Mamma Mía » Ser el hermano mayor es una responsabilidad cuyo peso a veces se me olvida.

19 abril 2021

Ser el hermano mayor es una responsabilidad cuyo peso a veces se me olvida.

Me fui a dormir derribada, después de echarle una bronca a Leonardo, con causa pero sin razón.
Mientras las palabras fluían como riachuelos perpetuos y enojados, ya me había dado cuenta de cuanto fuese innecesaria, sin embargo no fui capaz de pararme. Las palabras que arrastran el agotamiento de un día algo más complicado de lo normal, son indomables y traicioneras. Fue así como percibí la necesidad de liberarme, unido al remordimiento.

Entonces, hice una reflexión.

Cuando la oscuridad envolvía la habitación donde mis hijos dormían. Acurrucados en un edredón perteneciente a otra temporada, pero aún imprescindible a causa de unos inesperados días de “primaverno”.
Dos siluetas vibraban de impida niñez, desprendían tanta inocencia, como para convertirme en la única culpable de mi enfado.

Rebobinando una hora atrás, se podría ver a dos niños jugando a los “juegos de fuerza”: juegos con una componente de gritos agudos y pilla-pilla en tres metros cuadrados (donde puntualmente vienes involucrada tipo árbol dentro de un huracán)… En fin, un aglomerado de todas las cosas molestas, por las que los nervios salpican.

Los míos, que ya estaban a flor de piel, saltaron por los aires sin avisar y me convertí en la mamá que no me gusta.

La que no tiene paciencia y que está todo el rato regañando.
La que tiene cara de enfadada y cuerpo cansado.
La mamá “fea”: sumisa hasta llegar a una metamorfosis física que me afea.

En tan pocos segundos, todos los esfuerzos, empleados por ser la mamá que me gusta y me gratifica, se desvanecieron con una facilidad asombrosa. Los esfuerzos cotidianos, los sacrificios, se volatilizaron y como siempre, me sentí definitivamente una c…..

Pero es como funciona y las madres lo sabemos, hay días buenos y días malos. A veces cumplimos con nuestras expectativas y con las de nuestros hijos, otras veces resulta imposible y lo único que nos apetecería es estar solas.
(Sola y con una copa de vino en mi caso).

En cualquier caso mi reflexión iba sobre otra cosa:
La tendencia, sin quererlo, a ser menos permisivas con los hijos mayores y optar por medidas más estrictas, mientras que con los más pequeños, las intenciones se ablandan y el tono es menos tajante.
Pues resulta más fácil enfadarse con las personas adultas y entre dos niños, el mayor da menos pena.

Son las medidas que traicionan, que se llevan la ternura, haciendo del tamaño el principal pecador y la diana más fácil de golpear.
No debería ser así, sin embargo pasa repetidas veces y cada una de ellas deja mal sabor de boca.

Así que la última imagen que mi hijo mayor tuvo de su madre, antes de acostarse, fue diferente de la de su hermano. Ambos vieron una mamá enfadada, la mamá fea, pero mientras uno esquivó, el otro tomó doble ración, cuando no se lo merecía.
No se merecía ser el pararrayos de mis frustraciones, solo por ser la persona más grande de la familia en aquel momento. Cierto que no se había portado de manera ejemplar y que sí, podía colaborar más, pero sigue siendo un niño pequeño! Y no se le puede exigir a un niño entender a los adultos y actuar en consecuencia… No se puede y sobre todo no se debe!

Ser el hermano mayor es una responsabilidad cuyo peso a veces se me olvida.
Por un lado las expectativas de nosotros padres, que suben: a parte de entender las cosas, ser un ejemplo a seguir para los pequeños de casa. Cada enfrentamiento con ellos, vuelve de rebote más fuerte.
Por otro lado darse cuenta que el “efecto ternura” se mitiga y mamá dedica esos gestos – “tuyos” hasta hace poco- a otra persona.
Hay alguien que se está apropiando de tus cosas; no solo los objetos, también de la mamá bella, la que sonríe, la que habla con dulzura, la que cuida con extrema cautela. Es pasar de primera a segunda división, ser el juguete viejo.

Es lo que perciben.
A pesar de que no es verdad, porque las madres no acabamos nunca de amar a nuestros hijos. Serán nuestra absoluta prioridad, todos en igual medida, mientras vivamos. En ningún momento uno de ellos pasará a ser menos importante. NUNCA.


4 Comentarios

  • 1. marybel  |  19 abril 2021 - 17:20

    me encanto

  • 2. María José  |  21 abril 2021 - 11:19

    Sin duda, Laura, que los hermanos mayores llevan sobre sus pequeños hombros una gran carga, pasan de ser los reyes de la casa a ser los secundarios de una película. No quiere ello decir que se les quiera menos, lo que ocurre es que el pequeño requiere toda nuestra atención. No obstante, también depende del carácter de los niños, en mi experiencia personal puedo contar que mi hijo mayor nunca sintió celos de su hermano pequeño. Cada persona es un mundo.

  • 3. Noe  |  21 abril 2021 - 12:12

    Qué bonito lo que escribes y lo qué sientes

  • 4. Monica  |  22 abril 2021 - 11:08

    ❤️❤️❤️

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