Mamma Mía

27 diciembre 2018

Mi primera familia

Hoy hace un día nublado, así que hemos llevado a los niños a un parque de atracciones.
Me he quedado al lado de la pista de los cochitos locos, con Orlando, mientras Leonardo se chocaba entre coche y coche.
Luces y música alta, la típica que eligen para este tipo de atracciones…. que le gusta a los jovencitos, pero que a mi ya me molesta. A pesar de todo, inesperadamente me he emocionado. Las sonrisas cómplices entre un padre y una madre, cada uno subido en un coche con un hijo, y más padres con hijos e hijas, todos ellos con un brazo rodeando los hombros de los pequeños, como para protegerles. Me ha parecido todo muy tierno y he pensado en mi familia, la nueva, que amo más que cualquier cosa y luego en la otra, mi primera familia, que os soy sincera, he extrañado esta navidad.

Mi primera familia es caótica, divertida y única, por ello me gusta. Porque es imperfecta y extraordinariamente fuera de cualquier esquema.
Me gusta que mis padres conozcan cada parte de mí, cada sombras y luces, mi verdadera esencia. Porque no le importan mis defectos y menos si no soy el prototipo de un estereotipo. Me ven como soy, sin ninguna falsa proyección y no soy mejor que los demás para ellos. Para ellos soy única.
Me gusta que hablamos mucho y que ante todo me escuchan, también cuando era pequeña y a mis padres les decía que no se enteraban de nada, aún así ellos me escuchaban. Antes de decirme qué hacer, antes de preguntar, me escuchan. Y a mi me encanta no tener secretos con mi familia y que sea lo mismo para ellos, porque ninguno juzga al otro. Hablamos de todo. Me gusta no tener tabúes con ellos, aunque sin olvidar los roles, porque en mi familia mamá es mamá y papá es papá.
Me gusta la Libertad que nos hace extrañarnos y decirnos te quiero. Me gusta perdernos y volver a encontrarnos un día inesperado. Me gusta que nuestra rutina no es rutina, sino que cada uno va a su ritmo y tiene su vida independiente. Me gusta el respeto del uno hacia el otro, la igualdad y la ganas que tenemos de ayudarnos y apoyarnos. La llamo ganas, porque en mi familia no existen compromisos. Esto es lo mejor. Es lo que más amo de ellos, que cada uno ha buscado su camino, con total independencia, porque sabemos que nunca nos perderemos, ni la distancia nos separará.
Me gusta mi familia porque cada gesto viene del corazón y nunca por el sentido del deber, obligación o compromiso y gracias a ello he aprendido mucho, me he convertido en una persona sensible, altruista y con valores como el respeto y la igualdad.
Me gusta que somos seis en lugar de tres o cuatro porque cuantos más, mejor.

Hoy es el último día en Tenerife. Hemos estado muy bien, el clima de esta isla es un tesoro. Los niños han estado muy bien, minados hasta las uñas con los abuelos, tal y como tiene que ser.
Mañana vamos a Italia, es mi momento. Tengo inmensas ganas de ir. Hace mucho, demasiado sin ELLOS.

Espero que hayáis pasado una feliz navidad. Un fuerte abrazo.


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20 diciembre 2018

Un post para reflexionar

Anoche tuve un sueño horrible, como siempre todo era muy distinto de la realidad, cosas y tiempos sin orden ni sentido, pero yo era la madre de Leonardo y Orlando como en la vida real. No recuerdo nítidamente los detalles, solo que estaba completamente desquiciada y agotada por los niños. Estaba tan desesperada que llegúe a castigar a Orlando sin necesidad, un castigo malo, del que me arrepentí en seguida porque me di cuenta que le había hecho daño. Me desperté angustiada y fue directa a la habitación para verles. Estaban dormidos y me parecieron a dos angeles. Mirándole pensé en cuán fundamentales son para mí, a pesar de los momentos críticos, ellos son lo más importante de mi vida, son mi vida.

Me acordé entonces de un post que había leído hace tiempo y fui a buscarlo, es la reflexión de una madre (Una mamma green) sobre el inevitable paso del tiempo y la irreversibilidad de los cambios, bajo nuestros ojos, sin que realmente seamos conscientes.

Fue cuando su hijo le pidió cogerle en brazos para mirar una cosa, levantándole se dio cuenta de que le costó un esfuerzo mayor que todas las veces precedentes, entonces fue consciente de que un día, no tan lejano, lo cogería en brazos por última vez y sin saber que habría sido la ultima.

Ser padres es una experiencia tan intensa y completa, como para hacerte perder la perspectiva de las cosas. Escribe. Lo que vivimos es tan grande y laborioso, tan absoluto que parece destinado a durar para siempre. Sin embargo nuestros hijos son bebes por un puñado de semanas, solo “aparentemente” interminables, y crecerán hasta que un día, sin avisar, no podremos cogerlos ya en brazos.

Sigue con una reflexión con la que me veo completamente identificada. Dice:

Me pregunto como se ha extinguido ese tiempo que parece no pasar nunca. De esas tardes lentas y de esas noches sin amanecer, de las continuas miradas al reloj, con intervalos que parecen eternos mientras que solo han pasado diez minutos.

Cuando todo ha pasado solo te quedas con las preguntas: si lo has hecho bien, si hubiera sido mejor gastar menos energía para cosas pocos importantes, si hubieras tenido que ser más libre o más consciente…. De todos modo ya será tarde, ese día ya no serás capaz de coger a tu hijo en brazos, pero a pesar de que te hayas dado cuenta solo a posteriori, podrás mirar atrás y pensar en todas las veces en las que lo has cogido, que te has hecho cargo de su peso a parte del tuyo, podrás mirar atrás con el corazón ligero, sin lamentos.

 

 

 


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17 diciembre 2018

Clásicos Navideños

En mi casa, Papá Noel se pasaba la noche detrás de la luna sacando brillo a los regalos, que sucesivamente entregaba personalmente de casa en casa con su trineo ayudado por los renos.
Pasábamos un buen rato mirando la luna todos juntos, pero sabíamos que teníamos que acostarnos pronto, para que a Papá Noel le diera tiempo de entregar todos los regalos. Nos habían contado que nadie podía verlo, porque si no, la magia se acabaría y por ello se esperaba a que todos los niños estuvieran durmiendo profundamente para empezar las entregas.

Con los años descubrí que la magia se acabaría igualmente, a pesar de no haber visto nunca a Papá Noel, pero que la Navidad seguiría gustándome.
Seguí recibiendo regalos y empecé a hacerlos, dándome cuenta de que es tan satisfactorio dar como recibir. Dejé que la magia algunas veces viviera dentro de la sorpresa, mientras que otra veces pedía mi deseo, sabiendo que mis “Papas Noel” personales me lo regalarían.
Lo que más me gustaba y sigue gustándome de la navidad es que nos reunimos toda la familia, organizamos la comida más caótica del año en casa de mis padres, donde todo está permitido. Es increíble como de una familia de seis miembros llegamos a ser veintiún seres apretados alrededor de dos mesas. La mitad son niños, los cuales todavía creen en Papá Noel y se van cargando en cualquier sitio todos los regalos.
En Navidad he visto la casa de mis padres hacerse pequeña y más pequeña y también he visto explosiones de papeles, guerras de comida, olimpiadas de saltos de sofá y de carreras por el pasillo….
Cualquier familia “normal” escaparía de este circo navideño, pero yo le recomendaría quedarse, para compartir comida rica y chistes, postres idílicos de todos los tipos y risas, vino bueno, sidra y panettone.

En Italiano se dice: Paese che vai, usanza che trovi. Es un proverbio italiano para decir que cada país tiene sus tradiciones. Mi navidad es muy italiana y os voy a comentar mis clásicos navideños.
¿Cuales son los vuestros?

Panettone italiano y Pandoro, que es menos conocido fuera de Italia, pero nos gusta mucho (a mi aun más que el panettone). Mi única ley es que sea de nuestra pastelería, quien lo ha probado sabe el por qué!
No creáis que solo existe un tipo de panettone, hay muchas variantes, entres las cuales está el de chocolate y el de frutos rojos, pero para los más exquisitos, hay panettones recubiertos de chocolate negro o rellenos de crema. Ya os enseñaré por stories….

Decorar la mesa con algo rojo.
Para mi es el color de la navidad por antonomasia, me gusta decorar la mesa con este color mezclado con el verde y elementos naturales.

Sidra El gaitero
La he descubierto cuando estaba embarazada y no podía tomar alcohol, desde entonces nunca falta en mi casa durante el periodo navideño, nos encanta tomarla después de la comida, acompañada con los chocolatines “praliné” de mi pastelería.

Los regalos sorpresa.
Siguen siendo mis preferidos, me gusta que los niños no sepan lo que van a encontrar dentro de los paquetes debajo del árbol de navidad.

El risotto de Bruno.
Bruno es el padre de mi cuñada y pasa el 25 diciembre con nosotros, siempre prepara un risotto espectacular, que se ha convertido en un must de la comida de Navidad.

Un look practico y elegante.
Para comer en casa no me arreglo mucho, pero cuando salimos la noche anterior me gusta ponerme algo especial. Un año fueron unos pendientes con árbol de navidad, este año un traje de terciopelo.

El 24 noche en la calle.
Solíamos salir a tomar algo la noche de la vigilia, por el centro, con los amigos de toda la vida.

La playlist con canciones navideñas.
Nuestra música de fondo durante todo el día.


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10 diciembre 2018

Estos días

Hay días en los que me cuesta poner una secuencia de palabras y seguir escribiendo lo que me falta de la novela, que me cuesta pensar en un contenido para el blog y elegir o, peor aún, hacer una foto, para publicar en Instagram. A pesar de que me encanta hacerlo y que siempre lo hago, hay días en los que no me apetece en absoluto.
En estos días me apetecería disfrutar del sabor de una tostada y un café caliente, los que normalmente trago de pie, mientras tiendo la ropa o preparo el desayuno a los niños.
En estos mismos días me apetecería descansar, leer o ver una peli, aprovechando la siesta de los niños, en lugar de abrir el ordenador con prisas, porque su hora de descanso es para mi el tiempo más preciado para trabajar.
A veces me aguanto el sueño y el dolor de cabeza por agobio, porque tengo pocas horas y mucho que hacer, mientras que me encantaría parar y descubrir que no hacer nada puede curar el dolor y devolver el sueño perdido.
En estos días me apetecería sacar el móvil del bolso solo cuando recibo una llamada de mi hermana o para hacer una foto a los niños mientras se duchan, una que no podré publicar nunca, sin embargo mi empeño profesional me obliga a utilizarlo mucho más.

Amo lo que hago pero hay días en los que me gustaría olvidarme de ello y disfrutar del tiempo que desafortunadamente no me dará otra oportunidad.

Vengo de una familia con la mentalidad excesivamente predispuesta al sacrificio y al trabajo, me atrevería a decir que somos hasta obsesivos, he crecido con valores sanos, pero valorando más el trabajo que la calidad de vida. Cuando he conocido a José y luego viviendo a Madrid, he conocido una visión diferente del vivir. He aprendido a disfrutar de cosas a las que antes no le daba importancia y he podido compaginar con equilibrio trabajo y familia. Esto no quiere decir tiempo libre, ya lo sabéis, pero si, poderme permitir el lujo de estar con mis hijos por la tarde o poder trabajar desde cualquier ciudad y país. He descubierto una calidad de vida que me hace sentir feliz a pesar de “estos días” de los que he hablado y por los cuales he estado poco activa socialmente y virtualmente durante el puente. Estoy en un periodo especialmente intenso entre compromisos y Orlando, que parece empezar una ronda de rabietas, y como guinda del pastel, hemos estados todos malos por turnos.

Espero recuperar la energía necesaria esta nueva semana, para dar el último empujón antes de las vacaciones de navidad.

Voy a intentar preparar algun post sobre recetas que me habéis pedido y puedes que me aníme a unos looks para las fiestas 😉

Os abrazo grande.


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3 diciembre 2018

Ser feliz

Hace unos días mi hermana envió en el chat de grupo de mi familia un discurso pronunciado durante una homilía. Es una reflexión tan profunda e inspiradora que me apetece compartirla con vosotros, especialmente ahora que nos acercamos a la Navidad y parece que estemos más abiertos a meditar sobre nuestras elecciones y forma de vivir, ahora que se están haciendo virales los anuncios que promueven las relaciones y la familia, conscientes de que vivimos en una época virtual más que real y donde estamos más que nunca atrapados en las redes sociales.
Algunos de vosotros probablemente ya la conoceréis, para los otros, buena lectura.

«Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo. Solo tú puedes evitar que ella vaya en decadencia. Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajo sin cansancio, relaciones sin decepciones. Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza. No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos.
No es aprender a tener alegría con los aplausos, sino a tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser víctimas de los problemas y volverse actor de la propia historia. Es atravesar desiertos fuera de sí, más ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos, es saber hablar de sí mismo. Es tener coraje para oír un «no». Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir ‘me equivoqué’. Es tener la osadía para decir ‘perdóname’. Es tener sensibilidad para expresar ‘te necesito’.
Es tener capacidad para decir ‘te amo’. Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz… Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo, pues así serás más apasionado por la vida perfecta. Usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible».

Jorge Mario Bergoglio


Llevo traje de terciopelo y sandalia Zara.


Foto de Jesús Romero Deluque.

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26 noviembre 2018

Hace casi cinco años

La vida hay que aceptarla tal y como se presenta, dejándose llevar por los eventos importantes que determinan nuestro camino.

El día que dejé mi país fue hace casi cinco años, era finales de diciembre, hacía mucho frío y la Navidad iba dejando espacio al año nuevo. Nos habíamos reunido todos en casa de mis padres, donde estaba vivendo desde que me quedé embarazada, mientras José vivía en Berlín. El trato era dar a luz en mi ciudad y luego irnos a Madrid los tres, para crear nuestra nueva familia.
Me levanté más tarde de lo normal, porque había sido otra noche infame, sin sueño y acompañada de lloros continuos.
Leonardo por la noche lloraba sin parar. No había forma de calmarle ni con la teta, por turnos José y yo lo cogíamos en brazos y paseábamos adelante y atrás oscilándole suavemente y mirándonos mutuamente con la expresión perdida de dos padres primerizos. Mi mamá de vez en cuando se acercaba a la habitación y humildemente me ofrecía su ayuda “si me necesitas aquí estoy”.
Solo después de algunos días descubrí que la causa de tanto llorar era debida a que Leonardo no se enganchaba bien al pecho y por ello no comía lo suficiente. Pobrecito, había pensado cuando la matrona me lo comentó, sintiéndome una pésima madre para no haberlo entendido.

Cuando me levanté estaban ya todos despiertos, me sentía desanimada y agobiada porque me daba cuenta de mi inexperiencia como madre y porque ese día me habría ido para siempre. Era la primera vez en todo, hasta entonces no me había separado de mi familia más que un puñado de kilómetros. Mi familia que adoraba, que adoro y que extraño desde entonces.
De camino a la cocina me crucé con mi hermana mayor, me preguntó que tal la noche y luego se puso a llorar “No me lo puedo creer que te vayas”. Me puse a llorar yo también. Nos abrazamos fuerte. Me acuerdo ese momento como si fuera ayer. Nos hicimos una foto con mi hermana pequeña y Leonardo que tenía poco más de un mes. La foto de nuestro grupo de WhatsApp.

No recuerdo como fue el resto de la mañana, pero si la hora de despedirme.

A veces las elecciones se llevan un sendero de tristeza, a pesar de que son fruto de tu voluntad. Yo deseaba crear mi nueva familia pero me dolía dejar a la otra.

Madrid está a solo dos horas de vuelo de Milán, pero lo suficientemente lejos para no poder pasar los domingos todos juntos, para no jugar con mis sobrinos y para no poderme pasar por la pastelería y hacer incursión de dulces, suficientemente lejos para no poder charlar con mi hermana delante de un té caliente o tomar un vino con mi hermano, suficientemente lejos para no aparecer de repente en casa de mis padres y sentarme en el sofá de la cocina para contarle mi día mientras cenan o para ir al mercado del brazo con mi madre. Suficientemente lejos para que no pudieran ver a mi hijo crecer.

A día de hoy no consigo todavía pensar en la despedida sin echarme a llorar. Lloro como he llorado ese día, cuando intenté aguantar y aguantar, hasta que el abrazo de mi sobrino me sacó las lagrimas y me puse a llorar sin dignidad. Lloramos todos, incluso mis tíos y mi abuelo, el único que quedaba y que no pude ir a despedir cuando pasó a mejor vida.

La personas se unen y se separan, así es la vida, también dentro de las familias. Nuestros padres nos traen al mundo y forman un núcleo familiar en el que nos sentimos amados y que amamos, nos educan y luego nos dejan libres, esa libertad nos hace únicos pero asusta. Yo lo estaba. Sentada en el aeropuerto, con mi primer hijo de solo un mes y una maleta más grande que yo, esperando un vuelo que me hubiera llevado a una nueva y desconocida vida, sin recursos a parte de mi pareja que todavía estaba conociendo.
Mi hermana pequeña me había acompañado con su novio, fue a la que le costó más aceptar mi decisión.
“Os saco una foto nos dijo José”, antes de pasar a los controles. Tan difícil ha sido esbozar una sonrisa a las dos, la única forma fue jurarnos que vendría a verme al mes siguiente. Me he quedado mirandola hasta verla pequeña y más pequeña, luego me giré para enseñar mis documentos al policía.

Leonardo sabe cuantas lágrimas han seguido saliendo por mis ojos durante meses, cada vez que le llevaba ante la ventana y le contaba que el cielo sobre nosotros era el mismo que estaba mirando su familia italiana.
Él ha sido mi compañero de aventura, la compañía en mis momentos de soledad y la fuerza necesaria para conquistar paso a paso mi lugar en otro país.
Han pasado casi cinco años desde esas lagrimas, que he sustituido con sonrisas. Tenía treinta y un años. Hoy cumplo treinta y seis.

No cambiaría nada de mi elecciones, el tiempo cura las pequeñas heridas y tengo mucha ganas de ver que hay por delante.


Mi jersey y pantalón son de Indi&Cold. Mis zapatos de Avec Modération. Mis gafas de sol son de CHIMI.


Leonardo lleva jersey y gorro de tinycottons, pantalón de Cos y zapatos Clarks de la edición limitada con Mickey Mouse.


Orlando lleva jersey de Zara y botas de tinycottons.


Nuestras bufandas son de la colección  Made in Catteland cuyo concepto nace de la idea de hacer bufandas de los fans de los muséos de arte.

Fotos de Jesús Romero Deluque

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19 noviembre 2018

La comida italiana de Orlando

Me preguntáis mucho sobre que come Orlando, algunas me decís que os faltan ideas, que estáis un poco perdidas con ese tema. No creáis que yo no, el periodo “tras los purés” es un rollo para la mayoría de las madres, hasta que los niños sean más autónomos y puedan comer de todo.

Orlando afortunadamente es un niño al que le gusta mucho comer, así que me he ahorrado algunas fatigas, aunque para las que vivís eternas luchas con los peques para que coman, mi opinión es que no hay que desesperarse. La tendencia al terrorismo psicológico que todavía existe acerca el tema comida, por mi aviso es exagerado. Siempre han existido personas que aman la comida y otras a las que le da igual…..

Orlando ha pasado de los purés a los trozos sin problemas, es más, lo buscaba. Su curiosidad le ha estimulado a la hora de probar nuevas cosas. Al contrario que con Leonardo, no he pasado por el miedo de que se atragantara y he vivido este pasaje con más naturalidad y tranquilidad, me ha ayudado mucho ver a bebes que ya desde los primeros meses de vida comían en trozos y además noté la predisposición de Orlando a manejar la comida.

En mi casa se come al estilo italiano. Algunos de las recetas que preparo, aquí suenan bastante extrañas, mientras que en Italia son típicas. Un ejemplo es la pasta (o en alternativa) los arroces, con legumbres. Una receta que para mi es súper nutrientes y además completa (no hace falta segundo plato;).
La pasta para esta receta es mejor que sea pequeña, por ejemplo tiburones, porque se suele comer con cuchara.
Mis hijos adoran la pasta con judías (las pequeñas blancas, que en italiano se llaman cannellini) y la pasta con garbanzos.
Para ambas la preparación es súper sencilla, se preparan las dos cosas por separado y luego se mezclan. La pasta dejarla como ultima cosa, porque si lleva tiempo preparada se seca. Los legumbres suelo saltearlos con poco aceite extra virgen, ajo y un poco tomate fresco y le añado algunas especias como romero o perejil. Dejar que mantengan la textura cremosa.
Otra pasta muy rica y que a mis peques le gusta es con guisantes y ricotta (receta siciliana).

La forma más sencilla para que coman la verdura a parte en las cremas, son los arroces.
Mis hijos están acostumbrados a comer risotto con cualquier verdura y os aseguro que lo comen hasta con espárragos! (los verdes) y con espinacas.
Las recetas más típicas son con: espárragos, calabaza, setas, calabacines, guisantes, azafrán. Pero voy cambiando sobre todo según la temporada.
Con el risotto consigo que coman cualquier verdura y también la fruta en ciertos casos. Buenísimos con peras y gorgonzola, manzana y romero y en verano al limón y de naranja.

El huevo no le gusta mucho a Orlando, consigo dárselo bajo forma de tortilla bien disfrazada. Con muchas patatas, con espinacas o con calabacín.

El punto débil para mis hijos y creo la mayoría de los niños es la familia coliflor, que Leonardo acepta sin quejarse, sin embargo Orlando siempre que se la propongo algo de eso, me la tira jajajja.
Normalmente le preparo las coliflores y los coles de Bruselas gratinadas al horno, con bechamel biológica de arroz y queso parmigiano rallado, mientras que los brócolis los hago con la pasta o en crema. A veces Leonardo lo comes salteados también.

A mi personalmente toda la verdura me encanta lo más sencilla posible, al horno, en parilla o cruda, sin embargo para los niños y José, tengo que elaborarla un poco.
Por ejemplo le preparo el timbal de patatas y espinacas o la parmigiana de berenjena no freídas o en alternativa de calabacín.
No suelen comer verdura cruda todavía, a parte el tomate que les encanta, así que si consigo una buena mozzarella, le preparo la caprese.

Todo lo que preparo es muy sencillo y no requiere mucho tiempo por la preparación, cuando nos apetece algo especial salimos a comer, a Leonardo le gusta bastante comer al japonés y también le gustan los tacos.

Si necesitáis las recetas más detalladas, escribidme y os la iré preparando.


Fotos de Lea Farren (archivo).

Un beso!!


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12 noviembre 2018

Feliz de invitaros a la Exposición de @Leo_nar_do_paints

Sentado en la mini Panton chair, con un rotulador fluorescente para marcar libros de texto del colegio, Leonardo dibuja las que para él son “happy faces” en la casita de cartón de su habitación. Es hora de ir a dormir y a pesar de mi insistencia, sigue dibujando. Una más me pide, pero siempre hay otra después. Hasta que el techo no está bien poblado de (a mis ojos) bellísimas caras de “monstruos humanos”, no se queda satisfecho. Una vez terminado guarda el marcador y me pregunta si me gustan sus caritas felices.
Como no me van a gustar, ¡son preciosas! Le contesto, además he visto con qué cariño y dedicación las ha dibujado. Leonardo tenía tres años. Este día aprendí dos cosas: la primera es que el niño de mi vida dibujaba especialmente bien y la otra es que la visión de un niño no se parece a la de un mayor. Me pareció mágico. Desde entonces José y yo no paramos de fijarnos en cada detalle y gesto, descubrimos mucho sobre Leonardo, lo que le gustaba y lo que le llamaba el atención. Cada día su curiosidad por su alrededor crecía y de pronto empezó a representarlo en sus dibujos, manteniendo su visión del mundo, donde las cosas cambian de uso y de forma, donde las letras de repente se convierten en animales o en castillos y los edificios de una ciudad son los “pinchos” de un monstruo ni malo ni bueno.

La expresión artística le ayuda a aprender cosas, a veces dibuja para explicar un objeto del que desconoce el nombre (me acuerdo que lo hizo con la peonza) y luego, una vez que lo ha aprendido, lo escribe al lado. Es un buen ejercicio para memorizar a parte de desarrollar la “motricidad pequeña” y estimular la creatividad.

Leonardo ha crecido en un entorno fructífero, nosotros como padres hemos preferido marcar una educación más creativa y activa, favoreciendo la música, el deporte, el juego, fomentando de este modo la imaginación de Leonardo.
Como padres tenemos la gran responsabilidad de educar a nuestros hijos, pero también podemos aprender mucho de ellos, escuchándoles, mirándoles , dejándoles libre y siendo humildes.
La “disciplina” fertiliza la creatividad y fortalece el carácter mientras que la filosofía de vida, como la educación, dentro del núcleo familiar son fundamentales para el desarrollo emocional de los niños. Todos necesitamos una luz que nos guíe y que ilumine el camino que queremos coger.

No se si hay niños que dibujan por una necesidad interior, desde luego no es así para Leonardo. El juego es su único interés y todo lo que le divierta, bienvenido sea. Pintar fue un juego que empezó junto a los días de mal tiempo, como alternativa a su otra gran pasión: las construcciones. Empezamos a comprar material nuevo, diferente y siempre de más calidad, para mantener viva su ilusión despierta. Su forma de ser madura y obediente y su notable sensibilidad le han ayudado en este “camino artístico” donde poco a poco se va descubriendo a sí mismo.

La pintura es parte del día a día de Leonardo, hoy y probablemente mañana, le gusta dibujar y a nosotros seguir sus pasos, sobre todo su padre que consideramos su mentor y guia, que le estimula cada semana con nuevas ideas y retos (graffitis, recortables, plastilinas…). Nos encantaría que siguiera fomentando este don y ojalá pueda inspirar a más niños, para que el arte tenga la importancia que se merece y para que la creatividad genuina de los niños nos permita soñar a nosotros, que hemos olvidado la magia de ser niños.

El viernes 16 por la tarde y el sábado 17 durante todo el día, tendrá lugar la primera exposición de @Leo_nar_do_paints en El Invernadero – The Sibarist de la calle San Lorenzo 11 de Madrid.
Por primera vez algunos de los cuadros estarán a la venta y se donarán parte de los beneficios recaudados a la asociación KABUKA, concretamente para Lisha Children’s Home, una casa de acogida que la organización tiene en Kenia para niños en situación de orfandad.
Hemos organizado la exposición con la maravillosa ayuda de Plom Gallery que es la primera galería de arte contemporáneo dirigida al público infantil. Está en Barcelona y va a cumplir sus primeros 5 años de vida
( Igual que Leonardo).
Además de la exposición, realizaremos un taller de pintura con el artista Jesús de Miguel, de la plataforma ART U READY.
ESTAIS TODOS INVITADOS.


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8 noviembre 2018

Ser madre

Ser madre se parece a una tortura pero sin sangre ni dolor, te destroza de cansancio y te golpea los nervios para que pierdas la paciencia, continuamente, pero a la vez te deja en herencia una plenitud interior que desconocía, hasta ahora.
Antes de ser madre, inconscientemente ya buscaba este “relleno”, cada vez que tumbada en la cama escribía en un diario páginas y páginas atormentadas, mientras intentaba explicar a mi novio que pasaba por una “crisis existencial” o cuando me salpicaban los nervios en el trabajo…. Sentía una insatisfacción interior a pesar de que todo me iba muy bien pero no reconocía su proveniencia.
Fue la maternidad lo que me reveló la identidad de mi búsqueda, desde que fui mamá por primera vez, sentí una gratificación que me hizo sentir felicidad en mi interior y es gracias a ella que aguanto el día a día como madre. Si no fuera por esta compensación que viene del amor incondicional hacía mis hijos, probablemente me habría vuelto loca por la falta de sueño y los continuos sacrificios.
Soy sincera, lo que hago por mis hijos no lo hago por nadie, pareja, madre, o hermanos que sea y les quiero muchísimo.
El amor de madre para mi está a otro nivel y viene desde dentro como un eructo imprevisto, de hecho, por mucho que te esfuerces en imaginar como será tu vida de madre, la realidad es diferente, porque está enriquecida de los sentimientos que la imaginación no conoce.

Ser madre también me da seguridad, es una virtud más en mi “curriculum vitae” – Entre varías cosas soy madre – no es poca cosa. Para empezar mis prestaciones han mejorado con la maternidad, por ejemplo tengo más resistencia mental que antes (no por un factor genético, sino que como madre la entreno cada día) y se usar cada parte de mi cuerpo: llevar a mi hijo en brazos (que no quiere andar) y con la cadera empujar el cochecito (donde no quiere estar), con la mano escribir correos (porque no me queda otra)….
Mi nivel de concentración ha mejorado aún más desde que ha nacido mi segundo hijo, porque estoy constantemente estimulada por dos o tres personas a la vez (incluyendo mi marido). Aprovecho cada instante del día y de la noche, a partir del amanecer, mientras la gente todavía duerme, yo tiendo la ropa, plancho o arreglo la casa. Además porque mi ritmo biológico ha cambiado, así que si los niños milagrosamente no me llaman por la noche, yo me despierto igualmente y puntualmente para controlar si se han despertado.
Bueno el caso es que sé hacer más cosas que antes y soy más tolerante. (También desde que soy madre no he vuelto a despertarme con resaca, y todos sabemos lo horrible que se pasa).
Hay más, poco a poco he ido organizándome con hábitos, tareas, gestiones familia-trabajo, porque todo funciona como si fuera una cadena de montaje que si por alguna razón falla, se va todo al garete.
A ello debo mi obsesión con los horarios, con la rutina, incluso con el menú, porque cada cambio, aunque sea aparentemente insignificante, representa una amenaza a mi paz interior.

Ser madre es un pass en muchos aspectos si lo sabes aprovechar, en mi caso ha sido una oportunidad en el trabajo y me ha permitido conocer un abanico de personas que de otra forma estarían excluidas de mi agenda de contactos.
Ser madre es también una fatiga sin descanso, es respirar a hondo cuando a tu hijo le cogen las rabietas de repente, es no parar, es jugar cuando no te apetece, es ir al parque cuando te apetece dormir una siesta, es cuidar a otro ser en lugar que cuidarte a ti misma, es una conquista y una aventura.
A veces me gusta recordar lo que estoy haciendo.

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5 noviembre 2018

Lunes

Recuerdo los primeros días como papás, estábamos en casa de mis padres en Italia. Todo mi embarazo transcurrió lejos de José, que vivía en Madrid y vino durante el parto (justo a tiempo). Los recuerdo porque fueron raros, sobre todo llenos de dudas y porque tardé mi tiempo en aprender la organización de una casa con un bebé. Prepararnos para salir era el equivalente a preparar las maletas para un viaje a día de hoy.
Llegamos a discutir, José me decía que no era posible que tardara tanto, yo le intentaba explicar que todo era nuevo y que estaba aprendiendo, que seguramente mejoraría y que si me hubiera ayudado, probablemente hubiéramos tardado menos. Lo entendió rápidamente y a pesar de ser dos contra uno, seguimos tardando horas antes de salir. Con los meses los tiempos de preparación se hicieron cada vez más cortos, me convertí en una experta, no fallaba una y empezamos a reír pensando en las primeras semanas de la maternidad.
Han pasado casi cinco años y a pesar de ser una familia ya con rodaje, tardamos una eternidad para salir a la calle. Para ir al supermercado o a una fiesta de cumpleaños, da igual, siempre hay un pañal por cambiar en último momento y una lucha para elegir la ropa de Leonardo.
No me acuerdo de ser tan presumida a su edad, sin embargo Leonardo quiere elegir la ropa, que en la mayoría de los casos no coincide con mis gustos y es capaz de enfadarse mucho si no le hago caso. Puntualmente acabamos negociando y todo el proceso tarda un rato.
Los tiempos se extienden aun más si quiero arreglarme y me toca hacerlo bajo la presión de José que se desespera en la puerta de casa.
Le he explicado que no tiene ni idea de lo que puede llegar a tardar una mujer en arreglarse, yo para empezar no me maquillo ni me peino…. ¡¿Que más querrá?! Hay que tener paciencia con los hombres y aguantar las pequeñas incomprensiones, gracias a Dios no son importantes en nuestro caso.
Cuando estamos todos listos, Orlando ya ha perdido la paciencia y no quiere subirse al cochecito….
En fin, tengo la sensación de que a pesar de que tardamos mucho para prepararnos, cuando salimos es como si estuviéramos escapando de un incendio; con un zapato desatado, uno que corre detrás de Orlando para ponerle la chaqueta y Leonardo aprovechando nuestra distracción, mientras tanto se ha abierto las cremalleras de todas las prendas que lleva, desafiando al frio polar con su camiseta de Batman (que pensaba haber tirado, pero no, él la encontró), el cochecito lleno de bolsas y los restos de prendas que faltan por ponerse…. Mi pelo enredado y el corrector de ojeras puesto a medias en el ascensor.
Ahora os dejo con las fotos, para que tengáis el cuento completo.
Feliz comienzo de semana.


Mi parka y americana son de H&M, el mono y la capucha de pluma son de Cos, el cinturón de Marni, la cadena de Uterque, las botas de House of Holland y la riñonera de Merkal.


Leonardo lleva total look de tinycottons y zapatillas de tinycottons en colaboración con Puma.
Orlando lleva un abrigo antiguo de Leonardo, mono de tinycottons y zapatillas de tinycottons en colaboración con Puma.

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1 comentarioEnviado por: lcaldarola

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