Mamma Mía

28 febrero 2019

Elegir colegio

Me he levantado en plena noche, sin que ninguna voz proveniente de la habitación contigua me llamara, simplemente me he despertado de repente. Me he levantado para ir al baño, he ido a chequear a los niños y me he metido otra vez en la cama. El cansancio tiene a mi cuerpo de rehén, lo noto en cada parte, deseo dormir, mi cuerpo lo necesita. Sin embargo mi mente vuela de un pensamiento a otro y casi siempre, últimamente, se posa encima del mismo dilema, culpable de quitarme el sueño.

EL COLEGIO.

Hace tres años huí a sabiendas de la “tortura mental” que nos toca a la hora de elegir un colegio. Elegí uno que me habían recomendado y que tenia (y todavía tiene) muy buena “fama”. Parece ser de los mejores de Madrid y es cierto que Leonardo lleva tres años felices allí. A pesar de que va en ruta y con horarios bárbaros, le gusta mucho ir.
Para mi, el hecho de que él esté contento significa que hemos acertado, hemos encontrado una escuela que tiene una buena sinergia con su forma de ser.
Desafortunadamente por razones personales, hemos decidido finalmente cambiarle el año que viene.
La búsqueda corta y sin dolor de hace tres años, vuelve ahora más amarga que nunca.

Hay tres factores me determinan la elección de un colegio para mi:

VALORES.
Por valores me refiero al método educativo practicado, no tanto al nivel escolar, cuanto humano.
Es fundamental que la educación en el colegio tenga los mismos principios de la educación familiar, para que el aprendizaje resulte coherente y claro.
Necesito poder confiar en la enseñanza fuera de casa.
Entre estos valores incluyo el RESPETO acerca la diversidad en cada una de sus manifestaciones, no solamente físicas sino religiosas y “filosóficas”, de consecuencia la FLEXIBILIDAD en diferentes hábitos. Por ejemplo en campo alimenticio, me gustaría que se valorase la variedad en lugar de un modelo único estándar que es el mismo desde hace decenas.

ENSEÑANZA
De toda mi carrera escolar, los profesores que recuerdo con cariño los puedo contar con una mano.
Es cierto que el modelo de educación antes era diferente, también dentro de las familias y mis padres se han “desinteresado relativamente” de mi relación con los profesores. Ellos confiaban en lo que les contaban y tenían mucha paciencia y comprensión conmigo.
Yo soy algo más exigente como madre, será que tengo más tiempo para dedicar a mis hijos o porque creo en mi experiencia antes de los estándares y lo que me comentan. No soy una persona fácilmente maniobrable, “necesito ver para comprar”.
Pero sobre todo pienso que la responsabilidad de un profesor es enorme y que esta profesión determina un rol muy importante en el desarrollo de los niños. Por ello creo que no solo hace falta una preparación académica y cultural adecuada, es importante que los profesores se impliquen en la búsqueda de una PERSONALIZACIÓN de aprendizaje donde cada niño pueda sentirse cómodo y sobre todo ESTIMULADO.
El colegio no debería nunca resultar aburrido, más bien debería ser un lugar de experiencias, colectivas y personales, donde fomentar la CURIOSIDAD  y el ENTUSIASMO y desarrollar la CONFIANZA en uno mismo, fundamental para el futuro éxito.

CERCANIA
Me he dado cuenta con la experiencia, de que los horarios marcan parte de la calidad de vida de un niño. Desafortunadamente los horarios laborales de los padres marcan también los hábitos de los pequeños y por ello cualquier facilidad en el desplazamiento es de gran ayuda.
Además tener el colegio cerca de casa favorece la socialización de los niños fuera del horario escolar, al vivir todos más o menos cerca.
Tener un grupo de amigos fuera del colegio es importante y muchas veces, sobre todo creciendo, es más complicado crear nuevas amistades.

Para la elección del nuevo colegio tengo en cuenta que en unos años irá también Orlando y así se me hace más cuesta arriba la busqueda. Me estoy dando cuenta de lo complicado que es encontrar una solución con todos los requisitos.


Image Found Untouched Vintage Classroom in Abandoned School – Urbex Lost Places Italy

¿Como llevaís este asunto?

Yo sigo despertándome de noche y buscando de día, pero sigo sin aclararme las ideas….


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25 febrero 2019

Tú ya eres tu misma

Llevaba un par de días raros, probablemente a causa de los síntomas premenstruales que siempre me alteran el humor. (Es la única cosa que no he extrañado en el post parto!)
Me levantaba por la mañana activa, iba al gimnasio después de haber entregado mis hijos a sus “deberes” y luego volvía a casa, me duchaba y desayunaba dos o tres veces. Encendía el ordenador, ponía el móvil encima de la mesa y me perdía. Me perdía en todos los sentidos, porque al cabo de una hora no había concluido nada y seguía en la misma posición…. Durante mi tiempo desperdiciado, me había topado con la noticia de una niña sin piernas, había visto una foto que la retrataba, aproximadamente con la edad de Orlando, en la cama del hospital con el chupete y sin las piernas, probablemente se la acababan de quitar. Había llorado durante media hora, mientras negaba con la cabeza , por no ser capaz de comprender la vida. Por cierto había leído la noticia de la muerte de que Karl Lagerfeld y había sentido pena. Nadie es invencible. Pensé dentro de mi. Todos morimos. Mejores o peores, guapos o feos, valientes o cobardes, ricos o pobres, nadie tiene el elixir de la inmortalidad. Aunque es cierto que a Karl lo recordaríamos como un hombre especial. Pero lo de la niña había seguido haciéndome más daño.
Me había pegado toda la mañana malgastando el tiempo, empezando catorce cosas, sin ser capaz de acabar una. A la hora de recoger a los niños me sentía culpable por no haber hecho nada. Cualquier persona lista, en mi lugar hubiera salido a pasear aprovechando el buen tiempo, hubiera leído un libro o simplemente hubiera descansado sin remordimientos, sabiendo que cualquier madre necesita descanso.
Entre mareadas navegaciones por internet, me había puesto al día en instagram. Hubiera sido mejor no hacerlo, porque me puse de peor humor. Mientras pasaba las fotos con el dedo, me daba cuenta de que los estereotipos, viejos enemigos de la honestidad y de los principios, estaba afectando a las personas como el virus de una gripe y convirtiéndolas en “individuos en serie”. Me había recordado de cómo lo mismo había pasado con el arte, cuando el marcado había empezado a producir objetos en serie y para contrastar la mísera repetición que robaba personalidad a la decoración, se había formado un movimiento basado en la unicidad y belleza, llamado Art Nouveau Y lo había hecho con tal libertad, (tanto que en Italia el movimiento se llamaba Liberty) que los edificios pertenecientes a este estilo, siguen siendo de una belleza única.
Este pensamiento me había animado por un momento, me había dicho que era cuestión de elegir de qué lado estar, que posición ocupar y sin dudarlo sabía que yo quería ser única.

Todos lo somos, únicos, no hay persona igual a otra, ni siquiera los gemelos son idénticos, aunque se parecen muchísimo. La naturaleza nos regala la oportunidad de distinguirnos, sin tener que hacer nada de especial, simplemente aceptar nuestra naturaleza y hacer de ella la mejor versión, explotar lo bueno y trabajar en el resto. Desafortunadamente en contra de la naturaleza, se ha ido creado una sociedad que sobrevive de la debilidad humana. Un grupo de personas sin nada mejor que las otras, pero más soberbias y que instrumentaliza parte de la humanidad a través la creación de estereotipos, para que “la masa” pueda reconocerse en algo, o peor, en alguien.
La expresión “se tú mismo” es tan proclamada, tan continuamente “disparada en el aire” que tengo la sensación de que no signifique nada. Es como el estribillo de una canción que conozco de memoria, me resulta monótona, incluso patética. ¿Además como puede uno NO ser si mismo? Tal vez pueda en otra vida, pero en esta ya no hay elección, lo que veo más lógico es no desear ser otro, porque esto si que es peligroso. Mejor sería seguir el propio camino, ponerse metas a la propia altura, así de poderla alcanzar sin sentirse frustrado y sobre todo creer que lo que nos ha dado la vida es lo mejor para nosotros. Eso me diría mi padre, así me han educado mis padres. Sé tu mejor versión, más que tu misma, porque tú ya eres tu misma. Pero sobre todo, lo que me han enseñado y que siento mío, es reconocer la igualdad del alma, que es lo único que supera “cualquier adjetivo” y se queda integro para siempre.
A mi también me gustaría tener más y ser más, y me gustaría lograrlo con mis fuerzas. De repente me he acordado de un episodio del colegio, encerrada en el baño suplicando a Dios que no me tocara el examen oral. Con el tiempo he aprendido que era más inteligente estudiar jajajaj.
Llevo un par de párrafos pensando en cómo cerrar este post y la verdad es que no me acuerdo lo que quería contar, es como aquellas conversaciones que se libran entre comensales o amigos sin querer llegar a un punto preciso, solo por el gusto de conversar.
Mi madre siempre me dice que cuando era pequeña hablaba continuamente, sin parar, que agotaba de tanto hablar y que muchas veces no sabia ni lo que iba contando. “No se entendía lo que querías decir o tal vez estabas hablando sola”. A mi me hace gracia, me hace pensar que estoy recorriendo mi camino, porque las palabras me gustan, me gustan cuando se unen y crean una melodía además de un mensaje. Las palabras son poderosas.
Creo que así termina mi post.
Tomarlo como una de estas conversaciones que hacía de pequeña, para nadie en concreto y para todo los que querían escuchar.
Ciao.

Foto de Jesus Romero.


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19 febrero 2019

“Random” sobre la semana pasada

Este se llama “post random”.

Le he llamado así porque une una serie de cosas que no tienen un hilo directo, excepto que sucedieron durante la semana pasada. Y empieza así.

Llevaba años sin comprar un nuevo bolso, desde que vivía en Milán, cuando todavía no tenía hijos y me permitía muchos caprichos. Antes de empezar un largo periodo de “carestía” que empezó con el nacimiento de mi primer hijo.
El caso es que mi bolso había acabado su función y necesitaba urgentemente un sustituto. Ese tema llegó a preocuparle hasta a Leonardo, cuando le enseñé el bolso roto y le conté que necesitaba uno y con gran sorpresa se dio cuenta de que papá Noel no me lo regaló.
Hace unos días me lo compré, no es que no tenga bolsos, pero quería mi bolso diario, el que llevo siempre conmigo y que lleno a tope, donde puntualmente se refugian muñecos de lego, pelotas locas, caramelos chupados…. Lo típico, ya sabéis.
Os lo voy a enseñar, después de tantos cuentos….

El sábado noche José y yo salimos con amigos (algunos de ellos los conocéis por redes sociales), vale la pena que os lo cuente porque el plan ha sido muy divertido y os lo quiero aconsejar para una noche con amigos.
Siempre me han gustado los juegos de mesa, los juegos en general y el entretenimiento. Si quedamos en casa con amigos, soy la típica pesada que propone miles de juegos o que si va a un cumpleaños siempre lleva alguna sorpresa para improvisar algo divertido.
El Sábado antes de ir a cenar, hemos ido a una bolera, pero lo interesante es que es un bar clandestino que se llama Fetén y está en el nuevo y precioso hotel Bless, en el centro de Madrid. La bolera está en la planta de abajo y no hace falta ser huésped del hotel para acceder. Hay dos pistas, la atmosfera es intima y hay una barra donde poder pedir cualquier cosa de beber.
Os lo recomiendo.

Os doy una premisa: No me gusta todo lo que a primera vista aparenta artificial. Me cuido mucho, soy una verdadera maniática, sin embargo casi no me maquillo, casi no me peino, me gustan las uñas cortas, no amo los tatuajes ni cualquier tipo de intervención externa en el cuerpo (lo único que permito son los garabatos de mis hijos, aunque tardo poco rato en limpiarlos). Uso pocas joyas, y más que decorativas son significativas. Cuanto más “agua y jabón” más se acerca a mi estilo.
Eso no quiere decir que no me guste probar cosas, si sé que no son dañosas, no son adictivas y el resultado es gratificante. Os cuento esto porque hace una semana he probado un tratamiento que se llama lifting de pestañas. El tratamiento, que dura alrededor de una hora, consiste en poner un producto sobre tus mismas pestañas, para que se queden encorvadas, el efecto final es parecido al del rizador de pestañas, pero además te ponen tinte así que parece que tengas rímel.
El primer día se me ha hecho raro despertarme y verme más arreglada de lo normal. Lo que me gusta es que el efecto no es artificial, yo además no me pongo rímel, pero se puede poner, para que resulte aun más espectacular el ojo. Dura cinco semanas aprox.
El sitio donde he ido a hacerlo es el mismo salón donde me hago la manicura y pedicura, se llama Kanvas y os lo recomiendo, por la calidad de los tratamientos y productos.


En estas fotos no llevo rímel.

Por temporadas me obsesiono por algo, puede ser un zapato, una joya, una prenda… Este momento estoy especialmente atraída por los “anillo de sello”. He recibido un regalo muy bonito de Jápines y he fichado otro muy al estilo italiano en mi joyería preferida de Milán, que se llama Atelier VM.

Buena semana. 🙂

 


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14 febrero 2019

Siento una dulce nostalgia invadirme

Me he subido a la terraza, a mirar los techos de Madrid, bañados del sol caliente, aunque sea invierno. Siento una dulce nostalgia invadirme. Me he acordado de los veranos pasados aquí arriba con Leonardo, cuando era pequeño, sigue siéndolo pero antes lo era más. Su cara todavía conservaba la redondez de bebé y su comportamiento apuntaba maneras de niño, reía con cualquier cosa y yo era la persona con la que quería compartir cada segundo de su día.
Entonces los días me parecían largos, igual que ahora, sin embargo ahora mirando atrás me parece que han pasado de prisa.

Me he olvidado la mayoría de las cosas, pocas quedan apuntadas en los vídeos y en las fotos que me recuerdan momentos lejanos. Cada vez más.
Quizás porque nuestro cerebro es capaz de hacer cosas complicadas y tiene una memoria ilimitada, sin embargo no guarda todos los recuerdos, hace una selección según su lógica y olvida el resto. Más que olvidarlo lo deja entre la niebla, si, porque a veces con un indicio, un objeto o una palabra, el recuerdo aflora en la mente de repente y te hace extrañarlo, ese momento que ha pasado para siempre.

Son recuerdos capaces de levantar sentimientos opacos, de liberar el alma de los pesos momentáneos. Nos sirven para recordar a los que ya no están, no porque se hayan muerto, si no porque han cambiado, se han transformado. Como hacen los bebes y luego los niños…. que cambian continuamente y rápido.

Me he acordado de una piscina de goma de mala calidad que había comprado en un chino, para que Leonardo disfrutase del agua en los días calurosos de verano y que una noche el viento se la llevó a algún sitio. Al día siguiente ya no estaba en mi terraza.
Una piscina azul, pequeña pero bastante grande para los dos años de Leonardo, donde se sentaba rodeado de juguetes y donde guardaba un hueco para mi, porque me quería siempre a su lado, también dentro una piscina que me hacía parecer a Alicia cuando se come la galleta de hacerse grande.

Así pasábamos muchas tardes él y yo y a veces me pesaban, me aburría un poco aunque sabía lo afortunada que era. Evidentemente también en las mejores situaciones nos gustaría cambiar algo. A mi me habría apetecido tal vez más compañía. Sin embargo recordando esas tardes hoy, se me llenan los ojos de lagrimas y en la boca se me marca una sonrisa. No pediría nada más. Era perfecto tal y como era. No lo entendía a fondo porque no me daba cuenta de cuanto las cosas cambiarían, de que mi relación con Leonardo por naturaleza cambiaría.

Miro los techos de Madrid, bañados por el sol caliente, aunque sea invierno y echo de menos a ese niño, lo extraño a rabiar. En algunas horas volveré a estar con él, pero jamás volveré a ver al pequeñito que chapoteaba dentro de la piscina azul.


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7 febrero 2019

Delegar a mis proprios hijos

Intento estar lo más pendiente posible con vuestros mensajes y peticiones, os prometo que vendrán los posts con recetas. ☺
Hace unos días una mamá me preguntó como llevaba el tema de “delegar a los niños”, dejarlos a los abuelos, a la niñera, a un tío o una amiga, para poder hacer algo. Porque tienes una necesidad o urgencia o aunque solo sea para descansar, para despejar la mente y relajarte, para dedicarte un momento a ti misma.

Me parece un tema interesante para comentar con vosotr@s y ojalá sirva de apoyo a las madres que necesitan consejo.

Mi segunda maternidad me ha hecho corregir, en algunos casos, o cambiar, en otros, mi manera de vivir el papel de madre. Como en todas las cosas, la experiencia ayuda, de los errores se aprende, de las faltas se aprende y de las cosas bien hechas también se aprende.

No he dejado a Leonardo con alguien, excepto pocas horas, hasta los tres años.

Mi vida hace cinco años hizo que fuera una tipología de madre excesivamente pegada a su hijo.
Me mudé en un país extranjero donde no tenia trabajo, no tenía amigos, tampoco tenía el idioma y José volvía a casa cada día a las ocho de la tarde. Leonardo era para mi un aliado y mi fiel compañero, a parte de mi hijo y la persona más importante en mi vida. Era el columpio en el cual me balanceaba, era el espejo que reflejaba mi valentía, en Leonardo encontraba la confianza en mi misma y la salida de mis momentos oscuros. Jamás dejaría que alguien pudiera cuidarle de una forma menos especial que la mía, la que según yo, se merecía.
Tenía tiempo suficiente para estar con él.
Lo apunté a una escuela infantil para que pudiese trabajar en la autonomía y desarrollo psicofísico junto con otros niños y para garantizarme unas horas libres.
En poco tiempo aprendí el castellano y me hice nuevos amigos. Leonardo creció rodeado de gente, José y yo hacíamos todos los planes con él. Fue un niño acostumbrado a pasar de brazo en brazo, a montarse en aviones, a ir a eventos…. Sin embargo nunca le he dejado veinticuatro horas con otra persona. El limite para mi estaba en la noche, dormir separados es algo que todavía me cuesta aceptar en mi vida.

Me declaro culpable por no tomar bien la separación de mis hijos, entregarles en manos de otra persona que no sea yo, a pesar de que confié ciegamente en ella, (si no jamás lo haría obviamente) me sigue costando un esfuerzo.
“Pero no pasa nada si los dejas dos días”. Cuando me lo dicen yo contesto que lo sé. Pero si no hay necesidad no los voy a dejar.

Hay situaciones que no te permiten elegir, el trabajo por ejemplo es un factor de fuerza mayor, al que desafortunadamente hay que adaptarse también cuando no nos encaja bien. Las otras situaciones las voy considerando según sucedan. Cuando mis hijos eran bebes, entre el vinculo de la lactancia y el materno, no me veía capaz de separarme de ellos y no lo hice. Además veo fundamental para construir su confianza, estar a su lado cada vez que lo necesiten y lo pidan, sin excepción. Este tema habría que desarrollarlo más a fondo, tal vez en otro post, pienso que es una parte fundamental y sensible de la educación, que sin embargo está subestimada.

Los niños crecen y aprenden a expresarse a través de las palabras además que de los lloros y los gestos, la comunicación con ellos se hace más fluida y fácil. Empiezan a entender lo que les dices y perciben los sentimientos con los que transmites los mensajes. A mis hijos les hablo como si fueran personas mayores desde siempre, también cuando no hablaban ni caminaban. Estoy segura de que si no entendían mis palabras, igualmente recibían un mensaje claro.
Cuando he notado en Leonardo cierto nivel de autonomía, me he sentido más segura en dejarle durante más tiempo.

Hay madres que desde el principio dejan a sus hijos con los abuelos o con la nanny y no tienen ningún remordimiento, porque saben que no les va a pasar nada, que están en buenas manos. Aunque no lo comparta, creo que una madre siempre actúa por el bien de sus hijos y me parece justo que cada una se sienta libre de educar y vivir la maternidad a su manera.
También creo que no hay un patrón en la educación y como siempre digo, cada niño, aunque se parezcan mucho, es diferente, de manera que cada medida tiene que ser adaptada a su carácter. Lo importante es ser coherentes y seguir la propia voluntad. Yo siento que lo estoy haciendo bien, he conseguido que mis hijos se sientan queridos y seguros de si mismos, Oralando todavía es pequeño, todavía necesita mi constante presencia, así que intento no separarme de él. También sé que es temporal, que pronto volveré a tener más libertad, pronto ellos mismos necesitarán autonomia y libertad. Me esperan muchas noches sin piecesitos que me empujan la cara y con mucho espacio entre las sabanas. No tengo prisa, sé que un día echaré de menos lo que tengo hoy.

Ya sabéis que cada intervención os la agradezco, pienso que el intercambio de opiniones y experiencias es muy útil para tod@s.

Un abrazo.


Fotos de Deborah Torres.

Decoracíon @romulo_floralart

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5 febrero 2019

Mis hábitos de bienestar

Vivimos en un periodo donde las tendencias influyen en nuestros hábitos y cambian frecuentemente. Un día nos dicen que el aceite de palma es malo y todos lo eliminamos de nuestra dieta (por lo menos hasta que alguien no diga lo contrario), otro día parece que los omegas 3 son indispensables para garantizar una buena salud y que el café descafeinado está demasiado procesado así que es preferible tomar la cafeína. Me acuerdo un periodo donde ya no sabía si usar el aceite o la mantequilla, porque parecía que la mantequilla era más sana que el aceite….
El caso es que hay un poco de verdad y un poco de mentira en todo lo que escuchamos y además es difícil codificar lo que es mejor para nosotros y lo que no.
Por ello yo sigo mi intuición y probando encuentro lo que mejor me encaja.

Siempre me he cuidado tanto por fuera como por dentro, sin excesos ni obsesiones. Sigo una rutina de deporte y cuido mi alimentación aplicando mi sentido común y sin dietas. Tengo pocas “reglas” que aplico a mi día a día y no porque me lo haya prescrito el medico, si no porque me sienta bien, son pocas y os las pongo aquí.

1 Bebo un vaso de agua cada mañana antes del desayuno.
Suelo tomar agua lejos de las comidas. Para mi no es necesario tener el vaso sobre la mesa, casi nunca bebo mientras como, Suelo tomar un vaso de agua natural cinco minutos antes de cada comida y a lo largo del día. Intento beber dos litros entre agua y otros líquidos.

2 Por épocas, me apetece introducir en mi rutina algún producto natural que sea de suplemento a mi bienestar cotidiano.
Durante este periodo estoy haciendo una dieta detox con la ayuda de un producto biológico a base de alcachofas hinojo y uva, que tiene propiedades depurativas y además ayuda a reducir la sensación de hinchazón. Lo tomo por la mañana con el estómago vacío, diluido en agua. Es de la marca Arkopharma.

3 Como fruta lejos de la comida.
Aunque la mayoría de la gente está acostumbrada a comer fruta como postre, yo prefiero comerla en otros momentos, antes de la comida o para merendar. Si la como posteriormente y cerca de la comida, noto una molesta sensación de hinchazón.

4 Tomo vitamina D y he añadido los omega3 desde hace unas semanas.

5 No como yogur por la noche.
Los lácteos me sientan bastante mal, la leche la he abandonado hace tiempo, los quesos me encantan y no puedo eliminarlos de mi dieta, pero al igual que el yogur, los tomo durante el día y nunca por la noche porque si no me levanto con dolor de tripa.

6 Prefiero los productos de temporada, tanto la fruta como la verdura. Excepto alguna excepción, respeto este hábito desde que era pequeña.

7 Todos los productos que utilizo en la cocina son ecológicos o de calidad. Para mi es más importante el producto que la receta.

8 En verano tomo limonada con menta y sin azúcar.

9 No tomo azúcar en ninguna bebida, pero como dulces, los amo.

10 Cuando preparo el puré de verdura, nunca mezclo más de cuatro verduras, no recuerdo el porqué, pero ya es una manía jajajjaaj.

¿Cuales son vuestros “hábitos de bienestar”? Tengo curiosidad de saber si coinciden con algunos de los míos.


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1 febrero 2019

Reflexiones desde la habitación 419

Cuando pienso en los sacrificios que ha hecho mi madre durante toda su vida se me encoge el corazón. Quisiera darme un chapuzón en el pasado, manteniendo mi conciencia actual y cogerla de la mano, aunque sin hablar sentiría mi apoyo y la complicidad de quien comprende a fondo su sentimientos.
Cuando te conviertes en madre, vuelves a trazar tu pasado mirándolo con otro punto de vista. Así es como me di cuenta de que mi madre, una mujer sensible y aparentemente frágil, es en realidad una valiente guerrera.

Mi madre y yo somos diferentes, en la vida práctica, en las elecciones, en el día a día, en los gustos, sin embargo, superada la primera capa, dentro es donde somos especialmente parecidas, en nuestra naturaleza de mujeres y en los articulados sentimientos que nos unen en nuestra esencia de madres.
La maternidad tiene un código secreto accesible solo a quien entra a formar parte de su universo y es contiguo con el emisferio de la feminidad. Son dos mundos sensibles que se hablan entre ellos, se relacionan con empatía, aunque uno se queda a un nivel sensible mientras el otro se emancipa al sentimiento de compasión.
Quiero decir que la maternidad puede ser idealizada, pero es un juego a adivinar. En realidad se trata de un descubrimiento, que además sucede con tal fuerza y rapidez que revoluciona cuerpo y alma y solo con el paso del tiempo se perciben todos aquellos detalles y aquellas contradicciones, cegados detrás de la fuerte emoción inicial y que bordean el largo camino de la maternidad.

Como madre he pasado por diferentes etapas; la emoción hacia algo desconocido fue la primera, sucesivamente fue la excitación por formar parte de algo maravilloso y que a pesar de que se repita infinitas veces, es único, luego la toma de conciencia de que el camino es largo y tortuoso y finalmente que ser madre tiene un amplio significado. Una madre no se limita a ser madre de sus hijos si no que se convierte en madre del mundo. La esencia de la maternidad, aunque esté relacionada con un hecho terrenal, encuentra su mayor expresión en el nivel más profundo y arcaico de las personas, en su alma. Por ello una vez que te haces madre, siente más fuerte, llegas a un profundidad, donde es más difícil llegar. El alma supera al cuerpo en cierto sentido, tanto que yo misma puedo afirmar, mi hijos son lo primero, todo lo demás viene después. En la maternidad encuentras la superación del ser más terrenal y te elevas al ser sensible (así le llamo yo). Pienso que esta es la principal causa de la bipolaridad de la maternidad, una extenuante lucha del cuerpo contra el alma, del ser terrenal contra del ser más sensible, una lucha que encuentra el descanso en las dificultades, cuando el instinto de supervivencia pone en relieve la verdad.
Durante estos días he estado pensando, leyendo, rezando, escuchando los ruidos que venían de las habitaciones contiguas a la mía, apoyando a Orlando durante su pequeña lucha, que a pesar de que sea irrelevante comparado con otras, para su tierna edad es una gran prueba. Me he sentido una vez más partícipe de algo inmenso, una minúscula parte de un puzzle gigantesco, minúscula y fundamental para que sea completo.

El jueves nos han dado de alta, por fin estamos en casa.

Gracias de corazón por el apoyo y el cariño que nos habéis enviado.


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24 enero 2019

“Rozados”

No sé decir hasta que punto ser madre es un gesto heroico o imprudente.
No pasa un solo día sin escuchar algo terrible, catastrófico o triste y cada vez mi pensamiento se va hacia ellos. ¿He hecho bien en traer al mundo, especialmente a este mundo, dos criaturas sin pecado?
Esta reflexión es también una de las razones por las que tengo dudas de tener una familia numerosa. Son reflexiones extremas que en las mayoría de los casos se presentan por la noche, antes de acostarme, cuando por alguna razón perdemos parte de objetividad y todo aparenta más oscuro, oprimente y complicado.
El sol trae un nuevo día y si no abres el periódico tal vez sea un buen día, pero como te equivoques, vuelves a entrar en la misteriosa crueldad de nuestro alrededor, retransmitida con perverso énfasis por los medios.

Me resulta pesada mi misma supervivencia, para tener que cargarme de la responsabilidad de más personas. Sin embargo he tenido dos hijos y todas las consecuencias que conlleva.
El mismo instinto humano de supervivencia, nos empuja a traer hijos al mundo. Pienso yo.Ya que vivimos, aprovechémoslos. Aunque sabiendo que todo lo que tenemos no es nuestro, tampoco nuestros hijos, porque la vida podría llevárselos sin pedirnos permiso, o podría meterle en peligro ante nuestra impotencia, mientras que si fueran verdaderamente nuestros seríamos capaces de defenderles.

¿Mis hijos están felices de estar aquí? ¿Si hubiera tenido la posibilidad de elegir si venir al mundo o no, que habría elegido? A pesar de todo, la vida es emocionante y también divertida, puede incluso que sea sencilla y feliz hasta el final.
Vivir es un poco como caminar por el borde de un muro muy estrecho, poniendo un pie delante del otro e intentando no caer. Una madre además tiene a sus hijos atados con una cuerda en fila detrás de ella y como alguien caiga es probable que se caigan todos.

Se me ocurre otro ejemplo absurdo: Cuando en el avión, las azafatas me explican como actuar en caso de emergencia, antes de tener miedo me preocupa mi deber como responsable de mis hijos. Me angustia la rapidez con la que tendría que ponerles las mascarillas, sabiendo que cada temblor o ataque de pánico atrasaría la practica y podría ser fatal para sus vidas. Pienso que tendría que ponérmela yo antes que a ellos, como si mi vida fuera prioritaria (aunque sabemos que la razón es otra). Pienso que a pesar de que esté muriendo de miedo, debería tranquilizarles, para no asustarles más.
Vivir se hace más pesado, morir también.

Mi hermana o mi padre me dirían que no puedo vivir con miedo y que no debería pensar en ciertas cosas, tienen razón, para ser sincera es lo que hago, intento no pensar en ello, intento alejar los malos pensamientos y concentrarme en los buenos, sino no estaría deprimida. Desafortunadamente tenemos que olvidar y hacerlo rápidamente, debemos ser capaces de seguir adelante siempre y en cualquier caso para intentar construir una existencia más feliz a nuestros hijos.


Pasan cosas inmensas, en el mundo, terribles, maravillosas, tan cerca que marcan para siempre nuestra vida, sin embargo, una vez que han pasado, nos damos cuenta de que solo nos han rozado, y tenemos que conformarnos en imaginarlas como si nunca hubieran pasado.

“Gli Sfiorati”, Sandro Veronesi .

 


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22 enero 2019

París

El viernes pasado hemos ido rumbo a París, ha sido un viaje relámpago, después de dudar varías veces si ir o no…. Por el tema de los niños. Antes de ellos nunca me planteaba si ir de viaje o no, es una de las cosas que más me gusta, cuando no he viajado ha sido porque no tenía dinero. Sin embargo con los niños y sobre todo con uno de un año y medio, un viaje puede convertirse en un “tour de force” y ya tenemos suficiente con la rutina diaria.

El caso es que en la Fondation Louis Vuitton había una exposición que nos interesaba y que la quitaban en unos días, por ello nos animamos a pesar del frío parisino de enero y las incertidumbres de si los niños se portarían bien. Compramos los vuelos y reservamos un hotel muy bonito que se llama Eiffell Blomet, a veinte minutos caminando de la Tour Eiffel. El hotel es bonito, como todo en esta cuidad, la habitación pequeñita y acogedora, con una terraza con una vista ideal. Paris me recuerda a los antiguos dibujos animados, me pareció estar dentro de un cuento. Sólo había estado una vez hace muchos años y el único recuerdo que tenía era de sentirme rodeada de belleza, cada calle, cada esquina, cada edificio de París son bellos.
He reencontrado la misma belleza, a pesar del gris y del frío inaguantable. Demasiado, a pesar de ponerme un abrigo de plumas bajo mi otro abrigo.

Con los niños no pudimos hacer todo lo que teníamos planeado, la organización con ellos tiene un déficit bastante gordo, pero el viaje con ellos ha sido divertido, hasta pudimos hacer un spa juntos el domingo por la mañana. Me gusta la idea de que vean cosas, de que se sientan parte de la familia en cualquier momento.
El viernes nos dio tiempo solo para ir a cenar y volver al hotel a dormir a una hora todavía legal para los niños. Al día siguiente caminamos hasta la Tour Eiffel, Leonardo estaba muy ilusionado con la idea de verla, el año pasado la había estudiado en el cole y la dibujó en uno de sus cuadros. Le gustó tanto que nos dijo que le daba mucha pena que no estuviera en Madrid y que por la Tour Eiffel se mudaría a vivir a Paris.

Encontrar taxis en Paris es desesperante, nunca había esperado tanto y el tráfico es aterrador. Llegamos a la Fundación Louis Vuitton, donde había una cola inmensa bajo la lluvia y que gracias a los niños evitamos ;), para ver la exposición de Basquiat. Digna de nuestras expectativas.
Comimos luego en un restaurante italiano que nos gustó muchísimo, se llama Daroco, perfecto para ir con los niños.
Por la tarde dimos un paseo por le Marais y fuimos a ver el Centre Pompidou. Luego volvimos al hotel a por una ducha caliente. Los niños se durmieron antes de cenar, destrozados de un día infinito y nosotros comimos libanes en la habitación.

Aprovecho para aclarar también por aquí que no voy a dejar el blog. Ni se me ocurre! Cuando en stories hablé de poner fin, me refería a la novela que he escrito y que por fin he terminado. A pesar de que lo dije, mucha gente no lo ha escuchado y me ha escrito preocupada. Voy a seguir con este blog hasta que me echen jajaj.

Buena semana.


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15 enero 2019

Mi rutina de deporte

Nunca me he dedicado a un deporte en concreto, mi relación con la actividad física desde que era pequeña, no ha estado marcada por ninguna pasión, si no porque “es bueno hacer deporte”, además se me da bien ;). En el colegio era de las mejores en escuela deportiva y muchas veces me apuntaba a las competiciones de carreras y de salto de longitud (aunque no he ganado nunca jajajaj).

Siempre he ido a natación, lo recuerdo con mucha pereza, jamás lo elegiría como deporte ahora, pero mis hijos están apuntados, porque sigo pensando que es uno de los mejores deportes para el cuerpo y además hay que aprender a nadar.

De mayor he empezado a ir al gimnasio, al principio me costó, pero poco a poco le he cogido el gusto, hasta llegar a hacerme dependiente. Antes de quedarme embarazada de Leonardo, iba al gimnasio de lunes a domingo y cuando estaba de vacaciones, hacía ejercicio con gomas.

Durante ambos embarazos he seguido haciendo ejercicio con poco o nada de peso y además Pilates.

He probado también Cross Fit, me ha gustado la forma de entrenar, a través de circuitos, la veo súper efectiva.

Pero lo que más me preguntáis es por la recuperación post parto.

Para empezar tengo que decir que mi genética me ha ayudado mucho, nunca he seguido ningún tipo de dieta, incluso me permito bastantes caprichos. Sin embargo una correcta alimentación, en la mayoría de los casos, es fundamental!

Ya sabéis que tuve un prolapso de vejiga (de 1/2 grado) después del segundo parto y por ello tuve que dejar la actividad física durante un largo periodo (un año y medio). En ese periodo solo hice ejercicios hipopresivos en una clase dirigida por una matrona especializada en suelo pélvico (cerca de la glorieta de Quevedo) y en casa todos los días.
Gracias a ello y a mi constancia en hacerlos, mi suelo pélvico se recuperó y quise volver a la actividad física que echaba mucho de menos.

Me apunté a clase de ashtanga yoga, fue durante tres meses, pero a pesar de que me gustaba, me di cuenta de que teniéndolo como único deporte habría tardado mucho en recuperar la tonicidad que esperaba y decidí dejarlo para volver al gimnasio. Pienso retomarlo en el futuro como único deporte, me gusta el yoga porque es una disciplina dulce, que respeta el cuerpo.

Creo que a todas nos pasa que después del brutal cambio de nuestro cuerpo tras el embarazo, queremos vernos como antes. Yo no tuve problemas de peso, pero igualmente mi silueta no era la anterior y quería volver a verme tónica.
Os aviso de que la recuperación verdadera llega después de la lactancia, así que paciencia, la lactancia materna en mi opinión es un periodo maravilloso y que merece la pena ser disfrutado. No tengáis prisa, todo llega a su tiempo y la primera recuperación que necesitamos después de un parto, es el descanso!

Mi verdadera vuelta al gimnasio ha sido en septiembre. Desafortunadamente no puedo ir con la misma frecuencia que antes, porque los compromisos entre trabajo y familia no me lo permiten. De todos modos me considero una privilegiada, porque la mayoría de las mujeres trabajan el día entero y no les queda ni una hora libre al día para poder dedicarse a sí mismas. Yo trabajando de autónoma puedo recortarme una hora al día para el deporte.
En las semanas más relajadas, consigo ir al gimnasio cuatro veces a la semana, otras veces voy menos, dependiendo de los compromisos.
Pienso que tres veces a la semana son lo mínimo para notar resultados.

Suelo ir a las clases de grupo, son las que más me gustan y menos me aburren, además al tener solo una hora, me encajan perfectamente.

Alterno trabajo aeróbico (cardio) con trabajo de fuerza.

Las clases que normalmente hago son:

Body combat (2 veces por semana) me gusta porque es básicamente cardio y por ello sudo mucho y además trabajo bien la parte de arriba: hombros, brazos, tórax, abdomen.

Body pump (1 o 2 veces por semana) es la única clase que hago para trabajar fuerza, es toda con pesas y barra. Suelo coger pesos ligeros para trabajar mejor en los movimientos, que según mi punto de vista dan mejores resultados y menos riesgo de lesiones. Además nunca he aspirado a tener un cuerpo musculoso, prefiero que sea tonico e fit.

Body attack. (1 vez a la semana) Es la más cañera de todas las que hago, si no estoy entrenada, por ejemplo, a la vuelta de las vacaciones, me cuesta aguantar toda la clase (aunque lo hago) Es una clase que trabaja la potencia: cardio y fuerza a la vez. Te deja muerto, pero es muy divertida.

Estas tres son mis clases de rutina, a veces por cuestión de horario, me encajan más otras, pero principalmente mi entrenamiento se basa en esto.

Al llevar mucho tiempo haciendo este tipo de ejercicio, sé adaptarlo a mis exigencias y conozco lo que me hace bien y lo que no. A pesar de que son clases de grupo, sé cómo adaptarlas a mí.

He aprendido que los ejercicios con fuerte impacto son malísimos para el suelo pélvico y también algunos ejercicios para el abdome, que tanta prisa tenemos de que vuelva a su tonicidad. Es preferible hacerlos con mucho cuidado y realizar ejercicios como “la plancha” en lugar de los “Crunch” por ejemplo. (Un buen entrenador sabrá aconsejaros).
Las clases te permiten elegir opciones, pero pienso que para alguien que empieza, sería útil un periodo de entrenamiento personal.

Esta es mi rutina de deporte, mi experiencia personal y lo que me funciona a mí, pero pienso que cada uno debería buscar la más adecuada a su cuerpo y exigencias. Espero de todos modo haber colmado vuestra curiosidad y haber respondido a vuestra preguntas.

Acabo de volver del gimnasio 😉

Buen Martes

Foto de Deborah Torres. En la Playa de Las Gaviotas en Tenerife.

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2 ComentariosEnviado por: lcaldarola

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