Mamma Mía

5 abril 2018

Vacaciones de Semana Santa

Llegaron las vacaciones de Semana Santa y se fueron más rápido que una de mis duchas desde que ha nacido Orlando.
Los colegios cerraron durante demasiado tiempo y no quiero imaginar como lo han llevado las familias que se han quedado en la ciudad…. Porque desde luego a mi los días en Madrid con los dos en casa, se me hacen muy intensos.
Fuimos a Tenerife, esta vez al al sur de la Isla y nos alojamos en el hotel Sheraton, muy cómodo para ir con los niños, porque tiene un área dedicada exclusivamente para ellos que es fantástica. Nuestra habitación se convirtió en la de mis sueños, con una gigantesca cama donde dormimos los cuatros juntos, aunque en la practica soy sincera, no es muy cómodo. He dormido poco y mal, entre el miedo de que Leonardo se cayera de un lado (de hecho mi instinto de madre me despertó dos veces justo mientras la mitad de su cuerpo colgaba peligrosamente de la cama) y Orlando en el otro lado, pues os podéis imaginar…

Por primera vez acerté con la maleta, una gigante como su se tratase de una nevera, para los cuatros con solo lo estrictamente necesario, además sabiendo que iba a hacer calor. Disfrutamos de unos días de sol, aunque mirándome no lo parece, por mi piel blanca. Eso se debe al hecho de que nunca tomo sol, la mayoría del tiempo estoy bajo la sombrilla, mis momentos de sol son cuando me baño con los niños. Estoy muy atenta con la exposición, para mi tanto como para mis hijos y si puedo, siempre elijo ir a la playa pronto por la mañana y a ultima hora de la tarde.

El agua del mar de todas formas estaba demasiado fría para cualquiera que no sea un pingüino, así que Leonardo se bañó en la piscina y Orlando también, tengo claro que Orlando es un “bruto” también en el agua!
Los bañadores que llevo en las fotos son todos de H&M. En este periodo no me resulta fácil comprar ropa interior y bikinis sobre todo para el tema del pecho. Por ello no quiero gastarme un dineral y además los de H&M a mi personalmente me gustan mucho.

Estamos de vuelta en Madrid, Leonardo ha abierto su huevo de chocolate (que ayudo a terminárselo jeje), parece que nos esperan nuevos días de lluvia, antes de anunciar oficialmente la verdadera llegada de la primavera.
Aquí nos vemos la semana que viene.

Un abrazo!

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola

 


6 ComentariosEnviado por: lcaldarola

2 abril 2018

Lactancia materna

Cuando me quedé embarazada por primera vez y mis amigas me preguntaban si pensaba amamantar, les contestaba que no sabía, que iba a seguir mi instinto. Tenía la “preocupación” de que el pecho se me quedara mal, había escuchado amigas y otras chicas quejarse de que el pecho se les había quedado muy mal y yo todavía me preocupaba mucho por mi aspecto. (Más que ahora, aunque sigo cuidándome bastante, o mejor dicho, lo máximo que me puedo permitir

A pesar de que fuese mi primera vez, no participé en ningún curso de preparación al parto, no sé si fue bueno o malo, sigo sin estar tan convencida de que la preparación sea realmente útil y suficiente para prepararte a lo que es un momento intimo, subjetivo y único en la vida de una mujer. Desde luego llegué al primer encuentro con mi hijo sin saber nada sobre la lactancia materna, pero con la convicción de que no me habría perdido la ocasión de amamantar por nada del mundo. Desde que tuve a Leonardo en mis brazos no tuve dudas, la respuesta a mis amigas era un claro “¡Si!”. Fue la cosa más emocionante de mi vida, el parto y cuando, con todavía el cordón umbilical unido, me colocaron a Leonardo en el pecho. Recuerdo que entre felicidad y lagrimas pensé “que mal huele” y lo amé profundamente.

Los días tras el parto no fueron fáciles, por muchas razones ,que todas las madres conocen: los puntos, las perdidas de sangre, el cansancio, la novedad que junto a la gloria, asusta. Yo me sentía bastante perdida e insegura, tenía miles de dudas y lo único que hacía era tener a mi bebé pegado a mi durante todo el día y toda la noche, sin dejarle ni un solo segundo.
La primera semana en casa, lloró sin parar todas las noches y yo me desesperaba porque no entendía lo que le pasaba, además la falta de sueño carga las sensaciones negativas.

José y mi mamá me ayudaron como podían, pero yo era su madre y hay cosas que nadie puede hacer en tu lugar, ni percibir como tú. Efectivamente pensé que algo no estaba haciendo bien, porque los bebes son muy claros, si lloran es porque hay algo que no cuadra. Descubrí que Leonardo pasaba hambre. Todavía no producía la cantidad de leche adecuada, a causa de la incorrecta succión del bebe y de mi estrés. Decidí volver al hospital donde di a luz para que una matrona me hiciera un tutorial sobre la lactancia materna, para que me explicara bien lo que tenía que hacer. Fue la cosa más útil que hice desde que soy madre, me explicaron las posiciones para amamantar y como Leonardo tenía que poner los labios para coger el pezón, como masajearme los pechos en caso de obstrucción mamaria o de mastitis, todas esas pequeñas cosas que son fundamentales a la hora de amamantar. Me sentí más tranquila y empezamos a dormir mejor, aunque me quedé con la ansiedad de no tener la suficiente cantidad de leche para mi bebé. Esta sensación desafortunadamente me acompañó y se quedó durante todo el periodo de la lactancia y solo con mi segundo hijo entendí que me equivocaba.

La lactancia materna se puede presentar más o menos complicada y el estado mental influye positivamente o negativamente en ella. Bajo mi punto de vista, hay que intentar e insistir, hay que seguir poniendo al bebé en el pecho, porque la lactancia se basa en un mecanismo de demanda y oferta: cuanto más succiona el bebé, más leche se produce.
Las primeras semanas me sentía muy insegura y decidí complementar mi leche con la artificial. No me arrepiento porque eso me ayudó a tranquilizarme, a tomar conciencia y por fin a lograr una cantidad suficiente de leche materna, pero aprendí y con Orlando no necesité ninguna “ayuda”, mi cuerpo se convirtió en una perfecta maquina de producción de leche y disfruté de la lactancia materna como nunca. Sigo amamantando a Orlando, que tiene nueve meses.

Pero volvamos con Leonardo, cuando pensaba que todo iba bien, surgieron nuevos problemas, las famosas grietas en los pezones, causada por un problema “mecánico” al mamar sólo del pezón en lugar de agarrar una buena porción de pecho, incluyendo además del pezón gran parte de la areola. Me dolían tanto, que llegué a llorar alguna vez que el bebé comía. Me curé con algunas cremas especificas, tardé días de sufrimiento, pero jamás pensé en desistir. Luché contra el dolor con el amor, con la conexión que sentía cada vez que me sentaba con mi pequeño en los brazos. Este problema también lo tuve con Orlando también, pero menos fuerte, es útil empezar a cuidar los pechos durante el embarazo y luego mejor utilizar areolas mamarias de cera natural y las cremas nutritivas especifica después de cada toma. Una vez pasadas ya no volvieron y disfruté de la lactancia materna en su máxima plenitud.

Esta ha sido mi experiencia, no soy una experta y aconsejo cálidamente a todas las madres que tengan dudas o problemas, a contactar con una matrona, a mi me ayudaron mucho.
Para mi la lactancia materna, a pesar de sus problemas iniciales, ha sido práctica y quien me siga en las redes seguramente habrá visto mis fotos amamantando en cualquier lugar y situación, desde luego la estación me ha favorecido, porque Orlando nació en Junio. Pero en ambos casos, tanto con Leonardo como con Orlando, he disfrutado de estos momentos que para mi han sido especiales, hay pocas cosas vividas hasta ahora que puedo comparar con ello. Respeto la decisión de no amamantar o de elegir el periodo de lactancia materna, cada mujer tendría que sentirse libre sin ser juzgada. Personalmente recomiendo la lactancia materna a todas las mujeres del mundo, desde el corazón, no por razones medicas o filosóficas, si no porque por una vez en la vida (o algunas más ;)) tenemos la posibilidad de cumplir un milagro.

Pd: Ahora que todos los expertos recomiendan la lactancia materna hasta pasado el año, nos falta luchar para que también el estado nos deje la posibilidad de cuidar de nuestros bebes por un tiempo superior a esos cuatros miserables meses!

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


6 ComentariosEnviado por: lcaldarola

26 marzo 2018

cuando llega el segundo hijo

No os fieis de las matemáticas, porque en algunos casos nos engaña, por ejemplo cuando tienes un hijo y luego otro, si sigues la matemática te prepararías para dos hijos, mientras que el segundo hijo “equivale a dos niños”, como en las ofertas del supermercado cuando compras dos al precio de uno. Lo que quiero decir es que cuando llega un segundo hijo, en el equilibrio familiar se percibe como si hubieran dos niños más o incluso tres en los días más drásticos.

He tardado mi tiempo antes de llegar a considerarme de nuevo una “mujer libre”, aunque mi libertad ha cambiado mucho comparada con mi vida de antes de la familia y de los niños especialmente. Pero he conseguido recuperar el timón de mi vida: un trabajo, los entrenamientos en el gimnasio, las comidas con amigas, algunas cenas con José…. Cómplice ha sido también el buen carácter de Leonardo. En ese momento de cercanía a una vida ideal, sentí(mos) que era el momento de buscar a un hermanito/a para Leonardo, desde que me quedé embarazada tuve claro que iba a buscar el segundo antes o después, me gustan las familias de cuatro en adelante 😉

Orlando tardó poco, no tuvimos que buscar mucho la verdad, creo que él también tenia ganas de llegar.
Nuestro segundo hijo (que es también mi adicción), ha llegado como un tren de alta velocidad, como una tormenta repentina en un día de playa, que no te deja tiempo ni de quitar las toallas y ponerte a correr. Nuestro segundo hijo nos ha “removido” el equilibrio logrado.

Lo que más me afecta es la “inestabilidad emocional”, una “patología” que en general ataca a las madres y es fuente de discusiones con la pareja del sexo contrario, que “no entiende”. Esta sensación que nos atrapa es difícil de explicar y aun más difícil de tener bajo control, pero quiero reiterar que no nos “volvemos locas” tras tener hijos, simplemente somos victimas de una lucha emotiva que nos crea bastantes cambios de humor repentinos. Esta lucha emotiva depende de muchos factores, a parte de los biológicos, hormonas y compañeros… El instinto maternal adquiere tamaños muy grandes, hasta sobresalir por todos lados, como un globo de agua pinchado . Las madres quieren hacer lo “más” y “mejor” por sus dos hijos, lo intentan con todos sus recursos, pero no obstante de los súper poderes, es imposible ser un ejemplar de perfección. (No pasa nada, nuestros hijos igualmente nos ven como una mezcla entre una Santa, Frozen y wonder woman).
Las cargas de una madre de dos hijos son muchas, aun más si se habla de una mujer trabajadora y fácilmente puede causar un cortocircuito interior. La mezcla potente de “lo que quiero” y “lo que puedo” crea una bomba de frustración muy peligrosa y cuando explota, causa lloros, raros bailes y cantos nerviosos (por lo menos a mi, yo canto de los nervios muchas veces), gritos, besos y apretones al bebé y a veces también al marido (en su caso más apretones que besos, o incluso ganas de pegarle una bofetada sin razón).
La cantidad de amor que probamos es proporcional a las ganas de repartir bofetadas a toda la familia, a ti misma incluida.

Después de mi primer hijo pensaba que la maternidad no era tan dura, a pesar de los sacrificios, los cambios y el cansancio, cosas que ya tenía planificadas y consideradas,
me parecía exagerado que ciertas mujeres hablaran de la maternidad como algo amargo, incluso me molestaba. No he cambiado de opinión, pero tengo una nueva perspectiva, una nueva conciencia de la maternidad, que sigue siendo mi mayor apuesta ganada, mi mayor reto superado, mi mayor victoria, pero con días duros sin salida y humor bajo los pies.
Después de mi segundo hijo el tiempo libre ha desaparecido del todo, pero lo aguanto, junto a él ha desaparecido también el deporte que formaba parte del “tiempo libre” y también lo aguanto, me conformo con el verme menos “perfecta” y practicar yoga dos veces por semana en una escuela al lado de mi ex gimnasio (jajajja, para no cambiar demasiado de rutina). Me he acostumbrado a pedirme menos a mi misma, para contener un nivel de frustración controlable.
Lo que si me pica es no poder pasar tiempo de calidad con Leonardo, aceptar el haber pasado de cien a cero con él. De una madre omnipresente a una madre que podría olvidarse de buscarle al colegio.
Me pregunto si la profunda y cercana relación que hemos construido durante estos años se quedará en el olvido y si se acordará solo de la (segunda) madre, siempre liada y con su hermano en brazo. Un día me preguntó: ¿Mamá porque tú haces así? Y se puso a caminar rápido de un lado a otro del salón….
Mmm voy rápida por hacer muchas cosas.
A veces siento que he perdido un hijo mientras he ganados tres, está claro que las cuentas no cuadran….

En fin, me considero una madre todo terreno, que compagina bastante bien vida profesional y familiar, estoy realmente feliz y satisfecha de mi vida, pero no nos engañemos, se podría vivir aún mejor…. Es decir que la vida de madre se aleja bastante del modelo de perfección y se acerca peligrosamente al de realidad. Somos tan reales como la vida misma

¿Como os ha cambiado la maternidad?

Los niños estan vestido de Tiny cottons.

Foto de Jesus Romero Del Duque 

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


11 ComentariosEnviado por: lcaldarola

23 marzo 2018

Diálogo con mi hijo

Mamá te vas a poner vieja?

Si

No quiero.

Pero dentro de mucho tiempo. Cuando yo sea vieja, tú ya serás mayor, más que yo ahora y tendrás a tu familia. Te habrás casado y tendrás hijos tuyos, como lo sois Orlando y tú para mi.

Mamá yo no quiero casarme.

Y porque?

Porque los que se casan se van a la luna.

Irse a la luna para Leonardo equivale a morir, en su ingenuidad de niño, la muerte representa un lugar lejos de los padres, donde estamos solos y esto le preocupa. En cierto sentido para los mayores es también así, nadie sabe lo que realmente es la muerte y lo que se siente cuando se muere, lo que hay después. En la versión terrenal, es dejar la vida, a la que estamos agarrados con fuerza y con ella, sus los afectos: hijos, padres, parejas, amigos…. Lo del cielo ayuda a tener un contacto, imaginar que alguien que hemos perdido no está muy lejos y que a lo mejor no nos puede mirar sentado en una nube o detrás de una estrella y que nosotros lo podemos imaginar y buscar desde la ventana de nuestro cuarto.

Leonardo los que se casan no se van a la luna.

Si mamá me lo ha dicho Inés (su compañera de clase y “enamorada”).

Y entonces entendí que hubo un malentendido jajajaj que Inés se refería a la luna de miel, mientras que Leonardo lo conectó con el “irse al cielo” de la muerte.

Leonardo los que se casan se van a la luna de miel, es diferente, se trata de un viaje a un lugar muy bonito, como las vacaciones. Van de vacaciones juntos y luego regresan a casa. Me mira desconfiando…

Bueno yo prefiero no casarme.

Vale.

A mi no me importa que te cases o no, si decides estar con alguien o solo, si quieres tener hijos o no. Pero rezo cada noche para que estés sano y feliz cada día de tu vida, hasta que te hagas viejo, aunque ahora la idea de envejecer no te gusta, pues te confieso que a mi tampoco me emociona. Pero tenemos tiempo suficiente para acostumbrarnos, para notar las primeras arrugas convertirse en líneas marcadas de nuestro rostro y nuestro cuerpo hacerse más blando y más curvado, para sentir la fragilidad adueñarse de todos nuestros movimientos. Nuestro aspecto cambiará radicalmente pero conservaremos los rasgos y lo más importante: la esencia.

Con los años nos haremos más sabios y nuestra mente más fuerte, seremos capaces de aceptar la “derrota física” de nuestro cuerpo si hemos cultivado nuestra alma. Envejecer es inevitable si no morimos jóvenes y ojalá pudiéramos vivir la vida hasta el final, tener la oportunidad de conocerla a fondo, de formar parte de su misterio y quizás llegar a comprender una parte de ella, por muy pequeña que fuera.

Esa será mi mayor recompensa como madre. Tu felicidad, vuestras felicidad.

Y llegar a la vejez mucho antes que vosotros, con el alma en paz y el corazón desbordante de amor. Si para entonces habrás cambiado de opinión, si te has enamorado de una nueva Inés y querrás casarte e ir a la luna (de miel) también, o tener hijos, con la misma convicción y entusiasmo que he tenido yo, disfrutaré de verte como padre. Te apoyaré en los momentos duros, que son pasajeros y escucharé las anécdota divertidas que me cuentes, me acordaré de ti hijo, de nuestra conversación y delante de un café, siempre que hayas heredado mis gustos y no los de tu padre, si no será un vaso de leche frio o un agua jajaj, buscaré este post para leértelo.

A mis hijos, que sean padres felices un día (si quisieran) igual que os veo felices hoy.

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


5 ComentariosEnviado por: lcaldarola

19 marzo 2018

El post del lunes

Tengo tres hojas de Word abiertas y cada una de ellas con temas diferentes para desarrollar el post del lunes. Uno dedicado al día del padre, que justo coincide el mismo lunes, uno dedicado al día de la felicidad, que será el próximo martes veinte (si no me equivoco) y otro que tengo pendiente desde hace una semana, sobre el tema de la “seguridad” de nuestros hijos. Orlando acaba de dormirse y Leonardo está jugando con José. Es mi momento del fin de semana para aprovechar y escribir el post del lunes, así que enciendo el ordenador y abro el primero de los tres documentos, relacionado con del día del padre, pero no me sale nada, no tengo la inspiración y sobre todo no tengo el humor adecuado. Para escribir este tipo de post, de naturaleza emotiva, tendría que estar sola, en un momento en el que pueda concentrarme y escuchar mi corazón, sus palabras dulces y llenas de amor. Hoy no es el día, entonces descarto la opción A, para pasar a la B, además tengo un borrador empezado sobre lo que es para mi la felicidad. Lo he vuelto a leer, tengo la introducción, así que me va a dar tiempo de terminarlo antes de que Orlando se despierte. Me preparo un té negro, sin azúcar. Leonardo y José están en plena lucha de legos y gritan, no hay forma de callarles, shhh les digo repetidamente, pero pasan de mi. Intento concentrarme en el texto, doy un trago de te, que ya se ha enfriado. En perfecta sintonía con el panorama por fuera de la ventana. Frio en todas sus facetas, lo que nos rodea desde hace tiempo, frio de temperatura, pero sobre todo frio de colores, de animo, de sensaciones bajo la piel, dentro del cuerpo. Me considero “meteorópata”, es decir que si el tiempo está feo, yo también estoy fea, por dentro y también por fuera. De hecho esta mañana me he despertado nerviosa sin grandes razones, bueno la razón es el tiempo, la lluvia que no nos da tregua y el gris que me hace extrañar el cielo azul de Madrid. Me doy cuenta de que no estoy en el mood para escribir sobre la felicidad tampoco, sinceramente estoy cabreada, con derecho y sin razón, así que escribir sobre la felicidad en este momento me suena hipócrita.
Definitivamente decido descartar la opción B y pasar a la C, un tema del que quiero hablar y sobre todo escuchar opiniones, pero se me hace todo más frío aún y un poco triste, tampoco me apetece escribir sobre ello, además de que el ruido en casa es insoportable. Me voy a la habitación, donde nadie me puede molestar y me pongo en la cama, al lado de la cuna donde Orlando está durmiendo su siesta. Intento hacer el menor ruido posible, porque tiene el sueño ligero, pienso que incluso el ruido de mis dedos sobre el teclado podría despertarle. ¿Qué condiciones son éstas para trabajar? Me digo a migo misma, escribir mientras el tic tac del tiempo “libre” me amenaza bajo forma del respiro de Orlando que cambia de repente o de un sonido que emite o de un movimiento de su cuerpo. Le miro. Menos mal sigue durmiendo.
¿Que me queda tiempo para escribir? ¿Cual es mi opción D? No la tengo, mi opción D soy sencillamente yo, al final estoy escribiendo un diario, porque dos publicaciones a la semana son una rebanada abundante de la tarta que es mi vida. Escribir lo que siento es lo mejor.
Hoy me siento una madre arrastrada por el suelo, si tuviera que ilustrarme, me dibujaría completamente encorvada con la cabeza boca abajo y el pelo largo que cae casi hasta el suelo, los brazos colgando de mis hombros, como si fueran dos lazos que vacilan con el viento. A mi alrededor José como un malabarista, Orlando llorando boquiabierto, con las lagrimas que salpican como si fueran el agua de una fuente y Leonardo mitad niño y mitad tortuga ninja.
Este sábado soy una mujer frustrada (descubriré que la sensación tuvo secuela hasta el domingo también), con el pelo encrespado por la lluvia, los nervios a flor de piel y la ganas de una ducha caliente, que se transformará en un chapuzón en la ducha cuando nadie se de cuenta. En mis días de rabieta me molesta todo, cosas y personas, me pondría un cartel que ponga “dejarme en paz” encima de la sudadera, que justo acabo darme cuenta de que me he puesto al revés y que parece una colección de mis pelos caídos a causa de la lactancia.
Bueno, por lo menos parece que ha parado de llover, con suerte durará una media hora, la que tengo que aprovechar para salir a hacer recados. Los sábado de lluvia, la vida de madre es un coñazo verdad?

¿Madres que tal van vuestros sábados de lluvia? ¿Alguien más tiene rabietas?

Las fotos las hicimos el Domingo, día de sol caliente y de cielo azul. Éste es mi Madrid.

La sudadera que llevo con la firma de Leonardo es un regalo adelantado del día del padre, la encargué en la tienda Árbol en Madrid. Mis vaqueros son de H&M, mis zapatillas son Adidas, mi bolso personalizado con mis iniciales es una “Diaper bag” y es de Josefina. Mis collares son de Dimes que me quieres y de Senzou, las gafas de Glassing.

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


7 ComentariosEnviado por: lcaldarola

12 marzo 2018

Fin de semana

Otro fin de semana ha llegado y la lluvia no nos da tregua.
Voy a escribir este post como si fuera un diario, cada día voy a contar lo que hemos hecho. Hoy es sábado, pero mi fin de semana ha empezado ayer, con la fiesta de cumpleaños de Marta, nuestra amiga desde hace muchos años. Cumplió treinta …. Bastante menos que mis treinta y cinco, desde que vivo en Madrid estoy rodeada de gente más joven, empezando por José.
Hacía mucho que no salía por la noche para algo más que una cena y fue mejor que la noche de Cenicienta con el príncipe, aunque duró un soplo.
Estaba todo el grupo de amigos de siempre, más algunos nuevos, mucha gente tomando copas y picoteando. Bailamos mucho, pero tuve que volver pronto porque Orlando se había despertado y reclamaba mi presencia. Parece que a los ocho meses existe “el miedo al abandono”, en su caso también los dientes que están saliendo. De hecho cuando llegué estaba jugando en el salón con nuestra niñera, a la 1.30 de la noche jajaja. Parecía estar poseído por la fiebre del sábado noche. (aunque fuera viernes).


Dormimos juntos hasta las 9 de la mañana, mientras que a José le fue peor, porque Leonardo se despertó a las 8 y quería jugar.
Este es nuestro problema, nos encanta salir, pero el día siguiente llega la cuenta y se llama hijos.
La lluvia acaba de regalarnos una pausa y los niños también, Orlando hace su siesta mientras Leonardo juega solo, me gustaría hacer yoga, sería el momento perfecto, pero tengo que elegir entre hacerlo o escribir el post. Me pasa todos los fines de semana, cuando los niños descansan yo tengo que aprovechar al máximo el tiempo y escribir, nunca tengo un momento “libre” para dedicarme a mi misma, para dormir si estoy cansada, para pintarme las uñas si las tengo destrozadas, para darme el masaje que Ana y Miri me regalaron por mi cumpleaños en Noviembre (estamos en marzo…). Durante los fines de semana tendría que ser más fácil porque está José también, sin embargo es peor. Somos dos con las necesidades de tener un momento de respiro. Nos tocan los turnos y aguantar el respiro. He aprendido a aguantarlo, hasta que me llegan las lagrimas a los ojos y el malhumor se adueña de mi corazón.


Leonardo me ha pedido un arroz con tomate para comer. Le dije “un arroz a la cubana entonces, con huevo también”. “Vale” me contesta sin hacerme mucho caso. Para mi el arroz con tomate es como cometer sacrilegio vacilamos por ello.
Cuando le presento una versión de arroz a la cubana, me dice:
“Mamma pero yo quería el arroz con tomate en un plato y el huevo en el otro”.
“Pues hijo, esta vez te los comes juntos”. Nunca le dejo salirse con la suya cuando se trata de comida y hábitos, aunque soy una madre muy comprensiva.
Yo opté por espaguettis de calabacin con pesto y ricotta.

Es domingo. Me he despertado con una luz maravillosa que entraba por la ventana manchada de miles de perlas de agua que brillaban bajo el sol inesperado. Pensé en hacer una foto, pero tenía mucho sueño y he preferido aprovechar los diez minutos de alegría y tranquilidad de Orlando recién despertado. Leonardo y José estaban ya abajo pintando una nueva obra.
El sábado por la noche había quedado con las chicas para salir a cenar, pero Orlando no estuvo de acuerdo y antes de prepararme, empezó a despertarse repetidamente y a buscarme. No hay manera de que le duerma otra persona, incluso su padre, solo me quiere a mi, tiene su pico de “mimosería” este mes. No me dio tiempo ni de sentir pena por no salir, me dormí antes. En el sofá, no eran ni las once y media.
El tiempo se está portando bastante bien y hemos podido salir por la mañana para hacer la compra, nada más. El supermercado es una cita fija del weekend, para la felicidad de José jajajja. A mi me encanta, incluso creo que mi cerebro con el tiempo, ha trabajado sobre mi consciencia de consumidora, creando un nuevo sentido que es el disgusto a tirar las cosas, como consecuencia compro poco y muchas veces. A Leonardo también le gusta, me ayuda a cambio de un huevo kínder o una de las pelotitas de las maquinas de la entrada.
Sin que José se enterara hemos empezado a preparar unas sorpresitas para el día del padre (ya os iré enseñando en Instagram).
Por la tarde tenemos planeado ir a ver a los dinosaurios, en una expo que hay en Madrid. Os contaré que tal en la última parte de post que escribiré por la noche y después hemos quedado con Ana y Zoe.

La expo de los dinosaurios está al lado del Palacio de Hielo y son de tamaño real, así dicen y les creo, porque yo nunca he visto uno. A Leonardo le dio miedo al principio, pero poco a poco se soltó y acabó disfrutándolo. Orlando alucinando desde el principio jajjajja. A la vuelta vinieron Ana, Zoe y Juan Carlos con un helado de nuestra heladería preferida de Madrid, que se llama La Romana (es italiana) y pasamos el resto de la tarde. La conclusión es un poco rápida, pero mi domingo todavía no se ha acabado, tengo que cenar y disfrutar de las pocas horas que tengo a solas con José.

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


9 ComentariosEnviado por: lcaldarola

8 marzo 2018

Ocho de Marzo

Estad atentos de no hacer llorar una mujer porque Dios cuenta sus lagrimas! La mujer ha salido de una costilla del hombre, no de los pies para ser pisada, ni de la cabeza para ser superior, más bien del costado para ser igual, un poco más abajo del brazo para ser protegida, en el lado del corazón para ser amada.

Roberto Benigni – 10 mandamientos – Talmud

Nunca he sido una de manifestaciones, prefiero luchar discretamente y pequeñas batallas cada día. No necesito gritar, no me apetece prevalecer, ni hacerme notar. Prefiero la tranquilidad, la libertad de pensamiento y el anonimato. No hago alianza ni con los buenos ni con los malos, “soy freestyle”. A los debates prefiero el dialogo, al pasado prefiero el presente, al futuro también prefiero el presente, porque es el único momento en el que puedo intervenir. No trato la historia con indiferencia, no juzgo la cultura, sinceramente prefiero vivir y dejar vivir.

¿Que tipología de mujer soy entonces?

Soy el fruto de lo que ha sido, de lo que es y una degustación de lo que será. Soy una mujer luchadora en cada día de mi vida. No hay día que pase sin un desafío que ganar o un reto que conquistar, independientemente de lo pequeños o grandes que sean. Soy una mujer valiente cada vez que tomo una decisión y cada vez que hay una consecuencia que pesa sobre mi espalda , cada vez que me enfrento a un problema, sabiendo que puedo salir destrozada, he sido valiente cuando he dado a luz por primera vez y valiente por haberlo repetido. Soy una mujer pionera dentro mi casa, en la educación que doy a mis hijos, sabiendo que ellos son el futuro, en la cocina y a veces entre las sabanas 😉 Soy una mujer que se parece a las demás mujeres, pero diferente. Así es, no hay igualdad en los rasgos, en los colores, en la voz, en las apariencias, en el carácter, en la edad, en la forma de ser y de actuar…. Hay diferencias, grandes, pequeñas o casi invisibles, que nos hacen únicas en el mundo.


Total look de H&M

Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años…
Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas…
Sigues aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón…
¡Pero nunca te detengas!

Madre Teresa de Calcuta

“Una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio.”

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

 


12 ComentariosEnviado por: lcaldarola

5 marzo 2018

Productos que te harán la vida (de madre) más fácil

Cuando pienso en mi primer año en Madrid, me pregunto ¿Cómo lo he hecho, como he superado los meses más difíciles de la maternidad, (casi) sola en un país extranjero y con el Roaming que todavía tocaba las narices?
Los primeros meses para una madre primeriza son complicados, por no decir duros y lo mejor que te puede pasar es tener a tu madre cerca, o a alguien que te pueda ayudar, alguien con más experiencia que tú y en quien confías ciegamente.
No ha sido mi caso, yo he sido autodidacta, pero a pesar de todo sé que he superado la prueba brillantemente. Leonardo me lo muestra cada día, puedo serenamente decir que se ha convertido en el niño que siempre habría deseado tener, con las características y los valores que para mí son importantes y espero que los años por venir, no se lleven con el viento todo el duro trabajo con el que he sudado la gota gorda.

Por otro lado, estoy yo, una madre como muchas, cansada y feliz. La suerte no me ha traído crisis nerviosas, ni depresiones post parto, incluso he aprendido muchas cosas y el haber conseguido cada meta sola, me ha fortalecido. He salido indemne de mi primera experiencia como madre. Tres años después ha llegado mi segunda vez.
La segunda maternidad no es como la primera, se diferencian ya desde el embarazo y con los segundos hijos nos damos cuenta de que estamos mucho más sueltas, menos miedosas y menos agobiadas. Estamos más relajadas, aunque el trabajo se multiplica y no por dos….. (algunas sabéis a qué me refiero).
Las experiencias, buenas y malas, enseñan, a pesar de que la maternidad es algo natural, un instinto que tenemos guardado hasta el día en que nos convertimos en madres de una criatura y aunque soy la misma madre, con los mismos valores y la misma forma de educar, he espabilado. Esta (segunda) vez soy más lista y práctica.

Os cuento algún ejemplo práctico.

La lactancia.
Cuando Leonardo era bebé, solía amamantarle sentada en una mecedora, en nuestra habitación, también por la noche, cada vez que Leonardo llamaba, lo cogía y lo llevaba a la mecedora, una, dos, tres veces… cuantas hiciera falta, cuantas necesitase. Muerta de sueño, pero concentrada para que no me cayese de los brazos, me balanceaba durante la toma, que duraba más o menos una media hora, después lo volvía a poner en su cuna y yo me metía en la cama otra vez.
Con Orlando he cambiado técnica: le cojo y le tumbo directamente en mi cama, a mi lado, donde amamanto tumbada y vuelvo a dormirme rápidamente. Orlando se queda conmigo en la cama, dormimos juntos y si vuelve a despertarse nos cambiamos de lado y repetimos lo mismo. La mecedora sigue en mi habitación y por la noche es donde pongo los cojines decorativos de la cama, mi culete no ha vuelto a sentarse allí ni una sola vez por la noche. Cómo no se me ocurrió antes es mi pregunta a día de hoy.
(Se que muchos pediatras no recomiendan dormir con los bebes, porque podría llegar a ser peligroso. En mi caso he confiado en mi instinto maternal y sinceramente me ha devuelto muchas horas de sueño)

Con Leonardo no tenía ayuda, pero no trabajaba y además me apetecía pasar con él todo mi tiempo, disfrutaba con la conexión que se iba construyendo. No me arrepiento de ello, pero reconozco que no sería capaz de volver a hacerlo, ahora las pocas horas en las que se queda con la niñera, para mí son bocanadas de aire fresco, las necesito, no solo para trabajar, también para distraerme.

Mi poca desenvoltura como primeriza me ocultó todos los artículos que te hacían la vida más fácil, existentes en el mercado, así que Leonardo se ha criado entre los cojines del sofá o encima de una esterilla colocada en el suelo y rodeado de cojines, con los juguetes esterilizados. Sí, porque yo esterilizaba todo, también los juguetes jajjaja.
Los únicos accesorios para bebés que tenía eran una trona y un columpio que se enganchaba al marco de la puerta.
Con Orlando se me ha ido de las manos y ha pasado completamente lo contrario, parece vivir en un centro comercial, tengo de todo: un alfombra gimnasio, un parque donde cabemos toda la familia si quisiéramos, el nido, la trona, la mini cuna, la cuna, el cambiador con bañera incluida, los monitores con miles de funciones… y ahora acaba de entrar como estrella de la casa, un nuevo “multi-producto” Baby Hug 4 en 1 y de Chicco, que puede ser utilizado como Moisés de día, hamaca, trona o silla. (ya os lo enseñé en stories). Una novedad que me ha dado alas para volar. Gracias a su versatilidad me puedo llevar a Orlando conmigo por toda la casa, moviéndolo fácilmente de un lado al otro gracias a las ruedas giratorias. Por fin es posible hacerse una ducha! (oye sigue siendo obligatorio jugar al cucú con la cortina de la ducha, para que el peque no se aburra mientras nos mira). Lo mejor de todo es que si el peque se duerme, con un botón se puede reclinar completamente la silla hasta convertirse en cuna. Estoy entusiasmada con este producto. Me da rabia no haberlo descubierto antes, porque es a partir de los 0 meses (hasta los 36, o sea que casi me cabe Leonardo jajja). Por último se pueden regular diferentes alturas y para entretener hay una barra con luz, música y peluches.

En fin, mi alrededor ha cambiado muchos durante estos años, menos mal que también el piso, porque desde luego en el anterior todo esto no hubiera cavido. Es cierto que estas comodidades ayudan mucho el día a día, creo que todas las madres tendrían que recurrir a estos recursos si pueden, pero recordad que los sacrificios, las noches en vela, los mocos y los primeros dientes, los lloros y los miedos son insustituibles. Ser madre, a pesar de las comodidades, sigue siendo el trabajo más duro del mundo! (Pero recompensa tanto como el mundo entero).


5 ComentariosEnviado por: lcaldarola

1 marzo 2018

En los días de lluvia

Los días de lluvia me hacen sentir más que nunca la necesidad del sol. Lo sé, es necesario que llueva, Madrid lo necesita, el planeta lo necesita y se trata solo de agua que cae del cielo, no duele, solo moja. Pero igualmente no me convenzo, la sensación de mojado y sobre todo el gris que conlleva la lluvia, no me gusta. En verano lo llevo mejor y también cuando llueve con el sol, muy raramente, tanto que en Italia decimos que “si pettinano le streghe” o sea que se peinan las brujas.

Los días de lluvias, si tienes hijos son peores aun, porque te ponen patas arriba todos los planes. Me gustaría ser de esas madres que le ponen las botas de goma a sus hijos y les sacan al parque a saltar en los charcos. Pero yo no, no soy una madre “charco friendly”, más bien formo parte de la categoría “cuidado con los charcos hijos” o en el caso de que Leonardo lleve botas de agua, le permito saltar en los charcos pequeños y con cautela: “¡¿No saltes muy fuerte eh?!”

Oye la lluvia tan limpia no es…. mancha, no como el chocolate o el zumo de fruta, pero tampoco es Font Vella, tiene incluso su olor. El inconfundible olor a lluvia.

Cuando llueve yo me encierro en casa y miro los cristales de las ventanas llenarse de gotas (un rollo limpiarlas después), recuerdo a mi madre bajar todas las persianas para que no se manchasen los cristales, creaba de repente a un bunker oscuro, que incluso en pleno verano, parecía de noche (menos mal que por lo menos esta manía no la he heredado, solo me faltaba…!). Sin embargo ella se la pasaba bien fuera de casa con el paraguas.

El paraguas, un objeto que en España casi no existe (la mayoría de la gente prefiere salir sin el) y que yo, italiana del norte, tengo como accesorio imprescindible en el armario de la entrada; uno grande, uno pequeño, uno de niño… una familia de paraguas que miro con desconfianza (di Traverso) cada vez que abro el armario.

Afortunadamente los niños viven la lluvia con otro espíritu, Leonardo por ejemplo es capaz de proponerme planes como ir al parque:

¿Mamá vamos al parque?

Yo desde la cocina casi me atraganto con el bocata y corro al salón como si hubiera un peligro inminente.

¡¡¿¿Al parque??!! ¡Leonardo está lloviendo! No se va al parque con la lluvia (y quien lo dice) ¿Estas aburrido? Venga hacemos algo, jugamos a lo que tú quieras.

Vale, ¡Entonces jugamos el lego! (que no significa construir con los legos, si no que jugar a luchar con los personajes y con los que ya hemos construido… Socorrooooo).

Pues venga, vale vamos al parque.

Nos vestimos para dar envidia a los astronautas: el chubasquero y en cima el abrigo impermeable, muy largo y con capucha también, los leggings dentro las botas de lluvia y dos paraguas, uno cada uno. Cierro la capucha como si fuera una anteojera de los caballos, imposible mirar a nuestro alrededor. Así disfrazados, salimos para ir al parque más cercano de casa, el de cemento, porque los de arena están prohibidos! Estamos solos. Me alegro de que las otras madres sean como yo, me siento más tranquila ahora.

Leonardo mira todo el parque para tí.

Él se lanza por el tobogán pero le toca empujarse con las manos, porque el metal mojado hace fricción con los leggings y entonces no resbala, finalmente acaba bajando de pie.

¿Mamá que hacemos? Me pregunta como si yo fuera yo un adivino.

Volvemos a casa a merendar! Te preparo una chocolate caliente y compramos doscientos churros, ¿Te apetece?

¡Claro que le apetece! Y así volvemos a casa, merendamos con algo que me gusta a mi también y entre tanto han pasado ya casi dos horas. Trucos de madre 😉

Cuando más o menos tenía controlada la relación LLUVIA/NIÑO, vino un nuevo obstáculo, fue como pasar al nivel 2 de un videojuego. Llegó Orlando, el hermanito de Leonardo. La lluvia volvió a cambiar mis planes, pero mis planes no cambiaron la lluvia, que sigue siendo la misma, mojada y gris.

Cuando compras un cochecito de bebé, juntos viene también el famoso plástico para la lluvia. Descubrí su existencia antes de ser madre y veía esos niños “envueltos en cinta adhesiva” juntos a sus carritos. Nunca me gustaron estos plásticos, de echo nunca he utilizado el mío. Os confesaré que no sé ni como se pone, a veces me lo llevo y como caiga, lo tiro encima a lo “porco bestia” (bruto) y estoy avergonzada por los que me ven.

En fin, si llueve prefiero no salir. De hecho llevo dos días en casa, además con Orlando malito, que lo hace todo aún más intenso. El gris lo llevo por dentro también y se acumula con las noches sin dormir…. Salgo solo para ir a buscar a Leonardo y tardo más en abrigarme que en llegar y volver a casa. Le concedo venir en brazos hasta casa. Pesa muchísimo, ya no es mi pequeño. ¿¿Cuando ha crecido tanto??

Leonardo ponte la mochila, sujeta el paraguas y agarrame fuerte.

Él sigue mis ordenes a la perfección y así nos encaminamos hasta casa, perfectamente acoplados el uno al otro por el borde de la acera, donde los balcones reparan un poco de la lluvia.

Una vez en casa estamos todos secos y a salvo de la lluvia. Llego a casa y el otro bebote me espera ansioso.

#vidademadre

Sígueme en Facebook, Instagram y Twitter: Laura.Caldarola


4 ComentariosEnviado por: lcaldarola

26 febrero 2018

En un mundo ideal, habría también colegios ideales.

No recuerdo con quien iba a la guardería, solo me acuerdo que en cuanto pisaba la entrada, me iba corriendo al patío exterior donde estaba el parque. Mi columpio preferido era una pelota gigante de metal, para trepar, pero había columpios, toboganes y otros juegos. Media hora. Yo no tenía la concepción del tiempo todavía, mis amiguitos tampoco, pero conocíamos bien el sonido de la campanilla, que nos llamaba para entrar en las clases. Jamás me olvidaré de la campanilla. Es un sonido que ha marcado mi infancia “el tiempo para jugar se acabó”. La odiaba.

El primer día de colegio llevaba una falda vaquera con dos dibujos bordados, la recuerdo porque como primera tarea nos mandaron a dibujarnos y también de presentarnos a nuestros compañeros de clase. Yo era una niña muy tímida, de las que se le pone la cara enrojecida fácilmente. La timidez duró años, antes de que desapareciera definitivamente después de la adolescencia y cada vez que me tocaba presentarme delante de los demás, lo pasaba fatal.
El edificio rosa, se alzaba por encima de unos montículos. Alrededor había un gran jardín con arboles, donde me encantaba jugar al escondite y al pilla pilla, o cuando era un poco mayor a las bodas (a turnos dos se casaban y el tercero era el cura jajaj). Me lo pasaba muy bien, hasta que sonaba la campanilla y todos teníamos que volver a clase.
En el jardín conocía a todos los niños del colegio, jugábamos siempre juntos, mientras que en las clases, cada uno pertenecía a una letra, algunos a la A, otros a la B etc… El jardín es el recuerdo más bonito de aquel periodo (kindergarten) y también el helado de chocolate y vainilla.

En Italia el sistema escolar se estructura de manera distinta al español, después de la guardería, hay una escuela que se llama ELEMENTARE, que va desde los 3 años hasta los 10, mientras desde los 10 hasta loe 13 hay una escuela que se llama MEDIE y después nuestro colegio, que tiene diferentes especializaciones, según lo que nos interesa: las matemáticas, los idiomas, la literatura, el arte, etc… éste dura hasta la universidad.
En la escuela media cambié bastante, coincidía con mi adolescencia, las menstruaciones y los primeros amores. Me convertí en una niña más hostil, estudiaba poco y la liaba mucho. Las lecciones me aburrían, excepto las de historia porque la profesora nos la contaba como si fueran cuentos, las demás eran fechas, nombres y poemas para aprenderse de memoria, problemas (de matemática) que tienen el nombre que se merecen: “problemas”! Porque a la hora de desarrollarlos si que lo eran y formulas químicas….
Mientras que a mi, me gustaba salir con mis amigos, hablar con ellos de muchas cosas, incluso de los problemas! Y descubrir nuevas emociones, relacionarme de una forma más madura con la gente. Ya no jugaba con los juegos, jugaba a la vida real. El mundo florecía ante mis ojos y por primera vez me sentía capaz de entenderlo. Sin embargo las tareas después del colegio, me disuadían de mi interés.

En el colegio mayor, las cosas cambiaron otra vez, pude elegir lo que más me gustaba; las bellas artes, así que me pasaba la mayoría del tiempo dibujando, se me daba bien, mejor que las materias plásticas y que el diseño gráfico, pero todas me gustaban más que las horas de matemática y de biología, mis notas lo demostraban sin lugar a dudas. Seguía siendo una chica peculiar, poco habladora durante los exámenes orales, sin embargo era la “líder” en mi grupo de amigos, a los profesores les costaba imponerse, yo era muy fiel a mi voluntad y mi forma de ver las cosas y muchas veces fui penalizada con notas insuficientes. La mayoría de los profesores que tuve, me veían como una amenaza, mis padres tuvieron varias llamadas durante los años de colegio y siempre escuchaban lo mismo: “Es una chica que tiene mucha capacidad pero no se aplica”. Mis padres nunca le dieron demasiada importancia, aunque me animaron a implicarme más en las materias que no me gustaban, nunca me castigaron. Ellos me conocían mejor que nadie.
Hubieron profesores con los que tejí una buena relación, los que definiría “menos académicos” y especialmente con el de letras. Ahora es un señor mayor, es cliente de la pastelería de mi familia y le tengo en mi memoria, tanto que cuando mi madre, hace dos años, tuvo el aneurisma cerebral, le escribí para contárselo, para contarle como me sentía. Fue muy cariñoso conmigo, siempre lo fue, desde que fui su alumna. “Escribes muy bien Laura, no debes dejar nunca de hacerlo, lo hace mejor que los demás. Escribe.” Me hizo amar la literatura, me fomentó la escritura, hasta el punto en el que, después de años, me di cuenta de que escribir es lo que más me gusta en el mundo. Ahora que me conozco con madurez, finalmente he entendido que mi camino estaba claro, aunque yo no lo veía sola porque era joven y los profesores no me ayudaron, fieles al sistema escolar, nadie, excepto el profesor de literatura, quiso mirar más allá de la cátedra. Él lo hizo, vio el camino en el que mi instinto me estaba guiando y me ayudó. (Mis padres inteligentemente me dejaron elegir libremente).

La semana pasada vi a un video interesante sobre la felicidad. ¿Se puede aprender a ser feliz? Un tal Ben Shahar, doctor en psicología y escritor, comentaba un estudio que hicieron con algunos padres. Consistía en hacerles dos preguntas y después hacer una lista con las respuestas.

La primera pregunta:

¿Qué querréis para vuestros hijos?

La respuesta:

Que sean felices

Que tengan buenas relaciones

Que sean resilientes

Que sean capaces de superar las adversidades

Que encuentren alegría y sentido en su vida…. etc

La segunda pregunta:

¿Que aprenden vuestros hijos en el colegio?

Las respuesta:

Matemáticas

Escritura

Geografía

Historia….

El resultado mostraba que no había ninguna coincidencia entre las dos listas. Ben Sharar añadía que aunque es muy importante aprender matemáticas y la ciencia y la escritura, los colegios ignoran completamente la primera lista.

Me gustó mucho la charla, aunque no me pareció nada de nuevo, nada que no haya pensado miles de veces desde que tengo hijos.

Valoro muchísimo la educación escolar, tanto como para estar bastante decepcionada al ver que no ha cambiado prácticamente nada desde que iba al colegio yo, lo único que ha cambiado son las pantallas en lugar de las pizarras y sinceramente preferiría volver a las pizarras, que tanto atraen a los niños.

En un mundo ideal, habría también colegios ideales.
En mi mundo ideal los colegios serían lugares de intercambio y relaciones. En lugar de las clases, habría diferentes habitaciones, donde en cada una, se desarrollarían diferentes habilidades, basadas en tres conceptos claves: relación, concentración y creatividad. Los niños estarían juntos y compartirían todo, los grupos cambiarían continuamente, nunca el mismo grupo se quedaría más de una semana juntos. El juego tendría la misma importancia que el aprendizaje. Los alumnos debatirían en lugar de tener exámen orales. La historia, la geografía, la ciencia, todas las asignaturas se aprenderían a través de experiencias y se implicaría siempre un razonamiento. Hablando de un hecho se preguntaría ¿tu que haría en su lugar?
Los exámenes serían en grupo
y cada grupo tendría que elegir un leader y los roles de cada uno y en lugar de notas, habrían ganadores y perdedores.
Los alumnos aprenderían a ser seguros de si mismos y a ser capaces de convertir los pensamientos y las ideas en palabras y en proyectos y a saber hablar en publico. En mi colegio ideal habría cada tipo de dieta, vegetariana y vegana y el comedor sería un lugar luminoso y alegre.
Todo el edificio sería alegre, con un jardín muy amplio y decorado de flores y arboles, con un huerto, varios patios abiertos, habrían bancos donde descansar, charlar o pensar. Una escuela tendría que ser cómoda y familiar.
Las actividades al aire libre estarían muy valorizadas y los deportes también
. Los niños tendrían clases de yoga y cada día, antes de empezar, quince minutos de relajamiento y respiración.
Los profesores serían tutores con el deber de detectar las habilidades de cada uno y trabajarlas individualmente.
Se escucharía mucha música y habrían conciertos y grupos musicales, un teatro grande donde asistir a espectáculos o participar en ellos, más que tecnología. La tecnología vendría desarrollada a partir de una determinada edad, en lugar de ella se valorarían dibujo y pintura.

En mi colegio ideal se trabajaran los valores como el amor, el creer, el pensamiento independiente, el trabajar en equipo, la compasión, la generosidad, la valentía, el respeto…. todas las cosas que ninguna maquina, ningún robot, por muy perfecto que fuera, jamás podrá hacerlo mejor que nuestros hijos.

 

 

 

 


18 ComentariosEnviado por: lcaldarola

Post Anterior Siguiente Post