Mamma Mía » Un nuevo día

15 enero 2021

Un nuevo día

Una señora rubia me persiguió anoche. Recuerdo perfectamente como la raya del cabello se repartía sobre su cabeza, pero no recuerdo en absoluto la razón de la persecución.
Estaba tremendamente asustada, escapar de alguien es muy agotador, también en sueños. Me desperté sudada, con la mandíbula cansada de apretar y perturbada. Aproveché para dar un vistazo a los niños.

De vuelta a la cama, intenté focalizar imágenes de otro tipo para olvidar a la mujer que todavía estaba muy presente en mi torpeza nocturna.

Llevo meses de pesadillas continuas y no es agradable, a pesar de que estoy acostumbrada ya que mis sueños suelen ser aterradores o sexuales desde que tengo memoria. Esta costumbre conlleva cierta pereza a la hora de levantarme, así que duermo hasta que mis hijos me despiertan, entre las ocho y cuarto y las ocho y media. Aparecen delante de mi cama con una impaciente urgencia de bajar al salón. A veces intento convencerles de que es pronto, pero la luz que entra desde la ventana, con las persianas rigurosamente levantadas, no les engaña:

“¡Mamá hay luz!”
¡¿Te has levantado sabiondo eh?

Orlando pide que le coja en brazos, bajamos al salón y yo vuelvo a subir para abrir las ventanas.
Ventilar es como el desayuno, no puede esperar, si no ventilo a los diez minutos de levantarme podría estar pensando en ello toda la mañana sin poder concentrarme. Necesito que entre aire nuevo y que salga el viejo; “un ritual de reencarnación de aire”.
A continuación hago las camas y estoy lista para mi mayor placer de la mañana: el café…. Que tomo rigurosamente de pie, la mayoría de las veces entre la cocina y el salón, mientras guardo la ropa del tendedero o saco los platos del lavavajillas. Estoy acostumbrada y no me molesta.
El desayuno es un acto dinámico para mi, sirvo a los demás mientras devoro al mío.

En mi casa yo sirvo, a parte servir para muchas cosas, también sirvo desayunos, almuerzos y cenas, meriendas y aperitivos…. Todo lo que va en platos o vasos digamos. Somos de estas familias anticuadas que me estoy empeñando en cambiar. Este hecho me ha convertido en una pesada, algo mandona y un poco desquiciada. Lo normal cuando quieres imponerte o cambiar las cosas.

Vivir con tres chicos es como volver a la universidad, me recuerda a cuando iba a casa de algunos compañeros para trabajar en los proyectos y no sabía donde sentarme para no coger enfermedades. Nunca pedía algo, ni siquiera un vaso de agua, por miedo.

Mi voluntad junto a mis manías obsesivas me producen cierto nivel de desgaste emotivo durante el día. Me acusan de ser demasiado maniática y no lo niego, me gusta que los productos en la estantería del baño tengan un criterio, lo mismo para los cajones y las estanterías. Pongo bolsita de lavanda donde está la ropa interior. Puedo justificarlo… También me gustan los nombres largos y algunos sabores de helado más que otros…. Son gustos y personalidad.

Y además soy el producto de mi madre:
Ese cambio se produce de manera inconsciente hasta que un día, ella habla a través de ti. La maternidad nos une y finalmente comprendes la frustración de una madre cuyas nalgas acaban mojadas cada vez que se sentaba en el wáter de su casa.

(Y a mi siempre me ha dado grima sentarme en un asiento calentado por el culo precedente al mío, bendita inocencia).

Miramos por la ventana la nieve derretirse sin prisa, las calles secundarias están todavía en estado salvaje y la mayoría de los servicios…. fuera de servicio, Filomena ha sido “apocalíptica”, para estar en línea con la moda 2020-21 y no decepcionar a los medios.
Empieza un día nuevo, sin colegio, sin silencio, sin derecho a hacer cosas que no sea dedicarse a ellos, ausente de ti misma.

Y aun así mañana se que lo veré con nostalgia.


Fotos de @romerodeluquefoto
Vestido de Longchamp.


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