Mamma Mía

18 agosto 2020

Nuestras vacaciones en Trentino

El viaje a la montaña ha sido especial. Me ha recordado a los que hacía con mi familia natal cuando era niña y que recuerdo como una aventura.

Hacía mucho que no visitaba esos paisajes durante el verano. Solía ir a la montaña en invierno, cuando la nieve lo tiñe todo de blanco y las pistas de esquí se animan de gente. Mientras que en verano el mar ganaba por encima de todo. Alquilábamos una casa al lado de la playa, en Cerdeña, y pasábamos allí tres semanas paradisiacas.

Este año, debido a la situación actual, mis hermanos han decidido desplazarse únicamente en coche y mis padres han preferido no viajar.

Hemos ido a Italia, un par de días a casa de mis padres, otro en Milán con mi hermana mayor y luego hemos ido a la montaña junto a mis otros hermanos y sus respectivas familias.

Para llegar a Canazei, donde hemos pasado la semana, se tarda aproximadamente cuatro horas en coche desde Novara. Lo que conlleva continuas quejas y “¿cuando llegamos?” durante todo el trayecto. Además del mareo con final infeliz en el lateral de la carretera.

*Lo mejor, si es posible, es viajar en horarios estratégicos.

Canazei está en Trentino, al el norte de Italia. Las montañas son las Dolomitas, famosas por ser espectaculares. Lo son.
Nos hemos hospedado en un hotel con pequeños apartamentos, más cómodo para familias. Desde allí se pueden hacer muchas rutas diferentes, con o sin coche. En cualquier caso hay mucha variedad de planes para cualquier necesidad.
Para subir a las cimas de las montañas, sobre todo con los niños, hay que coger teleféricos o “soggiovie” como decimos los italianos (telesilla) y es divertidísimo, luego se elije un sendero para hacer caminando.
Cada día hemos estado sumergidos en la naturaleza; rodeados de bosques, que hemos cruzados a pie o con las bicis, de panoramas infinitos, de riachuelos de agua helada, donde hemos mojado los pies.

Ha sido como entrar dentro de un cuento y disfrutar de la naturaleza en su majestuosidad.

Recomendaría estas vacaciones a cualquier familia con niños. Por el constante contacto con la naturaleza, por los paisajes que merece la pena ver, por las numerosas actividades al aire libre que hay para ellos: parques de aventuras, animales en su hábitat natural, parques sostenibles y preciosos, recorridos con las bicis, restaurantes y refugios con toboganes, columpios y otros juegos.

La temperatura también es agradable, hace calor cuando hay sol y fresco cuando hay nubes, pero nunca se pasa calor ni frio, a menos que haya de repente una tormenta.
Lo mejor es vestirse con capas para ir quitando según la necesidad.

Os dejo con algunas de las fotos de nuestro mágico viaje. También he creado una carpeta en mi Instagram donde podéis ver los videos.


Cermis.


Laghi di Bombasel.


Canazei.


Val Duron.


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14 agosto 2020

Cuando vuelvo a casa de mis padres

Habrá una razón desconocida por la que cada vez que vuelvo a casa de mis padres, pongo en la maleta solo un par de cosas y me visto con ropa de cuando tenia veinte años o con las prendas que mi hermano (mide un metro y noventa cuatro) se ha dejado hace años.
Volver a casa de mis padres es un flash back tras otro, a veces resulta un poco incomodo, por los cambios de hábitos que he ido haciéndome a medida, a veces más nostálgico por los recuerdos tremendamente lejanos, que vuelven a emerger.
Cada cajón que abro es un collage de mi pasado y me pierdo rebuscando las piezas que componen el puzzle. Especialmente me hacen gracia las cartas y los diarios secretos de la adolescencia. Noto un cambio asombroso en el espabile de la nueva generación, comparado con mi ingenuidad de aquella época.
La mayoría de las cartas que escribía eran de amor y las escribía a cantantes, actores, y futbolistas que me gustaban. Lo ridiculo es que me dirigía a ellos como si fuesen íntimos.
Mis hijos no encontrarán tantas reliquias guardadas de su pasado, yo no tengo la misma manía de mi madre de conservarlo todo. Al revés, suelo tirar las cosas rotas, sin valor y que ocupan espacio. Me sienta muy bien hacer limpieza de trastos.
Por otro lado tendrán mucho material digital, fotos y vídeos que les retratan en cada instante.
Hace unos días, me puse a buscar algunos rotuladores y acuarelas de las que usaba en el colegio, para dárselo a Leonardo. En lugar de ese material, encontré tras veinticincos años, la parte izquierda recortada de unos vaqueros. Pertenecían a un niño del que estuve enamorada unos días. Mi mejor amiga tenía la otra mitad.
En otro lado del cajón, había una bolsa con unos juguetitos de tamaño mini, que tenía completamente olvidados y una cajita roja, que conocía perfectamente el contenido. Llamé a mis hijos y abrí la cajita. Quise enseñarle el mechón de pelo de mi antiguo conejo (nuestra mascota), del cual les he hablado innumerables veces. Lo había guardado durante una “muda” pues quería sentir la sensación de acariciarle también cuando estuviera muerto. Así fue, veinte años después, tener ese mechón entre los dedos, me recordó perfectamente las caricias que le daba a Camillo.
Puede que fuera una niña un poco original, por lo que recuerdo y por lo que me cuentan. Mis padres me dicen que se me notaba el carácter de “artista”…. quizás ha saltado una generación y ha sido directamente heredado a Leonardo 😉

Estoy preparando un post sobre nuestro viaje al Trentino. Espero que estéis disfrutando de vuestras vacaciones como yo. Un abrazo


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3 agosto 2020

Ibiza 2

Como os conté, hemos vuelto a Ibiza unos días y en compañía de una pareja de amigos y hemos podido visitar otras zonas de la isla.

Encontramos casa con un jardín y piscina muy bonitos, en la zona de San Josep.
Las playas más cercanas que hemos visitado y que en mi opinión merece la pena ver, han sido: Cala Comté y Cala Tarida.
En Cala de Comte hemos comido en el Restaurante Cas Milá y nos ha gustado.

Hemos vuelto a Cala d’ Hort, para cenar en el restaurante, la otra vez estuvimos en el chiringuito de la playa y nos quedamos con la ganas del otro. Nos han gustado ambos.

Hemos estado en la Playa de Aigües Blanques, donde la arena es más oscura y te quema los pies, pero la playa por la tarde se queda en sombra y se está muy a gusto. Os recomiendo de corazón NO ir al chiringuito de esta playa, es caro y la calidad no es buena, mejor llevarse algo para picar desde casa.

Hemos vuelto al Hostal La Torre, para cenar disfrutando del maravilloso atardecer (de los mejores que he visto). No os olvidéis de reservar mesa con anticipación, si queréis ir.

Me hubiera gustado contaros todo con más poesía y menos prisa, pero estoy con el cambio de las maletas, nos vamos a Italia, esta vez a la montaña. Así que pronto volveré a contaros una historia más. Mientras tanto os deseo felices y seguras vacaciones.

Hasta pronto.


Playa de Aigües Blanques.

Este vestido ideal es de Longchamp.


Mi traje de baño es de @honeydressingbeachwear


Cala d’Hort


Playa de Aigües Blanques.

Santa Gertrudis. Mi vestido y el bolso son de Longchamp. Las sandalias de Avec Moderation.


Nuestra casa en San Josep.


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30 julio 2020

Reflexión (post Covid) sobre mis padres

Me hubiera encantado conocer a mis padres cuando eran jóvenes, poder disfrutar de verles despreocupados y soberbios, percibir en sus rostros ingenuos aquel guiño de omnipotencia que nos caracteriza durante “los años del pavo”.

Me hubiera gustado compartir con ellos, de manera consciente, su etapa “madura”, cuando todavía eran jóvenes, pero la paternidad les había desviado hacía un camino más duro y responsable.
Charlar con ellos cuando nosotros estábamos dormidos, a lo mejor compartir una cerveza sin alcohol de las que en aquella época le gustaban a mi papá. Poder escuchar sus reflexiones cuando tenían mi edad actual.

Tengo miles de recuerdos de mis padres. Recuerdos que me hacen desear volver atrás para sentir otra vez la levedad de la inocencia y la tranquilidad de tener todavía mucho tiempo por delante. Sin embargo el tiempo corre y ahora que finalmente les comprendo sin juzgar y les admiro, pero sobre todo les acepto tal y como son, con los defectos que me han hecho ser hija enfadada varias veces y con las virtudes que me hacen sentir afortunada. Ahora es cuando se desata el ancla y se apaga el faro. La viejez que les enmarca me llenará el alma de añoranza y los ojos de lagrimas. Ahora se desmorona la imagen de inmortalidad que cosí años atrás y como nunca, quisiera atrapar un trozo más de tiempo para añadir y asegurarme de alejar esa imagen de abandono que empieza a entristecerme.

Hay cosas que los años no cambian, los padres siempre serán padres.
Y mis padres siempre serán la corriente que me devuelve sana y salva a la orilla. Nunca será suficiente el tiempo pasado juntos, nunca habré tenido bastante de ellos para no extrañarles durante toda mi vida.

La lejanía que este año se ha alargado de manera forzada y rara, me ha hecho extrañar a mi familia más de lo normal. La impotencia de no poder verles cuando me apetezca, si no cuando me lo permitan es una sensación muy extraña, a pesar de que la comprenda y la comparta completamente.
Si todo va bien iré finalmente a Italia unos días, con un poco de miedo y muchas ganas de reunirme con todos ellos.

Seguiré contándoos anécdotas.


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27 julio 2020

¿Ir o quedarse?

¿Ir o quedarse?
Pregunta que todos nos hemos hecho este verano, según íbamos descartando fases, finalmente ha llegado el momento de la “nueva normalidad”. Pues la verdad es que al ser “nueva”, no sabemos exactamente como comportarnos.

Por un lado el miedo, por el otro la ganas. ¿A quién escuchar?

Finalmente nosotros hemos optado por las ganas y con todas las precauciones posibles, hemos empezado a viajar.

Después de Ibiza, nos quedaban unas semanas antes de las vacaciones oficiales de Agosto y pensamos hacer una visita a Ana en Alicante, aprovechando así unos días de playa. No nos veíamos desde meses y teníamos ganas. Además nos salió la oportunidad de un alojamiento muy acogedor, cerca del mar. Planazo.

Bajamos en coche, los niños todavía no están acostumbrados a largos trayectos en coche, así que suelen quejarse y preguntar “Cuánto falta para llegar”, aproximadamente cada cinco minutos. Además Leonardo se marea, así que no hay manera de entretenerle.

Esto también lo ha heredado de mi. Recuerdo los viajes en coche como una tortura y en un autobús aun peor. El solo olor de los asientos y moqueta me nauseaba. En ningún viaje familiar o del colegio, he llegado al destino con dignidad, sin vomitar.
Era la niña que tenia que sentarse delante o que ponía la cara en la fisura de la ventanilla, que mi mamá dejaba abierta. Si, como hacen los perros.

Los días han pasado rápido, no nos hemos relajado pero los niños han disfrutado mucho, nosotros también. Después de todo lo que ha sucedido, tengo la sensación de que algunas relaciones se han hecho más exclusivas y las otras prescindibles. Una especie de selección natural que quizás nos ha recordado quién de verdad cuenta.

En unos días volveremos a Ibiza, mientras tanto os mando un beso grande.


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20 julio 2020

Una anécdota del pasado

Tenía poco más de veinte años, cuando una tarde, volviendo a casa desde la estación de tren, vi a un chico escandalosamente guapo, de los que nunca encuentras por casualidad, a menos que seas la protagonista de una novela. Y sentí el impulso de seguirle. Era rubio, con el pelo rizado, los labios carnosos, las facciones perfectas, un cuerpo atlético. Caminé tras él hasta que se subió en un jeep blanco. “Me gusta hasta su coche” pensé mientras volvía en dirección a mi casa.

Se lo conté a mi hermana mayor, que en aquella época conocía a todo el mundo y me dio un nombre. “No estoy segura, pero encaja con la descripción que me has dado. Está muy solicitado entre las chicas.”

Nunca he sido una atrevida en el amor, por lo menos no lo era entonces, podía vivir de amores platónicos hasta encontrar al que me correspondería y siempre sucedía. Así fue, me conformé con la idea de que un día quizás me lo hubiera encontrado otra vez. No pasaron muchos días antes de nuestro segundo encuentro. Una noche en la discoteca más en auge me lo presentaron, el chico con los dientes más blancos que había visto. Estaba literalmente enamorada. En aquella época los teléfonos móviles eran todavía exclusivos y para mayores, nada de intercambiar números y chatear, en aquella época se llamaba a casa de los padres, con vergüenza ajena y mucho respeto. Me soltó al oído su numero, el de su casa. Me costó un esfuerzo tremendo recordarlo de memoria durante toda la noche. Yo que escaseo de memoria, sin un bolígrafo y un papel dentro de la pochette para la discoteca, en una discoteca con música alta, con coctel que nublan las mejores intenciones y las mentes brillantes. Tuve que hacer tal esfuerzo para recordarlo, que no seguí disfrutando de la noche, solo me importaban los números y su orden.
Me quedé tranquila solo cuando los apunté en un papel antes de acostarme con una sonrisa de satisfacción.

Al día siguiente, marqué sobre las teclas los primeros números unas cuantas veces, antes de encontrar el coraje para componerlo por completo. El corazón me latía más rápido y carraspeé un par de veces mientras el tuu tuu del teléfono notificaba nuestro próximo encuentro.

Estoy en una carrera, mi cuerpo agachado en la posición de salida, el pie rozando el borde de la línea blanca, todo el cuerpo entregado a la tensión que precede al disparo. Bum.

“¿Hola?”

La voz de un hombre irrumpe en mi fantasía. Tiene que ser su padre.

“Buenas tarde”. Saludo educadamente y pregunto por su hijo.

“Quien le llama”.

“Laura”.

¿Se acordará de mi? De repente mi confianza, ganada a un alto precio, tiembla, me pregunto si no se ha tratado solo de una broma, o un gesto galante sin más, pienso que probablemente no se acuerda de mi, pues habrá dejado su numero a varias chicas esa misma noche. Me pongo nerviosa, convencida de que no ha sido buena idea llamar.

Tal vez cuelgo…

“Hola. ¡Te has acordado del número!”

Es él, también me aprendí su voz de memoria, por si a caso siguiera con el amor platónico, una voz ayuda.
Si tuviera que encontrar un defecto a este cumulo de perfección, diría que su voz no le hace justicia al resto, es demasiado aguda. Aun así me gusta.
Mantuvimos una conversación bastante larga y alegre y me pidió una cita. Volvió la confianza de golpe, la aproveché para pensar en que ponerme para la cita del sábado.
Era sábado por la noche, así que recorrí a la ayuda de mi hermano mayor para que me cubriera con nuestros padres. Salimos juntos de casa y acordamos una hora para quedar y subir a casa juntos.
La primera cita con el chico más guapo que hubiese visto fue perfecta como él, hubo buena onda entre nosotros, las horas se fueran corriendo y acabamos la noche con besos larguísimos y la promesa de otra cita.
Nos gustábamos, recíprocamente. Mucho. A veces me parecía imposible, sin embargo cuando estaba con él, percibía el mismo interés y ganas que me devoraban a mi misma.
Tuvimos unas citas más, pocas, se podrían contar con los dedos de dos manos, antes de que el chico perfecto desapareciera para siempre. Nunca supe el porqué, no me dijo nada, simplemente se inventó un par de excusas para no quedar más y poco a poco dejamos de hablar. Fue doloroso, lloré durante días mientras repasaba los recuerdos para averiguar donde me había equivocado, pues no entendía la razón del cambio repentino.
Años después volvió a buscarme, pero ya no me parecía tan guapo, ni me interesaba.

El otro día estaba tumbada en el sofá y me acordé de esta anécdota, nunca descubrí que pasó para que cambiara completamente de actitud. Pero de una cosa estoy convencida. Si un hombre no te busca, mejor olvidate de él.


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14 julio 2020

Saudade

Reclamo el silencio numerosas veces al día, empujo la mirada hacia el cielo y oscilo la cabeza de un lado a otro con gesto teatral, mensaje directo de que la paciencia se está agotando. Murmullo y me quejo de esto y de aquello. Nunca me pregunto si mi actitud resulta molesta, pero es probable. Aun así no soy capaz de contenerme.

Soy un vaso que se va llenando de agua hasta el borde y muchas veces acaba rebosándose.

Sin embargo este mismo mecanismo que pone en marcha mi “operetta” de madre agotada, es el mismo que me crea una extraña sensación física y mental cuando José y los niños no están. La compararía por similitudes a la melancolía, aunque no es la definición exacta.
(La he encontrado, se llama SAUDADE).

Para explicarlo de manera más figurativa: cuando no están en casa, percibo el estruendo del silencio y el peso del vacío y muchas veces acabo pensando en ellos, incapaz de hacer cualquier cosa practica y útil para mi. Es una especie de instinto interior que se activa con la ausencia y me da acceso directo al miedo de perderles. Y cuando el miedo se interpone en la lógica, las defensas se bajan y la racionalidad tiembla.

No os imagináis la alegría que me produce escuchar los familiares chillidos de mis hijos en el vestíbulo, de vuelta a casa. Una sensación de pacificación parecida al gusto de ver un arcoíris después de una estruendosa tormenta de verano.

Están aquí, conmigo.

Entonces las camas vacías dejan de inquietarme y los juegos abandonados en el suelo no me entristecen. Todas las cosas vuelven a tomar vida, el caos se vuelve a animar como una feria de pueblo, alegre y vivaz y yo me adueño otra vez del derecho a quejarme de tanto lío.

Saudade es un vocablo de difícil definición, incorporado al español del portugués saudade,1 que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá.2 El escritor portugués Manuel de Melo la definió en 1660 como «bem que se padece e mal de que se gosta» (bien que se padece y mal que se disfruta).


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9 julio 2020

Ibiza

Cuanto me ha gustado Ibiza.
No había ido nunca, conocía otras islas baleares pero ella no y ahora que la he descubierto, me pregunto porque no he ido más a menudo. Está a una sola hora de Madrid y es maravillosa.

Hemos estado solo cinco días pero los hemos aprovechado al máximo.
Nos quedamos en casa de una amiga a pocos minutos del aeropuerto, nos la alquiló durante estos días, una casita acogedora, con una cama en la terraza y unas vistas increíbles.

Cada día hicimos planes diferentes, la suerte de tener amigos que viven allí y otros que van a menudo, hace que las recomendaciones sean un éxito. También he recibido recomendaciones útiles por Ig direct (gracias). Obviamente en tan pocos días no hemos podido ver todo lo que teníamos apuntado, además con los niños hay alguna limitación más.

Os cuento nuestro itinerario, acompañado de algunas fotos.

El primer día fuimos a la cala D’ Hort y nos quedamos a cenar en un chiringuito ideal en la misma playa.

Al día siguiente a la playa de Ses Salines y a comer en la La Escollera, que es un restaurante en la playa de Es Cavallet, al cual volvimos.
Por la tarde fuimos a visitar el pueblo de Santa Gertrudis, y nos comimos un mítico bocadillo en el bar Costa.

El tercer día fuimos a la Playa de Benirrás, que nos ha encantado, nos hemos quedado todo el día allí.

Al día siguiente fuimos a la Cala Xuclar, ideal pero incomoda para los niños porque es muy pequeña y de rocas, de allí nos desplazamos para ir a Los Enamorados, donde merendamos, aunque nos lo recomendaron para el atardecer.
Mientras que el atardecer lo vimos en el Experimental beach, mientras cenamos.

Un sitio italiano sencillo pero muy rico y cerca de nuestra casa se llama Pane e vino, por si estáis en la zona, vale la pena.

El mejor atardecer de mi vida lo he visto en el Hostal La Torre San Antonio.

He creado una carpeta “Ibiza” en destacados, en mi IG donde cuento el día a día.

 

Cala D’ Hort

Casa Mirador

Playa de Benirrás

Cala Xuclar

Los Enamorados.

Experimental beach

Hostal La Torre San Antonio

 

 


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30 junio 2020

Carpe Diem

La gente olvida. O mejor se adapta a cualquier condición, áspera, inesperada, dura, extremamente difícil… Somos gente capaz de almacenar las vicisitudes en un rincón y seguir adelante, de otro modo no podríamos hacerlo, viviríamos atrapados en los hechos del presente que se convierten en pasado, sin superarlos.

Lo sé porque es lo que siempre ha sucedido, cada vez que se me ha roto el corazón por una relación acabada, ha llegado el momento en el que me he enamorado de otra persona, cuando he perdido a personas que amaba, con el paso del tiempo el dolor se ha convertido en nostalgia, cuando mi mamá se ha enfermado gravemente y durante meses he vivido una pesadilla creyendo de no poder despertar.

Sin embargo un día me he despertado, mi hermano se ha cortado pelo y la barba que había dejado crecer como símbolo de protesta, mi padre ha vuelto al trabajo, mis hermanas a sus vida… Todos nos hemos adaptado al cambio y hemos seguido adelante.

Durante los meses pasados la angustia me ha llevado a un insomnio acompañado de pesadillas, he probado un miedo nuevo, colectivo y la sensación de estar perdida en la incertidumbre. Pero han llegado tiempos mejores, junto al verano, que con su cielos azules y olor de mar, se ha llevado consigo sus tormentos, dejando el horizonte un poco más despegado y llenándome de ganas de sentirlo sobre la piel.
Después de algunas dudas, he decidido aprovechar este instante intermedio, la oportunidad de una tregua entre la guerra pasada y la que podría venir. Será un verano diferente, cierto, pero aun así será verano, el mar nos esperará cristalino y frio como siempre.
Y el sonido de las grillos.
Y la fruta fresca debajo de la sombrilla
Y las cartas al atardecer
Y las duchas al aire libre
Y el olor de cremas aftersun
Y los atardeceres espectaculares
Y las canciones que se convertirán en un hit
Y las cenas improvisadas
Y los cafés con hielo
Y el sal en el pelo hasta la noche
Y las raquetas en la playa
Los juegos, los besos, el vino blanco, la comida que sabe diferente, las estrellas que brillan más, los castillos de arena, la despreocupación del día siguiente….

Aprovechad el momento. (Responsablemente).

Nos vamos unos días a Ibiza, a la vuelta os contaré como ha ido.


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26 junio 2020

Home sweet home

Siempre me ha intrigado ver las casas por dentro, elegir corriendo mi habitación en la vivienda veraniega, buscar puertas secretas o imaginar su historia, encontrar rincones inesperados, enamorarme de algunos detalles o estar en desacorde con la decoración. Conozco a personas que miran paginas webs de apartamentos, sin estar en búsqueda de un hogar, solo por el gusto de verlas.
Las casas son teatros de comedias familiares, únicos testigos de pasiones clandestinas, lugares que proporcionan seguridad y acogida, sitios que sentimos nuestros y donde se consuman las vicisitudes de las personas.
Son silenciosas cuando nadie las habitas, quietas en la inmovilidad de quien está a la espera, pacientes y con un aire nostálgico, a veces un poco triste. Cuando se habitan se llenan de ruidos y de vida que las dejará marcas temporalmente. Guardan silenciosamente secretos del pasado, durante tiempos infinitos.
El primer año en Madrid, vivimos en un apartamento suficiente para una pareja y pequeño para una familia. Cuando Leonardo cumplió un año, justo nos coincidió una oportunidad que aprovechamos y desde entonces vivimos en el mismo piso, que nos gusta mucho.
He recibido varias veces mensajes pidiéndome enseñar la casa, así que he decidido enseñar algunos rincones.


El sofá es de Ikea y los cojines con flores de Zara Home.


Esta libreria es de un diseñador alemán del que no recuerdo el nombre (Alex Walder, creo), la compramos en Berlin. La lampara la compramos en el rastro y luego la pintamos.


La mesita es de Made.com


Nuestra mesa y las sillas son de Vitra. La escultura es original de Sud Africa.


La lampara roja de diseño es de Artemide.


Este cuadro lo pintó Leonardo con solo 4 años y durante mucho tiempo. El mueble negro es de Habitat.


La estanteria es de Vitra, con sus creaciones preferidas de Lego.  El cuadro es de Leonardo.


El mueble y los jarrones son del Rastro, la escultura nos la regalaron y no recuerdo el nombre del artista. El cuadro se llama Il mangiatore di pasta.


Hace poco pintamos el techo de amarillo y pusimos azulejos en el rodapié.


Leonardo y sus cuadros, en su habitación.


Los niños duermen en una cama matrimonial que está en el suelo, a ras del grande ventanal.


Esta escultura es de Habitat

Nuestra Terraza. La magia de la casa.


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