Mamma Mía

24 junio 2019

Orlando

No he vivido tu embarazo con ilusión, tampoco el de tu hermano. Es una condición física que no me gusta y si no fuera porque hay una vida que se te genera dentro, lo compararía con una enfermedad. Sin embargo recuerdo mi sonrisa entre lagrimas cuando descubrí que estaba embarazada de ti.
Parirte fue demasiado fácil, a pesar de tu cabezón, dicen que el segundo sale más rápido y en mi caso fue cierto. No te escondo que mis expectativas de un parto épico, igual que el de tu hermano, se extinguieron dejándome un regusto amargo, pero esto no fue lo peor, mis brazos alargados en vano para cogerte, que se quedaron colgados en el aire como dos trozos de carne, fue lo peor. Nuestro primer abrazo negado, las manos de las enfermeras que llegaron antes que las mías. Te llevaron antes de poderte dar mi bienvenida y decirte que estaba ahí contigo, que nuestros corazones seguían latiendo juntos.

Te escuché llorar mientras terminaban de sacarme la placenta y finalmente llegaste, más limpio de lo que deberías. Te cogí en mis brazos, te enganché a mi pecho y te amé infinitamente. Susurré tu nombre. Soy mamá.

Los días siguientes fueron una maraña de sentimientos, una mujer que acaba de dar a luz es más delicada que una flor, más sensible que nunca. Me resulta difícil explicarlo, son de las cosas que hay que vivirlas para entenderlas. Pero quiero decirte la verdad, lo nuestro no fue amor a primera vista, aunque en mi corazón te amaba incondicionadamente, tenía miedo de que te antepusieras en mi relación con tu hermano mayor. Te miraba, pequeño e inocente y desconfiaba de ti, mientras tu sonrisa escavaba un hueco que te hubiera llevado a mi alma. Tengo la certeza absoluta de que tu desvergonzada sonrisa te ayudará a conquistar el mundo.

Dos años son solo el comienzo, el disparo al aire y una línea blanca que dice start, pero ya sé mucho de ti, cada día descubro suaves facetas de tu personalidad y estoy atenta a no perderme ningún detalle de tu crecimiento.
Tú no te acordarás de nuestros días juntos, de las cosas que te hago para que te rías, de los juegos que ya me tienen aburrida, pero a ti te gustan, de los helados que te permito para sentirme culpable. Probablemente muchas cosas las olvidaré yo también. Es un delito que la memoria humana no sea más sofisticada, para recordar cada instante de nuestra vida, en lugar que desperdiciarla en el tiempo, hasta desaparecer, como si no hubieran existido. Tal vez no haga falta recordar tanto, porque lo esencial está en el resumen de nuestras vidas y recordar quitaría poesía, como en las relaciones de amor que fracasan, pero en el recuerdo siguen bellas.

No recordaremos todo, Orlando, pero estamos tejiendo la trama de nuestra relación, que nos unirá para siempre, pase lo que pase.

Dos años son solo el comienzo, el ruido de las palas de un helicóptero, el embrague y el vacío por delante antes de saltar. Egoístamente no quisiera que crecieras, para acunarte en mis brazos y sentir que me necesitas tanto como yo te necesito a ti.
Pero sé que me perdería mucho, perdería tus conquistas, tus retos, tus victorias, tus luchas… y yo no quiero perderme nada de ti, quiero ver con mis ojos la persona maravillosa que serás.

Feliz cumpleaños


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20 junio 2019

Mis pequeños trucos para una celebración “last minute” en casa

No se si os pasa lo mismo, pero nosotros salimos siempre menos y hacemos más “planes sociales” en casa. Cuando Leonardo era un bebé solíamos llevarlo a todas partes con nosotros, pero a medida que se hacía mayor, íbamos estableciendo una rutina un poco más estricta, que finalmente nos obligó a cambiar muchos de nuestros hábitos.
Desde que llegó Orlando reducimos aun más los “planes de mayores”, que a día de hoy, se cuentan con los dedos de una mano.

Las comidas con los niños en el restaurante se han convertido en un estrés que prefiero ahorrarme y cada vez que lo hacemos, luego nos arrepentimos. Nos pasamos el tiempo entreteniéndole a uno y dándole de comer al otro, regañándole a uno y corriendo detrás del otro, sin poder hablar entre nosotros, ni comer como Dios manda. Acabamos más hambrientos y un poco nerviosos.
Sin embargo, en mi casa he encontrado la perfecta compaginación entre planes sociales y niños a bordo, ellos están entretenidos con sus juguetes y nosotros disfrutamos de la compañía.

Admito que desde que soy madre, el entusiasmo de perfecta anfitriona que me caracterizaba, ha disminuido un poco, principalmente porque no tengo tiempo. Hay veces que llega la hora de cenar cuando estoy todavía sumergida en otra tarea, así que me toca ponerme las pilas e inventar algo que le guste a los niños y que sea rápido de cocinar. Lo mismo pasa con la preparación de la mesa, antes dedicaba tiempo a la decoración y compraba ornamentos, mientras que ahora voy a lo práctico y me apaño con lo que tengo en casa.
Imagino que muchas os sentiréis identificadas, entre el trabajo y los niños, el tiempo es poco, pero rodearse de amigos hace bien al corazón. Nunca se deben perder las ocasiones para celebrar algo.
Estos son mis pequeños trucos para organizar en poco tiempo una celebración en casa con un poco de estilo.

LA MESA:

1
Establecer un estilo acorde entre comida y decoración y crear un tema. Ordena las ideas y de consecuencia facilita bastante la preparación de la mesa.

2
Elegir un centro de mesa con elementos naturales: flores, hojas, fruta y verdura, quedan bien con todo. Un centro de mesa “potente” captura la atención, dejando el resto más desapercibido.
Si no tengo posibilidad de poner un centro especial, por falta de tiempo etc, dispongo jarras y botellas en el centro de la mesa.

3
Me gusta mezclar estilos, a menudo uso platos diferentes, en este caso suelo crear un hilo conductor con otro elemento que se repite igual, los individuales por ejemplo o las servilletas.


4
El mantel, para mi, determina el estilo de la decoración, más que cualquier otra cosa. Tanto ponerlo como no ponerlo. Mis preferidos son los de colores crudos.


5
Las servilletas también juegan un rol fundamental para mi. Es de los detalles que más cuido, personalmente me gustan grandes y de algodón o lino, a veces utilizo paños de cocina, cuando quiero algo más rustico, me gustan mucho como quedan.

LA COMIDA:

¡Vino!
Y que sea a su justa temperatura ☺ Tinto en invierno, blanco y bien frio en verano.
No soy experta en vinos españoles, así que voy probando y me apunto los que me gustan, el último que he probado y me ha encantado es el blanco de Viña Esmeralda, es afrutado y suave, ha sido perfecto para la cena que he preparado para el cumpleaños de José.

Un entrante sencillo
yo prefiero algo crudo como ensaladas, hummus con crudités, gazpacho, si no cremas de verduras, quesos, tortilla, quiche…

Un primer plato que llena
De buena italiana opto por lo que sé hacer mejor: un plato de pasta o un risotto es lo más típico en mi casa. Con variantes según mi tiempo a disposición y temporada.

Un postre.
Que sea helado, fruta, chocolate, tarta o en los peores casos chuches, pero una verdadera celebración no puede acabar sin dulce.

¿Cuáles son vuestros trucos?


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17 junio 2019

¿Le vas a quitar el pañal?

El control de esfínteres infantil. Un tema que le interesa a todas las madres, un reto para los pequeños, un estrés que puede revelarse más o menos estresante, una etapa por la cual pasamos como niños, como padres o ambas cosas y una expresión que he aprendido solo ahora, después de vivir en España cinco años. Hay expresiones con las cuales no tengo feeling por mucho que me esfuerce. No importa, lo que quiero comentar con vosotras es esa etapa; como entramos y salimos de ella.

Tengo muy claras dos cosas:
Que hay una faja temporal en la que se desarrolla el control de esfínteres infantiles.
Y que cada niño tiene, dentro de ella, su momento, como en el caso del cumpleaños, en el mismo año uno puede nacer en enero y otro en diciembre.

También he aprendido:
Que por mucho que nos esforcemos y nos apliquemos, nuestros hijos se saldrán con las suya. Nuestro deber es acompañarles y apoyarles a lo largo del proceso. Os doy mi palabra de que cuanto menos acorde vayáis, más frustración se irá generando y al contrario, cuanta más flexibilidad, paciencia y disponibilidad tengáis, mejores serán los resultados.

Mi primer caso fue bastante atípico, lo recuerdo como si fuera ayer. Leonardo acababa de cumplir dieciocho meses, era mayo y estábamos en la consulta del pediatra de aquel entonces, un hombre con muchos años de experiencia, firme y de broma fácil. Mientras lo visitaba me preguntó su edad y me dijo que a partir de los dieciocho meses le podía quitar el pañal. Me quedé algo sorprendida, recordaba que mi hermana y mis amigas lo habían hecho más tarde, pero no dudé ni un segundo de su experiencia y profesionalidad, se lo volví a preguntar: ¿Entonces puedo quitarle el pañal a Leonardo? Me contestó afirmativamente.

Comuniqué mis intenciones en la escuela infantil y me dijeron que Leonardo era demasiado pequeño y que no estaba preparado por ello. Llegamos a tener una conversación al limite de la incomodidad, porque yo me sentía preparada y ellos no. Era viernes, el lunes siguiente Leonardo volvió a la escuela con los calzoncillos. (Me quisieron matar).

Fue un fin de semana de Master Class sobre donde se hace pis y caca. Compré un urinal y un reductor del wáter. Le sentaba en el urinal cada vez que consideraba que pudiera tener la necesidad, la mayoría de las veces lo adivinaba y él no se oponía. Un par de veces se le escapó y nunca me enfadé, sin embargo celebramos cada vez que lo hizo bien.

En dos semanas había aprendido a aguantar, a manifestar su necesidad y en casa, a ir al baño solo. Fue tan fácil con él, que nunca tuve ningún tipo de “ansiedad” con este tema.

Orlando es mi segundo hijo, es muy espabilado y coordinado, menos atento y paciente. A los dieciocho meses NO estaba preparado (tampoco me pillaba bien de temporada, porque era en invierno). En una semana cumple dos años.

Hace un mes más o menos empezaron a sentarlo en el urinal en la escuela (que no es la misma de Leonardo), aunque por lo general la idea no le entusiasmaba, por lo menos en casa, cuando solía rechazar malamente la invitación.

Mi idea era quitárselo este verano, aprovechando el buen tiempo, pero la resistencia de Orlando me quitó toda la prisa y pensé en tomármelo con calma. Hace dos semanas él mismo me dio la señal. Era fin de semana, estábamos en casa y me dijo “caca”, entendí que estaba a punto y lo llevé al baño, se sentó en el urinal e hizo sus cosas. Le hicimos mimitos. Desde ese día sigue avisando la necesidad o a veces va al baño solo. Lo oigo aplaudirse y decir bravooooo desde otra habitación. (¡¡Me parto de la risa!!)
En casa ya no usa pañal, a excepción de la noche, porque no suele despertarse. La mayoría de las veces se despierta con el pañal seco y como primera cosa va a hacer pis. Me ha sorprendido la verdad.

Para salir a la calle le pongo el pañal todavía, porque es más complicado estar tan pendiente del tema, pero ha entendido como funciona, creo que estamos en el buen camino para llegar pronto a la meta.

Con la vuelta de las vacaciones predigo no tener más pañales en casa. Otro bebé que se ha hecho mayor y creo que algún día se me caerá una lagrimilla pensando en lo que ya ha pasado.

 

 

 


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11 junio 2019

¿Que es un hijo?

¿Que es un hijo?

Un hijo es la revelación de tu interior, la parte oculta de tus sentimientos que florece como una flor maravillosa para enseñarte tu propia belleza.

Es la respuesta a las preguntas que se habían quedado silenciosas a la espera.

Es sentir con tu mismo cuerpo a otra persona, llorar sus lagrimas con tus ojos, sentir sus miedos en tu tripa, dibujar sus victorias en tus sonrisas, sufrir con tu cabeza si le tiran el pelo, sentir su hambre en tus estomago, vivir su felicidad en tu corazón. Es la extensión de tu cuerpo y alma.

Es el descubrimiento de nuevos miedos, que antes no tenías y de las dotes que antes desconocías. Es el entrenamiento constante que permite mejorarte. Es la pérdida de control y el encuentro con la responsabilidad, es la pérdida de paciencia y el encuentro con la paz, es el cansancio devastador y el encuentro con el aguante que te hace seguir más y más.

Es un camino agridulce. Pero más dulce que agrio.

Es la consciente perdida de tu libertad mental y física, la causa principal de tu cansancio y frustración, y el recurso principal de donde sacas la fuerza que te hace indestructible.

Es tu pasado y tu futuro. Es un antiguo baúl volcado, del cual sobresalen decenas de marañas que te pertenecen y un libro en blanco para escribir.

Es el encuentro con la paz cuando dos ojos te miran fijamente, el infinito de un beso.

Es comer las sobras escupidas, mancharse la ropa de caca, dar besos babosos, quitar mocos con los dedos, soportar los olores más repugnantes, besar un culete sin parar y nunca jamás sentir el mínimo asco.

Es la capacidad de dormir una noche entera sentada, de cogerle en brazos cuando tienes la espalda rota, de levantarte antes para prepararle la tarta de cumpleaños antes de que vaya al cole. Es conocer el significado literal de la frase: Mi vida por la tuya si es necesario.

Es aquel insaciable sentimiento que te hace disfrutar con solo mirar, durante instantes eternos, que te hace explotar de amor por una frase escrita mal que dice “mamá eres la mejor”, que te hace desear un beso como cuando tenía quince años, que te hace competir delante de la entrada del colegio, que te hace aplaudir más fuerte a un ensayo, aunque sea de fin de curso de la escuela infantil y tu hijo no se ha movido.

Es sentirse parte de algo grande, a veces incluso demasiado, tanto que asusta. Pero la felicidad a cambio es igual de grande.

Es la elevación a la verdad, una escalera que lleva a la totalidad. Es el fin de uno y el comienzo de dos.

A mis hijos. La mejor parte de mi.

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6 junio 2019

la felicidad no es a largo plazo

Estoy tan cansada que llevo unos días durmiendo sin tomar las pastillas. Antes de que naciera Teo era imposible. La insoportable situación que el destino ha elegido para mí, se transforma por la noche en pesadillas que no me dan tregua y me quitan la paz. Cada noche las veo alargarse como sombras deformadas y trepar las paredes de mi silenciosa habitación.
Se mueven lenta y bruscamente, hablan bajito y de golpe me asustan. Algunas veces lloran con el lloro de un niño, aunque las más malignas son las que se convierten en recuerdos, arrancados de mi pasado. Cuando llegan, un torbellino me revuelca las vísceras, parece que quieren salir de mi cuerpo mediante un espasmo. Pero nunca pasa, las vísceras siempre se quedan dentro de mi y yo tengo una nueva crisis de llanto desesperado y temblor que me deja sin fuerzas y sin voluntad de vivir. En las peores noches he deseado que pasara de verdad, que mi interior saliera de mi cuerpo dejándole sin vida, abandonado a los pies de las traidoras pesadillas. Mientras que con el paso del tiempo me he ido acostumbrando a esta sensación, la he aceptado y se ha convertido en un sentimiento familiar que ahora es parte de mi vida. Como lo es la enfermedad de mi hijo mayor.
La detectaron cuando estaba embarazada de Teo, ha sido horrible. Lo primero que he pensado es que estaba concibiendo la vida que sustituiría a la de mi otro hijo. He llorado con todo el cuerpo y con el alma destrozada, he llorado durante días y días, aguantándome solo cuando estaba con David, delante de él tenía que ser fuerte, no podía enseñar ningún indicio de debilidad, lo habría asustado. La inocencia de los niños les hace más fuertes, que nosotros mayores. Ellos son invencibles, eso es lo que he espero cada vez que le he abrazo fuerte y he percibo su fragilidad hacerse más incomoda.
Cuando Teo nació, su hermano ya estaba ingresado, ha sido durísimo tener que cuidar de él sabiendo que su hermano me necesitaba, la frustración me ha vuelto loca y me han recetado antidepresivos, pero he elegido intentar ser más fuerte y a ratos lo he conseguido, aunque mi corazón está muy triste.
La mayoría de la gente me dice que no es apropiado llevarme el pequeño al hospital. Pero yo he perdido el miedo y el interés en las opiniones de los demás. Teo y yo vamos juntos a ver a David casi todos los días, no quiero que se pierda nada de nuestra familia, quiero que estemos unidos, más que nunca. Lo único que ha cambiado es que nuestra casa es un lugar triste y vacío, donde las horas son interminables y los recuerdos demasiado dolorosos, mientras la habitación numero catorce es donde construimos nuevos recuerdos, donde luchamos juntos, rodeados de coloridos dibujos.
Dentro de esta habitación lloro menos, sonrió más y aprendo lecciones de vida cada instante. David quiere coger a su hermano en brazos, me lo pide cada vez que venimos y cuando finalmente lo tiene en sus manos, le huele la cabecita y le cubre de besitos tiernos. Yo les miro y me siento feliz. Porque la felicidad no es a largo plazo, la felicidad está hecha de pequeños y eternos momentos.
Fin.

El día de la gala solidaria “Cancer Ball” organizada por Elle y la fundación CRIS a favor de la lucha contra el cáncer, vi un video que me tocó profundamente, por ello este post, necesitaba escribir sobre las emociones que me atraparon.

La vida te antepone obstáculos grandes como montañas, imposibles de escalar, hasta que te encuentras a sus pies y empiezas a escalar, poco a poco, con paciencia y una fuerza inesperada, que la misma vida te ofrece para superarlos.

Dedicado a todos los que luchan. Hasta el final y el nuevo comienzo.


Foto del artista KangHee Kim.


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3 junio 2019

Carta desde el avión de vuelta

Orlando cayó redondo antes del despegue, ocupa un asiento entero, más mi pierna izquierda, a mi lado derecho está Leonardo, que después de un par de partidas a las cartas, también se ha quedado dormido, apoyado en mi brazo.
Me tienen bloqueada, no puedo moverme y me maldigo por no haber cogido el libro de la maleta porque ya no puedo levantarme, solo he logrado sacar el móvil desde el bolso porque lo tengo cerca.
Hemos pasado ya por dos turbulencias, ninguna excesivamente fuerte, pero parece que en Milán hay tormenta, así que no espero un vuelo tranquilo. Estoy nerviosa, no me gusta viajar en avión. En mi lista de medios de transporte ocupa la última posición.
Hace muchos años tenía miedo a volar, con el tiempo y muchos viajes se me pasó por completo, pero ha vuelto y encima aliñado con las básicas preocupaciones de madre.
Milán nos da la bienvenida con una tormenta veraniega y el aire fresco. Mi hermana nos espera con sus dos hijos, mis sobrinos mayores, en la salida numero tres. No la veía desde navidad, nos abrazamos y empezamos a contarnos cosas, a reír de tonterías, mientras los niños juegan al pilla pilla haciendo un ruido infernal.
Cojo mi novela de la maleta y se la entrego, me abraza emocionada antes de ponerla cuidadosamente en su bolso.
El viaje hasta la casa de mis padres dura una hora, pero en buena compañía parece más corto. “Vamos a la pastelería a merendar! Lo necesito”. La pastelería de mi familia representa un punto de encuentro para nosotros, y el lugar de los sueños para cualquier persona golosa. Nos inflamos de dulces y luego quedamos para cenar todos juntos.
Ganaríamos un premio por la mesa más ecléctica si hubiera un concurso. No hay un plato a juego con otro, un vaso igual a otro, ni los cubiertos respetan un estilo, todo está tirado encima de un mantel rojo con dibujos navideños y cada uno coge lo que necesita. Pero a nadie le importa cuando estamos todos. El caos que se produce en el salón, debido al gran numero de personas y de muchos niños, propaga en el aíre un tal frenesí, que parece estar constantemente a punto de huir a toda prisa.
No huimos.
Nos quedamos charlando, bebiendo vino y riendo.

El fin de semana se ha hecho corto con el viaje de por medio, regreso a Madrid exhausta y con un montón de cosas que hacer. El vuelo de vuelta ha sido mejor del de la ida y los niños se han portado bien, gracias a Dios.
Escribo un WhatsApp en el grupo para avisar de que he llegado bien. Me acuerdo de la cara de mi hermano cuando nos despedimos en el aeropuerto y la incertidumbre de cuando será la próxima vez que nos veamos.
La distancia me hace sentir la intangibilidad de las certezas. Nada es seguro, aunque probable.
Volveremos a vernos. Os quiero.


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29 mayo 2019

Recomendaciones de verano, como si fuera vuestra madre

Mis recomendaciones de verano, como si fuera vuestra madre

Protección solar.
¿No soy la única a la que se le olvida ponerse crema solar verdad?
Seamos sinceras, la vida de una madre en la playa es aún más caótica. Entre la preparación, que puede ser eterna y el frenesí de los niños debido al yodo del mar, tener un par de despistes es lo más normal y corriente. Otras veces, he dejado de ponérmela por pereza, convencida de que no me quemaría porque estaría debajo de la sombrilla. Equivocada! No creo que exista madre en la tierra que en la playa pueda quedarse descansando a la sombra, yo desde luego no, entre castillos de arena, chapuzones en el agua y carreras, pues me he quemado…. Afortunadamente solo un par de veces y ha sido horrible. Es una de las sensaciones más incomodas que he probado nunca, la piel que tira, sufrir al ducharse con agua tibia, llorar por ponerse la ropa y encima con el riesgo de que los niños te den una caricia demasiado fuerte….
En fin, mi primera recomendación es protegerse del sol. Hay muchísimos productos para cualquier tipo de piel y necesidad. Hay cremas siempre menos pegajosas y sprays que son maravillosos porque no cuesta nada ponérselos y además te dejan la sensación de frescura.

Lo mismo vale para el pelo, que también sufre y muchas veces no lo tenemos en cuenta. Yo siempre utilizo un protector solar específico para el pelo, que además es fundamental si tenéis el pelo teñido.

Pelo infiel.
El pelo durante las vacaciones actúa como cuando te vas por primera vez de vacaciones con tus amigos. Es indisciplinado, sobre todo si tienes el pelo rizado o ondulado, como yo.
Recuerdo a mis amigas de pelo liso, estar siempre divinas en la playa, mientras que yo tenía un encrespamiento de tercer grado que ni el agua sabía domar. Un día descubrí que existía una forma de tener bajo control este “fenómeno natural” y desde entonces aprendí a llevarme siempre conmigo un producto disciplinante e hidratante para el pelo. Sirve!

Depilación perfecta imperfecta.
El sol es enemigo de todas nosotras cuando nos apunta desde arriba con toda su fuerza, con su luz se pueden ver las imperfecciones que normalmente son invisibles, hasta creo que crea imperfecciones donde no las hay…
El caso es que, si no te has depilado bien, hasta luego Mari Carmen…. se va a notar con más de un metro de distancia. Puedes intentar arrancarlos con los dedos, como si fueran una pinza, con concentración y esfuerzo seguro que alguno sale, pero poco remedio hay, es demasiado tarde. A menos que…. Tengas una “cuchilla portátil” en tu necessaire (lo tenéis un necessaire verdad?!!).
Tranquilas, siempre hay que aprender, sobre todo de los errores, yo por ejemplo, desde que he empezado la depilación laser me depilo con menos frecuencia y siempre con cuchilla (es una de las reglas), os diré que, como fiel amiga de la cera caliente, me he sorprendido de lo práctico y cómodo que es este método de depilación, no volvería atrás nunca. Os diré más, he probado varios tipos de cuchillas y os aseguro que marca la diferencia. Mi mejor descubrimiento ha sido INTUITION  SENSITIVE CARE de la marca WILKINSON, para quien tiene la piel sensible como yo es perfecta porque no lleva fragancias,
te deja la piel suave y sin irritaciones, porque es más tolerante. Me gusta porque suelta una solución jabonosa con aloe vera y vitaminas mientras te depilas que es muy agradable y sobre todo te permite depilarte donde sea ☺

Hidratación nunca es bastante.
Creo que la hidratación es la principal fuente de belleza, dentro y fuera. Una buena hidratación mejora la piel, el pelo, las uñas…. Todo!
Como costumbre me pongo crema hidratante todos los días después de la ducha, tanto en el cuerpo como en el rostro.
Cierto es, que el estilo de vida que llevamos no nos ayuda a cuidarnos, no tenemos tiempo! A veces ni ganas…. Entiendo que muchas de nosotras no se cuidan como les gustaría.
El verano y el calor nos obligan a beber más (menos mal) y a estar más atentas a hidratar la piel, porque como no lo hagas se te ponen las piernas blancas (de piel muerta), el resto del cuerpo como las “papas arrugadas” y los pies ni te cuento….
Aunque se da por descontado, hay que hidratarse diariamente, con cremas y con agua.

Limpieza
Hermana de la hidratación es la limpieza. No hay uno sin otro.
Es fundamental limpiarse el rostro diariamente, una o dos veces al día. Con agua Micellar, desmaquillantes, o jabones, mejor con alta tolerancia para todas las pieles. Limpiar no significa desmaquillar y una cosa no quita la otra, yo no suelo maquillarme, pero siempre me limpio la piel antes de ir a dormir. Nos lo han explicado en varias charlas y talleres y aunque para mí era obvio, hay personas que no tienen esta acostumbre. Os aseguro que con la contaminación que hay, la piel luego lo agradece. Tanto Hombres como mujeres.

Frescura con Agua Termal.
La uso desde que tengo a los niños, empecé a comprarla para ellos y ahora me es imprescindible en verano. El agua termal en spray, para cuando el sol es insoportable, se la vaporizo encima y sudan menos. Sobre todo, viene bien para los niños, para tenerles fresquitos, el agua normal también refresca pero seca la piel y para los que la tienen delicada, como Orlando, es mejor el agua termal.

Las extremidades no hay que olvidarlas. Manos y pies.
Por último pero no menos importante en mi opinión es cuidar manos y pies. No hablo de pintarse las uñas, eso es lo de menos, incluso me gusta dejar las uñas “al natural”, siempre que estén cuidadas.
Las cutículas y las durezas cuentan más que el color del pinta uñas y por ello os recomiendo de corazón, utilizar constantemente aceites, hay unos sticks muy prácticos específicos para cutículas y cremas de manos, de esta forma manos y pies aparentan (casi) siempre en orden.

Bueno nos queda solo irnos de vacaciones, yo tengo ya las mías programadas, pero me queda un buen rato aquí todavía.

Un abrazo.


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23 mayo 2019

En marzo se peinan las brujas

A Celeste le pareció eterno el instante en el que con la mano temblorosa miró el palito de plástico. Era la primera vez que se hacía un test de embarazo y por eso necesitó estar acompañada por una de sus hermanas.
Desde ese día de marzo, su vida se convierte en el escenario de inesperados acontecimientos y dramas. La despreocupación de una chica joven desaparece ante una nueva situación en la que los sueños se mezclan con la realidad y la pasión lucha contra la culpabilidad.
Como la heroína de un cómic, Celeste, con el apoyo de su peculiar familia, tendrá que enfrentarse a inquietudes y miedos desconocidos. A lo largo de ese camino agridulce, descubrirá la fina línea que separa la vida de la muerte y encontrará su propia fuerza.

Esto es lo que leeréis en la parte posterior de mi libro.
Han pasado dos años desde que empecé, estaba embarazada de Orlando y me parecía tener un larguísimo tiempo por delante. Ahora que ha pasado, me parece ya un recuerdo lejano, que se ha marchado a toda prisa, dejándome en herencia un niño del que estoy perdidamente enamorada y un sueño realizado: mi novela.

En Marzo se Peinan Las Brujas

«Sonrío con los labios, aunque las lágrimas siguen brotando; me siento como un día de sol cuando de repente cae la lluvia fina.
“Ves, las brujas se están peinando”, decía mi querida abuela».

Cuando llegué a Madrid, hace cinco años, era una madre principiante, una extranjera y sin trabajo.
Hoy me siento una madre con más experiencia, una más, y realizada profesionalmente.
Tengo una lista muy larga de personas a las que querría agradecer y lo haré, pero esta novela está dedicada en primer lugar a mi madre, mi humilde homenaje para agradecer todo lo que ha sido para mi, se lo merece como madre y como mujer y en segundo lugar a mi misma, porque he puesto todo mi esfuerzo, amor y mi misma para lograr lo que tengo hoy y siento que me lo merezco.

A mi, por haber sido valiente cuando pensaba no serlo, por haber sido capaz de sorprenderme sin perder nunca la integridad de mis valores. Por haberme enseñado a confiar en los demás pero antes en me misma.

Por los sueños, capaces de hacernos sentir partícipes de este inmenso y misterioso camino que es la vida y gracias a los cuales aprendemos a volar. De pequeña me subía encima de un mueble del salón de mi casa y me tiraba, con la esperanza de volar por toda la habitación en lugar de caer. Es cierto que nunca pasó, acabé siempre con los pies en el suelo, pero no perdí la esperanza de alzar el vuelo; sabía que pasaría un día.

He realizado mi sueño de escribir un libro, pero sobre todo he ratificado a la niña que fui. He construido las alas con las que he volado. Todavía funcionan, no pienso dejarlas.

Ha sido un proceso emotivo recogido en más de 300 paginas, recuerdos, anécdotas, lagrimas, muchas…. porque lo que vive Celeste, la protagonista, es parte de mi.
Las historias son sentimientos liberados que se convierten en un álbum de palabras armónicas.

Celeste es una chica con la que muchas podemos identificarnos, cada vez que hace el amor, cada vez que llora a lágrima viva, cada vez que tiene miedo o que bromea con sus hermanas.
La novela habla de temas universales: el dolor y la esperanza, el deseo y el rechazo, el miedo y la fuerza; y lo hace con un lenguaje limpio, a veces ligero y alegre, como es su protagonista.
La intimidad surge en estas páginas sin tabús, y demuestra, una vez más, la fuerza del amor, capaz de derribar todos los obstáculos, capaz de superar a la muerte.

Ayer fue el debut de En Marzo Se Peinan Las Brujas, se puede encontrar en las librerías de toda España y en Amazon.

El domingo 2 de Junio, de 19.00 a 21.00 h. estaré en el Retiro para firmar durante la Feria del Libro.

Me haría muchísima ilusión veros por allí, porque sois parte de mi vida y me encantaría compartir con todos vosotros este momento tan especial para mi.

Gracias. Que vivan los sueños.

Un omenaje de Leonardo para la ocasión.


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20 mayo 2019

Como ha cambiado ser madre de uno a dos.

Lo repito cada vez que tengo la oportunidad: ¡Ser madre es una aventura! Una aventura de la que todo el mundo habla, sobre la que se han escrito libros, se han hecho películas y series, sobre la que hablo en mi blog desde hace un puñado de años, pero siempre e igualmente una aventura, nueva y en parte desconocida.
No es un viaje a ciegas, donde llegas a tu meta con los ojos vendados como una despedida de soltera, más bien se parece a un viaje a un lugar donde no has ido nunca, pero del que conoces las características.

Ser madre por segunda vez es el mismo proceso que se repite. Ya sabes de que se trata porque lo has vivido en tu propia piel, pero no conoces exactamente los cambios que se producen con el pasaje de uno a dos.

En mi experiencia personal, el cambio de un solo hijo a dos hijos ha sido como un inesperado atropello, donde he sobrevivido, claro, pero he necesitado tiempo para metabolizar el golpe. Un par de años más o menos.
El cambio sobre todo me ha afectado en la educación, soy bastante más flexible ahora, a veces demasiado, comparado con mis estándar. Y cuando me siento culpable o insatisfecha de mi actitud, me repito a mi misma: “Es supervivencia Laura. Es supervivencia”.

Si con un hijo haces sacrificios, con dos hijos anhelas a sobrevivir….

En la practica, para la supervivencia:

He aumentado el tiempo de tele permitido, que ha pasado de media hora a una peli entera…. más títulos del final!

He añadido una lista de excepciones en el menú healthy/bio/sin azúcar/sin conservantes/sin –sin-sin/
convirtiéndolo en el menú: “no pasa nada son niños, un poco de grasa no les matará, un poco de azúcar no le matará, algo frito de vez en cuando no le matará”. Lo que antes equivalía a una “palabrota” (como pedir un paquete de patatas fritas por las mañana), ahora es: Toma y que nadie te vea!

He dado mayor flexibilidad en los horarios.
Para que os hagáis una idea, Leonardo incluso en verano, iba a dormir como máximo a las 21.00, tenía que bajarle todas las persianas y tapar cualquier agujero desde el cual se pudiese filtrar un rayo de luz. “Mamá pero si hay luz! Como se hace de noche?!!” “Si hijo, confía en tu madre, es de noche, no hagas caso a la luz, mira como ahora se va. A dormir!” las 21.00 eran el “toque de queda” desde ese momento nadie podía hablar.
Mientras que Orlando no se ha acosta antes de las 10.30, os confieso que un par de veces nos ha hecho compañía a José y a mi, viendo una serie (no eran dibujos) y feliz.
Lo he intentado, ir todos a la cama con Leonardo, pero seguimos despiertos una hora después, porque no solo no quiere dormir, si no que intenta que nadie se duerma, saltando, haciendo pedorretas, tirando cosas y si hago la dormida me pega jajaaj
La flexibilidad de los horarios es lo que más me cuesta aguantar, pero no hay remedio.

Pero hay cambios buenos también. He aprendido:

A ser menos aprensiva: ahora les ayudo a levantarse cuando se caen y les conforto, mientras le paso un poco de “baba con poder desinfectante” y luego les animo a seguir. Mientras antes me preocupaba, le daba 3.566 besos de mamá y lo cogía en brazo hasta casa, con la bici cargada en los hombros.

A ducharles con agua tibia, en lugar que hirviendo, también en verano.

A vestirle (en invierno) sin calentar la ropa delante de una estufa.

A dejar que se manchen, porque es más fatigoso pedirle continuamente tener cuidado, que quitar una mancha después.

A dejar que se aburran cuando no puedo jugar con ellos, sin sentirme (100%) culpable.

Tener otro hijo me ha complicado todo, pero me gusta ser madre de dos niños y los cambios no han hecho de mi una madre peor, solo una mujer más empeñada y cansada, pero sigo siendo la misma mamá enamorada de antes, incluso más enamorada aún.

El tercero y el cuarto vienen solos. Palabras de mi mamá.

Se que es una duda común, que a veces hasta supera la incertidumbre sobre ser madre o no. Porque más o menos sabemos si queremos tener un hijo, pero dos o tres….
Yo lo tenía claro, quería un herman@ para Leonardo. No fue una elección venida después de ser madre, todavía antes de tener hijos, sabía que hubiera querido por lo menos dos, la razón es sencilla, mis hermanos para mi son el regalo más bello que he recibido. No se como hubiera sido mi vida sin ellos, pero con ellos ha sido mejor, más divertida, más tranquila, más ligera y más llena. Mis hermanos son mis mejores, mejores amigos y seguiré agradeciendo la vida por haberme hecho este regalo, por haberme dado la oportunidad de compartir glorias y dolores cada día de mi vida con alguien que me quería.

Cuando veo esa chispa entre Leonardo y Orlando, mientras juegan y también cuando se pelean, me alegro de haber tomado esta decisión, porque a pesar de los esfuerzos triplicados, de los sacrificios triplicados y del cansancio triplicados, ha valido la pena, vale la pena, valdrá la pena.

 


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13 mayo 2019

Domingo

Orlando se ha dormido hace media hora, lo dejo en la silla que posiciono bajo la sombrilla. Coloco una tumbona con orientación hacia el sol, que brilla vigoroso en el cielo azul. Pagaría para estar en una playa blanca con el ruido de las olas que se rompen en la orilla, de fondo. Siempre me quejo del frío: “invierno y otoño no deberían existir”, pero cuando llega el calor, agradezco que la espera me lo haya hecho desear aún más. Creo que no aguantaría 360 días de verano.
Me queda un mes abundante antes de que mis pies sientan la familiar sensación de frío y suavidad de la arena mojada del mar, hasta entonces engañamos la espera con días de piscina que a veces salen bien, otras veces cansan más de lo que deberían. Hoy es un día de piscina. Un domingo en toda regla, de tennis para los chicos y de sol para la chica, yo, la única mujer de la familia.
La correcta posición para tomar el sol me obliga a arrastrar la tumbona hasta la mitad de la plataforma que rodea la piscina, hay muchos niños bañándose y espero que ninguno tenga la necesidad de tirarse de bomba justo a mi lado, aunque si así fuera, yo soy la verdadera invasora.
El sol me baña completamente y me hace sentir su fuerza, me levanto de la tumbona en seguida para sumergirme en la piscina. Nunca me han gustado las piscinas para ser sincera, la mezcla de cloro y pis me resulta bastante poco atractiva, de hecho mi baño se parece más a un chapuzón, luego me ducho y vuelvo a tumbarme. Ahora el calor es más agradable, me seca la piel mojada, mientras un viento leve sopla provocándome un escalofrío. Por alguna razón siempre que salgo del agua, independientemente de que se trate del mar o de la piscina, se levanta el viento, como un niño travieso listo para molestar.
Chequeo a Orlando sin levantarme, he elegido una posición que me permita vigilarle tumbada, Sigue durmiendo pacifico. Leonardo está en la clase de tennis, que también cabe dentro de mi prospectiva visual desde aquí. Tengo todo controlado, me relajo y abro el libro que estoy leyendo, me pierdo en su emocionante historía.
De repente una voz me distrae, es un niño que llama insistentemente a su madre, ha salido de la piscina y tiene frío. Finalmente la madre llega con la toalla y él se tranquiliza. No tarda ni un segundo en llegar un nuevo “Mamá” disparado en el aire, esta vez es la voz de una niña que viene del otro lado de la piscina, no sé qué necesita porque no tengo ganas de darme la vuelta y sé que su madre aperecerá en menos de diez segundos.
Una sucesión de “Mamás”, explota en el aire como fuegos artificiales al quince de agosto: Mamá, mamá, mamá…. No me molestan, me hacen gracia y pienso: “¿Qué mundo sería sin madres. A quien llamarían?” Una voz interrumpe mis pensamientos. “Mamá”. Es Leonardo, de pies a mi lado, la clase ha terminado. Cierro el libro y vuelvo a ponerle en el bolso.


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