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1 febrero 2021

“Celos” entre hermanos

Desde algunos meses la dinámica en mi casa es la siguiente:

Hermano mayor molesta hermano pequeño, hermano pequeño grita y llora (de frustración).

Desde algunos días la sobre citada dinámica ha tenido una pequeña variante:

Hermano mayor molesta hermano pequeño, hermano pequeño ha aprendido a defenderse.

Como:

Grita + intenta pegar al hermano mayor + llora a propósito para que los padres se enfaden con el hermano mayor.

Consecuencia:
Padres hartos, sin paciencia y con los nervios a flor de piel. Los gritos son insoportables cuando se trata de un tiempo extendido y afectan directamente al sistema nervioso. El constante desafío con los hijos agota tremendamente hasta llegar al punto de dudar sobre mi habilidad como madre. Por no hablar de los remordimientos que me atenazan tras una bronca épica o un castigo, que además no considero buena opción pero peco de exasperación.

Hace unos días hice comenté ese tema en IG y recibí muchos mensajes de madres en la misma, idéntica situación.

Nuestros hij@s son personas estupendas individualmente, pero algo cambia cuando se juntan. Se activa un mecanismo ¿“defensivo/agresivo”? por parte de un herman@ (en la mayoría de los casos parece ser el mayor, aunque a veces es el más pequeño en manifestar ese malestar).

No he tenido la ocasión de hablar con un experto sobre el tema, pero como madre he estado observando y reflexionando sobre esta reciente situación.

Comenzando desde el principio.
El hermano mayor aceptó sumisamente y de buen humor la llegada del hermano pequeño. Nos pareció incluso demasiado maduro para su edad. Tenía tres años y medio. Me atrevería a decir que lo llevé peor yo. El nacimiento del segundo me provocó cierta carga emocional, no me sentía preparada para desapegarme del mayor y me sentía culpable por ello.
Con el tiempo encontramos un equilibrio familiar bastante llevadero, a pesar de la revolución que causa la llegada de un nuevo miembro. El hijo mayor sentía cierta responsabilidad sobre su hermano pequeño y a la vez le procuraba ternura. Una relación digna de NO ser mencionada por su lógica y espontaneidad.

Me avisaron
De que los “celos” pertenece a una edad más madura y que suele llegar más tarde, o sea cuando hay competencia.
Y yo cada vez que me ponían en alerta, pensaba: “Ojalá que nada cambie para nosotros”.

Estoy segura de que habrán excepciones (pocas), pero nosotros no somos una de ellas.
En cuanto el pequeño empezó a hablar haciendo gracias a todo el mundo, a coger cualquier cosas, a capturar la atención como niño en lugar que como bebé (catalogado por el hermano mayor como ser inocuo, parecido a una mascota), ahí es cuando surgió el cambio y en lugar que un hermano, el bebé se convirtió en un adversario. En todos los campos.

No le culpo,
entiendo completamente la posición del mayor. De repente el inofensivo muñeco se convierte en un ladrón de mimos, un destructor de juguetes, un cazador de atenciones. Se adueña pertenencias de otro sin pedir permiso y con el visto bueno de mamá y papá.

Aprender de repente que MIO, se convierte en NUESTRO, es difícil.
Tiene todo el derecho a oponerse y claro, lo hace con las herramientas que tiene a su disposición.
Por otro lado los padres aunque entendemos, hacemos de todo para que haya armonía y para que el pequeño no se sienta amenazado, siendo la parte en desventaja.
Se crea entonces un conflicto; el hermano mayor sufre de frustración y los padres le culpan de no ser generoso, de no saber compartir, de portarse mal con su hermano pequeño.

¿Nos equivocamos?
Aunque me resulta más cómodo culpabilizar a los mayores, no creo que sea un error de los padres. Al fin y al cabo lo que todos queremos es estar bien juntos y que los niños estén felices y se quieran.
Las intenciones de los adultos son buenas, mejores que las de los niños, sin embargo los medios son peores.
Los niños al no saber procesar la información como nosotros, actúan de forma inconsciente, con frialdad o maldad si es lo que sienten, no tienen un filtro por donde pasar las emociones y la manifiestan en su estado primitivo.
Por otro lado, los padres, intentamos proteger a través de métodos más directos y que pueden resultar bruscos. Queremos educar y lo hacemos según nuestro criterio.

Ignórales
Me aconsejaron no darle importancia. Algunas veces he probado esta táctica pero con escaso resultado:

Situación: El mayor chincha y el pequeño se defiende a gritos agudos, de los que te rebotan dentro del tórax aunque estés a metros de distancia. Siguen hasta que uno de los dos llora, casi siempre el pequeño. La pantomima se repite, una, dos, tres veces… si no irrumpo puede durar toda la tarde.
Intento mantener la calma e ignorarles, adopto una postura pacifica; respiro e intento borrar de mi mente la imagen de estar en un ring repartiendo bofetones.
Al día siguiente espero que haya funcionado, pero vuelve a pasar lo mismo y otra vez intento no hacerles caso. Resulta que es imposible, me vienen a buscar, mendicantes de publico, así que finalmente pierdo la calma, la paz, la consideración y me convierto en una versión demoniaca de Shrek.

Lógicamente me arrepiento.
(¿Cuantas veces al día nos arrepentimos las madres?)
Cuanta intensidad… es un peso bastante grande para cargar con ello y cuando no podemos más, inevitablemente sale la peor versión de mamá, licita, pero a nadie le gusta, ni a nosotras mismas.

Espejo reflejo
Valoro la sinceridad en todos sus aspectos, por lo tanto no escondo mis emociones a mis hijos, intento filtrar si hace falta, pero no me importa que me vean triste, enfadada o preocupada si así es como me siento. No quiero darles una información falsa, prefiero que conozcan y reconozcan los sentimientos y las emociones y que se sientan libres de sentirlas, sin avergonzarse. Quiero que nos conozcamos profundamente y que me vean como un lugar seguro, donde ser libres.

He estado dándole vueltas y hablando con otros padres y resulta que la mayoría lo ha pasado con sus hijos, o lo está pasando. Hemos comprobado que la dinámica es símil o idéntica y que desaparece con el paso de los años.

Por esta razón, tranquilizo a las madres que me han escrito manifestando la preocupación de que esta situación se mantenga en el tiempo. Los niños tienen su recorrido y no es fácil ni para ellos, aprender a vivir es un trabajo y conlleva a luchas interiores.
En base a este pensamiento, he decidido no dramatizar el tema y de hablar con ellos para hacerles más conscientes. Por otro lado creo que es importante evitar “hacer duplicados” y favorecer intereses distintos. Aunque es más cómodo “matar dos pajaros de un tiro” a veces premia el separar, evitar la competencia en cualquier aspecto y estar atentos a equilibrar nuestra relación con ellos, de manera que ninguno se sienta privilegiado o desfavorecido.

He notado que desde que soy más cariñosa con el mayor, se porta mejor. Es posible que sintiera carencia y que nunca me lo dijo, tuve esta sensación porque siendo el pequeño muy afectuoso, las efusiones convergían más hacia él. Me di cuenta yo misma, que con el pequeño tenía una actitud más protectora y amorosa y probablemente sin querer herí los sentimientos del mayor.

A pesar de que la situación es universal, cada niño tiene sus necesidades, observarles y escucharles es la mejor manera de entenderles.


4 Comentarios

  • 1. Ana  |  1 febrero 2021 - 13:12

    Son etapas y se pasaran, como todas. Hay que tener paciencia, mucha paciencia, y el cariñó es la mejor medicina. Te lo dice una madre que entra en modo volcánico una vez al dia.

  • 2. Rosa  |  2 febrero 2021 - 22:08

    Laura, te leo desde hace tiempo, soy vecina del barrio y mama de dos niñas. ¿Qué te parece hacer de altavoz de la situación de los parques infantiles cerrados? No nos dan razones, dicen que es riesgo por la nevada en los árboles pero las terrazas de los bares de al lado siguen abiertas (Olavide, Fuencarral, Chamberí). Los padres abren cintas y la policia les desaloja. No nos dan razones pero nuestros peques siguen sin poder usar los parques.
    Gracias!!!

  • 3. Irene  |  4 febrero 2021 - 11:10

    Hola Laura,
    En casa lo estamos viviendo tal cual lo describes, con 5 y 3 años, niña y niño respectivamente. Yo también he observado que el pequeño al ser más mimosón puede que estuviese recibiendo mayor cuota de mismos en respuesta, también hemos pasado a cuidar más a la mayor…suscribo todo lo que has dicho, pero hemos encontrado otro matiz más.
    Hemos visto que no es sólo competencia por nuestra atención, ¡sino también de la suya! La mayor juega, el pequeño “merodea” y en un momento dado le quita algo o destruye lo que hacía la mayor. Ella se enfada, le pega y acaban los dos llorando (porque el pequeño ahora se defiende). Un desastre; verles pegarse para mí es un sufrimiento casi físico. “Tenéis que compartir”, “las cosas no se quitan, se piden” “no se pega, se explica lo que ocurre”… Nada. Hace un tiempo hablamos con los dos por separado. A la mayor le explicamos que el pequeño no lo yace por chincharla, sino porque ¡se muere de ganas de participar en su juego “de mayores”!. Al pequeño le explicamos que si en realidad como verdaderamente disfruta es jugando con ella, no chinchándola, debe decírselo.
    A veces se les olvida, pero hemos empezado a ver la luz y esos momentos en los que disfrutan juntos…¡compensan!
    Besos y ánimo

  • 4. María José  |  4 febrero 2021 - 13:38

    Que interesante tu post de hoy, Laura, tus explicaciones, tan razonables , seguro que han ayudado a otros padres en esta situación. Que distinto fue mi caso, mis hijos se llevan cuatro años, cuando llegó el segundo seguro que se sintió destronado pero era y, es tan bueno, que no manifestó esos celos, quizá el que se estuviera haciendo pis en la cama hasta loa cuatro años fue una forma subconsciente de esos celos. A medida que vayan creciendo seguro que los celos desaparecen y aflora ese gran amor que hay entre hermanos.

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