Mamma Mía

16 agosto 2019

El primer hijo

El primer hijo es como el primer amor, nunca se olvida. Aunque los que vienen después no son menos importantes, menos excitantes o menos dignos de mención.

El primer amor es la primera vez por antonomasia, cuando caminas de puntillas en la incertidumbre, equiparada de un coraje inconsciente y la curiosidad por descubrir “qué es”. Una “búsqueda del tesoro” con el premio anhelado más que cualquier otro.

La primera vez es la conquista de una nueva meta, la bandera clavada en una tierra desconocida, el salto al vacío, la risa interior que te hace sonreír cada vez que piensas en ella, la primera vez.

La primera vez en la que te transformas físicamente para acoger a tu gran amor. Día tras día y durante meses, construyes las piezas de un nido seguro y cálido, sacrificando tu “belleza”, sobreponiéndote a un esfuerzo que dejará su huella en el mapa de tu cuerpo y que, como los tatuajes de los enamorados, cada vez que las mires te recordarán a tu amor.

El primer hijo es la versión mejorada de las mariposas en el estomago cuando esperas a tu cita. Son burbujas que se mueven dentro de tu tripa y te dan ganas de acariciarte el vientre, segura que la caricia llegará a tu amor. Por la noche te hace cosquillas, a medida que pasan los meses te despiertan y te quedas fantaseando sobre su aspecto.
Cada día que pasa es diferente del otro a pesar de la semejanza, porque sabes que no durará eternamente y tus sentidos están más vulnerables que nunca.

La espera antes del encuentro es como la orilla, donde el mar besa la arena, a ratos la devora, a ratos a penas la roza.

El primer hijo reúne todos los sentimientos. Es una sopa de contradicciones que te deja exhausta físicamente y mentalmente, es el descubrimiento de un amor creciente cuando crees que se va a estallar, es la superación de ti misma.

Es cuando aprendes a ser madre.
Y lloras las lagrimas de otro.
Y no te cansa de contemplarle.
Y antes de ojos y orejas, sientes y ves con el corazón.
Y te sientes desbordar de emociones, más viva que nunca.

Con cada hijo que tengas sentirás lo mismo, sin embargo la primera vez habrá escavado y luego aplanado el camino, será la línea que te guía, el almacén de sabiduría donde acceder las sucesivas veces. El capitulo de tu vida que se llamará mamá.

 

 


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12 agosto 2019

Cerdeña 2019

Son casi las ocho de la mañana, debería ponerme a hacer mis ejercicios, como he hecho durante dos semanas cada día a las siete en punto, en el pórtico de nuestra casa en la costa sureste de Cerdeña, pero llevo unos días parada y creo que me voy a tomar un descanso largo hasta la vuelta a Madrid y su rutina, a finales de mes. La fuerza de voluntad ya no es la misma que antes y sobre todo el tiempo libre de los niños es un puñado de minutos que tengo que aprovechar. Esta mañana cuando el despertador me ha dado los buenos días, he cogido el móvil y he empezado a escribir el próximo post.

Es nuestra tercera y última semana en Cerdeña, el viernes es nuestro último día y como me enseñaron a hacer de pequeña, le daremos las gracias al mar por habernos bañado, a la arena por habernos permitido hacer castillos, a la naturaleza por habernos acogido. Después nos iremos en un avión directos a Madrid. Una parada de un par de días antes de proseguir nuestras vacaciones en Tenerife.
Más que nunca, durante las vacaciones noto el tiempo dejado a mi espalda, será por el recuerdo de las vacaciones con mis amigos que me baña la mente mientras miro a un grupo de chicos montar la red de Beach volley. Hace años era yo la chica que iba con el traje de baño blanco y el pelo brillante y despeinado al viento. Sonrío. Quién hubiera imaginado como mi vida evolucionaría tanto, como los días en la playa se convertirían en un momento tan diferente del de entonces.

Cerdeña es un lugar ideal también para ir con la familia, las playas son fácilmente accesibles, el mar es cristalino y poco frío. Leonardo y Orlando no salen del agua y en los días con olas les he visto reírse como nunca.
Desde que soy madre, mis vacaciones son un reencuentro con mi familia nativa y con la vida de playa, y nos asalvajamos lo necesario para desintoxicarnos de la cuidad y volver a extrañarla.
Ahora las mismas ganas que tengo de irme son las que tengo de volver.
Antes no era así, sufría la vuelta a la “realidad” y recuerdo que mi mamá me decía: “si no terminan las vacaciones no llegarán las próximas”.
En mis recuerdos las vacaciones tienen un lugar especial, ojalá suceda lo mismo para mis hijos.


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1 agosto 2019

He conocido a alguien ( 3 y última parte)

La mañana está nublada, abro las ventanas y me dejo acariciar por la brisa matutina que sopla suavemente sobre mi piel. He soñado con Ricardo… me lo podía esperar.
Paso de mirar el móvil porque la mañana es el momento más caótico del día, tengo menos de una hora para vestir a los niños (normalmente Leonardo se viste solo, pero por la mañana está algo vago), vestirme yo, preparar el desayuno, las mochilas y salir de casa disparados. Parece que hay tiempo de sobra y lo sería si no fuera porque cada día tenemos un imprevisto o una rabieta con la que lidiar.
Desde que he abierto un ojo, he hecho todas las tareas mecánicamente, sin concentrarme en lo que hacía, no puedo parar de pensar en el mensaje de anoche, la mujer disfrazada de bruja…. ¿A que se refiere?
Los niños van chisporroteando cosas pero no les hago mucho caso, corto cualquier tipo de conversación con un “vale cariño”.
Orlando es el primero que dejo, me despido con un abrazo fuerte, Leonardo hace lo mismo.
“Adiós mamá, adiós Leolalo” nos saluda.
Dejo a Leonardo en la puerta de metal abierta y le sigo con la mirada mientras cruza el patío rodeado de vegetación y llega a la puerta del polideportivo. Parece tan pequeño, se me abre una brecha en el corazón. Ha crecido rápido y al lado de su hermano parece más mayor, sin embargo cuando está solo, con su mochila de mayor, siento que todavía es mi pequeño.
Recojo un paquete en el portal y subo a casa, es mi momento para desayunar, me preparo el segundo café y una tostada integral de mantequilla y mermelada de fresas. Necesito ponerme al día con mis cosas: mails, mensajes, redes sociales, ayer etuve distraída y se me pasó. Me esfuerzo por hacerlo antes de mirar el móvil de Julia. Tardo un par de horas, en las cuales he recurrido a un tercer café. Me decepciona un montón ver que no hay nuevos mensajes y que la carga ya está por la mitad….
“Se va a apagar el móvil sin que haya resuelto el misterio y sin que haya encontrado a Julia”. José me diría que como siempre soy pesimista, creo que tiene razón, pero la cosa no pinta bien, en un día nadie ha llamado, ni siquiera Ricardo, que es el único que escribe por aquí. 
Justo ahora llega un mensaje.

Ricardo: Te vi disparada con la moto debajo de mi casa, estabas con Camilla, agarrada fuerte a tu cintura ¿Sabes que no puede llevarla en esa categoría de moto verdad? (emoticono con mono que se cubre los ojos)

Ricardo: Veo que lees los mensajes pero no contestas a ninguno, no sé qué pensar, a ratos creo que Carlos ha descubierto el móvil y está leyendo todos los mensajes, pero si así fuera me hubieras avisado para no escribirte más. ¿No?

Ricardo: Hola Carlos ¿eres tu?

¡¡ Entonces Julia tiene una Cami y un Carlos…. Y un Ricardo… !!

Ricardo: Julia contestame, dime que eres tú, solo eso.

¿¿¿Por que no llama??? Es lo que no entiendo…
Necesitaría otro café, pero opto por una elección más sana y me exprimo dos naranjas.

Durante el resto de la mañana no llegan más mensajes. Sigo trabajando en mis cosas, aunque me cuesta concentrarme, mi mente está organizando varías opciones de la relación entre Julia y Ricardo. Me gustaría ver como es Julia.
Empiezo a buscar por internet si hay alguna forma de desbloquear un móvil con pin…. Me parece todo complicado, no está a mi “alcance informático”… Se me ocurre escribir a un amigo que probablemente me puede iluminar. Tengo como máximo un día más antes de que se apague el teléfono y diga adiós.

Mi amigo me contesta y me dice que debería verlo, porque si hay ”cierta” cosa se puede si no, no…. Para mi es como escuchar a un chino… Me dice de acercarme por la tarde a su casa.
Por la tarde estoy con los niños y mi amigo vive lejos del centro, no se si vale la pena, para que… ¡por mera curiosidad!
Le contesto que lo voy viendo sobre la marcha.

Por la tarde recibo otro mensaje de Ricardo: Creo que deberíamos vernos, esta relación con tu móvil no me está gustando y la otra noche ha sido todo muy raro.

Estoy de acuerdo con él, creo que Julia le debe una explicación. Julia misteriosa que pierde el teléfono y no lo busca, deja a su amante que se desespere sin ella y cree en las brujas….
Las brujas no existen, pero tiene pinta de que Julia cree bastante en el destino o así me huele a mi porque yo también soy de este “rango” y creo que si no busca el móvil después de un día de haberlo perdido, es porque no quiere encontrarlo.
Qué será lo que le ha dicho esa bruja….

Ricardo: ¿Mañana podemos vernos en el parque del oeste, en la entrada de Moncloa a las 19.30? Te estaré esperando hasta las 20.00 si no has llegado me iré y ya no te buscaré más. Me puedes avisar si prefieres otro plan, mi numero lo tienes.

De repente me doy cuenta de que es cierto, Julia tiene otro teléfono y conoce el numero de Ricardo, si no se ha puesto en contacto con él es porque no quiere. Y Ricardo solo tiene este numero. Todo se me aclara: Julia quiere romper con Ricardo, o ha roto, sin embargo él no lo acepta.
No sé qué hacer. Tengo dos posibles opciones: la primera es ir mañana en lugar de Julia y contarle a Ricardo que Julia ha perdido el móvil, la segunda opción es olvidarme del asunto y dejar que el destino elija. Es cierto que el destino me ha hecho encontrar el móvil, así que me considero un medio con el que está actuando. La elección está en mis manos. Tengo un día por pensarlo.
La tarde se hace muy densa y no me da tiempo de ir hasta la casa de mi amigo. Da igual, no tengo derecho a ser tan cotilla. Durante la noche el móvil se apaga en su soledad.
Me siento como cuando terminas un libro que te gusta mucho…. Necesito olvidar a Julia y Ricardo, a menos que opte por ir a la cita de la tarde.
Durante el día me cuesta concentrarme en mis cosas, escribo y tiro cuatro hojas con pros y contras de aparecer en la cita, pero no me sirve. Me quedo dudando y cambiando de idea miles de veces hasta las 19.00h cuando tomo una decisión.
Cambio mi look de deporte por unos shorts vaqueros y una camiseta blanca y salgo de casa. Cuando llego al destino aparco y me quedo esperando dentro del coche, he llegado cinco minutos antes de la hora indicada. Me gustaría tener a alguien con quien hablar para engañar la espera, estoy inesperadamente nerviosa. Ricardo llega puntual como un reloj suizo, lo reconozco por la foto. Cumple con mis expectativas, es muy atractivo, lleva unas bermudas con camiseta y sandalias. Siempre me han gustado los chicos con sandalias. Se sienta en un banco con los brazos largos apoyados en las rodillas y la espalda ligeramente encorvada, típica postura de “ los altos”, mira el móvil y luego vuelve a levantar la mirada en busca de Julia. Sin embargo me ve a mi. Estoy de pie al lado de mi coche, no me he acercado a él todavía y no me esperaba que su mirada me captara de lejos. En lugar de aprovechar la señal para ir a hablarle, disimulo cogiendo mi móvil y haciendo como si recibo una llamada.
Ricardo vuelve a su postura anterior, su belleza vigorosa se hace más dulce con el paso de los minutos, percibo la tristeza de un amor perdido en su cara cada vez que la levanta en busca de Julia. Pero ella no llega, Julia ha decidido dejar su historia de amor al borde de una acera, junto a su móvil. Tal vez ha decidido creer en una bruja como escribió Ricardo en un mensaje, esto nunca lo descubrirá Ricardo, porque a partir de las 20.00 h él también pondrá la palabra fin en su historia. Todo se quedará en un recuerdo romántico y único, y eso nadie se lo quitará.
Se me ponen los ojos llorosos, no hubiera imaginado sentirme tan cerca de un desconocido y percibir su dolor ahora mismo, con solo mirarle. Pongo en marcha el coche y vuelvo a casa. Desde el espejo retrovisor veo la silueta de Ricardo hacerse pequeña hasta desaparecer de mi perspectiva. Tal vez un día te encontraré en otra circunstancia y me contarás de una chica llamada Julia que desapareció de tu vida sin decirte nada.
Doy una vuelta más larga, hay gente que está corriendo en el centro polideportivo. Salgo del coche que he dejado tirado al lado de la carretera y pongo el móvil de Julia donde lo encontré. Es un móvil apagado, no he podido devolvérselo a su dueña, a lo mejor vendrá ella a buscarlo. Sonrió mientras aparco en el garaje.
Los niños me están esperando para cenar. Hoy pasta!


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25 julio 2019

He conocido a alguien (segunda parte)

Salimos de casa con un poco de retraso, el móvil que hemos encontrado sigue en mi bolso, sin llamadas perdida.
Con las prisas, el calor pierde cada aspecto poético y se queda en la insoportable falta de aire, de la cual nuestro cuerpo se defiende sudando a lo loco. Si hubiera un solo hilo de aire, se llevaría mi sudor, dejándome más presentable, mientras que parece estar en una sauna al aire libre y aunque me pase la mano sobre la frente, siguen formándose gotas de agua salada por toda mi piel. Leonardo, que brinca a mi lado como una ágil gacela, parece llevarlo mejor. Cuando Orlando nos ve, se pone a chillar de felicidad, luego me dice “brazos” y empieza a treparme hasta colocarse cómodamente entre mis brazos.
Nuestro plan es volver a casa lo más rápido posible y refugiarnos del calor irresponsable. Percibo una vibración en el bolso, acompañada por un sonido desconocido, no es una llamada entrante porque dura un segundo, pero estoy segura de que es ese móvil. Con Orlando en brazos no puedo cogerlo, decido esperar a llegar a casa y mirar.

Ricardo: Han pasado pocas horas desde que te has ido y me parece una eternidad.

Sonrió leyendo el mensaje, supongo que será su novio. No debería leer los mensaje, es violación de la privacidad me reprocho.
El teléfono vuelve a sonar.

Ricardo: No voy a soportar no volver a verte Julia.

Entiendo que el dueño del móvil es una chica de nombre Julia y que ha roto con su novio o se ha ido de vacaciones.
¿Y si ha perdido el móvil justo antes de montarse en un taxi con dirección al aeropuerto? Nunca va a leer los mensajes de Ricardo….
¡Que mala suerte! Ojalá que llame….. llamará.

El aire acondicionado nos da un poco de respiro, no me gusta tenerlo encendido, pero desde la ventana entran bofetadas de calor que queman a distancia, es todavía pronto para salir a la calle.
“¿Os apetece un helado?”
Pregunto a los niños, sabiendo ya cual será la respuesta. Pero el hecho de preguntárselo lo hace parecer como un regalo.
¡Lo quieren! Al rato parezco la dueña de dos perritos con una “galleta de portarse bien” en la mano, Leonardo y Orlando se me agarran a las piernas, solo les falta menear la cola. Me doy cuenta de que los polos que hicimos el otro día han volado y solo quedan los helados de sirope de fruta del supermercado. Que más da… distribuyo uno cada uno.
Nos sentamos en la mesa con los helados y un puzzle que probablemente no acabaremos. Con Orlando no acabamos nada que no sea comida.

Escucho sonar el móvil otra vez. Me extraña mucho que todavía nadie haya llamado, ni si quieras la dueña con el teléfono de otra persona, o un amigo…. Me levanto para mirar.

Cami: Mamá te he llamado al móvil pero lo tienes apagado, me quedo en casa de Lara, ¿me vienes a buscar a las siete?

Estoy algo confundida, entonces la dueña del teléfono tiene una hija: Cami, será ¿Camilla? Me pongo nerviosa pensando que Julia no leerá este mensaje… Pero tiene otro teléfono, por lo que entiendo, aunque está apagado…..
¿Que hace una madre con dos teléfonos, uno apagado y el otro perdido? Descarto mi hipótesis sobre el viaje, no se ha ido, solo ha perdido el móvil y no se ha dado cuenta, al tener dos puede pasar.

Durante el resto de la tarde no llegan más mensajes, ni llamadas. Hemos salido a pasear y vuelto a casa, he duchado a los niños y mientras juegan con la casita me pongo con la cena. El reloj marca las ocho en punto, me pregunto si alguien ha ido a buscar a Cami, lo más probable es que Julia haya encendido el otro teléfono, haya devuelto la llamada a su hija y haya ido a buscarla. Sin embargo sigo sin entender porque nadie llama a este numero. Miro preocupada el nivel de carga del teléfono, porque una vez que se apague no habrá posibilidad de devolverlo. Está casi al cien por cien, tengo por lo menos un día más.
Leonardo cuenta a su padre que hemos encontrado un móvil en la calle, pero no es un asunto que a José parezca interesarle mucho y yo no tengo pensado contarle nada.
Antes de acostarme recibo un nuevo mensaje de Ricardo.

Ricardo: Daría cualquier cosa para tenerte aquí conmigo. Porque hemos dejado que una mujer disfrazada de bruja se pusiera en nuestras vidas. ¿Porque la dejaste?
Te quiero.
Justos con el mensaje llega una foto.
Me recompongo y miro la foto con atención, Ricardo supera por mucho mis expectativas. Desde el formato tres cuartos, percibo un cuerpo atlético y fuerte. Tiene el pelo moreno y medio largo, está tumbado con un brazo apoyado en la frente, la expresión triste y la mirada audaz, tan intensa como para hacerme sentir deseada.
“Julia desde luego tonta no me pareces”. Susurro.
“¿Que?” Murmura José moribundo de sueño, levanta la cabeza y me hecha un vistazo, antes de girarse para el otro lado y colapsar otra vez en un sueño profundo.

Que pena no poderte dar la buenas noches querido Ricardo…. ¡¿Por qué no llamas y te cuanto todo?!…. Mis pensamientos mezclan pena y curiosidad, tanto que me cuesta coger el sueño.

(continua)


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21 julio 2019

He conocido a alguien (1 parte)

Estoy a punto de volar al sur de Cerdeña, donde parece que no tendré mucha conexión a internet…. así que aprovecharé para tomar un descanso  parcial de las redes sociales, seguiré publicando pero con menos frecuencia.
Como os dije por stories he empezado a escribir una historia que voy a publicar aquí en dos o tres post, una lectura para el verano.
Aquí empieza pero no termina… (Espero que os guste este formato veraniego del blog 🙂
Os mando un beso muy grande y os deseo felices vacaciones.

HE CONOCIDO A ALGUIEN.

Hace un calor sofocante, doy las gracias por el clima seco de Madrid porque si no mi tensión estaría por debajo de mis pies, a pesar de todos los cafés que me tomo. Cada vez que cojo a Orlando en brazos nuestro estrato superficial de la piel se queda pegado, el sudor crea atrito, somos la tirita y su papelito. El sol cociente me seca el sudor que me moja cara y cuerpo mientras camino hacia el campamento de verano de Leonardo. Los pasos parecen ralentizados también por el calor, o por mi sangre que hirviendo, parece estallar por mis venas. Leonardo está más sudado que yo, además el sudor se ha mezclado con la suciedad y si no fuera mi hijo, estaría atenta a no tocarlo. Además de sudado y sucio, está agotado, prefiere no contestar al rio de preguntas que le hago sobre su mañana en el campamento y pone la modalidad “apagado”. Seguimos caminando en silencio. Con el calor el asfalto parece vibrar, me recuerda el camino desde el colegio hasta mi casa, en los días sofocantes de finales de junio. Tenía más o menos trece años, solía volver a casa sola o con mis hermanas, pero cuando estaba con ellas bromeaba y jugaba durante todo el trayecto, mientras que si estaba sola, me fijaba en los detalles del cemento, en como reflejaban los rayos del sol en las rejas de los edificios, la mayoría bajitos y de tonalidades pasteles, escuchaba el sonido del silencio, interrumpido esporádicamente por un ruido que definiría como “veraniego” la charla de una cigala, el canto de un pajarito, el ruido del roce de los cubiertos con el plato… La gente se encerraba en casa, hacía demasiado calor y además era la hora del almuerzo. Disfrutaba de mi momento de soledad, ser la única persona en aquel camino me relajaba, me sentía participe del universo, podía hablar con él y escucharlo sin que nadie nos molestara. Durante el resto del día me veía absorbida por el frenesí humano. A pocos metros de casa ya percibía el alejarse de aquella sensación “metafísica”, miraba mis pasos hundirse en el hormigón, que en los tramos donde el sol no descansaba, perdía su dureza y se moldeaba como plastilina sobre la que pisaba: una huella de zapatos, el agujero de un tacón, la tira de una rueda. Con el dedo encima del timbre saludaba el universo y entraba otra vez en mi caótica vida.
Me pregunto si Leonardo percibirá la misma sensación, miro su pelo más rubio que nunca, brillar como oro. Camina mirando hacía abajo, le acaricio la cabeza con dulzura.
“¡Mamá mira!”
“¿Cosa?”
“Hay un teléfono ahí” Me contesta indicando un punto con el dedo.
Me acerco y veo un móvil bocabajo en el borde de la acera. Lo cojo y le doy un rápido vistazo, es nuevo y está encendido, compruebo si tiene un código de seguridad, lo tiene, como imaginaba.
“¿Que hacemos mamá, De quién será?
Miro a nuestro alrededor, no hay nadie. “Pues lo cogemos, antes o después alguien llamará y le contaremos que hemos encontrado el móvil”.
Meto el móvil en mi bolso de manera cautelosa, como si lo estuviera robando. Estoy haciendo lo correcto, sin embargo me pongo nerviosa, es una sensación inexplicable, pero no se va, está conectada con la presencia del móvil y sé que seguirá albergándome hasta que no encuentre a su dueño y se lo devuelva.
Desde que encontramos el teléfono, Leonardo se ha espabilado como por arte de magia y no para de hablar. Cuando llegamos a casa, todavía no he recibido ninguna llamada, evidentemente no se han dado cuenta todavía de la pérdida. Preparo algo rápido para comer, porque en media hora tenemos que recoger a Orlando. En verano mi plato preferido era la ensalada de arroz, mi madre la preparaba muy rica, con muchos ingredientes, había aceitunas verdes también, porque las negras no me gustaban, la cogía del plato y me ponía una por cada dedos, como si fueran uñas postizas o las extremidades de los dedos de E.T.
“Venga Laura, para de jugar y empieza a comer”, me animaba mi madre, sentada delante de mi. A mis hijos también les encanta la ensalada de arroz, pero Leonardo quita todas las aceitunas verdes “¡¿Las dejamos para Orlando, que le gustan mucho, vale mamá?!” Me dice con cara de pillo.

Sigue….


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15 julio 2019

Una madre exagerada

Desde que mis hijos han venido al mundo, he deseado estar pegada a ellos y acompañarles en la traumática separación física que aviene con el parto (de un unico cuerpo, a dos personas); el paso de un lugar familiar con ciertas características: cálido, oscuro y con cierto sonido, a un lugar frío, bañado de luz deslumbrante y con mucho ruido, nuevo y desconocido, un lugar donde hemos llegado por un empujón sin que nadie nos advirtiera y que en la mayoría de los casos, como es justo que sea, saludamos llorando.

-Bienvenida criatura a este mundo. Un mundo áspero y a veces despiadado, encantador cuánto desencantador, lleno de contradicciones y misterios, lleno de preguntas sin respuestas, tendrás tiempo para coincidir conmigo sobre su descripción, pero ahora no te preocupes, porque tu mamá está contigo y ella te protegerá y guiará hasta que estés listo. Confía en ella, como has hecho durante nueve meses.- (palabra de madre).

Esta sensación la he vivido como niña y ahora como madre.

¿Qué es una madre?
Para empezar la interpretación de una palabra, ya que cada uno la utiliza según sus propias necesidades, para mi siempre ha sido una sola cosa: una persona que abre su vida a otra.

Abrir la propia vida no es fácil, cuesta un gran esfuerzo y sacrificio. Imaginad abrir vuestra casa a cualquiera, dejándole plena libertad de coger lo que necesita. Es difícil, sin embargo los sentimientos juegan un rol fundamental en el primer caso, y nos resulta más fácil abrir la puerta de nuestra vida a nuestros hijos. Aún así, pensar de poderlo hacer sin cambiar nada de nuestros hábitos, me resulta bastante ridículo.
Ser madre no es una vocación, ni menos un deber. Ser madre es tomar conciencia de una gran responsabilidad y amar incondicionalmente a otra persona, entregarse a ella con devoción porque criar a una persona es una tarea compleja.

Desde que mis hijos han venido al mundo he entendido que ellos dependen de mi y me necesitan en cada instante, soy la persona más importante e indispensable para ellos. La unica, y así será durante un periodo de sus vida. Un periodo que aparenta largo pero no es eterno, sacrificado, pero cuando habrá pasado probablemente lo echaré de menos. Ese momento fundamentan para su crecimiento, en el que solo nos piden estar pegados a ellos.

Es precioso sentirles tan cerca, percibir el latido de sus corazónes sobre mi tripa, dejar que sus pequeños dedos, apretados en un puño, se suelten poco a poco para descubrir mi piel y come hundidos en mis brazos, encuentran la paz. La maternidad florece junto a ellos y es hermoso.

Mis hijos no me han quitado nada, no me he sentido menos libre desde que son parte de mi vida, no me he sentido atrapada en una vida que no deseo o en una persona en la que no me reconozco. Nunca he tenido miedo a la maternidad y menos de que mis hijos me cambiarían la vida, sabia que mi vida cambiaría en cualquier caso, porque el ser humano necesita evolucionar (y menos mal!) Los cambios son oportunidades, ser madre lo es, pero hay que seguir adelante, si pretendes quedarte en el patrón del pasado, no lo disfrutarás y sería una pena. Los hijos son la oportunidad más grande que tenemos para crecer interiormente.

Hay personas que me consideran “exagerada” en la relación con mis hijos: demasiado entregada, demasiado apegada, demasiado apasionada.
¿En serio?
Pues no sería capaz de vivir un amor, probablemente el más grande de mi vida sin pasión, me sale de las vísceras.


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11 julio 2019

Algo sobre Celeste

Este post lo dedico a mi “hija”, se llama “En marzo se peinan las brujas” y me da muchas satisfacciones.
(Estas son algunas citas).
Feliz fin de semana.

-Quiero tener un hijo pelirrojo como tu.- Le había dicho un día mientras estábamos tomando el café, sentados en la terracita de nuestro piso. Llevaba una de sus camisas blancas, sentada con una pierna doblada encima de la silla y fumaba un cigarro dándole caladas rápidas. Era casi verano, hace un año más o menos. (Pg22).

Las madres huelen a hogar seguro, a caricias y a ropa tendida al aire bajo el sol, huelen a pan mojado en el café con leche y a besos con pintalabios rosa claro. (pg 77).

Siempre tuve curiosidad por saber lo que sentían las madres en este momento. Y finalmente me toca a mí. El corazón late dentro mi vientre, eso significa que a partir de ahora y durante los próximos nueves meses tendré dos corazones. (pg116).

Veintiún días son un instante dentro una vida entera, pero si es la propia vida la que está en juego, pueden ser los últimos de tu vida.
¿Qué son veintiún días si estás a punto de morir?
El soplo que desintegra un diente de león, el instante de una caricia, el recorrido de una lagrima, el chasquido de un beso, la melodía de un te quiero, la promesa de un futuro desconocido, el eco de una sonrisa, la fugacidad de la infancia, el sabor de un recuerdo, el compendio de todo el amor que normalmente está repartido durante toda la vida. Los últimos veintiún días de una vida son la unión del pasado, presente y futuro, son la esencia de toda tu existencia, lo primordial de los sentimientos, del amor y del miedo, de la esperanza y de la derrota. Son el encuentro y la despedida. (pg146).

Cuando te despides de alguien repentinamente ves la esencia de la relación entre vosotros, no te quedas con los detalles y luego, con el tiempo te acuerdas de las cosas buenas y olvidas las que no lo han sido. En este momento no recuerdo por qué llegué a traicionarle, solo siento un gran amor que se rompe dejando sitio al vacío. (pg155).

Devolvería todos los besos que he dado, desde el primero, a cambio de uno de Javier. (pg174).

Hay personas que pertenecen a tu vida desde antes de conocerlas y cuando las ve por primera vez, las reconoces.
Pues Javier es una de ellas. (pg209)

Nos estábamos despidiendo, sin saber si volveríamos a vernos. Nuestras conciencias nos estaban diciendo que nada es para siempre, lo percibíamos a nuestro alrededor : en las cosas, en la luz, en el sonido de nuestras palabras, en nuestras lagrimas. Deberíamos vivir intensamente cada instante que la vida nos ofrece, siempre, como lo estábamos haciendo ahora nosotras, porque cada minuto es un milagro por estar vivo. (pg236)

Las fotos animan a los recuerdos, pero no son capaces de transmitir los olores. El olor de la piel de Javier es el más rico que he olido en mi vida. (pg238).

La expresión de su cara elimina todo rastro de su sonrisa brillante y contagiosa, vacía el vaso de agua siempre lleno y desmorona la felicidad incorporada desde siempre en sus huesos. (pg 269)

Recuerdo perfectamente cuando entré por primera vez por esta puerta. No tenía ni idea de lo que me esperaba, ni de que el sufrimiento me haría madurar. Jamás habría imaginado que este lugar se pudiera convertir en familiar. Era la puerta del infierno; sin embargo ahora es el lugar donde me siento más cómoda, ahora el infierno está fuera, mientras aquí me siento segura, al lado de mamá, aunque no me habla y mira hacía el vacío. (pg275).

El gran cajón que contiene los misterios de la vida, que no tiene fondo ni fin, pero ningún misterio se pierde, ninguno se cae o se confunde con otro, todos están meticulosamente ordenados en el infinito. El nacimiento, la muerte, los encuentros casuales, la elección primordial de nuestros padres, el destino… En este cajón está la respuesta a todas las preguntas, los comienzos y los finales de cada historia, también de la mía. (pg276).

Siempre me ha parecido absurdo que dos personas, tan próximas a sellar para siempre sus reciprocas vidas, cuando rompen, se dan cuenta de que lo que han compartido juntos apenas les ha tocado y se conforman con imaginarlo como si nunca hubiera pasado de verdad. (pg283).

Es cierto que se puede amar con ardor a alguien y que con el tiempo se llega a apagar la llama, dejando flotar en el aire una estela de humo como el vestigio de un amor lejano hasta que un día desaparece para siempre.
Mirando al hombre que tengo delante, me doy cuenta de que mi llama no se ha apagado por completo, es una llama débil eso sí, pero sigue ahí, y tengo la sensación de que en este instante ha crecido un poco más. (pg284).

Pero no fue solo eso, tuve miedo. Miedo de que las palabras, hasta entonces reconfortantes, pudieran tomar otro camino y acabar en algo que no quisiera escuchar. Quise parar el tiempo, darme un plazo un poco más largo. Coger lo que todavía era mío, sabiendo el riesgo que corría de perderlo (pg315).

Las grandes cosas las decide la vida, tu preocupate de las otras. (pg321).

El cielo azul se mezcla con un rosa tenue, veo que Madrid se hace cada vez más pequeña, imagino que la cojo en mis mano para poder mirarla mejor y encontrar algo familiar. “y si no se lo pondré yo”(pg323).

FIN.

La novela se puede en contrar en amazon y en todas las grandes librerias como La casa del libro, Fnac, El corte ingles….


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8 julio 2019

Fotos de familia

Me gustaría poder recordar cada momento feliz de mi vida, las primeras palabras de los niños y las expresiones que nos han hecho tanto reír. Me gustaría recordar las sonrisas entrañables de Leonardo, sus pómulos rojos cuando corre y los bailes de Orlando, la forma con la que enmarca los labios mientras se estira cuando está durmiendo. Me gustaría recordar las conversaciones con José cuando nos conocimos, nuestro primer baile, la fecha de cuando nos hemos conocido…..
La memoria crea una colección de recuerdos personales, haciendo un resumen simplificado y sin detalles, de nuestro pasado.
Doy las gracias a la fotografía y a la posibilidad de grabar infinitos momentos de nuestra vida, para mi es un tesoro de gran valor.
Hace unos días estaba dándome un chapuzón en el pasado, mirando las fotos de hace unos años y se me ocurrió la idea de hacer un post con nuestras fotos de familia más inspiracionales.
Buena semana!


Esta sesión la hicimos en el monte de las Raices en Tenerife, fue divertido, aunque pasamos un poco de frío. Las fotos son de @deborah_torres


Estas dos fotos son parte de una sesión que hicimos en casa, cuando estaba embarazada de Orlando, casi a punto de dar a luz.
Las fotos son de @araschmetterling


Esta sesión, también mientras estaba embarazada de Orlando, fue para un post que hice con unas propuestas de looks de ceremonia si estás embarazada. Las fotos nos las hizo @lea_farren

Estas dos fotos salieron en un número de Elle Kids, nos fotorgrafió @patriciagallegocom

Fotos en el estudio de @leafarren cuando Leonardo tenía poco más de dos años.

Un paseo en familia, con un perrito amigo. Foto de @rus_anson

Esta foto es de mis preferidas, nos la hizo @romerodeluquefoto

Otras dos fotos mientras estaba embarazada, la primera corriendo por Conde Duque, la segunda en mi cama. Foto de @araschmetterling

Con Orlando recien nacido. Fotos de @romerodeluquefoto

Otra foto de @romerodeluquefoto que rapresenta muy bien a nuestra famila.

Sesíon que hicimos en el estudio de @elenabauestudio

Los dos fotos de arriba nos retratan durante un paseo por Moncloa, las fotos me encantan aunque me recuerdan un momento triste porque fue justo antes de que Orlando pillase la neumonia. Se le nota la carita un poco apagada 🙁

Estas ultimas las hicimos en el estudio de @romerodeluquefoto Mi idea era de utilizarlas como cabecera del Blog, aunque luego no lo hice. Las fotos son muy buenas.

 

 

 

 


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4 julio 2019

La primera tarea de un padre es amar a sus hijos

La primera tarea de un padre es amar a sus hijos, la segunda es prepararles para su debut en la vida de adulto.

Este proceso tiene un largo recorrido y pasa a través de diferentes fases, según la edad de los niños. En los primeros años de vida, los niños solo necesitan recibir amor y estar atendidos en sus necesidades, ser cuidados con cariño, besados y abrazados sin parsimonia, para que se sientan protegidos y seguros y aprendan a confiar. Para mi los primeros años de vida es donde se radican los sentimientos más básicos y profundos y esta fase dura aproximadamente los primero dos años.

Con dos años los niños tienen una capacidad de comprensión bastante desarrollada, aunque el razonamiento es todavía muy básico. No estoy de acuerdo con quien etiqueta ciertas manifestaciones, típicas de esta edad, con la palabra “astucia”. Pienso que en esa época, los niños todavía manifiestan de forma práctica sus necesidades y los caprichos son el fruto de un avance a nivel cognitivo. Se empiezan a dar cuenta que ya no son parte de una dualidad con la madre, si no que son seres individuales, con gustos y necesidades propias. (“Los terribles dos años”).
Durante este periodo es importante marcar pautas y reglas y delinear una rutina.

Con la edad de Leonardo (cinco años) todos los niños han alcanzado una capacidad de comprensión y de razonamiento elevada y es cuando diría que se fundamentan los valores.
La relación entre padres y niño se hace más adulta. Y nos convertimos en un ejemplo a seguir para ellos.

Obviamente hablo sobre mi experiencia, todo lo que comento son mis reflexiones personales, que me apetece compartir con vosotras.

Me considero una madre bastante exigente y muy comprensiva, con limitada paciencia y el deseo que mis hijos crezcan respetuosos y educados, ante todo.
Leonardo y Orlando tienen el mismo modelo educativo en casa, aunque siendo muy diferentes, no podemos aplicar las mismas reglas y en la misma proporción. Leonardo siempre ha sido un niño maduro, es un aspecto determinante en su carácter y tiene un sentido profundo de la justicia (como yo), mientras que Orlando parece menos reflexivo y más impulsivo.
En ambos casos estoy trabajando para transmitirle cotidianamente ciertos valores, que considero importantes para cuando serán mayores.

La primera es la sinceridad, veo más útil buscar una forma apropiada para explicarles la verdad, que intentar protegerles mintiéndoles. Empezando dentro de casa, donde no quiero engañarles con un modelo de perfección que no existe y que no encontrarán tampoco fuera. Las carencias son parte de nosotros, al igual que las virtudes, no pienso esconderles mis limites, no somos padres perfectos y no hace falta serlo para ser felices. Lo mejor que puedo hacer por mis hijos es animarles a ir más allá de nosotros, de nuestros logros en lugar que protegerles bajo un falso modelo de perfección.
Me gustaría crecer a hijos resilientes, capaces de integrarse en este mundo y preparados para las adversidad.
Que sean personas educadas, respetuosas, que aprendan a cuidar del planeta en el que viven, sintiéndose parte de él, en lugar que su dueño.
Desde pequeños tenemos el deber de transmitirles estos valores, de enseñarles cómo pueden aportar algo. En las escuelas se empiezan a ver iniciativas muy buenas sobre este tema y es importante concienciarles en casa también. A Leonardo le estoy enseñando a reciclar…..

… Entre otras tareas domesticas en las que me ayuda 😉
La familia es una tribu, donde cada uno hace algo útil para los demás, no hay una sola persona que se ocupa de todo, todos colaboran según sus posibilidades. El modelo familiar “monárquico” está superado y los pequeños de casa pueden ayudar en muchas cosas: poner el lavavajillas, tender la ropa, guardar calcetines y calzoncillos, cocinar pizza, a preparar y limpiar la mesa. Además les gustas sentirse responsables. Os animo a las que no lo hacéis, el trabajo de grupo es también una manera de ocupar el tiempo en casa (ahora con el calor que hace!!).

Por último favorecemos que desarrollen la libertad creativa, que no solamente conozcan las fechas de las guerras mundiales o los nombres de todos los poemas que estudiaran en el colegio (y que probablemente olvidarán unos años después), si no que vean el mundo con sus propios ojos, que no se cansen de ser curiosos y que experimenten…. Sin miedo.


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1 julio 2019

Risotto a la naranja

Os prometí que iba a publicar alguna receta de vez en cuando, aquí va la primera:
RISOTTO A LA NARANJA
Me ha costado parte de la tarde del domingo, pero ha merecido la pena, es de mis platos preferidos de primero.

INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS:

Arroz para risotto (ideal sería Carnaroli) 350gr

Cebolla dulce 1

Mantequilla 50gr

Naranjas Bio 1/2 según las dimensiones

Vino blanco (medio vaso)

Parmigiano Reggiano 30 gr

Sal (lo suficiente)

Caldo vegetal

Pimiento blanco o negro

*Según los gustos, podéis añadir almendras tostadas o un queso, yo usé  queso “pecorino”.

PROCEDIMIENTO

Preparar el caldo con las verduras y una pizca de sal (yo nunca compro caldo hecho). Ponerlo a hervir. El caldo os servirá para cocer el arroz.

Cortar en trocitos la cebolla.

Poner la mantequilla en una sartén con fuego lento y añadir la cebolla cortada anteriormente en trocitos. Dejar sofreir

Rallar las naranjas superficialmente, sin quitar el blanco y exprimirlas.

Añadir el arroz y girar para mezclar el compuesto. Difuminar con el vino blanco.

Añadir el zumo de naranja exprimido y seguir mezclando con un cucharón de madera, seguir girando y añadiendo caldo hasta que haya alcanzado la cocción. (TIENE QUE ESTAR CALDOSO).

Apagar el fuego y añadir el parmigiano reggiano, mezclar y amalgamar. Si pensáis poner otro queso, añadirlo ahora.

Servir en el plato y decorar según vuestro gusto.

¡Que lo disfruteís!

 

 

 

 


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