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9 mayo 2021

Ocho de mayo 2021 – Madrid.

A raíz del último suceso en Madrid, he decidido gastar dos palabras en el blog.

El sábado noche se ha terminado el estado de alarma.
Estaba muy cansada y me fui a dormir pronto, tras acostar a los niños. Mis ritmos han cambiado drásticamente desde hace unos años, son más saludables pues me levanto y me acuesto pronto, sin embargo mi desgaste diario ha empeorado…
Como en todas las monedas, hay dos caras y justo de ello quiero hablar.

A medianoche, en punto, como en la mejor celebración de nochevieja, gritos, aplausos, cantos, ruidos, provenientes de la calle, me despertaron. Dormía con la ventana abierta y a pesar de estar en un ático que da a un patio interior, el ruido llegó a despertar el sueño de una madre arrastrada por los suelos. Me fui a la ventana y grabé un video que publiqué en mi IG stories, donde no se veía la calle, pero se escuchaba el ruido. En ese momento, escuchar la felicidad de otros, os confieso que casi me emocionó. Durante un momento los aplausos me recordaron a los de las ocho, lo que se convirtió en el gesto emblemático del confinamiento, un momento de unión y esperanza de la humanidad.

Cuando desperté por la mañana, probablemente horas antes que el resto de Madrid, había recibido varios mensajes en relación a mis stories de la noche, algunos eran de aprobación, otros eran de disgusto por lo sucedido.
Mientras, empezaban a viralizarse  imágenes de Madrid “encendida”; aglomeraciones de personas sin mascarillas (obligatorias), actuando como los animales de un circo.

Lo que desde un ático se percibía como el canto de la alegría, en realidad confirmaba la ignorancia de la calle.

Pues desafortunadamente siempre hay quien malinterpreta el significado de “libertad” y que inmunda el valor de una palabra importantísima en la historia, des-aprovechándola de manera equivocada.

Siempre hay quien confunde un cambio de reglas, con el derecho de convertirse en un bárbaro.

Siempre hay quien peca de egoísmo, pasando del respeto por el prójimo, que es el fundamento de una sociedad sana.

Pero, aún peor es quien no aprende.
Quien no entiende que la vida es una enseñanza y persigue en su ignorancia emocional. Sin florecer, prefiriendo la esterilidad empática. Desperdiciando la ocasión más grande que tenemos y quizás la única.

Siempre hay otra cara de la moneda, también las cosas buenas, también los cambios, las novedades la tienen.

No soy la persona más informada, os soy sincera, dosifico las noticias como si fuera vitamina d.
De hecho he preferido evitar videos e imágenes del sábado noche, pues hay una parte de mí que no quiere decepcionarse, la parte que cree en el potencial del ser humano.

Esperaba estas nuevas regulaciones con la misma ganas que todos. Deseo celebrar un paso hacia delante, una pequeña victoria que asocio principalmente al plan de vacunación y que veo premiar a un sector que se ha sentido muy golpeado. Deseo poder reunirme con mis amigos, disfrutar de una cena sin prisa, deseo saborear la esperanza de que todo esto tenga un tiempo limitado.

Pero más que esto, deseo renacer sin olvidar. Empezar justo desde ahí: desde el dolor, desde el miedo, desde el aislamiento, desde esa condición instable que nos ha sometido a una gran prueba y a un gran esfuerzo. Porque en el corazón de esta pandemia, que todavía existe y cosecha víctimas, está la evolución y no una revolución.

Apelo a todos los padres del mundo, porque en nosotros veo el potencial para un cambio.
Los que hoy estamos educando a la generación futura, acompañando a nuestros hijos en este loco y maravilloso mundo.
Es nuestro deber iluminarles.
Y enseñarles la moneda en sus dos caras, para que conozcan y asimilen la inteligencia emocional que le servirá para respetar, amar y ser conscientes de qué significa realmente ser personas LIBRES.


2 Comentarios

  • 1. Miriam  |  9 mayo 2021 - 23:11

  • 2. María José  |  14 mayo 2021 - 13:26

    Sin duda que todos estamos cansados de las restricciones que la pandemia ha ocasionado pero…..lo visto en las calles tras acabar el Estado de Alarma ha sido decepcionante. Hay tanta gente, sobre todo, joven que no ha aprendido nada, que carece de sentido de la responsabilidad y que, aparentemente, no quiere a sus mayores. Sin olvidar a políticos descerebrados, como los que gobiernan Madrid, que anteponen lo superficial a lo importante.

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