las exageraciones, la megalomanía, la abundancia. Nunca me sentí identificada, pero participé en el teatro. Mis cumpleaños acabaron en manos de personas con actitud menos modesta que la de mis padres, la mayoría de las veces eran novios con grandes proyectos y pocas probabilidades.

Más regalos, más caros, más velas, más besos, más gente, más años…. Entonces me confundí. Confundí el concepto de prioridad y de importancia.

Pasé de ser la protagonista a la reina, lo disfruté, sabiendo que era un día o una noche y que al día siguiente volvería a ser yo. Libre de una corona pesada y de un trono incomodo.

Hoy cumplo treinta y ocho años, Leonardo ha venido a felicitarme a la cama, con besos y abrazos, su hermano se ha despertado enfadado. José me ha dejado treinta y ocho notitas pegadas en la mesa del comedor. Me he acordado de los primeros cumpleaños celebrados juntos.
Poco a poco me llegan mensajes de felicitación de familiares y amigos. Se que mis padres serán los últimos. Ahora que mi mamá no recuerda las fechas, serán mis hermanos quién se los recuerde a los dos.
No hay ningún regalo esperándome en algún punto de la casa, envuelto en el papel de la pastelería.
Me estoy haciendo mayor, mis prioridades han cambiado, el interés en esta fecha pierde consistencia, puede que sea lo que le pasó a mi papá.

Es jueves, se parece al anterior y posiblemente al próximo, si no fuera para la lluvia que nunca me ha gustado, me recordaría al día que dejé el hospital con Leonardo recién nacido en mis brazos. Mi padre vino a buscarnos con el coche al hospital, hacia un sol maravilloso y fue mi primer cumpleaños como mamá.

Le dije a José que ya no me despierto con la ilusión de un día especial, hace unos años pasó algo que me hizo entender que cualquier día es especial si todo va bien.

Hoy celebro un día más de vida.

Para que todos los días sean mi cumpleaños y mi cumpleaños todos los días.


7 Comentarios

  • 1. Rocio  |  26 noviembre 2020 - 15:04

    Felicidades!me encanta leer cada texto q escribes, lleno de nostalgia y realidad.

  • 2. Pilar  |  26 noviembre 2020 - 18:43

    Tanti auguri Laura! A mi también mi madre me tira de las orejas cada año suertuda que te celebraban con tarta casera de pastelería ¡disfruta de tu día!

  • 3. Ainhoa  |  26 noviembre 2020 - 19:59

    Felicidades preciosa!!

  • 4. RUT  |  27 noviembre 2020 - 10:07

    Feliz cumpleaños Laura!!
    Qué palabras tan bonitas y con tanta razón…a mi me pasa lo mismo. .. me quedo con esta frase:
    Para que todos los días sean mi cumpleaños y mi cumpleaños todos los días.
    En mi casa mi padre también me tiraba de las orejas jaja!! es tradición desde siempre…bueno, hasta que tuvimos una edad . Tengo una niña ( 7 años hizo el 31 de octubre ) y un niño ( 3 hizo el 7 de septiembre ), así que se llevan como los tuyos. Eso sí…yo cumplí en Abril unos poquitos más.
    Yo tampoco tengo a mi familia en la ciudad dónde vivo, A Coruña y te entiendo tanto en tus post…también viví en Madrid una temporada.
    Pásate por mi instagram…tengo una privada y una pública: rut_iglesias

    Besiños,

    Rut

  • 5. Rocio  |  27 noviembre 2020 - 13:38

    Muchisismas felicidades¡ que todos los dias sean especiales, pero este si acaso, un pelín mas

  • 6. Irene  |  27 noviembre 2020 - 23:48

    Jaja aquí también se tira de las orejas el día de cumpleaños, tantos como años cumplas.
    Muy bonita entrada, como siempre. Mua mua

  • 7. María José  |  4 diciembre 2020 - 15:12

    Que bien escribes, Laura, es muy agradable leerte. Efectivamente, con los años los cumpleaños van cambiado, la ilusión de los regalos cuando eres niño (yo también detesto esos cumpleaños que parecen bodas) pasa a la alegría de poderlo celebrar con tus seres más cercanos y a tener salud para hacerlo. Aunque con retraso FELIZ CUMPLEAÑOS!

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