Mamma Mía » Siempre

26 diciembre 2020

Siempre

La noche de Navidad para algunos nos recuerda a nuestras raíces, la niñez despreocupada y la audacia en creer que todo es posible.
Será por ello que seguimos anhelándola y celebrándola, pues es como volver a creer en la magia. También por ello será que nos ha entristecido más que a otros no poder pasar la navidad “como siempre”.

Puede que “siempre” sea un adverbio muy utilizado (en mi caso en exceso) para expresar una condición que confunde, porque cuanto más se avanza en la vida, más nos damos cuenta de que casi nada es para siempre.

No lo son los hábitos, ni las tradiciones, no lo son las sabanas que la mayoría de las madres siguen guardando en cajones cuando nos vamos de casa, aunque se acerquen tremendamente a la inmortalidad, ni si quiera es para siempre la sopa que cada viernes se presentaba hostil en mi plato, a pesar de todo.

No lo son los “te quiero” librados en el aire a centenares, los novios presentados en familia, la regla, los gustos, las mascotas que siempre estarán en nuestro corazón. No lo son los veranos ni los inviernos, hasta el cabello no es para siempre.

Pretender que algo sea “como o para siempre” es inútil además que un desgasto de energía.

Así que he puesto todas mis buenas intenciones para no ser dramática y aceptar de buen grado la lejanía de mi familia durante estas fiestas, porque este año nefasto nos pide a todos un esfuerzo, a algunos más grande que a otros.
Soy parte de los privilegiados, con salud y huésped de una isla donde nunca hay invierno (aunque mucha calima estos días), tengo a mis hijos conmigo y puedo ver a través de sus ojos la descarada libertad con la que se sorprenden y ríen y creen y viven….
Es maravilloso poder contar con todo esto, es para agradecer profundamente y rezar fuertemente para que sea para siempre. Solamente esto. Que sea para siempre.

Mientras la pantalla marcaba Facetime, me he esforzado de verdad,
pero cuando ha aparecido mi mamá se me ha deformado la cara con la expresión “para abajo” que precede a las lágrimas y he llorado. Me han contado que había pasado lo mismo con el resto de la familia. Me he sentido bien, cerca de ellos, unidos una vez más a pesar de los kilómetros de distancia.

Si eres capaz de construir, con paciencia, empatía y con amor, puede que el adverbio “siempre” se escriba en tu vida con un “para” por delante.

Felices fiestas de corazón.


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