Mamma Mía

30 marzo 2020

Resetear

Llevamos más o menos dos semanas de confinamiento. No recuerdo que día es, ni la fecha, solo sé que estamos a finales de Marzo y que se me ha hecho eterno.
Marzo (pazzerello), desde hace unos cuantos años, ha decidido ser el mes de las sorpresas, desafortunadamente la mayorías no son agradables.

En casa no estamos mal, de momento conseguimos tener el mínimo nivel de armonía para que no estalle la revolución. Desde que me levanto no “paro quieta”. Encima duermo mal. Las tareas de casa, las comidas, la demanda perpetua de los niños, sus tareas, el entretenimiento…. No me dejan más que un par de horas para mi, extirpadas al día con las uñas y con los dientes.
El contraste temporal que se ha creado durante esta grave crisis social, me está creando no pocos desafíos y algunos momentos de desesperación doméstica.

La reclusión es una situación antinatural para los seres vivos, aunque la nuestra ha de considerarse privilegiada, comparada con las prisiones, con las jaulas de los animales, con los bunquers…..
Aun así, no poder salir al aire libre, disfrutar de una libertad que dábamos por descontada, nos está costando un alto precio.
A la vez, la reclusión obligada con otras personas, a pesar de que sean miembros de nuestro núcleo familiar, resulta a ratos frustrante y agobiante. Para todos.
Cada uno está llamado a vivir su propia experiencia de confinamiento, algunos con la familia, otros con la pareja, con los amigos o solos. Unos positivo, otros no tanto. En cualquier caso y de cualquier manera, todos saldremos afectados.

El Confinamiento, como lo han bautizado en España.
Me hace pensar en una condición física y mental que obliga al ser humano a revisar sus herramientas y de refilón a los animales, la naturaleza, a la Tierra.
Una especie de mutación forzada, que solo veremos en su totalidad una vez que acabe.

Se ha roto el equilibrio riguroso que sostenía los hábitos y las prioridades se han desmoronado perdiendo el orden prioritario.
Estamos experimentando una nueva existencia en el mismo lugar. Por lo tanto no tiene sentido intentar mantener los antiguos patrones, hay que reiniciar.
Ser nuevos manteniendo nuestros bienes. Es lo que nos piden y es jodido.

En mi pasada existencia me ocupaba de mi familia y cuidaba de mi casi en la misma medida. Desde que ha empezado el Confinamiento, mi familia ocupa el 100% de mi tiempo, que ya no es mío, es un tiempo común, que compartimos.
Me siento una “mujer moderna” atrapada en un estilo de vida que no pertenece a mi tiempo y se me hace bastante extraño.
La verdad es que si pudiera elegir, jamás lo elegiría. No querría ser la mujer en la que me he convertido durante estos días. Sin embargo no tengo otra solución que aceptar el traje que me han pedido ponerme, esperando a que sirva para algo, para mi o para ellos.

En las dificultades descubrimos las cualidades más grandes que tenemos. Es cuando nos descubrimos profundamente y nos asombramos de nosotros mismos, de las habilidades que nos pertenecen y de los talentos que estaban escondidos detrás de las inseguridades.
Sin desafíos no hay victorias y los victoriosos llegan a la meta destrozados.
“No pain No glory” Sin sufrimiento no hay gloria.

Deseo dedicar este post a todas las mujeres que al igual que yo viven un balancín de emociones. Y algunos días…

Ven a su castillo convertirse en una prisión.
Desean que su príncipe azul vuelva a convertirse en sapo.
Tiran a todas las espadas para no usarlas en contra de sus hijos predilectos.
Buscan consuelo en la comida (o en el vino)
Se identifican cada vez más con las hermanastras de Cenicienta en lugar que ella misma. E incluso, acaban pareciéndose por la falta de cuidado personal.

Tengo la convicción de que somos las mujeres las que sujetan el mundo, como dice un proverbio africano “ Si las mujeres bajan los brazos, el cielo es cae”.


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26 marzo 2020

El confinamiento desde los ojos de un niño

Llevo muchos días en casa, no puedo ir al parque ni jugar a la pelota, no puedo correr por la calle con mi bici, ni aprender a usar el skateboard nuevo. No voy al cole, de vez en cuando veo a mis amigos a través del teléfono y también a los profesores. Sigo teniendo tareas que hago en mi casa.
Todo lo hacemos en casa, sin salir nunca.
He intentado convencer a mis padres para ir a dar un paseo, pero me han dicho que no se puede, que durante mucho tiempo tendremos que estar todos juntos en casa, hasta que no nos digan que se puede volver a la calle. Cuando el Coronavirus se haya ido.

No se exactamente que está pasando, aunque he intuido que es algo feo y que preocupa a todo el mundo. En la tele hay todo el rato noticias complicadas y veo en los teléfonos de mis papás imagines con gente vestida como los astronautas. Les escucho hablar entre ellos de muerte, de peligro, con una expresión a ratos preocupada, a ratos triste. Yo pregunto poco o nada, porque no quiero que se me pegue la misma tristeza y preocupación. A veces intento hacerme el gracioso para que se rían, otras veces simplemente hago cualquier cosa para que paren de hablar sobre esta cosa fea o discutir entre ellos. Pero la mayoría de las veces me callan o se enfadan conmigo.

Mis padres me piden cosas continuamente, que me porte bien, que coma toda la comida y da igual si me gusta o no, que juegue solo, que duerma la siesta y luego que me duerma pronto por la noche, que no llore, que haga las tareas, que ayude en casa y que no esté asustado.
Y dan por descontado que las cumpla, si no, se enfadan.
Yo no me enfado con ellos por enfadarse conmigo, pero me gustaría que fueran más comprensivos conmigo.

***

Después de agobiarme por las tareas a las que no les veo fin.
Después de enfadarme demasiadas veces en un día.
Después de llorar.
Después de desahogarme con mis padres por el estrés (que haría yo sin ellos).
Después de cambiar el humor incalculables veces.
Después de cocinar bizcochos y beber vino.

Decidí parar un momento para observar. Lo que pasa en mi casa.
Mis hijos estaban destrozando el sofá, una vez más, gritando, riendo y llorando a la vez, tirando cosas… Y entonces en lugar que echarles la típica bronca, sentí una gran pena para ellos.

Entre las preocupaciones, los deberes, los enfados, me había olvidado de que tengo a dos criaturas que si, me agotan la paciencia, pero están recluidas al igual que nosotros y probablemente ni entienden el por qué. Ellos simplemente padecen y tienen que hacer todo lo que les pedimos.

Como si no tuvieran el mismo derecho de aburrirse que nosotros.
El mismo derecho de enfadarse.
De sentir.
De gritar para desahogarse.
De llorar si están tristes.
De bailar y cantar si están felices.
De saltar y sacar la energía reprimida, el lenguaje reprimido, precisamente ellos que lo necesitan más que cualquier otro.

Un día serán mayores y tendrán esta carga en sus hombros, nosotros padres podemos hacer que sea más o menos pesada.

Estamos pasando por algo para lo que no estábamos mentalizados, nuestra vida ha sido literalmente derramada y aunque tenemos una innata capacidad de adaptación, hace falta un tiempo para organizarse. Todos tenemos días buenos y días malos, como es justo que sea. Las emociones no existen para que las reprimamos, no sería sano. Pero es nuestro deber intentar mantener la armonía dentro de nuestras casas, cada uno aportando su parte. Colaborando.
El día que finalmente hayamos encontrado el equilibrio dentro de este confinamiento, creo que será la hora de salir.

Creo que el parto es la experiencia más asombrosa de la vida de una mujer, y esto que estamos viviendo me recuerda a las dolorosas contracciones que preceden al nacimiento. Ojalá sea así.


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22 marzo 2020

¿Por que?

Algunos días siento que la esperanza toma el control de mi mente y de mi cuerpo, me inunda una sensación de amor primordial, de fe y compasión del ser humano y la necesidad de imaginar ese día que todos esperamos, el día del reencuentro, de los abrazos y de los besos, el día glorioso de la victoria. En estos días tengo energía, me siento positiva, veo el fin de esta pesadilla.

Algunos días, tal vez por las noticias, tal vez por el cansancio de no parar, siento la vulnerabilidad que me acompaña fiel y que me recuerda la fragilidad con la que estamos hechos. Es cuando la hipocondría prevalece sobre la lógica, cuando por la noche me cuesta dormir y me quedo enganchada al móvil en busca de alguien que me tranquilice (en la mayoría de los casos es mi papá). Estos días, si no comparto mi angustia, ella crece y se convierte en un monstruo. Me cuesta echarlo, aunque siempre amanece y él se va con la oscuridad.

Durante todos los días, los buenos y los malos, soy consciente de que estoy viviendo una guerra, una especie de guerra del futuro, incurrida en el presente. Una guerra contra un enemigo invisible y que no tiene un fin despiadado, que no quiere conquistar, más bien quiere liberar, por lo menos es lo que creo. Este enemigo no tiene objetivos económicos o intereses políticos, no mira al poder como fin. Es un enemigo silencioso, que no utiliza armas, que no lucha, pero nos castiga utilizándonos a nosotros mismo como medio. Nosotros somos nuestro propio enemigo, el egoísmo humano.
Cada uno de nosotros está involucrado en esta guerra y cada uno de nosotros es fundamental para combatirla y ganar con los medios necesarios: el respeto, la responsabilidad y el amor.

La conciencia se estratifica en diferentes niveles según el individuo y algunos estamos aprendiendo mucho de esta situación. Cada día una semilla se planta en nuestro interior: la paciencia, la generosidad, el sacrificio, el altruismo, la calma…. Y posiblemente, si no lo olvidaremos, florecerá una preciosa flor.
Esta horrible pandemia servirá para algo, para limpiar la Tierra, para que seamos mejores personas, para renacer…. Dicen. ¿Aun así como se puede explicar tanta muerte, como se puede ver el bien, rodeados del mal?
Ni idea. Por muchas noticias que nos transmitan, por cuantos poemas conmovedores nos lleguen a los chats, es absolutamente imposible conocer la razón de algo así, sin embargo no dudo en que la haya.

Hay días en los que siento un dolor cósmico pesar sobre mis hombros y lloro por él, por su lamento inquieto que me debilita. La verdad es que conozco esta sensación desde siempre, nunca tan fuerte como ahora, durante este drama mundial. Me he acostumbrado a acogerla, a pesar del daño que me hace y de la prepotencia con la que me quita la paz durante un rato. Luego vuelve a irse y recupero la serenidad.

Los sentimientos son como el vaivén de las olas. Ahora mojan la orilla, ahora se retiran. A veces son furiosas y se rompen estruendosas en las rocas, provocando miles de relucientes trocitos esparcidos en el aire, después vuelven al mar, englobadas en una aparente calma.


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18 marzo 2020

Aprender a escuchar a nuestra Guia Interior

En la tormenta que vivimos estos días, cada uno de nosotros tiene una tarea: cuidar de si mismo y de los demás. Nuestro rumbo no se pierde de vista, nunca antes como ahora tenemos que aprender a escuchar a nuestra Guia Interior.
Todos debemos tomar precauciones y seguir las indicaciones de la Sanidad, al mismo tiempo, tenemos que dejar a que nuestro timonel interior nos guie a través de distracción e imaginación.

Hace un par de días vi un video del profesor Raffaele Morelli, psicoterapeuta italiano, que explicaba la importancia de imaginar cosas positivas y que nos hace bien, para que las defensas inmunitarias no bajen. Ahora más que nunca, en una época tan difícil para todos, destaca el valor de la distracción, a través de la acción y la necesidad de saber acoger la inquietud dentro de nosotros.
Al ser un video no pude hacer una traducción literal, pero os traslado la esencia del asunto y un ejemplo de cómo relajarse cuando la angustia nos atrapa.

Empieza con una cita de Goethe: “Recuérdate de ti”. Para recordarnos que también en las tormentas de la vida, cada uno de nosotros tiene una tarea, cuidar de si mismo.
En situaciones como ésta, cuando pensamos que el contagio pueda coger el control, no puedo perder mi ruta pues la psicología de lo profundo se ha dado cuenta de que existe un centro dentro cada uno de nosotros. Lo ha llamado el “SI”, nuestra guía interior, y nunca como ahora hay que escucharla.

La cuarentena es una condición extrema, en la que probablemente hayan discusiones y problemas con quien estás compartiendo el mismo espacio (pareja, hijos, familia…) y todas las cosas en las que no se está de acuerdo, explotan. Las parejas bajo presión llegan a desear romper.
Es normal, confirma que por ello en los momentos difíciles NO SE TOMAN DECISIONES, NUNCA.
En los momentos de crisis hay que acordarse del timonel interior.
Yo no soy el que está a la merced del virus, yo soy el que tomas las precauciones y las medidas que me han indicado los sanitarios y el que sigue su ruta.
Aunque estamos en medio de una pandemia, es importante distraerse, imaginando y fantaseando con cosas bonitas, para estimular las zonas celebrales que producen hormonas y sustancias que nos curan.
Si vivimos un constante estado de angustia y miedo, si vemos al virus (en este caso) incumbir sobre nosotros y rumiamos continuamente sobre esta situación, debilitamos a las defensas inmunitarias.
Los niños han aprendido cuatro o cinco cosas: a limpiarse bien las manos, que no se pueden dar besos, que hay que estar lejos de las personas y luego vuelven a jugar. Cada uno de nosotros, saliendo del ámbito del miedo puede poner en marcha la imaginación. La distracción es un fármaco.

Tenemos una guia, un radar dentro de nosotros y que necesita la imaginación.
Es importante escuchar a los médicos, pero también a nuestra psique porque sabe lo que nosotros necesitamos. Porque un día el virus desaparecerá y no puede dejarnos secuelas, no tenemos que poner en discusión relaciones, entrar en crisis, dejar a que el miedo coja el control sobre nosotros. Tenemos que estar tranquilos, pararnos y dejar a que el malestar entre en nosotros.
Ejercicio (se puede hacer con/a los niños también):
Cerrar los ojos y dejar a que el ansia llegue, sin oponerse, con la actitud mental de acoger e intentar percibir en qué parte del cuerpo se difunde ese malestar, una vez localizada la parte, apoyar la mano derecha y decir: estoy aquí para acogerte y nada más. Poco a poco empezar a imaginar el olor de un perfume por el que se tiene una afinidad y una flor para la que se tiene una afinidad, y dejar que la imagen entre dentro de nosotros.
Es un ejercicio de 2 o 3 minutos. A los niños se les puede hacer imaginar un animal amigo.

¿Cuando nuestro “si” y nuestro subconsciente producen equilibrio y tranquilidad? Cuando estamos sumergidos en acciones, también funciona recurrir a los recuerdos de momentos que nos han hecho sentir bien.
Hay que hacer cosas, mantenerse empeñados, coger los rayos del sol (desde la ventana) porque es un potente antidepresivo.

Y esperar a que nuestro Sí, se ocupe de nosotros, que nos traiga paz, la que necesitamos en estos momentos.
En el mar revuelto podemos dejarnos arrollar por las emociones, pero también podemos mirarlas desde lejos. Yo no soy solo el que tiene miedo, soy también la persona que acaricia a su hijo, que escribe, que se prueba vestidos, que desea a alguien que no está cerca en este momento… Haced cosas para olvidar el miedo al virus. Distraerse y olvidarse del virus significa andar en esas zonas del celebro que secretan esas sustancias que producen buen humor y tranquilidad.
Los grandes sabios de la antigüedad decían que también en las inquietudes más grandes, hay un punto de ti que no está involucrado.


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13 marzo 2020

Era el 11 de marzo del 2020

Hace unos días compartí una reflexión de una psicologa italiana, preciosa y que os gustó mucho. Al ser por stories algunos de vosotros no habeís tenido tiempo de veerla, así que os la dejo por aquí, junto a un poema escrito para los italianos y que he traducido adaptándolo un poco.

Ánimo a todos y quedaros en casa 🙂

Creo que el cosmos tiene su propia manera de equilibrar las cosas y sus leyes, cuando se alteran.
“El momento que vivimos, lleno de anomalías y paradojas, hace que uno piense… En un momento en que el cambio climático causado por los desastres ambientales ha alcanzado niveles preocupantes, China primero y muchos países después se ven obligados a congelarse; la economía se derrumba, pero la contaminación disminuye considerablemente. El aire mejora; usas la máscara, pero respiras… En un momento histórico en el que se están reactivando en todo el mundo ciertas ideologías y políticas discriminatorias, con fuertes referencias a un pasado mezquino, llega un virus que nos hace experimentar que, en un instante, podemos convertirnos en los discriminados, en los segregados, en los atascados en la frontera, en los portadores de enfermedades. Incluso si no somos culpables. Aunque seamos blancos, occidentales y viajemos en clase ejecutiva. En una sociedad basada en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día detrás de lo desconocido, sin sábados ni domingos, sin más rojos en el calendario, de un momento a otro, viene la parada. Detente, en casa, días y días. Contar con un tiempo cuyo valor hemos perdido, si no es medible en compensación, en dinero. ¿Todavía sabemos qué hacer con él? En una fase en la que el crecimiento de los hijos se delega, por necesidad, a menudo en otras figuras e instituciones, el virus cierra las escuelas y les obliga a encontrar soluciones alternativas, a volver a poner a las madres y a los padres junto a sus hijos. Nos obliga a empezar una nueva familia. En una dimensión en la que las relaciones, la comunicación, el socializar se juegan principalmente en el “no-espacio” de la red social virtual, dándonos la ilusión de cercanía, el virus nos quita la cercanía real, la cercanía real: sin tocar, sin besar, sin abrazar, a distancia, en el frío del no-contacto. ¿Cuánto hemos dado por sentado estos gestos y su significado? En una fase social en la que pensar en el propio jardín se ha convertido en la regla, el virus nos envía un claro mensaje: la única salida es la reciprocidad, el sentido de pertenencia, la comunidad, el sentimiento de ser parte de algo más grande que cuidar y que puede cuidar de nosotros. La responsabilidad compartida, el sentimiento de que el destino no sólo de ti, sino de todos los que te rodean depende de tus acciones. Y que dependes de ellos. Así que si dejamos de hacer cacerías de brujas, preguntándonos de quién es la culpa o por qué ha pasado todo esto, pero preguntándonos qué podemos aprender de esto, creo que todos tenemos mucho que pensar y a lo que comprometernos. Porque con el cosmos y sus leyes, obviamente, tenemos una deuda de gratitud. El virus nos lo está explicando, a un gran costo”. (Cit. F. Morelli)

*****

Era el 11 de Marzo del 2020, las calles estaban vacías, las tiendas cerradas, la gente ya no salía.
Pero la primavera no sabía nada.
Y las flores seguían floreciendo.
Y el sol brillaba.
Y volvían las golondrinas
Y el cielo se coloreaba de rosa y azul.
La mañana se amasaba el pan y se horneaban las rosquillas.
Oscurecía siempre más tarde y por la mañana, las luces entraban pronto por las ventanas entreabiertas.
Era el 11 de Marzo del 2020 y la juventud estudiaba conectados a G suite
Y por la tarde la imperdible cita a y treinta y siete.
Fue el año en el que se podía salir solo para hacer la compra.
Luego cerraron todo
También las oficinas
El ejercito empezaba a presidiar las salidas y los confines
Porque no había más sitio para todos en los hospitales
Y la gente se enfermaba
Pero la primavera no lo sabía y las gemas seguían saliendo
Era el 11 de Marzo del 2020 todos obligados a la cuarentena forzada
Los abuelos, las familias y también los jóvenes
Entonces el miedo se hizo real
Y los días parecían todos iguales
Pero la primavera no lo sabía y las rosas volvían a florecer
Se descubrió el placer de comer todos juntos
De escribir dejando libre la imaginación
De leer volando con la fantasía
Hubo quien aprendió un nuevo idioma
Quien se puso a estudiar y quien retomó el ultimo examen que le faltaba para la tesis.
Quien aprendió a amar realmente separado de la vida
Quien paró de hacer tratos con la ignorancia
Quien cerró la oficina y abrió un restaurante con solo ocho cubiertos
Quien dejó a su novia para gritar al mundo el amor por su mejor amigo
Hubo quien se convirtió en medico para ayudar a cualquiera que necesitase el día de mañana
Fue el año en el que se entendió la importancia de la salud y de los afectos verdaderos
El año en el que el mundo pareció pararse
Y la economía caer en picado
Pero la primavera no lo sabía y las flores dejaron el sitio a los frutos
Y luego llegó el día de la liberación
Estábamos delante de la tele y el primer ministro comunicó a redes unificadas que la emergencia se había terminado.
Y que el virus había perdido
Que los españoles todos juntos habían ganado
Y entonces salimos en la calle
Con las lagrimas en los ojos
Sin mascarillas ni guantes
Abrazando a nuestro vecino
Como si fuera nuestro hermano
Y fue entonces cuando llegó el verano
Porque la primavera no lo sabía
Y había seguido estando ahí
A pesar de todo
A pesar del virus
A pesar del miedo
A pesar de la muerte
Porque la primavera no lo sabía
Y enseñó a todos
La fuerza de la vida.


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9 marzo 2020

La vida es un derecho de todos, seamos conscientes.

Iba a escribir un post dedicado las mujeres, pero finalmente prefiero dejarlo para otro día. Hoy estoy un poco más aprensiva que ayer, no es por miedo, me preocupa la negligencia humana y la incapacidad de pensar en el bien común. Os cuento el porqué.
Estoy viviendo un contraste bastante surreal, por un lado, mi país, Italia, donde la situación ha salido a la luz del sol y por otro, la mayoría del resto del mundo, que hace como si (casi) nada estuviera pasando nada.
Desafortunadamente los medios retransmiten las noticias de manera enfática, diseminando el pánico, por otro lado me atrevo a decir que hay gobiernos que ocultan, por razones que desconozco, pero apostaría a que son económicas, la expansión del covid-19.

El mundo está atravesando un periodo critico, puede que algunos países estén más afectados que otros, pero la emergencia es mundial.
Porque todos juntos somos el Mundo, mujeres y hombres, animales y vegetales. Con características diferentes que nos clasifican dentro de una especie, con necesidades propias, pero inevitablemente necesarios los unos para los otros.
Sin embargo, como italiana, he podido sentir la marginación y ver la ridiculización, he podido vivir de cerca la negligencia humana cuando se pedía cuidado y respetar ciertas medidas de precaución. El resultado es que nos dividimos siempre más en lugar que unirnos y apoyarnos.

Este grave momento en el que nos encontramos viviendo, es una prueba para toda la humanidad, estoy segura de que lo superaremos, pero para ello es necesario amarnos y respetarnos un poco más, ser menos egoístas y estar dispuestos a sacrificar nuestras necesidades por el bien de otros. Es lo que el Mundo necesita y nos pide.

Para que todo funcione necesitamos estar juntos, para que no nos extingamos tenemos que cuidar el uno del otro recíprocamente. Para que el equilibrio que sostiene la vida terrestre no ceda, tenemos que trabajar juntos, todas las especies y cada uno de nosotros. Para que seamos felices necesitamos estar en armonía juntos. Para superar las grandes pruebas hace falta que luchemos todos juntos. La vida es un derecho de todos, seamos conscientes.
Que nada nos separe.


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3 marzo 2020

Un grande amor

Al principio es un amor platónico, cuyas garras no te dejan libre para pensar en otra cosa. Cuya búsqueda de percibirlo dentro de ti continuamente, te devora y las ganas te inundan. Sentir su presencia sin poderla desvelar, acostumbrarte a imaginarla y mientras tanto cuidarla, como la única flor de un jardín áspero.

Soñar con los ojos abiertos miles y miles de veces al día, el momento en el que os encontrareis. A ratos sentir miedo de que algo se interponga y se lo lleve. A tu amor.
La espera de vuestro encuentro no hace más que levitar este sentimiento tan dulce como impetuoso. Se parece a un animal salvaje, que brinca alegre y corre libre en la embriaguez de la euforia y a ratos se proteje dentro de una guarida.

Si no fuera porque vuestro amor está sellado de por la vida, elegido por el universo invisible y destinado a durar eternamente, estarías devorada por dudas y miedos, mientras te preparas para encontrarle.
Tu conciencia te avisa de que os tocará luchar para estar juntos. El amor no es fácil, es para los valientes. Lo comprenderás pronto.

Cuando vuestras pieles se rozan por primera vez, perfecto e imperfecto se funden originando a la verdad y en lugar de comprender la creación, te sientes descaradamente participe de ella, de su inmensidad, de su extrema belleza.
Entiendes el significado de la expresión “dar a luz”, pues dar es lo que harás a partir de ese momento, sin remordimientos y con generosidad.

Con los hijos tiene lugar la historia de amor más grande y duradera de nuestra vida.
Supera la suma de todos los amores, coleccionados precedentemente y futuros.
Eleva el alma a un nivel superior, purifica a través de los sacrificios, pone a prueba constantemente, agota, machaca.
Desespera y preocupa como nunca ha pasado antes.
Es la única historia de amor donde el amor es original, sin torceduras, sin trampas, sin dudas, sin egocentrismo ni egoísmo.
Es cuando somos capaces de dar sin esperar algo a cambio y aceptamos sin desear o intentar cambiar cualquier cosa.
Es la única historia de amor donde amamos con alma, cuerpo y corazón.
Es el único caso en el que “Tú” derrota al que pensabas invencible “yo”.


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25 febrero 2020

Porque las expectativas son malas

En el 2012 enviaba a mi novio una reflexión:

Las expectativas presuponen que te esperas algo o que algo vaya en una determinada manera. En cualquier caso “te encuentras esperando”. Y la espera es excitante a veces, pero también penosa. La espera es la negación de la acción. Es trabajar en el pasado.
Las expectativas sacrifican el tiempo, canalizan las energías en algo que ya está perdido. Son arrítmicas.

Independientemente de lo abstracto que fuese el concepto, lo que me resulta curioso es que ya estaba rallada con este tipo de cosas hahah.

Ergo,

si hay algo más molesto que la decepción, es la incapacidad de ciertas personas de atenerse a lo que ofrece la realidad, sin previamente idealizarla.
Porque jamás coinciden ambas cosas.
Las idealizaciones son una peligrosa distorsión de la realidad, la euforia de la embriaguez que precede a la resaca. Pero aun conociendo el malestar durante la resaca, resulta difícil no emborracharse.
Parece que los seres humanos tenemos la feroz necesidad de creer en el “es mejor”, cosiendo y entrelazando parches de mejoras a personas, cosas, hechos… Y aportarle así un valor significativo para nosotros.

Desafortunadamente la cuenta siempre llega a la mesa, los sueños bonitos se acaban al despertar y la verdad sale a la luz.

Por lo tanto, las relaciones idealizadas, tanto como las que se fundan sobre reciprocas expectativas, probablemente no tienen futuro, o se quedan atrapadas en una jaula de frustración penosa.

Todas las veces que he idealizado a una persona o una situación me he decepcionado y como consecuencia he sufrido. Después de repetir el mismo error varias veces, he entendido que la idealización viene de una necesidad y es mejor empeñar los esfuerzos en cubrir dicha necesidad en lugar de distorsionar las cosas.

Casi siempre me he focalizado en lo que los otros me ofrecían, sin embargo ahora encuentro más satisfactorio dar, sin esperar, ni planificar, Esforzarme en mejorar y conseguir la madurez necesaria para aceptar que las cosas no siempre van como nos gustaría, que el amor no siempre es reciproco y que los hijos un día te dejarán.


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17 febrero 2020

Cosas que no he vuelto a hacer con mi segundo hijo.

Cada mujer lleva la maternidad a su manera: intensa, dramática, pasota, preocupada, agobiada, enfadada, feliz, tranquila…. Mi “primera vez” fue un mix de todas ellas. Me sentí haber englobado a cien mujeres diferentes en mi frágil cuerpo.

Fue una experiencia abrumadora, con picos de agotamiento alternados con una sensación de amor cósmico. Volvería a hacerlo desde el principio, de hecho lo hice. Tuve a mi segundo hijo y fue otra historia.

Empezando por el embarazo, diferente del primero, siguiendo con el parto, diferente del primero y lo que sentí al ver su cara por primera vez, fue diferente también.

La primera vez ciertamente es la más original, pues es la primera, todo es una incógnita acompañada por nervios y curiosidad. Por otro lado la experiencia que te llevas con la segunda- tercera- cuarta….. maternidad, es de gran ayuda y muchas cosas que he hecho como madre primeriza, no he vuelto a hacerlas cuando he tenido el segundo.

Poe ejemplo:

El exceso de cuidado.
El momento del baño no tenía nada a que envidiar a una spa, quizás a veces he pasado de las velas, pero la temperatura de la habitación, los productos, las toallas bordadas con su nombre (alguien te las va a regalar seguro) y el masaje post baño nunca han faltado.
Es más, yo siempre le he calentado la ropa antes de ponérsela.

El segundo hijo me ha concienciado con el tema del desgasto de agua. En lugar que largos baños, hay duchas rápidas con la promesa de que luego le dejaré ver unos dibujos.

A propósito de los dibujos, va otro punto.

Los dibujos enemigos/amigos.
La televisión no es buena, pero tampoco es taaan mala.
Antes tenía mochilas llenas de juguetes de uso exclusivo de las comidas fuera de casa, para entretener a Leonardo en los restaurantes. Salía agotada y hambrienta casi siempre.
Con el segundo hice la paz con you tuve. Además dos mochilas sería cargar demasiado.
La televisión se ha convertido en un aliado. ¡Ver la tele responsablemente!

Las comidas eternas.
Es posible (aunque no estoy segura), de que no tenía nada más importante que hacer, porque cada día dedicaba “el tiempo necesario” para que Leonardo acabara toda la comida: primer plato, segundo plato y postre.
Con la llegada de Orlando, descubrí el plato único, una maravillosa y practica invención de alguna madre sabia, que consiste en una receta que tuviera primero y segundo juntos.

La ropa.
Tengo la suerte de que me regalan muchas prendas para los niños, aun así con mi primer hijo me pasaba un buen rato en las tiendas mirando todas las prendas que le quedarían genial (incluso miraba las de niña). Tenía la sensación de que necesitaba algo que no tenia (no es cierto) y se la compraba.
¡Los hermanos heredan un patrimonio!

Exceso de vigilancia.
Hablo de no quitarle los ojos de encima, ni dándole la espalda. Incluso en tu propia casa. Me lo llevaba al baño, a la cocina, al vestuario, aunque fuera por pocos segundos. El “por si acaso” me quitó un poco de sentido común.
La cautela sin agobio la he aprendido con el tiempo.

Miedo a que se haga daño.
Recuerdo perfectamente las carreras que me pegaba cada vez que Leonardo se iba a caer o tropezar, había desarrollado un nivel de vigilancia que me permitía averiguar la caída antes de que pasara y salvarle de lastimarse las rodillas.
Orlando es un teremoto y si no hubiera cambiado mi aprensión, estaría desquiciada o lista para una competición de triatlón.

Hipocondría.
Sigo trabajando en ello, me harían falta otros tres hijos para superarla jajaj.

Organización.
Las primeras discusiones de pareja se basaron en este tema. Teníamos un plan y nunca lográbamos salir puntuales de casa, siempre había algo que olvidaba o un imprevisto de último minuto.
Primero aprendí a ser una persona impuntual y luego a prever los imprevistos antes de que sucedieran, a hacer las cosas bien y con desenvoltura.

La lista podría seguir…. Nunca se termina de aprender.

Si os apetece, añadir algunas anécdota más ☺

Buena semana.


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13 febrero 2020

Cuando el corazón se va de paseo

Después de malas elecciones, de lagrimas a cantaros, de carreras sobre tacones para huir de alguien, de excusas, de llamadas desconsoladas a mis hermanas, de copas de más, de mentiras, de cigarros de consuelo con las amigas, de maquillajes estropeados por amor….

Me cuestioné si el “corazón” puede cambiarse de sitio, vagabundear por nuestro interior según las necesidades o según sus ganas. La respuesta que me di fue afirmativa.

Si no tomar decisiones sería más fácil.
Si no saber lo que queremos sería más obvio.

Si el corazón no fuese tan novelero, estaría mejor protegido de las intemperies de los sentimientos y tal vez se pondría menos enfermo y menos frecuentemente.
Me dijeron: “sigue a tu corazón y no te equivocaras”, sin embargo, me he equivocado muchas veces y creo que coincidió justo cuando no estaba en su sitio.

Al corazón le gusta viajar, pero siempre visita los dos mismos lugares: el cerebro y la vagina. Y en ambos casos se crea un lío. Lo importate es ayudarle a volver, para que no se pierda.

Mi corazón personalmente tiene la tendencia a bajar más que a subir. Creo que por ello me he enamorado muchas veces en mi vida, aunque no han sido todos amores profundos y duradero. Algunos se han consumado en una sola mirada o en un roce inesperado dentro del tren. Los que han sido intensos y más duraderos han pasado por fases en las que mi corazón estuvo yéndose y regresando, y mis humores con él. Y mis sentimientos con él.
Siempre mereció la pena, casi siempre salí perjudicada y vulnerable.
Cuando el corazón baja, el ardor devora cualquier lógica y conjeturas y te lleva más allá de la línea roja, la que te han enseñado que no se debe cruzar.

Menos veces mi corazón subió al cerebro, creando un estado de contradicción tal, capaz de confundirme a mí misma y no saber “el qué y el cómo hacerlo”. En cada una de aquellas veces perdí la coherencia y la capacidad de sentirme a la altura de la situación. Creí poder manipular los sentimientos y engañar a las emociones y siempre fui derrotada.

El corazón hace lo que le da la gana, así que si decides seguirlo (lo recomiendo), hay que saber que eso no garantiza tranquilidad ni ser invencible, ni que de esta manera estarás a salvo.
El corazón viaja por el cuerpo, baja y sube continuamente, sin avisarte, sin darte explicaciones. Viajar con él es de valientes y al fin y al cabo, si te equivocas, por lo menos puedes agradecerte haberlo hecho con el corazón.

Dedicado a las mujeres que se lían solas (yo incluida), con ironía y con mi palabra de que “todo va a salir bien” y si así no fuera “todo pasa”. Sin los días malos no existirían los días buenos, sin los errores no existiría el crecimiento.


4 ComentariosEnviado por: lcaldarola

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