Mamma Mía » Voy

21 diciembre 2020

Voy

El contacto de los pies con las sábanas es de las cosas más placenteras que me ofrece el despertar. Un sábado, por ejemplo, cuando la alarma tace y dejas que sea la luz quien te despierte, filtrándose suavemente por las cortinas.
La cama es una cueva caliente de vida y tú piensas: “Un poco más”. Consciente de que demasiado pronto, un grito romperá el silencio del día que empieza:

MAMÁAAAAAA!!!

Algunas veces son manitas ocupadas en trepar tu cama, en mi caso ya son saltos olímpicos entre José y yo.

Es la hora de apartar las sábanas crujientes y calentitas y recibir el frescor de una nueva aventura. El reloj señala que son las ocho, cuando yo creía que fuesen las nueve y media.

Es así como “Los placeres” siguen siéndolo por definición, pero tras ser madre, se apuran. Mucho.

La rutina del baño por ejemplo, viene desmembrada de los gestos menos necesarios y relajantes; las duchas vienen puntualmente interrumpidas por algún ruido alarmante que te obliga a salir chorreando, para darte cuenta en seguida de que no era nada.
Los cuidados personales son intenciones precedidas por un “mamaaaaaa ya he terminado de hacer caca!”, que van aumentando de intensidad como tarde unos segundos, hasta convertirse en una alarma: mama mamá mama mamá mamá mamá…..

Sucede también mientras estoy concentrada, escribiendo o haciendo algo en el ordenador, mientras cocino, hablo al teléfono, me visto…. Por no mencionar los gritos feroces, que tienen un sensor en cuanto subo la escalera hacia la planta de arriba.

¡¡¡¡¡¡VOY!!!!!

Si se pudiesen medir las palabras como el tiempo de utilización del móvil, ésta sería la más usada, desgastada si fuera posible. Consumida. Repetida tantas veces y con tales frecuencias hasta poder convertirse en un mantra.

Voy
Voy
Voy

Y siempre vamos. Siempre.

Cumplimos con sus expectativas, sacrificando las nuestras si hace falta. Nos sometemos sin hesitación. Somos capaces de cagar a medias para dejarle el baño, de quitarnos la comida de la boca para dársela, de levantarnos innumerables veces en una sola noche, durante días y meses seguidos.

Por amor.

Nos preocupamos de que no les falte nada, de que estén contentos, de que tengan lo que necesitan, de que sientan cuanto les queremos.
Y muchas veces lo hacemos mientras aguantamos la frustración de conciliar cuando parece imposible.

Por amor.

Son las ocho y treinta. Me preparo un café. He aprendido a tomarlo mientras pongo el desayuno o tiendo la ropa de una lavadora puesta a horas indecentes. Sabe igual. El café nunca cambiará su sabor.


1 comentario

  • 1. TAMARA  |  22 diciembre 2020 - 12:10

    Hola Laura,
    Me encanta el post que has colgado porque es la verdad, dejamos de hacer cualquier cosa para atenderles y siempre por AMOR, un amor incondicional.
    Muchas gracias por tus post son muy buenos e invitan a la reflexión. Un besazo y FELIZ NAVIDAD

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